Esta es una historia alterna de misterio escrita sólo para entretenimiento. Los personajes originales le pertenecen a Kyoko Misuki; sólo el orden de los acontecimientos y personajes secundarios son de mi propia imaginación.
Capítulo 3
¡Albert! Mi querido príncipe, estoy aquí, ¿lo ves? No te angusties, siempre estaré contigo y velaré tus sueños, hasta que volvamos a encontrarnos, ¿recuerdas? Es una promesa.
Candy, no, no te vayas…
Albert despertó bañado en sudor, su respiración era agitada y el corazón parecía que se le saldría del pecho.
¡Estaba soñando! Se dijo, pero parecía tan real… Princesa, no sé como haré para continuar sin tu compañía, te extraño demasiado.
Después de tranquilizarse un poco se recostó de nuevo en su cama, la experiencia vivida fue tan intensa que lo dejó como mareado, ¿Había estado realmente con aquellos tres seres a los que quería tanto?
Sí, se dijo a si mismo, Es por ellos que debo ser fuerte de ahora en adelante, luego, cuando todo esté cumplido nos volveremos a encontrar.
…
Era lunes por la mañana, la hora de la anunciada reunión se acercaba. Albert sentado detrás de su gran escritorio aguardaba a que llegaran sus parientes.
George estaba coordinando detalles junto a él. Después de haber recuperado la memoria no había sido tan difícil ubicarlo. Los negocios de los Andrew habían quedado muy disminuidos, las perdidas con la crisis del año anterior redujeron considerablemente sus operaciones, pero aún quedaba algo por rescatar. Habían tenido que vender la mansión de Chicago y algunos edificios y sucursales, pero conservaban las oficinas principales en el centro de la ciudad.
Solo bastó pedir una cita para hablar con el gerente del banco ofreciéndole una nueva inversión muy provechosa para propiciar el encuentro. No había dado su verdadero nombre porque no sabía a que atenerse, los años transcurridos durante su ausencia lo hacían un desconocido dentro de su propio patrimonio. La emoción de su fiel amigo fue tan grande al verlo que se quedo inmóvil, parpadeando como si estuviera delante de una visión. Según le comentó después, los años habían moldeado su rostro de tal forma que resultaba casi idéntico al del que fué su progenitor; por eso George se quedó tan impresionado, era como si se le hubiese aparecido el fantasma de William C. Andrew, su amado protector.
Después de ese emotivo encuentro, George lo puso al tanto de lo que había sucedido durante su ausencia al mismo tiempo que él le contaba todo lo que había vivido desde que decidió abandonar África para regresar a hacerse cargo de su herencia.
Una de las cosas que más le dolió fue el enterarse del fallecimiento de su tía Elroy. La anciana mujer nunca se había recuperado de la pérdida de toda su familia, uno a uno los golpes terminaron por minar sus fuerzas, la desesperación de no encontrarlo y luego la dolorosa resignación de aceptar que tal vez nunca regresaría habían echo que su salud declinara con los años y que encontrara descanso la primavera anterior, justo en la época en que los adorados rosales de sus sobrinos estaban en flor. Pero antes de eso… ¿Por qué? ¿Qué clase de locura la había poseído para tomar tales desiciones? A medida que George lo enteraba del destino sufrido por cada uno de los miembros de su familia su asombro iba creciendo y le costaba mantener la serenidad. ¿Cómo es posible que haya permitido que Stear se involucrara en una guerra sin sentido y que hubiese perecido tan joven? Y Archie, ¿Desheredado? ¿Sólo por haber defendido su amor al casarse con Annie?
Albert recordaba a aquellos jóvenes que compartieron risas con él en Londres, ¡Que felices tiempos aquellos! El último dia que los vió durante su visita al zoológico donde trabajaba ocultando su identidad, parecían tan felices y recuperados de la muerte de Anthony que se sintió tranquilo y decidió que ya era hora de hacer realidad el sueño que había acariciado desde su adolescencia; partiendo rumbo a tierras desconocidas sin saber que esa decisión marcaría un nuevo destino para todos ellos.
Mas la vida le había dado otra oportunidad de enmendar el camino, lo había reunido con su querida Candy luego de haber peregrinado de hospital en hospital por Europa hasta que lo enviaron a Chicago, al mismo lugar donde ella trabajaba. Candy… tú me reconociste enseguida, pensó en ese entonces, y me pediste que me quedara, que diferente hubiera sido todo si yo te hubiese escuchado. Ahora entiendo que las desiciones que tomamos son determinantes para nuestro futuro y el de nuestros seres queridos, no hay que actuar con ligereza, tal vez hubiera encontrado otra forma, manteniéndome en contacto contigo constantemente, aunque no viviésemos juntos por lo menos te hubiese podido proteger y evitar todos los sufrimientos que te sucedieron después.
Ahora no servía de nada lamentarse, pero si sería prioritario enmendar todos los errores que se habían cometido durante su ausencia.
Por lo menos pudo estar los últimos tres meses en Lakewood mientras George arreglaba los papeles para devolverle el control de lo que quedaba de su herencia. Eso le permitió permanecer al lado de ella durante la etapa final de su enfermedad. Nadie sabía por qué, pero su salud había ido decayendo rápidamente, su cuerpo se volvía frágil y las ganas de vivir abandonaban su corazón.
Su mente lo llevo a aquél momento en que se volvieron a encontrar. Ella lucia hermosa en medio de su palidez, los años la habían dotado de una belleza serena, su cabello rubio y largo caía como cascada sobre sus hombros, sus labios rosados, la tersa piel de su rostro que invitaba a acariciarla. Estaba recostada en un sillón al lado de la chimenea, un libro reposaba en su regazo, se veía que había estado leyendo antes de quedarse dormida.
Candy, le habló suavemente, ¿Me recuerdas? Soy yo, Albert. He regresado. Perdóname por haberme ido aquel dia, pero realmente no podía recordar quién era, ahora todo esta claro, perdóname, por favor, ¿me escuchas Candy?
¿Albert? Dijo abriendo lentamente sus hermosos ojos verdes
¡Albert! ¿Realmente eres tú o estoy soñando? ¿Será que después de todos estos años por fin has regresado? ¿Dónde estuviste? ¿Por qué te tardaste tanto? ¡No sabes cuánto necesité! Le dijo mientras la recibía entre sus brazos.
Pero, ¿Como entraste? Ten cuidado, te pueden hacer daño si te descubren, él es muy celoso y déspota, no quiere que nadie me vea por eso me ha mantenido recluida en esta mansión.
No te preocupes princesa, ese tonto no puede hacerme nada, he recobrado mi memoria y con ello todo lo que me corresponde, siento tanto no haberlo hecho antes y haber evitado toda esta locura, Candy, ¿algún dia podrás perdonarme?
¿Pero qué dices, Albert? Nadie hubiera podido hacer nada por mí y menos tú. Yo acepté mi destino hace mucho tiempo, cada uno transita a través de la vida en un constante aprendizaje, no hay que perder la fé y siempre hay que mirar con esperanza el futuro. No todo ha sido tan malo, ¿ves? Estoy aquí en Lakewood, aunque no te tenía cerca, las rosas de Anthony me han dado la fuerza necesaria para vivir un día a la vez, era como si él estuviera conmigo y había veces que hasta parecía que lo estaba viendo. Mucha de la servidumbre tenía miedo de andar alrededor mío porque decían que siempre sentían un frío recorrer en su espalda como si un fantasma me siguiera todo el tiempo. Pero a mi no me asustaba, porque él nunca me hubiera hecho daño, el recuerdo de su última sonrisa me ayudó siempre para no perder la mía.
Candy… permíteme tomar tu mano, le dijo dándole un beso en ella, hay muchas cosas que quiero contarte. Ten la seguridad que de ahora en adelante no me separaré nunca más de ti. Quiero que te recuperes y que vuelvas a sonreír como cuando te conocí…
Albert, le dijo con una débil sonrisa, ¿Recuerdas cuando me rescataste en la cascada? ¿Sabes? hice que mantuvieran en buen estado la cabaña donde nos refugiamos aquella vez en memoria tuya y de vez en cuando pasaba allí unos días con mi pequeño. Antes de que… antes de…
Candy, Candy, no llores, ya me contaron que te lo arrebataron de tus brazos para mandarlo a estudiar lejos.
Albert, no sabes cuanto dolor me causa eso…
Otra locura más de ese desalmado, no contento con mantenerla encerrada en la mansión de Lakewood con el pretexto de que era su deber cuidar de la Matriarca de la familia, que para entonces estaba más decaída que nunca y daba claras muestras de senilidad; y del único hijo que le diera, que por imposición del contrato prenupcial que firmaron, no llevaba su apellido sino el de los Andrew, requisito sin el cual no habría tenido la libertad de disponer de todos los bienes familiares a su antojo, al cumplir los doce años se lo había quitado para internarlo en el Real Colegio de San Pablo en Londres dejándola en la mas completa agonía.
No te preocupes que eso también se arreglará, haremos todo lo posible para que pronto lo tengas de regreso; pero debes esforzarte para que te encuentre bien, no debes asustarlo, aún es pequeño y necesita de ti.
Oh Albert, que bueno eres por darme consuelo, pero sé que eso está fuera de tu alcance.
Los días se sucedieron en una constante agonía, Candy se debilitaba cada vez más a pesar de sus esfuerzos por animarla. Hicieron su costumbre pasear por el jardín de las Rosas todas las tardes antes de la hora del té. Allí aprovechaba para contarle acerca de todas las aventuras que había tenido durante esos quince años en los que estuvieron separados. Ella sonreía feliz, con esa dulzura que el adoraba tanto; pero, a pesar de ello, los médicos no daban esperanza de recuperación.
Poco a poco se fueron develando los misterios que habían estado celosamente guardados desde hacía tanto tiempo, no tenía sentido mantener tantas mentiras que sólo habían acarreado dolor a todos, si desde un comienzo las cosas fueron mal llevadas, ya era hora de arreglarlas y hablar siempre con la verdad.
Candy, le dijo la siguiente tarde en que aprovechó para revelarle su verdadero origen, Princesa, ¿puedo preguntarte algo?
Si Albert, estoy tan contenta de que te estés conmigo, pregúntame lo que sea.
Tú siempre me hablaste del Tío Abuelo William, el que te adoptó. Me podrías decir ¿Qué más has sabido de el?
Pues… no mucho, en realidad. Después de que te fuiste, continué trabajando en el hospital y siempre me veía con los chicos. ¿Te acuerdas de ellos? Stear, Archie, Annie y Patty. Hacíamos muchas cosas juntos en mis días libres y aunque no se me permitía entrar a la mansión, ellos me traían noticias de mi familia adoptiva. Un día me dijeron que la tía abuela estaba muy abatida porque parecía que mi padre adoptivo estaba enfermo o algo así, y George que era su secretario se veía muy preocupado también, en realidad ese día que fuí a buscarte al parque me crucé con él cuando iba saliendo de la mansión, pero ni siquiera me vió.
Entiendo, entonces, ¿no supiste mas nada de él?
Pasó un poco de tiempo antes que volviera a tener noticias suyas, mientras tanto continué con mi trabajo. ¿Sabes? En ese entonces me escribía con Terry, ¿lo recuerdas?
¿Terry? ¿Terry Grandchester? Si, por supuesto, el otro rebelde del San Pablo. Recuerdo que siempre estaba haciéndote bromas, ¿Como se encuentra? ¿También se vinieron a América durante la guerra?
No, Terry dejó el apellido Grandchester hace mucho tiempo, fue en la época en que viajaste al África, cuando regresamos de Escocia. Eliza nos tendió una trampa e hizo que me expulsaran de la escuela, pero Terry habló con la directora y ocupó mi lugar; abandonó a su padre y renunció a su apellido para cumplir su sueño al igual que tú. Él siempre quiso ser actor, como su madre. ¿Sabías que su mamá era la actriz Eleanor Baker?
No, no lo sabía.
Bueno, él vino a Ámerica, se quedó en Nueva York, en Brodway y logró cumplir lo que deseaba en un comienzo. Nosotros nos escribíamos y pensábamos que por fin seríamos felices, pero poco antes del estreno de la obra en el que él tenía el rol protagónico ocurrió una desgracia.
¿Que ocurrió Candy, te sientes con fuerzas para contármelo?
Si, Albert, no te preocupes, ya ha pasado tanto tiempo que no me afecta, me costó mucho al principio pero logré que todo esto se transformara sólo en un recuerdo agradable, creo que siempre existe una enseñanza en todo lo que nos ocurre, inclusive en lo que nos parece mas trágico.
Bien, como te decía, antes del estreno, hubo un accidente donde casi pierde la vida. Una de sus compañeras que estaba muy enamorada de él, lo salvó, pero a raíz de ello perdió una de sus extremidades y entonces Terry se sintió obligado a cuidar de ella de por vida.
Oh, eso es terrible, Candy, pero ¿y ustedes?
Nosotros tuvimos que separarnos definitivamente, fue muy doloroso y me costó años recuperarme, pero mis amigos me ayudaron, ¡Cuánto hubiera deseado que tu también hubieses estado conmigo en aquellos días!, estoy segura que habría superado todo con mayor rapidez…
Después de eso, un día empezaron a aparecer las noticias de que él estaba decayendo como actor hasta el punto de desaparecer de los escenarios. Nadie sabía nada. Ésta joven, Susana, ese era su nombre, lo esperó por mucho tiempo, pero él no apareció. Un par de años más tarde, los diarios anunciaron que lo habían encontrado muerto en un hotel en un pequeño pueblo casi desconocido, perdido entre el alcohol y el sufrimiento. Susana, después de unos meses enfermó y murió consumida por la pena. Una verdadera tragedia, casi como la de la obra que estaban ensayando en el momento del accidente.
¿Que obra estrenaban?
Romeo y Julieta; pero en este caso yo sé que Terry sucumbió ante el dolor de perderme a mí y no a la actriz que hacía de Julieta. Si yo lo hubiese encontrado antes, de alguna forma lo podría haber ayudado, pero nadie conocido pudo dar con su paradero y desde entonces, mi corazón se encerró en una caja de metal y nunca me volví a enamorar de nadie. Sólo me mantuve con el recuerdo de aquellos a los que amaba, estuvieran vivos o no como Anthony, Stear, Terry, tú y el de mi "Príncipe de la Colina"; desde pequeña él ha sido sin saberlo el que me daba fuerza para enfrentar los cambios en mi vida.
¿Tu Príncipe de la Colina? ¿Quién es, acaso conociste a algún príncipe en Londres?
No, tonto, le dijo riéndose, Yo le llamo así porque para mí era como un príncipe. Lo conocí en la Colina de Pony y fué mi primer amor…
¿La Colina de Pony?, ¡No puede ser…! pensó Albert
Qué sorpresa la mía en ese momento, recuerdo que me quedé sin palabras por un buen rato.
¿Albert? ¿Te ocurre algo?
¿Eh?, no, no perdona Candy, continúa por favor.
No, nada, ese fue sólo el sueño de una pobre niña huérfana de seis años que encontró consuelo en un dulce desconocido, duró tan poco nuestro encuentro, nunca más supe de él. Pero el recuerdo de su sonrisa…
… y del sonido de su gaita que se parecía al ruido de los caracoles arrastrándose… Le contesté de pronto.
¡Albert! Pero… ¿como sabes eso? No recuerdo haberte contado esta historia antes.
Con una sonrisa en los labios decidí que era mejor decirle la verdad. Candy, escúchame bien. No quiero más secretos entre nosotros ya bastante sufrimos por ellos, mi vida ha sido una constante mentira que no hizo mas que hacer sufrir a todo aquél que estaba a mi alrededor…
Me asustas Albert.
Primero que nada quiero que me escuches y me dejes terminar, después me podrás preguntar todo lo que quieras…
Mi nombre completo es: William Albert Andrew, Candy. Y yo soy el tan famoso Tío Abuelo William, último descendiente del Clan Andrew del cual soy responsable.
¡Albert!
Si princesa, fui yo quien te adoptó. En la época en que nos encontramos en el bosque yo era muy rebelde y no quería aceptar la enorme responsabilidad que habían depositado en mis manos, siempre tendía a escaparme, desde muy joven, y fue así como a los diecisiete años huí de la mansión en medio de una fiesta a la que no se me permitía asistir para terminar sin darme cuenta en una colina donde mi destino quedó marcado. Allí conocí a una pequeña pecosa que lloraba con toda su alma y a la que pude arrancarle una sonrisa, la mas hermosa que jamás había visto en mi vida.
¡Albert!
Candy no podía creerlo, una lágrima empezó a rodar por su mejilla. Albert la limpió dulcemente con su dedo y le dijo:
No llores Candy, eres mucho más bonita cuando sonríes…
Desde entonces todos los días conversában de muchas cosas, y pudo por fin confiarle toda si verdad. A pesar de haberle ocultado si identidad no le guardaba ningún rencor y hasta se alegró de saber por fin quién era su misterioso príncipe y también su tío abuelo y protector.
Recordar todas esas cosas lo hacía sentirse muy triste. Todo parecía estar tan bién en esos últimos días Candy, me abriste tu corazón y pudiste descargar todas tus penas, pensé que con eso bastaría, pero me equivoqué. El daño estaba hecho y no pude revertirlo. Tú me habías salvado la vida en ese horrible cuarto de hospital en Chicago, pero yo no pude hacer nada, aunque me asegurabas que sí te había salvado, ¿Salvado de qué?, mi dulce princesa, ¿si no pude retenerte a mi lado y ni siquiera volviste a ver a tu amado hijo por última vez?
...
Gracias a todas por sus reviews, les prometo que actualizaré seguido este minific y lo tendré completo para fin de mes.
Thank you all for your reviews. I promise to update soon and finish this short story before the end of the month.
