Bueno, sigamos con la historia.

Capítulo 3: El regalo perfecto II.

"¿Estás pensando lo mismo que yo?" – preguntó Linda a Tulio.

"¿Pan tostado con café?" – dijo Tulio.

"¡No, tonto, a ayudar a Blu a hacerle un gran regalo a Perla!"

"¡Oh, pero claro que sí, desde luego!"

Blu dio un graznido de emoción.

"Muy bien, pero ese crucero debe ser muy costoso" – dijo Tulio, rascándose la barbilla.

"No hay que pagarlo, Tulio, son aves, pueden ir si quieren"

"Oh, cierto"

"Blu, debes ir a darle la buena nueva a Perla" – le dijo Linda, guiñándole un ojo.

Blu agarró un papel y un lápiz.

"¿Pero cómo le digo?" – escribió él.

"Sólo di lo más dulce que se te ocurra" – Tulio se apresuró a contestar.

"El crucero zarpará mañana, debes prepararte" – dijo Linda – "Buena suerte, chico fuerte"

Blu salió volando con mucha prisa, Linda se acercó a la ventana y lo veía alejarse.

"Se ve tan feliz junto a Perla" – comentó orgullosa.

Tulio se acercó y tomó su mano.

"¿Sigues pensando en pan tostado con café?" – preguntó el doctor. Linda rió.


Blu volaba a toda velocidad a su nido.

"A Perla le encantará este regalo" – pensó – "¡Será toda una aventura!" (Agron: y tiene razón, vaya aventura le espera).

Por fin pudo llegar a su madriguera, intentó controlar su vuelo, pero su alta velocidad lo impedía y terminó dándose un porrazo.

"¡Aeeeeewwww!" – se quejó.

"Blu, me aplastas" – dijo Perla.

"¡Ay, amorsito, perdón!" – Blu se apresuró a levantarla – "¿Estás bien?"

"Sí, gracias por despertarme así"

Ellos rieron.

"Mi amor, feliz aniversario" – dijo Blu.

"Oh, Blu…" – susurró ella, encantada – "Te acordaste…"

"Claro que me acordé, ¿cómo olvidar el día que sellé mi amor con la hembra más hermosa del mundo?"

"Que bonitas palabras" – dijo ella, besándolo.

"¿Y los niños?" – preguntó Blu.

"En el nido de Rafael" – contestó su esposa.

"Ah"

"Mmm… ¿Blu?"

"¿Sí, querida?"

Perla en lugar de contestar agarró a Blu por la espalda y lo derribó al suelo. Rápidamente se subió sobre él abriendo sus piernas.

"¿Quieres…?" - preguntó ella, seductoramente.

Blu entendió lo que Perla buscaba.

"Amor, ahora no, tengo que mostrarte algo"

"¿Ah, sí? ¿Quieres mostrarme como me haces sentir taaaan bien?" – preguntó ella, lamiendo el pico de Blu.

"Amor, en serio, tienes que ver algo"

"De acuerdo" – aceptó de mala gana – "Espero que sea más importante que el sexo" – agregó, pero Blu no contestó – "¿Blu?"

"¡Sígueme!" – se escuchó a lo lejos, Perla miró hacia afuera y vio a Blu volando hacia el norte.

Ella se apresuró a alcanzarlo.


Blu y Perla aterrizaron en la playa, cerca del puerto.

"Blu, ¿qué hacemos aquí?" – preguntó Perla, curiosa.

"Ya verás" – contestó – "Es por aquí"

"¡Ah, ya sé lo que pretendes, quieres sexo en la playa, magnífico!" – exclamó ella, excitada.

"No, Perla, eso lo guardaremos para después"

"¿Entonces qué hacemos aquí?"

Blu salió volando hacia el puerto, Perla lo siguió de cerca.

Aterrizaron en el techo de un gran bar lleno de marineros borrachos.

"Tiene que estar por aquí…" – murmuraba Blu, mirando hacia todas direcciones.

"¿Qué estamos buscando?"

"¡Allí está!" – exclamó Blu, señalando un gigantesco barco.

"Oh, Dios, ¿es el Titanic?"

"Perla, ese no es el Titanic" – dijo Blu – "El Titanic está en el fondo del océano"

"Ah…" – murmuró ella – "¿Qué tiene de importancia esa cosa metálica?" – preguntó refiriéndose al barco.

"Perla, ese es un barco, y nosotros iremos allí"

"¿Pero qué dices?"

"Tal como lo escuchaste, como regalo de aniversario te llevaré a dar un paseo por el mar" – dijo Blu, entusiasmado.

"Pero…"

"Perla, un gran barco, el excitante mar, música romántica…" – decía Blu, envolviendo a Perla con sus alas y besándola – "Tendremos muchas noches solo para nosotros… ¿sabes lo que eso significa?"

"¿Más pollitos?" – preguntó ella, excitada.

"Muchos más…"

"¿Y qué esperamos? ¡Vamos!" – exclamó Perla, volando hacia el barco.

"¡Perla, detente!" – gritó Blu.

Perla dejó escapar un grito cuando una red la atrapó.

"¡Lo siento, amiguita!" – exclamó un marinero – "¡Pero no se permiten aves dentro del navío!"

"¡Hey, suelta a mi mujer!" – gritó Blu, arrojándose contra el rostro del marinero y arañándolo.

"¡Ay, ay, ay, quítenmelo de la cara!" – gritaba el marinero – "¡Auxilio, me ataca un pájaro con rabia!"

Blu dejó al marinero y mordió la red, rompiéndola y liberando a Perla. Ambos salieron volando con mucha prisa.

"¡Pero que humano tan malo es ese!" – exclamó Perla, asustada.

"Son del control de animales, tendremos que tener cuidado para meternos al barco"

"Entiendo"

"Perla, el barco zarpa mañana, debemos dormir bien"

"Blu, tengo miedo" – dijo Perla.

"¿Miedo?" – Blu estaba confundido – "¿Miedo de qué?"

"¿Y si al barco le pasa lo mismo que al Titanic?"

"Oh, tranquila, amor" – dijo él, abrazándola – "A este barco no le pasará nada…"