Capitulo 3: Petant mutare corpus.

– Se llama Petant mutare corpus, es una poción de cambio de cuerpo, pocas veces funciona, si no se sigue el proceso como es debido puede acabar realmente mal – Snape pasó sus ojos por toda la clase. – Dumbledores me ha dicho que no la probemos en ustedes, por desgracia –

La clase entera bufó.

– Sería súper guay hacerlo – dijo Dean.

Harry quería abofetearlo ahí mismo, era tan fácil decirlo. Aprovechando que no era él mismo -literalmente- levantó la mano de Pansy.

Todos la miraron, extrañados.

– ¿Si, Parkinson? – preguntó Snape, igual de extrañado.

¿Hay algún antídoto para ésta poción? – preguntó.

– Sí sí, pero es.. extraño – titubeó Snape.

Al terminar, esperó a que todos se fueran y salió al pasillo y miró su reloj 5:45, era hora de ir al encuentro con Parkinson, pero un Malfoy le impidió el paso.

– ¿Qué pasa, Malf.. Draco? – dijo Harry, molesto.

– En verdad andas muy rara Pansy – dijo él, muy calculador.

– ¿A qué te refieres con eso? –

– No sé, es como si no fueras tú –

Harry intentó sonreír, rió bajito. – ¿Cómo? ¿Quién crees que soy? ¿Potter? – terminó, serio.

Draco lo miró fijamente, sin contestar. – Bésame –

– ¿Qué..

Pero Draco ya deslizaba la mano hasta su varita, por si Harry se equivocaba, entonces Harry reaccionó rápido, y atrayéndolo de la túnica le dio un corto beso en los labios.


Cuando llegó a la estatua de Boris el Desconcertado, localizó la puerta y susurró la contraseña.

Potter no había llegado, ni había nadie, ni siquiera Myrtle se asomaba por ahí.

Se recargó frente de los espejos, se encontró con los ojos verdes de Potter, la miraban con excitación.

Desde pequeña había recibido constantes alabanzas de muchas personas, pero no por algo que ella hubiera hecho, sino, por su belleza, o por la pureza de su sangre.

Nunca había sentido lo que minutos antes había experimentado en el campo, aquella sensación de volar, el escándalo de todos cuando atrapó la snitch.

Siempre había pensado que Potter siempre ganaba la atención de todos con solo enseñar su cicatriz, pero sentir el miedo a caer de la escoba, la adrenalina corriendo en sus venas, el valor de volar tan alto.

No era tan mal estúpido, después de todo.

¿Observando mi belleza en el espejo, Parkinson? – rio Harry, reflejado en el espejo, detrás de ella. – Soy perfecto, ¿no lo crees?–

Pansy también rió, disimuladamente. – ¿Crees que Dumbledore ya haya llego?–

– Tal vez, o nos quedaremos así para siempre –

– Eso no tiene gracia, Potter –

– La tiene, pero tú eres una amargada –

Pansy curzó los brazos. – Cállate, no sabes por todo lo que he pasado hoy –

Tú tampoco, no sabes lo que fue besar a Malfoy – dijo, muy serio.

– ¿¡Hiciste qué?!–

– ¡No tuve opción, me pidió que lo besara, para asegurarse que fueras tú! –

Joder, Potter, quién lo diría – rió. – Besa bien, eh–

– ¿Qué? ¡Qué insinúas! –

– Vamos Potter, seguramente fue el mejor beso de tu vida – dijo, entre risas.

Harry se sonrojó violetamente. – Ya quisieran muchas –

Pansy sonrió traviesamente. – Apuesto a que no, apuesto a que besas horrible–

¿A qué demonios estaban jugando?

Harry acortó la distancia, en un suspiro sus bocas se habrían encontrado, los ojos de la verdadera Pansy brillaban en los suyos verdes.

Era, tan extraño.

Esto se va poner bueno – dijo una voz chillona, los dos saltaron hacia atrás. – Perdón por interrumpir, sigan, sigan..

– ¡Por Merlín Myrtle! ¡Nos has sacado un buen susto! – dijo Harry, con la voz chillona de Parkinson.

Myrtle la miró anonadada, ningún Stlytherin le dirigía la mirada siquiera. Antes que pudiera reaccionar la verdadera Pansy jaló a Harry. –Vámonos –

– ¡Claro, dejen a Myrtle hablando sola, siempre sola, desde antes de su muerte nadie la visitaba, y .. y..– chillaba.

Pansy cerró la puerta tras sí.

Potter, tenemos que hacerle una visita a Dumbledore –


Tocaron el despacho múltiples veces, pensaron que ya todo estaba perdido, hasta que la barba del profesor se asomó de repente.

– ¿Qué pasa Pansy? ¿Por qué están aquí uhmmm..los dos? - preguntó el director con mucha curiosidad. El falso Harry no decía nada, incluso parecía rehuir de su mirada.

Era lo más extraño del mundo.

– Pues sabe profesor… – intentó decir la chica pero se encontraba muy nerviosa, Dumbledore miró a "Harry".

– ¿Qué pasa Harry? ¿Te han comido la lengua los elfos? – dijo Dumbledore, con calma.

Dio un respingo al escuchar su nombre. – Yo… –

– Hay un pequeño gran problema profesor, creo que lo mejor sería hablar en su despacho – dijo "Pansy", agustiada.

– De acuerdo – dijo el director aún más extrañado. – Acompáñenme -

.

Cerró las puertas de su despacho se cerraron detrás. Fawkes, el fénix le dio la bienvenida con un gorgoteo suave desde su garganta pelirroja.

- ¿Ahora si me podrían decir qué está pasando? - preguntó Dumbledore, sentándose en su cómodo asiento.

– Pues verá… – dijo la chica. – Pansy y yo.. es decir.. Harry y yo.. perdón, sí.. – intentó decir Parkinson, pero "Harry" la cortó, arto de la situación.

Se paró de su asiento y dejó caer la manos en la mesa del director, atrayendo su atención. – Yo soy Pansy. Él en realidad es Potter. Ayer en la clase de pociones no escuchamos bien las instrucciones de Snape y nos tomamos la poción para cambiar de cuerpo, maldita sea. ¡Y ahora no sabemos ni puta idea de cómo volver a nuestros cuerpos! -

Si cambiar de cuerpos fue extraño fue más extraño ver que Dumbledore se reía. ¡Se reía! ¡De los dos!

– ¿Qué le parece tan gracioso? – escupió Pansy, en el cuerpo de Potter, muy molesta.

Dumbledore dejó de reírse, pero la extraña sonrisa no desapareció de sus viejos labios. – ¿Acaso no les parece gracioso? ¡Tú con esos lentes que no te quedan! ¡Harry vestido como chica! ¿¡Qué no tienen sentido del humor?–

Pansy casi se lanza contra el cuello de Dumbledore, pero Harry se lo impidió.

– Vaya, está bien.. ¡Lo siento! ¡No saben cuando lo siento! Pero ¡Mírense! – dijo de nuevo el director, estallando en carcajadas, nuevamente.

El verdadero Harry lo miró reprobatoriamente y el director se compuso.

– Perdón, ya.. fue todo.. – susurró el Dumbledore y se quedó en silencio.

Pansy se removió incómoda en su asiento, y se acomodó los lentes. - ¿No va decirnos nada? - dijo al ver que el director no agregaba nada más.

– ¿Qué quieren que les diga? – preguntó él detrás de sus gafas de media luna, inocentemente.

– No sé…tal vez ..¡CÓMO VOLVER A NUESTRO CUERPO! – explotó Pansy, al borde de ahorcarlo.

– Ah, si.. perdonen.. Pues no es difícil, ya ha pasado pocas veces otros años pero nada con esto.. Un Gryffindor con una Slytherin, Potter y Parkinson.. blanco y negro.. agua y fuego.. sal y azúcar… –

– Vale vale, ya entendimos – dijo Harry, ya también con los nervios de punta.

– Pues, tiene que haber un contacto físico –

– ¿Nada más? – dijo Pansy incrédula.

– Sí señorita Parkinson, pero no cualquier contacto, no hablo de agarrarse la mano..

Harry estalló – ¡Usted quiere que ella y yo… –

– ¡No señorita P.. perdón, Potter!. Por su puesto que no. Con un beso bastará – dijo Dumbledore, ya más serio. – ¡Ah!, y unas cuantas palabras -

Pansy lo miró con desconfianza. A ese viejo le falta un tornillo.. y miró a Harry, que parecía igual de nervioso que ella.

– Les dejo privacidad – dijo el director caminado hacia la puerta, los dos se sonrojaron levemente cuando Dumbledore les guiñó un ojo.

– ¿Cuáles son las palabras? – le dijo Harry.

– Petant mutare corpus, antes del beso. Y recuerden, solo un beso– y salió del despacho.

Trascurrieron unos minutos de silencio incómodo.

– Vamos Potter, no pienso pasar la eternidad en tu cuerpo, así que bien y ya bésame. No muerdo, si tú no lo haces primero– bromeó.

Harry lo miró, nervioso.

– Es broma Potter. ¿Dónde está tu sentido del humor? Yo creía que..

Pero entonces se calló, Harry estaba muy cerca. – ¿Lista? –

– Si tú lo estas –

– Petant mutare corpus– dijeron, al mismo tiempo que sus labios se encontraban, suavemente.

Harry abrió los ojos, vio a Pansy y aquellos centímetros que separaban sus labios, ya tocados.

– Yo..

– Cállate Potter – murmuró, jalando la túnica hacia sí.

Esta vez no fue un beso corto y dulce, sus labios luchaban entre sí, correspondiendo con tanto fervor como necesitaban, el suave roce de sus bocas, los rápidos latidos de sus corazones desbocados.

Una vocecilla lejana le gritaba que parara, pero ninguno le hizo caso.

Sus movimientos eran sincronizados, como si lo hubieran hecho mil veces en vidas anteriores.

Nunca habían sentido tanta necesidad de besar a alguien. Harry hundió sus dedos en los omoplatos de la chica, cuyo corazón dio otro salto.

Con respiraciones agitadas y aquel deseo oscuro a flor de piel sus leguas se enroscaron, probando el sabor del otro, aunque ya hábilmente conocido por su propia alma.

Pansy enroscó sus dedos en el cabello azabache de Harry, era suave. Mordió con fuerza sus labios, él ahogó un grito de dolor.

El sonido de la puerta los hizo saltas lo más lejos uno del otro. No apartaron la mirada, encendida. Negro y esmeralda se buscaron..

– ¿Interrumpo algo? –

Harry, ya en su cuerpo se sonrojó solo un poco, su respiración seguía agitada. ¿Qué demonios había pasado? Seguía sin creérselo. Ciertamente la serpiente besa muy bien.. más que bien. –No se preocupe, no ha sido nada– dicho esto le dio al gracias al director y salió del despacho con Pansy siguiéndole a sus espaldas.

– ¿Qué demonios fue eso Potter? – preguntó desviando sus ojos hacia los retratos. Y con las mejillas aún coloradas.

– ¿Beso bien? ¿Mejor que Malfoy?–

– ¿Tengo que responder? –

– ¿Me gustará la respuesta? –

– Tal vez, dejemos de flirtear y vamos al comedor–

– Lo tomo como un sí – tomó a Pansy de la mano. – Muero de hambre –