Sé que he tardado. Sé que he tardado mucho, pero esta vez no ha sido por falta de inspiración, sino de tiempo. Ahora con el trabajo y la oposición casi no me queda ni tiempo para dormir. Pero aquí traigo una escena larguísima que lo creáis o no, me ha venido a la mente según la escribía y he quedado tan sorprendida con ella como si no fuese mia.

El cuarto pecado capital es la gula y la escena se desarrolla después de ese partido tan famoso de Quidditch ('¡A Weasley vamos a coronar!') en quinto curso. Se que van alternándose en el tiempo, pero no se me pasó por la cabeza hacerlas en orden cronológico, soy un desastre ^^'

Espero que os guste y por supuesto, todo lo que reconozcáis es de nuestra querida JKR.

Y en último lugar porque es lo más importante, muchas gracias por todos esos reviews que me animan a seguir y por todos aquellos lectores que leen esto y les gusta (o no) aunque no escriban nada. Gracias a todos.

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4. GULA

La sangre le hervía de furia, ver a Ron con Lavender la había puesto al límite de su férreo autocontrol. Vagó por los pasillos durante lo que pareció una hora o diez. Sin haberse dado cuenta, se encontraba frente a un pasillo sin salida en lo más profundo de las mazmorras. Parpadeó confusa sin reconocer donde se encontraba ¿se había perdido en Hogwarts? ¿Su Hogwarts? Una pequeña sonrisa de vergüenza escapó entre sus labios al pensar de esa forma en el colegio. ¿Pero de que otra forma iba a hablar del lugar en que la vida al fin le había sonreído? Al menos un tiempo, casi cinco años… Aquel lugar la hacía sentirse bien por dentro, a gusto consigo misma, no más un bicho raro. Y entonces, cuando más feliz era, Ron se va con Lavender.

- ¡Mierda! – gimió dándole un puñetazo a la dura pared de piedra. – Mierda, mierda, mierda, mierda…

La siguió golpeando repetidamente hasta que solo la mano le dolía. Era casi insoportable, pero eso estaba bien, ayudaba a olvidar que su corazón bombeaba el dolor por todo su cuerpo, haciéndola sentir de trapo a cada latido. Apoyó la cabeza en la fría piedra, ofreciendo a cualquiera que la viese una imagen más bien patética de si misma.

- Bonita exhibición, Granger.

La voz de Malfoy se coló en sus oídos como si fuera veneno. Se moría por partirle la boca en aquellos momentos, su bonita y pura boca. Se había separado de un salto de la pared al oírle y ahora el daba vueltas alrededor como un gato hambriento, lacio y sinuoso, listo para atacar.

- ¿Qué quieres Malfoy? – preguntó ella vencida, pensando que más podría pasarle hoy, observando al Slytherin que se relamía de gusto, exactamente como un gato antes de atacar. Y ella, se moría por una buena pelea.

- Oí un ruido y como parte de la Brigada Inquisitorial, me he visto obligado a venir a investigar. No cabía en sí de gozo. Las mejillas rojas de la muchacha le estaban dando un hambre que solo ella podría saciar.

- No se a que esperas entonces para decírselo a Umbridge – replicó enfadada. – pero déjame s-o-l-a.

Dio una vuelta a su alrededor, preparando el siguiente paso, situándose exactamente a su espalda. Ni los elfos de Malfoy Manor (y el siempre presumía de lo superiores que eran sus elfos frente al resto) podrían cocinar algo que pareciese apetecible teniéndola a ella cerca. Inspiró suavemente el olor de su pelo.

- ¿Qué haces? – Draco abrió los ojos con ensoñación y se encontró con los inquisitivos ojos de la Hermione que el conocía escudriñándolo en la oscuridad.

- ¿Sabes Granger? – le preguntó de forma altiva esquivando su pregunta – Tengo hambre.

Hermione abrió la boca para decir algo mordaz y cortante, pero como una bestia fuera de si, Draco descendió sobre ella, capturando sus labios con furia, con rabia, brusco. Sus manos sujetaron a la chica firmemente por los hombros. Tenía hambre.

En contra de lo que esperaba, Hermione no se resistió a su beso, sino que se entregó a él con toda la furia que corría dentro de ella, todo su odio, su malestar, todo el fuego que la devastaba salía de ella por ese beso, como si fuese un agujero que todo lo traga. El terror que había sentido se esfumaba a pasos de gigante entre los brazos de Malfoy, pero ella no era capaz de percibirlo, podía respirar, la rabia ya no la ahogaba, sino que fluía como un rio fuera de ella. Por un momento Malfoy se quedó sin aliento, pero parecía que ella no iba a concederle tregua. Rodeando su largo y blanquecino cuello por el que corría su sangre inmaculada enlazó sus pequeñas manos, apretando su nuca, acercándole a el, intoxicándolo con su cuerpo, impidiéndole pensar. Y sin pensar enlazó sus manos bajo las caderas de ella, alzándola hasta su cintura, sujetándola contra su cuerpo, poniéndola a su altura. Él, Draco Malfoy, que jamás hubiera considerado que alguien estaba a su altura.

Hermione notaba como las piedras duras y sin pulir de la oscura y fría pared se clavaban en su espalda, empujándole hacia él, hacia su salvación. No quería sentir más frío, ni más dolor. Se intentaba fundir con él, en él, porque tal vez si ella fuese como Malfoy ver a Ron, su Ron, con Lavender, no le dolería tanto.

Una ráfaga de aire helado despertó a Draco de su letargo cuando ella consiguió levantarle la camisa a tirones, casi sacándola por su cuello. ¿Qué demonios estaba haciendo?.

- ¿Qué demonios estás haciendo? – preguntó con un bufido a solo unos milímetros de la boca de la chica.

Aún le costó unos segundos darse cuenta de que ella estaba en shock. Su mente ni siquiera estaba allí, y totalmente guiada por su instinto se había dejado llevar por el hambre, un hambre que si era igual que la suya no se saciaría de cualquier manera. Es más… Solo había una forma de saciar algo asi. Clavó su mirada en esos ojos perdidos, en lo más profundo de su mente y finalmente dejó que sus rodillas dejasen de sostenerles y ambos cayesen al suelo, con ella aún encima.

¿Por qué se sentía vacío? Le había dado lo que él siempre había querido, a Draco Malfoy nadie le negaba nada y ella tampoco, lo estaba demostrando… Las manos de Hermione se aflojaron cayendo en su regazo. No parecía saber como había llegado allí, pero lo cierto era que si lo sabía. El dolor la devoraba por dentro y había despertado un hambre insaciable y sobrenatural en ella, algo nada terrenal ni clasificable. Probó a calmarla saboreando suavemente, tímidamente, los labios de Draco y el cosquilleo de su estómago alivió aquel nudo apretado que la oprimía. Avanzaba lentamente, sin exigir nada que no fuese lo que él ya estaba permitiendo, se separaba y volvía a saborear sus labios una y otra vez. Serpiente. Su parte racional gritaba en su interior, pero Hermione ya no quería ser racional. La racionalidad llevaba años destrozándole la vida, postergando vivir el presente para cuando todo fuese más sencillo, pero las cosas no eran sencillas… Y ahora Ron se había ido.

Draco notó un brusco cambio en la chica. Estaba encendiéndose, inflamándose, se boca se volvía apretada y exigente, su lengua se abría paso a empujones invadiéndole como minutos antes él mismo había hecho. Era una sangre sucia y un bálsamo para él. Se sintió lleno, reparado, entero con ella entre sus brazos. Pero esa no era Granger, su Granger, la niña tímida que evitaba discutir con él y siempre le miraba por encima del hombro. La Granger que él deseaba no trataría de desnudarle inconscientemente y ni mucho menos lo haría conscientemente. Retiró las manos de la joven, aprisionándolas con una de las suyas, mientras con la otra trataba de separarla suavemente de él. Porque su Hermione Granger jamás permanecería por su propia voluntad a su lado.

Se deslizó de su abrazo lentamente, casi con cariño y ella parpadeó un par de veces para comprobar que no era un sueño.

- ¡Mierda! – dijo de nuevo. Lo único que Malfoy le había oído decir esa noche.

Se levantó rápidamente dejándola caer desmadejada al suelo y ordenó sus ropas pulcramente, sin prestarle atención.

- Más vale que te largues Granger – dijo con desprecio. – Aunque me hayas hecho pasar un buen rato, este no es tu sitio.

Hermione ya de pie abrió la boca con incredulidad y apenas fue consciente del empujón que Draco le había dado al pasar porque la rabia y el dolor volvían a apretar el nudo de su interior.

Cuando llegó a la torre de Gryffindor aún duraba la fiesta, pero ella se escabulló a su habitación con lágrimas en los ojos. Dejó caer la túnica al suelo y un sonido metálico inundó la habitación. Ella nunca llevaba nada en los bolsillos, de modo que se agachó para recogerla y comprobar que había ahí metido. Entre los pliegues asomaba una rosa metálica de un color oscuro e iridiscente, cuyo tallo era una serpiente.

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Se que no es tan larga como la anterior, pero la he retocado un poco a medida que iba pasándola al ordenador. Espero que os guste y que me dejéis muchos reviews (con lo que os gusta y lo que no! ^^')

Un beso a tods!