Castiel bajó del cielo en cuanto le fue posible. Hacía ya un buen rato que se sentía mal, que sentía como si algo muy malo estuviera sucediendo. La sensación era insoportable.
Cuando llegó a casa y vio que no había nadie supo con certeza que algo iba terriblemente mal. Dean ya debería haber regresado del colegio con Alexandra y Rickon, por eso fue hasta allí en un batir de alas.
Alex y Rickon permanecían en el colegio, una profesora había estado cuidando de ellos.
-Señor Novak-dijo al verle-estábamos a punto de llamarles a casa.
-Lo siento mucho. Dean debería haber venido hace rato a recogerlos.
-¿Sucede algo?-preguntó la profesora con preocupación.
Si Castiel lo tenía claro antes. Ahora lo tenía más claro aún. A Dean le había ocurrido algo, por eso tenía esa sensación de dolor y de opresión en el pecho.
-No-mintió-se le hizo tarde en el trabajo. La reitero mis disculpas. No volverá a pasar.
-No se preocupe-contestó con una sonrisa-Hasta mañana chicos.
-Buenas tardes profesora-se despidieron los niños.
Una vez volvieron a casa, Castiel intentó actuar con naturalidad.
-¿Qué pasa papá?-preguntó Alex
-No pasa nada cielo. Hazme un favor, prepara la merienda para ti y Rickon, yo me tengo que ir, llama a Ben para que venga, pero mientras lo hace tienes que cuidar de tu hermano ¿De acuerdo?
Alexandra no era tonta y sabía que algo no andaba bien, sin embargo obedeció.
El ángel iba a llamar a Sam pero el teléfono sonó antes.
-Diga-dijo con brusquedad.
-¿El marido de Dean Winchester? ¿Es usted el señor Novak?
-Lo soy. Dígame dónde está mi marido.
La mujer pareció confusa a través del teléfono, no esperaba que el locutor ya supiera que iba a recibir malas noticias.
-Ha tenido un accidente. Está en el Hospital General y…
Tiró el teléfono y se teletransportó hasta allí.
Entró en la recepción dando grandes zancadas.
-Mi marido, Dean Winchester, me han dicho que está aquí-dijo sin contemplaciones
La mujer le miró, boquiabierta.
-No es posible…yo…estaba hablando ahora mismo con usted.
-No tengo saber qué ha pasado y dónde está.
-Planta 2, habitación 46. El médico le está esper…
Se marchó de allí. Solo tenía que llegar hasta Dean y curarle. Y todo habría acabado. Sin embargo un médico le salió al paso. Y le iba a hacer una pregunta que él ya sabía.
-Si, soy Castiel, el marido de Dean Winchester. Necesito verle ahora mismo.
-Será mejor que no lo haga. Ha tenido un accidente muy grave, un coche le atropelló en Main Street. Tiene varias costillas rotas que quizá le hayan afectado al pulmón y un gran impacto en el cráneo que podría afectar al cerebro. Está inconsciente y no sabemos si despertará señor Novak. Lo siento mucho.
Castiel no dijo ni una palabra, ni un gesto. Nada. Solo quería llegar hasta él antes de que fuera demasiado tarde.
Cuando al fin llegó a la habitación una furia enorme mezclada con el miedo más absoluto hizo que estallara.
-¡Lárgate de aquí!-gritó-¡No te acerques a él!
Castiel no se molestó en andar, utilizó sus alas para llegar más rápido junto a él y espantar a la parca que le acechaba.
-Márchate. No tienes nada que hacer aquí.
-Cálmate Castiel. No he venido a por él. Aún no al menos.
-¿Entonces qué haces aquí, Tessa?-preguntó con voz gélida
-Esta vez no puedes ayudarle.
-¿Cómo has dicho?-su actitud ahora era amenazadora
-Si sobrevive tendrá que hacerlo por sus propios medios, sin tu ayuda ni la de nadie. ¿Me he explicado claramente?
-¿Quién eres tu aquí para mandar en nada?
-Tuviste tu oportunidad Castiel, pero yo llegué primero, así que yo pongo las normas.
-Me paso tus normas por el forro de los co…
-Oh vaya, el recto Castiel tan vulgar como un humano. No seas grosero. Sabes como van las cosas y no puedes hacer nada por muy mano derecha de papi que seas.
-Por supuesto que puedo. No olvides que sé como matarte.
-Mi jefe me ha enviado aquí personalmente ¿ No querrás enfadarle verdad? He oído que tienes familia…
La agarró por el cuello sin contemplaciones.
-Ni los nombres. Tu no sabes de lo que soy capaz.-la soltó con brusquedad
-En cualquier caso Castiel, no hagas nada.
-No te dará la satisfacción de morirse Tessa.
-Yo no deseo su muerte, solo que las cosas sigan su curso-y sin decir nada más desapareció.
El ángel se revolvió el pelo, enfadado, furioso, impotente, lleno de rabia y dolor. Se acercó a Dean y le acarició el rostro magullado con delicadeza.
Supo que debía llamar a Sam que llegó allí tan deprisa que casi parecía que había cogido un avión.
-Leah ha ido a recoger a Ben,Alex y en mi casa.
-Te lo agradezco
-¿Qué ha pasado?
Castiel le contó todo sin omitir ningún detalle.
-Así que básicamente te han cortado las alas y te han amenazado con el jinete-exclamó enfadado
-Y solo por la morbosa curiosidad de ver si él es capaz de salir adelante sin mi ayuda, están enfadados porque tu y Dean habéis alterado el orden demasiadas veces. Incluso yo mismo. Si hubiera llegado antes que ella…-se maldijo así mismo-Esto es mi culpa.
-No lo es Cas, no debes culparte. Mi hermano es fuerte y no es la primera vez que sale de una de estas, tu mismo lo has dicho.
Pasaron horas y horas en el hospital, esperando algún síntoma de mejora. Sin embargo Dean no despertaba, ni siquiera se movía y eso hacía que ambos se sumieran cada vez más en la duda y el dolor.
-Sam,vete a casa-le dijo a su cuñado-Estás cansado y necesitas dormir.
-Yo no…
-Vuelve por la mañana, si hay cambios te avisaré.
Sam miró al ángel, él necesitaba dormir pero parecía que de repente había envejecido 100 años.
-Cas tu tampoco tienes buen aspecto…
-Sam, por favor, yo le velaré. Además Leah necesitará ayuda con tanto niño.
El menor de los Winchester al fin accedió y se marchó del se sentó junto a Dean y le cogió de la mano mientras se la apretaba muy fuerte para hacerle saber que estaba allí. Empezó a hablarle, le contó la primera vez que había oído el nombre de Dean Winchester y la instantánea curiosidad que había sentido por conocerle, también le habló sobre las veces que había pensando en como serían sus besos sin atreverse en decirlo. Le relató lo feliz que había sido durante su primer baile como casados, la alegria de tener unos niños a los que cuidar, o todas las veces que se habían divertido juntos aunque él insistiera en que era un ángel muy aburrido. También le explicó lo agradecido que estaba por haber hecho que sintiera y dejara de ser un soldado que solo obedecía ordenes.
Incluso cantó, cantó en enoquiano y también alguna de las canciones favoritas de Dean.
Y al final ya no pudo contener más su dolor y por primera vez en su larga existencia le salieron las lágrimas.
Y lloró.
Lloró tanto que bañó el rostro de Dean en lágrimas mientras le besaba sin parar, susurrándole palabras, sin cansarse ni un segundo.
-Tu nunca te has rendido y no lo harás ahora ¿Me oyes? Vuelve conmigo, no te puedes ir todavía. Sabes que yo te seguiría al cielo pero los niños nos necesitan a los dos. Necesitan a sus padres. Y yo necesito tener primero una vida feliz junto a ti. Una vida normal y feliz junto a ti que nos merecemos…Te quiero, te quiero. Despierta por favor…
