Ceguera Temporal
Summary: Ella causo el accidente, ahora tiene que vivir con las consecuencias…
Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer y la historia es completamente mía, Y TODA ELLA ESTÁ PROTEGIDA POR DERECHOS DE AUTOR BAJO EL CÓDIGO LEGAL: 1211242729751, por favor no intenten plagiarlo porque serán demandados en caso de realizar dicho acto. Espero que lo disfruten. Esta historia contiene escenas sexuales y lenguaje fuerte. Se recomienda solo a mayores de 18 años. Si eres menor, léelo bajo tu propio riesgo.
¡GRACIAS POR LOS REVIEWS! ¡LLEGAMOS A LOS 120! ¡LOS AMO! ¡LOSADORO! ¡LOS AMO! ¡GRACIAS!
Chicas gracias por sus comentarios y su apoyo hacia mí y esta historia. Como sabrán ya tengo clases pero estaré actualizando cada semana, en este caso los caps los subiré entre el viernes y el sábado a más tardar pero de que tendrán sus capítulos, los tendrán.
Bienvenidas a las personas que me agregaron como favoritos y alertas y espero que siempre me sigan… sin más que decir: ¡QUE COMIENCE EL ESPECTÁCULO! ¡Y QUE LO DISFRUTEN!... ¡HAY LEMOONS!
Bella POV
Ya era de tarde cuando desperté, de nuevo en los brazos de Edward. Como él seguía dormido aproveché para contemplarlo detenidamente.
Él era algo increíble, algo... fuera de serie, bello por donde lo mires: cabello cobrizo rebelde, ojos verdes, cejas tupidas, nariz recta, labios carnosos y jugosos... - digo, labios lindos; de hombre - me corregí. Bajo la vista y me fijo en sus manos... ¡y que manos!... son suaves, y bien cuidadas.
Pase mi mano por su pecho y él se estremeció por mi contacto. Abrió los ojos lentamente y los fijo en los míos; por un instante creí que podía verme.
— ¿que haces? — pregunto adormilado.
— Sólo... viendo — dije encogiéndome de hombros y él rio por mi ocurrencia.
— ok, sólo no te detengas — y así lo hice, seguí pasando mi mano por todo su pecho, contando los lunares y jugando con su vello cobrizo que me conducía a una zona prohibida... por ahora; pensar en él desnudo hacia que mi perver se volviera loca de impaciencia.
Las veces en que lo veía desnudo podía apreciar sus fuertes músculos, tanto de la espalda como del pecho y de las piernas y los brazos, además de una erección digna de ver y admirar.
Mi lado perver lo clasificó enseguida... Ese amigo era el mejor que había visto.
Conclusión: su forma de ser, además de su atractivo y escultural cuerpo lo hacían un hombre guapo, hermoso.
—... eres guapo — no me di cuenta de que lo dije en voz alta hasta que vi su cara que, aunque todavía no podía verme, me mira fijamente. Primero se sorprendió y luego se sintió alagado — cuando no gruñes — improvise y él rio levemente — y a veces hermoso... cuando estas callado — trate de hacer que pareciera una broma y él frunció el ceño de manera ofendida y divertida y yo me reí a carcajadas y él también.
— bueno ¿ya terminaste? Porque tengo muchas cosas que hacer — dijo divertido.
— ¿como que? — me acomodándome mejor en su pecho mientras hablaba.
— como invitarte a salir, por ejemplo — él acaricio mis cabellos con una mano y con la otra, acariciaba mi brazo — ¿que dices? ¿Te gustaría salir conmigo?
— ¿y a donde iríamos? — dije algo confundida pero muy ilusionada.
— no se, al parque, al cine, a comer. A donde tú quieras.
—… Podemos dar una vuelta en el parque — dije después de pensarlo seriamente.
— Parque, será — asintió divertido. Este Edward me encantaba más — le diré a Carmen que prepare una canasta — a regañadientes me pare de la cama y lo ayude a incorporarse — tú báñate, ahora regreso...
— ah no, eso sí que no. Mejor nos bañamos y luego le decimos a Carmen — él arqueo una ceja... una sexy ceja.
— ¿juntos? — Dijo sonriendo de lado y levantando las cejas sugestivamente; me entro calor de repente — porque yo no pondría objeción a eso — volvió a sonreír de manera sexy.
A punto estuve de ceder. Mi perver quería que cediera.
— Anda a bañarte, yo te cuido la espalda — - y bien que te la cuido - pensé maliciosamente.
Él termino de bañarse y yo estaba con una temperatura de unos cuatrocientos grados centígrados. Creo que tenía fiebre.
— Tu turno — el muy maldito ni siquiera se había envuelto la toalla; andaba como dios lo había traído al mundo, tentando mi pequeña voluntad.
— tu-tu ropa esta en la cama — mi pulso estaba aceleradísimo por tanta emoción sexual contenida — cuando termines, a-aquí te quedas — él asintió, divertido; él sabía lo que me provocaba verlo desnudo y por eso lo hacia.
Está vez no me bañé con agua caliente sino que puse el agua más helada que había y aunque termine temblando a los dos segundos de meterme, al menos me había quitado la calentura.
Me vestí lo más ligera posible, ya que hacia un día hermoso, y los dos bajamos en busca de Carmen, le dijimos lo que haríamos y ella se puso muy contenta y metió de todo a la canasta; desde cien sándwiches de mermelada de fresa y de maní, hasta dos trozos de pastel de limón que había horneado ella misma en la mañana, acompañado de un termo lleno de "algo especial" que nos dijo que no abriéramos hasta que nos hayamos instalado en el parque.
— ¿que será lo especial? — me pregunto Edward una vez dentro del auto.
— Tú llevas más tiempo conociéndola — dije encogiéndome de hombros — ¿que crees que sea? — Él también se encogió de hombros y no dijo nada — equis, pronto lo sabremos.
.
Llegamos al parque y busque un árbol enorme, con sombra... y apartado. Gracias a Dios existía uno.
— ¿manta? — Edward sonrió de lado mientras alzaba su brazo para mostrarme la manta — ¿canasta? — Alzó su misma mano —muy bien, vamos — él me tomo del hombro con su otra mano y lo guíe al árbol alejado — llegamos — dije luego de unos segundos. Quería que él se sintiera útil así que le dije donde podía colocar la manta y él lo hizo, impresionantemente para variar.
Nos sentamos apoyados en el tronco del árbol y nos quedamos viendo hacia el frente.
El atardecer era hermoso, y aunque faltaba mucho para que oscureciera, ya empezaba a tener esos tonos anaranjados que tanto me gustaba dibujar de niña.
— Dime que tenemos en frente — me pidió Edward en susurro al oído para no romper el ambiente de paz que había entre nosotros.
— El cielo se está tornando anaranjado y a unos cien metros, más o menos, hay unos niños jugando con sus cometas, con sus mascotas y con sus bicicletas — lo voltee a ver y él estaba sonriendo. Así que continúe describiéndole el paisaje — hay parejas que disfrutan de una charla pervertida mientras caminan por el borde del lago, hay otras paseando en bicicleta y dos locos contemplando a las demás personas mientras están en un picnic — él se rio suavemente. Su risa sólo contenía diversión y alegría y eso hacia que mi corazón latiera.
Él ya tenía mi corazón pero se estaba ganando a pulso la estadía permanente.
— pues sí que están locos — volteó a verme y mis ojos se encontraron con los suyos — gracias — susurro mientras se iba acercando a mis labios; yo estaba hipnotizada — gracias por querer pasar tiempo conmigo y por aceptarme en tú vida — sus labios cada vez se iban acercando más y más — te a... — recorrí la mínima distancia que nos alejaba y uní mis labios fuertemente con los suyos.
Después de unos cuántos minutos nos separamos; maldito oxígeno.
— ¿quieres algo para comer? — dije abriendo la canasta y sacando lo primero que toque. Se lo tendí y él lo tomo, vacilante.
Comimos todo lo que Carmen nos había preparado y nos habíamos tomado el termo, que resultó ser vino.
— ¡por Carmen! — dijo Edward levantando su vaso — que no sé que se trae entre manos, pero algo trae — los dos nos reímos y bebimos lentamente.
Me deje caer en su pecho después de haber terminado pues ya me sentía algo mareada.
— ¿pasa algo? — Edward me acostó en sus piernas y me acaricio la cabellera, lentamente.
— Nada — cerré los ojos y disfrute de la caricia. Él se detuvo por un momento y me puso en el suelo, pensé que se acostaría a mi lado, pero no; se puso casi encima de mí y sus ojos me atraparon. Tenían un brillo único.
— ¿puedo? — dijo acercándose a mi boca lentamente; no dije nada, sólo asentí.
Al principio sólo poso los labios por sobre los míos, y así estuvo unos cuántos segundos hasta que no aguanté más; quería saborear su boca, su lengua, sentir su aliento.
Enrede mis manos en su cabello y lo acerque más a mi; abrí mi boca para que él pasará y el beso se fue haciendo más urgente, más necesitado, más desesperado.
— Edward... — lo llame en susurros mientras él restregaba su erección por sobre mi sexo, sutilmente — Edward...
Él no dejaba de besarme y moverse lentamente sobre mi, mi sangre ardía de deseo por él y por su miembro; ese miembro grande que siempre veía en el baño, erecto, grande, delicioso.
— Bella... — dejó de besar mis labios para bajar por mi mandíbula hasta mi cuello. Sus besos eran húmedos, calientes y su saliva parecía ser afrodisiaco. chupo y mordisqueo mi oreja sensualmente y una corriente eléctrica me atravesó todo el cuerpo hasta alojarse en mi palpitante sexo. Quería más, cada vez quería más... — sabes tan bien... hueles tan rico... — su nariz iba bajando el camino que él había trazado con su lengua. Volvió a apoderarse de mis labios y está vez el beso fue más necesitado que el anterior.
— Edward, te necesito... — mis manos no se estaban quietas, recorrían todo su pecho y espalda. Quería sentirlo y las ropas estorbaban — ya es hora... ven — él negó pero hasta su negación era dudosa. Hice lo que mi perver llevaba tiempo anhelando; le acaricie su erección y él jadeo sorprendido — no digas que no... No ahora — nuestras respiraciones se convirtieron en jadeos rápidamente ya que no dejábamos de acariciarnos y basarnos.
Un balde de agua helada nos cayó encima... literalmente.
— esto es un espacio público, puercos. Hay niños aquí — esa maldita voz la conocía demasiado bien. Alice, la maldita enana oportunista.
Edward se separó rápidamente de mí y yo me senté, enojada; matándola con la mirada. Ella en ningún momento dejó de sonreír triunfalmente.
— Eres una estúpida, estoy toda mojada — ella sonrió perversamente y yo me ruborice. Su mente cochambrosa había entendido el mojada de otra manera... — eres una sucia Alice — ella se tocó la punta de su nariz, afirmando.
— y tú una exhibicionista de primera. Mira que decirle a Eddy que lo hicieran en el parque, a la vista de todos — su tono de voz tenía cinismo y falsedad — que mal ejemplo me das hermana — dijo negando divertidamente.
— en estos momentos no soy tú hermana y mucho menos tú amiga — le gruñí. Ella se rio a carcajadas. Edward y Jasper carraspearon a la vez.
— oh, ahm... Bella, Edward; él es Jasper... mi novio — ella no podía ocultar su sonrisa ni su evidente felicidad — Jasper, ella es Bella, mi mejor amiga. Ya la conoces — me tendió la mano caballerosamente y yo le devolví el saludo — y este es Edward... — el silencio incómodo apareció. No supe que decir.
— El novio de Bella — dijo Edward algo desanimado, ellos dos se dieron la mano — al fin conozco a la famosísima Alice — Edward tendió su mano al aire y Alice se la tomo después — bueno... más o menos — los tres se rieron y yo me quedé algo desconcertada.
Entre los cuatro recogimos todo y lo llevamos al auto. Sentía algo incómodo entre las piernas pero ahí no había baños públicos a los cuales acudir. Después de guardar las cosas paseamos por el parque en parejas, hablando de todo y de nada mientras reíamos y nos hacíamos bromas.
Nunca me había sentido tan relajada en mucho tiempo...
.
— jajaja, no debiste de haber hecho eso, preciosa — Edward se reía a carcajadas y su risa era tan linda... — pero estuvo bien, jajaja
— Claro que estuvo bien, me lo debían; nos mojaron — sonreí maliciosamente al recordar como había tirado a Jasper y a Alice de una colina, como venganza por habernos mojado. Ella y Jasper habían puesto cara de pocos amigos mientras subían y ella estuvo tirándome puñales con la mirada pero no hizo nada; sabía que me vengaría tarde o temprano.
— Ahm... con respecto a lo de antes... — él se removía inquieto en el asiento — ¿enserio te gustaría?... Ya sabes, ¿tener sexo conmigo? — se veía tan tierno.
— ¿que te hace pensar lo contrario? — como no podía verme (N/A: recuerden que ella no sabe nada acerca de que Edward ya puede ver movimientos y sombras) lleve mi mano derecha a su pierna y se la fui acariciando, casi hasta tocar su erección — eres lo más sexy y tierno que he visto en mi vida, y lo más apetecible también, no tienes idea de cuanto — él se removía con mis caricias y soltaba gemidos involuntarios.
— ¿se-segura?
— Muy segura — - ¿pero donde podríamos ir? - me debatí mentalmente - ir a un motel a estas horas sería sospechoso y el motel más cercano estaba a dos horas de aquí; en Port Angeles.
— papá tiene guardia está noche — dijo Edward, leyéndome la mente — por sí te interesa saber.
Cuando llegamos no había nadie en casa...
Fuimos corriendo directamente al cuarto, pusimos seguro y nos quedamos parados como tontos...
— ¿música? — sugirió Edward después de unos segundos en silencio.
Lentamente fui escogiendo una música que fuese romántica, lenta y sensual.
Apague la luz y me acerque lentamente a él.
— No sabes cuanto tiempo llevó esperando este momento — le susurre sensualmente mientras le iba quitando lentamente la playera. Él levanto sus manos y se saco la camisa; su pecho, glorioso y velludo, quedó a mi alcance.
Me dirigí hacia el pantalón y me deshice del cinturón, luego bajé el cierre y deje caer sus pantalones; su erección ya empezaba a notarse.
Él me detuvo antes de que cayera a sus pies. Sus manos recurrieron mis brazos hasta posarse a cada lado de mi rostro.
— espera un poco; yo no puedo verte. Déjame sentirte... — asentí lentamente y él bajo sus manos hasta mi cintura y levanto mi blusa hasta quitármela por completo. Sus manos tocaron mis pechos libres y soltó un pequeño gemido.
Cuando llegó al borde de mi pantalón, primero lo desabrochó y luego me lo bajo por completo.
Poso su mano en mi centro, comprobando mi evidente humedad.
— ¡me deseas! — dijo sonriéndome de lado.
— Y no tienes idea de cuanto — bese su pecho y fui bajando lentamente, hasta llegar al elástico de sus boxers — ¡quiero probarte! — Bajé los boxers de un tirón y su erección salto orgullosa en mi cara, me lamí un dedo y luego lo pase por toda su cabeza, dando pequeños círculos; él se estremeció ligeramente — eres tan grande — poco a poco fui metiéndome su miembro a la boca. Nunca antes había probado un pene pero podía decir que este pene sabía rico.
Chupe, mordisqueé, exprimí y juguete con todo el equipamiento y él daba bombeadas cada vez más rápidas.
— no... quiero... correrme... — pero tampoco dejaba de bombear en mí.
— ven, correré. Por mi — dije lamiéndolo desde la base hasta la punta — oh, Edward córrete para mi — chupe y mordisque más rápido y no tardó en correrse en mi boca; su leche sabía rico.
—... gracias, preciosa, ahora ven aquí — dijo levantándome del piso. Me beso desesperadamente mientras íbamos hacia la cama — es tú turno — estaba tan perdida en sus besos que no le había encontrado relación a sus palabras hasta que me quito las braguitas y fue dejando besos sensuales e intercalados por mis piernas hasta llegar a mi húmedo, caliente e hinchado sexo — oh, preciosa, hueles tan rico — pasó su lengua, larga y caliente por mi intimidad y yo me estremecí — y sabes delicioso.
— ¡oh, dios mío! — no podía parar de retorcerme —... Edward, no te detengas.
Edward chupo, succiono, lamio y beso mi intimidad, sensualmente; me hizo ver estrellas, solamente con su lengua.
Mientras estaba convulsionando de placer, él se fue subiendo lentamente sobre mi, dejando besos a su pasó.
— Sabes tan rico — beso y mordisqueo un pezón mientras apretada y estimulaba al otro; yo no podía dejar de sentirme en las nubes —... y eres toda para mi.
— Toda tuya — le confirme lo obvio.
Con cuidado, nos dimos la vuelta y me senté en su estomago.
— oh, no sabes cuantas ganas tengo de sentirte dentro — creo que le gustaba que le hablasen sucio pues su pene se sintió más duro cuando me restregué sutilmente — ¿condón? — dije acariciándole los vellos del pecho.
— ¡mesita! — fue todo lo que pudo decir. Le di un beso en los labios antes de bajarme e ir por el preservativo.
— ahora se un buen niño y quédate quieto — abrí el paquetito y saqué el condón — no tardó — se lo fui deslizando desde la cabeza hasta la base; él gimió en cada momento.
— no sabes lo extraño y sensual que se siente eso. Al no ver, mis otros sentidos se multiplican, y oh Dios, el tacto es el más sensible — sonreí a eso y me volví a sentar encima de él.
— veamos sí es cierto — entre de una estocada y oh, Dios mío. Creo que ya lo necesitaba.
Empecé a moverme lentamente pero mi cuerpo quería más, así que fui cambiándole al ritmo; Edward me tomo de las caderas y fue haciendo sus estocadas más profundas. Se sentía tan rico...
— ¡oh Dios, Edward no pares! — él se levanto y tomo en su boca uno de mis pechos y fue lamiendo y mordiendo mi estimulado pezón; se sentía tan bien. Hizo lo mismo con el otro pecho — ¡Oh Edward, así! ¡Sigue!
Dimos la vuelta otra vez y él colocó mis piernas alrededor de su cintura y me embistió más fuerte, más rápido.
— ¡oh, cara! — Dijo entre jadeos — ¡no sabes lo bien que te sientes a mi alrededor!
— ¿ahora hablas italiano?
— mi madre; ella me... — lo bese para que se callara.
— Luego me cuentas — sentía mi orgasmo cerca, muy cerca — ahora mismo estoy ocupada — le regale una sonrisa torcida y él sonrió de la misma manera. - ¿que rayos...
— ¡oh Dios, estas tan estrecha! ¡Estoy a punto de correrme...
— ¡oh Dios, Edward! ¡Más rápido! ¡Más! ¡Oh, Dios... — los dos gritamos al corrernos. Literalmente sólo podía ver estrellitas; Nuestras respiraciones eran irregulares, nuestros corazones latían frenéticamente y nuestros cuerpos estaban sudados y calientes.
Edward cayó rendido sobre mí y yo estaba tan cansada, con los huesos hechos gelatina, así que sólo le acaricie sus cabellos; eso bastó para que él se relajara por completo.
— oh, Edward ha sido tan magnífico... — dije cuando pude hablar; él sólo sonrió. Se movió tantito y sentí se pene; creciendo dentro de mi — ¿es en serio? — dije alucinada y él asintió orgulloso.
— Vamos por la segunda ronda — sonrió de lado y me beso en los labios; pronto me perdí en la burbuja sexual que había entre nosotros...
.
Afuera cayó un rayo que me hizo despertar asustada. Cuando mire a mi alrededor me fije que Edward dormía plácidamente a mi lado; desnudo y en toda su gloria. Su respiración era acompasada, lo que me decía que estaba profundamente dormido; en los labios tenía una sonrisa de satisfacción y felicidad que me hizo sonreír.
Me acurruque mejor entre sus brazos y trate de volver a dormir, pero el viento no me dejaba por su constante ulular.
— jum... ¿Bells? — Edward se despertó al sentir que algo temblaba a su lado; yo — ¿que tienes, amor?
— Na-nada, vuelve a-a dormir — ok, así no convencería a nadie.
— ¿porque tiemblas? — me pregunto al oído.
— n-no me gusta la lluvia — le confesé; su boca y su cercanía me tenían hipnotizada — mejor dicho ¡odio los relámpagos! — un maldito relámpago cayó cerca, su luz ilumino toda la habitación y el sonido fue estruendoso; me hizo brincar — espero que Carlisle este bien.
— A él no le asustan los truenos; creo que nada lo asusta — me volvió a susurrar al oído. - estas equivocado - pensé - él tiene miedo de perderte.
Volvió a sonar otro trueno y yo me aferre a su pecho.
— en todo caso ¿porque le tienes miedo? — me abrazo y acaricio mi cabello y espalda para tranquilizarme pero la fuerte lluvia no me dejaba ni siquiera pensar bien, se aporreaba en la ventana tan fuerte que temía que en una de esas se rompieran los cristales.
— u-una vez me peleé con mis padres y hui al bosque; ya ni-ni recuerdo por que pero lo hice; en fin, que no supe como regresar y cayó la lluvia — temblé en sus brazos y el hizo un sonido relajante con su boca... Oh, su boca... — pe-pero no era una lluvia común y corriente; no, a-a mi me tenía que tocar una lluvia con relámpagos, sonidos extraños y cielo absolutamente oscuro — otro trueno sonó cerca y la luz del relámpago volvió a iluminar el cielo — oh, como te envidio en estos momentos — dije sin pensar.
— ¿por estar ciego? — le dije que sí, apenada — no lo creo; el oído se sensibiliza. Ahora mismo estoy escuchando otro trueno — a los dos minutos de haberlo dicho se escucho — ¿vez?
El relámpago cayó tan cerca que hizo que la luz se fuera.
— ¡oh, Dios se fue la luz!
— Sabes, te voy a dar un consejo para dejar de tenerle miedo a los truenos, rayos y relámpagos — dijo sonriendo.
— oh, sí me sacas de la casa considérate hombre muerto — lo amenace; él sólo se rio de mi.
— es mucho mejor que salir a mojarse. Aunque en cierta forma terminaras mojada — me dio un beso en los labios, y otro, y otro hasta que terminamos teniendo sexo; de nuevo.
La lluvia había parado, en algún momento de la madrugada y yo, la verdad, ya no tenía miedo pues Edward sabía como quitármelo; y de que manera.
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— Buenos días — dijo Edward antes de darme un beso en la boca; uno prolongado.
—... buenos días — me estire como sí fuese una gatita — ¿que te gustaría hacer hoy? — pregunte, acariciando su pecho.
— ahm... Tú, yo, baño, juntos ¿que dices? — - que no suena nada mal - pensé divertida.
— Sabes, estas cumpliendo otra de mis fantasías — él sonrió, divertido.
— ¿ah, sí? ¿Y cual fue la primera?
— tenerte, todo completo, para mi solita — dije besándolo en el pecho — ahora, a bañarnos.
Y que creen, que también tuvimos sexo en el baño.
Ya más relajados, bañados y limpios, fuimos a desayunar. Carmen nos miraba de manera intrigante.
— ¡buenos días, Carmen! — canturree su nombre y le di un beso en la mejilla.
— buenos días, Carmen — Edward fue más disimulado que yo.
— buenos días chicos ¿ya quieren desayunar? — los dos asentimos - después de horas y horas de buen sexo, estoy que me muero de hambre - pensé pervertidamente. Mi estomago sonó estruendosamente en ese momento.
— está tan silenciosa la casa, ahora que todos se fueron — comentó Carmen, dando suspiros — ¡que... extraño, yo dije eso! — Se reprendió a sí misma - eso me recuerda... - pensé detenidamente.
— ¿y Jacob? — pregunte al no verlo tanto ayer como hoy.
— Debió de haberse quedado con una chica, de seguro — sonó él teléfono y Carmen salió para atenderlo, a los minutos volvió corriendo.
— ¿que pasa?
— Jacob. Está en la cárcel — Carlisle entro en mal momento.
— ¿que? — Vociferó — ¿Jacob en la cárcel? — no espero a que le contestáramos; salió de la casa dando un portazo.
Bueno nenas es el cap # 15… ¿les gusto? Bien, ya saben que tienen que hacer ¿Me dejan reviews?
Los quiere y los ama... Wills-Cullen-Swan.
Nos leemos la próxima semana, se cuidan mucho!
Besos y abrazos estilo Emmett para todas…
