Cierra los ojos, los párpados palpitan sobre ellos, cansados. Apenas ya nota las extremidades, los pies y las manos son sólo un hormigueo constante, un recuerdo de lo que significaba tacto. Y entonces llegan los sueños. Son vívidos, llenos de colores y formas. Explican cosas… Oh claro que explican cosas.
Betty se acerca con su bata y su jersey. Lleva bajo el brazo izquierdo un libro "El Enchiridion". Conoce ese libro, lo tiene en la mochila y lo ha echado un vistazo. Su antigua novia comienza a hablar. Su voz es monótona, carente de emociones, sus ojos se mantienen fijos tras las gafas en los suyos sin parpadear. Parece un autómata, un robot.
"Simon, el mundo como lo conociste ya no existe. El mundo ha cambiado, se ha movido y tú tendrás que cambiar con él si quieres sobrevivir."
La imagen se distorsiona, los rosas se vuelven fucsias, todo se emborrona y el sonido se agudiza.
"Todo está en el libro Simon"
Una niña se abre paso a lo lejos, ¿Marceline? Sí, Marceline se llamaba. Se pone delante de la borrosa Betty, quien continúa hablando mecánicamente.
"¿Podrás ponerte la corona y afrontar tu destino Simon?"
Y entonces comienza a deshacerse. Se quema, poco a poco, su princesa desaparece entre humo y ceniza. Estira el brazo, intenta alcanzarla, sostenerla. Quiere irse con ella. Grita pero no se oye sonido alguno. No me abandones.
"Simon no me abandones"
Agacha la cabeza y ahí está la niña. Cogiendo con una mano un peluche y con la otra tirándole de su ropa. Ella está entera, su imagen no está distorsionada.
"¿Simon? ¡Simon!"
Un vuelco al corazón, los ojos se abren y el mundo vuelve a su sitio. Los colores siguen ahí cada día se ven más, pero al menos todavía sigue diferenciando la realidad de la ficción. Una niña le mira asustado.
-Oh Marceline.
Abraza a la niña y se mantiene ahí durante casi dos minutos. Está en el saco de dormir. Esto es real, esto es real.
-¿Estás bien Rey… Simon?
-Sí, no te preocupes. –Dice manteniendo una sonrisa amplia y triste, como siempre. –A veces los sueños nos dan malas pasadas.
"Y a veces nos dicen lo que debemos de hacer".
Mira en rededor, ambos se han tenido que refugiar en una casa abandonada, bastante destartalada y sucia. Las paredes están desconchadas apenas quedan dos muebles servibles y todo tiene aspecto de oxidado y antiguo. Sin embargo Simon sabe que es el único sitio apto de la zona, pero promete moverse. Tiene que haber algún lugar habitable, está seguro. No pueden ser los únicos supervivientes, lo ha visto en sus visiones.
-¡Mira lo que te he traído!
Marceline tiene la nariz y las mejillas rojas igual que las manzanas que trae encima. Son tres, no tienen una pinta especialmente apetitosa ¿quién va a ponerles pegas tras no comer en dos días apenas nada?
-¿De dónde las has sacado?
-Estaban en un bote de cristal, en una casa cerca de aquí.
Simon las devora con impaciencia, saben arenosas y tienen partes oscuras. Pero su piel roja, oscura y brillante es atrayente, las manzanas tienen algo de especial. Está tentado a ofrecerle una a Marcelline, no lo hace porque tras varios días con la niña ha descubierto que no tiene tanta necesidad de comer como un ser humano ¿tal vez las bombas hayan hecho reacción en ella?
-¿Quién es Betty?
La pregunta llega como un dardo envenenado directo al corazón. Un trozo de manzana se cuela por la garganta e impide la respiración.
-Agh, agh…
El trozo sale entre espumarajos y toses, expulsado con fuerza.
-¿Dónde…? ¿Dónde…?
-Lo has dicho en sueños, a veces lo haces, a veces también lo dices despierto, te sale solo. ¿Quién es?
Con mucho cuidado estira el saco de dormir e invita a la niña a sentarse a su lado.
-Betty… Betty es una princesa.
La niña gira la cabeza con inocencia hacia un lado, sus grandes ojos sonríen y sus pestañas preguntan. Pone a Hambo sentado a su lado como si fuera otro oyente más y continúa.
-¿Una princesa? ¿Cómo las de los cuentos?
-Sí… Supongo que sí. La princesa Betty no tenía un castillo muy grande, ni un ejército. Pero su belleza hacía traspasar los corazones del hombre más frío del universo.
Coge otra manzana y muerde un trozo. Por dentro está un poco podrida y sigue comiendo sin darle importancia. Mastica varias veces y lo traga.
-La princesa Betty trabajaba muchas horas, tal vez demasiadas, pero no le importaba hacerlo porque la persona que amaba estaba a su lado, aunque él no lo sabía en aquel entonces.
-Las chicas somos más listas que los chicos. –Dice inflando los mofletes y cruzando los brazos.
-No le culpes. –Responde apurando la manzana y dejándole a un lado. –Él nunca había estado con una mujer como ella y no creía que le correspondiese. Los escuderos no pueden estar con princesas. ¿No crees?
-¡Pero sí los reyes! Y un escudero puede ser caballero y un caballero si se esfuerza mucho puede llegar a rey.
-Supongo.-Suspira. –Este escudero no llegó a rey.
Un ruido seco detiene la historia de Simon. Corre apresurado a ver qué es y protege a la niña entre sus brazos, ésta se asusta. Cree ver unos ojos en la oscuridad. Tal vez alguien…
-¿Quién es? –Pregunta elevando el tono de voz casi en un grito.
Silencio.
Los puños de la niña están cerrados entorno a su camisa, que la retuerce con miedo. Hambo está entre ambos, admirando con sus ojos de botón desprovistos de vida la escena.
-No pasa nada Marceline, no te preocupes. Siento haberte asustado, oí un ruido, perdóname.
Si se hubiera puesto la corona, tal vez lo hubiese escuchado mejor. Los sonidos se hacen más claros, aunque los otros sentidos se enturbien.
Tal vez se la tuviese que volver a poner, aunque eso significara acelerar el proceso. Miró de reojo la corona, debajo de ella estaba el libro. "Enchiridión".
"¿Podrás ponerte la corona y afrontar tu destino Simon?"
-Supongo que sí, pero tengo miedo.-Susurra.
La niña hace como si no lo hubiera oído.
