No puedo expresar cuando siento esta ausencia, pero diversos problemas me han impedido publicar antes. Se que no hay excusa para esto, por eso os traigo la viñeta más larga que he escrito hasta ahora, con algo, creo, es más dulce que todo lo anterior. Ha surgido en mi interior el Draco tierno, torturado y con ganas de huir de su vida. Me parece muy tierno, el pensar que el podría tener algún pensamiento de ese tipo... No se, es diferente jeje y como no he probado nunca novela romántica... ¡Ayudadme! ¿Lo he hecho bien? Espero vuestros reviews... aunque no los merezca. Mea culpa.

pD - Lo de siempre, esto es propiedad de J.K Rowling, yo me limito a destrozar su historia con mis ideas.

¡DISFRUTAD!

Las navidades en casa nunca habían sido algo glorioso, pero después de un año viajando por el extranjero no había encontrado una excusa para no volver. Acababa de empezar el año y ya se encontraba vagando en las calles más sucias de Londres, rodeando el límite de la zona segura, buscando pelea, ahogándose en la humanidad. Desde hacía un año huía de sus raíces como si llevase la peste corriendo por las venas. Le había pillado el invierno por sorpresa en un callejón helado de Budapest y había decidido volver, tras más de seis semanas de viaje como un vulgar muggle había llegado a Londres y tan solo unas horas después estaba de nuevo disfrazado como el mago de pura sangre que era de camino a la mansión de su familia. Las mentiras duraron casi una semana antes de agotarle la paciencia y hacerle huir de nuevo. El metro nunca le había resultado un lugar tan desconocido y acogedor, pero la vuelta a casa atraía los recuerdos como la miel a las moscas y a pesar de caminar entre contendores de basura solo le llegaba un suave olor a flores y le parecía ver la sombra de su pelo en todas las esquinas, corriendo de un lado a otro descontrolado.

Todo le parecía poco en aquellos días oscuros y lluviosos. Su piel, más pálida que nunca parecía translúcida bajo los fluorescentes del vagón. A aquellas horas estaba medio vacío, una mendiga hablaba sola o con alguien invisible y un par de hombres trajeados parecían dirigirse a alguna fiesta navideña al centro. Draco apoyó la cabeza sobre el cristal sucio que tenía a sus espaldas y decidió sentarse, sin importarle la suciedad del lugar o los muggles que le rodeaban. Se cerró fuertemente el abrigo sobre su estrecho cuerpo y apoyó de nuevo la cabeza contra el cristal. Era una clara invitación a un ataque. Quería morir, ahora lo sabía. Pero ya no importaba. Los párpados se le fueron cerrando a trompicones en un camino suicida hacia la inconsciencia. Pero ya no importaba. Su cuerpo, su cara, se fue relajando poco a poco hasta que finalmente su habitual ceño desapareció, dándole a su rostro un aspecto infantil perdido tiempo atrás.

Cubrió el rostro con las manos intentando obviar la molesta luz que le golpeaba en la cara. Era implacable… Furioso con el sol se sentó bruscamente y abrió los ojos tratando de acostumbrarse a la luz. Se quedó sorprendido. La luz vagaba de un lado a otro, un sol radiante, cálido llenaba la estancia de motas doradas que saturaban el ambiente. Las estanterías llenas de libros le hicieron pensar que estaba en una biblioteca. Sus manos palparon el suave terciopelo bajo él, un magnífico diván de un fuerte rojo sangre con enormes garras de león como patas. Había un vaso de brandy cuyo hielo se había deshecho hacía tiempo. Lo cogió con manos temblorosas y bebió de un solo trago hasta acabarlo. Hizo un ruido sordo al dejarlo en la mesa. Era hora de ponerse en pie, sus dedos desnudos se enterraron en la alfombra Aubusson que cubría el suelo de oscura madera pulida. La chimenea ardía estrepitosamente o eso le pareció a Draco, cuyos pasos eran suaves, insonoros y temblorosos hasta que la vio a ella. Hermione estaba sentada en el mirador de una ventana circular. Rodeada de cojines, la luz del sol la envolvía en un aura dorada y su pelo como un almiar resplandecía en un moño desastrado.

'Al fin he despertado' – pensó Draco – 'Al fin'

Porque al fin se dio cuenta de que toda su vida había sido una terrible pesadilla y que al abrir los ojos en ese bendito diván, había despertado hacia el paraíso que sabía que era su vida. Caminó despacio hasta Hermione, saboreando el momento, sintiéndolo todo con sus sentidos alerta, el suave roce de la alfombra bajo sus pies, la madera pulida que acariciaba junto a la pared, las motas de luz, el olor a leña y a pino y también a fresias, ese intenso olor a fresias que emanaba de ella. Ella… adelantó sus manos con reverencia, acariciándole el cuello, los hombros. Acercándose lentamente, sibilinamente, cual serpiente enroscada dispuesta a atacar. Las yemas de sus dedos trazaron con precisión sus clavículas, la forma de sus omóplatos, la vertical caída de su espalda. El aliento en la nuca de ella y sentir como su respiración se agitaba de un segundo a otro. Y notar su cabeza girar bruscamente, mirándole fijamente con esos ojos de un profundo color caramelo, . revelándole sus secretos un segundo antes de abrir sus labios para él y entregarse al placer. Rendido a ella, sujetó su mandíbula con una mano, manteniendo su rostro girado, mirándole, mientras que con la otra acarició suavemente su abdomen, levantándole un poco la camiseta y notando su sonrisa bajo los labios.

Se había arrodillado tras ella y tenía todos los sentidos tan llenos de ella que no podía pensar. Soltó su cabeza con suavidad, solo para depositar un beso tras otro en la nuca de la joven, cuyos escalofríos notó como suyos.

Draco – pidió con voz ronca. Pero Draco estaba ocupado en otras cosas.

Los brazos de él rodeaban el abdomen de Hermione con fuerza, y era ella quien realizaba intentos desesperados para llegar a sus labios. Con un gemido ronco, gutural y primitivo Draco le dio la vuelta, acunando el rostro de ella en sus manos, rodeándola con sus brazos, su cuerpo… Enredó las manos en su pelo y deshizo el moño que la mantenía sujeta, firme. Su larga melena cayó acariciándole la espalda allí donde él había levantado su camiseta. Tiro de ella, haciendo que levantase la cara hacia él y besándola como si no hubiese mañana.

¿Draco? – preguntó Hermione extrañada - ¿Estás bien?

Asintió como en una ensoñación, deseoso de vivir la vida que siempre había deseado, para lo que había nacido. Miró fuera de la ventana y vio el mar, un mar oscuro y ventoso, pero era el mar. La besó una vez más antes de ponerse en pie. Necesitaba recorrer esa casa y sobre todo, necesitaba reconocerse en ella. Hermione se quedó sentada, con el libro abierto en el regazo y la mente perdida en algún sitio muy lejano.

Era un lugar pequeño, tenía una cocina en el semisótano y un salón unido a la biblioteca en la planta baja. Subiendo algunos escalones amplios estaba un baño, con una gran bañera de obra en la que nadar y un enorme ventanal con vistas al mar. En la planta superior había dos habitaciones, la que claramente era suya y a la que se accedía pasando por un pequeño vestidor y otra decorada con una cuna, también acristalada.

Se le hizo un nudo en la garganta pensando en todo aquello. No se lo merecía, pero lo deseaba, dios… ¡Cómo lo deseaba!.

Estaba contemplando la enorme cama adoselada cuando ella le sorprendió por detrás. Sabía que terminaría acostumbrándose a ello, que llegaría un día en que las manos de ella no le harían vibrar de aquella forma. Pero aún no había llegado ese día. Violentamente la cogió en brazos y se arrojó con ella sobre la enorme cama. Ella riendo, él tan sorprendido de tenerla en brazos que casi ha olvidado respirar, pero ella es una leona y se lo recuerda pronto. Esta sobre él, acariciándole el pecho, el estómago, y aún más abajo… Las manos se deslizan suavemente bajo su camisa de seda negra y su tacto es un millón de veces más suave, más placentero… Sus labios de un rojo profundo le besan una vez, y otra antes de comenzar a descender sensualmente mientras abre su camisa. Siente que lo están devorando, que el alma se le escapa entre los dientes y la entregaría gustoso solo por sentirla un segundo más sobre él. Hermione Granger. Sobre él.

Despertó de un golpe brusco al caerle la cabeza hacia adelante chocando con la fría barra de metal a la que estaba sujetándose. Ya no sentía a Hermione Granger sobre él, solo la mirada de la vagabunda que se había desplazado hasta el asiento que quedaba justo frente a él. Con un bufido se puso en pie y esperó impaciente a que se abriesen las puertas. Se desapareció sin paciencia a Malfoy Manor donde se dedicó a perder el conocimiento atiborrándose de alcohol. Su madre no intentó hacerlo salir del lugar. Creía saber que le pasaba a su hijo y como a ella, a Draco le daba pereza continuar con una vida sin sentido para él. En honor a su hijo, Narcissa Malfoy bebió un vaso de bourbon, ardió su garganta y enfiló al salón, afrontando un día mas.