¿Te conozco?
En el salón, extrañamente, todos estaban callados, sentados, mirando al frente, como estatuas. Y digo extrañamente, porque no es que sean precisamente unos angelitos, por Arceus... Es decir, que la unica vez que los había visto así, fue cuando nos suspendieron el viaje a la Zona Nexo, que al parecer quedaba en el centro de la región, ect. Solamente se me ocurre mirar hacia el pizarrón, donde me quedo sin habla ante lo que veo.
Hay un hombre rubio, alto, y con un extraño flequillo azul, vestido de científico y flanqueado por dos soldados de... Del...
-...Equipo Plasma...?-susurro, aterrorizada. El hombre rubio parece escucharme, pero no me presta atención. En cambio, sigue con su discurso.
-...entonces, liberar a los Pokemon seria lo mejor para todos.-Concluye, hace un ademán y se va.
Eevee se sale por si sola de su Pokebola, y se pone a ronronear y a acariciar mi pierna.
Me siento en mi pupitre y me tapo la cara con la mano. Siento la mirada penetrante de todos mis compañeros. Un instante después, se ponen a hablar y a gritar y a correr por el aula. Finalmente, despues de unas horas, llega el momento de ir a casa, a prepararse para la graduaciòn. Salgo volando del salón, corro como el viento hacia la Bici, monto a Eevee en la cesta y me largo a casa. Apenas llego al edificio, cruzo la recepción sin mirar siquiera a los lados, llamo al ascensor, entro y marco el piso. Llego a mi piso, abro la puerta bruscamente y la cierro de un golpe. Mamá sale de la cocina, viendome con una cara de preocupación.
-¿Qué sucede, cielo? - me pregunta.
-En la escuela... Tipo Rubio... Soldados... Liberacion...-Jadeo, y luego grito: ¡EQUIPO PLASMA!
Mamá se pone pálida como un fantasma, y luego me dice, aterrada: -Lucinda, por Arceus...
-Mamá, ¿puedes hacerme un chocolate caliente? No quiero hablar de eso.
-Claro, Lu. Ven.- me dice, y me toma de la mano. Me sienta en un sillón reclinable y me arropa con una manta de lana. Se va a la cocina y me prepara una taza humeante de chocolate caliente con canela espolvoreada encima. Cuando me la trae, tocan el timbre.
-Voy yo, Lucy.
-No, mamá. Yo voy.-digo, y me dirijo a la puerta. Abro la puerta y miro al chico que llamó al timbre.
Es un chico de mi edad, o quizá un poco mayor. Nunca lo he visto antes. Tiene el cabello rojo, pero no rojo "natural", sino rojo pero rojo, como el de los cupcakes de cerezas. Lo tiene largo, hasta los hombros. Tiene los ojos grises, penetrantes y hermosos. Lleva un jersey de algodón negro sobre un sueter de lana azul eléctrico. Nos miramos a los ojos y, entonces, algo extraño sucede.
Es como si algo mágico hubiera pasado. Creo que hicimos "click", como dice mi amiga Sakura, que nos acompañará a mi y a Alice en nuestro viaje. Es algo rareta... Como sea, ese chico hizo temblar todo mi mundo.
Se me queda mirando, como hipnotizado. Luego recuerda a qué va, y mira un paquete que tiene en la mano.
-Emmm... ¿Lucinda Armonía?- murmura, como despertando de un sueño.
-Si, asi me llamo...- susurro yo, como dormida.
-Emmm... Esto... Es para ti- susurra, nervioso. Me ofrece el paquete.
-Gra... Gracias... -Tartamudeo, y agarro el paquete entre las manos. En ese roce de nuestras manos, sentí que me derretía, y que su tacto se sentía como electricidad directo a mi piel. Traumada, le pregunto algo: -¿Como te llamas?
-Me... Me llamo Darius... Pero ya me tengo que ir... Asi que... Adios... -dice, entre susurros. Se va, y yo me quedo mirando el paquete entre mis manos. Me voy a mi habitación, que, como muchas de mis cosas, es de color verde menta, con decoraciones de caoba. Me siento en mi cama, llena de mantas de estrellas, de luz, de oscuridad. Abro lentamente el paquete, y descubro una pequeña cajita de madera, hermosamente tallada. Abro el cofrecillo, y encuentro una nota.
"En un arco grande y profundo, está mi secreto para el mundo.
Pronto nos veremos de nuevo"
Y eso es todo. Ni siquiera se de quien es. Me termino de tomar el chocolate caliente y coloco el cofre en mi mesita de noche. Me dirijo al armario, y busco el bellísimo vestido para la graduación de esta noche...
