Esta es una historia alterna de misterio escrita sólo para entretenimiento. Los personajes originales le pertenecen a Kyoko Misuki; sólo el orden de los acontecimientos y personajes secundarios son de mi propia imaginación.
Capítulo 8
Alexander resultó ser un buen administrador. Había realizado estudios sobre economía y Administración de empresas. A pesar de que no era hijo biológico de Albert llevaba en las venas la habilidad para hacer grandes negocios. Su vida era casi completa, pero sentía que algo le faltaba y era una compañera.
Como era un joven apuesto nunca le había faltado con quien salir, pero él ansiaba formar una familia con una mujer que sea hogareña y no tan apegada a la vida frívola que generalmente se acostumbraba entre los ricos.
Hacía tiempo que Anne Cornwell había llamado su atención, era una chica dulce y tímida. Se conocían desde que él se instaló en Chicago para vivir con Albert y su asistente George Johnson. Como ella era muy tímida no conversaban mucho. Alistar y él eran como hermanos, estudiaron juntos en escuela secundaria y luego en la misma universidad; sólo que eligieron carreras diferentes, Alexander se había apasionado mucho por los negocios internacionales, mientras que Alistear estaba más inclinado hacia la rama médica.
Un dia en que se encontraban de paseo por Lakewood, un año después de su presentación, ambos jóvenes decidieron acampar cerca de la cascada y disfrutar del ambiente natural que tanto les gustaba.
Stear, le dijo – ¿Cómo te va con la hija de los Mac Gregor?, es una chica muy estudiosa y si te descuidas se va a graduar antes que tu.
Ni lo sueñes Alex, realmente estoy muy enamorado de ella y el próximo año, si todo va bién le pediré que sea mi novia.
¡Excelente! Le contestó - ¿pero te casaras tan pronto?
No, aún nos faltan dos años para graduarnos y después de eso estamos pensando en seguir una especialización en Europa; no quisiera dejar de verla y como sus padres son bastante estrictos, le pediré que se case conmigo y así podremos viajar juntos y estudiar en la misma Universidad.
Qué bien planificado tienes todo Stear, en cambio yo pienso permanecer al lado de Albert el mayor tiempo posible, me siento bien trabajando en la dirección de las empresas y quiero aprender mucho más de él y de George. La experiencia de ambos es invalorable.
Eso esta muy bien Alex, ¿y qué me dices del amor, hay acaso alguna chica que te haya llamado la atención? le dijo anticipando la respuesta
Bueno, le contesto algo avergonzado - sabes que amigas con quien salir no me faltan, pero en realidad hay alguien que siempre me ha gustado y que por respeto a su familia me gustaría hablarles primero antes de intentar acercarme a ella seriamente.
Hmmmm, Alex, le dijo Stear riéndose - ¿Sabes que eres un chico muy transparente? Te conozco y te quiero como un hermano; crecimos juntos, no necesitas decirme mucho, ¿sabes? Creo adivinar de quién se trata. Estás hablando de Anne, ¿verdad?
Emmm, si Stear, le dijo mientras sus mejillas se sonrojaban - quise aprovechar esta ocasión para poder conversar francamente contigo. Tu hermana es muy dulce y siempre me gustó su manera de ser. Si no tienes inconveniente, ¿Crees que podría invitarla a salir uno de estos días?
¡Vamos hombre!, por supuesto que sí. Nada me gustaría más que te conviertas en mi cuñado. Pero ojo que puedo llegar a ser un hermano estricto, así que te estaré vigilando.
Ambos rieron ante el comentario de Stear, y siguieron conversando de sus sueños futuros y recordando su infancia, habían sido muy felices y sabían que ese legado que recibieron de sus padres era más importante que el monetario.
Dos años más tarde y después de que Anne, felíz de saberse correspondida lo hubiese aceptado, Alexander y ella se casaron para beneplácito de ambas familias.
Albert, le dijo Archie – Creo que Candy estaría realmente feliz de ver a su querido hijo casarse con nuestra hija. Ella y Annie se querían como hermanas.
Lo sé sobrino, nuestras familias seguirán creciendo y te aseguro que aprendieron de nosotros sólo lo mejor. Serán felices, estoy seguro de ello. Pronto podremos disfrutar nuevamente de niños a nuestro alrededor y una nueva generación Andrew se dará paso.
Vaya Albert, si hasta te pareces a la tía abuela hablando de la dinastía Andrew.
No, Archie, no te lo digo en ese sentido. Hablo de lo importante que es la familia y que lo principal es verla crecer unida porque la mayor riqueza se obtiene de la felicidad de sus miembros y no de los bienes acumulados.
Estoy de acuerdo contigo querido tío, le dijo Archie esbozando una sonrisa. Él había llevado una vida dichosa al lado de Annie y durante los años en que se vió alejado de su familia injustamente ella fué su principal apoyo. Se habían mantenido siempre juntos y con amor y respeto lograron edificar una familia unida y realmente feliz.
Albert pensaba en Candy. Los sueños que al principio tenía con ella se habían espaciado con el tiempo. Podría decirse que hasta los extrañaba. Estarás contenta princesa, pensaba – Mira a tu hijo, ahora se va feliz y sonriente con la mujer que ama. Estoy seguro que desde donde estés seguirás velando por ellos.
Los años pasaron y ahora Albert disfrutaba de un retiro tranquilo, su salud se había visto debilitada por un mal cardiaco que tomó por sorpresa a todos. Vivía en Lakewood donde se sentía mejor rodeado de sus recuerdos y de la naturaleza que amaba tanto. Sentía que su deber estaba cumplido y se alegraba cada vez que sus sobrinos nietos iban a visitarlo. Alexander y Anne habían tenido un solo hijo que se llamaba William como él y Charles por el lado del progenitor de su padre. En cambio, Alistear, médico especializado en Pediatría, se había casado con su compañera de universidad con la cual tuvieron tres hijos. Después de haber pasado varios años en Francia, regresaron a América para formar una cadena de clínicas privadas dentro de las cuales algunas funcionaban sin costo para la gente necesitada y eran solventadas por La Asociación Benéfica Andrew de la cual él había sido fundador.
Corría el año de 1952 y un dia en el que se sentía más cansado que nunca decidió salir a caminar por el jardín de la mansión y llegó hasta el Portal de las Rosas. Los jardineros estaban arreglando los rosales que ese mes de Mayo habían florecido en gran cantidad. A su paso lo saludaban y él les correspondía con amabilidad. En la mansión sólo estaba el personal que lo atendía. Un enfermero que se ocupaba de su salud y George que ahora lucia más anciano.
Nuevamente un perfume muy familiar lo envolvió llenando todos sus sentidos. Los recuerdos de su vida llegaron a él y se sintió como transportado en una nube.
Albert, escuchó que le decían – Por fin has llegado. Ven dame la mano, es hora de que estemos juntos.
¿Candy?, ¿eres tu princesa? ¿En verdad no estoy soñando?
No Albert, no es un sueño, es ahora cuando acabas de despertar. Te esperé por mucho tiempo, no sabes lo feliz que me hizo ver que lograste tus objetivos. Estuve cerca de tí todo el tiempo aunque no te dieras cuenta. Con cada sonrisa que lograbas en mi hijo yo también te sonreía a través de él. Le has dado una vida feliz Albert, te lo agradezco mucho.
Candy…
Albert sintió que su fuerza regresaba y ya no tenía esa opresión en el pecho que últimamente le había causado mucho dolor.
Vamos, le dijo Candy, todos te esperan.
Candy, ¿que va a pasar ahora? ¿A donde me llevas?
A un lugar hermoso ¿Te acuerdas de las veces que nos viniste a visitar en tus sueños?, pues ahora te podrás quedar el tiempo que quieras.
Candy, me hubiera gustado mucho que compartiéramos una vida juntos, que no te hubieras marchado tan pronto.
¿En serio lo dices? Bueno, si quieres lo podemos arreglar, le dijo guiñándole un ojo y sonriendo de la forma que a él le gustaba tanto. La veía radiante, resplandeciente y jóven como cuando soñaba con ella.
Espera, le respondió, ¿a que te refieres?
Albert, ¿te gustaría que nos volviéramos a encontrar y que esta vez no desperdiciáramos la oportunidad de estar juntos?
Por supuesto que si princesa, ¿pero como es eso posible?
No te preocupes, yo te encontraré.
No, no te vayas, ¿como sabré que eres tú?
Cuando logres una sonrisa en mi rostro Albert, cuando veas a través de mis ojos el inmenso amor que siempre nos ha unido.
Candy…
La bruma lo envolvió nuevamente y sintió que regresaba a su cuerpo. ¡No, espera!, decía desesperado.
...
Albert, ¡Albert! Por favor debes despertar.
Una voz familiar lo llamaba desde lejos, se sentía mareado y le pesaban los párpados. ¿De quién es esa voz? Se decía, ¿dónde me encuentro?
Albert, hermano, por favor no nos hagas esto.
La angustiante voz se escuchaba cada vez más clara. Albert trató de reaccionar y complacer a aquel hombre que lo llamaba desesperadamente.
Lentamente empezó a abrir los ojos y la luz a su alrededor era tan intensa que no lo dejaba distinguir mucho.
¿Qué pasó? - alcanzó a decir, ¿dónde me encuentro?
Albert, hermano ¡Por fin despertaste!, nos tenias muy preocupados a todos, casi morimos de angustia.
Albert gradualmente pudo enfocar a quien le hablaba con tanta emoción. No podía recordar bien quién era ni qué había sucedido.
El muchacho que estaba ante él era de cabello castaño claro, lacio y de ojos azules.
No te muevas, le dijo - llamaré a la enfermera.
A los pocos minutos apareció en lo que se dió cuenta era la habitación de un hospital una enfermera de cabello negro acomodado en un moño gracioso.
Señor Andrew, le dijo – Por favor no se mueva muy rápido. Acaba de despertar después de varios días de haber estado inconsciente y debe sentirse muy mareado. A medida que se vaya sintiendo mejor podrá irse levantando. No se apure. Un doctor vendrá a verlo enseguida.
Señorita, le dijo el joven que lo acompañaba - saldré un momento a la sala de espera para llamar a mis padres. Se pondrán muy felices de saber que Albert por fin ha despertado.
Si señor Andrew, yo me quedare con él y lo atenderé hasta que llegue el doctor.
Albert los miraba confundido, se sentía extraño y no reconocía bien ni el lugar ni a las personas que hablaban alrededor de el.
Sr. Andrew, le dijo la enfermera – voy a tomarle la temperatura y la presión arterial, no se preocupe que son los exámenes de rutina, ¿se siente mejor?
Si gracias, le contestó.
Dígame, ¿dónde me encuentro?
Está en el hospital Santa Juana de Chicago, Usted sufrió un accidente hace tres días y desde entonces ha permanecido inconsciente.
¿Un accidente?, le preguntó – no lo recuerdo, me siento confundido.
Sí, un automóvil se le cruzó y casi lo atropella. Sufrió un golpe en la cabeza que lo dejó inconsciente. El conductor del auto estaba ebrio y chocó unos metros más adelante, pero felizmente no le pasó nada grave porque llevaba puesto el cinturón de seguridad, si no habría podido ser fatal.
La enfermera con una sonrisa amable se encaminó a tomarle los signos vitales como le había dicho. Su amabilidad lo tranquilizó y trató de relajarse.
Bien señor Andrew, su temperatura y presión arterial están dentro de lo normal, esperaremos al doctor para que le haga otros chequeos más específicos.
Señorita, gracias - le dijo – ¿El joven que acaba de retirarse estuvo aquí todo este tiempo conmigo?
Si, casi la mayor parte, pero la que más estuvo con Usted estos días fué su mamá, ella estaba muy angustiada y prácticamente no se quería mover de su lado. Entre su padre y su hermana la convencieron temprano de ir a su casa y descansar un poco. Ahora estoy segura que vendrán apenas les den la noticia de que ha despertado.
Gracias, alcanzó a decir nuevamente.
¡Que extraño es todo esto! - pensaba, me duele todo el cuerpo y me siento mareado y no puedo recordar nada.
En eso se dió cuenta que la puerta se abría y un olor dulce a rosas llegó hasta lo más profundo de sus sentidos. Ese olor, se dijo a si mismo – creo que lo recuerdo, me hace sentir algo...
¡Buenos días Señor Andrew! - alcanzó a escuchar. La melodiosa voz de la jóven doctora que entraba lo sorprendió. Al tenerla cerca la observó detenidamente. Era muy bonita, su cabello rubio le llegaba un poco más debajo de los hombros y lo tenía sujeto a los costados con unas graciosas peinetas de colores. Pero lo que más le llamó la atención fueron sus ojos verdes, tan brillantes y llenos de ternura.
Soy la doctora Wilson. He sido asignada para revisar su caso. Nos tuvo muy preocupados durante estos días porque, aunque las tomografías demostraban que no tenia daños internos, no lográbamos que recuperara la consciencia.
Dígame ¿cómo se siente?
Mareado doctora, me duele el cuerpo, ¿acaso tengo alguna fractura?
No, no se preocupe, algunos golpes menores únicamente. Tuvo mucha suerte al esquivar el auto y caer sobre la vereda. Sólo se golpeó la cabeza, si no hubiera hecho ese movimiento de seguro que sus lesiones hubieran sido de gravedad.
En eso sintió que nuevamente alguien entraba a la habitación. Era su hermano que ya había hablado con sus padres y le comunicaba que se encontraban camino al hospital.
Luego que la doctora le hiciera unos exámenes ópticos y de reflejos, se despidió de ellos recomendándole que descansara y que no se esforzara demasiado, que poco a poco recordaría lo sucedido y que regresaría antes del cambio de turno para volverlo a revisar.
Gracias doctora, le dijeron al unísono.
No hay problema les dijo seriamente. Sr. Andrew, le pidió dirigiéndose al hermano de Albert – si necesitan algo por favor no dude llamar a la enfermera, de ser necesario ella se comunicará conmigo.
Por supuesto doctora Wilson, le dijo coqueto – pero ya le dije que me llame Archie, no necesita ser tan formal.
Lo siento pero es mi política Sr. Andrew, le contestó seriamente, con su permiso.
Albert los miraba aún confundido.
¿Archie? Le dijo a su hermano.
Sí, dime, le contestó saliendo de su encandilamiento.
Desde que vió a esa doctora por primera vez se había quedado impresionado, era muy linda y eficiente, pero demasiado seria. Por más que había tratado de llamar su atención, él ni siquiera había podido conseguir una sonrisa de su parte. Archie era un muchacho muy coqueto y enamoradizo al contrario de su hermano que como era el mayor siempre se había sentido más responsable y acompañaba a su padre en los negocios. A él le gustaba más el espectáculo, por eso había estudiado Ciencias de la Comunicación, mientras que Albert era abogado.
¿Que pasó? No recuerdo muy bién, estoy confundido. Juraría que estaba como soñando, me veía en un jardín lleno de rosas y yo me encontraba muy débil.
¡Pero que dices!, tu estabas por cruzar la calle cuando ese conductor ebrio casi te mata, menos mal que tus años de deportista te ayudaron y lograste eludirlo con agilidad. Si no fuera por ese golpe en la cabeza hace rato que estarías de regreso en casa. Nos tuviste muy preocupados.
Albert no hizo comentario alguno, se sentía como fuera de lugar, evidentemente su sueño había sido tan real que lo había dejado confundido.
Sus padres llegaron en poco tiempo y al fin pudo conocerlos, se sentía preocupado porque no lograba recordar nada.
Albert, hijo mío - le dijo su mamá – Qué alegría que hayas despertado, no sabes cuanto sufrí mientras estabas inconsciente.
Gracias madre, le respondió; aunque no la recordaba sentía una ternura especial por la mujer que le hablaba con rostro afligido.
Muchacho, le dijo el padre, descansa, pronto te sentirás mejor. No queremos abrumarte con preguntas. Consulté a tu doctora antes de entrar y me dijo que era normal que te sientas confundido y que tengamos paciencia.
Albert sonrió, se sentía cansado y los ojos le pesaban. No se dió cuenta cuándo se volvió a quedar dormido, pero cuando despertó ya era de noche.
La dulce voz de la doctora resonó en sus oídos.
¿Como se siente señor Andrew?
Mucho mejor doctora, pero aún no logro recordar nada. ¿Y mi familia?
Les pedí que lo dejaran descansar solo esta noche, no se preocupe, las enfermeras harán su ronda cada tres horas y no lo molestaran mientras descansa. Dentro de un momento le traerán algo blando para comer, desde el accidente no ha probado nada sólido.
Si gracias, le dijo - la verdad es que desperté con hambre. Dígame, ¿cuando podré irme a casa?
Creo que en pocos días, cuando se sienta más fuerte. Felizmente siempre ha sido muy sano por lo que me explicaron sus familiares y eso lo ayudará a recuperarse más rápido. Pronto volverá a la normalidad, no se angustie. Cuando salga del hospital haremos una cita para que continúe yendo a mi consultorio. Si desea puedo seguir con su caso hasta que recupere la memoria por completo; si no, puede buscar otro especialista.
Albert se quedó pensando un momento. Algo le decía que debía confiar en esta doctora a pesar de que era apenas unos años menor que él.
No, gracias doctora, prefiero continuar con Usted. Le respondió sonriendo amablemente.
La doctora Wilson se lo quedó mirando por unos instantes. Esos ojos, se decía a si misma mientras lo observaba con detenimiento - su mirada es tan dulce como me lo imaginaba, se veía guapo dormido, pero ahora que ha despertado se le ve mejor, y esa sonrisa… me recuerda a alguien.
Doctora, le dijo - Tengo entendido que mi nombre es Albert Andrew, pero ¿y el suyo? Si voy a ser su paciente regular me gustaría conocer al menos su nombre completo.
Se miraron por unos instantes como queriendo reconocerse.
Mi nombre es Candice Wilson y soy de Michigan, de una localidad pequeña entre las montañas. Mi familia ha vivido de la ganadería por varias generaciones y yo soy la primera que decidió dedicarse a la medicina. Desde muy pequeña me sentí llamada cumplir con el servicio hacia los más necesitados y estoy contenta de haber elegido esta profesión. Mi tiempo lo comparto entre este hospital y las clínicas de beneficencia que su familia ha mantenido desde hace muchos años. Son muy famosos y queridos entre mis pacientes de menores recursos señor Andrew.
¿En serio? le preguntó
Si, le respondió inmediatamente, no sabía por qué pero se sentía a gusto con ese paciente, su mirada la encandilaba y le costaba apartarse de él.
Me retiro señor Andrew, mañana vendré a verlo temprano.
Gracias, pero por favor llámeme por mi nombre, me siento más a gusto así.
¿Albert? Le dijo ella.
El asintió despacio mirándola fijamente.
Esta bién, le dijo dudosa.
Acto seguido y sin saber por qué esbozó una gran sonrisa.
Entonces si vamos a dejar de lado las formalidades. Llámame Candy, así me dicen mis amigos. Y salió de la habitación dejando su perfume a rosas.
Candy…
Qué hermoso nombre, definitivamente te vez más linda cuando sonríes…
Fin
...
Primero que nada, quiero agradecerles a todas por sus amables reviews y por haberme acompañado en esta extraña historia. Como les dije al principio, es una versión sobrenatural y romántica de los hechos. Pienso que la relación entre Albert y Candy fué tan especial que superó muchos obstáculos desde que se conocieron en la Colina de Pony. Siempre se apoyaron el uno al otro y se encontraron en los momentos más importantes de sus vidas. Él la salvó de la orfandad y ella de su soledad y este hecho les dió un nuevo significado a sus vidas.
Ahora les prometo que me dedicaré a terminar mi otra historia donde ellos si continúan juntos durante su etapa adulta. Prometo no llevarme a nadie antes de tiempo…
¡Felíz Halloween a todas!
First of all, I want to thank you for your kind reviews and for accompanying me in this strange story. As I said earlier, this is a supernatural and romantic view of the original events. I think the relationship between Albert and Candy was always so special that overcame many obstacles since they met on Pony's Hill. They always supported each other and met in the most important moments of their lives. He saved her from orphanhood and she saved him from his loneliness and this fact gave them a new meaning to their lives.
Now, I promise I'll finish the other story I'm writing where they continue together as adults. I also promise I won't take out anyone so soon…
Happy Halloween to everybody!
Milady
