Capítulo 5


Ven y quédate conmigo

seamos vecinos de las estrellas,

has estado mucho tiempo escondida

a la deriva del mar sin fin de mi amor.

Aun así has estado siempre ligada a mí.


Tuvo que recurrir a un barbero para que le hiciera un corte prolijo, no le había quedado tan corto, como pensaba, a la altura de la nuca, se le veía bien, como nunca lo había llevado, siempre lo había tenido por los hombros, desde muy pequeño fue su estilo y algunas veces exageradamente largo, hasta mitad de espalda, pero nunca había dejado su cuello libre y de esta manera sus rasgos se veían más varoniles, el cuello más grueso y la mandíbula más marcada, se descubrió mayor, representaba los veinticinco años que tenía.

Como era de esperarse fue el centro de miradas en el teatro, cuando llego a preparar su equipaje con algunos objetos personales que siempre tenía en el camerino y que no podía dejarlos, como por ejemplo algunos libros y ensayos.

- Terry que sorpresa, te ves guapísimo así ¿Por qué te lo has cortado? ¿Cuándo decidiste hacerlo? – Karen lo bombardeaba a preguntas.

- Solo quise darle un cambio a mi apariencia. – Se limitó a dar solo esa respuesta.

- Me parece genial, también deberías darle un cambio a tu vida que bastante falta que te hace. – Le aconsejo, refiriéndose a Susana, le dio un beso en la mejilla y lo dejo sin esperar la respuesta de él.

Terry dejo libre un suspiro y se encamino a su camerino, mientras observaba a los empleados saliendo con cajas y baúles, emprenderían el viaje a las nueve de la noche y aún faltaban muchas cosas por empacar.

Entro a su camerino y busco su bolso de mano, lo coloco abierto sobre la peinadora y empezó a guardar algunos libros, ensayos, una que otra tarjeta de seguidoras, que le expresaban cariño y admiración, las cuales le gustaba utilizar como separadores de libro y así recordar siempre que ellas eran su más grande impulso para dar lo mejor de sí sobre el escenario, no podía y no debía defraudarlas.

Se dirigió al área de descanso, sobre el baúl de al lado del diván tenía el libro que estaba leyendo, decidió abrirlo, para ver que otro ejemplar llevaba cuando se encontró con un sujetador negro, con encajes color ciruela, una sonrisa se apodero de sus labios y una inmensa necesidad de su pecho, sin embargo sacudió la cabeza con esto queriendo expulsar los pensamientos y sentimientos que lo embargaron.

Los agarro y los doblo colocándolos sobre el cenicero, saco el encendedor y a los segundos el sujetador ardía en llamas, recordó que también había guardado unas bragas, las cuales busco y les dio el mismo destino. Sabía perfectamente que era lo mismo que debía hacer con los recuerdos de las noches de pasión y locura que vivo con Elisa Leagan.

Pero de algo le había servido la aventura con la pelirroja, estaba decidió a hablar con Susana, tenía que bajarla definitivamente de la nube donde se encontraba, ya que él nunca podría estar a esa altura, no podía ofrecerle lo que le pedía, no podía amarla, no quería estar con ella, ni darle explicaciones.

No lo abandones nunca… no lo abandones nunca. - la voz de Candy hacía eco en sus oídos, el escucho cuando ella se lo pidió a Susana esa noche, con eso condenándolo.

- Como carajos quería que fuese feliz, cuando acababa de decirle que no quería perderla, cuando quería que el tiempo se detuviera, pero ya no puedo más… no voy a seguir con esta carga, ha llegado el día en que por fin me libere de este peso y que pase lo que tenga que pasar, dejare mi conciencia fuera. – Se dijo con convicción.

Termino de empacar y se encamino a la salida con bolso en mano, a despedirse definitivamente de Susana, lo había decidido, quería darle un cambio a su vida, como tantas veces se lo había aconsejado Karen, aprovecharía el tiempo que estaría lejos, para que Susana se hiciese a la idea de la separación.

Detuvo un taxi y subió, estaba decidido a terminar la relación con Susana y hacer una pausa en su vida personal, no quería a nada ni nadie alterando sus emociones, quería darse un respiro, sentirse libre y disfrutar de esa libertad que tanto anhelaba.

No quería darle muchas vueltas al asunto porque si lo hacia su conciencia terminaría, creando una excusa para hacerlo cambiar de opinión, por lo que decidió, buscar en el bolso el libro que inspiro la obra de teatro, que los estaba consagrando exitosamente y una vez más empezó a hojearlo, sin mucho interés ya que se lo sabía de memoria, hasta que se encontró una nota y antes de leerla, no puedo evitar molestarse al encontrase una frase subrayada, le enfurecía que alguien agarrase sus libros sin permiso y de paso tuviese el atrevimiento de rayarlos, su mirada voló nuevamente a la nota.

Es una de las mejores frases y sin embargo la han omitido en el libreto, es mi favorita.

E. L

Era la misma caligrafía y las mismas iniciales, no tenía duda era la letra de Elisa Leagan, seguramente necesitaba algo en que ocupar su tiempo mientras se encerraba en su camerino y no encontró mejor distracción que subrayar su libros, él sabía que habían sido muchos los diálogos y escenas que se omitieron para poder llevar a cabo la obra de teatro, sin embargo le sorprendió que para ella fuese precisamente esa su frase favorita.

Al entrar a la casa de Susana, fue recibido por el ama de llaves, la cual le saludo amablemente como siempre.

- Buenos días Serena.

- Buenos días señor Grandchester.

- Podría anunciarme con Susana por favor. – Pidió de manera cordial.

- Disculpe señor, pero la señorita Susana no se encuentra, me ha pedido que de su parte le desee un feliz viaje. – Le hizo saber la mujer amablemente.

- He venido a despedirme y hablar algo con ella, Serena… es importante, ¿No sabes a qué hora regresa? podría esperarla. – Prosiguió el chico, no quería irse sin terminar con esa relación.

- No señor, solo me dijo que regresaría entrada la noche, que no podría verlo hoy.

- Bueno entonces creo que no hay nada que hacer, dile que la llamare desde la estación de trenes para despedirme, aunque si regresa temprano podrías informarme y vendré al menos unos minutos.

- Claro señor con gusto lo hare, que tenga feliz viaje y éxito en la gira.

- Gracias Serena.

Terry se dio media vuelta y se marchó rumbo a su departamento para preparar su equipaje y descansar un poco antes del viaje, durante el trayecto a su residencia se vio tentado a averiguar en qué hotel se estaría hospedando la pelirroja para al menos despedirse y porque no agradecerle la compañía brindada los últimos días, pero al final la hecho a volar fuera de sus pensamientos y desistió.

Susana lloraba descontroladamente sentada en su cama, mientras su madre la miraba con desaprobación al otro extremo de la habitación.

- Por favor mamá. – Le suplicaba.

- Por favor nada Susana, no lo ves más y punto, te prefiero solterona a que seas la burla del medio artístico, ¿Acaso no fue suficiente con lo que me dijiste has visto? – Pregunto la mujer molesta, ella no podía soportar ver como su hija se rebajaba, la gota que rebaso el vaso, fue el tener que ir a buscarla, en un apartamento donde la habían dejado sola y a su suerte, desde donde supuestamente presenció como Terruce le fue infiel.

- Las cosas no son así mamá, yo estaba molesta y te dije cosas que verdaderamente Terry no hizo, si no lo veo más me moriré, te juro que lo hare.

- ¡Deja de actuar como una estúpida adolescente! Ya no lo eres, por una vez en tu vida, valórate como mujer. – A la señora Marlowe le dolía las palabras que le decía a su hija, pero ya estaba cansada de ver como esa obsesión no la llevaba a ninguna parte, al principio acepto cumplir el capricho de Susana ya que creía esto le ayudaría a superar su estado emocional, pero definitivamente Terruce no la quería, ya él muchas veces había intentado dar fin a esa relación, aunque no de manera contundente, Susana no lo dejaba avanzar y lo peor de todo era que ella la secundaba, tal vez por eso su hija se sentía apoyada y con esto le ganaban al joven, pero ya no quería seguir lastimando a Susana, ni manipulando al hombre.

- ¡Es que solo soy una maldita lisiada! Sin él mi vida no tiene sentido. – Exclamo llevándose las manos al rostro y cubriéndolo.

- ¿Y acaso con él lo tiene? ¿Tiene tu vida algún sentido con Terruce? –Inquirió, con toda la intensión de hacerla razonar. – Susy estoy segura que si rehaces tu vida, si buscas la manera de caminar, encontraras a un hombre que verdaderamente te valore, que te amé, eres preciosa mi vida, eres joven… no tienes por qué obligar a que alguien permanezca a tu lado, no es justo ni para él, ni para ti.

- ¿De qué lado estas mamá? ¿Ahora prefieres a Terruce? ¡Tu hija soy yo! Es por mi felicidad por la que tienes que velar. – Le dijo iracunda, mientras temblaba y las lágrimas se desbordaban sin control.

- No eres feliz Susana, deja el teatro, si todo el tiempo terminan discutiendo y ya no quiero eso para ti y por eso, este compromiso llega a su fin, yo no te voy a dar el consentimiento para que sigas con ese hombre y no lo quiero más en mi casa. – Apuntó con convicción y acercándose a la puerta para salir de la habitación.

- Si no lo quieres yo me voy a morir, me voy a suicidar, ya no quiero vivir. – Amenazando a su madre.

- ¡Hazlo entonces! Ya estoy cansada Susana, estoy cansada de tu egoísmo y tus niñerías, he dejado de vivir mi vida por ti y tú solo vives por alguien que no te merece, soy tu madre y al menos merezco un poco de tus ganas de vivir, pero si solo vives por él, entonces. – Se encamino al armario y saco tres frascos con medicamentos, ante la mirada atónita de la rubia quien veía como su madre colocaba las pastillas sobre la mesa de noche y después le lleno un vaso con agua. – Aquí tienes… te aseguro que no te voy a molestar, no te voy a socorrer.

La señora Marlowe salió de la habitación dejando a Susana hecha un mar de lágrimas y desorientada, mientras que la mujer se quedó parada al otro lado de la puerta, llorando ante su sufrimiento de madre, solo esperaba que el psicólogo no se haya equivocado y que debía hacerlo de esta manera, dejar de sobreprotegerla y no dejarse doblegar por las amenazas de su hija, tentarla, invitarle ella misma la muerte y que así no se sienta el centro de atención.

El tren anunciaba por tercera vez la orden de abordar, por lo que Terry tuvo que colgar el teléfono de la cabina, después de haber llamado en varias oportunidades a Susana y que esta no se pusiese al teléfono, para él esto era normal, ella siempre hacia el mismo drama cuando salían de gira y él no la llevaba, solo lo hizo una vez y fue una de las peores experiencias de su vida, se encargó de que ninguna admiradora se le acercarse y si lo hacían ella iniciaba el tema de "Soy la prometida" sintiéndose superior a todas las chicas, además que no podía ver un reportero porque lo obligaba a fotografiarse juntos y hacer énfasis en una próxima fecha de matrimonio.

Subió al vagón dispuesto para la compañía de teatro, ubico su camarote el cual le tocaría compartir con Ronald, pero él no se encontraba, seguramente estaría fumando.

Coloco a un lado de la pequeña cama el bolso de mano, saco el libro que estaba leyendo, para hacer el viaje más entretenido y menos largo, recordando en ese momento la nota que Elisa le había dejado entre las paginas, esperaba que lo que había hecho no fuese una locura, aunque estaba consiente que lo era, pero se alentó cientos de veces a hacerlo y se arrepintió después de haberlo hecho, siendo demasiado tarde cuando reaccionó claramente, se dijo que solo había actuado por instinto, pensando con la entrepierna, jamás aceptaría que había seguido los dictados de su corazón.

Elisa se encontraba desayunando con Malcom en el restaurant del hotel Palace, sería su ultimo día en Nueva York, ya que por la tarde regresarían a Chicago, los padres de su prometido retornaron, la noche anterior, por lo que el rubio se había escurrido a su habitación a media noche e hicieron derroche durante la madrugada, razón por la cual el desayuno lo tomaban a las diez de la mañana.

La pelirroja muchas veces se perdía en sus pensamientos, pero sobre todo en las comparaciones que no pudo evitar hacer mientras estuvo con Malcom y al cual muchas veces llamo mentalmente Terruce, disponiendo de su autocontrol para que su prometido no la descubriese, sería una mentirosa si dijese que no había disfrutado, que el chico no le hizo alcanzar el cielo, la diferencia estaba en que Terry con un orgasmo le había hecho conocer a Dios, al dueño de los cielos a los cuales Malcom la transportaba.

Todo fuese realmente perfecto, si pudiese quedarse con los dos, al mismo tiempo, en la misma cama, tal vez algún día los presente, Malcom es un hombre que le gusta aceptar retos, le gustan los juegos y no sería primera vez que la compartiese, recuerda ese viaje que hicieron a la India el año pasado, donde por primera vez su prometido y ella tuvieron un invitado y la noche siguiente aunque se moría de celos le toco aceptar a la invitada.

- Buenos días, señorita Leagan. – Saludo con respeto y disimulo un mesonero acercándose a su mesa, por lo que la chica levanto la cabeza y elevo una ceja con sarcasmo, sin saludar al hombre. – Disculpe, esto es para usted. – Le dijo entregándole un sobre.

- ¿Para mí? ¿Quién lo ha enviado? – Pregunto desconcertada.

- No tiene remitente señorita. – Le dijo el joven.

Elisa le dio vuelta al sobre ante la mirada de curiosidad de Malcom, quien tampoco comprendía lo de la correspondencia.

- Bueno… - Dijo tomando su cartera estilo sobre y la abrió sacando una propina. – Gracias. – Tendiendo el dinero.

- De nada señorita… no, no es necesario. – Rechazo amablemente lo que la pelirroja le estaba ofreciendo e hizo una reverencia y se retiró.

- ¿Y bien de quien es el misterioso sobre? – Pregunto el rubio con la mirada lo que las manos de Elisa sostenían.

- No lo sé amor… - Dijo sintiendo algo de temor, podrían ser algunas fotografías que Susana se habría encargado de hacer, aunque ella se percató de que no llevase nada, no le gustaba confiarse y lo peor era que sentía sobre ella la mirada de Malcom, trato de disimular como trago en seco para pasar la angustia y se dispuso a abrir, catalogándose como estúpida porque las manos le temblaban.

Abrió el sobre siendo lo más cuidadosa posible, no quería que nada se le escapara, saco una hoja y la desdoblo con cuidado, dentro de esta había algo más, lo reviso y cuando se dio cuenta que era un pasaje en primera clase a California, lo mantuvo detrás de la hoja, mientras el corazón le brincaba en la garganta y los ojos querían salir de sus orbitas, sin embargo trataba de controlarse. Se dispuso a leer la breve nota.

Ven conmigo, hemos emprendido la gira por varios estados, estaremos quince días en California, lo que me has hecho aún no está pago, una noche no fue suficiente para una apariencia de toda una vida.

Cuando llegues, te diriges al hotel Beverly Wilshire, das tu nombre y te llevaran a la habitación 239, yo estaré en la 238, no te preocupes, todo estará pago.

T. G

P. D: El placer da lo que la sabiduría promete.

- Voltaire. – Susurro Elisa ante la posdata.

- ¿Y? – Pregunto Malcom al ver que había terminado de leer.

Elisa doblo rápidamente la nota, resguardando el pasaje, lo metió en el sobre y lo guardo con manos temblorosas en su cartera.

- No… no es nada importante, es una nota de mi amiga… ¿Recuerdas de la que te hable?

- Si… si de la invalida ¿Cómo sigue? – Inquirió regresando la mirada al desayuno.

- Mejorando. – Fue la respuesta escueta de la pelirroja la cual se dispuso a desayunar y tratar de parecer lo más relajada posible, mientras en su interior las emociones se habían convertido en un mar embravecido.

Lo sentía por Terruce, pero no podría ir, era imposible, por la tarde debía regresar a Chicago con Malcom, estaba a un mes de casarse, no podía darse un viaje a California solo para someterse a los placeres y juegos de Terruce, aun cuando su corazón le gritase que saliera corriendo y agarrara el primer tren a los Ángeles, disimuladamente se llevó una mano al pecho, justo al lado izquierdo.

Contrólate imbécil, deja de ser tan débil, no brinques con tanta emoción, deja al cerebro que actué y tú solo limítate a bombear sangre. – Le decía mentalmente al corazón, pero sintió su centro palpitar. – ¿Ahora se han confabulado? he dicho que no y punto… - Apretando las piernas. Quiero a Malcom, me voy a casar con él… es mi seguro, mi sentido, no voy a perder al hombre que me aprecia y de verdad me quiere, para ser el mero capricho y un intento de venganza de Terruce Grandchester, por un estúpido pasado … sé que solo busca hacerme daño, por todo lo que le hice con la huérfana, porque estoy segura que se hace el imbécil, así como supo donde me hospedaba, también debe saber que estoy comprometida, ya obtuve lo que quería, bueno es hora de retirarme del juego y no dejarle opción a revancha, porque podría separarme de mi novio y dejarme a la deriva definitivamente.

Segunda noche de función en el teatro Million Dollar y el mal humor de Terruce lo hacía insoportable entre sus compañeros, una actitud que ni él mismo entendía, se irritaba por cualquier cosa, ataque que se intensificaban al recordar, lo imbécil que fue al rebajarse y enviarle esa nota a Elisa, sin embargo preguntaba por ella en la recepción del hotel, pero solo le decían que la huésped de la habitación 239 no había llegado, pero que tampoco se había comunicado para cancelar la reservación.

Lógicamente quien tendría que cancelarla era él, pero tampoco se atrevía a hacerlo, algo que no acaba de comprender, se vio tentado a hacerlo más de una vez, pero por ridículo que le parezca y después de varios años, se descubrió nuevamente guardando esperanza.

Por la mañana pregunto una vez más, pero la huésped no dio razones de vida, por lo que desde el teatro hizo la llamada y cancelo la reservación, con eso mandándola a volar, una vez más Elisa Leagan le demostraba que no era, ni seria nadie transcendental en su vida, que no era más que una mujer que le gustaba mover las piezas del juego a su antojo, pero él no sería un peón más.

Al fin y al cabo, gozo mientras duro esa relación absurda, que se dio rompiendo todos los esquemas que él se había impuesto, jamás pensó, enredarse entre sabanas con la pelirroja y como era algo que no estaba en su libreto lo desecharía rápidamente.

Continuara…


chicas sé que les dije que serían unos cinco capítulos, pero esos fueron cálculos a la ligera y como he tratado de no hacer los capítulos tan largos, les diré que se me van siete, el capítulo que viene y el final, agradezco los comentarios y entusiasmo que le han regalado a la historia.

Abrazos!


Uno de mis grupos favoritos y creo que esto es lo que le pasa a Terry

Solo somos amantes apasionados...

Solo necesito un poco de tu tiempo, un poco de tu tiempo

para demostrarte que no estoy muerto

toca mi cuerpo en otro lugar

te haré sentirlo

Puedes sentirlo?

Little of your time: Maroon 5