Último capítulo, ¡qué bien! Me ha tenido bloqueada durante meses, ya ven. No se me ocurría un buen final, pero al final me vino la inspiración ;u; Aunque estoy pensando en una posible segunda parte en la que se explique un poco más el pasado de Shirosaki, pero aún no sé.
–Gracias, fuiste de mucha ayuda Grimmjow –Shiro le dio la mano al peli azul y este sonrió de oreja a oreja antes de aceptarla.
–Ja. Ni lo menciones. Siempre es agradable patear el trasero de los shinigami de vez en cuando.
–Mejor váyanse antes de que se metan en problemas –dijo Ichigo apoyando a Tensa Zangetsu sobre sus hombros.
–Cierto, vámonos Grimmjow –dijo Harribel en un tono tranquilo.
–¡Adiós, Ichigo! ¡Ven a vernos algún día! –se despidió alegremente Neliel.
El trío se marchó de regresó a Hueco Mundo a través de una Garganta.
–Bueno muchachos, ¿qué piensan hacer ahora? –preguntó Rukia mirándolos a ambos con los brazos cruzados.
Ellos se miraron y se encogieron de hombros. Irían a Karakura porque quedarse allí no era una opción muy agradable.
–Volvamos a casa –suspiró alegremente el peli naranjo.
Ichigo despertó envuelto en una calidez que añoraba. Todos aquellos días en aquella torre fría… No fue agradable dormir en ese sitio.
Abrió lentamente los ojos, y notó algo suave contra su cuerpo. Lo que quiera que fuera llegó a su nariz, haciéndole cosquillas y provocando que estornudara. La bola de pelo blanca saltó ante el estornudo. Ichigo sonrió al ver que se trataba de Shiro en su forma de lobo. Este se sacudió y se estiró abriendo la boca en el proceso, mostrando sus afilados dientes.
–Buenos días Shiro… –Ichigo estiró los brazos y se restregó los ojos.
–Buenos días Ichigo. ¿Cómo te encuentras? –se sentó y empezó a mover la cola de un lado a otro, contento de ver que el peli naranjo se encontrara curado de sus heridas.
–Genial. ¡Necesitaba una buena siesta!
–¿Siesta? Llevas durmiendo tres días seguidos. Bueno, pero me alegro de que haya sido un sueño reparador –se acercó a él y frotó su cabeza en el pecho de Ichigo. –Ichigo… Tenemos que hablar. Pero antes vamos a darnos un baño.
–Ah… –suspiró Ichigo alegremente al sentir todos sus músculos relajarse al entrar en el agua caliente. –No sabía que estábamos en la Tienda de Urahara. Lo había olvidado.
Observó a Shiro nadar de un lado a otro en su forma animal. Ichigo se preguntaba por qué había decidido quedarse así, pero prefirió dejarlo estar. Dejó caer la cabeza hacia atrás y cerró los ojos. Echaba de menos eso de poder relajarse un largo rato.
–Oye Shiro, ¿de qué querías hablar? –preguntó volviendo la vista el frente.
Shirosaki dejó de nadar y se acercó a Ichigo regresando a su forma humana en el proceso–. No puedo quedarme en Karakura. No sé si te has percatado, pero los shinigami me han estado vigilando las 24 horas del día desde que volvimos –gruñó molesto hundiéndose en el agua hasta la barbilla–. Es incómodo.
Ichigo también gruñó y seguido suspiró–. A veces son muy extremistas… ¿Pero vas a marcharte?
–De eso quería hablarte. Quería preguntarte si te gustaría venir conmigo… Si no, supongo que puedo intentar quedarme. Pero de verdad que me siento intranquilo con esos shinigamis vigilando.
–Shiro yo… –quería estar con Shirosaki, sin embargo tampoco quería tener que dejar su familia y sus amigos. ¿Qué debería contestar?
–No quiero una respuesta inmediata. Sé que tienes mucho aquí por eso… Esperaré un par de días a que me digas. Además yo… –se llevó una mano a la frente y se quitó los pelos de su flequillo de su cara–. Tengo una sorpresa para ti.
Ichigo abrió la boca para preguntarle qué era, pero fue a acallado por una lengua traviesa que se introdujo en su boca. Ichigo de la impresión no contestó hasta que Shiro empezó a mover su lengua con la suya, en ese entonces le correspondió acariciando con sus dedos su cabello blanco.
–¡Espero que no sea nada extraño! –Exclamó sonrojado cuando se separaron–. N-no es que yo no quiera… Pero… yo… tú… entonces…
–¿A qué te refieres~? –lo interrumpió poniendo un dedo en sus labios– ¿Acaso alguien está necesitado?
–¡¿Qué?! ¡N-no! ¡Yo…! –su cara se tornó aún más roja cuando el cuerpo del albino rozaba con el suyo–. Shiro que…
–Eres tan irresistible~ -empezó a atacarle… A besos.
–¡Ah! ¡Shiro para! –él puso sus manos sobre el pecho de Shiro, pero en realidad, no estaba haciendo nada de fuerza para alejarle de él.
Conclusión:
Esos dos son incapaces de parar una vez empiezan.
–¿Se lo pasan bien chicos? –dijo una voz femenina detrás de ellos. Ichigo se sonrojó aún más si era posible– ¿Les importa si me uno?
A no ser que alguien los interrumpa.
–¡Yoruichi! –la llamó casualmente el de ojos dorados. ¡Como si la conociera de toda su vida!– La verdad no me importaría –preguntó mientras volvía la mirada hacia Ichigo y lamía su cuello.
–¡Shiro!
–Es broma, solo pasé a ver qué tal estaban cuando… Estabais así –rió Yoruichi–. Será mejor que les deje espacio. ¡Nos vemos! –y por donde vino se marchó.
Ichigo se hundió en el agua hasta quedó cubierto por la nariz. ¡Qué vergonzoso había sido eso! ¡A esa mujer le gustaba jugar con él y encima Shiro se le unía! Frunció el ceño y cerró los ojos. Shiro se echó a reír a carcajadas abrazando al peli naranjo.
–No te molestes tanto. No hablábamos en serio –se acerca su oído y le susurró–. Además solo yo puedo 'jugar' contigo…
–Shiro yo… hmm…
–¿Qué? –respondió apoyando su barbilla sobre el hombro de Ichigo.
–Yo…
–¿Ichigo?
Hubo un breve silencio hasta que un sonoro estornudo salió del peli naranjo. Shiro se echó a reír diciendo que ya llevaban demasiado tiempo en el agua.
Ichigo olvidó lo quería preguntarle a Shirosaki sobre la sorpresa.
Y esa sorpresa… Podía ser la última cosa que Ichigo podría imaginar.
Pasaron varios días en los que Ichigo volvió a su rutina de siempre, yendo a la escuela; recibiendo una protesta de su profesora por faltar tanto, pasando tiempo con su familia; la cual no paraba de hablar de lo cambiado y feliz que se veía, y también… Les contó sobre la propuesta de Shiro de irse a vivir con él.
Isshin enseguida corrió al póster de Masaki, llorando mares, gritando que su hijo ya se había hecho mayor y que iba a independizarse. Karin sonreía diciendo que por ella, no le importaba que se fuera con la condición que llamará y fuera a verlos de vez en cuando. Yuzu estaba llorando de felicidad, abrazada a su padre. Ichigo miraba a su familia sudando una gota. Era increíble cómo se tomaban algunas cosas.
–¡Espero que igualmente puedan darnos nietos algún día! ¡Masaki! ¡Seremos abuelos!
Los tres hermanos decidieron ignorar a su loco padre y hablar ellos de otras cosas.
Yuzu y Karin lo ayudaron a empacar sus cosas. No podía llevarse todo, pero se llevaría lo más importante.
Ichigo aún no le había dado su respuesta a Shirosaki. Quería que fuera una sorpresa para él.
Y justo escucharon a alguien tocar en la puerta. Isshin fue a abrir y sonrió lanzándose sobre el albino, este logró esquivarle ya sabiendo de sus movimientos después de todo el tiempo que estuvo dentro del alma de Ichigo–. Hola señor Kurosaki –saludó desinteresado mientras el hombre se estrellaba contra la pared de la calle de enfrente.
–¡Hola Shiro-nii! –Yuzu le sonrió y lo guió al interior de la casa–. Onii-chan está en su habitación.
Shiro asintió con la cabeza y se marchó escaleras arriba después de haber revuelto el cabello de la chica.
Ichigo estaba parado por fuera de la puerta de su habitación y giró la cabeza para mirar a Shirosaki cuando lo escuchó llegar. El peli naranjo le pidió que cerrara los ojos y lo tomó de la mano para llevarlo al interior de la habitación. Cuando los abrió no vio nada extraño, por lo que no entendió qué era lo que tenía que ver aunque la verdad se veía un poco más vacía. Arqueó una ceja y entró hasta quedarse parado en el centro. Ichigo sonreía tras él, esperando a que se diera cuenta. Fue entonces que Shiro se percató de las maletas junto a la cama.
–¿Ichigo? –giró la cabeza, viéndose sorprendido, confuso e incrédulo. ¿Puede ser que él fuera a…?
–Me voy contigo Shiro.
Una sonrisa se dibujó en el rostro del albino antes de abrazar con fuerza a Ichigo.
No sabía cómo expresar cuan feliz estaba en ese momento.
Ichigo se aseguró de que todos sus amigos supieran que se marchaba, avisó también a Rukia y Renji, pero les pidió que no le dijeran nada a Yamamoto de qué se iban. Si los seguían hasta aquel lugar toda la batalla hubiera sido inútil.
Ambos tomaron el tren hacia su destino. Nada más llegar les recibió un chico de aproximadamente quince años, de cabello rojo y ojos dorados. Este se lanzó a abrazar a Shiro, gritando lo mucho que se alegraba de que estuviera bien. Ichigo dio un paso atrás sorprendido de la repentina acción. ¿Qué pasaba con ese chico? ¿Quién demonios era?
–¿Qué haces con forma humana Kyosuke? –miró al chico y este suspiró cansado.
La boca de Ichigo se abrió en forma de 'o' entendiendo quién era el misterioso adolescente. Nunca hubiera pensado que ese fuera Kyosuke. Se comportaba un poco más… ¿infantil?
–Aaaah… ¡Es que Kagura insistió en que la ayudará a limpiar la casa! –hizo un puchero y movió los brazos en el aire– ¡Aburrido, aburrido! Pero… maestro… ¿por qué la casa olía a fresas?
–Eso fue… –un estampado de flores apareció detrás de Shirosaki mientras este sonreía estúpidamente.
Lo que pasó…
–Ichigo se acaba de ir y ya lo echo de menos –murmuró con la cabeza y los brazos estirados sobre la mesa– ¡Oh! ¡Tengo una idea! –Sacó de un cajón un perfume de fresas y lo esparció por la casa– ¡Listo! –sonrió feliz por un momento hasta que dejó los brazos caer y un aura depresiva lo rodeó–. Ahora me siento más nostálgico…
–Y eso fue lo que pasó –le contó todo a Kyo mientras esa sonrisa tonta no se borraba de su cara.
–Maestro… Está realmente obsesionado con Ichigo-senpai –siseó Kyosuke mientras Shiro parecía estar pensando en algo que no quería saber.
–Idiota… –musitó el peli naranjo suspirando.
Shiro sacudió la cabeza saliendo de sus pensamientos y sonrió– ¡Démonos prisa! ¡Tengo que enseñarte tu sorpresa Ichigo! Kyosuke llama a Kagura por favor.
–¡Enseguida, maestro! –empezó a correr lejos de ellos transformándose a su forma de lobo en el proceso.
Shirosaki empezó a correr hacia la casa gritándole a Ichigo con emoción que no se quedara atrás. El peli naranjo se preguntaba qué lo tendría tan emocionado. Ya de por sí era raro verlo actuar de ese modo… Tenía que ser algo muy grande. Suspiró y caminó un poco más rápido siguiendo los pasos del de ojos dorados.
Ya dentro, Shiro le apuró a que subiera a dejar sus cosas y que se tomara su tiempo para alojarse. Ichigo hizo caso, aún confuso de su extraña actitud. Ya dentro de la habitación pestañeó un par de veces girándose a mirar hacia la puerta. ¿Qué mosca le picó? Sacudió la cabeza y comenzó a desempacar sus cosas. Estuvo un buen rato haciéndolo hasta que escuchó la voz de Shirosaki llamándole para que bajara.
Kyosuke lo recibió en las escaleras en su forma humana, tomándolo de la mano y pidiéndole que cerrara los ojos. Ichigo tuvo el ceño fruncido durante el camino. No sabía que esperarse…
Entonces le dijo que podía abrir los ojos. Pestañeó un par de veces antes de ver que estaba frente al sofá donde había algo en… en… ¿algo enredado en un montón de mantas?
Dio varios pasos para mirar más de cerca y sus ojos se abrieron como platos. Su mirada iba de Shiro a aquello y viceversa. No tenía palabras… ¿Qué significaba?
–Vamos tómala, Ichi –sonrió Shiro dándole un empujoncito.
Él lo miró y después se acercó a tomar la criatura en brazos. Era una niña de pocos meses. Pero cómo…
–Es un híbrido como nosotros, pero…
–¡El jefe del clan os deja adoptarla! –pío Kagura moviendo su cola alegremente –El clan Byakurō está muy agradecido de que hayan luchado tanto para proteger este lugar. ¡Incluso el jefe a perdonado al maestro!
–¿Adoptarla? ¿E-es en serio? –Ichigo parpadeó aún incapaz de creerse de que aquella pequeña fuera a ser su hija. Los otros tres asintieron.
Shiro se acercó por detrás de Ichigo y le abrazó– ¿Y bien? Necesita un nombre.
Ichigo frunció el ceño. Él para los nombres era muy malo. Pero daría su mejor esfuerzo en darle a aquella niña un buen nombre uno del que pudiera estar orgullosa cuando creciera. Se quedó pensativo durante varios minutos y los demás se quedaron en silencio esperando la respuesta del peli naranjo.
Entonces una sonrisa afloró en el rostro de Ichigo cuando recordó el nombre de una persona muy importante para él y estaría encantado de que su hija llevara ese nombre. Además de que con el cabello negro y ojos azules de ella le pegaba mucho.
–Rukia.
Shirosaki sonrió también y miró a la niña quien estaba haciendo sonidos y estirando su mano– Parece que le gusta.
–Será mejor que los dejemos solos –le dijo Kagura a Kyosuke. Este gruñó molesto.
–¡Ya sé! ¡A mí no me des órdenes! –le dio la espalda a la otra loba y se marchó enfadado.
Kagura rió. Si Kyosuke supiera…
Ya en la noche, Ichigo y Shiro decidieron unir dos camas y dormir juntos con su nueva integrante de la familia, la pequeña Rukia, durmiendo plácidamente entre los dos. El albino se había quedado dormido enseguida y soñaba… Soñaba de nuevo con el pasado.
Shiro's POV
Mi madre y yo estábamos parados cerca del lago, observando las blancas flores–. Mamá –la llamé tirando de su kimono– ¿Cómo es la primavera? –supe que esa pregunta la cogió desprevenida, pero aún así me miró y sonrió.
–No lo sé. Pero me han dicho que los campos se ponen verdes, las flores crecen coloridas y brillantes y sientes un cosquilleo en el cuerpo y calor en el corazón.
–¿En el corazón?
–Sí. Aquí –señaló a hacia su pecho y yo repetí esa acción–. Veamos la primavera juntos algún día, ¿vale?
Asentí con alegría. Mi mayor deseo, era ver ese paraíso de la primavera, sentir ese calor en el pecho. Iba a darle la mano cuando ella de repente empezó a distanciarse de mí diciendo algo que no alcanzaba a escuchar, desapareciendo en la oscuridad infinita.
–¡Madre! –se levantó de repente mirando a su alrededor y jadeando. El sudor recorría su frente y giró la cabeza para mirar a los otros dos que aún seguían durmiendo profundamente. Se rascó la cabeza y suspiró. Otra vez ese extraño sueño… ¿Qué era lo que le decía su madre? Nunca llegaba a entenderla o a oírla.
Escuchó la puerta de la habitación abrirse para revelar a Kagura parada allí y mirándola con preocupación– ¿Estás bien?
Shiro asintió y se levantó de la cama en silencio para no despertar a los otros dos. Salió de la habitación junto con Kagura y bajaron hasta el salón.
Allí estaba Kyosuke también, pero estaba durmiendo sobre el sofá, sus orejas moviéndose de vez en cuando como si estuviera alerta a pesar de estar dormido. Shiro pasó hasta la cocina y se sirvió un vaso de agua para refrescarse un poco.
–¿Otra pesadilla? –Preguntó Kagura– Hace cincuenta años también las tenías por esta época del año.
Shirosaki se llevó una mano a la frente y se echó su flequillo hacia detrás, suspirando en el proceso y asintiendo a la pregunta de la loba. Le contó a Kagura que solía soñar con su madre, y ella le decía algo que nunca alcanzaba a escuchar. Kagura agachó la cabeza incapaz de poder ayudarle. Ella era mucho más joven que Shirosaki, ni siquiera había nacido hace ciento cincuenta años. El único que podría saber era… Kyosuke.
Sonrió para sí misma y corrió hasta el salón para despertar al lobo. Este le gruñó cuando después de tirar de su cola y de sus orejas, despertó. ¿Qué le pasaba a aquella hembra que nunca lo dejaba en paz? Cuando Kagura le contó el motivo, Kyosuke se bajó del sofá y caminó hacia la cocina seguido de ella.
–¿Quiere saber lo que su madre le dice en esos sueños maestro? –preguntó Kyosuke sentándose y moviendo su cola lentamente de un lado a otro. Shiro lo miró sorprendido y luego asintió rápidamente. ¡Claro que quería saberlo!– Su nombre.
–¿M-mi nombre?
–Sí. Su verdadero nombre. El que olvidó años después de la muerte de sus padres. Nunca supe su apellido, pero… Puedo recordarle. Su nombre era… -se hizo un momentáneo silencio hasta que Kyosuke terminó la frase –Ogichi.
Todo tuvo sentido para Shiro de repente. Ogichi… hacia más de un siglo que no escuchaba ese nombre de los labios de nadie. Entonces le vino la duda de por qué Kyosuke nunca se lo dijo antes.
–Kyosuke… ¿Por qué nunca me lo recordaste?
–Quería esperar… A que lo superaras…. La pérdida de tus padres. Ahora ya puedo llamarte Ichi-kun como solía hacer. Claro y siempre que Ichigo-san no esté delante, no quiero llevarlo a confusión.
–Ja. ¿Así que ya dejo de ser tu maestro y somos amigos de nuevo? –sonrió socarronamente y se agachó para acariciarle la cabeza a Kyosuke. Este asintió con la cabeza y le lamió la mano.
Ichigo estaba recargado contra la pared de fuera y había escuchado todo. Sonrió y caminó de vuelta a la habitación. Se alegraba de que Shiro hubiera conseguido aclarar y aceptar su pasado.
Al final del todo se alegraba mucho de haberse llegado a enamorar de alguien como Shirosaki a pesar de que al principio las cosas no hubieran ido muy bien entre ellos. Si alguien le hubiera dicho antes que acabaría así se hubiera reído en su cara y luego le habría golpeado por tal ocurrencia.
Y ahora… Ahora tenía una nueva y pequeña familia a la que querer y proteger.
Volvió a acostarse al lado de Rukia y al rato sintió como Shiro volvía también a la cama, abrazándose a ambos.
Ichigo pensó que no hubiera podido ser más feliz de otro modo.
–Ichigo –murmuró Shiro en sueños –Veamos juntos la primavera...
Ichigo sonrió y le dio un beso en la frente– Claro. Juntos...
Un pañuelo de color rojo volaba por el aire libremente, aterrizando las flores de distintos cuando la brisa cesó. Y si alguien echará un vistazo de cerca, podría ver el dibujo de un lobo firmado por dos personas.
Bienvenida, primavera.
Byakurō Fin.
Increíble. ¿Ya está? ¿Acabó? He he he como ya dije puede que haga una segunda parte. ¿Quién no quiere ver a la pequeña Rukia de mayor? ¿O una relación un tanto extraña entre Kyosuke y Kagura? Y más cosas. Hay algunas cosas que quedaron en el aire, ¿no es así? Si tienen alguna duda sobre el fic pues ahora es el momento. Si tienen quejas del asqueroso final también pueden xD (Se me da mal terminar fics ._.)
