HOLA! CÓMO ESTAN? BUENO AQUÍ LES TRAIGO UN NUEVO CAPÍTULO.

MUCHAS GRACIAS POR LOS REVIEWS QUE ME DEJAN. ME ENCANTA LEERLOS, ME INSENTIBAN A SEGUIR ESCRIBIENDO!

LES MANDO UN BESO ENORME. Y NOS LEEMOS LUEGO!


YO, QUILEUTE


CAPITULO 3 ~ ALGO NO ANDA BIEN

Llegamos al cabo de unos minutos, Jake volaba realmente en el asfalto y a mí eso me encantaba. Me gustaba sentir mi cabello enmarañándose con el aire, me gustaba cerrar los ojos y sentir el viento golpearme en la cara como una cachetada fría pero placentera.

- Puedes soltarme si quieres o bien… podemos seguir así. – me dijo al notar que aun mis manos lo sostenían. Me empujé de él y bajé de la moto pisando el suelo firme de la entrada de su casa. Suspiré con nostalgia, hacía bastante que no visitaba a Billy. Recordé lo mucho que me gustaba venir a esa casa tan pequeña pero tan acogedora. Recordé que cada vez que tenía que regresar lloraba y me sostenía con todas mis fuerzas sobre el picaporte de la puerta de entrada. Muchas veces lo había roto. Charlie era el encargado de venir a buscarme puesto que Bella o mi padre o cualquiera de mis tíos no podían pisar tierra quileute.

- Me gusta ser tu impronta. – solté como de la nada. Él, que iba unos pasos más delante que yo, se giró y clavó su mirada intensa en mis ojos. – Quiero decir… por eso yo puedo disfrutar el venir aquí. Puedo venir a visitarte, puedo recorrer la playa, puedo ir a las reuniones, a las fogatas. Eso… me gusta mucho.

- Me gusta que te guste lo que soy. – dijo rosando sus dedos temblorosos sobre mi mejilla.

- Me gusta todo lo que eres. Me gusta sentirme parte de tu vida.

- Oh, en eso te equivocas. – dijo sonriendo mientras se giraba hacia su casa, yo lo seguí con el ceño fruncido. – No eres parte de mi vida. Tú… eres mi vida. – me dijo cuando la puerta se abrió para reflejar a un contento Billy. Los movimientos desconocidos en mi estómago, fueron opacados cuando corrí hacia el padre de mi amigo para abrazarlo con fuerza. Por poco lo asfixio pero él no presentó molestia. Jake reía detrás de mí.

Cuando entramos un aroma familiar inundó mis pulmones. Era claramente el olor a sales de mar, provenientes de una de las ventanas abiertas, seguramente, también a madera, tierra húmeda y rayos de sol… mi Jake. Giré para encontrarme con su mirada. Le sonreí feliz.

- Si tuviese que elegir un lugar en todo el mundo para vivir, sería este. – dije.

- Creí que sería Brasil. – respondió mi lobo un poco serio. Bufé.

- Oh, cierra la boca, Jacob. Claro que le gusta estar aquí. Es la magia de La Push. – dijo Billy. – Ven siéntate a la mesa.

- La magia quileute querrás decir. – lo corregí.

- Oh, claro, si es que estás pensando en mi hijo, tienes razón. – rió mientras yo sólo me ruborizaba. Jake estaba a mi lado fingiendo mirar la televisión que estaba encendida, pero sabía que estaba escuchando de lo que hablábamos pues sus mejillas habían adquirido un poco de color rosa.

- Me refiero a todo. – dije. – Este lugar es genial. Jamás me cansaré de venir aquí.

- Pues creí que te habías cansado pues no venías por aquí hace mucho tiempo. – me reprochó Billy.

- Papá…

- Déjalo, Jake. Y perdona Billy, pero no. Sólo he tenido algunos exámenes y tenía que quedarme a estudiar. Que Jake no pudiese estar mucho conmigo, fue un alivio, ya que siempre me distraigo cuando estoy con él.

- Embustera. – me dio pequeño golpecito mi lobo sonriente. – Además yo sólo estoy contigo pocas veces.

- Claro. Sólo cuando me despierto, mientras desayuno, antes de irme al instituto, luego de eso… puedo seguir.

- No pensé que te molestara. De ahora en más, no te perseguiré tanto. – me dijo bajando la mirada a sus manos, me había malinterpretado y me sentí muy mal por eso.

- No te atrevas a dejar de verme. – le dije tomando sus manos. Mi piel se veía tan blanca sobre la suya. – Nada me molesta de ti, Jake. Si fuese por mí, dormiría a tu lado cada noche también.

Un carraspeo hizo que soltara sus manos de sopetón. Mis mejillas pasaron del rosa al rojo intenso. Me había olvidado por unos segundos de que Billy nos estaba haciendo compañía.

- ¿Qué quieres comer, Nessie? – me preguntó. – Hoy cocinará Jacob.

- ¿Yo? – se quejó él.

- Sí, tú.

- De ninguna manera, Billy. No quiero morir siendo tan joven. Mejor preparo algo yo. Pizza, claro. – sonreí.

- ¿Qué no puedes comer otra cosa que no sea esa? – me preguntó Jake arrugando el ceño. – Yo me empacharía de comer siempre lo mismo.

- ¿Tú, empacharte? – reí a carcajadas. – Además no como siempre lo mismo, también me gusta la sangre, más que nada. – dije mientras el rostro de Billy se iba tornando blanco. Me levanté y me dirigí a la cocina antes de seguir metiendo la pata. El hecho era que él jamás se había acostumbrado a lo que yo era. Si bien me aceptaba y me quería tanto como a una nieta, el que nombre la sangre lo hacía palidecer.

Cuando estuve en la cocina, Jake estaba detrás de mí, preparando todas las cosas para que pudiera comenzar a cocinar.

- Nessie…

- ¿Mm?

- ¿Cuándo volverá Nahuel?

- ¿Otra vez? – le pregunté un tanto cansada de sus celos. Ya hacía un tiempo largo que Nahuel estaba con nosotros, sin embargo, Jake jamás se había acostumbrado, cada día, era el primer día del mapuche con nosotros. Bufé.

- No quiero iniciar una pelea. Conozco esa mirada.

- Pues entonces no me provoques, Jacob. – dije mientras revolcaba la harina sobre la mesada.

- Sólo estoy preguntándote. Quiero saber.

- ¿Es que lo extrañas?

- Claro que no. Sería asqueroso. ¿Tú? ¿Lo echas de menos? – preguntó con timidez. Esa era la manera en que más me agradaba Jake. Siempre parecía tan rudo, tan sobreprotector, pero sin embargo sus mejillas también se ruborizaban y sus orejas se tornaban en las puntas un tanto rojas y su lengua se trababa y su ceño se arrugaba poniéndose nervioso por no saber ocultar sus debilidades… Dejé lo que estaba haciendo y llevé mis manos a su rostro. Por unos segundos, mis palmas parecieron quedar pegadas en sus mejillas. Tragué saliva sintiendo cómo una especie de serpiente eléctrica se metía por mis venas para recorrer cada recoveco de mi cuerpo. Inevitablemente sentí escalofríos.

Quise apartarme pero en ese instante, Jake posó sus manos tibias y enormes, sobre las mías que eran tan pequeñas. Me sonrió y mis piernas temblaron. En un rincón de mi mente, dejé anotado buscar una explicación para cada sensación que estaba teniendo con mi mejor amigo. Pero en ese instante, preferí quedarme colgada de su mirada. Me transmitía confianza, tanta calidez, era como tomar sol un día nublado, mi sol… mi sol personal, tal como lo había llamado una vez mi madre.

- Sigamos con esto. – logré decir. Creí que insistiría con el tema "Nahuel" pero no. Se alejó de mí y nos dispusimos a seguir con la cena.

- Oye. Mira como me has dejado. – me dijo y lo vi con sus mejillas blancas por la harina.

- Ahora eres un frío. – bromeé.

- Es aburrido. Mejor tú eres la fría… - soltó antes de agarrar un puñado de harina y lanzármelo encima.

Corrimos por toda la casa, ensuciando los pasillos y en parte las paredes. Detuvimos las risas cuando Billy salió de su alcoba para regañarnos. En silencio volvimos a la cocina, como cachorros que desobedecieron a su madre, y terminamos la cena.

Comimos, hicimos chistes como era de costumbre y luego Jake me acompañó a mi casa en donde Edward ya se encontraba parado en la puerta con cara de pocos amigos. Bufé.

- Te veo luego. – se despidió mi amigo pero en cuanto se dio la vuelta lo detuve con mi mano apretando su brazo. - ¿Qué sucede?

- ¿Cuándo?

- ¿Cuándo qué? – preguntó confundido.

- ¿Cuándo te volveré a ver? Cada vez tienes menos tiempo para estar conmigo. Yo sé que ya no soy lo suficientemente divertida. Desde que he crecido todo ha cambiado y quiero que sepas que no me gusta nada. – le solté sin importarme en lo más mínimo la presencia de mi padre a unos metros de nosotros. Jake lo miró pero en cuanto volvió la vista a mí, sólo volvimos a existir ambos.

- Lo siento mucho, Nessie. – se lamentó con un dejo de tristeza atravesando sus pupilas. – Ya sabes lo del chupasangre ese que viene a por nosotros. Cielo, no existe nada en el mundo que pueda querer más que estar a tu lado. – acarició mi mejilla, pero esta vez, a pesar del estremecimiento, no quise cerrar los ojos. Lo miré, con una mirada intensa como la de él al notarla. Su labio temblaba y mi boca se entreabrió ipso facto, como invitándolo a posarse allí.

- Jacob, ya te puedes ir. – se apareció Edward a mi lado, con los ojos tornados negros. Lo miré confundida. ¿Qué si no hubiera llegado? Jake sacudió su cabeza como despertando de un sueño y miró también a mi padre con el ceño fruncido.

- Está bien. – aceptó para mi asombro. – Nessie, intentaré venir mañana. Te lo prometo.

Sólo asentí.

- No hace falta, no me apetece sentir tu hediondez en mi casa. – le gruñó mi padre.

- ¡Edward! – lo regañé.

- Ya despídanse. – nos exigió volviendo a la entrada. Sentía sus ojos sobre nosotros.

- Bueno…

- Bueno… - dijimos al mismo tiempo seguido de una risita estúpida. ¿Qué nos ocurría? Actuar así era absurdo. – No, habla tú primero. – le dije.

- Ya te he dicho. Mañana vendré por ti. Te lo prometí.

- Entonces te esperaré. – le dije dejándole un beso en la mejilla. Me fui al instante. Era tonto lo que estaba haciendo, pero por algún motivo lo sentí extraño. Todo se volvía extraño ahora.

Al entrar a la mansión, pasé por alto la mirada acusadora de mi padre y subí a mi habitación para estar sola. Quería poner música y acostarme en la cama y pensar en mi comportamiento.

Había dicho que todo era extraño ahora y no había mentido. Desde que Mary se había babeado por Jake, todas esas palabras que decía, y la curiosidad por saber qué más veía ella que yo no, me llevaron a una conclusión. Que mi mejor amigo me parecía lindo. Lindo era poco. Hermoso. Al punto de llegar a la perfección. Pensé en su cabello, siempre enmarañado pero que lo hacía verse tan despreocupado, sus músculos bien marcados, su mirada profunda e incluso en su forma de lobo era descomunal. Su piel… a la que la luz del sol o de la luna transformaba en algo sumamente maravilloso, ni siquiera la piel de mi familia era tan llamativa como lo era la suya para mí. Y su efluvio… a mí no me parecía que tuviese olor a perro mojado, más bien era la naturaleza misma, de la que tanto formaba parte, llevaba impregnado el aroma del bosque, de los árboles y su madera, de la tierra húmeda y esa fragancia a masculinidad que se diferenciaba de todos.

Me lo imaginé de la mano con Mary, me los imaginé riendo juntos. Muchas veces yo había tomado su mano, por lo tanto, me la imaginaba ocupando mi lugar. Luego en mi mente, se besaron y ella lo tomaba con fuerza del cuello para atraerlo hacía él. Él gustoso la envolvía en sus fuertes brazos.

Abrí mis ojos. No estaba imaginando, estaba teniendo una pesadilla. El corazón me latía con fuerza y en mi interior se produjo un sentimiento mezquino y cargado de celos. Tonta de mí, egoísta.

Quizás a Jacob le gustase mi amiga, quizás en ella encontraba una compañera, alguien más humano para continuar con su vida, alguien que no era sobrenatural, quizás una Emily, una Rachel para él.

El corazón se me contrajo. No sabía a qué punto me afectaría que él mantuviese una relación con alguien. Siempre había estado para mí. Y a pesar de que yo era su impronta, las cosas no tenían por qué seguir su curso. Además, sólo éramos amigos. Jake era mucho más grande que yo, tenía experiencia como Mary, yo estaba encerrada en un cuerpo adolescente, sin embargo no llegaba a los 9 años.

Bufé adolorida, frustrada, angustiada, y con cosquillas en mi estómago producidas al recordar en cada parpadeo la sonrisa de mi lobo.

No me había dado cuenta pero nada había cambiado, más que yo misma. Arrugué el ceño entre las sábanas pensando en si estaba volviéndome loca o en si era cierto y real que Jake para mí, era algo más, por no decir que lo era todo…

La mañana había sido totalmente desastrosa para mí. Con todo lo que había estado pensando sobre Jake, no había podido pegar un ojo en toda la santa noche. Mis ojeras eran prominentes y mi piel se veía mucho más pálida que la normal. Intenté arreglarme para no estar tan mal para cuando viniera Jake, pero él no apareció.

Lo esperé a la mañana, lo esperé a la tarde y no había noticias suyas. Él había prometido venir a verme, cuando hacía una promesa siempre la cumplía.

Me preocupé y no tuve más opción que llamar a su casa para saber de Jake, en todo el día no había tenido noticias, porque sabía que si no vendría, me llamaría, pero no lo había hecho y yo estaba muy impaciente.

- Hola. – atendió una voz sumamente reconocida para mí.

- ¿Charlie? – pregunté aunque sabía que se trataba de mi abuelo.

- Oh, hola pequeña. Seguramente estarás buscando a Jacob, ¿verdad?

- Pues, sí. ¿Qué haces tú allí? ¿Estás de visita?

- No, precisamente. – respondió dudoso. – Ha ocurrido algo hoy, Renesmee.

En ese mismo instante un nudo en la garganta se formó en mi interior haciendo que mi respirar se dificultara. Lo primero que se me vino a la mente fue Jake, quizás le había pasado algo malo. Él mismo había dicho que estaba preocupado por ese vampiro que se la pasa ninguneando a los lobos como buscando algo de ellos. Intenté hablar pero no me salía la voz. – Tranquila, Jake está bien.

Suspiré aliviada.

- ¿Qué ha pasado?

- Uno de los chicos ha salido herido. Jake está con él en la casa de Emily. Yo estoy por aquí para hacerle compañía a Billy ya que Sue también está con los demás.

- ¿Quién fue? ¿Qué ocurrió?

- No lo sé, en realidad. – dijo y recordé que él prefería no meterse en temas demasiados fantasiosos.

- Bien. Luego hablaremos, abuelo. Me tengo que ir.

- De acuerdo, dale mucho cariño a tu madre de mi parte. Ya me haré un tiempo para ir a verlos.

- Está bien, le mandaré tu saludo. Adiós. – dije y colgué.

Me dirigí a mi armario y me vestí con algo más cómodo y salí disparada de mi habitación. Por el pasillo iba gritando mentalmente para que mi padre me esperara abajo ya que quería pedirle un favor.

- De ninguna manera. – me dijo una vez que llegué allí.

- Por favor, papá. Llegaré más rápido en auto que corriendo. Necesito ir a la casa de Em.

- ¿Qué ocurre aquí? – preguntó mi madre haciendo su entrada triunfal.

- Renesmee quiere ir a La Push y me está pidiendo prestado uno de los autos. – le informó.

- Es tarde, hija. Ya está oscureciendo. ¿Para qué quieres ir hasta casa de Emily? – me dijo ella.

- Ha ocurrido algo. Uno de los chicos ha resultado herido hoy. Seguramente de la manada de Jake pues él ha tenido que quedarse allí. Quiero ir a ver quién está mal. Quiero estar con Jacob.

- Justamente no irás. – dijo mi padre en tono monocorde.

- Oh, vamos, papá. No es momento para una de tus escenas de celos.

- No estoy celoso. Si alguien ha resultado herido, el estar fuera es peligroso. Mejor espera al perro aquí. No saldrás por esa puerta. No te dejaré.

- Mamá… - le rogué con la mirada tras la negativa de Edward.

- Lo siento, cariño. Estoy de acuerdo con tu padre. Algo anda mal en esos bosques, alguien ha herido a ese chico, no te pondré en peligro.

- ¡Sólo quiero ir a casa de Emily! – grité girándome para irme a la habitación. A la mierda el mensaje que me había dado Billy para ella.

Llegué arriba mientras caminaba inquieta de un lado a otro haciendo que mis manos parecieran un revoltijo de dedos, no podía dejar de moverlas nerviosas. Cualquiera pensaría que era absurda mi reacción, pero el hecho era que estaba sumamente encariñada con los chicos de La Push. Pensé en Seth, mi amigo quisquilloso y revoltoso. En Leah, que si bien en un principio nos llevábamos mal, el tiempo nos había hecho ser grandes amigas, al punto de contarnos secretos y cuchichear sobre chicos. En Embry, con su rostro tan hermoso y sereno, pero que sin embargo mostraba lo contrario con sus actos. Todos ellos eran importantes para mí. También se habían vuelto parte de mi familia. Necesitaba ir con ellos. El día que habían venido los Vulturis por mi culpa, ellos habían estado para mí, estaban dispuestos a luchar por mí así que ahora era mi turno. Quería demostrarles que yo también estaba en los buenos y en los malos momentos para ellos.

Abrí las puertas que daban al balcón luego de agarrar mi mochila y meter allí alguna cosas. No iba a desobedecer a Edward. Él había dicho que no podía salir por la puerta, pero no había hablado de las ventanas. Sonreí por dentro mientras comenzaba mi trote para hundirme en el bosque.


Qué les ha parecido?