Ceguera temporal

Summary: Ella causo el accidente, ahora tiene que vivir con las consecuencias…

Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer y la historia es completamente mía, Y TODA ELLA ESTÁ PROTEGIDA POR DERECHOS DE AUTOR BAJO EL CÓDIGO LEGAL: 1211242729751, por favor no intenten plagiarlo porque serán demandados en caso de realizar dicho acto. Espero que lo disfruten. Esta historia contiene escenas sexuales y lenguaje fuerte. Se recomienda solo a mayores de 18 años. Si eres menor, léelo bajo tu propio riesgo.

¡GRACIAS POR LOS REVIEWS! :D

Respondiendo anónimos…:

Alejandra: gracias por comentar nena :D y la verdad no tengo determinado tiempo para subir los capítulos. Por ejemplo este, lo acabo de terminar y lo estoy subiendo jejeje es que conforme vienen las ideas lo voy escribiendo. Así pues… espero no tardar mucho.
Un saludo, un beso y un abrazo. Nos leemos pronto :D

Chicas y chicos tardé en responderles porque mi lap fue secuestrada… pero ya la recuperé jejeje bueno, bueno… Ahora si… ¡que comience el espectáculo! ¡Y que lo disfruten!

Bella POV

— Entonces — decía pensativa mi hermanita paseándose por mi cuarto en vez de ayudarme a empacar — te iras a vivir con el doctor Cullen — movió sugestivamente las cejas y sonrió pícaramente.

— Algo... — cerré mi maleta con fuerza y me acomodé los mechones que se me habían salido — algo así.

— Me gustaría estar en tú lugar — dijo acostándose, o mejor dicho tirándose en mi cama y poniendo sus brazos detrás de su cabeza — tendrás tú propio cuarto, a una puerta de la habitación de... Edward — su nombre lo dijo suspirando y yo no pude evitar torcer los ojos — además de desayuno, almuerzo y cena ¡gra-tis! — Uso sus manos para separar la palabra gratis y yo reí por su forma de expresarse — además de un suelto — me vio entrecerrando los ojos — y sin ir a la cárcel — me senté a su lado y cuando estuvo distraída le di un zape en la frente y me levante antes de que ella pudiera alcanzarme.

— ¡le regalaste tú alma al diablo, Isabella! — grito desde mi cuarto y yo me apoye en la pared y me reí con ganas.

— ¡estás loca! — Le grite de vuelta cuando me recupere de la risa — ¡se la vendí, muajaja! — mi madre salió en ese momento de su cuarto con crucifijo en mano.

— Niña idiota e insolente esas cosas no se dicen — se persigno como diez veces y Rose y yo nos vimos a los ojos antes de soltar unas carcajadas — ¡pediré por sus almas en la iglesia! — y se volvió a meter en su habitación y nosotras no dejábamos de reírnos.

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— hija mía, cuídate mucho — mi madre me abrazo y me dio su bendición — y ya no digas más cosas malas — yo asentí sonriendo y ella me devolvió la sonrisa.

— Te voy a extrañar mucho hermana — Rosalie me abrazo y me susurro al oído — naa, no es cierto. Ahora tengo una habitación más grande — le pellizqué en la espalda y ella me soltó riendo.

— Pueden ir a visitarla cuando gusten— intervino el sexy doc Carlisle y me tomo de los hombros — ella estará en buenas manos — les sonrió de lado y ellas sonrieron abobadas — ¿lista? — me giro para que lo viera y en sus ojos se veía la ilusión y la esperanza. Yo asentí sin decir nada; con mi rubor decía muchas cosas.

Carlisle subió mis cosas a la cajuela de su coche y yo me acomodé en la silla del copiloto, ahora sí me puse el cinturón de seguridad y él hizo lo mismo, arrancó el coche y lo puso en marcha.

— ¿co-cómo está? — no había pensado mucho en Edward desde que había salido del hospital, o mejor dicho trataba de no pensar mucho en él.

— está algo irritado. No quiere comer y sólo se queda en su cama a escuchar música — se volteó a verme y sonrió feliz — pero ahora que tú estarás con nosotros él se pondrá mejor ya lo verás — me revolvió el cabello y no dejó de sonreír en todo el camino.

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— ¡señor Cullen, señor Cullen! — El ama de llaves corrió cuando nos vio llegar y tomo a Carlisle del brazo — ¡el joven Cullen se ha caído... — Carlisle corrió hacia el cuarto, subiendo las escaleras, y yo lo seguí.

Cuando entramos al cuarto no había señales de él así que nos asomamos al baño.

— ¡Edward! — dijo Carlisle alarmado pero él no se movió, estaba sentado en el suelo con la espalda apoyada en la pared. La cabeza la tenía cubierta con sus manos y sus pies daban golpeteos nerviosos en el piso.

Mi corazón se estrujo al verlo indefenso, derrotado y muy triste.

— Déjame ayudarte hijo — sin esperar respuesta lo tomo del brazo y lo ayudó a salir de ahí. Edward jamás dejó que viera su cara - a lo mejor y estaba llorando - pensé. — ¿qué tratabas de hacer? — le pregunto tiernamente Carlisle y Edward le contesto de mala gana.

— ¿qué más, aparte de ir a orinar y cagar, se hace en el baño padre? — Frunció el ceño — ¿se puede saber qué haces tú aquí? — dijo ladeando la cabeza hacia mi dirección. Deje escapar un gritito de sorpresa y él enarco una ceja.

— Ella vivirá aquí, Edward — dijo Carlisle cuando vio que yo no podía contestar. Estaba atrapada en los hipnotizantes ojos esmeraldas de Edward que, aunque no podían verme, mantenían una mirada penetrante. Él desvío de nuevo su mirada y la poso sobre su padre — ella... ella cuidara de ti.

— ¡oh, ya veo! ¿Eres enfermera? — dijo acomodándose mejor en la cama y volteando hacia mí, de muevo.

—... No — contesté en un susurro pero al parecer él lo escucho porque asintió pensativo.

— ¿sabes cómo curar la ceguera?

—... No — volvió a asentir

— ¿alguna vez habías trabajado, ayudado o cuidado de un ciego?

—... No — él sonrió con malicia y se volteó hacia su padre.

— Déjame adivinar padre — se llevó un dedo a la barbilla y Carlisle se puso tenso de repente — ella es... bajita, pelo castaño, ojos... ¿verdes o chocolate?, labios carnosos y figura de ensueño ¿no es así, padre? — yo me sorprendí de la descripción exacta de mi físico, ya que jamás llegó a verme con claridad. Carlisle no contesto.

— ¿qué tiene que sea así? — le pregunte recelosa y Edward sonrió con regocijo.

— Mi madre era exactamente igual — sin dejar de sonreír ni de mirar a su padre se llevó unos dedos a la boca y se acarició los labios — entiendo que no puedas olvidarla pero no entiendo porque la tienes que ver en todas — dijo molesto — ¿te fijaste del ama de llaves, verdad? — Se dirijo a mi sin mirarme — castaña, pequeña, ojos cafés. Su secretaria, castaña, pequeña, ojos verdes.

— ya basta Edward — dijo Carlisle en un susurro y se aclaró la garganta — es suficiente. Ella está aquí para cuidarte y enseñarte como rehacer tu vida mientras estás en tratamiento — Edward bufo y río sin ganas.

— por favor a otro perro con ese hueso, viejo — tanteo la mesita hasta tocar su reproductor de música, tomo los audífonos y se los llevó a los oídos — ella aquí cuidándome y cuando me duerma estará haciéndote compañía en la cama ¿verdad? — antes de que Carlisle reaccionara me acerque molesta hasta la cama y le di una fuerte bofetada que le hizo mover la cabeza. Se quitó de un tirón los audífonos y me miro molesto.

— no eres más que otra de sus putas — dijo entre dientes ganándose otra bofetada de mi parte; mi mano dolía y estaba roja.

— ¡y tú eres otro idiota mimado! — Le grite molesta — Dios te castigo quitándote la vista... Y espero que nunca la recuperes — en los ojos de Edward se leía el miedo y la desesperación, y yo me arrepentí de mis palabras — yo... no — pero el cerro los ojos y sonrió maliciosamente.

— olvídalo mamá sustiputa. Y puedes ir recogiendo tus pertenencias, yo no necesito de tú ayuda.

— oh, claro en el baño lo hiciste muy bien — dije sarcásticamente y me dirigí hasta la puerta, tomé la perilla y le dije: — no te libraras tan fácil de mí — cerré la puerta con fuerza al salir y oí sus risas estruendosas. Me pegue a la pared y me senté en el suelo, tapándome la boca para no gritar.

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— perdónalo niña. Él... él así saca su frustración — Carmen; el ama de llaves pequeña, castaña y de ojos cafés me tendió una taza de té caliente mientras trataba de calmarme

— Vaya forma de sacar su frustración — ella me sonrió cariñosamente y siguió hablando.

— cuando llegó estaba muy desconcertado y al principio trato de hacer las cosas sólo pero o se le caían o se equivocaba y su frustración e irritación creían.

— eso no le da derecho de tratar a su padre de ese modo. Carlisle sólo quiere ayudarlo — sople el humo que salía de la taza — o de tratarme a mi así.

Carmen me pasó una mano por la espalda mientras me besaba en la cabeza. Carlisle entro en la cocina y sin decir nada se sentó en la silla que estaba junto a mí.

— necesito uno así, Carmen — trato de bromear cuando nos vio abrasadas pero en sus ojos se veía pesar y derrota. Carmen me dejó y se apresuró servirle una taza al doctor.

Yo tomé la mía, a sorbos, sin decir nada, estaba muy molesta con él también por no haberme defendido o haber defendido el nombre de su difunta esposa.

— Perdón por... — intento disculparse y yo lo detuve.

— sí, estoy enojada con usted por no haber dicho nada. Sí, estoy enojada con el idiota y cabezota de su hijo por haberme insultado pero, aunque me suene extraño, lo entiendo y sé que el Edward de verdad nunca diría eso — mire a Carmen que me veía divertida con una sonrisa en sus labios y yo bufe pero le devolví la sonrisa forzadamente — aunque él no quiera, me quedaré y hoy mismo empezaré a trabajar con él — dije un tanto irritada — dígame... ¿cómo está? — Carlisle sonrió levemente antes de contestarme.

— bastante sorprendido; no creyó que alguien tan pequeño fuera tan fuerte — yo reí por su comentario y Carmen hizo lo mismo — después de meditarlo me pidió perdón y se puso a escuchar música — yo asentí pensativa y me termine el té.

— será mejor que empiece con él de una buena vez. Ya luego me enseñara donde puedo dormir — Carlisle asintió y yo me dirigí al cuarto de Edward. Antes de entrar me persigne y le pedí ayuda a dios.

-nunca está de más.

Toque dos veces y abrí la puerta, me asome tantito y algo pasó volando por sobre mi cabeza.

Tercer capítulo y ya saben que tienen que hacer…

¿Me dejan reviews?

Los quiere y los ama…

Wills-cullen-swan.