Ceguera temporal

Summary: Ella causo el accidente, ahora tiene que vivir con las consecuencias…

Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer y la historia es completamente mía, Y TODA ELLA ESTÁ PROTEGIDA POR DERECHOS DE AUTOR BAJO EL CÓDIGO LEGAL: 1211242729751, por favor no intenten plagiarlo porque serán demandados en caso de realizar dicho acto. Espero que lo disfruten. Esta historia contiene escenas sexuales y lenguaje fuerte. Se recomienda solo a mayores de 18 años. Si eres menor, léelo bajo tu propio riesgo.

¡GRACIAS POR LOS REVIEWS! Aunque fueron pocos… ¡LOS ADORO! Pero espero más! Jejeje.

Este cap va dedicado a: maryroxy y a wen liss que se preocuparon por mí y me mandaron buena vibra. Chicas estoy mejor solo algo mareada pero con el tiempo se quitara. Gracias por su preocupación. Las quiero mucho!

Respondiendo anónimos…:

Alejandra: gracias por tu review! Ooh si, claro que van a ser un problema jajaja y más ahora! Y de nada yo lo hago solo por y para ustedes es lindo ver que mucha gente lo lee y dejan sus comentarios o me hacen sus favoritos y alertas. No sabes lo feliz que me ponen.
Espero leerte pronto y muchas gracias!
un beso y un abrazo!
nos leemos pronto.

Chicas gracias por sus comentarios y bienvenidos a las personas que me agregaron como favoritos y alertas… sin más que decir: ¡que comience el espectáculo! ¡Y que lo disfruten!

Bella POV

Tuve que esperar hasta la noche para hablar con el doctor, pero mi día no fue tan malo ya que estuve hablando con Edward, aunque sólo fuesen trivialidades ya que se veía renuente a hablarme de su familia o de su vida en general, y también lo vi bañarse..., comimos juntos y en general pasamos el rato en un ambiente agradable, aunque de vez en cuando se enojaba sin razón y dejaba de hablarme y yo me ponía a leer para no darle mucha importancia.

De lo que me di cuenta es que aunque me ignoraba, nunca me ignoraba realmente...

— Buenas noches Isabella. Perdón por el retraso — el doctor Carlisle me saco de mis cavilaciones y me sentí por un momento desorientada.

— bu-buenas noches — él camino hasta la cocina y recalentó lo que Carmen había hecho para cenar antes de terminar su jornada. Yo lo seguí sin hablar pues no sabía que decir o hacer.

La relación padre-hija que tuve es, por mucho, muy distinta a la de cualquiera.

Los dos nos sentamos a la mesa. Carlisle se veía realmente tenso y cansado.

— Como estuvo el día — yo me encogí de hombros y le respondí un vago "bien". Él hizo lo mismo y al poco rato se puso a hablar sobre su día. - se ha de sentir realmente sólo, sin alguien con quien compartir sus problemas - pensé al escuchar como hablaba alegremente sobre su día con los pacientes o como se teñía su voz de cansancio e irritación cuando hablaba de los muchos documentos que tenía que revisar.

— Sígueme por favor — dijo cansado mientras se frotaba el cuello y se estiraba. Yo parpadee al volver a la realidad. Él me veía divertido — ¿vienes? — asentí y fui corriendo tras él, pues caminaba a zancadas — lo primero que harás será remodelar el cuarto de Edward, quitando prácticamente todo — dijo guiándome hasta el estudio pero sin mirarme — contrataras a gente que te ayude con eso y por favor quiero que todo sea llevado al sótano mientras tanto — asentí levemente mientras nos sentábamos.

— ok pero... ¿qué pasa con el tratamiento?

— en eso estoy, Bella. Estoy tratando de localizar al doctor Geraldy* para que cheque a Edward y me diga sí se puede hacer algo con su ceguera — su tono se iba apagando con cada palabra que pronunciaba. Carraspeo y se irguió en su silla — él no está aquí en Estados Unidos sino en algún lugar de Europa y le gusta cambiar de número tanto como le gusta ayudar a las personas. Me es muy difícil localizarlo — dejó escapar un suspiro de derrota y se froto los ojos — además tengo mucho trabajo en el hospital. Ser jefe no es fácil — apoyo su cabeza en el respaldo y empezó a decir cosas sin sentido. Sólo alcance a escuchar "Esme" con claridad; lo demás no lo entendía — quiero que Edward ponga de su parte, pero es demasiado terco — dijo poniéndose bien en su silla de nuevo — y eso tiene que cambiar. Por su bien.

— será cuestión de tiempo — dije tomando su mano y apretándosela cariñosamente; él apenas y sonrió — ya verá que sí — dije sonriendo de oreja a oreja para infundirle ánimo, y parece que funcionó pues él sonrió más abiertamente está vez.

— mañana te conseguiré uno de esos bastones blancos* y le enseñaras a Edward como usarlo — yo asentí, de acuerdo — y mientras consigo una cita con Geraldy, tú serás su sombra — volví a asentir — por favor cuídalo.

— Lo haré — dije solemnemente — tratare de que él vuelva a tener una vida, que hable con sus amigos o que salga tal vez, sólo depende de lo bien que se acostumbré o de las ganas que tenga de superarse — el doctor asintió no muy convencido — se me había olvidado ¿cómo estás del brazo?

— Bien — mentí. Aún me dolía y el doctor no me creyó; se levantó de su asiento y se acercó a mí para checarme el brazo.

— Toma tus pastillas para el dolor, Isabella — dijo algo molesto cuando me vio hacer una mueca; yo asentí sin ganas. Él levanto la vista y suspiro, de nuevo derrotado — son las doce, será mejor que te vayas a dormir.

Le di un beso en la mejilla y le prometí tomar mis pastillas, aunque tal vez no lo cumpla.

Subí a mi cuarto, me lave los dientes y me bañé con agua caliente para relajarme.

— ya es tarde ¿qué haces despierta? — dijo Edward receloso en la puerta y yo brinque al escuchar su voz pues no lo había escuchado llegar.

— ¡Dios, me asustaste Edward! — me lleve una mano al corazón y salí del baño envuelta en una toalla. Aunque me entraron unas ganas de quedarme desnuda, y no sé porque... — ¿qu-que haces aquí?

— Contéstame — exigió enojado — ¿estabas con mi padre, verdad? Teníamos un trato Isabella.

— Sí, estaba con tú padre pero no estaba haciendo nada de lo que tú piensas, pervertido — dije irritada y él soltó una carcajada carente de humor — estábamos hablando de ti.

— Ya veo — y se rio ligeramente al comprender su juego de palabras; yo me reí con él — mmm... ¿vendrás a dormir conmigo hoy? — su voz ya no tenía ese toque de ironía ni enojo que había escuchado la noche anterior.

Lo tomé de la mano sin decir nada, guiándolo hasta mi cama, y lo senté.

— Ahora vuelvo — fui a mi armario y tomé una camisa vieja de mi padre y unos shorts de algodón. Mi yo perver se despertó en ese momento y en vez de vestirme en privado, me quité la toalla en frente de Edward. Sabía que no podía verme pero aun así era demasiado excitante tener a un hombre demasiado sexy en tú cama, esperando por ti... - tócame - tenía ganas de gritarle pero me contuve a duras penas - follame, sí puedes.

En vez de hacerle caso a mi lado perver, aunque me costó mucho trabajo, sólo me cambie enfrente de él y misteriosamente él tenía puesta la vista sobre mí, exactamente sobre mí y tenía un leve sonrojo en las mejillas. ¡Dios mío como me excitaba esto! - ¡oh, dios! ¡Oh, dios! ¡Está pensando lo mismo que yo! ¡Está pensando lo mismo que yo! - cerré los ojos con fuerza y me puse a respirar para tranquilizarme.

— va-vamos — me golpee mentalmente por tartamudear. Lo tomé de la mano y lo guíe hacia su cama pero él no se acostó — ¿dormirás aquí, hoy?

— ¿me necesitas? — me hice a la difícil.

— tal vez...

— Entonces tal vez me quedé — dije encogiéndome de hombros. Me tomo de la cintura y yo solté un gritito.

— está bien... te necesito — dijo roncamente y se agacho un poco para besarme pero no midió bien y término golpeándome en la frente. Me soltó bruscamente y yo lo mire aturdida — haz lo que quieras — dijo hoscamente

— Deja de tratarme así por favor — dije en un susurro — yo no te he hecho nada.

— Sólo dejarme ciego — espeto entre dientes — ¿sabes qué? puedo aguantarme él ir al baño. Duerme en tú cuarto — se dejó caer en la cama y se dio la vuelta.

— eso haré. No pienso quedarme aquí sólo para que me trates mal — enfurecida me fui a mi cuarto y cerré la puerta de golpe.

Esa noche no dormí muy bien que digamos...

Cuando me desperté lo primero que hice fue tratar de cumplir las órdenes del doctor... Pero llevarlas a cabo me costó mucho trabajo.

— ¡... Edward! — dije tocando quedamente la puerta, al asomarme él ya estaba despierto; escuchando música. Me puse a observar su cuarto y determinar qué cosas se irían y que cosas no. - la cama, la mesa de noche, la canasta de básquet y la mesita de centro se quedan - hice una nota mental -... el sofá sólo por sí acaso - pensé algo irritada - los dos sofás restantes, la tele, los libreros y el escritorio se van al sótano.

Esa misma tarde contrate a unos señores para que me ayudaran a mover los muebles. Edward se puso furioso cuando trataban de llevarse sus cosas y el doctor no estaba aquí para tranquilizarlo.

— Escúchame, sólo será mientras dura el tratamiento — le dije amablemente.

— Ni siquiera estoy en tratamiento, Isabella — dijo enojado — y dudo mucho que algún día pueda recuperar la vista.

— tienen que confiar en tú padre. Él está haciendo lo que puede pero está ocupado en el hospital, además el especialista no se encuentra aquí y eso es doble trabajo — se quedó callado, tal vez reflexionando, y cuando hablo, lo hizo estridentemente.

—... No quiero que rompan nada, me oyeron gorilas. Nada — los hombres lo veían muy enojados por el trato que habían recibido pero en vez de desquitarse con él, se desquitaron con las cosas.

En fin, el cuarto de Edward quedó muy grande y vacío y las pocas cosas que quedaron, como la cama y el sofá, las acomodaron no muy lejos de la puerta.

.

— la parte que no tiene nada. Estoy pensando en poner ahí mi cama y mis cosas — mis palabras hicieron que Carmen y Edward se atragantaran y tosieran fuertemente — ¿qué?

— Carlisle no lo permitiría — dijo Carmen haciendo a un lado su comida — es decir... eso no se vería bien, Bella. Edward necesita su privacidad... y tú la tuya.

— Estoy totalmente de acuerdo con Carmen — dijo el doctor a mis espaldas y todos brincamos del susto — tú te quedas en tú cuarto y no se discute — Edward frunció el ceño al igual que yo.

— ¿pero porque? Tú dijiste que Edward necesitaba mi ayuda y yo pienso que una puerta entre nosotros es tiempo perdido además ya lo he visto desnudo — Edward me pateo por debajo de la mesa y de nuevo volví a brincar — sólo digo... — Carlisle cada vez estaba más furioso y Carmen más horrorizada. Después de una acalorada discusión, me salí con la mía.

Carlisle hizo que llamará a los gorilas de nuevo para mover mis cosas pero se veía que no estaba para nada contento.

- que mejor forma de irritar a Edward todo el día que mudándome a su cuarto - pensé con malicia - oh Eddy no sabes lo que te espera...

.

— ten. Por esto vine — dijo el doctor, aún molesto, tendiéndome el bastón — es simple de usar. Sólo... no lo rompas en la cabeza de mi hijo ¿ok? — Yo sonreí como una niña que trata de ocultar su evidente fechoría y Carlisle sonrió negando con la cabeza — sólo cuídense... y nada de estar despiertos hasta altas horas de la noche — me advirtió y yo volví a sonreír de la misma manera. Él me revolvió el cabello y se subió a su auto para ir de nuevo al hospital. Cerré la puerta de la entrada y usando el bastón como bate dije cantando:

— Edward... tengo algo para ti...

* es una vara alargada que identifica a las personas ciegas y les sirve de guía para desplazarse de manera autónoma por la vía pública. Su invención se atribuye a distintas personas, entre ellos, al político e inventor argentino José Mario Fallótico.

Quinto cap… ¿Qué les pareció? Bueno…, ya saben que tienen que hacer…

¿Me dejan reviews?

Los quiere y los ama...

Wills-Cullen-Swan.