Esta es una historia alterna de misterio escrita sólo para entretenimiento. Los personajes originales le pertenecen a Kyoko Misuki; sólo el orden de los acontecimientos y personajes secundarios son de mi propia imaginación.

Capítulo 7

Acababan de llegar a Lakewood, las primeras nevadas habían caído y el portal de las rosas los recibía lleno de hojas marchitas. Para Alexander era muy triste regresar a su casa después de dos años de ausencia en estas circunstancias, el hubiera deseado que su madre lo esperara y lo recibiera con los brazos abiertos. Había llorado tanto su muerte solo en el colegio que las lagrimas parecían habérsele acabado. Era un chico sensible por naturaleza y se sentía muy triste. Albert notó el cambio de expresión en su rostro a medida que iban entrando, en ese momento recordó la cara afligida de Candy cuando la encontró llorando en el mismo portal años atrás después de la muerte de Anthony.

Alexander, le dijo - Se que estás triste y que nada de lo que te diga te sirve de consuelo, pero esta es tu casa, aquí naciste y pasaste los años de tu infancia, al igual que yo. Es posible que te traiga recuerdos tristes y dolorosos de la gente que ya no está, pero también recordarás aquellos dulces y agradables momentos de los tiempos de felicidad.

Sr. William, le contesto el pequeño clavando su mirada triste en la de él – yo no quería irme tan lejos. Nadie me avisó que mamá estaba enferma. Sólo recibía cartas con mi mensualidad y noticias breves de que todo estaba en orden.

¿Quién te las enviaba? ¿El Sr. Johnson? Le preguntó intrigado – No, el otro, el abogado de papá.

O'Connor no hizo comentario alguno, las pocas veces que había visitado en el colegio a su hijo no le había comentado nada, para él todo estaba normal y la noticia de la muerte Candy lo tomó también por sorpresa.

Llegaron a la entrada y bajaron el equipaje. Se dirigieron a la entrada de la mansión y Alexander se detuvo frente a la puerta. Albert apoyó su mano en uno de sus hombros y le dijo:

Vamos Alexander, yo estaré contigo.

Entraron y sintieron un aroma exquisito a rosas que inundaba toda la casa. El mayordomo que estuvo pendiente desde su llegada dió las órdenes para que llevaran las maletas a sus respectivas habitaciones.

Subieron y caminaron por el frío corredor hasta pasar delante de la puerta de la habitación que había sido de Candy. Alexander se detuvo por unos instantes como queriendo entrar pero no se animó.

No te preocupes hijo, empezó diciendo su padre – vamos primero a asearnos y descansar un poco. Luego bajaremos y comeremos algo.

Si papá, tienes razón - le respondió con un hilo de voz.

Albert sentía que su corazón se estrujaba, pero comprendía los sentimientos del muchacho. Se vió a si mismo afrontando la perdida de tantos seres queridos, la de su madre no la recordaba porque ella murió después de su nacimiento, pero la de su padre, su sobrino y su hermana estaban presentes aún en su memoria y en su corazón. Y ahora compartía el mismo dolor de ese adolescente que acababa de perder a su madre. Para Albert, Candy había sido su única y más preciada amiga. Quizás la única mujer con la que hubiera podido compartir su vida.

Pero ahora debía continuar por el bien de ese muchacho que lo necesitaba tanto. El tiempo haría que superaran la pérdida y que continuaran sus vidas con el recuerdo de los mejores momentos que compartieron.

Después de un par de horas de descanso se reunieron en el comedor para cenar y luego en la biblioteca donde tuvieron una amena plática. Alexander les contó que le gustaba mucho la literatura inglesa porque su mamá le había leído desde pequeño las obras clásicas y se las interpretaba de forma graciosa haciendo ademanes y muecas que lo hacían reír. También les comentó que tocaba muy bien el piano y que le gustaría continuar practicando. Su padre lo miraba satisfecho de ver que su educación había sido bien llevada y que se comportaba de forma adecuada.

Quedaron que a la mañana siguiente irían juntos al mausoleo y que después de descansar en la noche partirían de regreso a Chicago. O'Connor ya había planificado su regreso a Nueva York donde estaría un par de meses viendo algunos asuntos familiares y luego Albert y Alexander viajarían para estar unos días con él antes de que tomase el barco de regreso a Inglaterra.

Albert en su habitación pensaba en lo que sería su vida de ahora en adelante. La responsabilidad de cuidar de Alexander le preocupaba. En realidad el no había tenido ninguna experiencia sobre como educar a un niño, así que se quedo dormido tratando de calmar su mente y permitiendo que las cosas sucedieran naturalmente.

Nuevamente su sueño se vio interrumpido por las risas de varios chicos que conversaban alegremente en una especie de tertulia. Estaba de pié en un prado verde y lleno de flores, lo cual llamó su atención puesto que afuera recordaba que la nieve había empezado a caer con más intensidad esa noche. Se acercó despacio para averiguar quiénes eran los que conversaban y grande fue su sorpresa al descubrir que se trataba de sus sobrinos Stear y Anthony que bromeaban con otro muchacho de cabello castaño. Si sus ojos no lo engañaban podría jurar que se trataba de Terry, pero ¿cómo era esto posible? A medida que se acercaba sentía que su corazón latía más fuerte de lo normal, Son ellos, pensaba- Cuánto me gustaría hablarles... Pero por más que se esforzaba las palabras no salían de su boca. En ese momento vio como Stear se daba vuelta y le decía:

Albert, ven te estábamos esperando.

¿Me estaban esperando? – pensó sorprendido

Terry se levantó y caminó hacia él. Amigo, le dijo - Me da mucho gusto verte, ha pasado tiempo ¿no es así?

¿Terry? ¿En verdad eres tú?

Por supuesto, no te asombres, hace tiempo que me reencontré con el loco inventor de tu sobrino y me presentó por fin a tu sobrino Anthony del cual había escuchado bastante. Le dijo mirando al chico que se levantaba del lugar donde estaba sentado.

Albert no sabía que decir, en ese momento se acercaron sus otros dos sobrinos que lo miraban con ojos resplandecientes.

Tío, le dijo Stear - no debes preocuparte. Nosotros siempre estaremos cerca de ti para ayudarte. Lo que estás por hacer es muy importante para nuestra familia. Cuida bien del pequeño, verás como en el futuro te dará grandes satisfacciones.

Stear, pero ¿como sabes de mis preocupaciones?

Es fácil, nosotros estamos pendientes de todos para ayudarlos en el momento adecuado.

Albert no podía comprender lo que su sobrino le estaba asegurando, pero en su interior sabía que de alguna forma el se sentía mejor al escuchar sus palabras.

Albert, le dijo Terry – Tú fuiste un gran amigo para mí, me ayudaste en un momento en que estaba perdido. Gracias a ti pude salvarme aquella vez que casi me mataran esos maleantes y luego me brindaste tu amistad sincera. Estoy seguro que de haber continuado en contacto me hubieras ayudado también en mi dolorosa depresión.

En ese entonces ¿Acaso no éramos sólo un poco mayores que Alexander? - Continuó Stear - Vamos tío, tu siempre supiste consolarnos en medio de nuestra soledad. Gracias a ti pudimos disfrutar de hacer las cosas que nos hacían felices a pesar de estar solos. En cierta forma también éramos huérfanos de cariño. Siempre lo hiciste bien, y ahora ten confianza porque sabemos lo harás mejor.

Tío Albert, le dijo Anthony – Nosotros estamos muy felices de que hayas venido a vernos, sobretodo ella – le dijo señalando a su derecha.

Albert volteo a ver a quien se refería y el aroma a rosas le hizo comprender enseguida de quien se trataba.

Candy…

Hola Albert, le dijo – Gracias por estar aquí, y traerme a mi bebé, no te sientas triste, ¿ves? Nosotros estamos bién, somos amigos y compartimos la alegría de estar juntos nuevamente desde aquí velaremos por ti y por Alexander. Busca en mi habitación Albert, allí encontraras la llave de mi corazón…

Ahora debes regresar, cada vez que nos necesites vendremos a ti…

Albert se sintió mareado, como si cayera dentro de un pozo, No, espera – alcanzó a decir… pero ya no veía el jardín ni sentía nada.

Despertó nuevamente bañado en sudor, el olor a rosas llenaba su habitación. Candy… otra vez te sentí tan cerca. Pero ¿a que te refieres con que busque la llave de tu corazón?

La curiosidad pudo más en él, se levantó y entró en la habitación de Candy. Todo estaba tal y como lo recordaba, él había dado orden de que siempre mantuvieran el dormitorio aseado y con flores frescas de temporada. Inspeccionó alrededor buscando algo cuando sintió que una voz le decía que abriera el cajón de la mesa de noche. Allí encontró un diario forrado bellamente en cuero. Quiso abrirlo y no encontró la llave; rebuscó un poco más y encontró una cajita. Al abrirla pudo ver en su interior una pequeña llave junto a unos viejos recortes de periódico donde aparecía la imagen de Terry, una foto de su sobrino Anthony, la cruz que ella siempre llevaba al cuello y su medallón; aquel que perdiera el dia que la conoció en la colina. ¿Con que ésta era tu cajita de recuerdos?, ¿verdad Candy?

Tomó la llave y abrió el diario, comenzó a leerlo y con cada página que pasaba se asombraba más. En él Candy había volcado todos sus sentimientos desde que Albert se marchó de su lado, las cosas que le sucedieron y los sueños que tenía para con su hijo. Pero sobretodo ella hablaba de la esperanza que guardaba en el fondo de su corazón de que su amigo Albert estuviera bien donde quiera que se encontrara y que algún dia regresase nuevamente a su lado.

Tenías razón, pensó emocionado – Gracias princesa ahora sé todo lo que albergabas en tu corazón y te juro que trataré de cumplir los sueños que tenías para Alexander y sobretodo lograré que él sea muy feliz.

A la mañana siguiente Albert se levantó mas tranquilo, el sueño que tuvo en la noche había sido tan real y luego lo del diario, lástima que no lo podía comentar con nadie porque estaba seguro de que no le creerían. Así que guardo para sí mismo lo experimentado y sólo trató de confiar en su intuición. Ese día sería muy difícil para Alexander y tenía que estar ecuánime para ayudar a muchacho.

Bajaron a desayunar y luego se dirigieron en el auto al cementerio familiar. Éste se ubicaba en el extremo de la propiedad a una hora de camino desde la casa. Normalmente el lugar debería estar rodeado de flores silvestres pero como era invierno ahora estaba cubierto de nieve. No obstante el camino estaba limpio porque había un jardinero que se dedicaba especialmente a mantener el lugar en perfecto estado durante todo el año. Ante ellos se podía ver la hermosa entrada de mármol. En el interior se ubicaba una pequeña capilla y detrás de ésta el área donde se erguía el mausoleo de la familia. Bajaron del auto llevando cada uno un ramo de flores.

Albert caminó delante de ellos para abrir la puerta principal del camposanto. Mientras tanto O'connor viendo lo impresionado que estaba Alexander posó su mano sobre su hombro y lo animó a entrar.

El lugar era pacifico, se encaminaron hacia el gran mausoleo y Albert abrió la puerta. El interior era espacioso y se encontraba limpio, el aroma a rosas los envolvió y Albert supo que no estaban solos, allí se encontraban sus seres más queridos y sintió que eran bien recibidos.

Las lágrimas empezaron a rodar por las mejillas de Alexander mientras miraba fijamente la tumba de su madre. Albert se acerco a él y le dijo.

Sé lo que debes sentir en estos momentos, pero quiero que sepas que ella te amo muchísimo y durante el tiempo que permanecí a su lado me contó con mucho cariño como fueron los años que te tuvo a su lado y lo orgullosa que se sentía de ti. Estoy seguro que desde donde quiera que esté te seguirá amando y su recuerdo estará siempre en tu corazón. No llores, Alexander, trata de mantener siempre una sonrisa cuando pienses en ella.

El niño lo miró con sus ojos humedecidos por las lágrimas y trato de sonreír. En el fondo de su corazón sentía que podía confiar en aquel hombre que apenas conocía y que sería de ahora en adelante su tutor.

O'Connor se mantenía en profundo silencio pensando en lo tonto que había sido al marcharse sin pelear por ganarse el amor de la extraordinaria mujer que tuvo por esposa. Pero ahora ya no había nada que hacer, y cada quien seguiría su camino. Esperaba que algún dia, si existía la posibilidad de encontrase en el mas allá, ella lo perdonara por haberse ido tan lejos dejándola a merced de los que nunca la habían querido.

Después de orar y acomodar las flores Alexander y su padre se retiraron a la capilla. Albert mientras tanto se acercó a las tumbas de sus demás familiares. Sólo quedaba él para continuar con el legado de los Andrew ¿Había valido la pena tanto sacrificio desde su niñez? ¿Qué importancia tenia lo material ahora que no podía compartirlo con ellos? No, el futuro de los Andrew seria diferente, y comenzaría desde este mismo dia, ya era hora de amoldarse a los cambios generacionales y con ello mantener la libertad individual de los miembros de la familia.

Se retiró en silencio y cerró nuevamente la puerta principal. En la capilla O'Connor conversaba con su hijo calmadamente y la escena familiar le hizo recapacitar en que después de todo el padre de Alexander no era una mala persona como había creído al principio y que merecía buscar su felicidad.

Regresaron a la mansión en silencio y se dirigieron a sus habitaciones para descansar y cambiarse de ropa. Luego se reunirían nuevamente para almorzar.

En el comedor disfrutaron de un buen rato y conversaron acerca de cosas triviales. Después de acabado el almuerzo, O'Connor se retiró a su habitación y Alexander le pidió a Albert si podían ir al salón de los cuadros. Esta petición le pareció un poco extraña pero luego comprendió que quizás el muchacho quería conversar en privado con él. Aprovechó para pedir que les llevaran un servicio de té.

Entraron a la luminosa habitación y gratos recuerdos volvieron a la mente de Albert. Allí estaban los cuadros de las personas más significativas de la familia. Alexander se mantenía en silencio mientras que terminaban de disponer la mesa con las tazas y unas galletas para acompañar la infusión.

Después que se retiró la mucama, Alexander se dirigió a Albert y le pregunto:

Sr. William, he estado pensando mucho desde que regresé de Inglaterra y recuerdo que mi mamá siempre me decía que Usted era un hombre viejito que ya no podía hacer tantos viajes y que por eso no venia a visitarnos; pero ahora veo que no es así. ¿Por qué ella creía eso?

Siéntate Alexander, voy a contarte la historia de cómo tu mamá llegó a pensar que yo era un viejito ermitaño.

Albert con suma dulzura y con palabras simples le contó como fué su encuentro con Candy en la cascada y los acontecimientos que lo llevaron a adoptarla. También le explicó por qué nadie sabía que era un hombre joven y que por eso su mamá lo conoció con otro nombre y otra apariencia.

Entonces el niño le dijo mirándolo sorprendido – ¿Usted fué el hombre que la recató de la cascada?

Así es, en ese entonces no quería que nadie me reconociera por eso cambié el color de mi cabello y empecé a usar lentes oscuros.

¿Usted es Albert el amigo de mamá? Ella me contó como lo conoció y que por eso mantenía la casa del bosque limpia y ordenada, ella tenía la esperanza de que volviera allí algún dia. Decía que cuando ella estaba triste Usted siempre aparecía de la nada para consolarla, pero eso nunca sucedió.

Lo siento Alexander, yo no he sido el mismo durante estos años, no se si te contó que sufrí un accidente y perdí la memoria.

El chico respondió afirmativamente moviendo su cabeza.

Apenas recupere la memoria, continuó – me puse en contacto con George y me enteré de todo lo que había sucedido en mi ausencia y por supuesto inmediatamente vine a buscarla.

Es por eso que no había regresado, le dijo el pequeño - me imagino que habrá estado muy contenta de verlo.

Si, pasamos unos meses muy hermosos recordando viejos tiempos.

Señor Andrew…

Alexander, me gustaría que me llames Albert como lo hacia tu mamá, vamos a vivir juntos y me gustaría que fuésemos amigos. Yo sé que tu tienes a tu papá y que no voy a ocupar su lugar, pero me gustaría que confiaras en mí como si fuera tu verdadero padre.

Yo quiero a mi papá, - le respondió el muchacho – aunque casi nunca lo veo, y sí me gustaría que seamos amigos señor Albert.

¡Bien! Le contestó con verdadero alivio – entonces ahora que somos amigos dime ¿qué te gustaría hacer cuando regresemos a Chicago?

Bueno, creo que mi papá se va al dia siguiente a Nueva York, así que después de eso me gustaría continuar estudiando, a mi no me gustaban las reglas del colegio pero si me gustaba estudiar y estar con mis compañeros.

¿Me pondrá interno en algún colegio señor Albert? Le preguntó con temor

No, por supuesto que no, buscaremos una buena escuela para que termines tus estudios y también podrás tener clases particulares de piano para que no pierdas la práctica.

Si, me gusta la idea, le contestó emocionado, y esbozando luego esa sonrisa que tanto se parecía a la de su mamá.

Albert lo miro complacido y también sonrió.

Hay algo que me gustaría pedirle antes de volver a Chicago señor Albert.

Por supuesto dime ¿que quieres pedirme?

¿Podríamos regresar de vez en cuando aquí y pasar unos días en la cabaña cuando el clima este mejor?

Nada me gustaría más que eso Alex, no te importa si te llamo así, ¿verdad?

No, al contrario, así me llaman siempre mis amigos.

Pues entonces Alex, hagamos un trato. Nos dedicaremos ambos a nuestras obligaciones y de vez en cuando tomaremos pequeñas vacaciones para disfrutar de la naturaleza. ¿Te gustan los animales?

Si, me gustan mucho. ¿Usted cree que podré tener un perro algún dia?

Mmmm… si, ¿por que no?, pero primero vamos a buscar una casa con un buen jardín porque en el edificio donde vivo no se permiten mascotas.

¡Bien! ¡Hurra! Exclamo emocionado – creo que me va a gustar mucho vivir con Usted señor Albert.

Las cosas están empezando bien, se dijo para sí mismo – apenas nos conocemos y ya estoy empezando a querer a este muchacho.

Albert se sentía muy contento y esperaba que de ahora en adelante la vida dejara de ser una tragedia para ellos y que la felicidad por fin les abriera sus puertas.

Después de conversar amenamente mientras tomaban el té, ambos se retiraron a descansar a sus habitaciones.

Por la noche durante la cena hablaron acerca del viaje que haría el padre de Alex a Nueva York y planificaron los días que pasarían juntos en la gran ciudad antes de que tomara el barco de regreso. Alex estaba emocionado porque por fin podría conocerla, ya que al llegar de Inglaterra no habían tenido tiempo de hacerlo.

Por la noche se retiraron temprano a dormir porque al dia siguiente viajarían después de desayunar.

Ya en Chicago un dia después, Albert pasó por el Hotel Ritz para acompañar a O'Connor a la estación de trenes para que abordara el tren que lo llevaría a su próximo destino. Luego se llevó a Alexander a su departamento donde empezarían su vida juntos.

Un par de meses más tarde, disfrutaron de su viaje a Nueva York y pasearon por varios lugares. También estuvieron en Broadway donde Albert no pudo dejar de pensar en cuánto le hubiera gustado ver alguna vez a Terry en su faceta de actor.

Llegado el momento de la despedida en el muelle. O'Connor se acercó a su hijo y le prometió que le escribiría a menudo y que buscaría la forma de viajar lo más seguido posible para visitarlo. Le recomendó que se siguiera comportando bien y que se sintiera muy orgulloso de ser quien era.

Luego se dirigió a Albert y le dijo - Me voy más tranquilo después de haberlo conocido Sr. Andrew. Sé que Alexander queda en buenas manos. Cuento con que pronto tengan la oportunidad de hacer un viaje a Inglaterra y vayan a visitarme. Nos mantendremos en contacto permanente.

Por supuesto Sr. O'Connor, le respondió – Es muy probable que organicemos un viaje antes de lo que se imagina; yo también tendré que encargarme se ver algunos asuntos en Europa y aprovecharé para llevar a Alex conmigo, será una buena ocasión para reencontrarnos.

Después de que el barco se perdió de vista ambos regresaron a su hotel para arreglar sus cosas y regresar a Chicago.

Es así como Albert y Alexander iniciaron una nueva vida.

Los años siguientes fueron muy agradables para ambos. Se adaptaron enseguida a la vida en común y con la ayuda de George Albert pudo organizarse para pasar más tiempo con el muchacho y cuando tenía que estar en el banco éste se quedaba en compañía de una institutriz que Annie había recomendado. Era una señora bonachona que tenia mucha experiencia y pronto se ganó la confianza del pequeño. También había días en que visitaban al matrimonio Cornwell para que los chicos se conocieran y se hicieran amigos, puesto que de alguna manera eran primos y crecerían juntos.

Alexander y Stear hicieron amistad enseguida, mientras la pequeña Anne que era más pequeña y tímida por naturaleza los miraba jugar desde lejos.

Albert cumplió su promesa de llevar a Alex a Lakewood nuevamente en la primavera. Disfrutaron de varios días en la mansión y también estuvieron en la cabaña donde aprovecharon para salir de pesca y pasear por el bosque. Alexander era un niño vivaz y muy inteligente. Pronto demostró su profundo amor por la naturaleza lo cual complacía mucho a su tutor que cada dia se encariñaba más con el muchacho. Se sentía pleno y feliz. No necesitaba más. Con Alex pudo desarrollar sus sentimientos paternales y procuró siempre ser su amigo, sentía que era la compañía perfecta para él. Su trato amable hacia las personas de toda condición le hacían acordar mucho a Candy, sin duda había heredado no sólo su sonrisa sino también su buen corazón.

Tuvieron oportunidad de viajar cada dos años a Europa durante las vacaciones escolares donde Albert aprovechaba para ver de cerca algunos negocios y Alexander de pasar unos días con su padre que se había vuelto a casar y se veía feliz al lado de su esposa.

Pero los viajes periódicos se vieron interrumpidos con el comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Nuevamente el mundo entraba en conflicto y en esta ocasión Estados Unidos se vió involucrado directamente con el ataque a Pearl Harbor. Fueron años en los que Albert tuvo cuidado de manejar bien sus negocios y se volcó al mercado sudamericano que era fuente de materia prima. Realizó algunos viajes con Alexander que para entonces ya era un joven que había llegado a la edad de ser presentado como su sucesor.

Era el año de 1942 y para la presentación en sociedad del joven Andrew se había organizado una gran recepción en el mejor hotel de la ciudad. Todos estaban a la expectativa de conocer al heredero del reservado William Albert Andrew. Famoso por haber recuperado la fortuna y prestigio de la familia, pero que llevaba una vida alejada de la publicidad y que además nunca había querido contraer matrimonio.

Los invitados pertenecientes al clan llenaron el salón principal de la fiesta esperando el momento de la presentación; Albert que ahora era un hombre maduro mantenía su porte elegante y buen estado físico, con voz solemne se dirigió a la audiencia:

Es para mi un honor presentarles a William Alexander Andrew, hijo de nuestra recordada Candice Andrew y siguiente en la línea de sucesión familiar para la dirección de nuestro clan. Me siento muy orgulloso de contar con su apoyo en todo lo concerniente al manejo de los negocios familiares. Estoy seguro que será un administrador exitoso y confiable que engrandecerá nuestro legado patrimonial.

Alexander se veía radiante. Era un joven muy apuesto, casi tan alto como Albert. Su cabello rubio y corto caía en suaves ondas sobre su rostro y sus ojos eran del mismo color. Todas las chicas se quedaron impresionadas de conocer al joven heredero y se preguntaban si ya tendría novia. Eran épocas muy diferentes. Los cambios globales habían permitido dejar atrás muchas de las costumbres victorianas de principios de siglo y se especulaba que con el paso del tiempo cambiarían aún más.

Muchas gracias por acompañarnos esta noche, habló con voz profunda – Es para mí un honor presentarme ante ustedes y asumir desde hoy mi lugar dentro de la dirección de la familia. Estoy muy contento de haber crecido al lado de un hombre realmente extraordinario al que le debo todo lo que soy. Les prometo que daré lo mejor de mí para continuar con su trabajo y manejaré el patrimonio familiar con honradez y dedicación.

Todos los presentes aplaudieron y se sintieron satisfechos con la presentación del nuevo heredero. Pero entre ellos alguien en particular lo miraba con total devoción.

Una hermosa rubia de ojos azules que junto a su familia se sentía emocionada de verlo desenvolverse con total seguridad ante todos los representantes del clan familiar.

Habían crecido juntos, casi como hermanos, pero en el fondo de su corazón abrigaba un tierno sentimiento hacia ese muchacho de sonrisa dulce y pecas en la nariz que la cautivó desde el dia que lo conoció.