Gracias por los reviews nuevamente. Sé que no son muchos, pero tampoco pido más sabiendo que esta pareja no es demasiado famosa en español, porque si busco en ingles encuentro 63 páginas xD


A Shirosaki le costó un largo rato acabar con los shinigamis restantes, pero lo logró al final. Limpiándose el sudor de la frente con el dorso de una mano, puso en su lugar a Zangetsu con la otra. Ahora iría a por Ichigo.

En lo que caminaba, miró al horizonte. Los primeros rayos solares empezaban a hacer aparición. Que rápido había pasado el tiempo. Ingresó dentro del almacén y se arrodilló cerca de Ichigo. Él estaba despierto.

–Volviste –sonó aliviado, como si realmente hubiera temido por él.

–Claro que sí –gruñó. Lo ayudó a incorporarse y sin hacer demasiada fuerza, lo sentó sobre sus piernas e hizo que su cabeza quedara apoyada contra su pecho–. El suelo está frío –dijo antes de que el adolescente pudiera replicar. Se quitó la parte de arriba del shihakushô y se la puso por encima al peli naranjo. Ichigo frunció el ceño y se mordió ligeramente el labio inferior. La piel de Shirosaki también era fría, pero no tanto como el suelo, claro. Después de que estuvieran un rato en silencio, Ichigo se dio cuenta de algo. No se había percatado hasta ese momento porque era algo normal. En humanos. Allí, donde tenía apoyada su cabeza, podía escuchar latidos de corazón. ¿Pero cómo era posible? Levantó un poco la cabeza para mirar a Shirosaki, este se dio cuenta de que era observado y bajó la mirada– ¿Qué pasa?

Ichigo negó con la cabeza y se quedó apoyado ahí un rato más. Poco a poco su cuerpo fue recuperando el calor y la piel de Shirosaki ya no se le antojaba tan fría. ¿Pero ahora por qué era incapaz de mirarlo? Ya no quería levantar la cabeza de nuevo y preguntarle. Tampoco sabía que decir exactamente. Sus ojos… No le daban miedo nunca más, sin embargo, ahora los encontraba profundos y atrapantes. Recordó, esa sensación ya la había tenido antes, ¿cuándo? No lo recordaba. ¿Por qué tan de repente tenía el deseo de decirle que le gustaban sus ojos? ¿Qué estaba mal consigo mismo? Debía de estar delirando por la pérdida de sangre, eso era.

Al final no supo que le pasó, pero acabó por decírselo–. Me gustan tus ojos –se lo dijo en frío, sin titubeos. Shirosaki abrió la boca para decir algo, pero no salió nada de ella. ¿Había oído mal? Miró a Ichigo y él no le estaba mirando en ese momento, pero podía asegurar que estaba despierto. No estaba diciendo cosas en sueños. Miró a ambos lados como buscando algo interesante en lo que distraerse. Dios… ¡A Ichigo le gustaba algo de él! Estaba emocionado como un niño en la noche de Navidad. Se golpeó mentalmente, una o dos veces, intentando quitarse ideas de la cabeza. Frunció el ceño. Odiaba cuando le hacía sentir de ese modo, pero tenía ganas de besar sus labios de nuevo y… No, no iba hacerlo. La última vez no fue bien. Esperaría por él. Tal vez algún día… Dejaría las fantasías para luego, ahora lo importante era irse de allí. Primero comprobó el estado de Ichigo y decidió que iba a hacer una parada para hablar con cierto tendero científico…


Shirosaki se encontraba en la tienda de Urahara, con la espalda apoyada contra una pared, esperando pacientemente a que su gigai estuviera listo e Ichigo recuperado lo máximo posible. Oficialmente, estaba preocupado con la situación.

–Entonces…–Shirosaki levantó la cabeza para mirar al hombre que le hablaba– ¿Se van de Karakura? –el albino asintió–. Cuida de él, por favor –asiente de nuevo.

Se levantó y siguió al hombre al interior, su cuerpo falso estaba listo. Entró y podía decir que era un poco incómodo, pero según Kisuke, eso es siempre al principio. Hizo un par de movimientos de brazos y piernas hasta que se acostumbró a moverlos–. Me marcho ya. Los shinigamis volverán de un momento a otro.

–¿No prefieres esperar a que Ichigo se recupere del todo? –Shirosaki frunció el ceño y gruñó. Le gustaría que descansara todo lo que necesitara, pero el tiempo no lo permitía. Urahara entendió sin que Shirosaki le contestara–. Buena suerte, entonces… -Kisuke sabía la verdad sobre Shirosaki y de hecho le preocupaban algunas cosas que, aunque había pocas posibilidades de que pasaran, podrían ser un problema. Sólo esperaba que trajera pronto a Ichigo de regreso.

Salió hacia la entrada e Ichigo lo estaba esperando allí– ¿Ya nos vamos? –el hollow asintió y caminó hacia él. Ichigo le dio las gracias a Kisuke y los demás junto con Shirosaki y ambos se marcharon.

Anduvieron en silencio. El sol ya bañaba las calles de Karakura y la gente salía de sus casas para hacer sus cosas. Ichigo caminaba a su lado, cabizbajo. Aquello no se sentía normal. No quería irse tampoco, ¿pero tenía opción? La Sociedad de Almas lo había traicionado, sus amigos no estaban por un viaje de fin de curso, al que no pudo ir por su trabajo de shinigami.

Una duda rondaba la cabeza de Ichigo y a Shirosaki le rondaba otra, solo que llevaban tanto tiempo en silencio que estaban inseguros de romperlo.

–Oye Shiro… ¿Qué pasó con mi insignia? –preguntó finalmente.

–Tuve que dejarla en tu casa –contestó fríamente. Ichigo tragó saliva. ¿Qué bicho le picó ahora? Entonces recordó que por la insignia la Sociedad de Almas podía saber donde estaba, ahora entendía por qué la dejó atrás–. No te preocupes –siguió hablando si mirarlo–. Urahara me proporcionó algunas cosas que nos serán útiles.

Ahí acabó la conversación. No se hablaron más el resto del camino hasta llegar hasta la estación– ¿Nos vamos en tren? –preguntó inocentemente.

–Sí. Nuestro reiatsu es más detectable en nuestra forma de shinigami, así que tendremos que usar un transporte normal –pagó los tickets y se subieron el tren. Parecía que a dónde iban no había mucha gente. Sólo había unas pocas personas. Se sentaron y esperaron pacientes a que el tren empezara a moverse, no tardó mucho en ello. Ichigo miraba por la ventana, con las manos pegadas al cristal. Se iba a ir de su ciudad, por no sabía cuánto tiempo. Echaría de menos a su familia y amigos. ¿Por qué se iba tan lejos por Shirosaki? No era capaz de contestar eso. Sentía la necesidad de que así debía de ser. ¿Destino? Prefiere no creer en él.

Después de media hora, ya estaban fuera de Karakura e Ichigo seguía apoyado contra el cristal, ahora mirando el paisaje. Se mantuvo inexpresivo durante varios minutos, pero empezaba a aburrirse. Giró un poco la cabeza para mirar Shirosaki, estaba de brazos cruzados y mirando firmemente al frente, parecía distraído pensando en algo que lo tenía molesto. De repente sus ojos se desviaron hacia él, haciendo que se estremeciera, desviara la mirada y se sonrojara. Definitivamente había algo en esos ojos dorados.

–¿Te encuentras bien?– Ichigo asintió rápidamente–. Vale.

Pasó otro rato hasta que Ichigo bostezó y se desparramó en el asiento. ¿Cuánto tiempo duraba ese viaje?

–¿Tienes sueño? –miró a Ichigo y no necesitaba más que ver su cara. Dudó un momento, pero lo hizo, acercó su mano por detrás de la espalda de Ichigo y lo atrajo hacia él, quedando su cabeza apoyada en su hombro. Ichigo se dejó hacer, incluso cuando Shirosaki se puso a acariciar su cabello y a jugar con sus dedos en él. No le importaba, confiaba en que él no le haría más daño. O tal vez era que tenía tanto sueño que ni ganas tenía de discutir con él. No tardó mucho en quedarse dormido sobre el hombro de Shirosaki. Y poco después, él notó como el cansancio también le iba ganando la batalla, tampoco es que se fueran a pasar su parada desde que era la última. Finalmente se dejó caer rendido al sueño y se durmió con la cabeza apoyada contra la de Ichigo.

Empezaba a darse cuenta de que desde hace años ya no podría vivir sin él, metafórica y literalmente hablando. ¿Desde cuándo había empezado a verle así?


Llegaron a la parada de destino. Bajaron del tren e Ichigo observó maravillado como estaba nevando. Debían de estar en algún lugar alto y al norte para que estuviera nevando. Shirosaki observó como el adolescente tenía una sonrisa dibujada en su rostro, entonces habló:

–Me recuerda a mi casa –Ichigo lo observó un poco confuso de sus palabras. ¿Tenía… una casa? Shirosaki era algo más que un hollow, ahora estaba seguro de ello. Caminaron a través del manto blanco durante varios minutos y de repente se asustó cuando sintió la energía espiritual del albino incrementarse–. No te alejes de mí –le dijo tomándolo del brazo. Iba a protestar por haberle hecho eso, ¿qué se creía que era? Sin embargo, empezaron a correr cuesta arriba, cosa que se dificultaba por la nieve. ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué corrían?

En lo alto había una casa, la puerta se abrió cuando estaban a unos metros de ella. Entraron dentro y Shirosaki cerró la puerta abruptamente–. Bajo ningún concepto salgas de aquí, ¿entendido? –le dijo a Ichigo. Este iba a protestar, pero nuevamente Shirosaki lo interrumpió poniendo una mano en su boca. El peli naranjo se retorció en su agarre, no entendía qué estaba haciendo. ¿Los habrían seguido los shinigamis? Pero no los sentía a ellos. De pronto escucharon golpes en la puerta bastante fuertes, como si alguien la estuviera embistiendo para entrar–. Por favor, vigila que no salga de aquí.

Ichigo observó sus alrededores buscando a la persona con la que Shirosaki había hablado. Estaba todo tan oscuro que no veía ni delante de sus narices. Notó como Shirosaki lo soltaba, pero algo se tiró sobre él, impidiendo su movimiento nuevamente. Escuchaba un suave gruñido y una voz que resonaba en su cabeza que le decía una y otra vez que no se moviera –Ey… ¡Suéltame! ¿Quién eres? –Se revolvió, pero cuanto más se movía más fuerza hacia aquella cosa sobre él– ¿Dónde está Shirosaki? –su vigilante solo se limito a gruñir. Quería salir de ese lugar. ¡Estaba muy oscuro!


Shirosaki había salido de la casa para enfrentarse a sus perseguidores. Estos lo observaban con sus ojos dorados con cuidado, analizando de arriba abajo hasta que uno de ellos se adelantó a los demás y habló–. Vaya, vaya… Miren quién regresó –los demás gruñeron, pero luego rieron por lo bajo–. Creíamos que estaba muerto, maestro.

–Si estuviera en tu posición no me reiría tanto –saltó delante del líder, cambiando de forma en el proceso.

–¿Te atreves a tomar esa forma después de tanto tiempo? –le retó abriendo la boca, enseñando su hilera de dientes afilados.

–¿Y tú te atreves a desafiarme después de tanto tiempo?

Todos se quedaron en silencio ante la risa de su líder–. Ahora yo soy el líder. Tú quedaste atrás en el pasado. Pero todo esto habrá tiempo de discutirlo más tarde. ¿Por qué has traído a un humano hasta aquí? Esto es territorio de las bestias –caminó alrededor del recién llegado y este lo miraba desafiante, sin perder ni un solo movimiento.

–Ese humano, es mi compañero.

–Eso va en contra de tus naturalezas. Somos lobos. Como vea a ese humano merodeando por aquí, puedes asegurar de que lo mataremos.

–Serán los siguientes en morir si se atreven –apretó los dientes y saltó sobre el otro desafiándolo con la mirada. Se revolvieron por tomar el control uno sobre el otro, pero al final el líder de la manda optó por dejarlo.

–Te estaremos observando. Y estoy seguro que a los demás tampoco les gustará esto –rió antes de irse seguido por el resto de la manada de lobos.

Shirosaki se quedó sentado observando cómo se iban. Entrecerró los ojos y gruñó. Sabía en un principio que Ichigo no sería bienvenido allí y él tampoco, pero mientras estuvieran en los alrededores de la casa, no pasaría nada. Era su territorio al fin y al cabo. Regresó a su forma humana y volvió adentro de la casa, encendiendo las luces en el proceso. Observó como Ichigo estaba forcejeando con su compañero–. Suéltalo Kyosuke. Ya pasó el peligro –la criatura peluda hizo caso, no sin antes darle un lametón en la cara a Ichigo.

–¡Ey! –iba a correr tras él, cuando observó mientras este se iba al lado de Shirosaki, que era un lobo blanco.

–¿Sorprendido? Kyouske, él es Ichigo –el lobo bajó la cabeza en asentimiento. Shirosaki se arrodilló y acarició su cabeza–. Me alegro de que tú no quieras matarle –susurró. El lobo se restregó contra él para calmarlo.

–Nunca creí que volvería ver uno –dijo con una amplia sonrisa en su rostro. Shirosaki miró atónito como Kyouske se iba junto a Ichigo y por otro lado estaba extrañado ya que pocas veces había visto sonreír así a Ichigo, y podía hasta decir que eran contadas.

Ichigo recordó algo en ese momento, después de ver a Kyosuke y acariciarlo. Ya recordaba por qué le sonaba tanto el nombre de Shirosaki. ¿Coincidencia? ¿O el destino estaba jugando con él? Dijo que no creía en todo eso, pero estaba empezando a hacerlo. Todo era tan extraño…


Este es el capítulo más largo y el que menos me convence, pero la historia poco a poco ira cogiendo forma de nuevo. ¡A ver si adivinan quién aparece en el siguiente capítulo! ¿Por qué aún no ha salido en el manga maldición? ;_;

?: Me tienen en cuarentena.

Ichigo: Te lo mereces.

Shirosaki: Pobrecito.

?: ¡Cállate copo de nieve!

Shirosaki: ¿A quién llamas copo de nieve, bola peluda?

Ichigo: ¡Ya déjenlo o reparto ostias!

Mientras estos tres discuten... ¿Reviews? xD