Capítulo 14: La visión.
-Blu-
"Por aquí" – me dijo Dincyl, guiándome entre unas antiguas columnas del llamado Salón de los Thales – "Lo que haremos a continuación queda entre nosotros, ¿entendido?"
"Seguro" – contesté, dudando un poco.
"Acércate a mí un momento" – me dijo, y me acerqué hasta sentir el frío toque de su armadura – "Dame tu ala"
"¿Y esto para qué sirve?" – le pregunté al ver que tomaba mi ala y la movía por el aire.
"¿Lo sientes?" – me preguntó.
"¿Sentir qué?" – pregunté confundido, pero entonces sentí algo mojado, como agua – "Creo que siento algo" – agregué, y entonces un destello blanco reveló una gran fuente con aguas muy cristalinas.
"No tienes ni idea de lo que hace esta fuente, ¿verdad?" – me preguntó.
"Siéndote sincero, no" – respondí – "¿Para qué es?"
"Es la fuente del pasado, nos muestra los antiguos recuerdos de nuestra civilización en este mundo" – dijo Dincyl – "Nos puede mostrar lo más hermoso del mundo, y lo más horroroso"
"¿Cómo la uso?"
"Es simple, necesitas el ingrediente secreto" – me respondió – "Si quieres saber el pasado de algo, necesitas una parte de ese algo"
"No entiendo" – le dije.
"Si quieres conocer el pasado de Plutarch, pues necesitas algo de él, como el acero de sus armas, una parte de su armadura, su sangre o una pluma"
"No tengo nada de eso" – admití avergonzado.
"Por fortuna, yo sí tengo algo, una pluma de él" – me dijo, mostrándome una pluma manchada de sangre seca – "Sabía que algún día me serviría de algo"
"Me alegra tenerte de mi lado" – le dije a Dincyl, quien sonrió y me entregó la pluma – "Cierra tu ala sobre la pluma y luego mete tu cabeza en las aguas mágicas y verás cualquier cosa que desees, desde el pasado hasta el futuro"
Quisiera ver el futuro, pero eso significaría arruinarme todas las sorpresas que me esperan y, además, el pasado de Plutarch es mucho más importante en este momento de necesidad.
"Si meto mi cabeza en estas aguas, ¿cómo sabré si no moriré ahogado mientras veo todos los recuerdos que quiero?"
"Blu, no me hagas perder el tiempo, sólo hazlo, ¿vale?"
"Vale" – le digo, y respiré muy hondo – "Estoy nervioso por lo que voy a ver"
"Tranquilo, de todos modos lo tendrás que hacer en algún momento" – me dice.
Di un último y profundo respiro, cerré mi ala con fuerza sobre la pluma y metí mi cabeza dentro de aquellas extrañas aguas.
No entendí muy bien lo que vi en ese instante, intentaré explicarlo de una forma clara: les mentí, fue imposible de explicar.
Escuché la voz de Dincyl hablándome:
"Blu, ¿estás bien?"
Me lo preguntó varias veces hasta que me di cuenta de que no podía escuchar más su voz, ahora escuchaba muchos gritos como si se tratara de un cántico de guerra o algo así.
Mi vista, dificultada con el agua, comenzó a recuperar claridad hasta que pude ver una hermosa y blanca ciudad con altos edificios construidos por sabios "aves-arquitectos".
Pude darme cuenta de que se trataba de la ciudad de Amkatar, ya que mi visión era sobre la isla flotante sobre la que se alzaba la poderosa ciudad.
La vista era increíble, podía apreciar el agua que descansaba kilómetros más abajo de la isla de la ciudad. El cielo era totalmente azul y ni una sola nube cubría el extraño sol de este mundo, que tenía forma hexagonal.
Pero de repente todo cambio, el cielo azul se hizo rojo, las orillas de la isla de la ciudad de Amkatar estaban repletas de barcos flotantes y la ciudad que antes era blanca y hermosa ahora estaba con sus murallas asediadas y unas altísimas columnas de humo negro se elevaban hasta más allá del cielo rojo.
La visión era evidente, en el pasado la ciudad de Amkatar había sufrido una invasión de otro clan, posiblemente del brutal clan Rage.
Mi visión comenzó a hacer zoom a la muralla de la ciudad, que estaba repleta de arqueros disparando para cubrir la retirada de las tropas de la ciudad que se vieron superadas en diez a uno.
"¡Atrás, atrás!" – gritó una armadura móvil de voz femenina con un casco muy diferente a los cascos de los demás soldados.
Unas criaturas voladoras gigantes se acercaban a las tropas en retirada, y la armadura de voz femenina se quitó su casco revelando unos ojos violetas iguales a los que tiene Fiorela y luego miró a las criaturas y las envolvió en llamas. Esos ojos realmente son aterradores. Las criaturas cayeron abatidas.
"¡Atrás!" – gritó la voz femenina otra vez.
En esos tiempos, la ciudad de Amkatar estaba separada de otra isla mediante un inmenso puente (algo parecido al puente que conecta a Asgard con los demás mundos).
Ya casi todas las tropas en retirada estaban más allá del puente y refugiadas tras las murallas.
La chica miró hacia adelante, un ejército de miles, quizá decenas de miles estaban cruzando el puente para atacar la ciudad.
"¡No van a hacerle daño a mi pueblo, sabandijas!" – gritó la chica, levantando sus alas metálicas y preparándose para realizar un estallido que arrojaría a los atacantes del puente al mortal precipicio. Lo único malo que tenían las armaduras de los soldados de este mundo es que eran muy pesadas y no permitían volar (una muy mala desventaja).
"¡Laina, cuidado!" – gritó Plutarch, que corrió hacia ella.
"¿Cuidado con qué?" – preguntó la chica, y en ese entonces una flecha dentada perforó su armadura y le atravesó todo el hombro.
"¡No, no, no!" – gritó el macho, quitándole la armadura a Laina para descubrir el horror rojo.
"Plutarch, debes besarme una última vez" – dijo la chica que se estaba desangrando.
"Pero yo…"
"¡Bésame!" – gritó Laina, observando como los soldados invasores se acercaban a toda velocidad.
Plutarch sabía que sería el último beso que tendría con su esposa, así que sin dudar un segundo más la besó.
"Ahora vete, y cuida de nuestro huevo" – susurró la chica, alzando su ala sana y apuntando al centro del puente.
Plutarch salió corriendo hacia la muralla y luego miró como el cielo se oscurecía por las flechas disparas por los arqueros enemigos.
"¡Escudos!" – gritó alguien, y todos alzaron sus escudos. A pesar de que los escudos estaban bien hechos, las flechas eran aún mejores, ya que rompían armaduras y escudos. Varios soldados de Amkatar cayeron abatidos.
Luego de que la lluvia de flechas terminara Plutarch miró hacia adelante y vio que Laina estaba cubierta de flechas. Su sangre estaba por todas partes.
"Adiós, Plutarch…" – susurró ella, y entonces Plutarch corre hacia su amada, pero en ese entonces el puente estalló en mil pedazos y todos cayeron la precipicio.
"¡Una soga, rápido!" – gritó Dincyl, que en ese entonces era aún más joven, simplemente una pequeña novata – "¡Plutarch, si realmente soy tu amiga me perdonarás por esto!" – agregó, y disparo una flecha con una soga atada que impactó en el ala de Plutarch, quien estaba cayendo al precipicio – "¡Ahora, tiren, tiren!"
"¡Dincyl!" – gritó Plutarch, muriéndose dolor – "¡Me la vas a pagar, niña!"
Cuando terminaron de subir a Plutarch hacia la isla flotante de nuevo un médico lo examinó y dio la lamentable noticia que perdería su ala, pero que al menos había sobrevivido a la batalla.
Al día siguiente le habían puesto el ala metálica a Plutarch, quien tardó mucho en acostumbrarse a ella.
Todo parecía bien, pero el clan Rage volvió a atacar la ciudad.
Esta vez surgieron del cielo. Miles de bolas de fuego devastaron la ciudad, y de sus cenizas surgieron los soldados invasores.
Tenían conquistada casi toda Amkatar, pero una última resistencia comandada por Plutarch en el palacio logró abrirse camino entre las tropas enemigas. Plutarch, furioso por la muerte en vano de su esposa, se volvió loco durante la batalla y me permito decir que asesinó a más invasores que todos los soldados de Amkatar juntos.
En el centro de la ciudad, justo donde estaba la plaza, habían cientos de invasores saqueando mercados y divirtiéndose manoseando y violando a las desafortunadas chicas que no consiguieron escapar al palacio. La distracción de los soldados enemigos era una ventaja para la última resistencia, así que cuando llegó el momento de recuperar la plaza, los soldados enemigos sufrieron terribles bajas.
"¡La ciudad casi es nuestra de nuevo!" – exclamó Dincyl, y todos los soldados gritaron victoriosos.
"Mmm… algo no va bien…" – murmuró Plutarch, mirando la fuente de la plaza, que en ese instante, en lugar de echar agua, comenzó a echar lava por todas partes, quemando a muchos de los seguidores de Plutarch – "¡Retrocedan!" – ordenó, y levantó su enorme hacha doble.
"¡Plutarch, no!" – exclamó Dincyl al ver que la fuente había escupido un gran chorro de lava hacia Plutarch, pero éste lo esquivó y entonces de la fuente surgió un ave de fuego armada con una Scythe gigante. (Si no saben qué es una Scythe, es una especie de Oz pero más grande y dentada, busquen una imagen en Google).
"¡Azrael!" – gritó Plutarch, girando su hacha doble por el aire.
"¡Guerrero cuyo nombre desconozco!" – exclamó Azrael, quien era el líder del brutal clan Rage.
"¡Morirás por lo que le hiciste a mi ciudad, a mi gente, a mis amigos, a mis familiares y a mi esposa, bastardo!"
"¿Estás seguro de querer luchar conmigo?" – le preguntó Azrael a Plutarch – "¡Un guerrero de tu calibre me serviría muy bien en el frente! ¡Escúchame, guerrero, el clan Rage es fuerte, con un ejército de millones, éste tan sólo es un simple batallón, hemos consumido cientos de mundos, y lo mismo haremos con el tuyo! ¡Únete a nosotros, y no compartirás el mortal destino de la población de esta ciudad!"
Plutarch miró hacia atrás, y vio que sus tropas estaban siendo atacadas por unos gigantes de piedra envueltos en fuego armados con unas espadas enormes, los famosos, temibles y mortales Infernales del clan Rage.
Dincyl, que se encontraba luchando con un Infernal, recibió un sablazo en el rostro. Plutarch se enfureció al ver a una de las pocas amigas vivas que le quedaba yacer en el suelo muy malherida.
"¡No, te detendré, aquí y ahora!" – gritó Plutarch, quien se abalanzó sobre Azrael y dio un mortal ataque de hacha giratorio.
"¡No esperaba otra cosa!" – exclamó Azrael, que bloqueó el hacha de Plutarch con su Scythe – "¡Jajajajaja!" – rió, y entonces levantó sus alas y unas rocas incendiarias cayeron del cielo justo encima de Plutarch – "¡Morirás!"
Plutarch, que no tenía escape, no tenía más opción que defenderse, así que levantó su hacha y golpeó las rocas incendiarias como si se trataran de pelotas de golf.
Un Infernal estaba a punto de asesinar a Dincyl, pero una roca incendiaria hizo pedazos su cabeza, y pequeños trozos de roca cayeron por todas partes.
"¡No puedes vencerme!" – gritó Azrael, y le arrojó su Scythe a Plutarch, quien pudo detener el arma sosteniendo su empuñadora.
"¡Creo que esto es tuyo!" – gritó un furioso Plutarch, y le arrojó la Scythe gigante a Azrael, que terminó partido en dos.
"¡Gah, mierda!" – gritó Azrael, que en lugar de perder sangre perdía lava.
"¡Atrás!" – ordenó Plutarch mientras le rompía la cabeza a un Infernal con la Scythe de Azrael.
Cuando todos los Infernales habían sido derrotados, los pocos guerreros sobrevivientes que quedaron se acercaron a Plutarch.
"General" – le dijo uno – "Necesitamos órdenes"
"¡Sus órdenes son que esta noche coman bien y que le hagan el amor a sus esposas, caballeros, el día es nuestro!"
Antes de que los soldados pudieran gritar por la victoria, desde el cuerpo partido en dos de Azrael surgió un círculo blanco que dejó ciegos a todos por unos instantes, y cuando terminó, el cuerpo ya no estaba…
Plutarch se había quedado con la Scythe de Azrael como trofeo, y fue proclamado por sus seguidores como el General, Guerrero Berserker y el Señor de la Guerra de este mundo.
"¡Fue increíble!" – le dije a Dyncil – "Excepto por las partes desagradables…"
"¿Ahora entiendes por qué Plutarch puede llegar a ser tan…?"
"¿Agresivo?" – terminé por ella.
"Iba a decir tan asesino, pero agresivo también está bien"
"Ahora que lo recuerdo, creo que vi el arma de Azrael sobre el escritorio de Plutarch, estaba estacada a la pared" – le dije a Dyncil – "¿Así que el clan Rage fue derrotado ese día?"
"Así es, pero no fueron borrados del mapa completamente" – me respondió Dyncil – "Con Azrael muerto, sus ejércitos no tenían líder, así que nuestros aliados atacaron sus ciudades y las redujeron a cenizas con felicidad, pero se rumorea que aún siguen aquí"
"Es extraño, porque escuché a Plutarch decir que ya habían sido derrotados completamente" – le dije.
"Dice eso para mantener a los ciudadanos tranquilos" – respondió ella, y luego miró a su alrededor.
"¿Qué pasa?"
"Alguien viene, será mejor que vayas…"
Hasta la próxima actualización…
