Capítulo 8
Te deseo más que al alimento o a la sed
a mi cuerpo, a mis sentidos o a mi mente
estoy hambriento por degustare
puedo sentir tu presencia en mi corazón
aunque pertenezcas a otro mundo.
El salón de recepciones del hotel Beverly Wilshire, se encontraba en todo su esplendor ofreciendo la fiesta de despedida de la compañía de teatro Stanford, casi todos los integrantes que se encargaron de que, Drácula fuese un rotundo éxito en California se encontraban en el lujoso salón decorado en colores blanco y dorado, amenizado por una banda que los entretenía con Jazz, mientras algunos conversaban y otros bailaban, compartiendo como la gran familia que eran y otros como parejas que se habían consolidado en los escenarios.
Elisa no sabía que Terruce tuviese un gusto tan exquisito cuando de escoger ropa femenina se tratase, la había sorprendido por la tarde con el vestido que llevaba puesto, una prenda que se ajustaba perfectamente a su cuerpo, en color negro que dejaba sus hombros desnudos haciendo resaltar hermosamente el color de su piel y ante sus movimientos más ligeros destellaba ante la pedrería con la cual estaba hecho.
Aun cuando ella había llevado elegantes vestidos y él lo sabía, decidió regalarle lo que para cualquiera sería una obra de arte, Elisa era una especialista en el arte de seducción, sabía que a Terruce le enloquecía su cuello, por lo que se hizo un peinado alto, pegado a su cuero cabelludo pero en el centro se elevaba con un cúpula, adornado por una sencilla diadema de diamantes y perlas que le había regalado su suegra y era una de las pocas joyas con las que viajaba.
Terry que batallaba con el lazo de esmoquin se quedó inmóvil e impresionado sin poder disimularlo, tragando en seco para pasar las emociones que se despertaron al ver a la pelirroja, que tenía la grandeza de no solo ser elegante sino que poseía una sensualidad que podría enloquecer a cualquier hombre.
- ¿Te ayudo? – Pregunto la chica rompiendo el silencio y encaminándose al ver que él no reaccionaba.
- Si… si por favor. – Pidió observándola más de cerca cuando se paró frente a él sintiendo como esa sirena lo encantaba con su perfume y escote, donde se fijó su vista después de recorrer con la mirada el rostro y el cuello en el cual percibió a un lado los latidos, esos que les gustaba sentir sobre sus labios cuando los acariciaba con estos. – Estas… te ves… muy bien. – Fueron sus palabras después de haber pensado muy bien que decir, no quería expresarle el descontrol que había causado en él.
- Gracias. – Dijo ella y le regalo una sonrisa, mientras intentaba hacer el lazo con el corbatín. – No me gusta este lazo. – Le hizo saber jalándolo del cuello de él.
- Es un esmoquin Elisa. – Acoto él retomando a medías su control.
- Si ya lo sé, pero seguro todos estarán vestidos de la misma manera, por ende todos parecerán mesoneros. – Le dijo con seguridad y se encamino, mientras Terry la miraba desconcertado.
Elisa de dirigió al armario donde estaba guardado su equipaje y se puso de cuclillas, mientras rebuscaba en uno de los baúles, encontrando la caja rectangular de terciopelo negro por fuera y roja por dentro.
Regreso donde estaba Terry parado y observándola sin comprender, coloco la caja sobre la cama y la abrió sacando una prenda.
- ¿Y eso? – Pregunto el joven al ver lo que ella sacaba.
- Es un plastrón de seda hindú. – Le hizo saber, mientras le tendía la prenda negra.
Terry la agarro y con sus manos acaricio la seda observando las líneas que la atravesaban de manera diagonal.
- Son hilos de plata. – Le aclaro Elisa, él elevo la mirada y ella comprendió la pregunta en sus ojos. – Te lo regalo, es tuyo… - Pero al ver que no era eso a lo que él se refería continúo. – Era un regalo para un amigo, pero no importa, se conformara con cualquier otra cosa. – Respondió y le quito la prenda a Terruce de las manos dejándola nuevamente sobre la cama.
El plastrón lo había comprado en la india para regalárselo a Malcom el día de la boda, pero sintió que Terry lo merecía y que a él se le vería mucho mejor, por su color claro de sus ojos y el oscuro de sus cabellos.
- Gracias Elisa, pero no puedo aceptarlo. – Mientras negaba con la cabeza.
- No puedes… bueno lo siento por ti, pero tienes que aceptarlo, sino me quitare este vestido y bajare con bata de baño…. – Hablaba y él intervino.
- Es que no es cualquier cosa, esa prenda debió costar una fortuna, seguro puedes comprarte tres vestidos como el que llevas puesto.
- En la India no es tan costoso. – Le dijo. – Ven acá. – Tomándolo de la mano y acercándolo más a ella. – Esta camisa blanca tampoco me gusta. – Empezó a desabotonársela, se la quitó y la lanzo sobre la cama y se encamino al armario de él donde había visto una negra con cuello y puños ingleses.
- Pero voy a estar todo de negro. – Le hizo saber mirándola a través del espejo.
- Eres Drácula, tienes que resaltar… no vas a estar igual que todos, no mientras sea yo quien te acompañe… - Ella se volvió y se quedó observándolo de espaldas como se le veían los omoplatos y los hombros con la camisilla, la cintura y el trasero, sonrió y se encamino con la camisa en mano, se detuvo muy cerca de él rozando con sus senos la espalda masculina y al oído le susurro. – Tienes un culo perfecto.
Terry no pudo controlar la sonrisa que el comentario de ella le arranco.
- Tú también, por qué crees que me paso tanto tiempo mordiéndotelo. – Le hizo saber con descaro y ella se mordió sensualmente el labio inferior.
- Bueno… bueno ya no perdamos tiempo. – Colocándole la camisa y antes de bordearlo y pararse frente a él le apretó fuertemente una nalga y él espero tenerla en frente para apretarle uno de los senos. – Tranquilo. – Le susurro retirándole la mano.
- ¿Cuándo viajaste a India? – Pregunto Terry, percatándose en ese momento de que era primera vez en su vida que una mujer no solo le escogía la ropa, sino que también lo vestía.
- Regrese hace un par de meses, fue mi segundo viaje. – Respondió pasando la prenda por el cuello masculino.
- ¿Te gusta? – Inquirió observando el rostro de Elisa concentrado en armar la prenda.
- Si… bueno, menos el olor de sus calles, fui para aprender un poco de su cultura. – Acoto ella.
- ¿Su cultura? Nunca imagine que te gustase la cultura hindú. – Expuso él sonriente, sin poder creer que la pelirroja se sintiese atraída por la cultura de otros países.
- Bueno tampoco lo sabía, pero hay ciertas cosas que me llamaron la atención, sobre todo la sexualidad.
- Ah, ya veo. – Dijo él asintiendo y con cierta burla.
- Ya ves ¿Qué? – Pregunto Elisa sonriente, al intuir a que se refería.
- A lo que tú y yo sabemos y que me has dejado algo impresionado. – Dijo elevando la ceja derecha con sarcasmo.
- ¿Te he dejado impresionado? – Inquirió y soltó una carcajada. - Si ni siquiera he puesto en práctica nada contigo… pero si prometes portarte bien, te haré sentir esta noche lo que los franceses le llaman La "Petite mort" – Le dijo guiñándole un ojo con picardía y se alejó al terminar con la prenda.
Terry la retuvo por la mano cerrándole la muñeca, imaginándose en ese instante muchas maneras de quitarle el vestido.
- ¿Tenemos que ir a la fiesta? – Pregunto evidenciando el deseo que se despertó en él a causa de las palabras de Elisa.
- No sé tú, pero yo si voy. – Agarrando con la mano libre el botón de diamante que adornaría el plastrón, se acercó nuevamente para colocar el prendedor, por lo que Terry le soltó la mano y le llevo las manos a las caderas y ella solo sonreía al sentirlo temblar, al tiempo que se tensaba y no se rendía a las insinuaciones que él hacia jalándola suavemente hacia su cuerpo, porque si sentía la erección naciente en él sabría que no saldría de la habitación.
- ¿Lo has hecho para ponerlo en práctica con alguien? ¿Fuiste sola a ese viaje? - Inquirió sin saber porque se le atravesó en la cabeza que pudo ir con un hombre y en el pecho cierta punzada traicionera.
- Estas listo… vámonos. – Fueron las palabras de Elisa, para evitar el tema. – Seguro ya todos pensaran que no vas a cumplir tu palabra de asistir ¿Por cierto estas completamente seguro de que no habrán periodistas? – Pregunto aferrándose al brazo que él le ofrecía.
- Seguro, para eso fue la rueda de prensa en la mañana, solo estaremos los mismos de la compañía. – Le hizo saber para tranquilizarla.
Se encaminaron y llegaron al gran salón, donde ya todos se encontraban y muchos ya habían dado por seguro que Terruce no asistiría, por lo que fue el centro de miradas de casi todos los presentes, algunos felices de verlo, otro con un poco de envidia laboral, algo que nunca puede faltar y otros con admiración.
Robert saludos amablemente a Elisa, les pidió que tomaran una mesa y disfrutaran de la fiesta, Karen se percataba del cambio que Terry estaba dando, no se había convertido en la ostia de la misa, sin embargo se le notaba más relajado y era primera vez desde que lo conocía, que lo veía con una mujer por tanto tiempo y defenderla de tal manera con Robert, aunque no pasaba a la pelirroja por su desfachatez de estar comprometida y mantener una relación con Terruce le agradecía el que le brindara la oportunidad de compañía día y noche, para que al menos él se hiciese a la idea de lo que era tener a una pareja a su lado.
Elisa no podía evitar sentirse incomoda en algunos momentos ante las miradas de los compañeros de Terruce, que la miraban lascivamente y ella sabía porque lo hacían, trataba de concentrarse en la conversación que llevaban a cabo su acompañante y uno de sus compañeros de trabajo más allegado, mientras la voz de Louis Armstrong era un placer para los oídos, ella se encontraba concentrada, observando al cantante cuando sintió una suave caricia en su cuello, logrando que un abismo se abriera en su estómago y su vientre vibrara ante las cosquillas.
- ¿Quieres bailar la próxima canción? – Le pregunto con un susurro Terry al oído, despertando y descontrolando todas las terminaciones nerviosas del cuerpo de Elisa con su tibio aliento estrellarse en su oreja, además de su voz profunda.
Ella no pudo más que asentir lentamente, mientras buscaba en su interior la fortaleza para mantearse en la silla porque los dedos, índice y medio de Terry paseándose lentamente por su cuello amenazaban con elevarla al infinito.
Terry sabía que con ese toque la estaba enloqueciendo por lo que no dejaría de hacerlo, además que a él le causaba un inmenso placer hacerlo y sentir en sus dedos la piel tersa de la chica. Louis Armstrong termino de cantar When You're Smiling y Terry se puso de pie, tendiéndole la mano a Elisa no sin antes pedirle permiso a su amigo, se encaminaron a la pista de baile y el cantante les amenizo la velada con Only You.
Terry se desenvolvía muy bien en la pista tomando a Elisa entre sus brazos, uniendo sus mejillas, embriagándose con sus aromas y viviendo los temblores que los dominaba a segundos.
- Eres un dechado de virtudes. – Le susurro ella en el oído.
- ¿Por qué lo dices? – Preguntó sonriente, mientras seguía con su mejilla unida a la de Elisa.
- Actúas, bailas, eres buen amante… casi perfecto. – Le hizo saber.
- ¿Casi? – Inquirió.
- Si… tal vez, sino no fueses tan orgulloso, impulsivo y algunas veces tan pendejo, serias perfecto. – La voz de ella acariciaba los sentidos de él.
- Me cuesta admitirlo, pero tienes razón, sé que soy orgulloso e impulsivo, que digo cosas que todavía no he terminado de pensar y hago cosas de las que luego suelo arrepentirme, a menudo me pregunto: ¿cómo sería si en vez de hacer o decir aquello o lo otro no lo hubiera hecho? ¿Qué sería de mí actualmente? Pero son incógnitas que se pierden entre la bruma de lo indescifrable. – Sin pensarlo, apenas termino de decir esas palabras, bajo la cabeza y apoyo sus labios en el hombro de Elisa haciéndola estremecer ante el suave y lento beso que le deposito.
Quedándose en esa posición cerro los ojos, mientras bailaba y se embriagaba con el perfume de la pelirroja y que a pesar de la música podía escuchar sus latidos, al tiempo que cerro más el espacio entre los dos uniéndola por completo a él, amoldándola a su cuerpo, era una necesidad que nacía en su interior, sentirla así, mantenerla de esa manera y las ganas de soltarla no las encontraba por ningún lado.
Elisa no pudo evitar temblar permanentemente mientras sentía el cuerpo tibio y fuerte de Terry como un escudo que la protegía y la envolvía por entero, cerró los ojos y solo se concentraba en llevar el ritmo de la respiración de él, deslizo su mano y la poso en el pecho creando la conexión energética directa con su corazón. Nada más profundo, y a la vez vital, que sentir los latidos de dos corazones unidos, mientras la pasión aumentaba, ella lo estaba preparando y él ni enterado.
- Eso es amor. – Susurro uno de los actores a Robert, al ver a la pareja bailando tan íntimamente y con los ojos cerrados. – Terry está loco, ¿Qué le paso? ¿Cómo se va a enamorar de una mujer comprometida? Nunca lo había visto de esa manera. – Continuaba el hombre mientras Robert miraba a los bailarines.
- El sentimiento llega sin pedir permiso y se lo advertí, le dije que estaba jugando con fuego… lo veía muy comprometido con esa joven… pero siempre me decía que solo eran amigos… que nada tiene que ver la relación con los sentimientos, pero bueno él ya es un hombre, solo espero que no se nos tire por la borda una vez más. – La voz del hombre denotaba su preocupación.
Louis Armstrong término con el termina y dejo que la banda siguiese amenizando la fiesta mientras él descansaba un poco.
Elisa y Terry regresaron a la mesa refrescándose un poco con Champagne y retomaron el tema de conversación que llevaban a cabo de la próxima obra que montarían y el castaño le hizo saber al compañero que interpretaría a Bingley, que Elisa le había ayudado a practicar, involucrándola en la conversación para que no se sintiera fuera de lugar, mientras las copas y aperitivos llegaban.
Terry tomaba sin darse cuenta y el alcohol lo sensibilizaba cada vez más, por lo que tomaba la mano de Elisa y la acariciaba tiernamente o la agarraba y a segundos le depositaba besos dejándose llevar por los sentimientos que ni él mismo sabia poseía o no quería dejarlos salir a flote, sin embargo se encontraba en sus cabales y mantenía una plática profesional, mientras ella que apenas había tomado un par de copas lo admiraba, fascinada por esa elegancia y elocuencia que él poseía, él se acercó a ella lo suficiente y poso su mirada en los labios femeninos al tiempo que se humedecía con la lengua los de él evidenciando las ganas que lo consumían por besarla.
- ¿Quieres que regresemos a la habitación? – Pregunto en un susurro.
- ¿Estás cansado? Si lo estas, no tengo ningún problema en que regresemos. – Le dijo la pelirroja en el mismo tono.
- No… no estoy cansado, solo quiero estar a solas contigo, pero ya. – Su voz era muy baja, pero con un poder de convicción extraordinario. – Ya llevamos seis horas aquí. – Le recordó.
- Esta bien, pero di que estas algo cansado. – Le aconsejo ella.
- Eso diré, aunque igualmente no me van a creer. – Le guiño un ojo y se mordió el labio inferior, ganándose con eso una sonrisa pícara de ella.
Terry le dio un último sorbo a su bebida y siguió la conversación por un par de minutos, para después excusarse y regresar a la habitación de la mano de Elisa, entraron al ascensor y el chico pensó en que el operador no tenía horas libres o no dormía eran tres de la madrugada y él estaba laborando, sino le hubiese arrancando el vestido a la pelirroja ahí mismo.
Cuando el ascensor se detuvo en el piso de la habitación que compartían, la tomo de la mano y la jalo fuera, encaminándose por el pasillo, Terruce sabía que el piso se encontraba completamente solo porque todos se encontraban aun en el salón de fiestas.
A mitad del corredor sin pedirle permiso, sin siquiera darle un aviso la acorralo en la pared y empezó a devorarle el cuello, mientras que sus manos ávidas empezaron a subirle el vestido, mientras ella gemía al sentirlo frotarse contra ella y su boca dejaba un camino húmedo en su cuello.
- Terry… por favor detente, cálmate un poco. – Le pedía tratando de detener las manos de él.
El chico se alejó para mirarla a los ojos mientras seguía intentando quitarle el vestido y Elisa llevo sus manos y le acuno el rostro.
- Respira… respira… tranquilo, necesito que bajes un poco la excitación… mírame a los ojos y respira. – Le pedía con una dulce sonrisa y él le regalo una seductora mientras su respiración seguía forzada.
- Estoy tranquilo… lo estoy. – Le repetía y buscaba la mirada de ella, quien le tomo la mano y se la llevó al pecho y él se apodero de uno de sus senos masajeándolo suavemente.
- No… no lo estas, solo estás loco por cogerme y tienes que esperar… mírame a los ojos. – Le pidió una vez más retirando la mano de él de su seno y la elevo un poco más. – Es para que sientas los latidos de mi corazón, no para que memorices la copa de mi sujetador.
Elisa llevo su mano al pecho de Terry y la poso sobre el corazón de él sintiendo sus latidos apresurados y manteniéndole la mirada.
Él se tranquilizó un poco mientras se perdía en la mirada de la pelirroja y poco a poco su obsesión por llevarla a la cama bajaba, por lo que le regalo una sonrisa, sintiéndose en paz.
- Así… poco a poco, escucha tus latidos y siente los míos, laten al mismo ritmo… nuestras respiraciones se están sincronizando ¿lo sientes? ¿Sientes lo que nos rodea? Esa sensación que no puedes explicar… es lo espiritual, son nuestros espíritus que se están acoplando. – Le decía ella muy lentamente sin desviar la mirada.
Terry podía sentir cierta energía envolverlo, una especie de paz que se dio poco a poco, pero que no podía comprender, para él era algo tan nuevo, como extraño.
- Vamos a la habitación.- Le pidió ella tomándole de la mano, al llegar a esta, en medio de agónicas caricias Eliza empezó a desvestirlo.
Terry intentaba hacerlo con la misma lentitud, con el mismo esmero que ella lo hacía, verla como le quitaba una a una las prendas como si estas fuesen de cristal y pudieran romperse mientras se las sacaba de encima, le mantenía el contacto visual, pero sus manos una vez más buscaron las caderas de la pelirroja y la acercaron hacia él, mientras sus dedos atrevidos subían lentamente la prenda.
Elisa le ofreció los labios con un beso lento, pero apasionado y Terry una vez más se descontrolo al sentir la lengua de ella vagando lentamente por su boca y atrapando la de él, por lo que hizo el beso más intenso y rápido, forzando una vez más las respiraciones.
Le quito por fin el vestido y sin perder tiempo todas las demás prendas dejándola completamente desnuda delante de él que se encontraba igual con las prendas adorando la alfombra de la habitación.
Elisa sabía que para Terry sería imposible, no estaba acostumbrado y necesitaba mucha concentración y práctica para poder llegar al momento perfecto, sin embargo había otras maneras de hacerlo llorar con un orgasmo y era lo que quería lograr, quería verlo llorar.
- Es imposible de esta manera no podrás… - Susurro sintiendo como él le apretaba el trasero y la acercaba a él. - No tienes idea de las tantas sensaciones de placer que te pierdes, siempre por ir rápido. – Le dijo haciéndolo retroceder un paso y que este cayera en la cama y ella encima de él.
- Estas queriendo decir que soy malo ¿Dónde quedaron tus halagos de hace unas horas mientras bailábamos? – Inquirió desconcertado.
- No he dicho que seas mal amante, de hecho eres intenso y sabes complacerme, solo que podrías alargar más el momento, digamos unas tres horas como mínimo.
- ¡¿Tres horas?! – Pregunto sorprendido.
- En realidad podrías llegar a nueve, pero aun no estás preparado… te voy a regalar un libro, para que vayas entendiendo un poco de que se trata, solo puedo adelantarte que la sexualidad nos acerca a los Dioses… entre la filosofía que nos imparten, nos dicen que el mundo fue creado después del acto sexual entre dos Dioses, el sexo no solo es el placer del orgasmo también es algo sagrado… pero eso lo entenderás poco a poco… ahora puedes dejar de mirarme como si estuviese demente y ya que no quieres algo espiritual, te voy a regalar algo sumamente carnal y no te quejes. – Le advirtió y en respuesta recibió que Terry la rodeara con sus brazos y la coloco bajo su cuerpo, besándole hasta la sombra, arrancándole gemidos.
- Lo hare, me voy a memorizar el bendito libro, porque si son nueve horas en esto, en tu cuerpo, lógicamente tiene que ser algo espiritual… - Le dijo dejándole el aliento sobre los labios entre abiertos de la chica en medio de ese fuego contra fuego que se habían convertido sus cuerpos.
Elisa le abrió las piernas y se aferró al trasero del chico, para que la colmara, la elevara y esperar que él estuviese a punto de llegar, sin embargo le haría experimentar la muerte de los sentidos, jadeando y escuchando los jadeos y gruñidos de él en medio de sus acometidas.
Elisa lo hizo girar y ella quedo encima de él cabalgándolo lentamente y cuando percibió la necesidad en Terry, al escucharlo jadear y boquear más seguido, Elisa se detuvo y bajo del cuerpo de él.
- ¡Elisa! Estas loca… - Tratando de tomarla por la mano y hacerla regresar.
La chica agarro el plastrón y una vez más subió sobre el chico, quien se desesperó y era él quien la atravesaba impulsándose con sus pies, ella aprovecho y le paso el plastrón por debajo del cuello, él por estar concentrado en ascender al cielo no le prestaba atención le facilitaba los movimientos.
La pelirroja cruzo la tela de seda para poder cerrarle el cuello y los extremos los enrollo en sus manos para hacer la prenda más corta, empezó lentamente a apretar.
- ¿Qué haces Elisa? – Pregunto en medio de la excitación el chico al sentir como la tela empezaba a quemarle el cuello.
- Intento hacerte alcanzar la "Petite mort" – Le dijo apretando un poco más.
- Pero no lo harás literalmente ¿o sí? – Inquirió sintiendo cada vez más la prenda reducirle el paso del oxígeno.
- Más o menos. – Le dijo con media sonrisa. – Tu tranquilo, solo relájate y no hagas nada, yo me encargo de todo… que ya casi estas. – Apretando a un más, empezó a danzar intensamente sobre él.
Terry casi no podía respirar, pero las intensas sensaciones que lo asaltaban lo le dejaban opción para hablar, ni para pedirle que se detuviera, ella apretaba, apretaba y apretaba. Se movía, se movía y se movía, a Terry todo se le desdibujo. Sintiéndola a ella cabalgar sobre las olas de los sentidos, y el placer duraba mucho, mucho tiempo.
Terry se sintió morir convirtiéndose en pura energía y todos sus átomos se iban mezclando con el resto del Universo. Ni paraíso, ni infierno, eso era mucho mejor, Sintiéndose una unidad, o sencillamente el universo entero.
Sentía una mezcla de energía con Elisa, que lo hizo viajar y fundirse, terminando rendido volviendo a su estado humano. Es un viaje celestial, alcanzando la pequeña muerte, casi literalmente porque su corazón se detuvo y su cerebro no recibió oxígeno en el tiempo exacto, para hacerle experimentar el estallido de placer nunca antes alcanzado, tanto que se quedó sin voz y no fue consiente en que momento ella dejo de asfixiarlo y sus pulmones se llenaron una vez más.
Al regresar a la realidad no pudo controlarlo, todo el tumulto de sensaciones lo hizo explotar y unas lágrimas se liberaron, Elisa se encontraba rendida sobre su pecho y aunque no lo vio llorar si supo que lo estaba haciendo porque con sus manos temblorosas le estaba secando las lágrimas, ocasionadas por algo que no tenía nombre, porque fue mucho más que un orgasmo, mucho más, no solo le dolía el cuello, sino también la tráquea pero pasaría infinidades de veces por esa agonía de sentirse asfixiado si como resultado alcanzaría tal grado de placer.
Ella empezó a besarle el pecho y él como agradecimiento le beso los cabellos, mientras le quitaba con cuidado lo que quedaba del peinado, soltándole completamente la lluvia de cabellos que se derramaron sobre su pecho y cuello, después de algunos minutos que les llevo el tocar tierra, de calmar el placer que cabalgaba desbocado, se acostaron y Terry por primera vez después de haber dormido con ella por diez noches la refugio en sus brazos, durmiendo abrazados, pero no se dijeron nada, solo se mantuvieron en silencio, tratando de descifrar lo que sentían.
Terry despertó a consecuencia de la claridad en la habitación que le anunciaba que ya sería más de media mañana, en medio del sueño no era mucho lo que se habían movido, Elisa parecía una gata dormida, refugiándose en el calor de su costado, en un impulso le acaricio con las yemas de los dedos la cadera, subiendo por su torso y haciendo suaves círculos sobre el hombro femenino, ante las sutiles caricias ella, solo se aferró más a él, quien no pudo evitar sonreír, mientras la admiraba despeinada y aun con rastros de maquillaje que la hacían lucir entre sensual y salvaje, pero también irradiaba ternura, esa que solo encontraba en ella mientras se encontraba dormida.
Sonreír lo había empezado a hacer muy a menudo desde que estaba con ella, batallando con el montón de ideas que inmediatamente se formaron en su cabeza, quería, necesitaba, dar ese paso, pero primero debía enfrentar el pasado, afrontar que ya nada del pasado importaba.
Sabía que solo una mujer había causado ese efecto en él, otra que de igual manera había ocupado sus pensamientos a cada momento, pero de eso ya habían pasado más de cinco de años, muchas veces la recordaba con nostalgia, añoraba tiempos de antaño, sobre todo por revivir esas sensaciones que lo invadían cuando estaba con ella, el ver su sonrisa y sus ojos, pero había descubierto que ahora eran más intensas, que con el paso de los años el sentimiento aumentaba de intensidad y lo que estaba sintiendo por Elisa no se comparaba con lo que había sentido por Candy, son diferentes y bonitos, por llamarlo de alguna manera.
Candy… he dejado de quererte y la única respuesta que encuentro, es diferencia… si, solo diferencia y solo hasta ahora me doy cuenta… esa diferencia está entre el día que decidí dejar de quererte y el día que lo conseguí… tal vez es fácil decirlo, pero bien sé que entre ello paso tiempo, paso mucho tiempo. – Era como si hablara con ella mentalmente, explicándole las razones de sus nuevos sentimientos. - Me costó tanto hacerlo, pensé que nunca podría lograrlo, que te me habías clavado en el pecho como una espina mortal, pero que me mantenía vivo, si la sacaba terminaría muriendo, era por esa razón que mantenía vivo el amor, para poder sobrevivir, me costó tanto olvidarte, pero descubrí que eras olvidable, al final, lo conseguí, no recuerdo que día fue, pero sí sé que una mañana me desperté y ya no estabas ahí oprimiéndome el pecho… cuando tu recuerdo se esfumo también se llevó todo, solo vivía por mí, sin sentir, sin querer, sin anhelar un futuro, vacío… me sentía vacío y ahora… ahora me siento confundido, vuelto mierda… porque nuevamente estoy anhelando, extrañando, es absurdo que niegue mis deseos después de tantos años, cuando ni yo mismo me aguanto y lo peor es que es por la persona que una vez nos separó , es a quien siempre rechace y odie, quien no me producía nada más que desprecio y que es tan putamente creída, exteriormente es perfecta. – Una sonrisa sensualmente torcida, se formó en sus labios al ver la anatomía de la pelirroja desnuda a su lado – Ni como negarlo.
En ese momento el timbre del teléfono sonó sacándolo bruscamente de sus cavilaciones, estiro rápidamente la mano y lo agarro no quería que el sonido molesto despertara a la pelirroja.
- Buenos días, si apenas voy despertando…. Dame media hora y bajo Robert, no ya todo está listo. – Colgó y con mucho cuidado salió de la cama, se encamino al baño y se ducho rápidamente se colocó ropa ligera, estaba por salir pero regreso sobre sus pasos al ver a Elisa de espaldas y desnuda, se colocó de cuclillas y le deposito un suave beso en una de las nalgas al tiempo que tomaba la sabana, la admiró mientras la arropaba y después besos sus cabellos.
Salió de la habitación y se reunió con todos los de la compañía que al día siguiente continuarían con la gira, Robert les pidió que tuviesen todo preparado para que cuando les tocase viajar mañana por temprano no estuviesen dando carreras.
Apenas la reunión termino Terry hablo con el gerente del hotel, necesitaba encontrar un auto de alquiler, quería antes de irse de california ver un atardecer a la orilla de la playa junto a Elisa, como era de esperarse el hombre no se negó y le informo que a las cuatro de la tarde le tendría un auto.
El chico agradeció y regreso a su habitación, cuando entro se encontró a Elisa sentada en la cama con una bata de baño y desenredando sus cabellos húmedos, evidenciando que apenas terminaba de bañarse, ella le regalo una sonrisa y él se sentó frente a ella, apoyándose con una rodilla se incorporó un poco y acuno el rostro de la chica besándola lenta e intensamente.
- Ya todo está listo… ven conmigo a Nevada.- Le pidió acariciándole con sus pulgares los pómulos de la pelirroja.
Ella lo miro en silencio, mientras el corazón le latía rápidamente, termino por bajar la mirada y susurrar.
- No puedo Terruce.
- No te preocupes, Robert lo ha permitido… te acepta dentro del elenco. – Le dijo emocionado.
- No… Terruce, es que no es Robert, yo tengo que regresara Chicago. – La voz empezaba a vibrarle ante las emociones que se despertaban en ella ver el desconcierto en el rostro de él.
- Piensas que se molestara tu familia… no seas miedosa, después de todo no eres tan arriesgada como pensé. – Le dijo con burla, tratando de aligerar la tensión en el ambiente.
- Tengo que casarme. – Soltó sin más y el rostro de Terry palideció. – En un par de semanas es la boda y no puedo acompañarte ¿No lo sabias? – Pregunto al ver que él no mostraba ninguna emoción solo la miraba a los ojos como si no pudiese creer lo que ella le decía. – En todos los diarios se ha anunciado mi boda, todos tus compañeros lo saben ¿Acaso no te has dado cuenta como me miran?
- ¿Desde que estamos aquí me has visto con algún diario en la mano? – Inquirió encontrando la voz en la emociones de rabia y dolor que lo gobernaban, ella solo negó con la cabeza. – Voy a bajar cuando regrese no quiero que estés aquí, no quiero verte más. – Le dijo con voz pétrea incorporándose y ella lo retuvo por la mano.
- Terry… pídeme que no me case… pídemelo y me voy contigo a Nevada… a donde quieras me iré contigo. – Le dijo mirándolo a los ojos y los de él reflejaban cientos de cosas, ninguna buena.
- No quiero verte nunca más. – Repitió lentamente, pero con toda la convicción que poseía.
Se veía tranquilo, no mostraba estar dolido, si molesto, pero no destrozado como ella se estaba sintiendo en ese momento, lo vio salir por la puerta y al cerrarla lo hizo normalmente, no la azoto como esperaba que dejase al menos en el golpe la rabia.
El corazón de la pelirroja se desboco, un gran vacío se abrió en su estómago y su pecho, mientras sentía las lágrimas subir por su garganta como un rio desbocado.
- No voy a llorar… no voy a llorar. – Se repetía con voz ronca y una lágrima se desbordo, por lo que se la limpio bruscamente. – No voy a llorar. – Se repitió y se puso de pie, busco su ropa, se vistió y llamo para que le ayudasen a bajar el equipaje salió del cuarto dejando sobre la cama el vestido que él le había regalado, el libro que le había prometido y el plastrón de seda hindú, en el lobby intentaba controlar el llanto, ese que estallo una vez dentro del taxi que la trasladaba a la estación de trenes.
Continuara...
Terry!
Soy un tonto por quererte
por querer a un amor
que no es sincero
un amor que está ahí
también para otros
Soy un tonto por retenerte
tan tonto por retenerte
por buscar un beso
que no es solo mío
por compartir un beso
que el diablo ha conocido.
Billie Holiday: I´m Fool to want you
