Por la mañana fueron a tomar el sol. Bajaron temprano a la playa y colocaron sus toallas en la arena.
Ambos se tumbaron boca arriba, disfrutando de la tranquilidad.
-Dean-dijo Castiel rompiendo la calma-Vas a quemarte-le advirtió.
-Pues échame crema Cas-contestó mientras se daba la vuelta y le pasaba el bote al ángel
Castiel se acercó y empezó a untarle la crema mientras le masajeaba la espalda.
-Mmm me encanta-dijo Dean con satisfacción mientras notaba como las manos de Castiel subían y bajaban haciendo que su vello se erizara.
Un rato más tarde Dean decidió que tenía calor y que quería darse un baño, Castiel refunfuñó como siempre lo hacía cuando se trataba de bañarse en sitios públicos pero cedió ante la insistencia de Dean.
En cuanto se descuidaron estaban dando el espectáculo: Los dos luchaban por hacerse aguadillas el uno al otro mientras en el proceso se robaban besos, como adolescentes sin vergüenza alguna. Cuando Castiel se fijó se dio cuenta de que tenían más de un par de miradas puestos en ellos.
Ese fue el momento en el que sacó a Dean a rastras del agua e insistió en marcharse de allí, avergonzado y cohibido ante tanta atención. Dean por el contrario…
-¿Tan morbosos sois que os gusta mirar?-les gritó entre divertido y molesto.
-¡Dean!-le regañó el ángel más avergonzado todavía
-Son unos mirones Cas…-se excusó con una sonrisa que el ángel no pudo menos que corresponder.
La tarde se la pasaron en la piscina del hotel, antes de subir de nuevo a la habitación para cambiarse antes de la cena echaron una partida a los sticks.
Dean, que adoraba aquel juego desde crío pegó una soberana paliza a Castiel, que sería la primera vez que lo hacía. Se enfurruñó ante las burlas de Dean y le amenazó con desaparecer y dejarle allí mismo.
-Tendrás que volver en autobús…o en avión-añadió con malicia.
-¡No serás capaz de…!
Pero el ángel había desaparecido en tan solo un segundo, para alivio del mayor de los Winchester se le encontró en la habitación, duchándose.
-¡Me has dado un susto de muerte!-le espetó enfadado
-¿Es qué no puedes respetar la privacidad? ¡Me estoy duchando y quitándome toda esta sal asquerosa del pelo y el cuerpo!-le gritó Castiel
-¿Tu me hablas de privacidad cuándo nunca has sabido qué era el espacio personal?-replicó y cuando el ángel se dio cuenta Dean estaba desnudo y metido en la ducha con él.
-¡Dean!-protestó
-Venga Cas…yo te ayudaré a quitarte esa sal tan molesta del cuerpo…-replicó con un ronroneo.
-Si me lo pides así…-aceptó el ángel mientras se lanzaba a los labios de Dean…
Más de una hora después Dean daba vueltas por la habitación, esperando a que Cas terminara de arreglarse.
-Jodido ángel presumido…-murmuraba molesto por tener que esperar-¿Es qué estoy casado con una niña y no me he dado cuenta?-exclamó muy consciente de que Castiel lo escuchaba todo.
-Hey Dean-dijo al fin saliendo del cuarto-Ya estoy listo.
Aunque intentó evitarlo a Dean se le desencajó la mandíbula. El ángel vestía de traje y completamente de negro, excepto la corbata que era de color gris metálico.
-Cas tú…estás…espectacular-terminó al fin sin aliento.
-Gracias Dean. Es nuestra última noche aquí y no quería ir de cualquier forma.
Cenaron en un restaurante a la orilla del mar, la pareja resplandecía entre el resto de clientes los cuales muchos de ellos no pudieron evitar girar la cabeza para mirarlos.
-¿Son ustedes estrellas de cine?-les preguntó una niña que se había acercado con disimulo saltándose la vigilancia de sus padres.
-No cielo ¿Por qué piensas eso?-preguntó Castiel con dulzura bajo la mirada divertida de Dean.
-No lo sé, lo parecen-respondió encogiéndose de hombros y mirando pensativa a Castiel-Tú podrías hacer de ángel-argumentó con total convicción.
Dean soltó una carcajada y Castiel sonrió, sorprendida por el sexto sentido que parecía tener esa niña.
-Bueno pequeña-intervino Dean-en cualquier caso es mi ángel, de eso no cabe duda.
La niña sonrió y volvió junto a sus padres bajo la mirada de ambos.
-Me ha recordado a Mary-apuntó Dean recordando a su sobrina.
-Si…desprende la misma energía que ella-concordó el ángel
Un rato después caminaron por el paseo marítimo dados de la mano, respirando la brisa marina y disfrutando de la mutua compañía.
Aunque la tranquilidad no duró mucho, Dean vio una discoteca que llamó su atención y arrastró dentro a Castiel que por una parte le parecía divertido ver bailar a otros humanos. Se sentó en la barra y vio como Dean iba a la pista de baile…y la primera chica de la noche se acercó a él, no la rechazó y eso hizo que Cas frunciera levemente el ceño.
-Tu amigo está bailando con mi amiga-dijo una chica sentándose a su lado.
-No es mi amigo-respondió.
-Os vi entrar juntos por eso pensé que…
-Es mi marido-cortó un poco malhumorado, en ocasiones se cansaba de tener que repetir ese pequeño detalle a cuantas mujeres intentaban ligar con Dean o con él mismo.
-¿Vosotros sois…gays?-preguntó incrédula.
-Se puede decir que si-respondió dándole un último trago a su copa. Se levanto y fue junto a Dean, fulminó con la mirada a la chica para que se separara de él y regresaron al hótel.
Por la mañana temprano regresaron a casa, un aluvión de niños corriendo hacía ellos se les vino encima y estos les acogieron con los brazos abiertos.
-¿Qué tal os lo habéis pasado?-preguntó Sam
-Muy bien-respondió Dean
-Excepto por el hecho de que tuve que espantar a toda chica que intentaba acercarse a ti…-explicó Castiel.
-Dean pensé que habías asentado la cabeza-bromeó Sam.
-Él tampoco se quedó atrás-protestó el mayor de los Winchester
Sam empezó a reírse con ganas, había momentos en que sus discusiones eran bastante graciosas a su parecer.
Una vez en su propia casa todo regresó a la normalidad, en apenas unos minutos el perro estaba comiendose las zapatillas de Dean, Alexandra estaba discutiendo con Rickon y Ben gritaba porque le molestaba el ruido.
-Dios-se quejó Dean-Deberíamos habernos quedado en la playa…
