El primer día de año nuevo Cas miraba a Dean embelesado.

Estaba bajo el árbol de Navidad, jugando con Rickon a indios y vaqueros mientras el niño reía a carcajadas.

Casi no notó como Sam se acercaba hasta él.

-¿Qué te tiene tan fascinado, Cas?-preguntó intrigado.

-Solo observaba como Dean juega con Rickon.

Sam miró en aquella dirección también. El cabello de Dean estaba alborotado y tenía un saludable tono rosado en las mejillas, hacía bromas con el niño y se le veía relajado, feliz. Rickon gorgojeaba alegre e intentaba imitar las voces de su padre.

-Aunque siempre intentó negarlo…siempre se llevó bien con los niños-señaló Sam recordando aquella vez que Dean había salvado a Lucas de morir ahogado.

-Recuerdo la primera vez que traje aquí a Rickon-sonrió-tu hermano estaba aterrorizado.

-Ya, me acuerdo muy bien el grito que me metió por teléfono exclamando que estabas locos y que esta vez ibais a ir todos a la carcél-Sam soltó una carcajada, divertido.

-Él estaba empeñado en que la policía pensaría que lo habíamos secuestrado-hizo un gesto con la cabeza resignado-pero deberías haber visto su cara cuando le dije que lo cogiera por primera vez.

Sam miró con curiosidad al ángel, eso era algo que Dean no le había contado.

-¿Qué cara puso?

-Pues de terror-volvió a carcajearse-tenía miedo de que se le cayera o le sujetara de forma incorrecta.

Y Cas pudo verlo vividamente, un Dean tan solo un par de años más joven cogiendo por primera vez a un bebe en toda su vida-Sammy no contaba en esta ocasión-el ángel pudo ver de nuevo la expresión de su cara, primero de miedo, después receloso de que algo fuera mal, como si Rickon fuera a caerse o a ponerse a llorar…y luego de auténtica ternura en los ojos mientras le mecía suavemente.

-Supongo que le duraría poco ese miedo.

-La verdad es que si-contestó Cas asintiendo con la cabeza.

-Y luego tú te acostumbraste a cantarle en enoquiano-añadió Sam.

-En ocasiones lloraba mucho, y era la única forma de que se calmara.

-Tio, debo ser la única persona en este mundo que tiene un sobrino que sabe hablar el idioma de los ángeles como si fuera inglés o mejor-bromeó Sam.

En aquel momento Rickon se giró y señaló a Dean hacía ellos, después se levantó y corrió algo tambaleante a los brazos de Cas-le dijo algo que solo el ángel pudo entender-y después saltó, resuelto a los grandes y anchos hombros de su tio Sam.

-Rick-dijo Ben entrando en el salón-Mary ha preparado galletas ¿Quieres una?

Una vez más el niño se apresuró a correr detrás de su hermano mayor, Mary hacía unas galletas de chocolate´deliciosas y rara era la vez que alguien no salía discutiendo por comer una más o una menos.

-¿De qué cuchicheabais vosotros dos?-Inquirió Dean.

-Nada-respondieron a la vez.

-Mentirosos…

-Solo hablabamos de la primera vez que sostuviste a Rickon-confesó Castiel.

-Habría dado millones por ver a Dean Winchester asustado-se burló Sam.

-¿Y lo dices tú? ¿ El qué juró que nunca más volvería a tocar a su esposa después de oirla gritar en el parto de Mary?

Sam puso mala cara.

-Eso es diferente-replicó-suerte que tu nunca tuviste que pasar por ellos.

-Pues haberte hecho marica y casado con un ángel, como yo-replicó Dean con arrogancia-Y ahora…me voy a por unas cuantas galletas.

Dean se dirigió a la cocina dejando a Castiel con un brillo de diversión bailando en su mirada…y a Sam más que contrariado.