Capítulo 4
Me amo a mi misma, te amo,
te amo, me amo a mi misma,
soy tu amante, ven a mi lado,
abriré la puerta a tu amor.
La función termino en medio de ovaciones, muchas veces se sorprendía al ver el recinto completamente lleno después de tantas presentaciones consecutivas, por algunos diarios, se había enterado que muchos de los espectadores provenían del interior de país y otros de algunas partes del mundo, consagrando con esto poco a poco el éxito internacional, había obtenido algunas propuestas para el cine, pero hasta ahora no se animaba, su pasión era el teatro, estar compartiendo con el público en vivo y directo, llenarse de esa energía que ellos desprenden y que a través de una pantalla sería imposible.
Karen lo retuvo un momento detrás del telón, pidiéndole el favor que la llevase a su casa, porque su esposo no podría venirla a buscar y necesitaba llegar temprano.
- Es que mi suegra no puede dormir a Lucas, tiene algunas mañas.
- Está bien, puedo llevarte, así aprovechare y jugare unos minutos con mi ahijado.
- Vaya recuerdas que es tu ahijado, yo pensé que lo habías olvidado. – Le dijo la chica con burla.
- No exageres Karen.
- Solo estoy bromeando, que amargado que eres Terruce, no sé cuándo vas a cambiar ese carácter. – Acoto palmeándole un hombro y se encaminaron.
Al llegar a la casa de Karen, se encontraron con el niño de un año y cabellos oscuros dormido en los brazos de su abuela paterna, por lo que Terry no pudo cumplir su cometido, termino por despedirse y en el quicio de la puerta saludo a Rodolfo el esposo de Karen quien aún siseaba al hablar por su español.
El castaño de ojos zafiro se despidió y subió a su auto, sabía que aún estaba a tiempo, para ir a la cita de Elisa, pero no podía seguir alimentando el fuego con el que jugaba porque podría quemarse, sabía que la pelirroja era peligrosa y no quería ser una vez más su víctima.
Su mirada se fijó en la caja que reposaba en el asiento trasero de su vehículo.
- Pero esta vez no tengo nada que perder, no tengo a quien perder… si ya nada importa, qué más da si termino por caer aún más bajo. – Se dijo mientras conducía a la dirección que estaba en el membrete de la tarjeta y que sin querer había memorizado.
Su mirada incrédula y sorprendida se posó en el edificio, según la dirección que recordaba era ese edificio.
Bajo del auto y elevo la cabeza para admirar el tétrico lugar que parecía estar abandonado tal vez desde hace décadas, ya que la pintura estaba desconchada y tenía hongo, realmente se encontraba bastante deteriorado, se encamino al auto y abrió la caja, saco la tarjeta y verifico la dirección, era ese edificio, pero ¿Por qué ese? Y no en el de al lado, el del frente o del fondo, este estaba deshabitado y producía espanto.
- Te has tomado el tema enserio. – Se dijo y sin darse cuenta trago en seco.
Terry se armó de valor, saco la capa y la máscara, se encamino sin colocarse ningún atuendo y subió los tres escalones, la puerta crujió fantasmagóricamente.
- ¡Maldita loca! – Exclamo en voz muy baja.
Al entrar como era de esperarse estaba completamente vacío atestado de polvo y telarañas el piso de madera gruñía a cada paso que él daba, era como si se quejase por su peso.
Su mirada capto en el primer escalón de la escalera una vela encendida y a su lado un ramillete de gladiolos, según algunos supersticiosos asociaban a la flor con la muerte, otros con el erotismo y sensualidad, él no se iba por ninguno de los dos.
Debajo del tallo se encontraba una nota.
A la muerte se le toma de frente con valor y después se le invita a una copa.
Terry sabía que era una frase de Edgar Allan Poe y que en este caso él era la muerte, lo que quería decir que ella le estaba invitando a pasar y después tomarse una copa, sus ojos se dirigieron a la posdata.
P.D: Cuidado con las escaleras, podrías terminar en el sótano y no te quiero abajo, te quiero arriba, eso incluye mi cuerpo.
Una parte traicionera del cuerpo de Terry reacciono con una pulsada de dolor excitación, ante las letras expuestas en la nota.
Prosiguió con su recorrido, haciéndolo con precaución, mientras se preguntaba mentalmente en que piso se encontraba, su camino era iluminado por las débiles llamas de algunas velas y el lugar cada vez era más tétrico.
Estas en el tercer piso, es el quinto.
Otra nota con otro ramillete de gladiolos, no pudo evitar que una sonrisa curvara sus labios y prosiguió, ya en el quinto piso al final pudo ver como una débil luz se colaba por debajo de una puerta y un aroma cargado de sándalo, le hizo respirar mucho mejor, sin siquiera pensarlo, dejándose llevar por el morbo y el jugueteo, se colocó la capa y la máscara roja.
Acorto la distancia y antes de girar el pomo inhalo profundamente y después exhalo rápidamente, abrió y sus ojos recorrieron lentamente la escenografía, maravillosa, el lugar era exactamente igual a como lo describía Allan Poe en el cuento, cubierto completamente con colgaduras de terciopelo negro que abarcaban techo y paredes, cayendo en elegantes pliegues sobre una alfombra del mismo material y tonalidad, apenas tenía dos ventanas como de tres metros de altura y de ancho un metro y medio, los cristales eran escarlatas, el escritor los había denominado color sangre, en ese caso el autor describió la iluminación en la caldera del pasillo y que atravesaban los cristales, pero como las dos únicas ventanas que habían daban hacia afuera, Elisa opto porque la iluminación fuese interna, velas que se desgataban lentamente sobre candelabros góticos en los puntos cardinales de la habitación, lo que más le cautivo fue el gran reloj de ébano, que marcaba las diez en punto.
- La muerte de la máscara roja es inglesa. – Se dejó escuchar la voz cargada de sarcasmo de Elisa, que se encontraba parada observando el exterior a través de una de las ventanas.
La pelirroja se dio la vuelta y se mostró ante Terry, llevaba un vestido negro con algunos bordados rojos, que se ceñía perfectamente a su cintura, con un escote que lo hizo tragar en seco al ver las medias colinas de sus senos expuestas y relucientes que los incitaban a ser besados, un antifaz negro, con brillantes y plumas, era la guinda del pastel.
No recibió respuesta, solo lo vio ahí parado con la capa y la capucha que poco le dejaba ver la máscara roja, pero para ella era una muerte imponente, con una elegancia que lograba hacer que sus piernas temblaran bajo su vestido, mientras se la comía con la vista a medida que se acercaba esos ojos zafiros brillaban fieramente a través de los orificios de la máscara y si Terry fuese la muerte no sabría cómo controlarse y su mirada ya la hubiese fulminado ante la intensidad, logrando con esto que el interior de su vientre se contrajese.
Elisa puso de puntillas y beso los labios de yeso rojo barnizado, con las yema de los dedos acaricio el borde de la mandíbula del mismos material y la muerte no se inmutaba solo la miraba fijamente, como buscando algo en ella.
Terry se encontraba bajo un hechizo definitivamente, sentía su corazón latir como no lo hacía seis años atrás, se estaba sacudiendo el polvo y las telarañas, estaba bombeando ante un sentido, ante un sentimiento al cual no quería prestarle atención, no quería hacerlo, era lo que su cabeza le gritaba, pero este no paraba en su desenfreno, en como sus nervios se alteraban en el mejor de los sentidos.
Se acercó y con sus nuevos labios de yeso rozo la mejilla femenina, la cual le activo como una alarma los sentidos y las pulsaciones de excitación cuando ahogo un jadeo en su oído, ese sonido primitivo, junto al calor, el color, las texturas y el aroma a sándalo en el ambiente era lo más erótico que algunas vez hubiese experimentado y todo este juego escalofriante le hacían hervir la sangre.
Elisa elevo sus cabellos con una mano, para darle mayor libertad a Terry, ofreciéndole su cuello para que lo recorriese de la misma manera que lo hizo con su mejilla, recibió de él una profunda mirada, esa en la cual ella quería ahogarse y morir, sintiendo su corazón latir rápidamente estrellándose de manera brusca contra su pecho, él se dio cuenta porque fijo la mirada en el subibaja intenso y desesperado de sus senos en el escote.
Y cayó en la tentación, rodó cuesta abajo, arrastrado por el pecado, se acercó al cuello femenino y acaricio con labios y nariz de yeso la piel suave como el mismo terciopelo que los envolvía, dejando la respiración tibia en las pulsaciones en su cuello, su mirada zafiro se anclo en los latidos descontrolado que se apreciaban en la vena y sin poder resistirse más, elevo la mano y la poso en la parte posterior del cuello, presionando con su pulgar el conducto de torrente sanguíneo sintiendo los latidos palpitar en la yema.
- ¿Esto a que se debe? – La voz de él se escuchaba ahogada por la máscara.
- También me gusta jugar, usted es la muerte y yo soy la reina.
- Egocéntrica, el del cuento es un príncipe. – La voz de él denoto cierta alegría, a causa de la gracia que lo embargo ante las palabras de ella.
- Si, lo sé perfectamente, pero prefiero ser reina… gobernar absolutamente todo. – Llevo su mano entre la capa y tanteo el miembro del chico. – ¡Esta muerte tiene más vida de lo que pensé! – La carcajada se ahogó en el oído de Terry. – Digamos que si puedo provocar una erección en la muerte, podría gobernar cualquier cosa.
- Menos a la muerte, la reina tendrá que someterse a las torturas que en este preciso momento improvisare. – Le advirtió con el tono más sensual que alguna vez haya poseído.
- Eso suena muy interesante. – La voz de ella fue un estallido sensual y Terry camino lentamente alrededor de ella, admirando el lugar y a la chica buscando su mejor método de tortura hasta que lo vio en las ventanas, paso un brazo por encima de los hombros, cubriéndola con la capa y la guio.
Cuando contaba con catorce años la curiosidad lo dominaba y quería saber porque su padre tenía reuniones los viernes por las noches y regresaba los sábados entrada la tarde, esa era la rutina que marcaba Richard Grandchester, desde que él tenía uso de razón.
Dispuesto a enterarse, un viernes por la noche lo siguió a lo que era una especie de abadía, donde lo esperaron dos hombres que le ofrecieron una capa y una máscara parecida a la que él lleva puesta en este momento, pero la de su padre en ese entonces era negra y dorada, su gran destreza, era escabullirse, por lo que busco una entrada fácil, por uno de los lados laterales, rompió un vidrio y logro entrar, escondiéndose detrás de las escultura de mármol, absorto ante el lujo que reinaba en el interior y como muchos hombres al igual que su padre llevaban capas y máscaras, a ningún les supo el nombre, pues se llamaban de otra manera y Richard Grandchester en ese mundo es (porque aun pertenece) conocido como "La bestia".
Ellos entraron a un salón y él subió las escaleras, al percatarse de la gran cúpula de cristal, desde ese lugar observó claramente el salón donde se llevaba a cabo una reunión, todos se quitaron las máscaras y eran en su mayoría hombre de poder, conto cinco duques, los símbolos y esculturas las grabo en su memoria y con el tiempo supo que era de la orden de los Illuminatis.
La reunión término, se colocaron nuevamente las máscaras y ellos se dirigieron a otro salón, por lo que él corrió alrededor de la cúpula, tratando de hacer el menor ruido posible, lo que presencio por más de cinco horas, lo dejo sin palabras y sin poder creer que su padre perteneciera a esa secta donde llevaron a cabo una orgía salvaje, en medio de torturas a las mujeres que ahí los esperaban, Richard Grandchester, quien siempre se mostró ante él como un ser justo, no era más que un enfermo.
Con esto termino de erradicar el poco respeto que sentía hacia él, fue por eso que decidió largarse a América a buscar a su madre, y alejarse definitivamente de su padre porque temía que terminará involucrándolo en ese mundo, pero solo recibió el rechazo de ella, por lo que tuvo que regresar.
Terry llevo a Elisa frente a la ventana y la detuvo en ese lugar, con sus dedos bajo suavemente el cierre del vestido y desbrocho el sujetador, mientras la sentía temblar como una mansa paloma.
No lo hagas más fuerte de lo que ya será Terruce – Pensaba Elisa, mientras sentía como la piel se le cubría en llamas ante la caricia posesiva de él por su espalda y como introducía la mano debajo de la seda de sus bragas acariciándole las nalgas. – Has elegido muy mal lugar… muy malo. – Los suspiros salían sin poder controlarlos.
- Ahhh. – Un grito de sorpresa se le escapó al sentir como el chico había bajado bruscamente el vestido, dejando una montaña de tela a sus pies, quedando solo con las bragas, las medias y los ligueros.
De su cintura para arriba quedo completamente desnuda, unas manos grandes y varoniles recorrieron sus costados, arrancándole sacudidas de placer, hasta cubrir posesivamente los senos y masajearlos con intensidad, poco a poco bajo el ritmo.
- Estira los brazos. – Le pidió acercándose al oído de la chica, sabía que a través de la máscara su voz se ahogaba, tanto como el calor que sentía y se preguntó ¿Como hizo su padre para aguantar tanto tiempo, con esa cosa puesta? Pero sobre todo sin besar a las mujeres, porque él en este instante siente que ha vagado por días en un desierto y la boca de Elisa es ese oasis que le brindara el vital líquido, sin embargo está poniendo a prueba su resistencia.
Tomo las manos de la chica y le ayudo a que las abriese a cada lado, la insto a que diera otro paso hacia adelante casi rozando el cristal escarlata de la ventana, al ver que Elisa mantendría la posición él estiro los brazos y tomo los cordones de terciopelo que reposaban a ambos lados.
- No… no lo hagas Terruce, aun no. – Le pidió la chica pero fue demasiado tarde, el jalo los cordones y las colgaduras se terciopelo negro que fungían de paredes se descubrieron, siendo reemplazada la suave y pesada tela, por espejos.
Terry se dio media vuelta, se quitó la máscara y la lanzo sobre la alfombra, para admirar mejor el lugar que cobró un poco más de luz a consecuencia de las llamas de las velas reflejándose en los espejos, aumentando con esto su morbo.
No dijo una sola palabra y se volvió nuevamente hacia Elisa, que había bajado los brazos, por lo que le acaricio las caderas y metió una de sus manos por la seda negra, empezó a juguetear con los vellos cobre intenso, se acercó a ella y le susurro.
- Estira los brazos, si vuelves a bajarlos no te cogeré ¿Entendido? – Pregunto a ver si le había quedado claro.
- No te aguantaras. – Le siseo ella mirándolo sobre el hombro percatándose que se había quitado la máscara y observo el rostro sudoroso y sonrojado por el calor, el golpeteo furioso de su corazón se instaló en la garganta, al verlo expuesto, aunque con la capucha aún quedaba gran parte de su fisionomía escondida.
Terry con la mano libre le tomo la mandíbula con posesión y la obligo acercarse, mientras que la que se encontraba instalada en el sur hurgaba con el dedo medio entre los pliegues de la pelirroja, abrió la boca lentamente, regalándole el aliento y casi rozando sus labios con los de ella.
- Ponme a prueba. – Susurro con la mirada en los labios femeninos y retiro la mano con que estaba estimulándola
Elisa vio en él convicción por lo que estiro los brazos y en ella asaltaron odio, deseo, cuando lo vio sonreír de esa manera que le robaba el aliento, que se apoderaba de sus anhelos, Terry tenia tanto poder sobre ella que no sabía cómo iba a detenerlo.
El chico tomo uno de los cordones y lo envolvió alrededor de la muñeca, pasándolo por el dedo pulgar, para evitar que se soltase el amarre, lo hizo pero no apretado, no quería lastimarla, no como lo había hecho su padre con esas mujeres, solo quería inmovilizarla y torturarla un poco, solo de placer, hacerla que se arrepintiera de haberlo buscado, ya que después de esta noche, se había jurado no buscarla nunca más, aprovecharía que en dos días se iría de gira y se le perdería definitivamente, agarro el cordón del otro extremo e hizo lo mismo con la otra mano dejándola crucificada en el aire.
Apretó fuertemente los cabellos y le hizo nuevamente volver la cara, se acercó y le robo la razón con un beso que hizo que las piernas de Elisa flaquearan, sintiendo ella la tensión en sus hombros, por lo que trato inmediatamente de reponerse, él con la mano libre se retiró la capucha quedando completamente al descubierto, para una vez más besarla arrebatadamente, introduciendo su lengua y recorriendo los espacios de la cavidad de la chica atrapando la lengua de ella y envolviéndola con la de él.
- Eres pervertida, te gusta mirar. – Le dijo con la voz entrecortada por la falta de oxígeno que le dejo el beso.
- Y que nos miren también. – Susurro. – Que pasaría si te dijera que en estos momentos algunos de los habitantes del edificio del frente podían estar viéndonos, que a través de este cristal quedamos totalmente expuestos. – Mirándolo a los ojos y acercándose más a él para besarlo.
- Entonces que disfruten de la función, ya sabes que me gusta en algunos momentos ser el centro de atención. – Acoto mientras empezaba a recorrer con sus manos el cuerpo femenino, a bajar lentamente las bragas, se inclinó y empezó a besarle las nalgas, hasta que el instinto le grito que las mordisqueara, arrancándole jadeos incontrolables a la pelirroja.
Terruce se puso una vez más de pie y la bordeo poniéndose a un lado acaricio tiernamente el rostro femenino, sin ser consiente que la miraba con intensidad y ternura, con deseo y con ese sentimiento que resurgía de las cenizas, como el ave fénix.
- Algunos podrían morir de la impresión al ver como la muerte somete a esta pobre damisela. – Susurro la chica mirándolo a los ojos, se acercó y rozo con su nariz los labios de Terry que se abrieron y le regalaron beso a esa nariz pequeña y altiva, agudizando la vista en las pecas rojizas.
- Es esa mi función. – Murmuro sin cerrar completamente los labios con los cuales acariciaba el rostro sonrojado.
- ¿Someter? – Pregunto, mientras Terry se deshacía de la capa y de la camisa con extrema lentitud.
Elisa elevo uno de sus pies y lo llevo a la hebilla de la correa masculina indicándole que quería que se bajara los pantalones, mientras que se mantenía con un pie, Terry se bajó el pantalón, pero se quedó con la ropa interior y guio el pie de Elisa dentro de esta el cual inmediatamente sintió el calor y la rigidez en los genitales masculinos, el ronco jadeo de él le indico que le gustaba que ella jugueteara con sus dedos en esa parte y que poco a poco iba bajando la prenda.
- Ocasionar la muerte. – Fue la respuesta de Terruce, con la mirada fija en el rostro de Elisa decorado con el antifaz.
Susana no podía creer lo que estaba presenciando, todo su cuerpo temblaba y aunque su vista se encontrase nublada por las lágrimas, sabía que era él, que era Terruce con otra mujer, con la mujer que le aseguro que él le estaba siendo infiel y que le demostraría que así era, creyó su amiga a Elisa Leagan y no era más que una zorra que había seducido a Terry engañándola y arreglando todo para que ella los viera.
Sentía el corazón quebrársele en millones de pedazos, porque podía ver en Terry esas miradas, esas caricias, las que él dice que debería proporcionar cuando se hace el amor, aun cuando sea algo aberrado lo que hace con ella, por medio de miradas y caricias le está demostrando que está enamorado.
Su cuerpo se convulsionaba ante los sollozos, sin embargo su mirada seguía fija en él, en el cuerpo magnifico que poseía y que desnudo era más atractivo, mucho más, que era un hombre que podía enloquecer, que era dominante, pero tierno, mientras ella amarrada se retorcía ante los besos y caricias de él, quisiera ir y matarlos a los dos, pero no podía bajar las malditas escaleras, esperara a que venga a buscarla, ya que tendrá que hacerlo, tal como la dejo en ese lugar y entonces la lanzara por la ventana aunque sea lo último que haga.
Terry decidió ayudarle a Elisa y se quitó completamente la vestimenta, mientras ella se mantenía con las medias pantis negras con encajes en los mulos por donde él la tomo y la levanto en vilo, entrando en ella quien dejo libre un sonoro jadeo al sentirlo invadirla, se miraron por algunos minutos mientras él entraba y salía, una y otra vez, en medio de los cuerpo agitados por el placer desbocado, Terry desvió la mirada al espejo que rodeaba a la habitación, logrando con esto la lujuria aumentase al ver la escena de la cual él era protagonista.
Elisa fijo su vista a través del cristal agudizándola para poder ver la ventana del edifico del frente y sus labios se curvaron ante la sonrisa de satisfacción, se mordió el labio inferior y hecho la cabeza hacia atrás disfrutando de la plenitud que Terry le ofrecía.
- Siempre te he liberado, te hare libre. – Susurro ella ahogada en medio del deseo.
Una vez lo había hecho con Candy, ahora lo haría con Susana, no descansaría hasta que dejase a Terry, no era más que un parásito que se alimentaba de él y le hacia la vida miserable, una mujer que no lo merecía.
- Aférrate a mí. – Le advirtió él, al tiempo que con una mano le deshacía el nudo del antifaz y este lo lanzo a alguna parte de la habitación.
Elisa con sus brazos cerró el cuello de Terry aferrándose como si de esto dependieran su vida mientras que lo sentía palpitar muy dentro de ella y sus piernas se cerraron aún más alrededor de las caderas masculinas, buscando desesperadamente la boca de él, ella lo sabía, presentía que el cielo no estaba tan lejos, que podría alcanzarlo y que Terry podría conducirla, todo eso lo sabía desde hace mucho, en las maneras que lo imagino y lo anhelo.
Terry sin dejar de corresponder al beso, le dejo huérfana la espalda estiro los brazos y jalo los dos cordones al mismo tiempo liberándola rápidamente, la encamino al centro de la estancia donde los esperaban alfombras de visón a mitad del mar negro de terciopelo, cualquier lugar hubiese sido ideal, pero por algo Elisa había dispuesto ese pequeño sitio y él lo había adivinado.
La dejo descansar sobre la alfombra pero ella se aferró a él como una gata y en medio de besos caricias y algunos empujes, se encontró sentado y ella encima, cabalgándolo con energía mientras que en las tres paredes su función se triplicaba, amenizados por el suave tic tac de los segundos del reloj de ébano y las embestidas de Terry se acoplaron al segundero del inmenso reloj.
Elisa sabía que era momento, él se encontraba perdido en ella y podía arrebatarle lo que quería, con lo único que se quedaría de él, busco con su mano las tijeras, las cuales le habían quedado cerca, razón por la cual lo orillo a esta posición, las saco debajo de la alfombra y tomo la cola de Terry justo arriba de la liga le corto el cabello, para que estos quedaran sujetos, como era de esperarse él se percató y se detuvo en seco.
- ¿Que has hecho? – Pregunto sin atreverse a cerciorarse.
- Algo que quiero para mí. – Acoto ella meciéndose sobre él para debilitarlo con esto.
- ¡Estás loca! – Exclamo, al ver como colgaba de la mano de ella su cola.
Elisa se alejó al ver la molestia en los ojos de él y lanzo lejos las tijeras, para que en el arrebato de ira no la lastimase, al menos no con las tijeras.
- ¡Ven acá! ¿Cómo se te ocurre? – Pregunto jalándola fuertemente por un brazo y ella se volvió rápidamente, para salir de ahí pero él no le dejaba levantarse, se apoyó con las rodillas y no podía, solo forcejaba, dándole la pelea.
En ese momento cayo a gatas y Terry al verla de esa manera tan dócil, olvido sus cabellos por un momento ya que con estos no había nada que hacer, por lo menos debía calmar su excitación, por lo que le soltó el brazo y la tomo por las caderas él se elevó y se puso de rodillas, asaltándola con la rabia que sentía en el momento, fuerte y hasta donde ella podía recibirlo, la escucho jadear ante la rudeza y rapidez de sus acometidas y sin embargo la desgraciada los instaba a que no se detuviese y él debía hacerlo por orgullo, pero no lo hacía, no podía hacerlo.
Al final en vez de castigarla, solo la premio por lo que hizo, al verle el rostro de satisfacción cuando alcanzo el orgasmo y segundos después cuando el reloj marco la hora del puñal y sus campanadas irrumpieron en el salón él se derrumbó sobre ella con el mas agotador de los orgasmos y tal como el en cuento ambos alcanzaron la muerte a las doce en punto, al menos en el estado perfecto.
- Te voy a matar. – Susurro él acostado sobre la espalda de Elisa, quien resguardaba los cabellos bajo su cuerpo.
- Los quería para mí… y sé que no me los ibas a dar… tampoco te ha quedado tan corto. – Dijo sonriendo cansada y un jadeo se escapó cuando Terry le azoto una nalga con fuerza, castigándola aun con su peso encima.
Elisa sentía la nalga arder y los vellos de Terry hacerle cosquillas en medio de su trasero, mientras que su miembro cansado se acoplaba entre sus nalgas.
- Eres una maldita. – Le dijo con los dientes apretados.
- Y siempre lo has sabido. – Respondió ella, sintiendo una paz nunca antes experimentada aun cuando el peso de Terry la ahogaba.
La reacción de él e inesperada por ella fue una lluvia de tiernos besos en la línea de su hombro, suaves y húmedos besos que caían sobre su piel, creando en el estómago de Elisa un abismo.
- Si me los hubieses pedido, te los hubiese dado. – Acercándose y succionando el lóbulo de la oreja de la chica, quien escondió el rostro entre la alfombra, tratando de controlar las lágrimas que se alojaron en su garganta.
- ¿Entonces no me los quitaras? – Inquirió con la voz ahogada por la piel de visón.
- Ya no podré hacer nada con ellos, pero tienes que dejarme que te coja una vez más. - Le pidió con malicia.
- Me la pones muy fácil Terruce. – Acoto la chica sonriendo. - Podría pagarte con dos más, claro si quieres.
- Si te quedas hasta el amanecer, te daré mis barbas también. – Expuso sonriendo como ella nunca lo había escuchado, la risa de Terruce era masculina y maravillosa, ahogándose en su oído.
- No traes barbas Terruce, pero me quedare hasta que no pueda más. - Le hizo saber sonriendo igualmente.
En ese momento él rodo sobre su lado derecho, quitando su peso del cuerpo femenino y se dejó descansar a un lado, mientras ella seguía boca abajo, ambos se quedaron mirándose a los ojos en silencio, descubriendo con las miradas cosas que empezaban a pasar en el corazón, después de mucho tiempo él le tendió la mano para cerrar el trato.
- Trato hecho. – Dijo él estrechando la mano de la pelirroja, la cual escondía siempre su anillo de compromiso.
- Trato hecho. – Respondió mientras sus labios y su mirada sonreían, para después quedarse en silencio y continuar mirándose como si no hubiese mañana, las emociones amenazaban a Elisa, por lo que decidió hablar – ¿Quieres que hablemos del pasado?
Terry negó con un movimiento lento de cabeza y ella solo hizo un gesto de comprensión.
- No hay nada de qué hablar, él pasado está enterrado, desde hace algún tiempo solo me concentro en el presente y he descubierto que es como hay que vivir… hacerlo de recuerdos no me llevaran a ningún lado, todo los días hay nuevas oportunidades que se deben aprovechar… cada instante las hay y no podemos dejarlas pasar, así que empieza a excitarme, vamos súbete en mi. – Le pidió y ella obedecido.
Entregándose nuevamente a los poderes de la lujuria y el desenfreno, sin comprometer las almas o al menos eso esperaban que solo fuera meramente físico, algo del presente sin ningún futuro.
Ya que Terry había decidido, que después de eso no la buscaría nunca más, ni mucho menos caería en la tentación, en dos días partiría a California y ni siquiera pensaba decirle.
Elisa por su parte se entregó a Terry como si no hubiese mañana, con las ganas que él le despertaba, una entrega total y plena alcanzando el éxtasis perfecto, cuando estaba con Malcom este la llenaba, sabía hacerla delirar, con sus ternuras y en algunas ocasiones su arrebatos, pero descubrió que Terry la enloquecía, la dominaba y la envolvía, que aunque él intento negarlo por mucho tiempo tiene tanta malicia como ella, son el complemento perfecto, pero se había prometido que Terry solo sería su despedida de soltera, una que decidió hacer en secreto y no descanso hasta lograrlo, ahora esta aun mes de casarse, mañana regresan a Chicago, se casara y no lo vera nunca más, eso espera.
Susana era una vez más torturada, al ver como Terry se revolcaba por segunda vez con esa zorra, como con ella no se sentía cansado y quiso matarla en el instante en que le corto los cabellos, solo quería esperar la excusa que le daría, cuando le preguntase.
Continuara…
Nota: El tema que ambienta esta escena es Tainted love de Marilyn Manson.
Ya me dirán chicas que tal, se que algunas van a odiar a Elisa por cortarle el cabello a Terry pero yo también me lo quedaría jajaja.
Y la Gusi, digo la Susy, de una les adelanto que Elisa es muy inteligente y ni loca la va a ir a buscar.
Espero sus reviews!
Abrazos!
