Hola chicas, aquí un nuevo capítulo, gracias, muchas gracias por los reviews que me dejan, ya que mediante ellos me doy cuenta si gusta o no la historia y me alegra saber que se toman su tiempo para regalarme sus opiniones y saber que les gusta la historia que de verdad pensé a nadie le iba a agradar y como premio agradecimiento les dejo otro capítulo, espero tener el que sigue listo para mañana.

Sus palabras me inspiran!

Gracias!


Capítulo 3


He desaparecido de mí y de mis atributos,

soy presencia solo para ti,

he olvidado mis enseñanzas,

pero al conocerte he llegado a ser una escolar,

He perdido toda mi fuerza,

pero con tu poder soy capaz.


Las lágrimas que resbalaban por las mejillas de Susana, eran el drama materializado, mientras Terry la miraba en silencio sentado frente a ella y armándose de paciencia, meditando en silencio las palabras que le soltaría.

La rubia bajo la mirada a sus muslos, sin poder retenerle la mirada al actor y un sollozo hizo que su cuerpo se estremeciera suavemente, apreciándose con facilidad en los hombros, anunciando la etapa cumbre de su tragedia.

- Es que… no puedo creerlo… Terry. – Dijo en medio de sollozos, sin levantar la mirada.

- Si no puedes creerlo, no puedo hacer nada Susana. – Sus palabras salieron con lentitud, sintiéndose cansado ante la situación.

- ¿Susana? Solo me dices así cuando estas molesto. – Levantado la cabeza y mostrando los ojos ahogados en lágrimas. – Soy yo la que está molesta Terruce, me has abandonado todo este tiempo.

- Bien sabes que no he estado jugando ¿Y cómo no quieres que este molesto si solo me recibes con reproches? Hasta flores te he traído. – Expuso lanzando el ramo de rosas sobre el sillón de al lado.

- ¡Marchitas! – Exclamo sorprendida ante el descaro de él.

- Pasaron toda la noche encerradas conmigo a una temperatura de treinta grados. ¿Qué esperabas? – Alzando un poco la voz, mientras retenía de un hilo los estribos.

- Que al menos tú las comparas, se perfectamente que son de los detalles que te han dado, esas resbalosas que siempre te esperan.

- Te he dicho mil veces que respetes a mis admiradoras. – Dejo libre un suspiro. – Creo que mejor me voy y regreso cuando se te pase un poco la histeria. – Acoto poniéndose de pie.

- Terry no te vayas, dijiste que almorzarías conmigo. – Abriendo los ojos desmesuradamente al verlo levantarse.

- Si lo hago, no hare digestión. – Acoto encaminándose a la puerta.

- Terry espera, por favor… - Al ver que él no se inmutaba, le tocaba recurrir a su trillado método, por lo que se levantó de la silla de ruedas, ayudándose con la prótesis, apenas dio un paso y se dejó caer.

¡Mierda! – Exclamo Terry mentalmente, poniendo los ojos en blanco al escuchar el golpe.

Siempre le hacía lo mismo, porque sabía que él no poseía el valor para marcharse y dejarla ahí tirada, por lo que se volvió y se acercó a ella que lo miraba suplicante, la tomo en brazos y estaba por sentarla en la silla cuando ella le pidió.

- Mejor llévame a mi habitación por favor.

Terry trato de liberar un pesado suspiro, nivelando nuevamente su balanza de paciencia, al tiempo que se encamino a la habitación de la joven que se encontraba en la planta baja ya que debido a su discapacidad se le hacía casi imposible subir escaleras, lo hacía solo con la ayuda de alguien.

Al llegar a la habitación la coloco en la cama y le ayudo a quitarle la prótesis.

- ¿Estas cómoda? – Pregunto al tiempo que le acomodaba las almohadas en la espalda, ella asintió en silencio. – Bueno entonces me marcho, regresare en un par de días. – Le hizo saber depositándole un beso en la frente, se incorporaba y ella lo retuvo tomándolo del brazo.

- Terry, quédate por favor, solo tienes media hora que llegaste y teníamos mucho tiempo sin vernos, disculpa mi desconfianza, creo lo que me has dicho, ya verás se lo voy a reclamar a Robert, te contare como me fue en la reunión de bordado que hicimos esta semana aquí en casa.

- No soy un niño para que reclames nada. – Acoto el chico a sabiendas que solo buscaría información con Robert, averiguar si era cierto lo que le había contado, aun cuando todos en el teatro se dieron cuenta del hecho y que mantuvo a Elisa escondida hasta que pudo sacarla sin que nadie la viese, simplemente no quería que Susana se metiera en su vida.

- Está bien no le diré nada. – Le dijo sonriendo dulcemente, tratando de esconder su verdadera intensión ya que no se quedaría tranquila hasta corroborar si era cierto que Terry la dejo plantada la noche anterior porque lo habían dejado encerrado en el teatro. – Me pasas por favor mi cesta de bordados. – Pidió señalando el objeto en una esquina de la habitación.

Terry se puso de pie y le acerco lo que le pedía colocándolo sobre la cama.

- Te tengo un regalo. – Dijo emocionada rebuscando en la cesta. – Ven siéntate aquí. – Le suplico palmeando un espacio en la cama.

Terry no se negó, tampoco era que Susana fuese una leprosa como para no sentarse junto a ella y a pesar de todas las estupideces que cometía y decía, había aprendido a tenerle cariño, algo fraternal, nada más, por más que se había obligado a amarla durante estos años, no lo había conseguido.

Susana saco una bufanda de lana negra que ella misma había hecho y se la acomodo en el cuello.

- ¿Te gusta? – Le pregunto, mientras él admiraba la prenda.

- sí, muchas gracias Susy, la usare en otoño e invierno, me ayudara mucho para esconderme de los periodistas. – Se acercó y le deposito un beso en la mejilla.

Terry se alejaba y ella se armó de valor, llevo rápidamente las manos al rostro de él y lo asalto con un beso en los labios, él no correspondía, pero ella lo hacía eufóricamente por los dos, aventurándose con su lengua, mientras que sus manos empezaron rápidamente a desabotonar la camisa del chico, quien le detuvo los movimientos al cerrarle las muñecas.

- Susy… Susana… para, detente… - Le pedía en medio de besos que lo abordaban sin permiso, sintiendo la lengua de Susana como si fuese la de una serpiente, hizo más fuerza y se alejó. – ¡Que te detengas Susana! – Le exigió mirándola a los ojos y en tono rudo, ella lo miro asombrada y con la respiración agitada, ante la excitación y las lágrimas que subían por su garganta.

- Sé que te doy asco. – Murmuro con la voz ahogada y bajando la mirada.

- No es eso, Susy… soy hombre y si me besas de esa manera podría no detenerme, podría irrespetarte. – Esa fue la primera excusa que se le vino a la mente, no le daba asco, pero tampoco la deseaba.

- Yo no quiero que te detengas, no quiero que me respetes… quiero que me hagas tu mujer… llevamos cinco años y ni me tocas, ni me besas. – Exponía acercándose a él una vez más y jalándolo por la camisa, la cual empezó a desabotonar rápidamente, con una de sus manos le jalo la bufanda y empezó a besarle el cuello.

Terry se resistía, pero tampoco quería ser brusco con ella, la alejaba colocándole las manos en los hombros, pero al parecer la excitación le daba fuerzas.

- Te deseo Terry, yo tengo necesidades, soy una mujer que necesita de su prometido. – Hablaba al tiempo que bajaba la camisa.

- Tu madre, Susana tu madre puede entrar. – Hablaba rápidamente, tratando de encontrar la salvación.

- No, ella no está en casa, estamos solos amor. – Susurro con voz agitada.

¡Demonios! Precisamente hoy se antojo de salir la vieja – Exclamo en pensamientos. Y aunque no quiso tuvo que ser brusco y alejarla.

- Lo siento Susana yo soy un caballero y no puedo irrespetarte aun cuando tú quieras. – Apoyo la rodilla en la cama y se incorporó colocándose la camisa, que ella casi le quitaba.

La vista de la rubia se anclo rápidamente en la marca que estaba en su hombro, sintiendo como emociones se estrellaban en su interior y en ese momento era un volcán que estaba a punto de entrar en erupción.

- Te quedaste encerrado anoche… ¿Solo? – Pregunto con un hilo de voz.

- Yo mejor me voy Susy, después hablamos. – Terry se había dado cuenta que ella se percató del mordisco en su hombro.

- Eres un cobarde… ahora te vas, esa marca en tu hombro… estuviste con una mujer y no te atrevas a negármelo.

- No te lo voy a negar… si he estado con otra mujer, tenía mucha presión encima y necesitaba liberar un poco de tensión, solo eso.

- ¿Y porque buscas en otra lo que yo te puedo dar? Te lo he dicho muchas veces Terruce, te deseo.

- Porque tú eres mi prometida, porque te debo respeto, contigo no puedo coger… - Le dijo alzando la voz. – ¡Contenta! Contigo tiene que ser especial.

- ¿A que le llamas especial? porque soy tu prometida voy a morir virgen, ¿Acaso piensas beatificarme? – Inquirió. – Dices que no me tienes asco, pero solo es de la boca para afuera.

- No Susana, no me vengas con tu melodrama de auto desprecio… tiene que ser especial, porque hay una gran diferencia entre coger y hacer el amor, quiero que cuando haga el amor hayan sentimientos de por medio, miradas y caricias que hablen, besos que te roben el alma, no el simple acto físico… - Hablaba cuando ella intervino.

- Tiene que ser intenso y sutil, apasionado y tierno, me lo has dicho cientos de veces, es la misma excusa, es un libreto que te sabes de memoria desde hace cinco años, ¿De dónde lo copiaste Terruce? – Inquirió molesta.

- No hay solución Susana, yo me largo, cuando no tengas reproches me llamas, pero que no sea en media hora… cuando de verdad no tengas nada que escupirme en la cara ¡Hago lo que puedo! – Exclamo sintiéndose molesto y desesperado. – ¡Sabes que lo hago! – Salió y cerró la puerta fuertemente.

- No… no lo haces, no eres más que un hipócrita. – Susurro sola en su habitación y se lanzó sobre la cama a llorar.

Elisa se encontraba sentada en una camilla, con el cuello y la mano izquierda vendada, era algo exagerado, pero se lo exigió al doctor, su voz temblorosa ante las lágrimas que corrían por sus mejillas hacían de su espectáculo un éxito, al ver como la miraban Malcom y sus futuros suegros.

- Yo corrí lo que puede, pero igualmente me atacaron, eran docenas de abejas, no sé de donde salieron, ni siquiera se quién me trajo al hospital… me han dicho que corrí con suerte, ya que solo fueron dos piquetes… ¡Pude haber muerto! – Exclamo y soltó un sollozo abrazándose a Malcom, que correspondió al gesto, mientras ella lloraba en medio de pucheros.

- Tranquila amor, ya paso… todo está bien. – Susurraba acariciándole la espalda.

Mientras la pelirroja cerro los ojos recordando el sacrificio que tuvo que hacer, al salir del teatro se encamino lentamente por la calle, mientras pensaba en alguna excusa convincente, fue el cristal de una tienda la que le hizo percatarse del gran moretón que tenía en el cuello y maldijo a Terruce, logrando con esto desesperarla aún más, siguió caminando y se sentó en la banca de un parque cercano, perdiendo su mirada en los rayos de sol que se colaban por el follaje de los árboles, alzo la mirada a las ramas y ahí encontró su mejor excusa.

Un panal de abejas se encontraba colgando de una de las ramas y no estaba tan alto por lo que subió a la banca y respiro profundo, armándose de valor estiro el brazo para agarrar una abeja, lo cual hizo rápidamente, pero un grito de dolor se le escapo cuando otra le aguijoneo el dorso de la mano, sin siquiera pensarlo se llevó la que tenía prisionera entre los dedos e hizo que le picara en el cuello justo donde Terruce le había dejado el moretón, ahogando el jadeo de dolor y cerrando los ojos fuertemente.

Respiro profundo y se bajó rápidamente al ver que las abejas estaban descontrolándose, camino tan rápido como pudo y detuvo un taxi, pidiéndole que la llevase a un hospital, mientras sentía la mano y el cuello hinchársele ante los aguijonazos, así como también el ardor y dolor.

Después que la asistieran, pidió prestado un teléfono y llamo al hotel diciéndole a su suegra que se encontraba en observación desde la noche anterior y que por eso había desaparecido.

- Señorita Leagan. – La voz de la enfermera hizo que abriese los ojos y se separase lentamente del abrazo del rubio. – El doctor le ha dado de alta, puede regresar a su casa y por favor guarde reposo.

- Gracias. – Susurro Elisa y vio salir a la enfermera agradeciendo que no dijese nada que derrumbara el castillo de mentiras que había creado.

Al llegar al hotel paso toda la tarde durmiendo lo necesitaba, reponer fuerza, ya que la noche anterior si apenas había dormido y para su buena suerte Terry protagonizo sus sueños.

Esa noche no hubo función en el teatro y Terry pasó el día en su departamento, repasando el libreto y estudiando otro, que para invierno empezarían a montar y quería estar preparado, él mismo se preparó el té, solo salió para cenar fuera, en un pequeño restaurante a varias cuadras de su residencia.

No pudo evitar que Elisa revoloteara en sus pensamientos por momentos, pero enseguida la espantaba haciendo que a esa mariposa se le desintegraran las alas, no la quería en su cabeza, ni en ningún otro lugar, no podía permitirse ningún tipo de acercamiento nunca más, ya se había dejado seducir en dos oportunidades y no debía caer en una tercera, porque podría lamentarlo.

Esa noche Susana lo llamo un par de veces entrada la madrugada, él le pidió que llamase por la mañana, ella insistió una tercera y él prefirió desconectar el teléfono, porque era peor que el insomnio, no lo dejaba cerrar los ojos, hasta que por fin logro dormir hasta altas horas de la mañana.

Se ducho y salió a almorzar en el mismo restaurante, no tenía ganas de preparar nada, tal vez por la tarde iría a visitar a Susana, solo si lograba armarse de paciencia.

La madre de Susana miraba a su hija desconcertada al ver el interés de ella por salir, pero sobretodo en hacerlo sola y más arreglada de lo normal.

- ¿Hija estas segura que no quieres que te acompañe? – Pregunto con preocupación.

- No mamá estaré bien. – Respondió alisando la falda de su vestido.

- ¿Seguro que no vas a ver a Terry? es que no quiero que te hagas de rogar, ¿Cuándo te darás cuenta que no te quiere? mi vida al principio estaba de acuerdo con esto, pero yo creo que mereces algo más. – Susurraba acariciándole los cabellos. – Ese miserable no te merece.

- Mamá te voy a pedir por favor que no insultes a Terruce.

- Es que solo estás obsesionada con él, ya es hora que te hagas feliz, que tú misma te valores.

- ¿Cómo piensas que lo hare? – Preguntó clavando la mirada en sus muslos.

- No estas lisiada Susana, puedes volver a caminar, solo si asistieras a las terapias.

- No quiero ir a terapias, solo quiero que Terry se case conmigo ¡Que cargue conmigo! Por su culpa estoy en esta maldita silla de ruedas. – Exclamo molestándose, pero al ver como los ojos de su madre se llenaban de lágrima, se arrepintió del tono de voz utilizado. – Lo siento mamá… te prometo que no voy a ver a Terry, voy a una reunión con una amiga que tenía mucho tiempo sin ver… Terry me quiere y te darás cuenta muy pronto cuando por fin te demos la fecha de matrimonio, ya lo veras, ayer que vino a visitarme… - Hablaba y bajo la mirada sonrojándose. – Me acompaño a mi habitación y me beso… me dice que no puede aguantar, que quiere hacerme su mujer, pero que no lo hace porque es un caballero y me respeta ¿Los ves? No puede aguantar. – Acoto elevando la mirada con el rostro arrebolado y su madre la miraba con cierto pudor, pero sobre todo agradecida porque su hija fuese tan comunicativa con ella.

- En ese caso, no insistiré más. – Le dijo cariñosamente y le dio un beso en la frente.

- Gracias mami. – Susurro sonriente. – Axel. – Acoto dirigiéndose al chofer que la tomo en brazos y la deposito dentro del auto.

La chica se alejó despidiéndose de su madre, agitando suavemente la mano y sonriendo, ella le correspondió de la misma manera y se quedó observando hasta que el vehículo se perdió de su vista, para después entrar a la residencia.

La señora Marlowe, creyó en la palabra de su hija cuando Terruce llego a la casa con un ramo de margaritas de diferentes colores y se sorprendió al saber que no se encontraba en casa, ella no quiso darle ningún tipo de información, sobre el paradero de su hija y no pudo evitar hacer un mal gesto cuando él le dijo que la esperaría, al menos por media hora.

Terry se sentó en el mismo mueble que siempre lo hacía y la señora Marlowe lo hizo frente a él, admirándolo y haciéndole sentir como un bicho bajo el lente de un telescopio, manteniéndose en silencio y creando un ambiente tan denso que podría contarse con un chuchillo.

- ¿Puedo? – Pregunto él al fin sacando un cigarrillo.

- Lo dejare solo, si necesita algo me llama. – Dijo poniéndose de pie y alejándose del chico.

Terry soltó un pesado suspiro, para llevarse el cigarrillo a la boca y encenderlo, fumando lentamente para que el tiempo pasara mucho más rápido, le daba la tercera fumada cuando, vio venir a la señora del servicio con una bandeja en la cual traía, agua y té.

Él le agradecido con un gesto y prefirió el agua, observando detenidamente el fondo del vaso y que no tuviese ninguna coloración distinta, no era que pensara que su suegra intentaría envenenarlo, simplemente era algo exigente con las bebidas y alimentos.

La madre de Susana se encontraba en una mecedora tejiendo en su cuarto de costura, cuando escucho la puerta del frente, abrirse y cerrarse, levanto la mirada al reloj en la pared y se percató de que Terruce había esperado cuarenta y cinco minutos, después de un momento, regreso a la sala y observo sobre la mesa el ramo de margaritas.

Segunda noche de función y Elisa no se presentó, la primera noche esperaba encontrársela al final de la función nuevamente en su camerino, pero no apareció, sin embargo guardo la esperanza de encontrársela a las afueras del teatro e hizo lo que tenía mucho tiempo no hacía. Caminar, regreso caminando a su departamento, tratando de disimular su apariencia al recogerse el cabello y encenderlo bajo un sombrero borsalino de fieltro suave en color negro, pero llego a su departamento y no hayo rastro de la pelirroja.

Esta noche fue lo mismo, la pelirroja no se presentó al teatro, ni mucho menos en su camerino, al igual que la noche anterior se fue a su departamento caminando, pensando que lo más seguro era que hubiese regresado a Chicago, al llegar al edificio del apartamento que ocupaba hace un par de años, pues el anterior era muy pequeño y decidió buscar uno más grande, cuando se dio cuenta que en ese no podría tener la biblioteca que anhelaba. Además que necesitaba más espacio para otras funciones, por ejemplo una habitación para sus visitas.

El ascensor se detuvo y él abrió la rejilla se encamino por el pasillo hasta la puerta de su departamento, encontrándose con una caja grande, envuelta en un lujoso papel rojo escarlata, y un lazo de seda negro, una tarjeta resalto a su vista, el joven agarro la caja y leyó en la tarjeta "Terruce" inmediatamente se le vino a la mente Susana, tal vez pidiéndole disculpa por haberlo hecho esperar dos días atrás, pero esa no era la caligrafía de la rubia, era mucho más estilizada y si quería reivindicarse hubiese escrito su diminutivo y no su nombre completo, sin embargo tomo la caja y entro a su hogar.

Coloco la caja sobre la mesa y jalo la cinta de seda que elaboraba el lazo, el cual se deshizo fácilmente, quito la tapa y lo primero que vio fue una máscara masculina, completa de yeso rojo intenso y barnizado, sin duda alguna era hermosa y sofisticada, por instinto se la llevó al rostro, comprobando que le quedaba a la perfección, pero al instante la coloco sobre la mesa ya que la tela negra le llamo la atención, sacándola y ante sus ojos se exponía una gran capa con capucha.

Hasta el momento no entendía nada y todo fue más confuso cuando al fondo de la caja encontró el cuento "La máscara de la muerte roja" de Edgar Allan Poe. Sin duda alguna quien le envió eso esperaba que se disfrazara de la muerte roja. Una sonrisa se dibujó en sus labios al ver el ingenio de la persona que eligió el vestuario, que no envió la máscara de la parca, sino algo más sutil, pero con el mismo significado.

Terry agarro el cuento que ya había leído y sabia de que trataba, pero sin embargo lo hojeo, pasando rápidamente sus páginas cuando se escapó un pequeño sobre y cayo a sus pies, se dobló y lo agarro, sin perder tiempo lo abrió sacando una pequeña nota.

Te espero mañana a las diez de la noche, en la dirección que está en el membrete de la tarjeta, no olvides venir como la peste.

E. L

- Elisa Leagan. – Pronuncio el nombre en voz alta y una sonrisa sátira se anclo en sus labios. – Entonces no has regresado a Chicago, como pensé… siempre te ha gustado el misterio, no me gustan las sorpresas, pero esto definitivamente me excita… sabes cómo jugar. – Se dijo agarrando nuevamente la máscara.


Esta canción le va como anillo al dedo a Elisa, sencillamente es así.

Como el mejor Demonio que podrías conocer, haré que tu amor por mi crezca,

porque esto es lo que soy, te puede gustar o no,

puedes amarme o dejarme,

porque yo nunca parare y lo sabes.

Coro de la canción: Like or not de Madonna, si quieren pueden buscarla en youtube.


Continuara…