HOLA GENTE! COMO ESTAN? DISCULPEN LA TARDANZA, ES QUE QUERÍA DEDICARME A ESCRIBIR UNOS CAPITULOS MÁS PARA PODER SUBIRLOS MÁS SEGUIDO Y NO TARDARME TANTO.
BUENO, AQUÍ LES TRAIGO EL SEGUNDO CAPITULO.
GRACIAS POR LOS REVIEWS QUE ME DEJARON Y POR SUS OPINIONES Y TODO ESO QUE ES TAN GENIAL!
BESOS.
YO, QUILEUTE
CAPITULO 2 ~ CON OTROS OJOS
Fin de semana. Eran las doce del mediodía y aún estaba estirada en mi cama, recordando la visita de Mary a mi casa y en lo bien que me había hecho sentir su presencia, aún más cerca que de costumbre. Cuando se fue aquel día, había quedado claro que volvería, pero no me molesté por aquello. Ni mis padres lo hicieron, pues estaban contentos que tuviera a una amiga, femeninamente hablando, además de las integrantes de mi familia.
Toc, toc.
- ¿Puedo pasar? – inmediatamente al oír su voz, me erguí en la cama e intenté arreglar mis cabellos lo más que pude. Mis manos actuaban torpes y mi cuerpo estaba reaccionando de una manera extraña. Sólo era Jake, jamás me había preocupado en cómo me vería, y esas cosas.
- Pasa. – le dije acomodando la musculosa que llevaba puesta a modo de pijama.
Al abrirse la puerta, me encontré con mi mejor amigo. No pude evitar sonreírle. No había podido venir a verme el día anterior, por lo que lo había echado mucho de menos. Llevaba sus pantalones cortos negros y una camiseta que se ajustaba a su torneado cuerpo. Me detuve en su pecho, subía y bajaba con más aceleración que la normal y subí nuevamente a su rostro. Sonreía. Me estaba regalando su más hermosa sonrisa.
- Hola Ness. – me saludó caminando hacia mí luego de cerrar la puerta tras él.
- ¡Jake! – dejé escapar de mis labios aquella expresión tan alegre. Me colgué de su cuello cuando estuvo demasiado cerca y lo apretujé lo más que pude a mi cuerpo. Lo sentí estremecerse pero sus brazos inmediatamente me envolvieron traspasándome su calor humano. Yo también me estremecí. Había abrazado a mi mejor amigo infinidades de veces pero jamás me había estremecido por algún abrazo. Me asusté ante lo que estaba sufriendo mi cuerpo pero no me aparté ni un centímetro de él.
- Ya veo que me has extrañado. – susurró en mis cabellos y me alejó para mirarme a los ojos. Fue ese instante en el que se me vinieron las palabras de Mary a la cabeza: "¿Nunca lo has mirado con otros ojos?" "… a mí no me resulta nada asqueroso verlo. Tiene una sonrisa preciosa…" Y entonces, mis ojos se quitaron el tul que las empañaba y miré sin parpadear a mi lobo. Estaba como siempre lo había visto pero pude apreciar la perfección en cada facción, en cada expresión que mostraba su rostro. Me sonrió y mis piernas temblaron como nunca me había pasado.
Me aparté con cuidado y me volví a sentar en la cama con la respiración dificultosa, me había dado cuenta que en ese instante en el que me había quedado mirando a Jake, había contenido la respiración, quién sabe por qué motivo.
- ¿Cómo has estado? – me preguntó sentándose frente a mí.
- Bien, ¿y tú? ¿Han podido agarrar a ese vampiro? – le pregunté estando al tanto de la situación en La Push.
- No. ¡Cielos! ¡Estoy tan frustrado! – exclamó moviéndose sobre la cama y colocando su cabeza sobre mis piernas, de modo que tenía su visión en mi rostro.
- Tranquilo. ¿Tan complicado se les ha puesto? – le pregunté acariciando su cabello enmarañado.
- Es una mierda. Debe tener algún don o algo. Siempre viene, desaparece y vuelve a aparecer. Siento como si se estuviera burlando de nosotros.
- ¿Qué querrá? – pregunté preocupada. – Siempre se presenta ante ustedes pero no ataca, no mata humanos, no hace nada. Sólo…
- Nos provoca. – terminó mi frase.
- He oído que a los nómadas les gusta el desafío. Y que compiten entre ellos mismos por territorios, por sus presas o simplemente por diversión.
- Me dan asco. No le encuentro sentido. – bufó cerrando sus ojos, relajándose ante mis caricias en su pelo.
- No te duermas. – le dije tirándole de un mechón.
- ¡Auch! No hagas eso. – me regañó abriendo los ojos como platos, pero sabía que no lo decía enserio. Nunca se enojaba conmigo.
- ¿Dormiste?
- No tuve tiempo. Llegué a mi casa de patrullar, me bañé y vine aquí. No quería perder tiempo, necesitaba venir a verte. – dijo levantando su mano para acariciar mi mejilla. Fue extraño, ya que a través de sus dedos sentí una especie de electricidad que sofocaba cada poro de mi piel, pero que aun así me gustaba. Cerré mis ojos inevitablemente. – Eres hermosa cuando recién te despiertas. – susurró sacándome de mis pensamientos.
- No digas mentiras, te crecerá la nariz, lobo. – le dije tomando con mi mano la suya y alojándola en su pecho. Me quedé allí unos segundos pero luego la quité bruscamente pero con disimulo.
- Yo no digo mentiras.
- Además no estaba durmiendo. Estaba pensando. Llevo un buen rato pensando.
- ¿En qué piensas? – quiso saber arrugando un poco la frente.
- En cosas. En Mary.
- ¿Tu amiga que has traído aquí? ¿Qué piensas al respecto? ¿Cómo te sientes con eso? – mi amigo… siempre tan preocupado por mí, siempre tan atento a lo que me pasara.
- Me siento extraña, Jake. – dije tirando mi cuerpo hacia atrás, de modo que quedé mirando al cielo raso. Sentí liberadas mis piernas y las estiré justo cuando Jake terminaba de acomodarse a mi lado para quedar en la misma posición que yo.
- ¿Por qué? ¿Extraña buena o extraña mala?
- Ambas. – le confesé. – Estoy muy contenta, me he sentido cómoda con ella aquí. Se la veía contenta, más allá de que le gustara mi casa. Sentí que se sintió aliviada por mostrarle un poco más de lo que es mi vida.
- Eso significa que realmente le importas.
- Lo sé. Pero… le he tenido que mentir. Siempre le estaré mintiendo. Por eso no quería que se adentrara más en mi vida. Me hace mal. Ella confía en mí.
- No tienes que mentir. Sólo camuflar la verdad. Bueno, sí debes mentir con respecto a tu padre y Bella. La chica pensaría que estás loca si le dices que son tus padres. ¿Qué le has dicho? ¿Quiénes son tus padres para ella?
- Esme y Carlisle. Bueno, no se lo he dicho, pero pienso hacerlo. Además son ellos quienes figuran en los papeles del instituto. – bufé.
- Eso es parte de lo que son ustedes, Nessie. – se giró para verme. – No pueden ir diciendo por el mundo lo que son, sabes las consecuencias.
- Tú le has dicho lo que eres a Charlie y por eso, sospecha de lo que somos. – le recordé.
- Lo sé y me he equivocado muchísimo, ya que no debería de haber sido mi decisión. Además las reglas de mi tribu son diferentes a las de ustedes.
- ¿Entonces crees que no debo alejarme de ella? – me giré también, de modo que quedamos viéndonos uno al otro sin siquiera haber necesidad de pestañear.
- Debes hacer lo que sientas correcto. Pero me niego a que te sientas culpable por mentirle. No debes sentirte mal por eso, a lo largo de tu vida tendrás que hacerlo. Cuando… - tragó saliva nervioso. - … cuando tu familia decida irse porque sea necesario cambiar de lugar, volverán a mentir sólo que en otro sitio. Si lo piensas, es como tu vida humana y tu vida vampírica.
- Eres torpe con las palabras. – le dije poniéndome de costado sin dejar de verlo.
- Lo sé. Soy un idiota. Pero, ¿entiendes lo que quiero explicarte?
- Entiendo. – hice una pausa. – Jake…
- ¿Mm?
- Jamás me iré de tu lado. – le confesé e inmediatamente su cuerpo se relajó. Se puso de costado imitándome y nos vimos en silencio durante un rato. El sol pegaba en su piel de bronce haciéndolo resplandecer frente a mis ojos. Su mano subió a mi mejilla y me acarició dulcemente.
- Eso no lo sabes aún. – habló casi en un susurro.
- No quiero alejarme de ti. Es que… - me giré nuevamente mirando al techo. - … es que no imagino mi vida si tú no estuvieses en ella.
- Nahuel está para hacerte compañía. – dijo en tono socarrón. Lo miré.
- ¿Vas a empezar de nuevo?
- No empiezo nada de nuevo. Es verdad lo que digo. Cuando yo no pueda estar, estará él. Siempre lo tendrás a tu lado y… seguro tendrán hijos y esas cosas sucias.
- ¿Hijos? ¿Cosas sucias? – lo vi sin poder evitar sonreír, mientras se levantaba de la cama y caminaba hacia la puerta. - ¿Estás escuchándote?
- No realmente. Pero tengo razón. – me levanté y quedé de frente a él.
- ¿Por qué no lo quieres? Es mi mejor amigo.
- Creí que lo era yo. – dijo dolido. Arrugué el ceño.
- No. Tú eres… mi mejor, mejor, mejor, mejor, muchas veces mejor, amigo. No hay nadie como tú y por eso no estoy dispuesta a dejarte.
Sus manos se posicionaron en mi cuello y todo mi cuerpo se estremeció. Ya iban demasiados estremecimientos y ya comenzaba a ponerme nerviosa. Y me puse aún más cuando su frente tocó la mía y su aliento, jamás percibido, se coló en mi interior, dulcificándolo todo.
- Jake…
- Espera. – dijo apartándose. - ¿Sientes eso?
De inmediato olfateé el ambiente y lo sentí. Pizza. Nuestras sonrisas se inflamaron y abrimos la puerta de golpe para salir corriendo por el pasillo como dos críos.
Cualquiera pensaría que yo era más rápida que Jake pero a decir verdad, él lo era. Ya estaba abajo encaminándose a la cocina cuando yo recién terminaba de bajar el último escalón. Allí, mi abuela nos esperaba sonriente. Sabía que la única comida humana que aceptaba era la pizza.
Nos sentamos en la mesa que había allí y no dijimos una sola palabra hasta que la caja quedó vacía.
- ¿Cuándo volverás? – escribieron mis dedos en mi teléfono móvil.
- ¿Estás admitiendo que no puedes vivir sin mí? – me respondió.
- Es considerable, pero por ahora sólo admito que quiero que regreses.
- ¿Lobo está? – sonreí.
- Está muy ocupado.
- Ya veo, ahí es cuando aparezco. Ya volveré, cariño. No te impacientes.
Cerré el móvil.
Estaba echando mucho de menos a Nahuel. Cada vez que Jake no estaba, aparecía el semi vampiro para hacerme compañía. Con él había ido por primera vez al cine. Nos recorríamos Forks cada vez que podíamos. Nos gustaba ir a un restaurante de comida italiana en Seattle, él siempre elegía diferentes clases de pastas, mientras que yo me dignaba a comer pizza. De tener el metabolismo de un humano normal, mi cuerpo no sería el que era. Pero lo que más me gustaba era salir de caza con él. Yo prefería los alces, a Nahuel le gustaban las cosas más difíciles. Me gustaba ver la negrura en sus castaños ojos, me gustaba verlo succionar la sangre de los animales, se veía salvaje, se veía anormal, como un ángel malvado, hermoso y siniestro.
No era que me gustase, lo veía meramente como mi mejor amigo, sólo que me llamaba la atención por sus rasgos mapuches, su piel más oscura que la mía y su no delicadeza al alimentarse.
Estiré mis brazos en el parking del instituto de modo que mis músculos se estiraron también para luego relajarse.
- Ok, ya estoy lista. Vámonos. – dijo tras de mí Mary.
- ¿Está todo bien con ese chico? – le pregunté señalando a un muchacho que no le quitaba el ojo de encima a mi amiga, su mirada era venenosa, no había nada de cariño en él en aquel momento.
- Claro que no lo está. – me respondió subiendo a su auto, yo la seguí a continuación. Ella siempre me devolvía hasta mi casa desde aquella primera vez. Yo no objetaba nada, pues siempre me volvía caminando y venir en auto era menos agotador. Me enfurruñé tanto cuando mi padre se negó a prestarme uno de sus tantos autos lujosos, que había decidido ir a pie desde entonces, me había negado a que me fueran a buscar. No quería nada de nadie en ese sentido, pues me hacía sentirme una niña y quería demostrar lo contrario.
- ¿Y bien…?
- Le he cortado. Y no le ha gustado nada pues tuve que hacerlo frente a uno de sus amigos. Dice que lo he dejado en ridículo. – me contó.
- Qué va. Ese es el orgullo machista. Además es un tarado. Nunca me ha caído bien.
- Pero si ni siquiera lo conoces, Nessie.
- Ya lo sé. Pero de conocerlo seguro que me caería mal. Se cree lindo y no lo es.
- Claro que lo es. Yo no salgo con tipos feos. – objetó.
- Tipos lindos son mi amigo Nahuel o Jake… - se me escapó, en realidad sólo había pensado en voz alta pero llamó la atención de mi amiga. Me miraba a mí en vez de fijar su vista en la carretera. Me sonrojé sin motivos.
- ¿Con que ahora encuentras lindo a Jake, eh?
- Cierra la boca. – hice una pausa. – Además jamás he dicho que sea lo contrario.
- Dijiste que no lo mirabas con ojos de mujer más bien con tus ojos bondadosos de mejor amiga. – rió.
- Sí, soy su amiga, pero siempre he visto su belleza, no soy estúpida.
- Gracias a Dios. Temía que lo fueras. – bromeó.
- Ja, ja. – dije mirando por la ventanilla.
- ¿Y quién es el otro sujeto? – preguntó después de un trecho de silencio.
- ¿Quién, Nahuel? Ya te lo he dicho, es mi otro amigo. Sólo soy gentil con… hombres y tú, claro está. – estaba a punto de decirle que sólo gentilizo con sujetos sobrenaturales, pero mejor me callé.
- ¿Así que es lindo? Nahuel, digo… - preguntó girando hacia el camino que nos dirigía a mi casa.
- Lo es. – admití.
- ¿Más que Jacob?
- No. Jake es más lindo. – volví a pensar en voz alta. – O… se igualan. – intenté disimular.
- Te gusta Jake.
- No me gusta y ya cierra la boca. Quiero llegar de una vez. – dije bufando. Ella sonrió satisfecha.
Seguimos el corto camino en silencio pero un gritito de asombro me sacó de mi reciente tranquilidad. Giré para mirar a mi amiga y me di cuenta de que tenía la vista fija al frente pero el auto ya estaba detenido. Seguí su mirada y me di cuenta de que ya habíamos llegado a la entrada de la mansión. Volví a mirarla pero ella seguía de modo estupefacto mirando hacia fuera. Volví a seguir su mirada y entonces lo vi.
Estaba sentado sobre su motocicleta, vestía unos jeans y una camiseta que se ajustaba un poco a sus músculos. Estaba con la mirada perdida en el celular que le había regalado para su cumpleaños. Quedé mirándolo como si jamás lo hubiese visto. Desde que venía a casa un día por medio, lo echaba de menos aún más. Incluso más que a Nahuel que hacía un mes se había ido. Y cada vez que lo veía era como si descubriera algo nuevo y más hermoso en él.
Sonreí sin darme cuenta de que mis manos ya estaban desabrochando el cinturón de seguridad que bloqueaba mi cuerpo. Abrí la puerta como si tuviese un imán dentro de mí y se concentrara en él.
Jake me percibió y giró su rostro para mirarme, de inmediato ensanchó su sonrisa tan blanca y perfecta y se encaminó para encontrarme.
Me estrechó contra su cuerpo y yo enredé mis brazos en su cintura para no caerme, aunque sabía que jamás me dejaría caer.
- Hola preciosa. – me dijo con un nuevo brillo especial en los ojos.
- Hola Jake. – lo saludé tímida. – No te esperaba aquí. No todavía, quiero decir.
- Pude liberarme antes de la manada y vine a verte.
- ¿Por qué estás afuera?
- ¿Por qué crees? Tu padre se ha cabreado porque quiero llevarte conmigo a La Push. Le dije que no era su decisión y me dijo que me largara, aun así quise esperarte.
- Pobrecito mi lobo, siempre te está echando ese sujeto al que llamo padre. – bromeé.
- Sí, ríete. – hizo una pausa. – Iba a ir a buscarte al instituto pero Alice me ha dicho que tienes quién te traiga. – dijo señalando con la cabeza el auto de Mary, a la cual había olvidado completamente.
- Mierda, casi me olvido que estaba allí.
- Creí que era Nahuel quien te hacía perder la cabeza. – rió.
- Cierra la boca. – dije golpeándolo suavemente, seguramente ni siquiera había sentido mi tacto. Lo dejé unos segundos allí parado mientras me dirigí hacia mi amiga para despedirla. La pobre tenía la mirada perpleja. Su boca casi tocaba el suelo del auto y casi podía apreciar un hilo de baba descolgándose de su boca. Reí para mis adentros.
- Lo siento, Mary. Gracias por traerme.
- Es hermoso, Renesmee. Es… perfecto. ¿Has visto esa película…Inmortales, creo que se llama, donde aparecen los dioses con sus cuerpos perfectos? – me encogí de hombros. – Él se parece a esos dioses. ¿Cómo puedes no ver su… perfección?
- Vale, ya. Por hoy ya es suficiente. ¿Por qué quieres engancharme a mi mejor amigo?
- No quiero que te enganches, definitivamente. Lo quiero para mí. – admitió poniendo en marcha el coche. – Otro día me lo presentas, ¿vale? Ahora no estoy presentable.
Y se fue, antes de desaparecer miró hacia donde estaba pero sabía perfectamente que no era a mí a quién miraba.
- ¿Con qué dioses inmortales y cuerpos perfectos? – preguntó tras de mí haciéndome sobresaltar. Me había olvidado por un momento que tenía el oído tan sensible como nosotros, los vampiros.
- No, sólo eres un hombre lobo para mí. – dije encaminándome hasta su moto.
- Es la primera vez que escucho a una chica babearse por mí, y déjame decirte… que se siente muy bien. – concluyó cuando lo asesiné con mi mirada. - ¿Nos vamos?
- Sí. – le respondí subiéndome después de él a su Harley.
Ni siquiera me molesté en decirle a mi padre que me iba, seguramente ya lo había adivinado. Así que sólo me digné a enganchar mis brazos alrededor de la cintura de mi amigo. Sentía sus músculos tensarse, sentía su calor quemar las prendas de mi ropa hasta llegar a mi piel. Aun así no hice atisbo de apartarme. Crecí rodeada de ese calor y era la cosa que más me gustaba en todo mi universo de fantasía.
