No solo internet me va mal, ahora mi pc también parece odiarme. ;w; ¿Pero que les hice?


Todo estaba oscuro. Muy oscuro. Escuchaba un pequeño goteo y apenas veía la luz de una pequeña antorcha. La principal pregunta que le llegaba a la cabeza era dónde estaba y cómo llegó ahí. Recordaba haber escapado de Byakuya, luego se encontró con la teniente del doceavo escuadrón y luego… nada. Realmente lograron cogerle. Maldijo en voz alta y golpeó el suelo con el puño. Aún seguía en su forma de bankai, pero Tensa Zangetsu no estaba con él. Buscó la espada con la mirada, pero al no verla trató de comunicarse con él.

¿Dónde diablos te escondieron?

No lo sé. Está todo muy oscuro.

Genial…

Deberías regresar a tu forma original. El bankai consume un poco más deprisa tu reiatsu. Será mejor que lo guardes para luego.

No sabes con quien estás hablando Tensa.

La zanpakuto rió. Sí que lo sé, pero solo es un consejo. No te sirve estar en bankai ahora mismo.

Sí, en eso tienes razón.

Regresó a su forma de shikai y se mantuvo sentado en el frío suelo de lo que parecía una celda. Una celda que no parecía muy higiénica cabe añadir. Escuchó pasos e inmediatamente se levantó para asomarse por las rejas. Supuso que era un guardia así que le llamó. El guardia caminó hacia él preguntándole con voz grave e impaciente que era lo que quería. Ichigo solo le preguntó dónde estaba. Y la respuesta fue en una de las celdas del escuadrón doce. Ya decía Ichigo que ese lugar era muy raro, demasiado incluso para una estúpida celda.

No le habrás dicho nada a Shirosaki, ¿verdad?

No, ni una palabra. Se alarmaría sin motivo. Solo estás encerrado. Luego te llevarán a la Central 46 y en algún momento tendremos alguna vía de escape. Espero que no te sentencien a muerte.

No lo harán –sonrió Ichigo–. Quieren saber dónde está Shirosaki, así que supongo que querrán que les dé esa información. Claro que no lo conseguirán.

Zangetsu se quedó callado ante esa teoría. Pero estaba preocupado que dejaran a Ichigo vivir por ese propósito. Se preguntaba con cierto temor hasta donde era capaz de llegar la Sociedad de Almas para acabar con Shirosaki.

Pronto llegaron unos guardias distintos al que estaba allí. Esposaron sus manos, sellaron su reiatsu mediante collar hecho para ello, y taparon sus ojos. Lo arrastraron por el Seireitei de una manera parecida a como llevaron a Rukia hasta el palacio de la penitencia.

La verdad es que estaba un poco asustado. Nunca había visto a esos tipos de la Central. Sabía que sus decisiones eran casi inamovibles, así que debían de imponer bastante. Y eran 46. ¿En qué mierda se había metido?

Cuando llegaron hasta el lugar, le quitaron la venda de los ojos y lo obligaron a sentarse en una silla con las manos esposadas a ella. Sentir todas las miradas de aquellos ancianos sobre él, le ponía la piel de gallina.

–Kurosaki Ichigo –empezó diciendo una voz bastante grave–. Has sido acusado de traición a la Sociedad de Almas relacionándote y huyendo con el enemigo. ¿Tienes algo que decir en tu defensa?

–Solo soy un shinigami sustituto. Soy aún un humano. ¿Acaso no pueden dejarme en paz con sus decisiones? –preguntó intentando no perder la calma.

–Tu condición entre la vida humana y la de shinigami está fuera de cuestión. Como shinigami estás bajo las reglas de este mundo. Si no tienes nada que decir, dictaremos tu senten-

–Te-tengo algo que decir –interrumpió un poco nervioso.

–Adelante.

Los ancianos de la Central estaban siendo flexibles con el shinigami por la cantidad de veces que les había ayudado. Pero no podían permitir ese tipo de cosas, debían mantener un orden.

–Mi condición como humano si importa –una mujer iba a hablar para volver a repetirle que eso estaba fuera de ese juicio, pero Ichigo continuó hablando–. A mí me importa lo que siento, aunque ustedes los shinigami no piensen demasiado en ello. Sé que a veces no hago las cosas correctas, pero hay algo de lo que estoy seguro. Estoy haciendo bien en proteger a la persona que tanto quieren destruir porque... es mi amigo.

La Central se quedó totalmente y luego se escucharon muchísimos cuchicheos y murmullos. Ichigo no estaba nervioso al momento de decirlo, pero deseó no haber dicho eso más tarde. Si ahora no lo condenaban a muerte era de milagro.

–Kurosaki Ichigo. Se ha dictado tu sentencia –allá iba. Su corazón parecía ir a mil por hora mientras trataba aún con esfuerzo de mantener su respiración bajo control–. Serás encerrado durante catorce días. En ese tiempo tienes la opción de revelar la posición del enemigo. No, eso no es correcto, se te obligará a revelarla. Si decides no hablar para entonces, serás ejecutado en la colina del Sokyoku. Hemos intentado respetar tu vida como humano, pero no podemos permitir que ese monstruo siga suelto.

–¡No es monstruo! ¡Ustedes no entienden nada!

–¡Silencio! ¡No toleraremos ninguna falta de respeto en esta sala!

Ichigo no había sentido odio en muchas ocasiones. Pero definitivamente sí que lo sentía contra aquellos tipos. ¿Revelar dónde estaba Shirosaki? ¡Estaban locos si pensaban que iba a hablar sobre ello!

Zangetsu estaba ahora seriamente preocupado y consideraba avisar a Shirosaki de lo que acababa de pasar, pero Ichigo le pidió que no le dijera nada. Él saldría de todo aquello. Zangetsu suspiró y miró al cielo despejado. Ichigo no parecía agitado, todo estaba demasiado en calma para lo que acababa de pasar. No es que quisiera que lloviera o algo así, pero la calma de su portador lo tenía un poco inquieto.

Mientras se llevaban a Ichigo hacia la torre de la penitencia, Zangetsu decidió que era hora de hablar un poco con él.

Ichigo, ¿por qué estás tan tranquilo?

Tengo que estarlo Zangetsu. Es solo eso. Lograré salir de esta, ya lo verás.


En la sala de reuniones de capitanes estaban todos reunidos para decidir qué harían. La orden de la Central había sido que debían obligar de cualquier forma al shinigami sustituto a revelar la posición del enemigo. Sabían que Ichigo era un cabezota y que su voluntad era de acero. Conseguir tal cosa no iba a ser fácil. Y la idea de torturarlo no gustaba mucho a casi ninguno de los capitanes. Sin embargo, Yamamoto se mantuvo firme manteniendo que esa era la única forma.

–Me niego a participar en eso –habló Byakuya en su estoico tono. Todos le miraron sin creerse que Byakuya se hubiera opuesto a una orden–. Todos escuchamos lo que Kurosaki Ichigo dijo en aquella sala y por una vez me opongo a esta orden.

–¿Qué significa esto capitán Kuchiki?

–Es humano. Los humanos aman. Es tan simple como eso. Mi disculpo por pedir mi retirada en este caso.

–Yo también me niego –Shinji interrumpió el silencio dejado por Byakuya–. Ichigo es uno de los nuestros. Si quiere proteger alguien que es shinigami-hollow como él, ¿Qué más da? –se llevó una mano al cabello e hizo una mueca de incomodidad.

–Estoy de acuerdo con el capitán Hirako –Rose se unió a la causa al igual que Kensei que habló seguido de él.

–Yo defiendo todo esto, ¿saben? Los chicos no nos han hecho nada malo –Kyoraku sonrió bajo su sombrero.

–Sí… Le debemos mucho a Ichigo-san. Esto es inapropiado –Ukitake asintió con la cabeza y se cruzó de brazos.

Komamura no dijo nada pero estaba de acuerdo con sus compañeros y a Hitsugaya tampoco le gustaba la idea de herir al shinigami sustituto. Unohana obviamente estaba en contra del método desde que ella es la encargada del escuadrón médico.

–Son todos una panda de idiotas –Mayuri chasqueó la lengua y todos concentraron su atención en él–. Si nadie va a hacerlo lo haré yo.

Algunos capitanes temblaron de terror. Solo no querían imaginar que cosas le haría el capitán de la doceava al pobre chaval.

–¡Ya basta! –el comandante dio un golpe con el bastón en el suelo, haciéndolos callar a todos–. No importa el método que usen, pero tienen que hacer que hable, ¿entendido? ¡No permitiré que esto ocurra de nuevo!

Todos los capitanes se marcharon de la reunión, muchos de ellos decepcionados, menos Mayuri claro quien estaba deseoso de empezar.

Algunos trataron de detenerle, pero obviamente el científico estaba empeñado en ir primero.


Shirosaki se despertó de su siesta y bostezó a la vez que estiraba sus piernas y brazos. Una extraña sensación oprimía su pecho. No sabía de qué se trataba pero no le gustó nada. Grimmjow apareció en ese momento con una taza de café en la mano.

–Te pido disculpas por lo que pasó aquel día –le soltó de repente.

–¿P-perdona? –creyó no haber escuchado bien. ¿Grimmjow disculpándose? Ahí hay gato encerrado.

–No me hagas repetirme. Además aunque quiero… no te haré eso otra vez.

–Como si fuera a dejarte.

–No hagas que me arrepienta –gruñó–. Marcaste a Kurosaki, ¿verdad? –Shiro asintió. Grimmjow frunció aún más el ceño, parecía que algo le molestaba– ¿Entonces qué mierdas estás haciendo aquí?

–Qué quieres decir con…

–Están unidos puramente, ¿no? –Shirosaki asintió de nuevo y lo que pasó después fue totalmente inesperado para él– ¡¿Por qué cojones no estás con él?! ¡Se supone que le marcaste! ¡Es tu pareja! ¡Y lo amas! ¡Por Kami-sama Shirosaki! ¡Lo dejas ir solo hacia los malditos shinigamis! ¡SOLO! ¡¿En qué mierdas estás pensando?! ¿Cuánto tiempo vas a seguir huyendo del pasado? ¡Dales la cara de maldita una vez y protégele, maldición!

Shirosaki trataba de digerir lentamente todo lo que Grimmjow acababa de gritarle con mucha furia. Lo primero fue que pensó en que tenía razón, ¿en qué estaba pensando al dejar ir a luchar solo a Ichigo? Y lo siguiente que pensó fue lo extraño que era que fuera Grimmjow quién le dijera eso –Grimmjow tú..

–Escucha, le debo tres deudas a Ichigo, ¿vale?

–¿Tres?

–Sí, la primera por darme la batalla que busqué durante tanto tiempo –Oh sí. Shirosaki lo recordaba muy bien–. Segundo, el muy estúpido me salvó la vida de ese cabrón de Nnoitra. Y tercero nos liberó del comando de Aizen. Así que como esa fresa idiota muera, te juro que al primero al que mataré serás tú y luego a todos esos jodidos shinigamis.

Shirosaki sacudió la cabeza intentando salir de su estupor. Eso fue… Inesperado viniendo de Grimmjow.

–Pero… El siguiente tren sale dentro de tres días –se cruzó de brazos y suspiró. Llegar a Karakura no sería fácil.

–Ve andando –masculló el peli azul.

–Está bien, está bien. Iré –subió hasta el piso de arriba y recogió la pequeña bolsa con las cosas que Urahara le había dado. Salió de su gigai y se reunió en la planta baja con Grimmjow. ¿Qué tenía pensado hacer el Arrancar ahora?

Estuvieron en silencio unos instantes, sin saber bien que decirse entre ellos. Grimmjow se sentía extraño con todas esas cosas que dijo, pero de algún modo se quitó un peso de encima. Lo único que dijo el peli azul fue: 'buena suerte'. Shirosaki le agradeció como si nada hubiera pasado y se marchó.

Grimmjow regresó a Hueco Mundo, una sonrisa divertida dibujada en su rostro. Regresaría más tarde con una sorpresa que estaba preparando. Es como si el Arrancar hubiera visto venir que algo como aquello iba a pasar desde que el Kurosaki llegó. Los shinigami iban a desear no haberse metido con la persona equivocada.


Ichigo estaba parado en las escaleras de la torre mirando a la nada. Porque prácticamente allí no había nada. Ahora sabía cómo se sintió Rukia cuando la encerraron en ese lugar. Era aburrido, no sentía nada de fuera, y lo único que podía hacer era subir y bajar las escaleras. Al menos él podía mantener contacto con su zanpakuto. No supo cómo, pero su reiatsu no estaba sellado completamente. Tal se debía a que poseía demasiado como para sellarlo del todo.

Subió los escalones y se asomó a una de las ventanas. ¿Sobreviviría si saltaba desde ahí? Porque cabía perfectamente.

¿Qué piensas Ichigo?

Si la caída será muy dura desde aquí.

Zangetsu sonrió. Mejor no lo intentes.

Sí… Pero me lanzaré si algo extraño pasa. Después de todo tengo algo de reiatsu –se levantó de nuevo y subió arriba del todo. Desde allí se veía bastante del Seireitei.

Escuchó el sonido de la puerta abrirse. Se asomó al borde de las escaleras y enseguida se retiró hacia detrás al ver al capitán Kurotsuchi. ¿Qué hacia ese hombre allí y encima llevando esas extrañas cosas?

El capitán lo llamó sin demasiada paciencia. Gritándole que no le gustaría ir a buscarle. Ichigo prefería tirarse por la ventana en ese momento, pero se encontraba muy arriba. Resignado, bajo las escaleras hasta donde estaba el extraño capitán. Este enseguida tiró de su brazo y lo llevó hasta una pared donde le quitó su shihakusho y le esposó los brazos en alto. Ichigo tragó saliva. ¿Qué demonios iba a hacerle?

–Tenemos que obligarte a que hables –sonrió perversamente y agarró un cubo del que Ichigo podía ver que salía humo. Eso no le gustaba nada. Bañó en el extraño líquido unas pinzas que sujetaban una pieza de metal en el final–. Ahora dime, ¿vas a decirnos dónde está esa bestia?

–¡C-claro que no! -contestó con rabia.

–Esperaba que contestaras eso –la sonrisa maniática no se borró de su rostro. Colocó la hirviente pieza de metal contra la piel de su pecho. Ichigo contuvo el grito al sentir como su piel se quemaba. Cuando el capitán retiró las pinzas, el dolor se desvaneció. Ichigo miró hacia su pecho, no había ninguna marca. ¿Qué era eso?- ¿Hablarás ahora?

–La respuesta siempre será la misma… -respondió secamente.

Mayuri parecía estárselo pasando en grande con aquello. Volvió a meter la pieza en el líquido y ponerla esa vez en su espalda. Ichigo se removió, intentando aguantar como podía el dolor momentáneo. El capitán hizo el mismo proceso en sus brazos y en su torso. Cuando llegó a sus piernas ya no sentía nada y el científico lo sabía, pero no dijo nada sobre ello.

Ichigo en su mente estaba aliviado. Si eso era lo único que tenía pensado hacerle, podría aguantarlo bastante bien.

–Suficiente –sentenció. Lo que asustaba al peli naranjo es que la sonrisa no se borraba del capitán aunque él no hubiera dicho nada de lo que ellos querían. Recogió sus cosas y antes de salir lo miró de reojo–. Disfruta de los efectos secundarios.

¿Estás bien, Ichigo? Le preguntó Zangetsu preocupado por lo que acababa de pasar.

Sí… La verdad es que no dolió demasiado… Estoy bien.

Pasaron varios segundos hasta que Ichigo empezó a revolverse. ¡Ahora sentía como si le estuvieran quemando por dentro! ¿Serían los efectos secundarios de los que hablaba Mayuri? Todo su cuerpo entero dolía. Sentía como si en el interior de su cuerpo todo estuviera fundiéndose. El dolor pronto se le hizo insoportable y gritaba. Zangetsu lo llamaba tratando de calmarlo, pero ni siquiera su voz podía llegarle. No le importaba lo que dijera Ichigo, debía avisar a Shirosaki de lo que estaba pasando. Se temía que algo como aquello pasaría, que torturarían su portador hasta que hablara. Pero conoce lo cabezota que es Ichigo y no diría absolutamente nada, iba a dar igual lo que le hicieran.

Después de media hora, los gritos cesaron. No porque el dolor se hubiera desvanecido, sino porque había casi perdido la voz. Respiraba vehemente, haciendo un esfuerzo por recuperar el aire que le faltaba. El sudor bañaba su cuerpo. Poco a poco su agonía amainó, pero se sentía terriblemente cansado.

Ichigo…

No te preocupes Zangetsu. No es nada… Les hará falta mucho tiempo si pretenden hacerlo de este modo.

Yo temo que quieren destrozar tu voluntad. Es lo que te mantiene firme, ¿sabes?

Tranquilo, no lograrán algo así… -sus piernas temblaron y sintió el tirón en los brazos al dejar caer su peso tan de repente. Volvió a mantenerse en pie e intentó aguantarse en esa posición.

Ichigo escuchó golpes fuera, y como el mecanismo de la puerta se abría de nuevo. El terror le invadió sin quererlo cuando pensó que podría ser otra vez Kurotsuchi, pero para su alivio, solo eran Byakuya, Hanataro y Rukia.

Rukia corrió hasta su amigo, con lágrimas en los ojos. Lo soltó de las esposas y lo ayudó a tenerse pie–. Estaba muy preocupada... –murmuró mientras se sentaban en el suelo–. No sabíamos lo que ese bruto de Kurotsuchi quería hacerte –Ichigo tembló ante el recuerdo– ¿Qué pasó?

–H-había un cubo con un líquido extraño y caliente… -tragó saliva intentando aclarar su garganta. Su voz sonaba ronca y rota–…c-con una pieza de metal lo puso contra mi piel, n-no dolió mucho pero luego… sentí como si todo mi interior se quemara… –cerró los ojos y movió la cabeza tratando de no pensar más en ello.

–Los guardias escucharon tus gritos… Eso hizo que me sintiera aún más preocupada. Lo siento, Ichigo. Si pudiera sacarte de aquí…

–No pasa nada Rukia. Yo estaré bien…

–Hanataro –dijo Byakuya en su tono serio, aún parado en la entrada de la torre.

–¿S-sí?

–Quiero que acompañes a Rukia a venir aquí de vez en cuando. Tampoco confío en el capitán Kurotsuchi.

–L-lo haré, señor.

–Rukia, debemos irnos. No podemos permitirnos que nos vean aquí.

Rukia se levantó sin demasiadas ganas de dejar a su amigo y se despidió de él prometiéndole que encontrarían la manera de sacarlo de ahí. Definitivamente lo haría.


¡Kyaaaaa! ¡Noooo Ichi! TToTT (llora desconsolada) No me hagan caso, a veces se me va un tornillo (o dos) Tendrán que esperar un poco más para el siguiente capítulo. Me tiene un poco trabada. ¿Alguien puede imaginarse por qué Rukia no pudo sacarlo de allí en ese momento?

Ichigo: Me metí en una buena esta vez

Shirosaki: Si es que no se te puede dejar solo...

Uryu: Sí Kurosaki, siempre acabas metido en problemas.

Ichigo: ¿Ishida? ¿Qué haces tú aquí?

Uryu: ¿No te han contado? -se ajusta las lentes- ¡Dentro de poco haré una aparición estelar! Además tengo una nueva capa -se ve un cartel tras él con una capa blanca con cuadraditos azules que puede ser perfectamente confundido con un mantel.

Shirosaki: Tienes un amigo un poco extraño aquí Ichigo...

Ichigo: ¿Me lo dices o me lo cuentas?

Por último tengo un boceto de Ichigo dentro del Seizakyu. Podría haberlo hecho mejor (además hacerle los rasgos que le quedaron del fullbring aun no me salen así que no se los hice), pero repito es un boceto xD Les dejo el link y solo tienen que quitarle los espacios. hady - chan . deviantart # / d5c488s