Joan y Margaret habían ido a cazar, lejos de Forks. Debido a que ellos no eran vampiros vegetarianos los Cullen les habían prohibido la caza en territorio cercano. Mientras viajan hasta cerca de Canadá los dos estaban atentos por si veían a algún humano solo para poder pillarlo desprevenido. Entonces Margaret paró en seco y comenzó a correr hacia la derecha. Joan la siguió. En efecto, 2 km más adelante había una pareja que habían ido al bosque a hacer un camping. Mala elección, pensó Joan. Y cayeron sobre ellos como un águila sobre un ratón. No duraron demasiado. Decidieron tirar los cadáveres al río, no fuera que llamasen la atención varios días después con su olor y tuvieran que cazar en otro lugar por la presencia de policías.

Joan y Margaret eran sumamente cuidadosos con sus ataques. Gracias al don de ella podían observar y escuchar desde 4 kilómetros a la redonda cualquier movimiento de forma precisa y con detalle. Sin embargo ya habían presenciado la muerte de algún vampiro por llamar demasiado la atención. No había año en que los Vulturis no tuvieran que matar a algún vampiro por no saber contenerse ante una multitud.

- Oye, Marge – la llamó cariñosamente su compañero – ¿podrías explicarme porqué hemos de seguir en casa de los Cullen? Ya sabes que me gusta ir por libre y vivir de lo que haya.

- ¿Tu no eras el que querría un caballo blanco con un carruaje? Joan, mis sueños van mas allá de tenerr parra comerr cada día- respondió con un marcado acento ruso.

- Aún así, no se si es buena idea permanecer demasiado tiempo en esa casa. Me cuesta bastante pensar continuamente en cosas que no son reales. Actuar como si lo fueran... ¡No sé!

- No podemos planearr marrcharrnos, ella lo verría y lo sabes. Lo harremos cuando yo diga, sin avisarr y sin pensarrlo.

- Y que pretendes ¿Poner una palabra secreta de aviso? - dijo de modo sarcástico el jóven vampiro.

- Ya lo verrás – respondió ella con un guiño y una sonrisa. - Volvamos a su casa, no quierro correr riesgos. Y los dos se marcharon hacia la casa de sus invitados.

Jacob había ido a ver a su manada hasta el territorio quileute. Sus amigos no iban a estar de acuerdo con el plan. No todos por lo menos. Pero él iba a intentar convencerlos. Aún se reía pensando en ello. Si lo terminaban haciendo Jasper iba a deberle una muy grande. Llegó a casa de Sam, donde los demás estaban. ¡Momento perfecto! Pensó, y entró sin llamar.

- ¿Que pasa por aquí? - Dijo despreocupado

- No, parece que no lo sabe. - dijo Quil entre risas – debe ser el único.

- Que no se... ¿que?

Se oyeron risas bajas en toda la habitación. Jacob miró de nuevo a sus compañeros y pudo observar que Leah estaba cogida de la mano con alguien.

- Me llamo Jhon, y además de ser el novio de Leah, soy la novedad – dijo entre risas

- ¡Leah! - gritó – ¿con novio? ¡Vaya felicidades! - Fingió alegrarse el lobo. Todos sabían el peligro que conllevaba que un lobo saliese con un humano, y más Leah, que era sumamente susceptible y se enfadaba con mucha facilidad.

- Bueno, nosotros ya nos íbamos Jake- comentó la protagonista – espero que Reneesme esté bien, he oído que el preescolar es muy dificil. Y se fueron los dos.

- ¡Vaya, si que le molesta que te sorprendieras tanto! - Dijo Seth entre risas.

- De todas formas, no he venido aquí a cotillear, sino a pediros un favor. Para la familia Cullen. Algunos de ellos miraron con desconfianza, otros con interés.

- Se trata – comentó el portador de la noticia – de algo que os hará gracia.

En casa de los Cullen Jasper aún esperaba una respuesta de su amigo. Emmett, al verlo preocupado se acercó a él. Se sentó fuera en el balcón, y miró la entrada de la casa, rodeada de árboles.

- Se que has tenido problemas con Alice por los vampiros que llegaron – comenzó el moreno

- Parece que las noticias vuelan.

- No es dificil suponerlo cuando les llamas... ¿que? ¿estafadores?

- No, embusteros buscadores de dinero – se río Jasper por lo bajo.

- Bueno, en todo caso querrás hacer las paces con ella. Yo, normalmente cuando discuto con Rose, compro un ramo, unos bombones y le pido perdón. Le dejo que me reproche lo que necesite y luego... hacemos las paces a nuestra manera – sonrío Emmett pensando en sus cosas

- Ahora mismo no creo que Alice me perdone con esas cosas, además ella puede ver que voy a comprarle regalos, así que queda anulada la sorpresa. Pero tengo algo pensado, tranquilo.

Acto seguido llegaron del medio del bosque los invitados. Los dos saludaron de buena forma, y Joan se acercó a ellos mientras Margaret entraba en la casa.

- Oye, Jasper... Se lo que piensas de nosotros, y en nombre de Margaret y mío quiero pedirte perdon si te hemos incomodado. Supongo que no es fácil lidiar con los celos muchas veces pero...

- Te equivocas Joan – respondió bastante molesto Jasper – no son los celos lo que me molesta realmente. Lo que me incomoda es vuestra actitud.

- No se... Yo creo que a veces lo más dificil es intentar lidiar con el pasado, con los errores que has cometido y las mentiras que has contado. Sin embargo Alice no ha tenido esa oportunidad. Creo que es el momento de que sepa quien era en su vida pasada, y de que elija si quiere venir con nosotros a reencontrarla o quedarse aquí con lo que conoce. - Acto seguido entró en casa, dejándolos solos.

Jasper se quedó pensando en su última frase. ¿Quería decir que pretendía llevarse a Alice con ellos? Eso no se lo permitiría, por supuesto que no. El futuro de Alice estaba a su lado, pues sin ella el no podía vivir. Tan sólo pasarsele esa idea por su mente se miles de preguntas emergieron en su cabeza.

- Oye, no me fío de estos dos, entre tu y yo – dijo Emmett

- Ya. - y el escueto vampiro fue a buscar a su esposa.