¡He vuelto! Este es el capítulo más largo… ¡Y se vino lo bueno! Espero que lo disfruten.
Advertencia: Este capítulo contiene escenas de sexo si no te gustan, ¡no lo leas!
¿Fue acaso una falsa alarma? No veía a Grimmjow en ninguna parte y mucho menos lo sentía. Entonces Shirosaki se rió de nuevo y le dijo al peli naranjo que le había engañado. Este gruñó. ¿Qué significaba eso? Eso pareció molestarle más de lo que Shirosaki esperó. No quería que se lo tomara tan mal.
–¿Por qué tan molesto? ¿Eh, fresita? –se agachó cuando vio el puño de Ichigo ir directo a su cara.
–No me digas así –dijo con aura de fuego rodeándolo. Shirosaki volvió a reírse.
–Sólo es que tengo que hacer el almuerzo. ¿Por qué no vas con Kyosuke un rato?
Ichigo se marchó gruñendo.
El lobo se paró al lado del enojado Ichigo y se sentó junto a él, imitando todo lo que hacía. Llegó un momento en que el peli naranjo se dio cuenta– ¿Qué haces?
–Animarle –contestó.
–Oh vale –silencio…– ¡Me has hablado!
–Y usted me ha oído. Que sorpresa –el lobo movió la cola y se puso en pie sobre sus cuatro patas.
–Bueno… A Shirosaki también pude oírlo la primera vez –pensando en eso. Aún no entendía cómo era que Shiro era también un lobo. Se perdió esa parte de la historia.
–Es curioso. Sabe, yo opino que el maestro y usted hacen buena pareja.
Ichigo no contestó a eso. Ni siquiera él mismo sabía lo que le estaba pasando. Era todo tan nuevo y ajeno que no se sentía siquiera en su propio cuerpo. Se llevó la mano a los labios y suspiró. Por poco pasan a cosas mayores. ¿Hubiera estado bien si hubiera pasado o las cosas estaban mejor sin ello?
–Lo siento, no quise molestarle con ese comentario –dijo Kyosuke al ver que el peli naranjo no contestaba.
–No me has molestado… es solo que…
–Reconozca que le gusta.
La cara de Ichigo se puso roja. Meneó la cabeza de un lado a otro. ¡De ninguna manera le gustaba ese bastardo!
–De hecho el maestro tuvo…
–Kyosuke, ¿se puede saber que le estás diciendo? –Shirosaki estaba parado en la puerta de la cocina mirando al lobo con el ceño fruncido. Ichigo saltó al oír su voz y bajó la mirada. No era capaz de mirarlo a los ojos después de todo lo que había pasado.
–Oh. Nada importante maestro. Solo preguntaba por sus intereses –a Ichigo le pareció que el lobo sonrió por un momento. Gruñó ante eso.
–Discúlpale. Es joven –cerró los ojos y se cruzó de brazos–, y cotilla. No te metas donde no te han llamado.
Kyosuke le gruñó enseñando todos sus dientes. Eso pareció molestarle. Le dio la espalda a Shirosaki, giró la cabeza y lo miró despectivamente.
–¡Oh muy bien! –exclamó sintiéndose ofendido–. Veamos qué opina Kagura de esto –el albino regresó a la cocina dejando atrás a un indignado Kyosuke y a un confuso Ichigo. ¿Ahora quién diablos era Kagura?
El peli naranjo sentía cierta tensión en el ambiente. Suspiró exasperado. Definitivamente odia a ese idiota. Se burla de él, lo insulta y encima es arrogante con todo el que se le cruza. Sí, Shirosaki era muy arrogante en algunas ocasiones. ¿Solo algunas?
De pronto pudo sentir la rabia que sentía Kyosuke. ¿Tanto se había ofendido el lobo?–. Oye Kyosuke… ¿Quién es Kagura?
El lobo se calmó y gruñó–. Una de las tantas hembras con las que el maestro ha tonteado. Pero ella está tan apegada a él que sigue viniendo. De hecho, me llevo a muerte con ella –Kyosuke decidió dejar ahí la conversación cuando vio como Ichigo cerraba sus manos con fuerza y apretaba los dientes. No debió de contarle eso, y menos mal que decidió no contarle el pasado de su maestro y Grimmjow.
-¿Qué soy para él? ¿Un objeto? –pensó Ichigo con ira. Algo ardía en su pecho y no sabía de qué se trataba, pero no era agradable. Las palabras de Kyosuke le habían hecho pensar. Odiaba que su cabeza fuera a esos pensamientos tan precipitados. Se sentía además… ¿Engañado? ¿Decepcionado? Se llevó las manos a la cara y dejó escapar un suspiró entrecortado.
Cálmate Ichigo. Harás que llueva –habló Zangetsu desde lo profundo de su mente. La vieja espada miró al cielo y como este empezaba a nublarse bastante rápido.
–No lo entiendes Zangetsu…
Yo comprendo muy bien, eres tú el que no lo entiende. ¿No será que estás celoso?
¿Celoso él? Zangetsu lo conocía menos de lo que pensaba. ¿O es que se negaba a creer que fuera así como se sentía? Si su zanpakuto quería ayudar sería mejor que lo dejara porque estaba consiguiendo el efecto contrario. Lo único que quería en ese momento era regresar a casa. Volver a su vida normal, bueno, lo que él llama normal. Todo lo que estaba pasando era demasiado irreal, necesitaba salir de esa especie de sueño donde empezaba a sentir cosas que jamás había vivido. ¿A dónde iría a parar esa locura?
Cuánto antes aceptes lo que sientes, más sencillo será todo.
Ichigo ignoró las palabras de Zangetsu. De ninguna manera iba a aceptar que sentía algo por el idiota muñeco de nieve. Pero con solo recordar las caricias, sus besos, lo cerca que estuvieron… Todo en su interior se sentía contrariado…
Shirosaki era casi incapaz de concentrarse en hacer el almuerzo. Sus manos se movían automática y torpemente a través de los utensilios. Frustrado, golpeó la encimera haciendo que un cubierto cayera al suelo. Se quitó las lentes, las dejó sobre la mesa y se sentó en una silla.
Todo estaba yendo demasiado lejos. En un principio, él no sentía nada por Ichigo. Solo era el deseo de devolverle un favor, de que pudieran llevarse bien y ser amigos. Lo que había pasado antes había sido solo por necesidad. Bien sabía que era época de apareamiento y como parte de bestia que tenía, no podía evitarlo. Y después de lo que había pasado, después de que hubiera saboreado el aroma del cuerpo del peli naranjo… Se había hecho adicto a él sin darse cuenta. Lo deseaba como ninguna otra cosa. Lo que temía es que ese deseo ya no era carnal.
Sin embargo, aunque sabía que podría hacer suyo al peli naranjo en cualquier momento, Grimmjow estaba en los alrededores.
Una sonrisa sádica asomó en su rostro. Eso hacía las cosas más divertidas aún–. Oh Grimmy querido… Me gustaría ver tu cara si supieras de esto –se levantó de la silla y se estiró, la sonrisa no abandonaba su cara. Tenía mucha curiosidad por saber cuáles eran los límites de Ichigo. Le haría saber, y esa vez muy en serio, que ambos se necesitaban.
Ichigo aún seguía sentado en el salón, ya más calmado y observando un poco más la estancia. El salón era claramente amplio, con tres sofás, una estantería llena de libros, una lámpara de lectura y una mesa redonda y grande en otro extremo. También había una alfombra en el suelo que estaba bastante limpia. Ichigo se preguntó quién limpiaría el lugar mientras Shirosaki no estaba. Se levantó y caminó hasta una pared cercana observando un cuadro sin tener otra cosa en la que fijarse.
El albino no tardó mucho en reunirse con él.
Kyosuke movió las orejas, alegre–. Los dejo solos –ambos miraron hacía él mientras se iba.
–No entiendo por qué aún llevas eso puesto –le dijo volviendo la atención a él, cruzándose de brazos y mirándolo con el ceño fruncido.
–Eres lindo cuando te pones así –bromeó y arrinconó a Ichigo contra la pared, ambas manos a los lados de su cabeza y tendió una mano para tocarle la mejilla a Ichigo. Este golpeó su mano instantáneamente. De nuevo le entró ese pequeño estado de pánico. Maldijo a Grimmjow otra vez.
–Deja de hacer eso –le espetó. Shirosaki levantó una ceja.
–¿Deje de hacer qué? ¿Tocarte?
–¡No! ¡No me importa eso! ¡Yo-!
Shirosaki sonrió con picardía e Ichigo sintió sonrojarse.
–Espera, ¿no te importa que te toque?
–No me estás escuchando –murmuró Ichigo. Shirosaki le dirigió una mirada curiosa. Cuando Shirosaki no dijo nada, Ichigo decidió continuar–. Mira, Shiro, hay un montón de cosas para asimilar ahora, ¿vale? Y luego estás tú y-
–Entiendo –Ichigo miró a sus ojos y en ese momento no podía ver nada en ellos. El corazón del peli naranjo se aceleró, en su mente tenía pensamientos confusos y… deseos.
Shirosaki se acercó a él, respirando junto a su oreja. Un escalofrío le recorrió la espalda a Ichigo, debido a la proximidad del cuerpo del peli blanco con el suyo. Casi podía sentir su calor irradiando de su cuerpo y hacer que el suyo propio sintiera un calor insoportable.
–Ichigo –susurró sensualmente. Ichigo se mordió el labio inferior para contener un gemido. Joder, eso sonó tan bien. Casi podía sentir a Shirosaki sonriendo cerca de su rostro.
–Di… -tartamudeó–. D-dilo de n-nuevo…
Esta vez, los labios de Shirosaki presionaron contra la oreja de Ichigo y mordió ligeramente la piel del adolescente –Ichi… -estiró la palabra–…go.
Ichigo se quejó audiblemente–. No me jodas… –jadeó y de repente selló sus labios con los de Shirosaki. Él no discutió y le devolvió el beso con la misma pasión. Envolvió los brazos alrededor de Ichigo y lo mantuvo cerca, sus labios no se separaban ni por un segundo. Cuando lo hicieron, fue para que Shirosaki bajara hasta su cuello y chupara suavemente. Ichigo gimió y retorció los dedos en su blanco cabello.
–Yo no miento cuando digo esto, Ichigo –continuó con la voz entrecortada–, tengo sentimientos muy fuertes por ti.
Ichigo gruñó en respuesta. Como le gustaría decir con seguridad esa misma frase.
Otros intensos segundos pasaron, Ichigo no pudo evitar cerrar los ojos y concentrarse en esa extraña sensación. A medida que las manos de Shirosaki descubrían su pecho y bajaban por su abdomen y su espalda, podía decir que se sentía tremendamente confortable.
Un peligroso placer lo invadió de repente cuando la mano de Shirosaki rozó su vientre bajo. Se maldijo a sí mismo por un momento. ¿Cómo era capaz de hacerle sentir tan condenadamente bien? Encima iba vestido con aquel traje de mayordomo que lo hacía ver tan sexy… Volvió a maldecirse. Eso no podía estar pasando. ¿Pero a quién le importaba si aquello estaba bien o no? A la mierda con todo. De todas formas, su cuerpo tenía un límite. Tenía ganas de decirle que hiciera de todo con él y a la vez no.
–Me arrepentiré de esto –murmuró. Al poco vio a Shirosaki sonreír maliciosamente.
–Estás diciendo de una manera indirecta que algo va a pasar –siguió acariciando lentamente la piel de Ichigo y de alguna manera lo estaba haciendo sufrir con esos movimientos tan lentos.
–Te mandaré al infierno, estúpido.
–Eres tan inocente… –se acercó de nuevo a su oído– ¿No piensas gemir como antes?
Su rostro se torno más rojo de lo que estaba y si pudiera lo hubiera golpeado en ese mismo instante–. No voy a darte ese placer.
–Te haré el menor daño posible… Lo prometo.
–¡Qué! ¡Yo no voy a hacer nada con-! –sus labios fueron apresados de nuevo, mientras una mano pálida encontraba el cierre de los pantalones del peli naranjo. Cuando se separó un poco de él, terminó lo poco que le quedó de la frase–…contigo…
Entre besos y caricias notó como Ichigo iba oponiendo cada vez menos resistencia y con la batalla ya perdida por parte de Ichigo, sus pantalones y su ropa interior quedaron en quién sabe dónde.
–¿Por qué ya no te resistes? –volvió a atacar su cuello y en ese momento se percató de algo –Ichigo.
–Hmm… -apenas podía hablar con coherencia. Prefirió no decir nada.
–¿Grimmjow te hizo algo? Dime la verdad –Ichigo desvió la mirada. No quería recordarlo–. Lo suponía. Pero no te preocupes. Pronto él no podrá hacerte nada.
Eso último Ichigo no lo comprendió, pero prefirió ignorarlo por el momento.
Sin dejar de mirar a los ojos de Ichigo empezó a bajar su mano para apoderarse de la creciente excitación del mismo, sonrió descarado al ver como el rostro del chico se tornaba rojo tomate de golpe.
En un vaivén delirante se trasformaron los movimientos de su mano, era claro que Ichigo no había hecho nunca una cosa así, su rostro demostraba por todos lados impresión pero al mismo tiempo lujuria contenida, después de que Shirosaki le comentó lo de los gemidos, él se negó a soltar ni uno solo, todavía creía que le quedaba un poco de dignidad, pero su cuerpo le falló, aquella sensación de calor en su bajo vientre, los espasmos, el cosquilleo, las manos de aquel hombre, no aguantó más, tuvo que soltar en un gran gemido el nombre de Shirosaki, lo que le había hecho sentir era único, su cuerpo temblando de placer por el orgasmo, aquella sensación de felicidad indescriptible le llenó la mente y el cuerpo.
–¿No dijiste que no gemirías? –preguntó mientras se lamía sus dedos con lujuria. Ichigo sentía querer matarlo con ese comentario. Sin pérdida de tiempo se deshizo de sus pantalones ante la mirada sonrojada del peli naranjo. Tomó al shinigami por las caderas con ambas manos y le acercó más hacia él, un roce atrevido volvió a sentirse entre ambos.
En un acto de atrevimiento, Ichigo acercó a Shirosaki hacia él y deslizó su lengua por su cuello a la vez que desabrochaba los botones de su camisa. Eso tomó al albino por sorpresa, pero no opuso resistencia. Cuando ya su camisa estuvo desabrochada bajó de su cuello y lamió su torso desnudo para después atrapar uno de sus pezones entre sus dientes. Shirosaki pasó sus manos por el cabello naranja de Ichigo. Eso era tan sorprendente como increíble. Aprovechó que el joven estaba distraído para deslizar sus dedos hasta su entrepierna. Ichigo dio un respingo al notarlo.
–Relájate. No duele demasiado–Ichigo asintió y tomó aire para luego soltarlo lentamente. Pronto sintió la incomodidad de algo intruso en su interior, pero no fue tan horrible como pensó que sería. Cuando ya hubo acostumbrado, Shirosaki introdujo el segundo dedo y luego el tercero, moviéndolos hacia fuera y hacia dentro y supo que encontró el punto que buscaba cuando Ichigo dejó escapar un grito gutural.
–¡Oh dios Shiro! ¡Ha-haz eso de nuevo!
Shirosaki sonrió ante la suplica y volvió a golpear ese punto que hacía que el joven gritara de placer.
–Ya… basta con los dedos –habló entre jadeos–. Hazme tuyo.
–Como ordene, majestad –sacó los dedos y en su lugar introdujo su miembro. Ichigo gritó, ¡no imaginó que fuera doler tanto!– ¿Estás bien?
–Sí… Es solo que… yo… -no era capaz de formular ni una sola frase coherente. Estaba perdido en algún punto entre el dolor y el placer–. Ya se me ha pasado…
–¿Seguro? –Ichigo asintió. Shirosaki se frenó lo más que pudo y empezó a moverse lentamente, haciendo el esfuerzo extra de mantenerlo contra la pared.
Sus manos se aferraron al cuello del peli blanco para poder soportar el dolor del momento. Shirosaki empezó a besarle para calmar su angustia. Cuando estuvo seguro de que ya estaba bien, empezó a balancear sus caderas con algo de fuerza. Estaba realmente deseoso de sentir más y más aquel cuerpo.
–Dios Ichi… tan estrecho… –murmuró acelerando el paso poco a poco, volviéndolo un vaivén delirante hizo que otra vez Ichigo se sintiera en el paraíso, tocaba con cada embestida aquel punto de placer que le hizo olvidar el dolor con rapidez. Su excitación crecía por cada suplica del joven por aumentar el ritmo. Una de sus manos se volvió a tomar el control de la naciente excitación del peli naranjo. Más jadeos y gemidos iban dirigidos con pasión a los oídos de ambos, el paso se aceleró hasta el punto que Ichigo sintió como los espasmos y unas últimas embestidas dejaron dentro de él el orgasmo del bastardo arrogante, unos segundos después del suyo.
Con un último esfuerzo se arrastraron hasta el sillón. La cabeza de Shirosaki estaba sobre el apoyabrazos del sillón, con el cuerpo de Ichigo sobre él, su cabeza sobre su pecho.
–Eso ha sido…
–Lo más espectacular que he vivido nunca… –completó la frase el albino.
–Te amo… -fueron las últimas palabras de Ichigo antes de quedarse dormido sobre él.
–Yo… sí, yo también –sonrió contento de admitirlo y acarició los cabellos naranjas. Ese shinigami cabezota era lo mejor que le había pasado en su desastrosa y solitaria vida.
¡Aaaaw! ¡Al fin! ¡Es la primera vez que escribo esto así que espero que haya sido de su agrado! Pero no todo puede ser felicidad (música tétrica) me pregunto que pasara ahora... Al menos estos dos se confesaron, ya era hora, ¿no?
