Hambo cae al suelo irremediablemente mientras corren, Simon tira de Marceline, ésta se para para recoger a su amigo suena a ropa rasgada, el peluche se ha roto, su interior blanco y esponjoso se deja al descubierto, imitando a unas tripas inexistentes. Simon tira de Marceline y consigue auparle manteniéndole entre sus brazos mientras corre. La niña frunce los labios apenada, hoy es un día triste al fin y al cabo.
Llevan varias semanas juntos deambulando entre las ciudades, sin quedarse en un punto fijo ni tener contacto con ningún otro… Hasta ahora… O al menos si eso se pudiera considerar humano.
Para Marceline era un niño normal, hasta que vio sus dos hileras de dientes y como intentaba comerse a su rey. Desde luego aquello no era normal. Lo de las branquias tampoco, pero ella no les había dado importancia.
Por fin paran, su rey le baja de entre sus brazos y coge grandes bocanadas de aire, ella le mira, no comprende por qué le cuesta tanto correr, en general a ella no le cansa nada. De pronto se acuerda de Hambo su pequeño amigo tiene una peligrosa herida en un costado. ¿Significará este otro adiós definitivo a un ser querido? Los ojos se le empañan y le empiezan a picar pero aguanta las lágrimas, no quiere ser muy llorona delante de su rey y cada día lo es más. Levanta a Hambo y lo enseña.
-Simon ¿podrías…?
Nada, ya no le hace caso, como siempre. Hincha los carrillos. A veces le pone de los nervios. Está comprobando que lleva encima su dichoso libro y la corona. A ella le gustaría romper ambas cosas para siempre, pero al parecer son sus tesoros. Por lo que no lo va a hacer.
-Hambo. –Dice mientras señala el horrible dolor que debe de sentir su amigo.
-Oh vaya, el pequeño Hambo se ha hecho una herida… No te preocupes, tengo la solución.
Marceline sonríe, claro que tiene la solución, siempre la tiene. Introduce la mano en su mochila mágica y saca como por arte de magia un carril de hilo y una aguja grande. El hilo no es del mismo color de la tela del peluche pero ¿qué más da eso?
Empieza a dar puntadas, hilo arriba y abajo. La niña sisea de dolor. Simon sonríe.
-Lo hacemos por su bien, esto le va a doler un poco, pero al final se curará.
Las puntadas que da están lejos de ser perfectas, pero las hace con mimo, como una madre cuidando a su hijo mientras tiene fiebre.
-¡Ya está!
Hambo está perfecto.
Un copo de nieve cae perdido. Marceline lo recoge con el dedo índice.
-¿No podemos volver donde estábamos? –Pregunta un poco desilusionada. –Me gustaba el estudio, era cómodo y tenía muchos libros.
-A mí también, podemos intentarlo, pero desde luego habrá que tener cuidado ¿no crees? No sé muy bien quien era ese niño, creo que esto nos ha afectado a todos.
-Sí… ¿Por qué no paras de mirar el libro y la corona?
Simon suspira… Los niños siempre eran así. Durante un segundo se acuerda de Bea y que ella quería tener niños… ¿Bea? Quiso decir Betty. Se golpea con una palmada en la sien, como recordándole a sus pensamientos que se recoloquen.
-El libro es el "Enchiridion", un manual de magia, no entiendo mucho de lo que dice. Pero los manuales son importantes para ser un buen escudero ¿no? En cuanto a la corona…
Se agacha y le coge de los hombros, su mirada se vuelve fría durante unos segundos.
-Nunca ¿me oyes? Nunca te la pongas, es mala.
-Ya me lo dijiste una vez Simon. No me gusta como te pones. –Dice asustada.
¿Por qué últimamente tenía tantos despistes? Le ponía nerviosa, no paraba de repetirle cosas que ya sabía y tener lagunas sobre cosas que habían vivido. Sino le quisiese tanto…
Le gustaban sobre todo las historias sobre la Princesa Betty.
Simon le coge de la mano y andan hasta una especie de papelería derruida, delante de ella hay un tanque destrozado, trozos de metralla y algo que parece una bomba explotada. Dentro hay de todo: papel, lápices, libros…
-¿Quieres que cojamos algo par que puedas pintar Marceline?
Juguetona la pequeña se cuela entre cajas saltando entre ellas y saca un cuaderno de tapas duras de color marrón claro, en él pone "ScrapBook".
-¿Qué es esto?
-Un cuaderno de recortes –explica él echándole un vistazo. –En él se ponen los recuerdos, fotografías, escritos…
"Podríamos hacer uno" –Piensa ella. Últimamente su rey olvida demasiadas cosas y dice muchas tonteríasysería la manera más fácil de que no olvidara nunca lo importante.
Él se guarda el cuaderno en la mochila mágica y saca de ella una cámara, sin previo aviso le hace una foto.
-Ey.
-Estás muy guapa, necesitaba hacer una.
-Tonto. –Confiesa bajando la cabeza avergonzada. Tiene la nariz roja y los copos de nieve se han empezado a arremolinar en su negra melena.
-¿Qué quieres que hagamos?
-Quiero irme a casa. Y que me cuentes más cosas sobre la princesa Betty. ¡Y que me enseñes algún juego!
-No entiendo por qué te gustan tanto mis cuentos… También podríamos inventarnos una canción, sé tocar la batería.
-Blegh. –Dice sacando la lengua. –No me gusta la música, prefiero las historias de amor.
Le coge de la mano. Está fría, como siempre. Su tacto es hermoso.
-¿Intentamos volver?
-Sí.
Comienzan a caminar despacito, Marceline está un poco cansada y bosteza.
-Simon ¿Sabes? Siempre he pensado en ti como en un rey.
-Me siento halagado.
-Sí, -dice ella sonriendo ampliamente. –Además cada día tienes más barba y las manos frías, me recuerdas a la nieve. Eres mi Rey Hielo.
Un sudor frío le recorre la espalda a él. Los sueños empiezan a formarse.
CONTINUARÁ
…
NOTA DE LA AUTORA: Pues esto lleva ya tres capítulos, este desde el punto de vista de Marceline, voy turnándoles… No os preocupéis porque no durará mucho más, no soy de fics largos. La verdad es que no sé cómo quedará el invento, pero estoy bastante contenta por ahora, primero por llevarlo al día, después porque es mi primer fic inventado sin tener una referencia posterior. Supongo que la historia auténtica irá por otros derroteros completamente distintos a los que he creado yo. Pero bueno. Espero no estar decepcionándoos mucho. Si tenéis quejas, sugerencias o comentarios hacedlos sin ningún problema ^^. Gracias por seguir leyendo. Nos vemos en el cuarto.
