Capítulo 9: El entrenamiento.

Un mes después…

.-Blu-.

Ya había pasado un mes desde que llegúe a la ciudad de Amkatar. Hasta ahora todo pintaba bien, me había amigado con Plutarch, había conocido a varios soldados y había hecho bastantes amigos, incluso puedo mencionar que comenzé a llevarme bien con Fiorela, aunque para ella yo sigo siendo un mediocre de primera clase.

Ayer había hablado con Edhai, el archimago de la ciudad de Amkatar, quien me había dicho que no había manera de regresarme al mundo desde donde vine, y que en todo caso, seguiría investigando con los antiguos libros de la biblioteca ancestral, que tenía unos libros escritos hace mil años por los archimagos más poderosos.

A su vez, Plutarch me dijo que debía comenzar mi entrenamiento como soldado de la ciudad de Amkatar, ya que si no podía regresar, me tendría que quedar en este mundo como guerrero. No me gustaba la idea de tener que ir a la guerra, deseaba volver a casa lo más rápido posible, ya que en cualquier momento un nuevo enemigo aparecería.

Abrí mis ojos y emití un largo bostezo. Me sentía cansado, y hoy iniciaba mi entrenamiento.

Fiorela entró a mi choza y me obligó a levantarme gritándome que debía prepararme para el entrenamiento. La obedecí sin dudarlo.

Caminé en círculos por dos minutos, y entonces decidí ponerme la armadura de novato que Plutarch me había dado. La armadura de novato era de cuero y no protegía prácticamente nada.

Salí de la choza y me encontré con Plutarch, que revisó que la armadura esté bien ajustada.

"Muy bien" – dijo él – "Sígueme, el campo de entrenamiento está al norte"

Emprendimos un rápido vuelo de unos cinco minutos hasta llegar al campo de entrenamiento.

Era una plataforma circular gigante con columnas de piedra a su alrededor, era algo parecido a la maravilla Stonehenge, sólo que mucho más grande.

Habían tres secciones obligatorias, una era el camuflaje, la otra era el sigilo, y la última, y la más difícil, era la supervivencia en caso de estar herido.

Habían aproximadamente otros cien novatos además de mí. También estaban varias hembras. El entrenamiento para los machos era obligatorio, sin embargo, el entrenamiento para las hembras sólo era opcional, en caso de que alguna chica quiera ir a luchar en la guerra, podría tener su oportunidad.

"El entrenamiento comenzará en unos minutos, más te vale estar en formación antes de que aparezca Bardek" – me recomendó Plutarch, y luego salió volando hacia la ciudad.

Me pregunté quién demonios era Bardek, y entonces, alguien apareció en la parte más alta de la plataforma de entrenamiento, era una armadura móvil mucho más grande que todas las otras.

La armadura móvil se quitó el casco, revelando una cabeza totalmente roja y llena de cicatrices por las guerras.

"¡Muevan el culo y fórmense, malditos haraganes!" – gritó el sujeto de rostro rojo, y todos los novatos corrieron a ponerse en formación empujándose accidentalmente. Tardamos dos minutos en ponernos en formación.

El sujeto de cara roja estaba decepcionado, y entonces comenzó a caminar frente a nosotros.

"¡Para cuando finalice el día quiero una formación en diez segundos o enviaré a sus inútiles traseros con mami de nuevo!" – gritó de forma agresiva – "¡Yo soy Bardek, el guía de entrenamiento, y hoy aprenderán lo que es el verdadero sufrimiento!"

Todos los novatos golpeamos nuestro pecho en señal de aprobación.

"¡Quiero que ustedes se conviertan en el mejor escuadrón que un ejército pueda tener, y lo conseguiré!" – gritó Bardek – "¡Quiero que estén callados, me escuchen, y lo más importante, quiero que estén firmes!" – agregó, golpeando el pecho de un novato que estaba mal formado.

Unas trompetas sonaron.

"¡Corran treinta vueltas sobre la plataforma de entrenamiento!" – exclamó Bardek, y todos los novatos comenzamos a correr, al cabo de unas quince vueltas comencé a agotarme, pero debía seguir adelante. Lentamente varios novatos caían rendidos al suelo por el cansancio, de los cien novatos, tan sólo quince completamos las treinta vueltas, y Bardek nos felicitó.

"Bien, ahora que hemos calentado, es hora de empezar, quiero que escojan parejas y entrenen combate cuerpo a cuerpo"

Mi pareja de combate cuerpo a cuerpo era un guacamayo rojo y azul llamado Chaser.

Observé a mi izquierda y vi que había una pareja de un macho y una hembra.

"¿Qué esperas?" – preguntó la hembra – "¡Atácame!"

El macho simplemente se quedó callado.

"¿Tienes miedo o qué?"

"¡Pero eres una hembra!" – exclamó el macho – "¿Por dónde te agarro?" – preguntó, y la hembra se le echó encima y lo derribó con facilidad.

Yo miro a Chaser y ambos nos reímos.

"Las chicas de tu mundo no son luchadoras, ¿verdad?" – me preguntó él.

"Mas o menos" – le contesto, recordando que Perla siempre tenía agallas para luchar contra cualquiera que amenace a sus pequeños.

"Empecemos" – dice Chaser, arrojando un golpe, yo lo esquivo y lo ataco, me esquiva con facilidad y me derriba al suelo con un movimiento rápido. Me ayudó a levantarme, a los veinte segundos me derribó de nuevo, me levanté y esta vez yo conseguí derribarlo.

La práctica cuerpo a cuerpo duró dos horas, hasta que nuevamente apareció Bardek.

"¡Suficiente!" – gritó él, y todos nos volvimos a formar – "Es hora de comenzar con las especialidades obligatorias, que son el camuflaje, que les servirá para espiar a los enemigos e incluso esconderse de amenazas, el sigilo, que los convertirá en extraordinarios asesinos, y por último, la supervivencia cuando estén heridos, que les servirá para salvar su estúpida vida"

Todos los novatos golpeamos nuestro pecho al mismo tiempo otra vez en señal de aprobación.

"Muy bien, el primer grupo irá al camuflaje, el segundo irá a sigilo y el tercero a supervivencia, al terminar la especialidad rotarán a la siguiente" – dijo Bardek – "¡Vamos, vamos, vamos!"

Por fortuna, a Chaser y a mí nos tocó la misma especialidad y las mismas rotaciones. Primero nos dirigimos al camuflaje.

El maestro de camuflaje era un guacamayo amarillo bastante avanzado en edad. Primero nos enseñó a fundirnos con la naturaleza. A Chaser y a mí nos resultó bastante sencillo. Luego nos habló de que los colores del ambiente son vitales para el camuflaje, y por último, teníamos que camuflarnos.

El maestro nos dio un ejemplo. Nos dirigió hacia unos árboles y arbustos.

"Cierren los ojos y no vean" – dijo el maestro y todos obedecimos, y al cabo de unos segundos volvió a hablar – "Ahora ábranlos"

Todos abrimos nuestro ojos y era increíble, el maestro había desaparecido.

"¿No me ven? ¡Estoy aquí! ¡Ahora aquí y ahora allá!" – exclamaba en tono de broma y todos reímos. Después de treinta segundos de estar buscando al maestro nos dimos por vencidos, y el maestro abrió sus ojos, sólo podíamos ver sus ojos.

"¿Puede cerrar sus ojos de nuevo?" – le pregunté al maestro.

"Claro" – aceptó el experto, cerrando sus ojos y desapareciendo completamente.

"¡Impresionante!" – exclamó Chaser, y todos aplaudimos.

"Sólo he utilizado un poco de barro y unas cuantas hojas" – informó el maestro, quitándose todo de encima – "Ahora es su turno"

Teníamos cinco minutos para camuflarnos hasta que el maestro nos revisaba y nos daba su opinión.

Algunos eran excelentes, y otros lamentablemente eran pésimos.

Por fortuna, a mí y a Chaser se nos da bien el camuflaje.

Nuestra siguiente rotación fue el sigilo.

El maestro de sigilo era un águila, que tenía una inmensa colección de cuchillos, lo que demostraba que era un experto asesino.

Nos enseñó a movernos silenciosamente, era ideal para atacar por sorpresa a enemigos desprevenidos.

A Chaser también se le dio bien el sigilo, pero a mí no tanto, al parecer Perla tenía razón, era muy ruidoso.

La última rotación fue la supervivencia en caso de estar heridos. El maestro era un soldado médico, que nos mostraba todas las raíces medicinales y nos obligaba a memorizarnos sus nombres. Chaser era pésimo en esto de sobrevivir estando herido, pero a mí se me dio bastante sencillo.

Luego de finalizar las tres secciones obligatorias, teníamos que elegir nuestra especialidad definitiva. Habían tres: combate cuerpo a cuerpo, en donde nos enseñaban a usar espadas y escudos, el combate a distancia, donde enseñaban a usar arcos y flechas, y el arte asesino, en donde básicamente enseñaban a asesinar despiadadamente.

Chaser y yo escogimos el combate cuerpo a cuerpo como la mayoría de los novatos, la mayoría de las hembras escogieron el arte asesino y solamente unos cinco machos y dos hembras escogieron ser médicos de batalla. Me pareció algo extraño que la mayoría de las hembras eligieran ser asesinas.

"¡Todos en formación!" - ordenó Bardek, y nos formamos en diez segundos, tal y como él lo había pedido al inicio del entrenamiento.

Nos sentimos orgullosos de nosotros mismos.

"¡Mañana continuaremos el entrenamiento con unos invitados especiales!" – exclamó el guía – "¡Eso incluye a la hija del general Plutarch!"

Por un momento sentí emoción. Tal parece que Fiorela iba a estar en el campo de entrenamiento mañana, es una oportunidad ideal para poder hablar con ella y hacerle todas las preguntas que tengo. Y si tengo tiempo tal vez le pida que se quite el casco para ver su rostro, tal vez sea atractiva.

"¡No podrán volver a la ciudad hasta que su entrenamiento haya terminado!" – gritó Bardek – "¡Tendrán que arreglárselas para dormir esta noche!"

Bardek era muy inteligente. Me di cuenta que no nos permitía volver a la ciudad ya que quería que pasemos la noche en el campo de entrenamiento.

"¡Y para asegurarme de que nadie vuelva a la ciudad tendré que tomar medidas!" – exclamó Bardek, alzó sus alas y un campo de fuerza de color azul rodeó todo el campo de entrenamiento.

Me pregunté que pasaría si alguien tocase el campo de fuerza. Mi pregunta fue respondida por Bardek, quien tomo una pequeña rama y la arrojó al campo de fuerza. La pequeña rama se desintegró y yo tragué saliva.

"¿Alguna pregunta?" – dijo Bardek con tono inocente – "¿No? ¡A dormir entonces!"

Algo no iba bien, la temperatura del campo de entrenamiento comenzaba a disminuir rápidamente. El frío que hacía era brutal. Esto definitivamente era un truco de Bardek para hacernos sufrir toda la noche.

Cada vez hacía más frío, incluso el pasto comenzaba a congelarse.

"¿Qué haremos?" – le pregunté a Chaser – "Vamos a morir congelados"

"Tranquilo, ya te acostumbrarás" – me dijo él, acostándose en el pasto congelado y cubriendo su cuerpo con muchas hojas y ramas – "Ahora descansa, tal parece que mañana será un día aún más duro"

Me acuesto cerca de Chaser, me cubro con muchas hojas y ramas al igual que él, cierro mis ojos y me quedé dormido casi al instante. Había sido un día agotador y además necesito descansar el mayor tiempo posible para mañana, ya que quiero darle una muy buena impresión a la hija del general. Tal vez así pueda dar inicio a una amistad.

Mientras tanto, simplemente duermo.


Es algo raro, pero como ya les dije en el capítulo anterior, ya se irán acostumbrando.

Hasta la próxima.