Esta es una historia alterna de misterio escrita sólo para entretenimiento. Los personajes originales le pertenecen a Kyoko Misuki; sólo el orden de los acontecimientos y personajes secundarios son de mi propia imaginación.

Capítulo 6

Los días pasaron rápidamente y sin darse cuenta Albert había recuperado el dominio sobre sus negocios y propiedades. Le costaba mucho adaptarse al cambio de vida pero sabía que era indispensable hacer ese sacrificio si quería que todo volviera a la normalidad.

Ese dia se levantó con cierto nerviosismo. Le había ordenado a O'Connor que retirara del Colegio San Pablo a su hijo y que regresara con él a América lo antes posible. Habían pasado tres meses y el aviso de su arribo por fin había llegado. Después de que desembarcaron en Nueva York tomaron el tren del dia siguiente dirigiéndose a Chicago.

Esa mañana habían pactado un encuentro. ¡Por fin los conocería! Debo mantenerme más calmado que nunca, se decía- no sabré a que atenerme hasta que haya conversado con los dos.

Se alistó rápidamente y se dirigió a desayunar. El departamento que había alquilado era lo suficientemente grande como para haberlos alojado, pero O'Connor le había mandado decir que prefería tomar una suite en un hotel durante el tiempo que duraran las negociaciones que tenían programadas. ¿Negociaciones? - Pensaba - ¿Eso es lo que significa para tí la tenencia de tu hijo?

A los pocos minutos George le dió el alcance y desayunaron juntos en el comedor. Albert mantenía poco personal a su servicio. Las cosas cambiarían cuando comprara la casa donde vivirían definitivamente.

George – le dijo – ¿Crees que O'Connor nos haga problemas en cuanto a la tutela de Alexander?

No lo creo Sr. William. Durante el tiempo en que tuve ocasión de tratarlo me di cuenta que era bastante inteligente. Él se casó con la señorita Candy también por ayudar a su familia. Ellos residían en Europa pero se vieron obligados a retornar a América cuando la guerra empezó y sus bienes no eran tan cuantiosos aquí como estaban acostumbrados. Así que no les quedó más remedio que pactar un matrimonio que salvaría tanto la dinastía de los Andrew como en bienestar económico de los O'Connor. Él es el segundo hijo varón de la familia, su hermano mayor ya estaba casado con una dama Inglesa cuando se iniciaron estas negociaciones y ahora tienen tres hijos, dos varones y una mujer por lo que no peligra la continuación de su apellido. Tengo entendido que durante estos últimos años Alexander O'Connor ha mantenido una discreta relación con una dama francesa, viuda, cuyo esposo le dejó una gran fortuna. No me extrañaría que contraiga segundas nupcias pronto puesto que aún es un hombre jóven. No creo que tenga interés en mantener a su lado a William Alexander, él es muy parecido a su madre, ya lo conocerá pronto, se sorprenderá, se lo aseguro.

Albert se quedó mirando fijamente a George, esperando que sus palabras sean ciertas.

Ojalá tengas razón, George. Por el bien de todos. No dejaré que me quiten el único recuerdo que tengo de Candy. Cuento con tu ayuda para criarlo como a ella le hubiera gustado hacerlo.

Siempre ha contado con mi absoluta fidelidad, Sr. William; y así continuará siempre, no lo dude.

Se encaminaron a las oficinas del banco para empezar el dia de trabajo.

A las diez de la mañana la secretaria de Albert le aviso que las personas que esperaba habían llegado.

Bien señora Wilson, por favor hágalos pasar.

Por fin, pensó – al fin conoceré a tu hijo princesa, ayúdame a ganarme su confianza.

Se acomodó en el sillón de su escritorio y su corazón empezó a latir agitadamente. La secretaria abrió la puerta y con un "Adelante, el señor Andrew los espera" los dejo entrar.

Albert observó a los recién llegados. Un hombre alto rubio de elegante porte y de mirada fría, lucía bigotes que lo hacían ver mas maduro. El niño que lo acompañaba apenas pasaba de los doce años y era tan rubio como él, de ojos color celeste claro, característica predominante de los Andrew; el tono blanquísimo de su piel y unas graciosas pecas en su nariz llamaron su atención, sin duda eran herencia de Candy.

Sr. Andrew. Dijo el recién llegado – Mi nombre es Charles Alexander O'Connor y este es mi hijo William Alexander Andrew. Creo que usted sabe por que no porta mi mismo apellido.

Encantado de conocerlo - le respondió seriamente – Hola Alexander - le dijo al niño esbozando una cálida sonrisa y agachándose casi hasta su altura.

El niño abrió grandemente los ojos y sonrió, Albert se quedo petrificado. La misma sonrisa que tanto extrañaba. Su corazón dió un vuelco de emoción, Candy, no solo heredó tus pecas sino también tu hermosa sonrisa.

Siéntense por favor – les dijo recomponiéndose de la impresión – Deben estar aún cansados del viaje. Ha sido un largo trayecto.

El viaje fué cómodo, gracias. Tenía muchas ganas de conocerlo Sr. Andrew. Para mí fue una sorpresa saber de su regreso. Toda su familia lo daba por perdido. Mi difunta esposa le guardaba un profundo respeto a pesar de que nunca lo conoció. Solo que creía que era bastante mayor, contemporáneo a Madame Elroy.

Lo sé, mi identidad fué guardada con profundo recelo hasta el momento de mi presentación. Sólo los ancianos del consejo sabían que era más jóven de lo que se podía esperar.

Comprendo, de todas maneras espero que logremos entendernos Sr. William. Mi presencia aquí es en aras de llegar a un buen acuerdo que nos beneficie a todos y sobretodo por el futuro de Alexander. No quisiera que perdiera sus derechos como parte importante de la familia Andrew.

No se preocupe Sr. O'Connor. El bienestar de Alexander es mi prioridad principal.

Albert miraba con calidez al muchacho que no había emitido palabra alguna, se veía que había sido muy bien educado, pero también notaba que el niño se sentía cohibido por la presencia de ambos caballeros.

Alexander, le dijo – Me alegra que estés de regreso con nosotros. Me gustaría mucho que nos conociéramos y que podamos compartir algún tiempo juntos.

Gracias Sr. Andrew, le dijo tímidamente – yo también estoy contento de que me hayan sacado de ese colegio, ¿sabe? No me sentía cómodo con todas esas reglas.

O'Connor miro sorprendido a su hijo. En realidad no lo conocía mucho. Había decidido no encariñarse demasiado con el muchacho desde que nació porque sabía que no le dejarían educarlo a su manera. Los Andrew, en especial Madame Elroy eran muy estirados para su gusto. Por otro lado, sus propios padres habían vivido siempre emparentándose con la realeza en Inglaterra y entre reuniones sociales donde sólo habían personas mayores, dedicándoles poca atención a ellos, así que junto con sus hermanos habían crecido rodeados de tutores e institutrices, y aunque les hubiera gustado que sus padres estuvieran mas tiempo con ellos, nunca se habían cuestionado las reglas de educación de la época.

Su matrimonio con Candy, la heredera del patriarca de su familia materna había sido arreglado en beneficio económico de sus padres, para no perder el estilo de vida suntuoso que llevaban. No había podido conocer bien y menos cortejar a la chica. Había escuchado duras referencias sobre ella en los círculos sociales, y luego los hermanos Leagan le habían contado toda la escabrosa historia desde su llegada como sirvienta a la familia y posterior adopción hasta su escandalosa conducta tanto en Inglaterra como en América. Ella era una mujer que a pesar de los beneficios de su apellido había estudiado una profesión menor y trabajaba como el común de la gente. Además que había tenido una relación no muy clara con un actor de Broadway.

Albert sonrió ante la declaración del muchacho y se preguntó cuantas sorpresas más se llevaría al ir conociéndolo.

Alexander, le dijo. ¿Qué te parece si nos esperas en la antesala con la señora Wilson mientras conversamos de nuestras cosas con tu padre? ¿Te gustaría comer algo?, le diré que te lleve a la cafetería par que escojas lo que quieras.

Si, gracias, le respondió – ¿Tendrán pastel de chocolate? a mamá y a mí nos gustaba mucho el pastel de chocolate.

¡Por supuesto que si, y de los mejores!- le dijo emocionado – espera un momento que enseguida viene por ti.

Señora Wilson, habló por el intercomunicador – ¿puede venir por favor?

Después que la secretaria se llevara a un alegre Alexander, Albert se dirigió nuevamente a O'Connor que permanecía sentado en el sillón.

Sr. O'Connor- le dijo seriamente – creo que es buen momento de conversar directamente sobre lo que nos interesa.

Si Sr. Andrew, ahora que Alexander se fué podemos hablar libremente.

Bien, respondió Albert - En primer lugar creo que estamos de acuerdo que lo más importante en estos momentos es el bienestar y seguridad del muchacho. Tras la muerte de Candice, quiero nombrarlo mi heredero, pero para esto necesito que usted me ceda la custodia legal de su hijo.

Lo entiendo, desde un principio yo sabia que Alexander no me pertenecería nunca y que su destino había sido fijado aún antes de nacer; pero existen acuerdos previos Sr. Andrew, creo que usted ya debe estar enterados del documento pre-nupcial que ambos firmamos.

Si, y no pienso desconocerlo, no se preocupe, sólo que hay algo que no se estuvo llevando de acuerdo a lo pactado hasta ahora y ya tome las medidas correctivas al respecto.

¿Cómo dice? ¿Qué es lo que se ha estado llevando mal?

Según lo acordado, al casarse con Candice y tener al heredero, usted recibiría una cuantiosa dote que sería administrada por su familia, una cantidad suficiente para que realizaran una vida bastante acomodada en América además de una pensión de por vida para sus gastos personales.

Y eso fue lo que recibí Sr. Andrew. Yo no he tomado más de lo que me correspondía.

Me temo que no esta en lo correcto. Usted dejo aquí a un administrador bastante hábil pero malicioso. El señor James Morgan ha mantenido ciertos negocios con el dinero de la familia que le han dejado grandes dividendos, ha hecho fortuna a costa de los Andrew; felizmente no los ha involucrado en delitos, pero si fué uno de los responsables de que perdiéramos un gran capital durante la crisis económica que sufrió el país. Mi representante George Johnson no pudo hacer mucho porque contaba con la férrea oposición de mi difunta tía que era presidenta del consejo, y dado que Morgan realizó una alianza con los Leagan en favor de sus propios intereses, prácticamente el manejo de la administración quedó en sus manos. Como le dije anteriormente, yo ya he tomado las medidas correctivas, y una de ellas ha sido alejar al Sr. Morgan de cualquier negocio que tenga que ver con mi familia. Lo siento mucho, sé que es su empleado de confianza, pero desde este momento sólo lo representará en lo que se refiere al manejo de su pensión.

O'Connor lo miraba anonadado. ¿Qué era todo aquello? Él no tenía idea de los manejos turbios de su abogado. Tan sólo se había preocupado de recibir lo que le correspondía y se sentía satisfecho porque el dinero era cuantioso y le llegaba de manera puntual. Por eso nunca se cuestionaba nada y hacia su vida lejos tal y como le había prometido a Candy.

Sr. Andrew, le dijo sorprendido – Tenga la seguridad de que no estaba al tanto de lo que me esta contando. Yo nunca me ocupé de los negocios de la familia de mi esposa porque así se había acordado con su Tía antes del matrimonio. Ella quería que el manejo del patrimonio de los Andrew no se viera afectado por su desaparición, y por eso me alejé dejando sólo a mi representante. Él me enviaba puntualmente lo que me correspondía y también me comunicaba los deseos de mi esposa, ella rara vez me escribía y si lo hacía eran cartas breves y siempre refiriéndose a la salud y educación de Alexander.

Usted pensará que soy un hombre sin sentimientos porque pase el mayor tiempo que duró mi matrimonio lejos de ellos, pero quiero que sepa algo que ni su familia estaba enterada.

Yo sí me llegue a enamorar de Candy.

Albert se quedó de una sola pieza. Jamás se hubiera imaginado tal declaración. No entendía nada ¿qué había pasado entonces?, por qué hasta Candy pensaba que él era un hombre frío sin sentimientos y hasta déspota. Celoso de que cualquier otro hombre se acercara a ella al punto de tenerla encerrada en Lakewood.

Sr. O'Connor – le dijo después de un momento de silencio – Por favor, ¿puede explicarme su versión de los hechos? Por lo que veo ante mí han llegado distintos comentarios sobre lo que fué su vida al lado de Candy y le advierto que la mayoría de ellos no lo favorecen.

Esta bién, le contaré todo desde el principio…

Tuvo que remontarse hasta el momento en que sus padres le comunicaron la "estupenda noticia", le habían conseguido una excelente novia, una rica heredera cuyo padre había sido dado por desaparecido. Se había quedado totalmente impresionado, él nunca hubiese querido casarse sin amar a la que sería su esposa, pero sabía que estas cosas se daban comúnmente dentro de su círculo social. Pensó que tal vez debía darse un tiempo para conocerla bien y que podría hasta llegar a quererla algún dia; y con esa esperanza acudió a la reunión a la que había sido invitado en la mansión Andrew para que se conocieran.

Cuando la vio bajar por las escaleras quedo muy impresionado, era una mujer hermosa. No era muy alta, pero su cabello rubio que caía en suaves ondas sobre sus hombros, su blanca y tersa piel, además de ese delicado rostro con unas graciosas pecas en su nariz y esos ojos verdes llenos de calidez lo habían impactado. Por lo menos su novia no era una muchacha desagradable a la vista, sino todo lo contrario. Cuando se acercó a él y lo saludó, nuevamente quedo impresionado por lo hermosa de su sonrisa. Realmente era un buen partido como se lo aseguraron sus padres, y se propuso tratar de conocerla mejor.

La velada aunque agradable había sido un poco tensa al principio, las reglas protocolares eran estrictas y se dió cuenta de que a ella no le gustaban mucho, pero eso a él no le importaba. Después de cenar, se sentaron en el gran salón a platicar ambas familias. El estaba acompañado de sus padres, mientras que de parte de los Andrew se encontraban la Matriarca Elroy Andrew, Raymond y Sara Leagan que eran familiares directos y sus hijos Eliza y Neal.

Eliza era una mujer muy bonita pero también bastante coqueta, en cambio Neal era un joven pedante y despectivo. Notó que ambos trataban con mucha frialdad y desprecio a Candy, lo cual le sorprendió porque se veía que ella era una joven agradable.

La siguiente reunión fué nuevamente en la mansión pero para formalizar los acuerdos matrimoniales, donde para su sorpresa se vió obligado a aceptar que su primogénito no portara su apellido ya que prácticamente él haría la función de un consorte al lado de la princesa heredera del "trono Andrew". Eso no le gustó para nada, desde el comienzo su matrimonio sería sólo una gran farsa.

Las pocas veces que se pudieron ver después de la firma de los documentos fueron siempre en la mansión y bajo la continua mirada de la matriarca que ni siquiera los dejaba salir al jardín solos para platicar. No le permitían conocerla a fondo. Siempre se preguntaba por qué, ya que ella parecía una buena chica a la que podría llegar a querer.

Lo peor fué cuando en una de esas reuniones se desató una desagradable discusión entre los hijos de los Leagan en contra de Candy, en ella la acusaban de muchas cosas graves y sobretodo de ser una mujer sin educación y además ladrona. Él estaba sorprendido, la señora Elroy había salido momentos antes de la habitación y no había presenciado la escena.

Pasaron los tres meses previos al matrimonio y una semana antes fue invitado nuevamente a la mansión. En esa ocasión lo recibió Eliza Leagan vestida provocativamente en un claro intento por seducirlo. Él no quiso seguirle el juego así que ella furiosa lo increpó y le dijo que era un tonto por despreciar a una auténtica dama y casarse con una mujer de tan baja procedencia como Candy. Su hermano que recién llegaba se sumó a la discusión y entre los dos le contaron con desprecio toda la historia de la mujer con la que se iba a casar y que, según ellos afirmaban, ya había pasado por las manos de cierto actor de Broadway del cual alguna vez había escuchado hablar.

Eliza airada había salido del despacho donde estaban reunidos y se encontró con Candy que llegaba en compañía del señor Johnson. Él sólo alcanzó a escuchar como le decía que era una cualquiera y que no sabía nada de los hombres, mientras que su hermano salía detrás de ella queriendo alcanzarla.

Candy, que no entendía que había sucedido entró y lo encontró pálido, impresionado por todas las cosas de que se había enterado. Salió de allí realmente preocupado pensando que iba a ser de su vida atado a una mujer así. En ese momento no quiso que le dijera nada y se dirigió a su casa.

El dia del matrimonio todo estaba muy bien arreglado, pero el ambiente parecía más el de un funeral. Hubo una gran fiesta para aparentar ante la sociedad y luego de eso la tan temida luna de miel.

¿Que podía hacer él si casi no conocía a la mujer con la que se había casado? Además, ¿Podría ella aparentar ser una dulce criatura y esconder una mujer de tan mala conducta como aseguraban los Leagan?

Viajaron a Florida esa misma noche y se alojaron en un lujoso hotel. Candy permanecía muy callada y algo tímida. Era de esperarse, hablaron de cosas triviales durante el viaje y así lograron disipar la tensión.

En el hotel tenían una hermosa suite muy amplia con dos habitaciones y allí fue donde acabó todo. Para su sorpresa y apelando a su condición de caballero, ella le pidió, que ocuparan cada uno una habitación diferente dando por sentado que ella había aceptado el matrimonio por el bien de su familia pero que no quería compartir ninguna intimidad con él hasta conocerse bien. Al principio no sabía que pensar, era verdad que ella era una mujer bella que cualquier hombre desearía, pero no existía sentimiento alguno entre ambos que los pudiera unir realmente.

Así pasaron dos años y al irla conociendo mejor nació en él un sentimiento favorable hacia ella. En todo el tiempo que convivieron se mostró como una dama educada y fina, pendiente siempre de acciones sociales en beneficio de los más necesitados. Vivían en la mansión Andrew de Chicago y siempre bajo la compañía de Madame Elroy que era una mujer muy pegada a las reglas sociales y que definitivamente no quería a su esposa. Él se dedicaba a los negocios junto con su padre desentendiéndose de todo lo que se refería a los Andrew. Vivía bajo un matrimonio ficticio en una hermosa pero fría mansión.

De todas maneras, tenía un puesto muy importante dentro de la sociedad y Candice Andrew era una mujer muy querida dentro de todos los círculos donde se desenvolvía. A medida que pasaba el tiempo se ponía aun más hermosa. Los problemas comenzaron cuando se les empezó a exigir la parte del heredero. ¿Que podía hacer? ¿Obligarla?

Señor Andrew – interrumpió por un momento su relato – Le aseguro que no soy un mal hombre como estará pensando. Pero póngase en mi lugar, ¿que más podía hacer? Conviví al lado de Candy durante dos años y me fui enamorando poco a poco, sólo que ella nunca se enamoró de mí. Sus verdaderos sentimientos estaban muy lejos, aparentemente en otra persona. Una vez me confesó que a los seis años se había enamorado de un ideal, y que a medida que fué creciendo buscó en otros al príncipe de sus sueños pero que no lo encontró, siempre estuvo rodeada de tragedias y pérdidas y que por eso creía que nunca se enamoraría de nuevo.

Lo que me está contando es sorprendente, le respondió Albert ante lo que le estaba revelando - pero eso no le daba ningún derecho a mantenerla encerrada en la mansión de Lakewood aislada de todos desde que nació su hijo, ella sentía miedo de que usted le hiciera daño a todo aquel que se le acercara.

Yo jamás hice algo así - dijo O'Connor con desagrado – Ella me mandó decir con Morgan que prefería quedarse allí mientras yo viajaba, que estaba preocupada por la salud de su tía abuela y que la iba a cuidar en los últimos años de su vejez. Yo respeté sus deseos, a pesar de que me hubiera gustado llevar una vida familiar normal y nunca la celé.

Albert se quedo pensando sin saber si creerle o no

Se ve que aquí han habido terceras personas que han manejado todo a su antojo - le dijo con pesar - y la única perjudicada fue Candy, que fué enfermándose de tristeza, sobretodo desde le quitaron a su hijo que era su único motivo para vivir.

Me temo señor Andrew que esa decisión la tomaron en su familia en beneficio de su heredero; yo me encontraba en Europa en esos momentos, lo cual me facilitó las cosas poder estar cerca de él y visitarlo de vez en cuando para saber como se encontraba.

Entiendo que de nada sirve hacer reclamaciones ahora – le dijo apesadumbrado Albert – ella ya no está aquí y no se puede hacer nada al respecto.

Sr. Andrew, quiero que sepa y se lo juro por mi honor, que yo jamás la forcé a nada, ella se entrego a mí por voluntad propia y de común acuerdo para cumplir con las exigencias de su familia y sobretodo porque pensaba que era la forma de agradecerle el haberla adoptado. Siempre decía que uno no recibe el destino ya hecho, que hay que forjarlo por si mismo y que siempre existe la esperanza de un agradable reencuentro a la vuelta de la esquina.

Acordamos que después de que ella quedara embarazada yo sería libre de irme y que no la buscaría más, que podía visitarlos cuando quisiera, sobretodo a mi hijo y que ella se encargaría de velar por que se convirtiera en un buen hombre.

Así es como partí a Europa a fortalecer nuestros negocios y recuperar las propiedades que habíamos perdido durante la guerra y sólo vine de visita unas cuantas veces. Siempre los encontré bien, y respeté nuestro acuerdo, nunca me recriminó nada. Si de algo se me puede acusar es de no haber regresado los últimos cinco años, pero, compréndame, yo también tenia derecho a buscar a alguien que me quisiera, y fuí discreto durante todo este tiempo. Ahora que ella no está esperaré el tiempo necesario y luego me casaré con la mujer que logró consolarme en mi soledad.

¿Entonces va a formar una nueva familia? – le preguntó Albert algo desconcertado

Si, quizás en un año o dos. No se preocupe, no faltaré a mi palabra, dejaré a Alexander con ustedes, después de todo, por parte de mi madre también somos familia.

Sr. O'Connor, ¿entonces estamos de acuerdo? Tengo listos los documentos para que los firme ahora mismo y me otorgue la custodia legal de Alexander. Le prometo que me dedicaré por entero a hacer de él un hombre de bien y con la libertad suficiente para que se adapte a los nuevos tiempos. Creo que a Usted y a mí nos tocó vivir en una época llena de prejuicios y obligaciones absurdas. Esto va a cambiar con las futuras generaciones, se lo aseguro. Además, usted puede venir a visitarlo las veces que desee porque nunca dejara de ser su padre. En pocos años el cumplirá la mayoría de edad y decidirá como continuar su vida. No pretendo que sea un heredero condenado a una vida de negocios y pretensiones como me ocurrió a mí. Quiero que sea un hombre pleno, feliz y orgulloso de sus acciones. Se lo debemos a su madre que se sacrificó tanto para que él naciera.

Si Señor Andrew, estoy de acuerdo con Usted. Firmaré esos papeles ahora, pero le pido que me deje pasar unos días con Alexander antes de partir. Estamos alojados en el hotel Ritz, también creo que sería bueno que compartiéramos unos momentos los tres para que se vayan conociendo. Alexander no ha dicho nada pero sufre mucho porque no se pudo despedir de su mamá.

Pobre muchacho, estaba pensando llevarlo conmigo a Lakewood para que vea la tumba de su madre en el momento apropiado

¿Usted cree Sr. Andrew que yo pueda acompañarlos? Quisiera despedirme de ella antes de partir a Europa.

Por supuesto. Será un placer que nos acompañe, después de esta conversación me doy cuenta que aquí ha habido muchas victimas, lamento no haber llegado antes para detener toda esta locura. Muchas cosas hubieran sido distintas, se lo aseguro

No se preocupe señor Andrew. La vida es así y hay que enfrentarla con determinación.

Albert quedo muy impresionado; Las cosas no son siempre como parecen y no debemos prejuzgar a las personas – pensó

Luego dirigiéndose nuevamente a O'Connor de pidió amablemente - Pasemos al despacho de mi secretario allí nos está esperando con los abogados para hacer las firmas correspondientes, después buscaremos a Alexander e iremos a almorzar.

De acuerdo Señor Andrew. Este será el comienzo de una nueva vida para todos.

Después de almorzar juntos y de la agradable plática que tuvieron durante las dos horas que compartieron en el restaurante, O'Connor y Alexander se fueron a su hotel, quedando verse al dia siguiente en el departamento de Albert. Allí planificarían el viaje a Lakewood y la visita del mausoleo de los Andrew.

Albert se recostó en su cama con varios sentimientos encontrados. No podía dejar de pensar en Candy y su hijo. El niño se parecía mucho a su madre, aunque tenía el porte elegante de su padre, pero sobretodo le llamaba la atención el color de sus ojos, eran iguales a los suyos. Cualquiera diría que podía ser su hijo.

Se fué sintiendo más tranquilo y empezó a sentir nuevamente el perfume a rosas, ya estaba acostumbrándose a eso, sabía que era la presencia de ella y que al llenarlo de su fragancia le hacía saber que estaba contenta con sus desiciones.

Candy – pensaba – ahora sólo me estoy contentando con verte en mis sueños, cada vez que me llega tu perfume me siento mejor, siempre me sentía tranquilo estando junto a ti.

Empezó a recordar lo que le contara el esposo de Candy – Así que tú también te enamoraste de ella, no me extraña. No he conocido a ninguna chica más encantadora en mi vida; pero, ¿Qué fue eso de que formó su ideal de hombre con un sueño de la infancia? ¿Acaso se refería al momento en que nos conocimos en la Colina de Pony? Sí, ella me lo dijo antes de revelarle mi identidad. Princesa, yo también te quería mucho y creo que de haber pasado más tiempo juntos me hubiera enamorado perdidamente de ti…

...

Muchas gracias a todas por sus reviews, este ha sido un capítulo para aclarar algunos puntos de la historia. El esposo de Candy ni es tan bueno ni tan malo, recordando que en aquella época los matrimonios arreglados eran muy comunes, él sólo se adaptó a las circunstancias, aunque no se libró de caer en los encantos de Candy.

Les prometo que el miércoles subiré los dos últimos capítulos. Gracias nuevamente por acompañarme y alentarme.

Thank you very much for your reviews, I've made this chapter to clarify some points of view in the story. As you see Candy's husband is neither as good nor bad. We have to remember that arranged marriages were very common in those days. He just tried to adapt his situation to the circumstances although he could't escape from Candy's charms.

I promise to post the two last chapters on wednesday. Thanks again for your constant support.