Capítulo 5: La primera ilusión.

Era de noche en el inmenso océano…

Blu y Perla estaban mirando por un inmenso ventanal hacia el interior de un gran salón, donde muchas personas estaban sentadas listas para la cena.

Las puertas de la cocina se abrieron, desde donde salieron varios encargados con bandejas llenas de deliciosos manjares.

"Blu, tenemos un problema" – dijo Perla.

"¿Un problema?" – Blu se enfadó consigo mismo por no haber previsto un problema en su aniversario – "¿Cuál?" – preguntó disimulando.

"¿Qué vamos a comer? No hay frutas aquí"

"Oh…" – a Blu no se le ocurrió nada para decir – "Emh…" – antes de que pudiera decir algo una pareja de unos cincuenta años se sentó en la mesa frente al gran ventanal, el hombre vio a Perla.

"¡Oh, mira, Julia!" – exclamó el hombre.

La señora miró a la guacamaya.

Perla tuvo un poco de miedo.

"¡Oh, pero que bella es!" – exclamó la señora, encantada.

El señor abrió la ventana.

"Ven, amiguita" – le dijo a Perla ofreciéndole su mano amistosamente – "¿Tienes hambre?"

Perla miró a Blu.

"Ten cuidado" – le dijo él.

La guacamaya se subió a la mano del señor.

"¿Qué está haciendo un ave de tu especie en este barco?" – le preguntó.

En ese instante, la mujer vio a Blu.

"¡Mira, Jonathan, ahí hay otro!" – le dijo.

Jonathan, el señor, miró a Blu.

"¿Es un amigo tuyo?" – preguntó a Perla.

Perla, al no poder hablar idioma humano, posó una de sus alas en su corazón.

"Ah, ya entiendo, es tu novio" – dijo Jonathan, y Perla asintió.

Blu subió a la mano de Julia.

"Es un muchacho muy apuesto" – opinó Julia, Blu se ruborizó.

"No hace falta ser modesta" – dijo Blu, pero Julia no le entendió.

"Pero si la señora tiene mucha razón, Blu, eres muy apuesto" – opinó Perla, sonriéndole de una forma amorosa.

"¿Tienen hambre?" – preguntó Jonathan, y los guacamayos chillaron alegremente – "No hagan tanto ruido, hay gente que no será tan amigable como nosotros" – agregó.

Jonathan agarró varias frutas de una bandeja y las dejó frente a ellos.

"Elijan lo que más les guste"

Perla comió muchas uvas y Blu se comió dos ciruelas enormes.

"No nos han dicho porque están en un barco" – preguntó Julia, curiosa – "¿Nos dicen?"

Perla asintió.

"Veamos, ¿es su cumpleaños?" – preguntó Jonathán.

Perla negó con la cabeza.

"¿Están de luna de miel? ¿Vienen de vacaciones? ¿Van a visitar a algún familiar?" – Perla negó con la cabeza a todas esas preguntas.

"Mmm…" – murmuró Julia – "Pero claro… ¿cómo no pude imaginarlo?"

Jonathan miró a su esposa.

"¡Es su aniversario!" – exclamó.

Perla asintió con la cabeza y alzó una garra.

"¡Que hermoso, es su primer aniversario!" – exclamó Julia entendiendo porque Perla alzaba una de sus garras.

"¡Ah, pero que alegría, los felicito!" – exclamó Jonathan, acariciando a Perla.

Julia y Jonathan descubrieron como las demás personas los miraban, parecían estar locos hablando solos.

"Nosotros llevamos treinta años casados" – dijo Julia con un tono más silencioso, y los guacamayos se impresionaron.

"¿Crees que lleguemos a los treinta años casados, Blu?" – le preguntó Perla.

"Pero claro que sí, cariño, nada nos separará" – respondió Blu con seguridad.

Repentinamente, las puertas de la cocina se abrieron otra vez.

"¡Genial, hora del postre!" – exclamó Jonathan.

"¡Rápido, escóndanse debajo de la mesa!" – ordenó Julia, y Blu y Perla se escondieron.

Un encargado le sirvió a Jonathan una gran tasa de café con un flan casero, y a Julia unas frutillas con crema. Eran los postres perfectos.

Perla apareció por debajo de la mesa y miró las frutillas con crema.

"¿Quieres probar?" – le ofreció Julia, mostrándole una enorme frutilla con un poco de crema en la parte de arriba.

Perla le dio un mordisco.

"Mmm…" – gimió ella, saboreando con atención – "¡Tiene un sabor raro, pero me encanta!" – exclamó, provocando que Julia, Jonathan y Blu se rían.

"¿Y tienen hijos?" – preguntó Jonathan.

Perla alzó tres garras.

"¿Tres? Vaya, son bastantes" – opinó Julia, y Blu se ruborizó – "¿Y van a tener más?"

"Quizás…" – murmuró Perla, ruborizándose.

Pasaron un buen rato hablando amistosamente. Perla jamás pensó que se llevaría bien con otros humanos además de la familia de Linda. Para ella todos los humanos eran peligrosos, pero se había equivocado, no todos eran así.

"Bueno, ya es muy tarde, debemos ir a dormir" – dijo Jonathan – "¿Los volveremos a ver?" – preguntó.

Blu y Perla asintieron con la cabeza.

"En caso de que quieran visitarnos nuestra habitación es la 157" – dijo Julia.

Se tomaron un minuto para despedirse.

"¡Hasta luego!" – exclamaron Julia y Jonathan mientras la puerta del salón de banquetes se cerraba.

"Me cayeron bien" – opinó Perla – "¿Y a ti?"

"A mí también, parecían buenas personas" – contestó Blu.

"¿Vamos a la cama?" – preguntó ella.

"Mmm… ¿con ir a la cama te refieres a dormir o a...? Ya sabes..."

"A dormir" – contestó Perla – "Guardaremos lo que piensas para otro día"

"Claro"

Blu y Perla salieron por el ventanal de la sala de banquetes y volaron rápidamente hacia el pequeño compartimiento que habían encontrado. Hacía mucho frío, pues estaban en la mitad del océano.


"¿Alguna novedad?" – preguntó el capitán, observando por el puente de mando.

"Todo despejado" – respondió un marinero.

"¿Cómo va el reporte del clima?"

"Sigue igual, no hay amenazas por ahora"

"Bueno, voy a dormir, mantenga el curso"

"Sí, señor"


Blu abrió los ojos y miró por una de las pequeñas ventanas del compartimiento, ya era de día, pero por alguna razón todo estaba gris.

"Que raro…" – murmuró – "Voy a salir a echar un vistazo"

Salió del compartimiento y miró hacia el cielo, habían muchas nubes negras.

Miró hacia adelante y pudo ver una columna de aire elevándose hacia el horizonte.

"Dios Santo… ¿un tornado?"

Una luz blanca comenzó a brillar desde la lejana columna de aire y Blu escuchó que una voz femenina le estaba susurrando algo.

"Ven a mí…" – se escuchó.

Blu cerró los ojos, y al abrirlos descubrió que estaba acostado junto a Perla.

"¿Fue un sueño?" – se preguntó – "Órale, pareció ser muy real para ser un sueño"


Hasta la próxima actualización…