Tras el halo verde
Me dijiste que me amabas…
¿Cuántas veces fueron?, no tengo la cuenta. Creo que más de las que hoy puedo recordar. Me lo decías siempre, a todas horas, en todas partes sin temer que otras personas pudieran escuchar, sin temor a lo que las demás personas pudieran pensar, pero yo…
Yo tenía miedo de las otras personas, de los que nos conocía, de los que no nos conocían, de lo que pudieran pensar los extraños, los amigos, la familia, incluso de lo que fueras a pensar tú, incluso miedo de mí mismo…
Yo nunca pude… desde un principio creo que así siempre fue mi personalidad, un tipo de maldición de la que nunca me pude deshacer, mi máscara, mi herramienta, nuestro final…
Esa vez, la recuerdo, fue una tarde. La última vez que lo preguntaste…Tú sonreías yo mantenía la misma expresión molesta de siempre, se que te incomodaba, que te lastimaba, pero ya en ese entonces no podía cambiar. La misma frase dicha tantas veces de tu boca, sin una respuesta, me hacías feliz, pero eso tampoco lo dije nunca. Lo volviste a preguntar…
-¿Me amas?- pero esa vez tampoco fui sincero. Podría haber dicho que si, podría haberte callado con una beso para desviar la conversación pero tampoco lo hice. Te ignoré como tantas otras veces cuando esa situación se presentaba, y cuando insististe en el tema simplemente te insulté, no era sincero…
Al ver tu rostro triste pude haberme disculpado, decirte que no quise decir todo aquello… que te amaba, que estar a tu lado era lo mejor que me había pasado, pero no lo hice.
Dejaste de sonreír, quizás esa fue la última vez que vi tu sonrisa… tu rostro se fue transformando en tristeza, casi al llegar a la ira pero no hiciste nada, de tu boca no salieron palabras que respondieran a mis insultos. Podíamos pretender que nada había pasado, sólo bastaba que ignoraras esa mala personalidad mía una vez más, pero esa vez no lo hiciste.
Diste la vuelta, sin mirarme a los ojos, sin sonreírme, sin hablarme. Y caminaste en silencio alejándote de mí. Quería detenerte pero no pude, me sentí aterrado…
Siempre tuve miedo a los cambios, tú siempre diste los primeros pasos, tú me hablaste, tú te acercaste a mí, tú pediste mi amistad, tú me besaste, tú me dijiste que me amabas… y tú me dejaste.
Yo nunca hice nada, de pronto me sentí como sólo un espectador en una película en la que sólo tú actuabas. Y si tú te ibas ya no era nada. Sólo tú eras quien guiaba esa relación, así que lo más natural fue culparte también de su final.
Me dejaste de hablar, te alejaste de mí. A veces sentía que me veías que hacías una pregunta muda ¿estás bien con esto? ¿Alguna vez te importó? Quería contestarlas: no, no estaba bien con esto, odiaba esto, quiero regresar. Y siempre me importó, me dijiste muchas veces que me amabas pero sigo pensando que te amaba más yo a ti… pero nunca te busqué , nunca lo dije…
Mi orgullo era demasiado, y nunca pude sacrificar esa absurda dignidad. Ahora que lo pienso lo que teníamos valía la pena más que eso… y ya era demasiado tarde.
- No, no es demasiado tarde- me dije a mi mismo ese día.
Te busqué como loco, harto de no verte, de no escucharte, de no oírte decir que me amabas, ¿aún lo hacías?...
Escúchame…
Caminé tras de ti, tú entre tus pensamientos no me viste, o tal vez decidiste ignorarme.
Escúchame…tengo algo que decirte.
Te hablé, volteaste y tomé tu mano.
No huyas… escúchame esta vez lo diré…
Fue mi primer paso…
No me rechaces… no te vayas…
Me rechazaste con dolor, y yo insistí como nunca lo había hecho…
Sólo escúchame, no te vayas, no, no, no… tú no puedes rechazarme…
y luego peleamos…
Tú no…cualquiera menos tú, no me mires así, no me rechaces, no te vayas… escúchame, maldición escúchame…
No hagas nada, sólo quédate aquí… no permitiré que te vayas…
Sólo quédate…
Escúchame…
¿Cómo llegamos a esto?
Ni siquiera lo recuerdo claramente…
Mi cabeza duele, mi pecho tiembla, mis ojos lloran…
Y tú:
Ya no puedes verme, no puedes hablarme, no volverás a decir que me amas.
Pero estas conmigo.
De nuevo cruzamos miradas…Tus ojos van perdiendo su brillo, pero ya no lloras. El reflejo del halo verde de mis pupilas se va desvaneciendo de las tuyas…
Tu respiración se va terminando, pero toda tu furia se ha ido.
Me sonríes con los últimos movimientos de tu cuerpo.
Con eso me basta.
Estas aquí…
Ya no me escuchas… ya no me ves.
¿Puedo decirlo ahora?
Yo no temo a nada.
En este pequeño mundo que hemos creado no existen otros, solos tu y yo, eso ya no importa.
No hay extraños, no hay familias, no hay amigos ni compañeros.
Ya no me preocupa lo que pienses, si me rechazas, si lo aceptas o si te burlas de mí. Mis inseguridades también se van. No puedes oírme pero vale la pena decirlo.
Ya no importa ni siquiera lo que pienses tú, y mis propios pensamientos son un caos desde hace tiempo. Ya no me siento el mismo. Pero puedo intentarlo.
Arrodillado frente a ti, tu inmóvil cuerpo tirado en el suelo. Y yo tampoco hago mucho por moverme, tomo tu mano, pero ya no sientes, te beso pero ya no correspondes, te hablo y no me escuchas…
-Te amo.
