Capítulo 7


Ven y únete conmigo,

deja este mundo de ignorancia,

quédate conmigo,

abriré las puertas de tu amor.


Los días en California, pasaron rápidamente y como el sol no se puede ocultar con un dedo, todos los miembros de la compañía Stanford se enteraron de la relación que mantenía, Terruce con Elisa Leagan, ninguno se atrevía a hablar ni siquiera a reprochar la actitud del actor, pues bien sabían que Susana para él era un compromiso y nada más.

Aunque a espaldas hablasen de la pelirroja, estaban al tanto del compromiso de la sobrina de uno de los hombres más influyentes del país, como lo era Williams Andley, además de estar comprometida con el heredero de los Fitzgerald que contaban con la compañía más importante de bienes raíces.

De Terruce se podía esperar cualquier cosa, siempre se le vio relacionado con jóvenes influyentes, en su mayoría de familias acaudaladas, pero hasta ahora no había salido abiertamente y por tanto tiempo con una y lo peor de todo comprometida, sin duda alguna el actor se estaba metiendo en problemas.

Robert sabía que un escándalo como ese no era lo más conveniente para la compañía, por lo que, le había exigido a todos, ser lo más discretos posible, no presionaba a Terruce para que saliese a las fiestas que organizaban y mantenían todo bajo la mayor prudencia permitida.

La señorita Elisa iba a todas las presentaciones y aunque Terruce había dispuesto un puesto en el palco presidencial para ella, esta no lo acepto, prefirió sentarse siempre en primera fila para estar más cerca del actor.

Algunos agradecían el cambio de ánimo del chico y sabían que se debía a las madrugadas que la pelirroja le ofrecía, siendo el actor que interpretaba a Van Helsing, quien ocupaba la habitación de al lado el más enterado de lo que vivían, pues era a quien atormentaban con sus, gemidos, jadeos, gritos, golpes en la pared a causa de la cabecera de la cama y muchas cosas más de las cuales ya le había dicho a Robert para que le hiciese el favor de decirle a Terruce, que él sí necesitaba dormir por lo menos ocho horas, sino se le haría imposible rendir sobre las tablas.

Elisa se encontraba en primera fila admirando a Terruce en su última presentación en California, aun en contra de su conciencia se maravillaba al verlo tan gallardo sobre el escenario, con tanto profesionalismo que algunas veces lo desconocía, pero cuando sus ojos se encontraban con los de ella por segundos, despertaba de golpe las mariposas que se habían mudado a su estómago y entonces veía que debajo de ese maquillaje pálido y ese peinando exagerado se encontraba el hombre que en diez día la había mantenido viviendo en el cielo, con el más grande de los placeres a pedir de boca.

Los días encerrada con Terruce habían sido perfectos, pero no del todo maravillosos, discutían por cualquier tontería y terminaban gritándose, pero al minuto era él o ella quien asaltaba salvajemente contra el otro y se desgarraban las ropas y entonces en medio de una lucha cuerpo a cuerpo se rendían desnudos y sonrientes, Elisa muchas veces pensaba que lo que la ataba a él era la más poderosa de las obsesiones, una que ella no podría desatar y con el paso de los días era más y más complicado el nudo.

Pero se llevaba la satisfacción de que lo había hecho feliz estos días, de eso estaba segura, porque así como discutían, también muchas veces reían y jugaban como si fuesen unos niños, descubrió en Terry un hombre que sabía reír y su risa podría iluminar el día más gris, la noche más oscura, le gustaba hacer bromas sobre todo atacarla a cosquillas, con su boca jugueteando en su abdomen, así como ella se las hacía a él en los pies, las cuales le hacía mientras dormía porque despierto no se dejaba.

Además de los momentos sexuales, disfrutaba al máximo cuando ella le ayudaba con el libreto de la siguiente obra que preparaban, tomando ella el papel femenino, que ya se lo habían adjudicado a Karen, pero definitivamente la actuación no era lo suyo, no podía tomarlo profesionalmente, siempre terminaba riendo o perdida en la mirada de Terruce y olvidaba lo que seguía en la línea, sin embargo él le daba consejos, le decía que debía vivir la historia, meterse en el papel y por más que lo intentaba no podía y al final solo lo hacía reír a él también.

Era como si nunca hubiese existido entre ellos un pasado, como si se hubiesen conocido desde la semana que ella lo vio en Nueva York, como el conde Drácula, no habían mencionado, absolutamente nada de nadie, en ese pequeño mundo que habían creado, excepto Susana.

Sería muy hipócrita de su parte decir que no sentía celos, cuando algunas de las mujeres lo acechaban y ella no podía hacer nada, debía mantenerse al límite, para no levantar sospechas entre los reporteros que siempre estaban pendientes, también quería quitarle el teléfono a Terruce y estrellarlo cada vez que llamaba a Susana y por la cual tuvieron la discusión más fuerte. Sus pensamientos volaron a ese momento.

Terry colgó el auricular y dejo libre un pesado suspiro, mientras ella disimulaba estar entretenida en el artículo de moda de una revista, lo vio de soslayo pasarse las manos lentamente por los cabellos, como buscando paciencia en su interior y ella al ver ese calvario en él no pudo más.

- ¿Por qué lo haces? – Inquirió cerrando la revista y él volvió medio cuerpo para mirarla ya que se encontraba sentado al borde de la cama de espaldas a ella. – ¿Por qué permites que te manipule de esa manera?

- Creo que no estamos en la misma conversación. – Fue la respuesta lacónica de él.

- ¡Mándala a la mierda! – Exclamo ella molestándose, sin poder controlarse, por verlo tan sumiso a los chantajes de Susana.

- No te he pedido opinión y quedamos en que no te ibas a meter en mi vida, solo tienes que tener la boca cerrada y las piernas abiertas, nada más. – Dijo con voz dura.

Ella le lanzo la revista con todas las fuerzas que poseía golpeándole el pecho, provocándole un golpe seco, Terry se molestó y brinco en la cama la jalo por las piernas y la hizo que se acostara al tiempo que él la inmovilizo colocándola en medio de sus piernas, y se colocaba de rodillas, con las manos le cerraba las muñecas y en ese momento ella conoció la mirada del diablo.

- Vas a golpearme ¡hazlo! Vamos ¡Hazlo! Pero no me voy a callar, no eres más que un maricón… si un maricón de mierda que te dejas manipular por una enferma obsesiva, loca, esquizofrénica… ¿Que te mantiene atado a ella? Amor no es, ni siquiera es por alguna posición, ni un beneficio, porque eres tú quien se los ofrece todos….

- ¡Tú no sabes nada! No sabes nada y no me hagas recordarte que también eres ¡Una loca de mierda! – Le grito tan fuerte que Elisa se sorprendió.

- No lo niego, si lo soy, pero al menos me coges por tu gusto, yo no te obligo… ¡No te amenazó con suicidarme! – Exclamo con burla y Terry hizo más fuerte el agarre en las muñecas de la pelirroja, quien jadeo ante el dolor, mientras que la mirada de Terry era un volcán en erupción. – No tienes que dejar que te jodan la vida, tienes que tomar tus decisiones ¿Dónde está la autonomía de elegir? Que has hecho con el Terry que conocí, no eres más que un imbécil que se deja manipular por una maldita lisiada ¡Que se suicide! que lo haga, pero que te deje ser feliz, nadie tiene derecho a manipular tus emociones, ni sentimientos. – Le gruñía con rabia.

- ¡Cállate! ¡Cállate! Tu quien manipulo todo a su antojo, quien hizo y deshizo para joderme la vida, maldita hipócrita. – La rabia gobernaba al castaño, por lo que le gritaba y temblaba ante la ira.

- ¡Sí! Hice mis jugadas, todas con un propósito y te aseguro que no fue por ti que obre de esa manera. – Elisa le mantenía la mirada aun cuando le acababa de mentir descaradamente, pero era su especialidad mentir y evitar salir lastimada, jamás le diría que lo separo de Candy porque anhelaba en ese entonces una oportunidad con él. – Pero ya no me eches la culpa de nada, no me culpes por tu estupidez, ni por… - Omitió el nombre de Candy, para no herirlo. – Si de verdad la quisieras o la hubieses querido, si era un sentimiento intenso te aseguro que no estarías aquí cogiéndome todas las noches, pero no es así, no fue más que una ilusión, a la cual le colocaste nombre de imposible para calmar tu conciencia, porque cuando uno de verdad anhela, desea algo lo obtiene a costa de lo que sea y de quien sea… que se muera Susana y medio mundo si le da la gana, pero si mi felicidad fuese a tu lado, me importa un bledo lo demás, te quedas a mi lado, claro está que tu no me quisieras, ya no podría luchar, no se puede luchar sola cuando es algo de dos, cuando el sentimiento tiene que ser mutuo.

Terry no sabía que decir de momento necesitaba procesar las palabras de Elisa y mientras la odiaba un poco más, sentía que le había dado una lección de vida, un ejemplo de alguien que ama verdaderamente, hasta que sintió un dolor lacerar su antebrazo, soltando a la chica ante el mordisco que le dio.

- ¡Demonios! ¡Loca! ¡Loca! – Exclamo con dolor, al ver como ella aprovecho la oportunidad en que él la libero y bajo de la cama rápidamente agarro su cartera, mientras parecía una fiera salvaje y aun estando molesto se percató de lo sensual que se veía con su camisa puesta, la cual llevaba casi abierta.

- ¡Vete a la mierda Terruce! Y dile a tu madre que te abra las piernas. – Estaba realmente molesta, porque aunque se estuviese comportando con una cualquier, no lo era y le había dolido que él la tratara de manera violenta.

- Con mi madre no te metas Elisa, déjala fuera de esto… - Hablaba y la vio encaminarse a la puerta sin importarle la fachas en las que andaba, descalza, con los cabellos revueltos, una camisa de él y la cartera colgando de un hombro, nada más, no llevaba nada más.

Elisa se encamino por el largo pasillo alfombrado en rojo con rombos dorados, mientras la ira no la dejaba pensar y las lágrimas le daban la pelea por salir, pero ella era más fuerte y las retenía.

Terry espero unos segundo, pero ella no regreso, mientras el intentaba bajar la adrenalina en su cuerpo, porque Elisa definitivamente lo había sacado de sus casillas y termino acorralándolo contras las cuerdas, mientras le dio varios golpes bajos y muy seguido, sin dejarle tiempo a pensar, no podía dejarla ir de esa manera, no así vestida, tanto ella como él se meterían en problemas, por lo que salió corriendo de la habitación.

- ¡Elisa! ¡Elisa espera! – Pero no recibía respuesta, ella seguía caminando, con el orgullo cada vez más inflamado.- ¡Que te pares! – Le dijo tomándola por un brazo fuertemente y volviéndola, recibiendo con valentía un puñetazo en el pecho.

- ¡Suéltame! – Tirando furiosamente del agarre, por lo que él la tomo por ambos brazos y aun así se sacudía.

Acción drástica. – Pensó Terry y la acorralo contra la pared y las piernas de Elisa le daban la pelea importándole poco que ante los zarandeos de su cuerpo dejaba al descubierto su trasero y su vello cobre intenso, además de uno de sus senos.

Una de las puertas se abrió y en una reacción sumamente rápida Terry adhirió su cuerpo contra el de ella para cubrirla.

- ¡¿Qué demonios pasa Terruce?! ¡Es la una de la madrugada! ¡Oh por Dios! Vayan a la habitación. – Exclamo Robert realmente molesto y asombrado, al ver que Terry se encontraba desnudo.

- No pasa nada Robert, solo estamos practicando… no pasa nada. – Decía mientras batallaba con Elisa que sin impórtale Robert le daba la pelea y Terry luchaba para que ella no le mostrase sus partes íntimas al hombre. – Solo me está ayudando a practicar la próxima obra….

– Desvió la mirada a la pelirroja. – Ahora Elisa. – Le pidió abriendo los ojos desmesuradamente.

- ¿Ahora qué? imbécil – Exclamo ella con la rabia que la consumía.

- He luchado en vano. Ya no puedo más. Soy incapaz de contener mis sentimientos. Permítame que le diga que la admiro y la amo apasionadamente. – Expuso Terry personificando a Fitzwilliam Darcy, el próximo papel al que le daría vida y al terminar trago en seco mientras se maldecía porque no comprendía, no existía explicación lógica, para saber porque soltó así sin más ese dialogo, precisamente ese dialogo.

Robert había elegido Orgullo y Prejuicio para competir con la compañía de Teatro Osword que estrenaría los Miserables, el director había percibido cierta debilidad en las mujeres por la historia de amor de Jane Austen, en su mayoría su público es femenino y Terruce el actor del momento, por lo que sabría sería un éxito rotundo al igual que Drácula.

Elisa al igual que el personaje femenino Elizabeth, se sintió molesta por la manera como Terry trataba de cambiar la situación, ocultar lo que estaba pasando y solo lo miraba desconcertada, el chico ladeo la cabeza invitándole a continuar.

Aunque lo dudo continuo, ya que Terry le había dicho cientos de veces que tenía que sentir la situación, meterse el personaje en la piel y en estos momentos no deseaba más que mandarlo a la mierda, rechazarlo vilmente.

- En estos casos creo que se acostumbra a expresar cierto agradecimiento por los sentimientos manifestados, aunque no puedan ser igualmente correspondidos. Es natural que se sienta esta obligación, y si yo sintiese gratitud, le daría las gracias. Pero no puedo; nunca he ambicionado su consideración, y usted me la ha otorgado muy en contra de su voluntad. Siento haber hecho daño a alguien, pero ha sido inconscientemente, y espero que ese daño dure poco tiempo. Los mismos sentimientos que, según dice, le impidieron darme a conocer sus intenciones durante tanto tiempo, vencerán sin dificultad ese sufrimiento. – Más que un dialogo del libro era un reproche en contra del hombre que tenía en frente, por su soberana estupidez de humillarla.

Robert observo la escena y admiro como la pelirroja se apasiono en sus palabras, las sentía sin lugar a duda y se dijo que podría ser muy buena actriz, sin embargo eso no disminuía la rabia que sentía por el comportamiento de Terruce.

- Ella lo hizo mejor, ahora entren a la habitación que no quiero que nos voten del hotel por exhibicionismo, Terry mañana temprano necesito reunirme contigo. – Le hizo saber y se perdió tras la puerta.

Terry sabía que lo Robert necesitaba hablar, le pediría que se deshiciera de Elisa y él no sabía si podría cumplir esa petición porque por encima de cualquier cosa ella era su invitada.

- Lo hiciste muy bien. – Le dijo él. – Ahora regresemos a la habitación y no me des más problemas. – Le pidió jalándola por el brazo para encaminarla.

- Pues corta los problemas de raíz y suéltame, yo me largo… - Hablaba cuando Terruce intervino.

- De verdad estás loca, como piensas salir así… - Dijo recorriendo con su mirada al cuerpo de Elisa, camuflado con camisa blanca e hizo que sus ganas empezaran a salir del letargo en el cual se encontraban.

Ella no le dio respuesta solo dio un nuevo tirón al agarre y él la retuvo, haciendo acopio de su fuerza la jalo y la obligo a caminar, pero al ver que no era mucho lo que avanzaba la tomó por sorpresa cargándola y llevándosela sobre el hombro derecho.

Elisa no protesto, porqué sabía que contra la fuerza de Terruce no podría, solo lo dejaría que se confiara, al entrar a la habitación la lanzo en la cama y ella tan rápido como pudo salió de esta y se puso de pie al otro lado dejando como barrera el lecho, mientras él la miraba impacientándose nuevamente con la actitud infantil de la pelirroja, jamás pensó que Elisa fuese tan altanera.

Terry observo como ella tomaba el teléfono y marcaba con manos rápidas, por lo que él corrió y brinco por la cama, superando el obstáculo le arrebato el auricular y lo colgó bruscamente.

- ¡Ahora tienes un ataque de estúpido orgullo! – Exclamo jalándola hacia él pero no pudo moverla solo logro que uno de los botones de la camisa se reventara y expusiera parte del abdomen femenino, el pequeño incidente capto la atención de ambos y Terry arrastrado por algo inexplicable, llevo su mano y le dio otro tirón reventando otro botón, que brinco a la cama y siguió así dándole muerte uno a uno de los botones que terminaron regados por varias partes de la alcoba.

La camisa se abrió mostrándole el cuerpo de ella sin barreras, Elisa no podía evitar que el fuego en su interior se propagara, sin embargo hacia lo que estaba a su alcance para no ceder, para no derretirse completamente bajo la mirada torrencial con que él la recorría y ella no podía mantenerle la mirada.

Sintió el brazo de él entrar a través de la tela y cerrarle la cintura con ese toque posesivo haciéndole estallar todas las neuronas, al segundo su pecho blando y tibio se amoldo al de él fuerte como el acero y sintió en sus pezones los vellos del pecho de Terruce hacer cosquillas que se extendieron por todo su cuerpo, apenas lograba espabilar, tragar en seco las emociones cuando sintió el colchón amortiguar su cuerpo y el peso de Terry ahogarla.

- Mírame… Elisa mírame. – Le pedía, pero ella estaba concentrada en como cambiaba de luz del semáforo en la calle, tratando con esto controlar los temblores que la sacudían y tensaba la mandíbula cuando él intentaba que lo encarara. – ¡Estúpida! Caprichosa, acaso nunca te enseñaron que debes mirar a la cara de quien te habla, si fuera tu padre te diera una buena paliza. – Se exaspero al ver que no podía obtener su atención.

- Si fueses mi padre no serias tan imbécil y dejar que una mujer te manipule, tendrías las bolas suficientes para mandarla a volar. – Dijo con voz dura una vez encarándolo y mirándolo fríamente.

- ¿Cuál es tu problema con Susana? – Inquirió acercándose peligrosamente dejando su aliento sobre los labios de la pelirroja.

- Mi problema ninguno, yo no tengo problemas con ella, pero te pregunto ¿Cuál es el tuyo? ¿Cuál es tu problema con ella? – Inquirió manteniendo el semblante.

- ¿Yo? Yo no tengo ningún problema, ¿Crees que tengo algún problema con ella? ¿Por qué debería tenerlo? Es mi prometida nada más. – Expuso con el mayor de los descaros.

La carcajada de burla de Elisa no se hizo esperar, exploto en la cara de Terry, haciéndolo con toda la intensión de molestarlo, que terminara de quitarse la careta y descubrir que había tras una relación tan estúpida y absurda, porque tenía las palabras de Susana, todo lo que habían conversado y a la única que le veía un interés obsesivo era a ella, Terry ni la nombraba y cada vez que hablaba con ella era como si el mundo se posara sobre sus hombros, toda la tensión se acumulaba en su ser, tal vez estaba siendo egoísta, porque le estaba pidiendo que dejara a Susana que diera ese paso, cuando ella pensaba en casarse y formar una familia con Malcom, mientras dejaría a Terry a la deriva, pensaba que era injusto pero no podía evitar serlo, no dejaría de actuar.

La reacción de Terry no fue gritarle sus reproches, fue un beso que le hizo temblar los cimientos, que la sorprendió como el sol en plena noche y la calentó con la misma intensidad, robándole el oxígeno y la razón, sintiendo todo su cuerpo palpitar enloquecido, mientras el cuerpo de él se acoplaba al mismo latido.

- Abre las piernas. – Le pidió en un susurro ahogado, succionando lánguidamente el labio inferior de Elisa, pero ella no lo hizo, haciendo más dolorosa su erección que quería ahogarse en el fuego que había entre los muslos de la chica, resbalar por esa cueva de placer. – Elisa. – Su voz se convirtió en suplica, mientras el corazón le martillaba en el pecho y con una de sus rodillas buscaba abrir el espacio, pero ella no lo dejaba.

Elisa no lo haría o al menos se resistiría hasta donde le fuese posible, mientras sentía el fierro candente hurgando entre sus piernas cerradas, tentándola, torturándola y ella se mordía los jadeos o aprovechaba los besos de él para ahogarlos en su boca.

- Abre las piernas por favor. – Le pidió él con la locura haciendo estragos en su vientre, adolorido e impaciente, pero no quería obligarla, no podía hacerlo y cuando sentía un gran nudo en la garganta creado por la impotencia, las piernas de ella se abrieron como las puertas a otro mundo, al cual él se adentró enteramente. – Gracias. – Susurro mientras se ahogaba lentamente y ella le regalaba un largo jadeo al sentir como él la llenaba.

La contienda que llevo por nombre Susana termino, en un explosivo orgasmo alcanzado por Elisa y uno contundente en él que se dio al minuto después del de la pelirroja.

Esa mañana antes del desayuno Robert se encerró con Terruce en uno de los salones de conferencia, exigiéndole que buscara la manera de pedirle a su amiga que se marchara, pero Terruce solo la defendió como un león, diciéndole que si ella se iba él también lo haría y se quedarían sin Drácula para la última función, sabía que no era profesional, que no era normal, pero desde que Elisa apareció nuevamente en su vida nada había vuelto a ser normal, ni aburrido, el problema estaba en que él no quería aceptarlo.

Terry miraba a Elisa en primera fila y la vio sonreírle con la mirada, admirando su trabajo, regalándole su presencia y su apoyo y de cierta manera, atacado por sus impulsos y por sus sentimientos quiso retribuirle lo que ella había hecho con él en estos días. Estaban en el momento preciso de la obra, apenas miro a su compañera de trabajo y desvió nuevamente la mirada a Elisa, se suponía que las próximas palabras tendría que decírselas a la actriz, pero como tampoco estaban en el libreto no contaba mucho si se las decía a ella o no, pero para la pelirroja eran las favoritas del libro, se lo dejo claro cuando las subrayo, por lo que con la mirada fija en Elisa dijo.

- En la vida hay tinieblas, mi niña, pero también hay luces. Y tú eres la luz de toda luz. – Apenas vio como la sonrisa de ella se amplió y desvió la mirada su compañera que lo miraba desconcertada y aun lado del escenario fuera de la vista del público vio a Robert hacerle gestos de desaprobación, por lo que continuo, retomando el guion y ninguno de los espectadores excepto Elisa se dieron cuenta del dialogo añadido.

Elisa se sentía tonta, inestable así se sentía a consecuencia de las palabras de Terruce y más sabiendo que lo había hecho por ella, para complacerla a ella y era la gesto más bonito que le hubiesen regalado en la vida, las ganas de llorar le ganaban, pero les dio la pelea, no era una mujer sentimental, por lo que le regalo una amplia sonrisa agradeciéndole infinitamente, mientras el corazón empezaba a darle nombre a sus latidos.

Continuara…


Hazlo por ti mismo,

me es indiferente,

lo que dejas atrás,

lo que eliges ser,

Y lo que digan,

tu alma es irrompible,

durante el forcejeo,

nos derribaran,

pero, por favor, por favor

usemos esta oportunidad para darle

vuelta a las cosas,

y esta noche, deberás podemos decir,

juntos somos invencibles.

Invencible: Muse


Chicas muchas, de verdad muchas gracias por el apoyo, espero y este capítulo les haya gustado, ya falta poco para que termine, ya casi lo terminamos y creo que aún falta el giro drástico de la historia, lo que nos da el final.

Después de todo no es tan absurdo un, Elisa – Terry!

Abrazos!