Esta es una historia alterna de misterio escrita sólo para entretenimiento. Los personajes originales le pertenecen a Kyoko Misuki; sólo el orden de los acontecimientos y personajes secundarios son de mi propia imaginación.
Capítulo 5
Albert había alquilado, por el momento, un departamento en el último piso de uno de los nuevos edificios del centro de Chicago; la ciudad estaba creciendo rápidamente y pronto se construirían más edificaciones cada vez más imponentes.
Allí se había trasladado con George desde que se encontraron y sólo se separaron durante el periodo en que acompañó a Candy en Lakewood. Ya de regreso había preferido aguardar la llegada de Alexander para conocerlo primero y luego buscar juntos un lugar mas aparente para poder cuidarlo mientras crecía.
Qué agradable era estar nuevamente en casa, ese Morgan y Neal le daban mala espina, aparentemente habían aceptado fácilmente sus términos pero no se quedarían tan tranquilos, por el bien de ellos esperaba que sus negocios turbios no hubiesen involucrado ninguna empresa de los Andrew, porque si no, haría que les cayera todo el peso de la ley. De ser necesario haría uso de su apellido, pero aparte, en sus años de vagabundo también había conocido gente que lo podría llegar a proteger, no sería fácil amedrentarlo. Su principal preocupación era el niño, no permitiría que nadie lo tocara.
Decidió relajarse y dejar de pensar en ellos. Es hora de disfrutar - se dijo. Primero me daré un baño y luego prepararé algo delicioso para cenar. Que alegría poder compartir con Archie y Annie. Desde su llegada habían conversado muy poco y ahora que se volvían a encontrar podrían hacer planes futuros.
Albert llenó la tina con agua tibia y echó sales relajantes para quitarse de encima la fatiga. Su cuerpo reaccionó al contacto con el líquido, sintiendo una gran mejoría. Los años no habían pasado en balde por él. Siempre había sido muy bien parecido, pero ahora ya en sus cuarenta, se había convertido en un hombre sumamente atractivo. Su piel se había bronceado por el contacto continuo con la naturaleza y como siempre había buscado de mantenerse en forma, sus músculos eran fuertes y bien definidos, el cabello corto y su contextura delgada le daba un aspecto muy varonil. Él no era tan consciente de eso, en realidad nunca se había enamorado como para pensar formar una familia. Había tenido aventuras sin mucho significado porque buscaba a alguien especial y no sabía quién. Es como si me faltara mi otra mitad, pensaba - como si se encontrara perdida y no la pudiera encontrar. ¿Quién será la mujer de mis sueños?, se decía mientras su cuerpo se relajaba aun más dentro de la tina. Sintiéndose aliviado. Apoyó su cabeza en el borde sobre una toalla y se dejó llevar por la sensación. Estaba como en las nubes y una paz lo inundó sintiéndose pleno. De repente empezó a sentir un olor a rosas…
Un suave hormigueo recorrió su cuerpo, era como si alguien estuviera presente. Entonces volvió a escuchar aquella risa… la de Candy
¿Candy? - Se preguntó, no podía ser cierto. Se sintió como si lo llevaran a través del tiempo a un lugar que no reconocía. La voz cantarina de ella se hacia mas clara. ¡Albert!, escucho que le decía - por qué no me despertaste, otra vez llegaré tarde al hospital…
Albert se vió en un pequeño lugar al pie de una mesa que estaba servida con un suculento desayuno. Candy salía corriendo de una habitación con su uniforme de enfermera, y se acercaba a él, tomaba una taza de café al apuro y una tostada mientras se quejaba de haberse quedado dormida. Candy… sólo atinaba a decir, parecía que no sabía emitir otra palabra.
Albert, esta noche vendrán los chicos, no lo olvides, haremos planes para el próximo fin de semana, ¿te gustaría que fuéramos otra vez de picnic? Tal vez con el contacto con la naturaleza recuperes más rápido tu memoria.
Albert solo asintió con la cabeza, no entendía nada, ¿a que chicos se refería? ¿Recuperar su memoria?
Ella sólo le dedicó una enorme sonrisa, de esas que a él tanto le gustaban, su corazón empezó a latir fuertemente… Candy… pensaba, ¿en verdad eres tú?
Se volvió a sentir mareado y nuevamente fué trasladado a otro lugar. Estaba en el campo, ¿o el bosque? No podía definirlo bien. ¿Donde estoy?, se veía recostado en el césped y Candy se encontraba sentada a su lado haciendo algo con sus manos; también estaba Poupée. Mi querida mascota, pensó, hace tiempo que no te veía, me quede tan triste cuando te moriste pero ya estabas muy viejita. Fuiste mi más fiel compañera.
¿Albert?, escucho que le decía – ¡Por fin despertaste!, ¡Mira lo que hice para ti! ¿Te gusta?
Candy… volvió a balbucear – ¿Qué haces aquí?
Estaré contigo siempre - le dijo mirándolo a los ojos - Gracias por todo lo que haces por mí.
Candy…
La bruma lo empezó a envolver nuevamente, quiso levantarse para agarrar su mano pero entre risas ella se desvaneció de nuevo. Se vió solo parado en una especie de cerro. Es la Colina de Pony, se dijo a si mismo – pero, cómo…
Albert, tío William y ahora mi príncipe…
Eran las palabras de Candy, en ese momento vió como ella corría hacia sus brazos y se lanzaba a ellos entre risas; pero cuando la quiso alcanzar todo volvió a desaparecer… Hasta que nos volvamos a encontrar mi querido príncipe, entonces estaremos juntos…
Albert se despertó nuevamente con el corazón desacompasado, se había quedado dormido en la tina. El perfume a rosas aún se sentía dentro de la habitación.
Otra vez soñé con ella, es cada vez mas real, Candy, siento tanto no haber podido llegar antes, me siento en deuda contigo, ¿Acaso me estas mostrando lo que hubiera sido nuestra vida si tan solo te hubiera escuchado aquella vez? ¿Hasta donde habríamos llegado juntos, princesa?
No quiso seguirse torturando más, salió de su baño y empezó a alistar todo para recibir a sus invitados. No lograría nada mirando hacia atrás, lo que importaba ahora en adelante es lo que podría hacer por su familia.
Annie y Archie llegaron puntuales, habían dejado en su casa a sus hijos, la pequeña Anne y el simpático Stear, que aunque no se parecía a su difunto tío en lo físico, si lo era en lo inteligente y alegre. Sin duda porque contaba con unos padres maravillosos.
Adelante, les dijo – siéntanse como en su casa.
Gracias Albert - le contestaron - ¿Podemos llamarte así, verdad?
Por supuesto, dejemos las formalidades en la oficina, ustedes me conocieron tal y como soy en realidad, así que no tenemos para qué fingir.
Me alegra mucho que por fin podamos conversar tranquilamente Albert, le respondió Archie – Me sentí un poco tenso en la reunión de hoy; nunca me cayó bien ese par…
Lo sé Archie, Neal siempre fue una persona mezquina y encontró un buen aliado en Morgan para realizar y manejar las cosas a su antojo, pero te prometo que eso va a cambiar.
Gracias Albert, le dijo Annie - Archie ya me contó lo que le dijiste acerca de restituirle sus derechos de familia. En realidad el dinero no lo necesitamos porque, aunque fue difícil al principio, en estos momentos estamos en una situación económica muy favorable y vivimos felices con nuestros hijos. Solo me apenaba mucho que Archie haya tenido que renunciar a su apellido por haberse casado con una "huérfana recogida" como me llamaban los demás.
Annie… dijo su esposo – ya no tiene importancia, gracias a ti, a tu amor y tu apoyo constante he logrado convertirme en un hombre completo y muy orgulloso de su familia.
Estoy muy feliz por los dos – les dijo - pero las injusticias hay que corregirlas, así que aunque no lo necesiten, les devolveré lo que por derecho les corresponde, adminístrenlo con sabiduría por el bienestar de sus hijos.
Gracias Albert, le dijeron al unísono.
Tomaron un aperitivo mientras seguían conversando en la sala de estar, Annie se había convertido en una dama muy delicada y su anterior timidez era reemplazada por una agradable simpatía.
¿Como te encuentras Albert? – Le preguntó – Te vimos muy abatido en el entierro de Candy y no quisiste hablar con nadie.
No te imaginas lo que fué para mí al recuperar mi memoria y darme cuenta de lo que había hecho - les dijo mirando a un punto fijo con tristeza – Ella me suplicó tanto que no la dejara y yo no la escuché. Todo habría sido tan diferente… hasta ustedes se vieron perjudicados.
Tal vez, le dijo Archie – Vamos hombre, nadie sabe lo que nos depara el futuro. Ahora que ella no está es nuestro deber cuidar de su hijo. Te agradezco que le dijeras a Morgan que obtendrías su custodia, pero debes saber que él es nuestro ahijado, así que podemos criarlo junto con nuestros hijos.
Lo sé Archie, y les agradeceré todo el apoyo que puedan brindarme; pero quiero estar a su lado mientras pueda y educarlo como si fuera mi hijo. Se lo debo a Candy, además estoy seguro que debe ser un chico bueno como su mamá.
Lo es – le replicó Annie – sólo que ha estado alejado de nosotros durante más de dos años y sólo su padre se ha mantenido cerca de él y lo visita en el internado de vez en cuando, espero que no haya cambiado.
Esperemos que no, siempre habrá tiempo de hacer algo para que vuelva a sentirse querido.
Y hablando del esposo de Candy, ¿qué saben de él?, yo no tengo registro de mis parientes porque de pequeño me aislaron prácticamente de la familia.
Bueno, ya te imaginarás que no es una persona muy agradable por la forma en que trató a Candy. Desde el momento de su compromiso siempre fue muy frío y sólo porque el contrato matrimonial exigía un heredero varón para cobrar la dote, es que nació Alexander. Ni siquiera a Candy le gustaba el tipo, pero ella al final fue convencida por la tía abuela y por los Leagan de que debía ceder en agradecimiento al "Tío Abuelo William" que tanto había hecho por ella. Una vez que quedó embarazada él empezó a viajar casi todo el tiempo y se desentendió cada vez más de ella, a tal punto que la mandó a Lakewood junto con la tía para que la vigilara.
Pobre candy – dijo con tristeza Annie – pero ¿sabes que ella nunca te olvidó? Al principio pudimos ir a visitarla seguido, pero luego nos prohibieron la entrada. Nos dijeron que su marido no quería que su hijo tuviera contacto con nosotros, pero en realidad creo que él ni siquiera estaba enterado ni se encontraba en el país, los que realmente decidían las cosas eran los Leagan y ese James Morgan. La tía abuela aceptaba todo y George no podía hacer nada porque ya no contaba con tu apoyo.
Un dia que nos escabullimos a visitarla y que la tía Elroy se encontraba en Chicago, nos fuimos al pueblo y bautizamos al pequeño. Candy le quería poner tu nombre o el de Anthony, pero sabía que no se lo permitirían, así que tuvo que aceptar el de su padre desde un principio.
Entonces así fué lo del matrimonio forzado – les dijo Albert con pesar – De haber estado presente habría impedido el compromiso, nadie la hubiera podido obligar a casarse en contra de su voluntad.
No te culpes Albert, Candy siempre hacia esfuerzos por ser feliz, y la compañía de su hijo fué muy importante para ella. Por fin pudo realizar uno de sus sueños, y mejor aún si su marido estaba lejos y ya no la importunaba.
Albert se quedó en silencio. Así había sido siempre ella. Cuando la rescató de la cascada, se mostraba alegre a pesar de los infortunios que estaba viviendo. Era como un rayo de sol en la vida de los demás, para eso había venido al mundo, para demostrar que aunque la vida se nos presente llena de dificultades, si las enfrentamos con valor, siempre habrá un mañana y un nuevo amanecer lleno de esperanza.
La velada resultó muy agradable y pudieron conversar de muchas cosas. Entre ellas de la trágica muerte de Stear.
Para Archie era aún doloroso pensar en la vida trunca de su hermano. Pero así lo había decidido él, tenía un sentido muy altruista del deber y el honor, por eso se había enlistado en la armada. Solo que era tan joven…
Albert también les contó un poco sobre como había sido su vida durante estos años y como fué que se contactó con George al recuperar la memoria y como se organizaron para poder pasar un tiempo con Candy mientras recuperaba el poder. Debió ser cauteloso pues todo estaba muy bien armado para que tanto los Leagan como Morgan tomaran todas las desiciones.
Después de la cena conversaron acerca del futuro y que desde ahora se visitarían más a menudo y se apoyarían en todo.
Archie y Annie se retiraron a una hora prudente y Albert se retiró a descansar. George había llegado un rato antes y había compartido unos momentos de plática, se mostraba más abierto a relacionarse, era un hombre que pasaba de los cincuenta y que así como él no había tenido familia propia, es por eso que consideraba a los esposos Cornwell y a sus hijos como si fueran de su sangre.
Albert meditaba recostado en su cama.
Charles Alexander O'Connor… No, no me acuerdo de tí. Según me contó George eres hijo de una de las primas de mi padre, por eso llevas algo de nuestra sangre y fuiste elegido como esposo de Candy. Pero nunca la quisiste, ni te diste el tiempo de conocerla bien; te casaste sólo por interés y has venido dilapidando nuestra fortuna a manos llenas y dejando tus obligaciones en manos de un mafioso. Ya verás, no volverás a poner la mano en la fortuna de mi familia, tendrás que vivir con lo que legítimamente te corresponde y nada más.
Alexander… espero que confíes en mi pequeño, yo te daré el afecto que no pudiste tener de tus padres. La historia de mi vida no se repetirá en ti.
Quisiera darles las gracias por los reviews que me han mandado a lo largo de la historia. En especial a Keilanot2, Paolau2, Esposa de watson,Verenice Canedo, Lila, CC, Enaka T, Ms Puddleglum, , monybert y a todas las que la han leído y no han dejado comentario.
Esta es una historia diferente, un escenario ficticio de lo que pudo haber pasado sin la presencia de Albert luego de haber perdido la memoria con una pizca de lo sobrenatural. La próxima semana publicaré los dos últimos capítulos y luego continuaré con la otra historia que empecé anteriormente y que no he olvidado.
Nuevamente muchas gracias y espero que les siga gustando.
