No había remedio, simplemente pensó en acostumbrarse a la situación… de hecho ya lo estaba haciendo ya que de cierta forma estaba obligada a ello, después de todo, por más que ella se preocupara de él, la mayoría de sus encuentros siempre terminaban en discusiones o en malos ratos, eran pocas las veces que podía recordar estar a gusto junto a él sin que se apareciera alguien que estropeara la escena. Ahora sólo quería despejar su mente… en su interior la invadían sentimientos encontrados por la conversación anterior… igualmente se sentía un poco avergonzada, nunca pensó en poder haberle dicho lo último, pero que va… ya estaba hecho y nada podría cambiar eso.
Entró a la casa y pasó por la cocina y, como siempre, su hermana mayor se encontraba ahí, preparando la cena con mucho cariño, se alegró al verla, había estado tan sumida en sus pensamientos que casi había olvidado a su familia.
- Kasumi, ¿necesitas ayuda?- le preguntó interesadamente mientras entraba a la cocina.
Su hermana le dio una dulce y tierna sonrisa – si, gracias, si quieres puedes ayudarme con la ensalada- le dijo mientras terminaba de cocinar lo que estaba preparando.
- Muy bien – tomó algunos ingredientes que estaban sobre la encimera y empezó a picarlos con su sutil y especial brutalidad. Los picó lo más rápido que pudo y le puso mil y una cosa que ni siquiera ella misma supo – ya está – dijo emocionada- ¿Qué te parece?-
Su hermana sólo miró su ensalada y le sonrió amablemente - Se ve muy bien-
- ¿Tú crees?- Preguntó feliz Akane al sentir la aprobación de Kasumi
- Claro – sonrió mientras servía un poco de caldo en un pequeño plato y le daba la ultima probada al alimento que estaba en la olla – Esto ya está listo, llamaré a todos a comer –
A los pocos minutos ya estaban todos en la mesa a acepción de Nabiki.
- ¿Y Nabiki? – preguntó Akane al aire.
- No llegará hoy, fue con sus amigas a un valle de aguas termales – respondió el señor Tendo.
- ¿Han sabido algo sobre el maestro? – preguntó la chica
- Nada aún hija, al parecer estará en China por algún tiempo más- respondía su padre.
- ¿Dónde está Ranma? – Preguntó el señor Saotome
- En el dojo…- miró hacia un lado
- Ha estado muy extraño estos días, ¿tu sabes algo Akane? – le preguntó
-…- ella solo guardó silencio
- Vaya, hablando de ti, pronto apareces – rió el Señor Tendo que lo observaba mientras el chico se sentaba frente a Akane.
En eso llega Kasumi con el último y peculiar plato por servir, era la ensalada que había hecho Akane.
- ¿Y eso hija? – Preguntó el señor Tendo sorprendido, observando el plato con recelo debido a su apariencia y un cierto grado de asco.
- Lo preparó Akane, estaba ayudándome en la cocina – dijo con una sonrisa amable en su rostro.
- Ya veo – dirigió su mirada al chico – Pues, creo que eres muy afortunado Ranma, Akane siempre preparando exquisiteces para ti –
No hubo respuesta por parte del chico, sólo ignoró el comentario
- Lo hice para todos – dijo Akane con un tono enojado – Vamos, por qué no la pruebas papá y así me dices qué te parece – esta vez su tono fue más suave y le sonrió expectante.
- No muchas gracias hija –dijo con pesar - creo que esta noche no comeré demasiado, no estoy bien del estómago, perdóname Akane – sonrió angustiado.
- Entiendo…- la chica empuñó su mano y bajó la cabeza para ocultar su expresión de decepción.
Ranma se dio cuenta y mientras comía su arroz, con temor se sirvió una porción de lo que había cocinado Akane… ella se dio cuenta y lo observó para mirar qué expresión tendría al probar su comida.
Nada. La siguió comiendo como si fuera normal, pero por dentro estaba muriendo, nunca algo le había quedado tan asqueroso, pero quería remediar algo del dolor que le había provocado siendo más amable con ella así que, sin darse cuenta, terminó por comérsela toda. La observó de reojo y pudo darse cuenta que la expresión de tristeza en su rostro había desaparecido.
- Muchas gracias por la comida – dejó los cubiertos sobre la mesa, salió de la sala lentamente y con tranquilidad, llegó hasta un punto ciego de la casa para asegurarse de que nadie lo pudiese ver y salió corriendo en dirección al baño. Aquella ensalada le había hecho mucho daño. – Cielos… - no podía dejar de vomitar.
Había pasado ya casi una hora antes de que volviera a sentirse bien – las cosas que tengo que hacer – pensaba mientras se miraba al espejo y se lavaba la cara – sin embargo… haría lo que fuera por ella - secó los restos de agua y respiró profundamente con los ojos cerrados tocando su adolorido estómago. Apagó la luz y se dirigió a su habitación a descansar.
Ya era de mañana, pero era muy temprano. Aún reinaba el silencio y la oscuridad en la casa, solo se podían oír algunas respiraciones y uno que otro ronquido. Se despertó temprano y de sorpresa a causa de un golpe recibido en su relajado estómago que accidentalmente le propinó uno de los pesados brazos de su padre que estaba convertido en panda, le había costado dormir, la noche anterior pensó mucho en la corta conversación que había tenido con la chica. En su cabeza se repetía una y otra vez "no quisiste casarte conmigo" realmente lo estaba atormentando. Verdaderamente la situación no había sido su culpa, pero aún no podía dejar de sentirse culpable de su reacción a ver a Akane ese día…si es verdad… la había despreciado sin querer … no fue su intención… no habría querido nunca hacerla sentir mal…
Últimamente ambos estaban problemas para conciliar el sueño. Se sentó en su cama, corrió el brazo de su padre y llevó una de sus manos sobre su frente cubriéndose el área de los ojos y la otra sobre su estómago, se encontraba cansado, aún así que, respiró profundo, se puso de pie en silencio para evitar emitir sonido alguno…no lo dudó un segundo más y se dirigió a la habitación de la chica.
Abrió la puerta del cuarto lentamente y con mucha cautela para no hacer ruido, se acercó a su cama y de pie, la observó un momento, luego decidió acercarse más y se sentó a un costado. Esto era difícil para él, pero no podía evitarlo. Al estarla observando por largos minutos, se percató que el semblante del rostro de la chica no era de tranquilidad, sino de preocupación, al parecer estaba teniendo una pesadilla o algún sueño desagradable.
Estaba alerta de todos sus movimientos, su respiración… - es tan bella – pensó. Observaba detenidamente su lindo rostro… podía apreciar tranquilamente sus hermosos rasgos que adornaban su esencia. De otra forma no se podría a ver atrevido a mirarla fijamente por casi una hora. Adoraba mirar aquel rostro que acompañaban sus pensamientos días y noches. Acercó su mano para acariciar su rostro, lo hizo suavemente, ella no lo sintió. Para él era un poco extraño verla así, tan tranquila, tan indefensa, no pudo evitar no tener ganas de besarla, acarició su cabello y con timidez, se inclinó sobre ella, cerró los ojos y sintió su dulce olor, dio un suspiro, luego la volvió a mirar fijamente y tuvo la intención de acercarse más aún, pero al parecer, al sentir en su subconsciente de que alguien la observaba se despertó sobresaltada.
Se sorprendió al borde de casi salírsele el corazón por la boca ya que lo primero que vio al abrir sus ojos fue el rostro del chico que la miraba fijamente y de cerca. Se tapó la cara con ambas manos, no podía ser posible, - será un sueño-, volvió a mirar para confirmarlo, si… era él. Al sentarse, no pudo evitar acercarse más al chico por razones del poco espacio libre que él le estaba dando, ambos se sonrojaron… el se alejó, se sentó derecho.
-¿Qué haces aquí? ¿Cuándo entraste?- preguntó alterada
- Alrededor de una hora – la chica abrió los ojos, estaba sorprendida.
- Por qué? ¿Que quieres?-
- A..Akane… yo sólo quería hablar contigo – dijo nervioso.
- ¿Y no podías esperar a que fuera más tarde? ¿Tenías que entrar a mi habitación sin permiso y a esta hora?- dijo en tono enfadado
- No – dijo secamente.
La chica no estaba comprendiendo la situación
- Habla de una vez – dijo con impaciencia
- Pues verás… estuve pensándolo bien y… si quiero – la chica sentía que la conversación no tenia sentido
- ¿Que quieres? – dijo restregándose los ojos.
El volvió a acercarse para mirarla de más cerca los ojos – casarme contigo-
