Capítulo 12: Los ojos.
-Blu-
Perla… Perla… Perla…
Que hermoso sueño estoy teniendo… amo dormir…
Perla… Perla… Fiorela…
Un momento, ¿Fiorela?
"Blu…" – susurra una voz femenina – "Es el momento de elegir…"
Me empieza a doler la cabeza.
"Elige correctamente…"
Fiorela… Fiorela… ¡NO! ¡Perla!
"Es tarde…" – me dice la voz femenina, y entonces el cuerpo de Perla se prende fuego y se desvanece lentamente dejando a Fiorela frente a mí.
No lo entiendo… no amo a Fiorela… es decir, ni siquiera sé como es, ¿cómo puedo amar a alguien si ni siquiera puedo verle el rostro?
"Nunca podrás salvarla…" – susurra la voz femenina.
¿Salvar? ¿Salvar a quién? Que interesante pregunta.
Abrí mis ojos bruscamente y me levanté de un salto.
"¿Estás bien?" – me pregunta alguien. Me doy vuelta y veo a Chaser.
"Sí… sólo he tenido una pesadilla muy… rara…" – contesté y me senté sobre una improvisada silla.
"Nunca me dijiste que tenías novia en tu mundo" – me dice Chaser, tomando asiento junto a mí.
"No es mi novia, es mi esposa" – lo corregí.
"Ah…" – murmura él – "Pensaba que estabas interesado en Ayla"
"¿Ayla? Ni lo creas" – le dije – "Es bonita, pero eso es todo"
"Uf… menos mal, porque si estuvieras interesado en ella tendría que patearte el trasero" – me dice en tono de broma, y nos reímos con ganas.
Miro por la entrada de mi tienda, como era de esperar, afuera estaba todo congelado, el típico truco de Bardek para hacernos sufrir antes de ir a la matanza. El pasto está cubierto de una gruesa capa blanca de nieve, mientras que los copos siguen cayendo. Miro con atención la parte superior del campo de fuerza azul, y veo que los copos caen desde allí, deduzco que son generados en esa zona.
"Necesito caminar para despejar mi mente" – le digo a Chaser.
"Vale, pero ten cuidado" – me dice él.
Me pongo mi armadura de novato y luego me cubro con unos raros y pesados abrigos. Salgo afuera y el helado viento me congela algunas plumas. Me estremecí de frío y me encogí un poco para intentar mantener todo el calor posible.
Doy rápidos y cortos pasos en la nieve.
Volviendo al tema principal… ¿qué clase de pesadilla fue esa? ¿Por qué la tengo justo ahora cuando falta tan sólo un mes para ir a la matanza? ¿De quién era esa voz? No pude reconocerla.
Miro hacia adelante, y una fuerte ráfaga de viento helado me lastima los ojos, así que bajé la mirada inmediatamente. Camino un rato más, hasta que empiezo a sentir calor, así que vuelvo a mirar hacia adelante y veo que en el campo de fuerza azul hay un agujero lo suficientemente grande para escapar.
"¿Estás loco?" – me pregunta Chaser.
"¿Me has estado siguiendo?" – le digo – "¿Me estás espiando?"
"Te he notado algo raro estos días" – me contesta – "Hablas dormido y dices cosas muy extrañas"
No me había dado cuenta de que también había tenido pesadillas los últimos días.
"No puedo hablar de eso" – le digo, y me acerco al agujero.
"Bardek te hará pedazos si se entera que escapaste" – me dice Chaser con un evidente tono de preocupación – "¿Quién me ayudará a enamorar a Ayla si tú ya no estás aquí?"
"Tendrás que arreglártelas solo" – le contesto, y entonces me muevo a través del agujero, el campo de fuerza es muy grueso, quizás de un metro de grosor – "Por cierto, creo que hacen bonita pareja"
Afuera del campo de fuerza hace un calor sofocante, eso comprueba mi teoría, el mundo congelado sólo está dentro del campo de fuerza de Bardek.
Me despejo rápidamente de mis abrigos. Camino un rato entre los árboles que tocan las nubes.
"¡No puede ser!" – exclamé – "¡No puedo amarla, es decir, ni siquiera sé qué es y cómo es!"
Al cabo de unos cinco minutos llegué a un pequeño lago. Tomé un poco de agua, y entonces escucho un ruido de pasos. Me arrojé hacia unos arbustos. Al asomar la cabeza para ver de qué se trata, y entonces veo una armadura móvil entrando al agua.
Siento la necesidad de acercarme y preguntarle quién es, pero me da la sospecha de que se trata de un importante soldado de Bardek, quien le informará del delito que he cometido: escapar del campamento.
Observo atentamente desde mi escondite lo que está sucediendo, la armadura móvil levanta sus alas y se eleva en el aire sin siquiera batirlas y un rayo lunar la ilumina con fuerza.
Se queda allí unos cinco minutos, hasta que finalmente empieza a descender de nuevo hacia el agua. Deja escapar un suspiro.
Escucho un suave ruido y me doy vuelta para ver si alguien está acechándome, al no ver a nadie vuelvo a mirar hacia el lago y veo que la armadura saca un cuchillo y me lo arroja, me da en el pecho, y ésta inútil armadura de cuero me ha salvado la vida, ya que el cuchillo se queda clavado en él. Si salgo con vida de esto felicitaré a Bardek y a Plutarch por el diseño de estas armaduras.
"¿Quién eres?" – me grita la armadura, tiene una voz extremadamente gruesa, y desenvaina una de sus dos espadas dejándola a un milímetro de mi cuello – "¿No sabes que espiar a las chicas cuando están en medio de un baño es de mala educación?" – agrega, presionando el arma contra mi carne, provocando que me salga un poco de sangre.
"Lo siento…" – murmuré, y contuve mis ganas de gritar por ayuda – "Sólo me pasaba por aquí y vi lo que estabas haciendo"
"¿Viste lo que estaba haciendo?" – me pregunta, y a la mitad de esa frase su voz gruesa se hace femenina, debía estar bajo un hechizo o algo así – "Ni una palabra de esto, ¿vale?"
"¿Fiorela?" – le digo – "¿Eres tú?"
Ella vuelve a envainar su espada, y me da la espalda.
"¿Qué hacías espiándome?" – me preguntó, cruzando sus alas metálicas – "Es decir, ¿qué pretendías?"
"Ya te lo dije, sólo me pasaba por aquí y te encontré haciendo ese truco mágico" – contesté, y ella da media vuelta bruscamente.
"¡Primero que nada, no es un truco, es un ritual!" – me grita – "¡Y segundo, mi padre se enterará de que escapaste del campamento sin permiso!"
"Hora de hacer negocios" – murmuré.
"¿Negocios? ¿De qué hablas?"
"Éste es el trato, yo no le digo a nadie de tu truco mágico"
"Ritual" – me corrige.
"Vale, ritual, y tú no le dices a nadie sobre mi escape" – le dije, y estiré mi ala hacia ella – "¿Hecho?"
Me doy cuenta de que al principio duda mucho, pero al final estrecha su ala metálica con la mía.
"Me alegra que los negocios hayan sido exitosos" – le dije, y ella se ríe.
Fiorela se sienta en la orilla y me observa con atención.
"¿Tengo algo en la cara?" – le pregunto, y arrugo mi cara, provocando que se ría.
"Sabes… a pesar de que en un mes iremos a la guerra…"
"¿Irás a la guerra?" – la interrumpí groseramente – "¡Pero eres la hija del general!"
"¿Y qué hay con eso?" – me pregunta – "Las chicas también tenemos nuestra oportunidad de luchar, y no pienso desaprovecharla"
"Vale… ¿qué ibas diciendo?" – le dije, y me senté a su lado.
"Que a pesar de que iremos a la guerra en un mes siempre me acordaré de ti cuando esté en el campo de batalla"
"No te entiendo…" – le digo, y contengo mi rubor.
"Te considero como un amigo" – me dice – "¿Eres mi amigo, verdad?"
Con lo que me acaba de preguntar me doy cuenta de que Fiorela no tiene muchos amigos. Y claro, con su actitud tan dura y algo pesimista, ¿quién querría ser su amigo?
No considero a Fiorela como una amiga, más bien como una conocida, pero no puedo negarle el hecho de que cuando su actitud dura y hostil está ausente es muy placentero disfrutar de su compañía.
"Claro que soy tu amigo, si tú quieres" – le contesto, y ella sonríe.
"No tengo muchos amigos" – me dice – "Soy algo solitaria"
"Tranquila, en mi mundo yo era igual hasta que un día decidí abrirme un poco, y créeme, fue lo mejor que pude haber hecho" – le digo en respuesta.
"Bonito consejo" – dice – "Recuerdo que tu amigo me había pedido que me quitara el casco"
"¿Chaser?" – le pregunto – "Es algo torpe, no le hagas caso, no es necesario que te lo quites"
"Pero quiero hacerlo, por lo menos una vez" – me dice.
"¿A qué te refieres con una vez?" – le pregunto – "¿Acaso nunca te has quitado el casco?"
"Lo tengo prohibido" – me dice.
"¿Por qué?" – no sabía que existiera una ley que prohíba quitarte un casco.
Fiorela no me contesta, simplemente levanta sus alas metálicas y quita el seguro de su casco, que por lo que veo tiene un inmenso blindaje al igual que su armadura.
"¿Estás listo?" – me pregunta.
"Pues por mí, adelante" – le digo, y entonces su casco se eleva en el aire, revelando un rostro azul, a excepción por su pico marrón, en la parte occipital de su cabeza (la parte de atrás del cráneo) se elevan siete plumas levemente curvadas hacia abajo, dos en la derecha, dos en la izquierda y tres en el centro. Le echo un vistazo a su sonrisa, es igual a la de Perla. Dirijo mi mirada levemente hacia arriba para encontrarme con unos exóticos y atrapantes ojos violetas muy bien cuidados y arreglados. El rostro de Fiorela r0esultó ser una hermosa obra maestra, no puedo esperar a ver el resto de su cuerpo, debe ser muy atractiva.
Me quedo mirándola a los ojos por unos segundos, hasta que me empieza a doler la cabeza. Trato de contenerlo, pero entonces comienza a dolerme más y me empiezan a sangrar los ojos.
"¡No me mires!" – gritó ella – "¡Por eso no me permiten quitarme el casco!"
"¿Matas con los ojos?" – le pregunto, limpiándome la sangre de mi cara – "¿Y para qué tienes dos espadas?"
"Estoy maldecida" – me dice, poniéndose el casco de nuevo.
"¿Quién y por qué?" – le pregunté.
"No puedo hablar de eso" – dice.
"Bueno, pero antes déjame ver tus ojos una vez más, a pesar de ser mortales son muy bonitos" – le digo.
"De acuerdo…" – murmura ella, y deduzco que es el primer piropo que ha recibido en mucho tiempo. Vuelve a quitarse el casco, y entonces veo que algo se aproxima por detrás de ella.
"¡Abajo!" – grité, arrojándome sobre ella, y una lanza se clava justo donde estaba sentada – "¡Un ataque!"
Desde la oscuridad de la noche aparece una figura repleta de espadas, lanzas y cuchillos. Era todo un arsenal viviente.
Saca otra lanza y me la arroja a mí, agacho mi cabeza y la lanza sigue su camino para terminar flotando sobre el lago.
"¡Arriba!" – le grito a Fiorela, levantándola y echándome a correr junto a ella hacia el campamento – "¡Rápido!"
"¡Blu, mi casco!" – gritó ella – "¡No podemos dejarlo!"
"¡Haz algo con tus ojos!" – le grito, y entonces se detiene en seco y se da vuelta.
"¡Muere!" – gritó ella, fijando al asesino con sus ojos, pero él es más rápido y se cubre el rostro con un escudo incrustado en su ala izquierda – "¡Maldición!"
"¡Hora de usar la fuerza bruta!" – grité, y di un gran salto hacia el asesino, quien puso todas sus lanzas apuntando hacia arriba. Era mi fin, pero de repente los ojos de Fiorela encienden fuego las lanzas y el asesino retrocede rápidamente.
"¡Tú, maldita!" – grita él, señalando a Fiorela y a sus maldecidos ojos.
Era mi oportunidad, así que apreso al asesino por atrás.
"¡Ahora, mátalo!" – le grito a Fiorela, y ella clava sus ojos en el asesino.
"¡Quieto!" – exclama ella, concentrándose.
"¡No!" – gritó el atacante, dándome un cabezazo trasero y un puñetazo, luego una patada y más tarde un fuerte picotazo en la cabeza que me hizo sangrar.
"¡Blu!" – gritó ella, moviendo a un lado sus mortales ojos.
"¡O te pones tu casco o lo asesino!" – gritó el atacante, levantándome en el aire y cubriendo sus ojos con su escudo.
"¡Vale, suéltalo!" – exclama ella, recogiendo su casco del suelo y colocándoselo.
"Así que la leyenda es cierta" – murmuró el asesino – "Puedes asesinar con tus ojos, no eres muy diferente a mí, yo uso los cuchillos y tú los ojos, podríamos ser un equipo excepcional" – agregó, riendo.
"¡No voy a ser una asesina!" – exclama ella.
"Ya lo eres, bonita" – le dice – "¿A cuántos has asesinado con tu mirada?"
Intento liberarme, pero el asesino saca un cuchillo y me provoca un corte en el pecho.
"¡Dijiste que no lo ibas a lastimar!" – gritó ella, preparada para quitarse el casco.
"¡Dije que no lo mataría, pero lastimarlo es otra cosa!" – exclamó el asesino, acercando la daga a mi cogote y comenzando a presionar. Me quedo sin respiración y empiezo a toser sangre.
"¡Te lo buscaste!" – exclamó ella, quitándose el casco, pero alguien le tapa la cara.
"¡Estás en problemas, jovencita!" – gritó Plutarch, llevándosela hacia atrás para protegerla – "¡Ustedes, maten al asesino!"
Tres soldados se acercan corriendo al asesino, quien me libera y comienza a luchar con ellos dando unos impresionantes movimientos y desgarrando cruelmente con sus dos mejores cuchillos. Los tres soldados caen heridos rápidamente, y, cuando el asesino se dispone a atacar a Plutarch, aparece Bardek y le amputa un ala de un sablazo.
"¡Idiotas, Skolgear los matará a todos!" – gritó el asesino.
Lo escucho gritar de dolor, y aparté mi vista cuando vi que Bardek acercaba su espada al cuello del atacante. Se escuchó un desagradable ruido y la sangre me moja la espalda.
"Ustedes dos están en serios problemas" – nos dice Bardek.
Veo que hay muchos autores que están actualizando sus historias, les informo que casi no tengo tiempo para revisarlas, apenas si puedo actualizar.
Hasta la próxima actualización…
