Advertencia: ¡Hay un poco smex por aquí!
Mi retraso se debe a motivos personales con los cuales no quiero aburrirlos, en este capítulo hay tres juntos en compensación a que ya solo quedará un capítulo más si los subo todos juntos. Disfruten el penúltimo capítulo.
Lo primero que había ocurrido cuando Ichigo había dejado a su mente caer en lo más profundo y aparecer en su mundo interno, fue que ambos se lanzaron a besar al otro. Como si hubiera pasado una eternidad desde que se vieron.
Cuando se separaron en el beso una sonrisa traviesa apareció en el rostro de Shiro– ¿Me echabas de menos?
–Tsk. Tampoco te hagas tantas ilusiones.
–Oh Ichi, ¿por qué ser tan duro conmigo~? –preguntó fingiendo una voz desilusionada para seguirle el juego al peli naranjo.
–Pues porque- –se detuvo cuando sintió algo que provenía desde fuera. Alguien se estaba acercando y no podía ser otro que Kurotsuchi otra vez–. T-tengo que salir-
–Descuida –atrapó sus labios de nuevo antes de que terminara de hablar–. Yo me encargaré de él –se acercó hasta su oreja y mordió su lóbulo sacándole un gemido al peli naranjo–. Poseeré tu cuerpo, pero seguro que por esta vez va a gustarte~
– ¿Por qué lo dices? –preguntó casi inocentemente.
–Me pregunto por qué… –sonrió socarronamente y mientras atacaba a aquellos labios tan adictivos iba haciéndose cargo de quitarle el shihakusho a Ichigo–. Espero que ese loco científico no esté pensando en tocarte –murmuró.
–D-de hecho creo que… –de nuevo sus palabras fueron interrumpidas porque Shirosaki puso un dedo en sus labios.
–Ya lo sé. Es por eso que te dije que yo me haré cargo –una sonrisa satisfactoria apareció en su rostro. Esos malditos shinigamis aprenderían a no meterse con él.
Mayuri entró en la Seizakyu acompañado de un extraño shinigami y este se acercó hasta el shinigami de cabellos naranjas que estaba recostado cerca de la pared. Mayuri chasqueó la lengua. ¿Cómo conseguía liberarse de las esposas cada vez que se iba?
El extraño estaba a punto de tocarlo hasta que el cuerpo de Ichigo se movió. Sus labios se curvaron en una sonrisa–. Oye, oye. ¿Qué crees que haces? –se puso en pie aún con la cabeza gacha y sin que la sonrisa se borrara de su rostro.
– ¿Aún te quedan fuerzas para rebelarte? –preguntó Kurotsuchi ya harto de todo aquello.
–Oh, creo que el señor científico no sabe con quién está hablando.
–Mayuri-sama… Si me permite decirle, creo que hay algo extraño con él –murmuró el otro shinigami volviendo junto al capitán de la doceava.
–Tsché. Será la droga –movió la mano en el aire y luego miró al peli naranjo–. Pero no vas a librarte. Oponer resistencia es inútil a estas alturas.
– ¿Qué vas a hacer?
–Creí habértelo dejado claro –contestó furioso. Le hizo un gesto al otro shinigami y este volvió a acercarse hasta Ichigo.
– ¿En serio? Voy a contarte algo interesante… ¡Odio que se metan con lo que me pertenece! –levantó la cabeza revelando sus ojos dorados y negros. El shinigami retrocedió y Mayuri lo miró con bastante molestia.
–Así que aquí estás –una sonrisa sádica se formo en los labios de Mayuri–. Intuí que de algún modo acabarías intentando protegerlo.
– ¿Protegerlo? ¿A Ichigo? ¡No me hagas reír! –hizo aparecer a Zangetsu en su mano derecha y apunto al capitán con él. Aumentó la presión de su reiatsu haciendo que el artefacto que lo sellaba se partiera en pedazos–. Es sólo que te estás metiendo con mis pertenencias y eso no me gusta nada. El único que puede apoderarse de este cuerpo soy yo. Atrévete a acercarte y atravesaré esta zanpakuto en todo tu cuerpo.
–Intimidas menos de lo que imaginaba –le retó Kurotsuchi mirando hacia otro lado.
–Oye, diría que me estás subestimando. Puedo despedazarte si quiero.
–No hay que ser demasiado listo para darse cuenta –su sonrisa se hizo aún más ancha y apunto hacia Ichigo–. Estás conteniendo tu poder porque no quieres herir a ese cuerpo. Es bastante curioso.
Shiro gruñó. No tenía tener que transformar el cuerpo de Ichigo en hollow. A él mismo le cuesta controlarse en esa forma. Los instintos de hollow son poderosos a veces y pueden con su voluntad. Además… ¿cómo controlar dos situaciones distintas a la vez?
– ¿Qué te hace pensar eso? –Cuestionó intentando mantener la calma y la cabeza alta en todo momento–. Puedo vencerte sin una transformación en hollow. ¡Subestimar mi poder puede ser un gran error! –se lanzó contra Mayuri con Zangetsu en alto…
–Tsk…
– ¿E-estás bien Shiro? –preguntó el peli naranjo entre jadeos.
–Ese maldito de Kurotsuchi me pone de los nervios, pero no pasa nada. Puedo con él –sonrió y volvió a lo que estaba. Ichigo gimió cuando Shirosaki acarició su vientre bajo–. Estás un poco sensible, ¿no?
–Cá-cállate… Es culpa de ese…–se sonrojó y miró hacia otro lado que no fuera el rostro del albino.
–Alegra esa cara –lo tomó por la barbilla y lo obligó a mirarle–. Al menos… Lo disfrutarás conmigo, ¿no? –Ichigo asintió nerviosamente, cerrando los ojos.
–S-shiro… –murmuró Ichigo antes de que la mano del albino siguiera bajando.
–¿Hm? ¿Sucede algo? –se detuvo y lo miró.
–Quería pedirte que… –sus mejillas se tornaron aún más rojas–. N-no seas tan suave como la otra vez…
Shirosaki se echó a reír estruendosamente– ¿Qué se supone que significa eso?
–¡Que dejes de jugar maldita sea! –le terminó gritando ya cansado de que Shiro le diera vueltas a todo lo que le decía. Este volvió a reírse de nuevo e Ichigo terminó por callarlo con un apasionado beso. Lo que tenía que hacer…
–Estamos impacientes aquí, ¿eh? –dijo Shiro después de que se separaron. Finalmente dejó a su mano deslizarse hasta el miembro ya erecto del peli naranjo. Shirosaki volvió a sonreír mirando a Ichigo mientras la cara de este volvía a tornarse roja–. No sé qué te haya dado… Pero si tengo la oportunidad le preguntaré por la fórmula~
Ichigo iba a protestar por decir aquello, pero fue interrumpido cuando no pudo reprimir un gemido que le causó los movimientos de la mano de Shiro.
–Eres aún más deseable cuando gimes y te sonrojas –comentó el albino antes de morder su cuello.
Ichigo moriría de la vergüenza allí mismo si pudiera. Agradecía que nadie más supiera de aquello. Dudaba que Zangetsu los estuviera viendo. ¡Y rezaba porque así fuera! Aunque dudaba que la zanpakuto se perturbara por algo así, pero…
Su mente dejó de pensar en esas cosas poco después. Sus pensamientos estaban tan sofocados como su cuerpo.
Cuanto más lejos estaba las consciencia de Ichigo, más control tenía sobre su cuerpo. Sólo había un pequeño problema. El cuerpo del peli naranjo no estaba en su mejor estado y cuanto más se sentía en su piel más podía sentir el dolor. Transformándose en hollow arreglaría ese problema, pero eso no agradaría a Ichigo así que se detuvo antes de hacerlo. Usaría lo poco que podía de la regeneración instantánea. Shiro maldijo para sí mismo. ¿Qué podía hacer?
–Creía que ibas a atravesarme con esa zanpakuto –sonrió Mayuri haciendo enojar con ello a Shiro. Aquel capitán lo estaba sacando de sus casillas–. Parece que tienes una boca muy grande para lo que puedes hacer. Además… Pareces muy distraído.
–Y tú estás demasiado tranquilo a pesar de que acabé con tu camarada por aquel lado- contestó sonriendo maliciosamente–. Maldición… Mi poder completo no está dentro del cuerpo de Ichigo. Sólo una parte de mi alma está realmente aquí y no duraré mucho, pero me quedaré satisfecho si logro herirlo lo suficiente como para que deje a Ichigo en paz durante el tiempo que queda hasta el día de la ejecución. –Tragó saliva y miró desafiantemente a Mayuri–. Tengo que usarla… La transformación en hollow. Pero primero necesito que Ichigo quedé dormido –sonrió ante eso. Era increíble cómo podía controlar la batalla de fuera y a la vez la de dentro. Como le gustaría estar más concentrado en la interior.
–¡A-ah! ¡S-Shiro! –Gimió Ichigo haciendo que la consciencia de Shirosaki regresara de nuevo a esa parte de su trabajo–. C-creo que voy a… -habló entre jadeos.
–Adelante… -contestó cerca de su oreja, sonriendo satisfecho. En cuanto Ichigo cayera rendido ya podría deshacerse de ese maldito de Mayuri. Odiaba no poder concentrarse del todo en aquel inmenso placer que le producía estar dentro de su preciada fresita, pero era un precio a pagar por su seguridad.
–Hmm… ¿Shirosaki? –Shiro sacudió la cabeza al escuchar la voz de Ichigo llamándolo– ¿Estás bien? Te quedaste en Babia desde hace un rato…
–Ah lo siento… ¡Estoy un poco distraído!
–Oh bueno, pero no es divertido que te distraigas mientras lo hacemos, ¿sabes? –protestó después de bostezar.
–Tengo la cabeza en otras cosas. Bueno, ¿había algo que querías decirme? –acarició lentamente los cabellos naranjas mientras este estaba mirando al cielo.
–Estaba pensando que –giró la cabeza hacía Shirosaki y mantuvo el contacto visual por un momento–, ¿cómo hubiera sido todo si las cosas hubieran ocurrido de otra manera?
–¿Así cómo?
–Quiero decir… ¿Estaríamos así si no hubieras salido aquel día? –volvió a dirigir la mirada hacia al cielo, observando las nubes pasar.
–Quién sabe. ¿Algo te preocupa? –se sentó y miró también arriba.
–No… Sólo pensaba que tal vez… Estarías más a salvo si yo en primer lugar…
–No sé qué vas a decir… ¡pero no quiero oírlo! –cogió su shihakusho que estaba tirado en alguna parte y empezó a vestirse–. Espero que no estés pensando en nada tan estúpido cómo: Si no estuviera aquí nadie estaría saliendo herido.
–De hecho yo estaba-
–Es solo una excusa, Ichigo –atajó con algo de ira en sus palabras–. Morir para proteger… Es bastante patético –lo miró de reojo por un momento mientras se amarraba el obi. Sabía que Ichigo debía de estar furioso por esas palabras, pero continuó hablando–. Estás siendo egoísta pensando en eso, ¿no crees?
Ichigo miró a Shiro con el ceño fruncido, sintiéndose ofendido por lo que le decía– ¿Qué quieres decir? –se atrevió a preguntar.
–Nadie saldrá herido si mueres. Claro que sí, eso es verdad. Pero, ¿a quién le importan las heridas físicas? Alguien como tú que habla con tanta facilidad de la palabra 'amigos'… ¿No eres capaz de entenderlo? Yo no soy nadie para decir esto ni mucho menos, sin embargo… Tal vez otra persona te lo hubiera dicho en mi lugar –le dio una última mirada que hizo que Ichigo se calmara.
Él no le diría esas palabras por nada. Debía reflexionar sobre ello a fondo, seguro que Shiro no pretendía ofenderlo o hacerlo enojar. Sin embargo en ese momento estaba demasiado cansado como para ponerse a pensar en ello. Gruñó antes de que sus pesados párpados se cerraran.
La lluvia empezaba a caer sobre el Seireitei. La verdad es que ya amenazaba con ello desde el día anterior. Lo único que podía pensar es que el cielo estaba de acuerdo con mi humor. Desde el día en que Shirosaki habló conmigo, no he vuelto a saber de él y tampoco del capitán Kurotsuchi. Esperaba que Shiro estuviera bien. Odiaré a ese capitán hasta en el infierno.
El camino hasta la colina del Sokyoku me pareció eterno. No sabía si eso era bueno o malo. ¿Quería ser salvado o sería mejor si desaparecía? No quería que mis amigos siguieran saliendo heridos por mí, pero las palabras de Shiro antes de irse me habían dado mucho que pensar.
–Nadie saldrá herido si mueres. Claro que sí, eso es verdad. Pero, ¿a quién le importan las heridas físicas? Alguien como tú que habla con tanta facilidad de la palabra 'amigos'… ¿No eres capaz de entenderlo? Yo no soy nadie para decir esto ni mucho menos, sin embargo… Tal vez otra persona te lo hubiera dicho en mi lugar.
Realmente… ¿Estoy siendo egoísta?
–Tiene razón –pensé–. No tuve en cuenta en cómo se sentirían los demás.
Agaché la cabeza encontrando el suelo y mis pies interesantes. Es cierto que he estado varias veces al borde de la muerte (y muerto una vez también), pero nunca tuve tiempo de pararme a pensar que pasaría si moría. Tal vez un poco ya que era cuando luchaba por proteger algo y era en lo único en que pensaba. No es muy distinto ahora, estoy a punto de morir porque… Quiero proteger a alguien. Sólo que esta vez, no puedo luchar por ello. Es irremediable, no hay nada que yo pueda hacer. Sólo puedo esperar y… ¿tener fe mis amigos? Tengo que tenerla porque, si es que salgo de esta, Shirosaki me golpeará si no confío en ellos.
Pisando los terrenos de ejecución siento mi corazón acelerarse. Ahora que me acordé, le había prometido a mi viejo que volvería a casa de una pieza. Sonreí para mí mismo. No perderé la esperanza, tengo que prometérmelo a mí mismo. Volveré… junto con Shiro. Y los demás. Tengo confianza en ellos como ellos la tienen en mí. Kurotsuchi logró derrumbarme un poco, pero ya vuelvo a estar bien. Nada de lo que me enseñó es real, el dolor se irá con el tiempo. Debo ser paciente.
–Kurosaki Ichigo –miré hacia el viejo parado varios metros lejos de mí– ¿Algún último deseo?
Pida lo que pida, no se hará realidad, pero al menos creo que tendré un poco de paz conmigo mismo hasta el final–. Quiero ser egoísta.
–¿Perdona?
–Morir para proteger. Estoy siendo egoísta, lo entiendo. Tal vez todo sea en vano, pero no dejo de pensar en ello. Moriré protegiendo alguien que quiero sin pensar en la opinión de los demás –suspiró–. Es egoísta, pero… No… no me quejo del todo –las últimas palabras salieron como un susurro, como si no quisiera decirlas del todo. No pretendo que nadie entienda, sólo quería expresarme. Mi último deseo no puede ser cumplido. Decirle 'te quiero' a Shiro por última vez. En realidad sí puedo hacerlo, no será lo mismo, pero… ¿me sentiré mejor si lo hago?– ¿P-puedo decir algo más?
Observé al viejo suspirar–. Adelante.
Mi pecho se contrae al igual que mi estómago. Intento reprimir las lágrimas que asoman en mis ojos, pero no puedo…–. Si encuentran a Shirosaki… Sea quien sea… Por favor… Díganle que –¿es lo correcto expresar lo que siento ahora?–…Que le quiero…–aunque si le encontraban significaría su captura y muy posiblemente su muerte.
Hubo un incómodo silencio. Vuelve a hablar–. Haré… lo posible para que se cumpla. ¿Nada más?
–Eso es todo… –sin ninguna otra conversación, los shinigamis del escuadrón de kido se pusieron en posición. Miro a los capitanes, ninguno me miraba. Mi cuerpo se siente extraño, como si algo inesperado fuera a pasar…
Shiro salió corriendo del sexto escuadrón en cuanto escuchó que la ejecución iba a empezar. Los shinigami estaban retrasando mucho su llegada. Si no se daba prisa…
Inesperadamente, se abrió una Garganta de la cual apareció Grimmjow, seguido de Hallibel y Neliel en su forma adulta.
–Ey Shiro, ¿necesitas una mano? –preguntó Grimmjow sonriendo socarronamente.
–¡Grimmjow! ¡¿Qué te llevó tanto?! –le espetó enfadado por su tardanza. Grimmjow se rascó la cabeza protestando sobre que más le daba si al final había llegado. Confiando en Grimmjow y sus compañeros, Shiro se marchó a toda velocidad hacia la colina de la doble hoja. Esperaba con todas sus fuerzas llegar a tiempo. Pasó a través del extraño bosque, llegando a los terrenos de ejecución.
–¡ICHIGO! –todos los capitanes se voltearon para ver a una figura parada a los lejos, respirando vehemente, con la zanpakuto en la mano, mirando a los capitanes con ira y determinación– ¡Detengan esta ejecución o se arrepentirán!
–¡Es él! –exclamó Mayuri con una sonrisa perversa de oreja a oreja–. Esta vez no huiras de mí.
–Mataré a todo el que se interponga en mi camino –utilizó el shunpo y esquivó a los capitanes en su camino. Algunos trataron de detenerlo o fingieron hacerlo. Byakuya ni siquiera se movió, solo dejó que pasara por su lado a gran velocidad.
–¡¿Shiro?! –exclamó Ichigo mirando hacia abajo.
El capitán general se paró frente a Shirosaki negándose completamente en dejarlo pasar. Mientras dio la orden a los del escuadrón de kidou que empezaran con la ejecución. Shiro entrecerró los ojos y reunió su reiatsu en la hoja de Tensa Zangetsu y lanzó el poderoso ataque hacia la alabastra, partiéndola en dos. Los capitanes observaron estupefactos como la mitad de la alabrasta se venía abajo. Ichigo también observó eso aunque no tan sorprendido. Otro Getsuga Tensho fue dirigido hacia un costado suyo, rompiendo el balance mediante el cual se mantenía flotando. En cuanto este se desestabilizó empezó a caer, pero fue recogido en medio de su caída por unos fuertes brazos.
–¿Renji? –el pelirrojo le sonrió liberando su zanpakuto y noqueando a los shinigamis del escuadrón de kido.
–Todos estamos aquí para salvarte Ichigo –dijo en voz bien alta.
Todos los tenientes a excepción de Nemu, Omaeda y Yachiru, se posicionaron en coro delante de Renji quien cargaba con Ichigo. Rukia se colocó junto a Renji.
–¿Qué significa esto? –preguntó el capitán general bastante furioso. Alejándose varios de Shirosaki con quien estaba luchando hace un momento.
–¡No estamos de acuerdo con la ejecución de Ichigo, señor! –se excusó Rangiku liberando su zanpakuto al igual que los demás.
–Shiro no hará daño a nadie… ¡Si lo hace yo seré la primera en tomar las represalias! ¡Por favor, déjelos marchar! –Rukia dio un paso al frente fuera del coro.
–¡Rukia! –la llamó Ichigo preocupado por las palabras de su amiga. Cerró sus manos en un puño, odiaba ser protegido de esa manera sin embargo en ese momento no podía hacer nada. Su reiatsu llevaba sellado tanto tiempo que ahora le estaba costando hacer que fluyera con normalidad de nuevo. Le pidió a Renji que le bajara y este hizo eso. Ichigo se movió fuera del círculo de tenientes a pesar de las protestas y advertencias de estos–. Rukia no puedes…
–Ichigo, yo jamás te dejaré de lado, si es a Shiro a quién quieres estaré a tu lado hasta el final para proteger aquello que deseas. ¡Nadie me va mover de mi posición y mucho menos va a hacer que cambie de opinión! –exclamó con esa decisión propia de ella. Ichigo le sonrió y la cogió de la mano.
–Hasta el final –miraron ambos al capitán general con determinación.
–¿Acaso lo habéis olvidado? ¿Todos vosotros? –gruñó Shigekuni–. Las normas de la Sociedad de Almas son para mantener la paz entre los mundos. Ese… Mató a shingiamis en el pasado.
–Disculpa que tome la palabra, viejo –interrumpió Ichigo bastante enfadado. Anduvo hasta esta apenas a unos metros de Yamamoto y se señaló a sí mismo con el pulgar con fiereza–. Si algún shinigami asesinara a mi familia… ¡Procuraría matar hasta el último culpable! ¡Siempre hacéis las cosas sin pensar las represalias!
–Ichigo… –Rukia se volvió a colocar a su lado aún mirando al capitán.
–Si ustedes mataran a Shiro, pueden considerarme realmente su enemigo.
–Y a mí –Rukia sacó su espada y se puso delante de su amigo para protegerlo por si Yamamoto decidía atacarles.
–¡No me quedo atrás! –Renji se unió a ellos.
–Chicos… -Shiro observó como todos los estaban protegiendo ambos, como querían que nadie muriera por unas estúpidas normas.
–Entonces… ¡Desde ahora eres un enemigo de la Sociedad de Almas! ¡Ichigo Kurosaki! –Shigekuni liberó su zanpakuto, la hoja de esta ardía en llamas–. Reduce todo a cenizas, Ryuujinjakka. El ataque fue directo hacia Rukia e Ichigo, Renji se movió para ayudarles, pero Shiro se interpuso antes que ningún otro.
Giró la cabeza ligeramente hacia atrás para mirar al pelirrojo y los demás–. Esta es mi batalla. Si tengo que luchar para defender la paz que deseo junto a Ichigo que así sea. ¡Sacad a Ichigo de aquí por favor!
–¡Shiro no! –Ichigo iba a correr hacia él. Entre Shinji y su teniente lo sujetaron, llevándoselo de allí a la fuerza– ¡Hirako-san! ¡No puedo dejar que ellos luchen solos contra él!
–Tranquilízate, ¿quieres? –Protestó Shinji chasqueando la lengua–. Vamos a restaurar tu reiatsu en el cuarto escuadrón. Yo ya sabía que no estarías quieto y parado sin luchar. Shirosaki tiene razón, ustedes deben luchar para ganar su paz.
–Una guerra por la paz…. Tan típico –sonrió sarcásticamente y después volvió a poner cara seria de nuevo. Entonces ya más calmado, Momo pudo dejar que su capitán llevara solo al peli naranjo.
Los capitanes se retiraron lejos de la batalla, ellos no querían luchar contra el capitán general, sin embargo tampoco podían ayudar a Shirosaki y los demás. Tenían que tener fe en que nadie moriría en aquella batalla. Incluso los tenientes se habían retirado porque Shiro les había gritado que se quedaran atrás. A pesar de haber dicho eso, las cosas no iban demasiado bien para él. El poder de Ryuujinjakka era inmenso, incluso si él bastante bueno y el doble de experienciado en batalla que Ichigo, era bastante difícil acercarse al capitán o cruzar espadas con él sin que este quemara algún miembro de su cuerpo. Por lo visto el capitán ya conocía bastante bien y había analizado minuciosamente el Getsuga Tensho hasta que llegó un momento en que podía anularlo sin problemas.
–¡Mierda! –maldijo Shiro saltando hacia atrás luego de fallar su último ataque en el cual su brazo izquierdo había sido quemado, pero no era nada de lo que no pudiera recuperarse. Ni siquiera podía luchar contra él cuerpo a cuerpo. Un cero sería demasiado simple, alguien de su nivel lo desviaría como si nada–. ¿Qué hago? Tratar de hablar ahora sería un poco…
Yamamoto se quedó estático mirándolo–. No vas a salir de aquí, ríndete de una vez.
–¡Ja! ¡No pienso a morir de un asqueroso shinigami! ¡Sois todos iguales! -gritó con despreció entrecerrando los ojos y mirando al capitán con rabia–. Lucharé hasta el final… No me importa si quemas mi cuerpo… ¡Te derrotaré y me marcharé con Ichigo! ¡Él es mío! ¿Entendieron?
–Los hollows sois tan posesivos como patéticos –bajo su espada hacia un lado por un momento y ni se digno a mirar al albino a la cara– ¿Para qué lo quieres a él? ¿Para torturarlo? ¿Para tomar control de él y destruir a través de su cuerpo?
–¿Cómo dijiste? –cuestionó ahora demasiado furioso. ¡¿Cómo se atrevía a decir que quería solo utilizar a Ichigo?!–. Escúchame bien –agachó la cabeza, sus dientes entrecerrados con fuerza antes de continuar hablando–. Yo jamás haría daño a Ichigo, y hacer daño a los demás le duele a él… ¡Yo quiero a Ichigo! ¡Pero alguien tan ciego como usted y todas esas basuras de la Central no son capaces de verlo! Solo porque mis padres se querían tuvieron que morir, solo porque yo soy parte de hollow tengo que morir, solo porque Ichigo y yo estamos juntos, él tiene que morir… ¡¿Acaso les importa todo una puta mierda?! ¡Solo piensan en ustedes! –incluso sabiendo que era inútil, lanzó otro Getsuga contra Genryusai llevado por la ira que ese hombre le hacía sentir. Lanzó tres seguidos y todos parecieron llegar a su objetivo, ya que estallaron y se creó una nube de humo debido a que el ataque debió de chocar con las llamas de Ryuujinjakka. De entre el humo apareció la figura del anciano, un ataque salió directo hacia Shiro.
Ichigo corría lo más que podía de vuelta hacia la colina del Sokyoku. Nada más recuperar la fluctuación de reiatsu y su espada había salido disparado hacia donde se estaba llevando a cabo la batalla. Por el camino se encontró a Rukia y a Renji quienes le dijeron que Shiro les había pedido que se alejaran una y otra vez y no tuvieron de otra que alejarse pero que estaban volviendo porque tenían un mal presentimiento. Subieron rápidamente arriba. Los capitanes estaban parados cerca del bosque. Rukia al ver sus caras se preocupó. Parecían sorprendidos y preocupados algunos por algún motivo. Antes de que pudiera preguntar, escuchó a Ichigo gritar el nombre del albino y salió corriendo pasando a Bankai en su camino. Shiro tenía un agujero en el estómago que sangraba profusamente, parecía tener problemas en cerrarla. Ahora el tomaría su relevo y se enfrentaría contra el viejo capitán. Tenía confianza en que Shiro se recuperaría de esa herida paulatinamente con la regeneración.
Miró a su adversario, analizando. Apenas tenía un rasguño, era consciente de lo fuerte que era ese hombre, y estaba un poco inseguro si iba a poder con él. ¡Shiro había sido derrotado y era más poderoso que él mismo! ¿Podría conseguirlo? Cerró los ojos y luego los volvió a abrir sujetando a Tensa Zangetsu aún con más fuerza. Nada de 'si podía conseguirlo'. ¡Tenía que hacerlo!
Preparó un Getsuga y detrás del capitán pudo ver a Rukia quién le asintió con la cabeza e Ichigo lanzó el ataque hacia su enemigo. El capitán iba a defenderse con Ryuujinjakka, pero se dio cuenta de que no podía levantarla, no se había dado cuenta de que su zanpakuto, su brazo y su pierna estaban bloqueadas en un enorme bloque de hielo. Antes de que pudiera hacer que su zanpakuto volviera a arder, el impacto del ataque de Ichigo le dio de lleno. Los capitanes aguantaron la respiración, no sabían si alegrarse por el chico o preocuparse por su jefe.
Rukia utilizó el shunpo y se quedó al lado de Ichigo –Gracias Rukia –le agradeció por la ayuda y ella le sonrió levantando el pulgar. Ichigo le devolvió la sonrisa. Después se le borró de inmediato y se giró para ir de vuelta con Shiro. La herida ya no se veía tan grande como antes, se estaba recuperando.
–Shiro… Idiota. No debiste pelear solo contra él.
–Será porque nunca he peleado en equipo –sonrió como siempre e Ichigo suspiró–. Me alegra de verte bien de nuevo.
–¡Ichigo! –Rukia lo llamó alarmada al ver a la figura del capitán levantarse del suelo–. Qué harás… Por algo es el capitán general…
–Rukia. Necesito tu ayuda. ¿Lo harás incluso si te consideran una traidora? –la miró con seriedad y ella sin pensárselo dos veces se desató la bandana de teniente y la tiró al suelo.
–Por supuesto. Por ti lo que sea –se puso en posición de hacer la primera danza y un pilar apareció en la posición del capitán, y este lo destrozó fácilmente con sus llamas. En lo que destrozaba el pilar, Ichigo estaba tras él, preparado para atacarle, pero tal y como esperaban de alguien de su nivel, bloqueó al peli naranjo con facilidad. Lo hizo retroceder y lo atacó, haciéndole un corte en la mejilla y otro en el brazo izquierdo. Incluso la combinación de sus ataques con los de Rukia ya no surtían mucho efecto y las heridas y quemaduras empezaban a sumarse en los cuerpos de ambos. Ichigo más de una vez tuvo que lanzarse a usarse como escudo para proteger a Shiro ya que a veces el capitán aprovechaba cualquier distracción después de alguna táctica de ataque y se iba a por él.
Algunos capitanes como Unohana y Byakuya observaron con asombro el acto de Rukia quien era incluso capaz de renunciar a su puesto para ayudar a su mejor amigo. Los capitanes se miraron entre ellos y asintieron con la cabeza. Byakuya fue el primero en cometer el acto. Renji, su teniente, lo miró con cierta confusión–. Capitán Kuchiki, ¿qué está haciendo? –luego miró a los demás haciendo lo mismo. Todos se estaban quitando sus haoris. ¿Pero por qué?
–Renunciamos –contestaron secamente, menos Mayuri (ya saben como es) y Kenpachi extrañamente lo hizo porque si Ichigo moría no habría nadie con quien divertirse luchando; y en voz alta y clara de manera que Yamamoto los escuchara.
Este los miró con incredulidad– ¿Cómo?
–Si ser capitanes significa que tengamos que enfrentarnos a ellos y sentenciarlos, renunciamos –habló Ukitake.
Las llamas dejaron de brotar de la hoja de su zanpakuto y enfundó su espada de nuevo. Se acercó hasta Ichigo y Rukia quienes se estaban usando de apoyo el uno al otro, con la respiración acelerada. De vez en cuando se escuchaba la sangre de alguno de ellos salpicando en el suelo.
–Renunciaré a la captura y sentencia de Ichigo Kurosaki y su hollow, pero que os quede claro… No duden en que estarán estrictamente vigilados por un tiempo hasta que este seguro de que son de fiar –luego de eso se giró hacia los capitanes y cerró los ojos–. Colocaos vuestros haoris, nos reuniremos en unas horas –dicho eso desapareció.
Todos suspiraron de alivio. Los tenientes gritaban de alegría y jubilo. Shiro, Ichigo y Rukia se abrazaron gritando una y otra vez que lo habían conseguido. Los tres se rieron luego de hartarse a gritar lo contentos que estaban. Luego los demás shinigamis se arremolinaron alrededor de ellos diciéndoles la enhorabuena y que se alegraban de que hubieran conseguido lo que querían.
–Gracias, no hubiera sido posible sin todos ustedes –agradeció Shiro.
–Whoa, whoa Shiro, eso es tan impropio de ti –dijo Ichigo fingiendo estar muy sorprendido. El albino le miró sonrojado y le mando a callar que por una vez que agradecía no tenían porque echárselo en cara–. Jo macho, estás hecho un asco –bromeó.
–¿Pero tú te has visto? –le preguntó de vuelta escudriñándolo con la mirada– ¡Estás más delgado que una modelo! ¿Has estado comiendo algo?
–¡Como si fuera mi culpa! –ante la mención de comida su estómago gruñó–. Es la primera vez que tengo tanta hambre.
–¡Vamos a comer algo! –exclamó Rukia sonriendo mientras pasaba ambos brazos por las cinturas de los dos chicos ya que no llega a los hombros–. Seguro que Inoue ha hecho algo delicioso.
–¿Está aquí? –preguntó Ichigo mirando confuso a Rukia.
–Sí, ella vino por si su ayuda era necesaria. A los demás les pidieron que se quedaran en Karakura.
–Y pensar que tendré que agradecer a ese idiota también –bufó Shiro metiendo las manos en los bolsillos de su hakama. Ichigo y Rukia lo miraron, confusos. ¿De quién estaría hablando?
Los demás los observaron marcharse mientras conversaban y se sentían bien por ellos. Ya habían hecho la buena obra del mes, ahora de vuelta a la rutina.
Podía haberlo hecho todo más épico, de hecho, confieso que alguien iba a morir, pero en el estado que estoy últimamente no tengo ganas de escribir algo tan… deprimente. Yo pongo mucho sentimiento cuando escribo aunque no lo parezca. Ya solo queda un capítulo más. No sé por qué se me pasó por la cabeza en poner mpreg pero decidi que mejor no ._.
