Dean miró a Cas y el ángel supo que iba a decir cualquier tontería en aquel mismo momento.
-Cas, quiero hacer una locura.
-¿Qué tipo de locura?-preguntó con suspicacia.
-Quiero tirarme en paracaídas.
Ahí estaba, una absoluta y enorme tonteria que acababa de salir de los labios de Dean.
-¿Te refieres a tirarte desde lo alto de un avión con esa cosa que se abre casi en el último momento e impide que los humanos os estrelléis?
-A eso mismo.
-¿Por qué?
Castiel no lo entendía ¿Qué le veían en arriesgar su vida tontamente?
-Son 4.000 metros de altura y un minuto de caída libre ¿Es qué eso te gusta?-continuó el ángel.
-Quiero probar algo nuevo.
-Dean, te hicieron falta meses para acostumbrarte a la teletransportación y eso que es cuestión de segundos.
-Si no quieres tirarte conmigo lo haré solo.
-Ni hablar-Si se tiraban juntos al menos Dean estaría totalmente a salvo.
-Entonces estamos de acuerdo, voy a llamar a Sam.
Una semana después Sam aún no sabía como su hermano le había convencido para hacer lo que estaban a punto de hacer.
-¿Por qué no le quitaste esta ridícula idea de la cabeza?-le reprochó al ángel
-Porque no era posible, parece mentira que no conozcas a tu hermano Sam…
Dean y Leah llegaron junto a ellos, sonrientes.
-Creo que tu marido tiene miedo Leah-dijo Dean para picar a Sam
-Yo no tengo un seguro angelical-replicó el aludido-Leah y yo podemos matarnos sin problemas.
-Que dramático Sammy…-miró a Castiel- Y Cas no hará nada ¿Verdad? Dejará que todo siga su curso aunque eso implique estrellarnos contra el suelo-concluyó burlón.
-Eso no te lo crees ni tu Dean-dijeron Sam y Castiel a la vez.
Subieron al avión y esperaron durante largos minutos a que llegaran a la altura adecuada, el monitor les indicó que ya habían ascendido lo suficiente.
Sam y Leah fueron los primeros en saltar.
-Si muero…será tu culpa que mis hijos se queden huérfanos-dijo a su hermano antes de tirarse al vacio.
Dean miró abajo y aunque nunca lo hubiera reconocido le temblaron levemente las manos y sintió algo de miedo.
-¿A qué temes Dean? Estás conmigo-le dijo el ángel abrazándole por detrás.
-Está muy alto, no lo puedo evitar.
-Lo sé Dean, el miedo es irracional.
-Pero…¿Sabes otra cosa?
-¿Qué cosa?
-El miedo se puede controlar.
Y Dean saltó junto a Cas, ya que ambos iban enganchados juntos.
Desde allí arriba todo era impresionante, todo se veía desde otra perspectiva, cualquiera podría sentirse el rey del mundo teniendo esa visión.
Cuando llegaron abajo Sam y Leah ya les esperaban, ambos sonreían.
-Ha sido una pasada la verdad-admitió Sam.
-Tu hermano tuvo una buena idea, reconócelo-dijo Leah.
-Leah será mejor que no le animes demasiado-intervino Castiel.
-¿Me vas a decir qué tu no lo has pasado bien?-preguntó Dean al ángel.
-La verdad…no es lo mismo que teletransportarse, es más lento y agradable. Te da tiempo a observar con detenimiento todo lo que ves abajo y tu alrededor-contestó pensativo.
-Supongo que los ángeles no tenéis adrenalina-se río Sam que notaba como a él le había subido hasta limites jamás sospechados y luego se había convertido en euforia.
Cuando llegaron a casa y todos los niños estaban durmiendo Cas miró a Dean y este supo que al ángel le rondaba algo.
-¿Te apetece hacer otra locura?-le preguntó.
-¿Tu haciendo locuras Cas? No me lo creo.
-Ya te amo locamente ¿No?
Aquellos momentos eran los que hacían que Dean quisiera cada día más a Castiel.
-Hagamos lo que sea que quieras hacer-le dijo con una sonrisa
Se teletransoportaron y Dean jamás podría haber imaginado donde se encontraban, Castiel le sujetaba con fuerza, impidiendo que asi cayera.
-¡Estamos…Cas…estamos…!
-En una nube-terminó Cas con satisfacción viendo la sorpresa de Dean.
-Pero esto es…es increible.
A Dean no le salían las palabras.
Pero lo que vino a continuación fue aún mejor y jamás podría llegar a describir lo que sintió.
Porque hacer el amor en una nube era infinitamente mejor que estar simplemente en ella.
