Capitulo 9


Estaba esperando por el, se sentía débil y con dificultad había dejado su cama, pero necesitaba escuchar las últimas noticias sobre Seiya como el nuevo patriarca y lo que seguramente ahora estaba planeando la diosa de la tierra, Afrodita había funcionado como un espía interno y ahora no tardaría en llegar para dar su informe, Kanon esperaba por el en la entrada de su templo cuando de pronto un terrible dolor y ardor se presento en su pecho, por instinto llevo su mano hasta el mismo y noto como esta era manchada de sangre, la maldición, el tatuaje que había plantado la diosa en su piel finalmente se estaba internando en su carne, lo estaba hiriendo hasta hacerlo sangrar y no se detendría hasta que llegara a perforar su corazón, ahora lo recordaba, faltaba tan solo una noche más para que la luna se volviera nueva, estaba perdido, su fin había llegado. Aquel dolor logro que finalmente cayera sobre sus rodillas sujetando con mayor fuerza su pecho tratando de buscar consuelo, pero este no llegaba; escucho entonces unos pasos que se acercaban a él y un par de manos que le jalaban también.

- Kanon, ¿amigo te encuentras bien?- pregunto el santo se Pisis con visible preocupación en su voz

- déjame solo, quiero estar solo por ahora - contesto el peli azul tratando de cambiar el tema para evitar la terrible respuesta

- Pero Kanon...

- Por favor Afrodita déjame tranquilo – el santo de géminis se levanto del suelo y se dirigió con extrema dificultad a su alcoba, el hombre de cabello azul claro le miro con miedo, era más que obvio que su tiempo se había acabado, sabía que se lo había prometido, que no involucraría a nadie más como Kanon se lo había pedido, pero simplemente no podía dejar que un compañero, camarada … y amigo muriera sin que el intentara algo por salvarle… y así lo haría.

Podía sentir el viento frío chocando contra su piel y pese a que usaba ropas calidas aun podía sentir el congelante ambiente envolviéndola, sin embargo tenía que admitir que el lugar era hermoso, el blanco paisaje daba la impresión de estar formado de cristal

- tienes frío, creí que después de haber estado tanto tiempo a mi lado este tipo de climas no te haría daño – dijo Camus vestido con ropas ligeras acercándose a Itza para rodearle con los brazos tratando de brindar calor a ella

- hasta yo tengo mis límites

- ¿en donde están Hyoga y Dinna?

- No pudieron resistirlo y salieron a recorrer los bosques blancos

- Me sorprende que sigan comportándose como unos niños – el sonido de una garganta carraspeando les interrumpió, al girarse notaron la presencia del ahora Rey de Asgard, Sigfried, que les saludaba elegantemente

- Maestro Camus ha llegado el momento, hay alguien en el templo de Odín que desea hablar con usted – sin dudarlo el santo dorado se despidió de su amada y siguió a Sigfried hasta el templo en donde finalmente obtendría respuestas.

Salió despacio de la casa y sin hacer mucho ruido, sabía que su hermano menor había hecho finalmente las pases con su amada June y por el momento, el no tenía nada que hacer en aquel hogar… y ahora que lo pensaba, el nunca tuvo nada que hacer en aquel hogar, el hogar de su hermano, lo mejor era que se fuera, que le dejara hacer solo su propia vida y que el comenzara una nueva, si una nueva vida, no había perdido la esperanza sin embargo… cada día era más difícil el esperar por ella, el esperar por la mujer que amaba y que ahora sentía jamás volvería a tener entre sus brazos.

Continuo por su camino en aquel bosque, el viento comenzaba a mover su azul cabello y eso le distraía un poco de sus pensamiento sin embargo pronto sintió algo perturbador, lo podía notar claramente, había alguien más ahí con él, Ikki no estaba seguro si era una amenaza sin embargo no podía confiarse, siguió caminando aparentando distracción, dejaría que aquel que le observaba se acercara lo suficiente a él para atraparle, en pocos segundos comenzó a escuchar los pasos acercándose y entonces cuando finalmente lo sintió detrás de suyo se giro, pero todo paso muy rápido, de pronto un par de brazos lo rodearon por el cuello y unos calidos labios tomaron los suyos.

Estaba preocupado, había logrado escapar junto con Mina mientras dejaban a Shura encargarse del enemigo, pero desde entonces no había vuelto a sentir el cosmos de su compañero, temía haber hecho algo incorrecto y ahora se arrepentía por completo de haberle dejado solo.

- ahora me dirás que te arrepientes, ¿qué pasó Shion, de verdad la culpa te atormenta tanto? – decía la peli rosa burlándose del ex patriarca, estaba atada pues luego de haber despertado había continuado con su agresiva actitud hacía el joven peli verde, era evidente que aun estaba fuera de si.

- Shion debemos hablar – decía la voz de otro dorado que repentinamente había llegado hasta ellos

- ¿Doko?, ¿que haces aquí?, ¿como nos has encontrado?

- Ya habrá tiempo para explicaciones después, por ahora debo hablar contigo a solas – comentaba mientras le indicaba a su compañero de armas que le siguiera, no muy lejos de la prisionera comenzaron con una charla que pronto dejo de ser del gusto del antiguo guerrero del carnero

- ¿Sabes que esta pasando Doko?

- Si, la santo de Iris me lo dijo, ella y Seiya me encontraron en las afueras del santuario y me contaron todo lo que Apolo pudo ver

- Athena...

- Esta bajo el encanto de la manzana de Eris, sólo ella puede decirnos como liberarla, Hades ha ido a buscarle… Seiya tratara de contenerla lo más que pueda…Shion… escucha… esa chica… Mina esta completamente bajo el hechizo de Athena… es un peligro, en cualquier momento podría traicionarnos debemos…

- ¡No!, Yo me haré cargo de lo que pase con ella, te aseguro que por el momento esta bajo control

- Piensa bien lo que haces amigo… de cualquier forma hay algo más que debo decirte, presiento que todo esto no fue solamente a causa de Eris… creo que hay alguien más detrás…

Estaban siendo escoltadas por un par de santos con armaduras en tonos grises, por el momento no habían hecho movimiento alguno para confirmarlo, pero Persefone podía notar en ellos un gran poder, aquellos hombres les llevaron hasta una especie de salón en el interior de aquella inmensa cueva, no sabía en donde estaba pero podía notar que estaban ocultos bajo tierra.

- me alegra por fin tenerlas de regreso – dijo un apuesto hombre, joven, de cabello platinado y ojos verdes y brillantes, su armadura también llevaba tonos grises sin embargo podía notarse que no era para nada la de un simple santo, si no la de un dios

- ¿de regreso? – pregunto Ceres un tanto confundida

- bueno, lo mencionó a causa de mi querida amiga Eris- contesto el hombre mientras hacia que liberaran a la exuberante mujer, esta dio un paso al frente y sonrió al dios que le recibía alegremente

- tardaste mucho, creí que irías por mi antes - comento coqueta la diosa de la discordia

- tenía un asunto que atender primero, ahora…- dijo soltando a la mujer y acercándose hasta la joven Reina- mi querida señora de la sombras, es un placer tenerla entre nosotros

- ¿quien eres?

- En este momento no puedo contestarle, le aseguro que pronto sabrá muy bien quien soy hay mucho tiempo de sobra, más ahora que tendrá que acompañarnos por un tiempo, espero que se sienta cómoda en su habitación – dijo el platinado al tiempo que indicaba a sus hombres jalaran de ella para llevarle hasta su prisión, la chica no opuso resistencia, su poder estaba completamente enfocado en la conexión que mantenía con su esposo, el le ayudaría y terminaría con aquel sujeto que había osado atacar el santuario y al reino de los muertos.

Dentro de esa cueva, en otro cuarto estaban ellos, estaban atados juntos, las muñecas de él con las de ella y de espaldas por medio de un lazo mágico lleno de un cosmos divino que le hacían imposible de romper.

- estupido santo dorado, lograste que nos capturaran – decía Briha tratando de romper inútilmente las ataduras que la mantenía junto al guerrero de capricornio

- ¿ahora es esto culpa mía? – contesto irritado Shura tratando de hacer con el movimiento de su cuerpo que la chica dejara de moverse pues esto provocaba que los amarres se hicieran más fuertes –fuiste tu quien me ataco y fuiste tu la que nos dejo a merced del enemigo

- idiota, por tu culpa use todo mi poder

- como sea ahora estamos juntos en esto y tendremos que buscar la forma de salir

En ese momento las puertas de aquella extraña sala se abrieron dejando entrar dos figuras que se mantenían en las sombras ocultas además por capas negras que no dejaban mostrar del todo sus armaduras, Shura estaba seguro de que eran caballeros y de alto nivel debido al material gris que podía distinguir en lo poco que podía ver de ellas.

-con que un santo de Athena y un Caído, nos hemos saco la lotería con estos prisioneros

-los encontramos no muy lejos de aqui

- que los cuiden bien, son listos y fuertes y no queremos que se liberen antes de tiempo… podían sernos útiles, que le avisen a nuestro señor que los tenemos aquí, el nos dirá el momento de terminar con ellos

- como ordene – al terminar aquellos hombres salieron del cuarto dejando un poderoso silencio en los santos atrapados en el lugar

Tal vez entre los otros santos no era identificado como uno de los más feroces o de los más hábiles, pero Afrodita de Pissis era mucho más que un simple y bello santo de oro, había esquivado a todos los santos plateados que actuaban como guardianes y vigilantes de los dorados en el santuario por ordenes de Athena, se escabullo entre las sombras y pronto llego hasta el área de las cabañas de las amazonas, buscaba a una en particular y tenía una idea de donde encontrarla. La joven de cabello castaño oscuro estaba afuera cerca de una de las grandes fogatas que adornaban la zona, su naturaleza para con el fuego siempre le atraía a lugares así, se giro rápidamente al escuchar que alguien se acercaba a ella y con sorpresa noto de quien se trataba.

- ¡Afrodita!, me has dado un terrible susto… ¿pero que haces aquí?, ¿como lograste salir sin ser visto?

- Mirha escucha… debo hablar contigo seriamente, es muy urgente… se trata de Kanon

- ¿Kanon?, ¿que ha pasado con él? esta…

- Esta en peligro…

La tarde, casi noche había caído sobre la cabaña en la india, Shaka había llevado a Yahim hasta el lugar luego de la pelea con el invasor, la chica estaba levemente herida pero necesitaba ser atendida para evitar una infección o algo peor, aun y pese a la insistencia de Yahim que mencionaba que se encontraba bien, el rubio había comenzado a limpiar las heridas de su ahora desnuda espalda

- Shaka de verdad estoy bien

- Por favor, me ayudaste, déjame ayudarte también- la peli azul ya no dijo nada, simplemente lo dejo actuar, este había tomado un paño húmedo y con el había limpiado cada pequeña y levemente sangrante herida, sin embargo comenzaba a esforzarse por poner atención en lo que hacía, por momentos sus manos llegaban a tocar la piel de la chica al pasar aquel suave trapo sobre esta, simples toques de piel contra piel comenzaba a mandar corrientes eléctricas por todo su cuerpo y aunque trataba de negarlo eran placenteras, ahora recordaba ya su vida como caballero y ante la cercanía de la chica comenzaba a recordarla a ella, su primer beso, su pelea juntos y su sacrificio… por ella… debía admitirlo al menos para si mismo, si había entregado su vida para abrir aquella puerta había sido por salvarla a ella, por evitar que fuera ella quien se sacrificara, por primera vez en toda su vida no había actuado por la tierra o por su diosa, lo había hecho por su querida Yahim. Aquellas palabras, aquella confesión le dieron a entender el porque lo había hecho y el porque estaba tan nervioso con ella a su lado… estaba enamorado de ella.

Sin quererlo había pasado aquel paño tan suavemente por la espalda de la chica que esta dejo salir un leve gemido, aquel sonido, aquel suspiro salido de sus labios logro que la mente se Shaka se apagara por completo, de pronto el deseo por ella comenzó a brotar en él y es que no podía resistirse a sentirla más cerca a adueñarse de ese calor, sus labios fuera de si bajaron hasta la blanca piel de su espalda y comenzaron a besarle sin recato, al sentirlo la chica se giro a él y en un rápido pero delicado movimiento tomo su rostro entre sus manos y le beso con ternura, con amor y con pasión, no podía negarlo, tampoco había podido resistirse a él, sin embargo y luego de embriagarse del sabor del otro, se separaron, fue Shaka el primero en hacerlo

- Yahim yo…

- Se que tal vez no me recuerdes del todo pero Shaka yo…

- No… te recuerdo perfectamente … mi amada Yahim- comento el antes de besarle de nuevo, estaba tan cegado por el amor por ella, por el tenerla finalmente en sus brazos, por finalmente besarla sin preocupación y cumplir aquello que se había negado.

El beso comenzó a volverse más profundo, el rubio pese a todos los años de entrenamiento, pese a toda su habilidad para la meditación y la concentración ahora simplemente no podía contenerse, de un momento a otro tomo el labio inferior de la chica entre los suyos y le mordió levemente, le lamió y le succiono pidiendo acceso, rogando acceso a la chica que ella simplemente no negó, su legua recorrió cada rincón de aquella cavidad y pronto se enfrento a la de la chica que no quería, más bien no deseaba quedarse atrás. Yahim no pudo contener el suave gemido en sus labios cuando los del muchacho bajaron a su cuello, los húmedos labios y los pequeños toques de su lengua en su piel le estaban transformando en algo que ella no reconocía del todo.

Lo mismo estaba pasando con Shaka, podía sentir su cuerpo hirviendo, deseoso y añorante de sentir más y más de la mujer entre sus brazos, la mujer a la que ahora recostaba despacio sobre la cama, ya no podía contenerse, la deseaba… la deseaba con locura y en su cuerpo ya podía notarse aquello, su entrepierna dura ya rozaba con el muslo de la chica que al sentirlo dejo salir otro gemido lleno de pasión.

Las manos del rubio deslizaron por los hombros el frente del traje de la chica, y una vez fuera de su pecho desnudo este quedo a merced de sus labios, estos bajaron desde su cuello hasta estar en el espacio entre cada monte, pero no se quedarían ahí, sin preámbulo tomo el de su lado izquierdo, su lengua lamió los bordes hasta llegar a la punta para capturarla entre sus labios, para succionarla tan lenta y deliciosamente que un grito de pasión salio de los rojos labios de la peli azul. Aquello no hacía más que encender más a Shaka que pronto tomo el seno del lado derecho para hacer lo mismo. Yahim ahora no deseaba, necesitaba sentirlo, con poco esfuerzo le empujo hasta que este quedo recostado sobre la cama, ahora era ella quien exploraría, comenzó de igual forma por el cuello del apuesto hombre mientras que sus manos recorrían su pecho por debajo de la camisa que pronto dejaría el cuerpo del hombre.

Su pecho era fuerte, marcado no solo por musculos si no por cicatrices de batallas, Yahim comenzó a besarle, a lamer cada pliegue a su paso, sus manos no estaban tranquilas y al mismo tiempo recorrían aquel bien formado abdomen y más abajo, no se había dado cuenta de que había llegado ha rozar con fuerza la excitación de Shaka que ahora formaba un monte entre sus piernas, el joven no pudo evitar dejar salir un gruñido, un gemido ante aquel delicioso gesto y sin más la acerco a ella y le volvió a besar al tiempo que sus manos desprendían de ambos lo restante de las ropas.

Con la piel de los dos desnuda el simple toque de sus intimidades les hacía gemir, Shaka giro de Yahim para dejarla debajo suyo, le beso con ternura mientras se colocaba entre sus piernas, podía sentir la humedad presente y eso le indicaba que ella estaba tan deseosa por el como el lo estaba por ella, luego de unos segundos le penetro despacio, poco a poco, creando un movimiento lento, que con el paso del tiempo y el sonido de los gemidos de la chica se fue volviendo más rápido e intenso, no podía dejar de penetrarla, de sentirla rodeándolo en su interior, de escuchar sus gritos llenos de deseo hasta que finalmente le hizo llegar a la gloria, y luego de unos segundo le siguió.. ahora eran uno y el rubio sabía que de ahora en adelante así sería por siempre.

El rey de Asgard había llevado al santo dorado hasta el templo de Odin, las puertas del mismo se abrieron para darles paro pero Sigfried no avanzo

- Me temo que ella desea verte a solas, esperare aquí afuera por ti

- ¿Ella?

- Entra y la veras – sin otra palabra que le detuviera el hombre de melena azul se adentro en el templo, el lugar estaba decorado con cuadros de los triunfos del dios, pinturas en las que todos y cada uno de los miembros de su circulo divino demostraban el porque habían sido llamados dioses, siguió avanzando hasta que finalmente vio una figura levemente iluminada frente a el

- Me da gusto volverte a ver Camus… hijo mio – dijo la diosa de cabello rubio y azul, piel blanca y ojos tan fríos como el hielo

- ¿Quien eres?, ¿que tratas de…?

- Mi nombre es Skadi, la diosa de del viento invernal, pero algunos años atrás portaba otra imagen y otro nombre – decía la mujer al tiempo que su figura tomaba otra forma, ahora la de una mujer de cabello castaño, ojos color miel, piel rosada y un vestido color violeta – mi nombre era Shanel

- Madre… - dijo el muchacho de acuario reconociendo de inmediato a aquella mujer, tal vez había tenido tan solo cinco años cuando su madre les dejo a el y a su padre un noche de otoño, pero nunca había olvidado su imagen, su recuerdo – pero esto no es posible… ¿como es que tu?

- Miles de años atrás, cuando mi padre Thjasse fue ejecutado acudi a los dioses a pedir un pago por su perdida, ellos me lo brindaron junto con la promesa del matrimonio con uno de ellos, mi corazón deseaba a Baldur hijo de Odin, pero termine casada con… Njord, el joven dios del mar – dijo con algo de tristeza en la voz – no pude vivir mucho tiempo a su lado atada al mar, añoraba las montañas… simplemente escape y me confundí entre los humanos… así conocí a tu padre, un apuesto joven descendiente de un duque francés, vivimos felices mucho tiempo y más a tu llegada pero sabía que me estaban buscando y que de encontrarlos los matarían… tuve que marcharme para salvar sus vidas

- Pero que tontería – bofo el chico- ¿protegernos?, con tu partida mi padre se volvió loco, maltrataba y humillaba a cuanto podía, de entre todos a mi, el viñedo murió y yo no pude más que escapar a Siberia

- Lo se, el hielo te llama, no puedes evitarlo

- ¿Que?

- El poder de los dioses de los hielos esta en ti, en tu sangre, por eso sólo puedes sentirte cómodo, en tu hogar, en lugares así

- ¿Que es lo que quieres?, ¿por que me dices esto?, ¿por que ahora? – la mujer se torno dudativa para hablar, pero tenía que confesarle la verdad para salvarle de nueva cuenta

- Porque Njord esta de regreso buscando venganza con los humanos… a causa mía y de lo que hice, fue el quien se sedujo a Eris y enveneno a Athena, con ella fuera, con el santuario bajo su poder… la tierra y sus habitantes también lo están… y solo tu puedes vencerlos – dijo mientras se acercaba a él hasta el punto de posar su mano sobre su mejilla – debes despertar el poder de los hielos en tu interior… salvarnos a todos…

No tuvo tiempo de decirle más, los ruidos de batalla a fuera del templo les interrumpieron, Camus preocupado por la seguridad de los otros se encamino hasta la puerta, pero Skadi le detuvo una ultima vez

- Camus… un gran poder siempre tiene un precio – el peli azul no le dio importancia, no le escucho, se dio media vuelta y salio rumbo a los demás

Tohon de Landón había llegado hasta las blancas tierras de Asgard buscando al caballero dorado como orden de Athena, pero Sigfried le había impedido el paso al templo, por lo que le había atacado demostrando porque era uno de los Caídos más temidos, Itza lo había visto todo, e inmediatamente se había lanzado al ataque para ayudar al dios guerrero, pero Tohon era muy fuerte

- tu también eres un santo de Athena ¿no es verdad chiquilla?, tal vez si te llevo también, la joven diosa me una recompensa

- ¿Athena es culpable de este ataque?

- De este y de mucho otros

- Eso no importa, por ahora cumpliremos con detenerte – dijo Camus acercándose hasta los rivales – me parece que me estabas buscando

- Justo a tiempo niño – al finalizar aquellas palabras comenzó el ataque, Tohon era el más fuerte de todos los caídos y seguir el paso de la batalla defendiéndose era difícil, Itza se dirigió al débil Sigfried y le pidió les dejara a ellos exterminar al enemigo, que se marchara a poner a salvo a los demás miembros del palacio, el joven rey acepto prometiendo que enviaría ayuda

Camus siempre hablaba en serio cuando de batalla se trataba y ponía todo su empreño en esta, no permitirá que aquel nombre ganara y estaba logrando su cometido cuando repentinamente este observando que la chica estaba distraída había atacado a Itza, la chica por suerte logro esquivar en cierta forma el golpe recibiendo solo una herida en un costado de su pierna, pero aquello extrañamente había hecho hervir la sangre del acuariano, repentinamente sus ojos mostraron odio, ira, algo que nunca era visto en el, su comos se encendió precipitadamente y una fuerte corriente helada le rodeo, el cielo se ocurecio mientras que la temperatura caía de golpe, Itza no podía creer lo que pasaba pero no pudo esconder su sorpresa al notar como repentinamente Camus había tomado a su enemigo por el cuello y mediante este comenzaba a congelarle al punto que su armadura y parte de su piel caía a pedazos, aterrorizada corrió hasta el para tratar de detenerle pero el golpe de un fuerte viento le hizo a un lado, la nieve frente a ella se volvió más espesa y cuando finalmente la tormenta había pasado… Camus ya no estaba.

Athena miraba a los caballeros de plata entrando a su salón como había ordenado, portaban encadenada con cadenas llenas del cosmos de la diosa a Leda como prisionera, al verla la chica trato de liberarse pero era imposible, entonces la diosa se acerco a ellos

- buen trabajo han traído a la traidora

- ¿de que diablos habla?, mi señora Athena yo no he hecho nada para...

- mi ordenes eran que ninguna amazona entrara a los templos de los santos dorados y sin embargo tu te atreviste, tu siendo una amazona de Afrodita, si hiciste algo así que previene que hagas algo peor, te quiero fuera de mis tierras, tu castigo será el ser exiliada del santuario para siempre

- ¿que?

- debo admitir que soy benevolente, no te dejare sin hogar y menos en tu posible estado, este hombre ha aceptado recibirte – Leda no entendía lo que pasaba pero se horrorizo al mirar a Xyo entrando por la puerta, bajo las ordenes de la diosa los santos de plata acercaron a la chica hasta otros guardias que aquel lemuriano llevaba con ellos, gracias a las cadenas de poder de Athena simplemente no podía defenderse mientras era arrastrada hasta la salida, el anciano se inclino ante la peli lila para agradecer por su ayuda y luego le dio la espalda para retirase, los plateados querían decir o hacer algo pero bajo la terrible mirada de su diosa no pudieron hacerlo

- mi señora, Mu de Aries opuso mucha resistencia a este arresto, ¿valía la pena tanto castigo?

- ¿me estas cuestionando Misty?

- no mi señora

- retírate y has lo que te he ordenado con el santo dorado

- si mi señora – justo cuando estos salían del salón entraba Seiya que lo había visto y escuchado todo, era el momento de enfrentarla, ahora que estaba a solas en la sala del trono sería el momento para obtener respuestas de por lo menos lo que había presenciado ahora y la noche anterior.

- ¿quien era ese hombre?

- ¿A que te refieres mi adorado Seiya?

- Sabes muy bien de que hablo, ¿que estaba pasando con ese hombre?, un lemuriano si no me equivoco, con las mismas marcas que tiene Mu

- ¿que con eso?

- Mu de Aries siempre ha sido un buen amigo y un fiel caballero a tu causa Saori, de verdad espero no estés provocando nada para causarle un daño que…

- Debes dejar de preocuparte tanto por algo que no te incumbe y dedicarte a seguir mis indicaciones fielmente como siempre lo has hecho – aquellas palabras de alguna forma hirieron al santo de Pegaso, debía de tener paciencia pero si la vida de un amigo corría peligro no sabría como detenerse

- No – dijo haciendo que la chica de pelo lila le mirara con sorpresa – no mientras atentes con un amigo

- Seiya no me retes o me las pagaras muy caro, eres un maldito – dijo la chica a punto de golpearlo, pero simplemente no pudo, los ojos que el le mostraba de alguna forma le herían y no podía seguir con aquello, simplemente se dio la vuelta y dejo al santo de Pegaso solo en el salón.

No muy lejos de un grupo de caballeros de armadura gris se preparaba para sus ordenes de invasión.