Se preguntaran… ¿Y adónde se fue Grimmjow? Bueno, ya lo sabrán pronto. Saltemos con el capítulo.
–Ichigo, despierta –escuchaba una voz lejana. Pero apenas entendía las palabras de quién quiera que le estuviera hablando. No quería despertarse– ¿Voy a tener que abofetearte otra vez?
Shirosaki suspiró. Podía caer una bomba atómica e Ichigo no se enteraba de nada. Se recogió la manga hacia atrás y abrió la mano, pero en ese momento Ichigo saltó de donde estaba recostado.
–¡Peces voladores! (1)
Shirosaki parpadeó asustado por el repentino grito.
–Oh Shiro eres tú… –se llevó una mano a la frente y se dejó caer hacia atrás– ¡Me perseguían unos cerdos ninja y peces voladores!
–Pero tú con que mierdas sueñas –se preguntó el peli blanco mirando al shinigami con una gota en la cabeza.
–Shiro…
–¿Hm?
–¡Me duele todo! –se quejó como un niño pequeño al que no le daban su caramelo.
–Oh vaya –sonrió con sorna–, ¿fui muy duro?
Las mejillas de Ichigo se tiñeron enseguida de rojo. Cogió lo primero que encontró y se lo tiró a Shirosaki a la cara, que resultó ser un libro de tapa dura. El albino pensó que era mejor que le hubiera lanzado eso que un diccionario.
–¡No digas eso con tanta calma, idiota!
–Hicimos el amor. ¿Qué problema hay en decirlo? –preguntó mientras se levantaba del suelo y recogía el libro en el proceso.
-¡Q-que es vergonzoso d-decirlo así!
Shirosaki se rió mientras caminaba hacía la estantería para dejar el libro en su sitio. Hacer a Ichigo sentir vergüenza fue más fácil de lo que pensaba que era. Era un adolescente de aspecto duro, pero es todo un osito tierno por dentro. Y si había algo que a él le gustaba es que se siguiera sonrojando como si fuera virgen, cosa que dejó de serlo hace unas horas.
El peli blanco se marchó a la cocina alegando algo sobre que no habían comido y que tendría hambre.
–Ese idiota de Shirosaki… -masculló Ichigo a la vez que se levantaba del sillón. Una venita creció en su sien cuando notó que aún seguía desnudo. Lo normal con el frío que hacía allí… ¡era que al menos lo hubiera cubierto con algo! ¡Si es que iba a matarlo! Buscó con la vista su ropa, pero no la veía en ninguna parte. Gritó el nombre de Shirosaki y le preguntó por su ropa. Este le contestó de vuelta diciendo que la había puesto a lavar, pero que había ropa en el armario de la habitación.
Ichigo suspiró y subió las escaleras. Lentamente. Llegó hasta a la habitación y se agachó para abrir los cajones. Era cierto que la ropa de Shirosaki debería servirle a él también. Solo que la ropa del peli blanco era un poco antigua y no le extrañaba demasiado. Se vistió de nuevo con algo que pudiera abrigarlo y se agachó de nuevo para cerrar el cajón, pero algo le llamó la atención. Al fondo de este había una caja de color rojo que parecía intacta. Debía haber algo importante ahí dentro. Ichigo decidió que lo que hubiera ahí no era de su incumbencia pero… ¡La curiosidad podía con él! Mirando hacia la puerta de la habitación, se aseguró de que no había nadie a la vista y cogió la caja para luego abrirla. Su interior lo dejó boquiabierto. Era increíble incluso que se hubiera acordado de esa cosa. ¿Por qué guardaría Shirosaki algo así? Sacó el objeto de la caja y lo extendió. Sí, definitivamente era aquel pañuelo con el dibujo del lobo que hizo en la primaria y el cual usó para vendar la herida de Shirosaki. Vaya, eso le trajo muchos recuerdos y nuevas dudas. ¿Qué hacía él en Karakura aquel día? Suspiró y volvió a dejarlo dónde estaba.
Caminó decidido a la cocina y se paró apoyado contra el marco de la puerta–. Shiro –el mencionado giró la cabeza distrayendo su atención de la cocinilla–. Tenemos que hablar.
Shirosaki suspiró cansado– ¿De qué?
–De cuando nos conocimos –eso pareció aliviar al albino. Ya pensó que iban a hablar sobre su relación o algo como eso. Y odiaba hablar de esos temas desde que no tiene ni idea de ellos– ¿Qué hacías en Karakura?
Shiro se sorprendió por un momento de la pregunta. ¿Qué que hacía en Karakura? Ni él mismo lo recordaba. Hizo memoria mientras regresaba su atención a poner la comida en los platos–. Oh ya me acuerdo. Estaba buscando a alguien –chasqueó la lengua. Pero seguía sin recordar a quién
Shirosaki cogió los platos y los puso sobre la mesa. Fue a un cajón cogió dos cucharas y las dispuso. Nada mejor que una sopa caliente para aquel horroroso frío –Sí bueno… -se sentó y cogió la cuchara–. Empezaré por el principio. Esta casa tiene muchísimos años, porque era de mis padres.
Ichigo casi se atraganta con la comida. ¡¿Tiene padres?! Tosió varias veces antes de hablar– ¿Hablas en serio?
–Qué creías, ¿Qué salí de la nada? –Espetó un poco enfadado–. Claro que tenía padres. Pero digamos que eran… especiales.
Ichigo no dijo nada más. Se iba a quedar en silencio escuchando y solo hablaría cuando tuviera la necesidad de hacerlo.
–Mi madre era una Arrancar y mi padre un shinigami. De ahí que yo sea… una mezcla de las dos cosas. En realidad, soy una 'cosa indefinida' –suspiró.
–No eres ninguna ''cosa''. Tú eres tú.
Shirosaki rió–. Nunca pierdes la oportunidad para sonar bien, ¿eh?
–Que te den –gruñó sonrojado mirando hacia la sopa–. Pero… ¿cómo es que-?
–¿Soy un lobo? –terminó la pregunta formulada a la vez que se echaba atrás en la silla y miraba al techo–. Bah, esa historia es muy larga. Hasta es un poco surrealista.
–Je, creo que puedo vivir sin saberlo.
–No tienes… ¿la sensación de estar viviendo en un sueño?
Ichigo se tomó un poco de tiempo para responder, pero sí que lo parecía. De la manera en que había cambiado todo en tan poco tiempo. Lo que incluso él había cambiado… ¿De verdad quería tomar ese cambio por las buenas? No. Tenía que dejar de hacerlo. No quería llegar al punto donde ya no sería él.
–Shiro… Entiendo que quieras protegerme, pero… Esto está yendo demasiado lejos para mí –pudo ver la mirada confusa que le dirigió el albino–. Yo sé que esto traerá cambios, pero sinceramente, hablando desde dentro, no quiero cambiar nada. Regresaré a Karakura y me enfrentaré a los shinigami si es necesario. Ese sí soy yo.
Shirosaki lo observó detenidamente. No había quién se resistiera a esa determinación reflejada en sus ojos. Resopló y miró hacia la mesa. Tenía que dejarlo ir si eso era lo que quería. ¿Pero estaría bien si lo dejaba marchar solo? Claro que sí. Ichigo no era para nada débil, podía confiar en que él sobreviviría a lo que le echaran encima–. Está bien. Puedes irte. No te retendré.
–Tú… ¿no vendrás? –negó con la cabeza–. Está bien. Yo… ¡convenceré a los shinigami de que no eres malvado y volveré a buscarte! –eso tomó por sorpresa a Shirosaki. ¿Cómo pensaba hacerlo?–. Nosotros somos muy contrarios, soy muy consciente de ello y aún así te quiero –se sonrojó y se levantó de golpe de la silla– ¡Pero tampoco me hagas repetirlo muchas veces!
–No es necesario –se levantó también y tomó a Ichigo de la mano. Subieron escaleras arriba y Shirosaki rebuscó algo entre los cajones de la habitación, ¿dónde había guardado esas cosas? Cuando al fin encontró lo que buscaba sacó de la bolsa un guante saca almas. Lo utilizó para sacar el alma de Ichigo de su cuerpo–. Vete.
Un escalofrío le recorrió la espalda al escuchar el tono de voz de Shiro. ¿Estaría enfadado por qué se iba?–. Confía en mí, Shiro. Volveré con buenas noticias.
–Estaré esperando.
–¿Qué te pasa? –no hay respuesta. Ichigo se frotó la nuca, nervioso –Escucha, sé lo que se siente cuando te dejan atrás. ¡No es que te esté dejando atrás! Pero… De alguna manera, creo que entiendo como… –fue sorprendido cuando de repente Shirosaki lo abrazó– ¿Shi-Shiro?
–Prométeme que vas a tener cuidado –le susurró cerca del oído–. Si cualquier cosa pasa… avísame. Seguimos estando conectados, ¿recuerdas? Solo dile a Zangetsu.
–Sí –correspondió el abrazo por unos segundos antes de soltarse.
–Le pediré a Kyosuke que te acompañe hasta la estación, no quiero que seas atacado por los lobos –salió de la habitación para ir a buscar a Kyosuke. Ichigo mientras bajó hasta el salón y permaneció allí con la cabeza gacha, pensando seriamente en lo que estaba a punto de hacer. Estaría bien, sí. Sabía que podía confiar en shinigamis como Rukia y Renji. Podría empezar por contarles a ellos.
Kyosuke no tardó en encontrarse con él seguido de Shirosaki. Ichigo abrió la puerta y el aire gélido le golpeó en la cara, pero no le dio importancia. Por última vez corrió hasta Shiro y lo besó antes de marcharse–. Cuídate tú también –le pidió el peli naranjo. Se dio la vuelta y se marchó corriendo al lado de Kyosuke. Shirosaki se llevó los dedos a los labios. Le echaría de menos por una temporada. Ahora, tendría que hacerse cargo de sus propios asuntos. Empezando por cierto peli azul molesto.
(1) Sí, a veces Ichigo tiene sueños extraños, todos lo sabemos. Aunque en el manga sale más veces que en el anime. Uno fue de huevos explosivos recuerdo xD
¡Buh! ¡Ichi se fue! ¡Pero cómo es posible! ¿Y por qué no fue Shiro con él si puede entrar en su mundo interior? Creo que me odiaran profundamente en el siguiente capítulo. ¿Qué creen que pasará?
