HOLA! BUENO, NO SÉ SI HABRÁN LEÍDO EL CAPITULO ANTERIOR O NO LES HA GUSTADO. USTEDES NO DUDEN EN DECIRMELO.
AHORA MISMO ESTOY SUBIENDO UN NUEVO CAPITULO. ESPERO QUE LES GUSTE. DÍGANME QUÉ TAL LES HA PARECIDO. DEL ANTERIOR SÓLO HE RECIBIDO UN REVIEW POR LO QUE NO SÉ QUE SUCEDE. QUIZÁS NO HAYA NADIE INTERESADO REALMENTE EN ESTA HISTORIA, RECONOZCO QUE NO HE ESTADO CON MUCHA IMAGINACION ESTOS DÍAS. LES PIDO PERDÓN. PERO ENTIENDO QUE TAMBIÉN, QUIZÁS NO PUEDAN CONECTARSE POR EL MOMENTO, ME HA PASADO! ASI QUE NO PASA NADA!
PERO YA HE DICHO, HE RECIBIDO UN REVIEW, POR LO TANTO HAY ALGUIEN LEYENDO JAJAJA. Y ES SUFICIENTE PARA SEGUIR SUBIENDO!
BESOS ENORMES A TODOS MIS LECTORES.
KARI.
YO, QUILEUTE
CAPITULO 5 ~ HISTORIAS DE TERROR
Luego de esa última palabra, toda mi familia se dispersó alrededor de la casa. Observé que Emmett se dedicaba a mirar fútbol americano, Rosalie lo acompañaba mientras jugueteaba con su cabello como si nada. Jasper se había unido a mi padre donde luego se unió mi lobo. Seguramente estarían hablando de estrategias de batallas y esas cosas, no quise prestar mucha atención, pues si volvía a escuchar la palabra "luchar" juraría que estallaría.
Busqué a mi madre y la vi en un rincón mirándome con esos ojos dorados suyos, esos tan cálidos y maternales que me miraban desde siempre. Intenté sonreírle pero sólo me salió una mueca. De inmediato se acercó a mí y se sentó a mi lado.
- Sé cómo te sientes. – me dijo acariciando mi mejilla.
- Todo marchaba bien. Es decir, normal. Y ahora ocurre esto y yo no sé cómo actuar, no sé si podré sobrellevar todo esto con ligereza como lo hace el resto.
- No llevamos el asunto con ligereza. Sabemos que tú estás involucrada. Y Jake es mi mejor amigo. Son dos personas importantes para mí, tú más porque eres mi hija y quiero que todo salga bien para tú no sufras por nada.
- Jake también es mi mejor amigo. – pensé en voz alta, no estaba celosa ni nada, sólo que me pareció raro que madre e hija tuvieran a una misma persona por mejor amigo. Sabía que ellos lo eran desde siempre, por lo que no podía objetar nada, aunque no lo sintiera.
- Lo sé. Y también eres su imprimada. – la miré.
- ¿Qué significa eso entonces? – le pregunté justo antes de que se apareciera tía Alice.
- Nessie, mejor que te vayas a acostar. Mientras tú no estabas, ha llamado Mary para decirte que vendrá por ti para ir al instituto. Pero que vendrá antes porque quiere hacer unas compras. Déjame decirte que le he pedido permiso para ir yo también y ha aceptado. – festejó alegre.
- Genial. – dije con pocas ganas.
- Ah, Renesmee. – se metió mi padre que estaba escuchando la conversación, se nos unió seguido de mi tío y de Jake que se colocó a mi lado sin dudarlo. – Estás castigada.
- ¿Cuál es mi castigo? – pregunté cansada. El único castigo que tenía era estar pasando por esto de los Vulturis e imaginarme que Jacob podría no volver de aquella batalla.
- Por empezar, ya puedes ir llamándole a tu amiga porque no irás de compras a ningún lado. Segundo, te llevaré y te iré a buscar yo mismo cada día al instituto. – puse los ojos en blanco. – Si yo no puedo ir, irá cualquiera de tus tíos contigo. Tercero… - miró a Jacob y éste se puso duro. – No irás a La Push hasta nuevo aviso.
- Oye… - comenzaba a quejarse Jake.
- ¿Quieres que le prohíba verte también? – ambos nos quedamos callados. – Renesmee lo que has hecho hoy ha sido una inconsciencia. ¿Mira si te hacia lo mismo que a Sam?
- ¿De qué hablas? – lo frenó Jacob y luego me lanzó una mirada interrogativa.
- Iba a contártelo luego. – le dije bajando la mirada al suelo.
- ¿Qué…?
- Renesmee se ha encontrado con ese vampiro, Michael, hoy. – lo interrumpió mi padre. – Se ha puesto en peligro por desobedecerme.
- Nessie… ¿qué has hecho? ¿Estás loca? – me regañó Jake.
- Vale, ya dije que lo siento, ¿si? Sólo quería estar contigo. Quería saber quién había resultado herido. Sólo estaba preocupada.
- Cielo, no debiste… - dijo mi lobo acariciando mi mejilla, me estremecí hasta la punta de los pies. - ¿Has podido escapar?
- De hecho, la ha dejado escapar.
- Ya deja de meterte en mi cabeza, papá. – grité. – Estoy bien, Jake. ¿Me ves? Ahora sólo quiero irme a dormir. Estoy agotada y realmente, estresada.
- Nessie… - volvió a insistir preocupado.
- Por favor, Jake… sólo quiero un poco de… paz.
- De acuerdo, pero luego hablaremos del tema. Te dejo descansar. Iré a la casa de Emily a darle las noticias a Sam.
- ¿No te quedarás un rato conmigo? – le pregunté.
- No puede quedarse. – contestó mi padre por él.
- Edward… - empezó a hablar mi madre. – Creo que deberías dejar que charlaran sobre esto un rato y a solas.
- Pueden ir al despacho si así lo prefieren. – dijo éste.
- Edward, primero quítale el primer castigo a Nessie, déjala ir de compras conmigo y Mary. – moví mi cabeza para que mi padre dejara el castigo.
- Claro. – asintió mi padre a modo de castigo. ¡Maldición!
- Papá, por favor… necesito que Jake se quede conmigo hasta que me duerma. No podré pegar un ojo en toda la noche sino.
- Me portaré bien, Edward. – le dijo mi lobo.
- Vale, suban antes de que me arrepienta. Igual los estaré vigilando. – dijo señalándose la cabeza.
Sonriente, tomé la mano de Jacob y subimos juntos a mi habitación.
Entré a mi vestidor y me puse el pijama mientras Jake me esperaba en el cuarto. Cuando salí lo vi de espaldas a mí, mirando por los ventanales que mostraban el cielo nocturno en todo su esplendor, rara vez se veían las estrellas en los paisajes de Forks. La luna brillaba muy en lo alto desparramando sus rayos de luz pura por todo el bosque, iluminándolo sin remedio. Y también iluminaban a mi lobo.
Se giró y lo vi tan precioso. Me miraba con ojos intensos y oscuros. Cómo me gustaban esos ojos. Siempre lograban atraparme, derrumbarme, convencerme de lo perfecto que era todo él.
- ¿Lista para un cuento? – sonrió.
- Claro. – le respondí caminando hasta mi cama, me metí bajo las sábanas y él me siguió sólo que se recostó por encima de las mismas. Bufé en mi interior.
Su brazo me envolvió alrededor y yo me giré para descansar mi cabeza sobre su pecho. Su mano se perdía una y otra vez por mi cabello haciendo que mis ojos se cerraran relajados.
- No sé qué cuento contarte. – dijo un poco angustiado.
- Sólo quédate hasta que me duerma. – le imploré levantando la cabeza para verlo mejor. Me volvió a sonreír y volví mi cabeza rendida hacia su cuerpo que subía y bajaba por los movimientos de sus pulmones.
Todo estaba demasiado calmo ahora. Podía escuchar el viento acariciar las hojas de los árboles, aquellos últimos chillidos de los pájaros anidando en sus nidos… Volví a levantar el rostro y me encontré con el de Jake tan pensativo. Miraba el cielo raso concentrado. Me pregunté qué pasaría por su mente en este momento. Seguramente la tenía perdida en esa batalla pronta a surgir, o en Sam, en si Emily podría con él sola, aunque a pesar de estar embarazada era una mujer muy fuerte. Tal vez pensaría en mí.
- Te quiero. – le susurré llamando su atención. Sus ojos brillaron sobre los míos. Su mano acarició mi mejilla y me acurrucó más a su lado.
- Yo también te quiero a ti, Nessie.
- ¿En qué piensas? – quise saber.
- En nada. Descansa tranquila, duerme. – y le hice caso. Mis párpados ya pesaban mucho y el armonioso sonido de su respiración no ayudaba demasiado.
Aquella noche había tenido pesadillas, y cómo para no tenerlas. Cada extremidad de mi cuerpo temía por mi familia, la manada y Jacob. ¿Por qué las cosas tenían que suceder de este modo? Yo sólo hubiese preferido estar preocupada por el nuevo sentimiento que sentía hacia mi mejor amigo, pensando en cómo poder ocultarlo, o sincerándome y arriesgándome a su mirada.
Pero no podía ser egoísta, en estos momentos tenía que dejar de lado lo que sea que sintiese por Jacob. Hasta quizás con el tiempo se iría. Quizás todo se debía al tiempo que compartíamos juntos, a nuestra manera de ser, a cómo nos complementábamos.
No lo sabía pero con dificultad había comenzado a recubrir esa mañana mi pequeño corazón, mejor sentir nada a que sentir todo y que para colmo ese "todo" se volviese negativo en nuestra relación.
Me aparté las sábanas de encima sin antes poder evitar llevarlas hasta mi olfato. Su olor estaba impregnado en cada hilo que conformaba la tela. De inmediato las saqué de la cama y las puse en el cesto de ropa para lavar. Tomé unos pantalones de jeans del vestidor y una blusa negra que era el color que mejor me quedaba a mi modo de ver las cosas. Me duché, me vestí, hice todo lo apropiado y bajé a desayunar.
Unas risas llamaron mi atención. Definitivamente Jake todavía no se había ido a patrullar, podría reconocer su sonrisa a kilómetros de distancia y ésta era tan contagiosa que mi labio ya se comenzaba a curvar hacia arriba a medida que bajaba las escaleras. Pero pronto se volvió una fina línea apagada, pues reconocí también la risa de Mary. Y no me había confundido, cuando llegué al salón estaba sentada en uno de los sofás con Jake a su lado, conversando como si se conociesen de toda la vida, sonreían y se lanzaban miradas. Jake jamás me había mirado de ese modo.
- ¿Qué haces aquí? – le pregunté de mala manera a mi amiga. Mi lobo se puso de pie como si hubiese hecho algo malo y estuviese a punto de dar explicaciones, pero no dejé que hablara. – Lo siento. ¿Cómo estás, Mary? – lo ignoré dándole la espalda.
- ¿No te has levantando de buenas hoy? – me preguntó despampanante. Se paró para saludarme y me quedé bajita a su lado. La miré y vi que llevaba tacos altos combinándolos con el color púrpura de su camiseta ajustada, y la falda corta no se quedaba detrás, la chica era toda una modelo de pasarela.
- ¿Dónde vas tan elegante? Para el instituto falta bastante y no creo que sea buena idea ir con esos tacones. – dije frunciendo el ceño, de reojo veía a Jake que se había sentado en el otro sillón y había encendido el televisor.
- Claro que no iré con esto al instituto. – me dijo con una sonrisa como si fuese lo más obvio. – Traigo en el auto unas sandalias para más tarde. Ahora… teníamos una cita.
- ¿Qué? – grité colérica sin razón alguna. - ¿Cuándo han quedado, Jacob? – el pobre me miró sin entender con el ceño realmente clavado sobre los ojos, que ya se estaban profundizando para hacerme hundir en ellos como ya era de costumbre. Quité la mirada.
- ¿Qué dices, Nessie? Tú y yo… teníamos una cita. ¿No te dijo Alice? Ayer he hablado con ella pues no te había encontrado ni siquiera por el móvil. ¿Dónde te habías metido?
Mi rostro era todo un tomate, bien rojo. Vi que mi amigo sonreía de costado, hacía eso cuando quería carcajearse y se aguantaba las ganas. ¿Por qué había pensado que ellos tenían una cita? ¿Además por qué esa cita sería tan temprano y por qué vendría ella a mi casa? Los celos que me habían atacado en ese momento no me habían dejado pensar con razón. Ahora había quedado en ridículo y de seguro eso sería un motivo para las bromas futuras de Jacob.
- Oh. Sí. Ahora lo recuerdo. – dije mirando la pantalla del televisor. Podía sentir la mirada de Mary encima de mí. Seguramente seguía sorprendida por mi reacción. – Mira, no creo que pueda ir. Tengo que adelantar algunas tareas, ¿sabes? Estoy un poco retrasada. – mentí.
- Oh vamos, no seas nerd. Acompáñame. Necesito mi nuevo vestuario, además tú también deberías comprarte algo de ropa. Tienes un vestidor enorme y lo cargas con cosas sin sentido, con el perdón de los atrevimientos te lo digo.
- Claro. Pero no. Puedes ir con Alice. Ella se muere por acompañarte.
- ¿De veras? Pero si sólo la he visto una sola vez. O ninguna creo.
- Ya lo verás. ¡Alice! – grité llamándola pero en respuesta hizo su aparición mi padre que sonreía satisfecho, algo se estaba tramando.
- Hola Edward. ¿Cómo estás? – lo saludó Mary, ya no había atisbo de encandilamiento en ella al verlo. Rogué porque Jacob no fuera la razón.
- Muy bien, ¿y tú, Mary? – la saludó él sonriéndome.
- Bien, bueno no tanto ahora. Nessie no quiere ir conmigo de compras. Quizás tú puedas conversarla.
- No creo que pueda convencerla. Para colmo Alice no está en casa. – dijo para mi sorpresa Edward. – Pero puede acompañarte Jacob a hacer las comprar, él siempre acompaña a Renesmee.
En ese momento, mi mirada se dirigió ipso facto al sillón donde estaba mi lobo mirando a mi padre con la boca abierta. Cambié de dirección y le lancé una mirada envenenada a mi progenitor.
- ¿Es cierto? – le preguntó mi amiga y luego miró a Jake. - ¿Tú podrías acompañarme? – noté en su voz un poco del nerviosismo que ella nunca tenía al hablar. Entonces supe que sí… que había dejado de babearse por mi padre para hacerlo por mi mejor amigo. No sé cuál de esas dos cosas era peor.
- ¿Yo? – preguntó él inocente poniéndose de pie. – Bueno, no creo…
- No puede. – respondí interrumpiéndolo. Mi padre sonrió de modo triunfador y lentamente se fue alejando para dejarnos a los tres en ese incómodo silencio. Nadie decía nada. Jake me miraba, Mary me miraba, yo los miraba a ambos. ¿Qué sucedía conmigo?
- ¿Y por qué dices que no puede? ¿No quieres compartirlo conmigo? – me preguntó simpática. Yo por mi parte estaba echando humo por los ojos, avivando más el fuego en ellos cuando miré a Jacob que sonreía complacido. Lo odié en ese instante, estaba disfrutando con aquello. Él mismo lo había dicho, que nunca había visto babearse a nadie por él, entonces ahora Mary se estaba recontra hundiendo en sus babas y yo estaba manifiestamente celosa. Definitivamente lo estaba disfrutando.
- No, bueno. Claro que pueden ir juntos a dónde sea. – intenté que mi voz sonara lo más calma posible. – Sólo que creí escuchar que tenías que ir hoy… a ver a Sam. – le dije a él. De inmediato su rostro se tornó serio.
- Tienes razón. Ahora mismo sólo estaba esperando a que despertaras para despedirme de ti. – me dijo aproximándose. Comencé a hiperventilar cuando acomodó uno de mis mechones sueltos de mi cabello recogido, deslizando su dedo hasta el roce de mi piel.
- ¿Sam? Un momento. ¿Despedir? Creí que habías llegado antes que yo. – interrumpió las miradas mi amiga. Le agradecí por dentro. - ¿Has dormido aquí?
- Sipi. – dijo él dirigiéndose hacia la puerta. – Nos vemos luego, Nessie. – se despidió sonriéndome, mis piernas parecieron temblar. – Adiós Mary.
- A… adiós. – dijo ésta un tanto asombrada. Cuando se cerró la puerta sus ojos se alojaron por completo en mi persona. - ¿Ha dormido aquí?
- Si, ya te lo ha dicho él. – le respondí desparramándome en el sofá y mirando la televisión que mi amigo había dejado encendida.
- ¿Ustedes… se acuestan?
- ¡¿Qué?! – grité irguiendo mi postura.
- Bueno, has dicho que ha dormido aquí y esas últimas miraditas que se echaron no me parecieron muy de amigos. Además…
- Calla. – la interrumpí. - ¿Aún quieres engancharme con Jacob? Creí que lo querías para ti. – dije sintiéndome mal por hablar de él como si fuese un objeto.
- Y es cierto. – se sentó a mi lado. – Para que yo empiece algo con él, debes serme sincera, Nessie. – ahora se había puesto realmente seria. Mis manos comenzaron a moverse incontenibles, de un lado a otro. - ¿Te pasa algo con Jake?
- ¿Y a ti?
- No me respondas con una pregunta. Somos amigas, puedes contarme estas cosas.
- Pues entonces te digo que no. – dije poniéndome de pie y comenzando a caminar impaciente frente a ella. – No me pasa nada con Jacob. Ya te he dicho que es como mi hermano, jamás podría verlo de otra manera. Eso no ocurrirá jamás. – si seré mentirosa. – Puedes lanzarte a él a como se te dé la gana, Mary. Ahora anda, levántate y vámonos, ya me he puesto cabreada.
- Creí que desde un principio habías estado de ese modo. – dijo haciéndome caso.
Subí a mi habitación, me pegué un último vistazo en el espejo, agarré mi mochila y bajé para salir de la mansión con Mary. Rendida, pues no quería que siguiera haciéndome preguntas absurdas.
Pero antes de subir a su auto, me frenó en seco.
- Ya sé que no lo conozco muy bien. Hoy he hablado con él por primera vez y… provoca en mí algo que nadie pudo jamás. – estaba nerviosa mirando sus pies. – Si soy insistente en mis preguntas, es porque desde un principio me sentí atrapada. Tiene esos ojos… ¡Cielos! Son tan profundos. Mira, de sólo recordarlo, se me eriza la piel. – dijo extendiendo el brazo para que lo viera. Ella se sentía como yo cuando él me miraba.
- Mary…
- Espera. – tomó aire. – Sé que piensas que es un capricho más, y que reaccionas así porque es tu mejor amigo y no quieres que nadie le haga daño. ¿Es eso verdad? – cuando le iba a responder, siguió hablando. – Pero debo decirte que él puede hacerme más daño a mí. No le intereso. Es el primer chico al que no le gusto a primera vista…
- ¿Es por eso, entonces? ¿Es porque te trata distinto? – quise saber, mi voz no era la más amable que digamos.
- Sí, y porque él es distinto, más allá de que tiene un cuerpo de puta madre. Es la primera vez que eso pasa a un segundo plano.
- Mary, tú lo has dicho. Has hablado con él una sola vez. ¿Qué tanto te puede atraer de esa manera?
- Nessie, no lo protejas de mí. Si él me acepta, lo único que haré será quererlo.
Me puse nerviosa de repente. No me gustaba esta Mary, no que se mostrase así por Jake. Jake era… mi Jake. "Si me acepta…", repetí internamente sus palabras.
- Mejor vámonos. – dijo al no obtener respuestas, y su rostro volvió a ser el mismo de siempre, ya no tenían las matices sonrosadas de hacia un momento. Me subí al auto y emprendimos viaje hacia la carretera.
No puedo describir lo mucho que me aburrí haciendo las compras con mi amiga. En la entrada de mi casa, había aparecido alguien que creía imposible ver en ella, pero ahora había sido como si nunca lo hubiese demostrado. Es más, durante el tiempo que estuvimos de compras, me pareció ver a alguien inhumanamente superficial. Se la había pasado desfilando delante del espejo y hablando de lo bien que tenía el cuerpo. No es que fuera mentira, pero ella era incapaz de guardarse un poco de egocentrismo para sí misma.
Se habría probado, al menos, diez pares de vestidos, de los cuales escogió cinco para llevarse. Todos le quedaban alucinantes, ciertamente. Me pregunté para qué quería tantos vestidos.
- Anda, pruébate este. Te quedará estupendo. No es que tengas las curvas que yo, pero eres realmente atractiva. – había dicho tendiéndome un vestido azul eléctrico bastante corto. Me negué en rotundo. No me imaginaba con algo así sobre mi cuerpo. Si bien, Rosalie y Alice siempre insistían en que fuera más femenina, no me salía. Me gustaba ser más normal, no me gustaba llamar la atención.
De camino al instituto, mis oídos parecían querer sangrar de lo mucho que estaba hablando Mary. Por primera había deseado estar en alguna clase del señor Duran.
Infortunadamente, el día duró demasiado. Ya no encontraba en qué posición ponerme, me sentía incómoda. Realmente anhelaba lanzarme del pupitre y correr a velocidad vampírica por los pasillos hasta salir y adentrarme en el bosque. Estaba un poco sedienta, para colmo.
Para cuando sonó el último timbre que indicaba la salida, casi corrí hasta la entrada rogando no cruzarme con Mary, no era de mala pero sentía que ya había tenido suficiente de ella por hoy.
Reconocí el auto de mi padre a lo lejos. Recordé que estaba castigada y bufé. Él me miraba con preocupación, de seguro estaba leyendo en mi mente y había notado lo agotada que estaba. Y realmente mi humor no era el mejor, así que mientras caminaba hacia él, le había pedido que no me hiciera preguntas, ni reproches, ni nada porque sólo "faltaba la última gota para derramar el vaso".
Me subí al auto, observando como todos me miraban. Bueno, en realidad, miraban el despampanante auto de Edward, quien sonreí orgullo y lanzaba miradas indiferentes.
- Hola. – saludé de mala gana.
- Parece que te la has pasado de maravillas con Mary esta mañana. – no hizo falta responderle, con la mirada que le había lanzado había bastado para que reinara el silencio.
Cuando llegamos, antes de entrar miré el cielo en el momento exacto en que el cielo se rasgaba en dos para mostrar un rayo. Temblé. ¿Qué clase de semi vampiro le temía a las tormentas? Además, siempre había tormentas de éstas en Forks. Realmente siempre había sido ridícula. Nahuel me dijo que era especial.
Nahuel.
Ya le echaba de menos, hacía unos días que no me podía comunicar con él, pero me había dejado dicho que estaría de caza con sus hermanas en mitad de la selva dónde probablemente no llegaba la señal. Resoplé.
Al entrar, mi abuelo estaba en la sala esperando por nosotros. Mis tíos iban llegando de a poco y se iban sentando alrededor de Carlisle. Entonces me di cuenta que quizás la mirada preocupada de mi padre no era por mis pensamientos, sino por lo que ahora nos estaban por contar. Él me sonrió con una mueca vacía cuando terminó de leer la última línea en mi mente.
- ¿Qué sucede? – pregunté en general.
- Hola querida. ¿Cómo ha ido el instituto hoy? – me preguntó mi abuela con la dulzura tatuada en su rostro.
- Mejor ni hablar. – le dije con una mueca. No volvió a preguntar. Me di cuenta de que mamá no estaba. Era extraño puesto que nunca se despegaba de mi padre.
- Tu madre ha ido a ver a Charlie. Luego te lo explicará todo. – me dijo él antes de que formulara la pregunta en voz alta. Aun así no estaba tranquila, en su voz había algo de nerviosismo, no sabía si sería por el asunto de mi Bella o por lo que estaba por decir mi abuelo.
- Bueno. – comenzó a hablar éste. – Eleazar me ha contado un poco sobre el don de Michael, y también un poco de su historia con los Vulturis. – me senté en el sofá comenzando a aturdirme con sólo escuchar ese nombre. – Este vampiro tiene un don muy poderoso, como ya lo han comprobado nuestros amigos de La Push en ese… encuentro que han tenido. También tú, Nessie. Edward me ha contado lo que ha pasado en el bosque. Él tiene el don del miedo. Entra en la mente de las personas y lo activa haciendo que éste sea tan intenso a tal punto de poder paralizar a alguien. Lo creó Cayo, hace algunas décadas cuando se encontraba en plan de exterminar a los licántropos. Le fue muy útil, a decir verdad. Todo a pesar de que no lograran llevar a cabo su plan definitivamente. – tragué saliva audiblemente. – Eleazar me contó que hubo un tiempo en que Michael se desligó de los Vulturis, haciendo enfurecer sobre todo a su Creador, quien se sintió decepcionado. Parecía haberlo olvidado hasta que hizo exactamente lo mismo que hizo Aro con Marco.
- Cayo no me cae nada bien. Siempre tiene esa mirada ácida que me hela la sangre, claro, si la tuviese. – acotó Emmett.
- ¿Qué es lo que hizo Aro con Marco? – pregunté.
- Asesinó a su esposa. Dídima, era su nombre. Una mujer muy culta. – contó Carlisle con la mirada perdida en el tiempo.
- ¿Tú la conociste? – quise saber.
- No, mi niña. Ellos son más antiguos que yo. Pero conozco bien la historia, recuerda que yo fui parte de ellos en algún momento. – hizo una pausa. – Todos sabemos lo que ocurrió, menos Marco. Aunque en el fondo…
- ¿Por qué Aro hizo eso? Es… tan… horrible. – inquirí tomándome el pecho intentando entender, comprender cómo se había formado lo que hoy, son los reyes de todos los vampiros. Sabía que jamás lo comprendería del todo.
- Nessie… - me llamó mi padre, quién jamás me llamaba por el mote que me había puesto mi lobo, pero sabía que me calmaba pues me sentía cerca de Jake de ese modo. – Te contaré brevemente porque es que admiro, en cierto modo, a Marco. – enarqué una ceja, confusa por la estupidez que estaba diciendo mi padre. ¿Cómo alguien podría admirar a un miembro de los Vulturis? – Lo admiro porque es el más culto de los tres y ha pasado por cosas horribles hasta el punto de seguir hasta el día de hoy, manipulado por Aro. Todos sabemos que él es quien mueve los hilos en Volterra. Dídima era su hermana biológica y poseía el don de hacer felices a las personas. Estaba profundamente enamorada de Marco, fue por eso que su propio hermano la mató. – me llevé sorprendida una mano en la boca, no cabía en mi cabeza cómo podría alguien matar a una persona de tu misma sangre y sólo por ese motivo, por amar. – Marco siempre fue importante entre ellos, pues ya sabes que posee el don de percibir los sentimientos y las relaciones entre las personas, es un arma muy útil en las batallas pues con su ayuda logran siempre debilitar a su enemigo. Aro creyó que su hermana estaba interfiriendo, pues Marco era feliz a su lado, creyó que lo debilitaba a la hora de realizar juicios. Los Vulturis son muy fríos. – me aclaró algo de lo que yo ya estaba enterada. – La muerte de su esposa lo marcó para siempre, volviéndolo un tipo amargado y sin expectativas. Entonces Aro volvió a actuar utilizando a Chelsea, creadora de lazos artificiales, pidiéndole que lo animara respecto a su lealtad con los Vulturis. Como dijo Carlisle, Marco nunca supo a ciencia cierta que fue Aro quien mató a su esposa, pero lo sospecha. Lo vi en su mente, a pesar de las interferencias de Chelsea. Muy en el fondo, es el que mejores sentimientos tiene, pues la única razón por buscar lazos en las personas, es la de recordar a su amada, con la que alguna vez iba a huir de Volterra y crear un clan como el nuestro.
Me quedé shockeada. Sentía mi estómago revolverse tras escuchar aquella terrible historia. Aro había sido tan cruel con Marco. No es que lo defendiese, porque seguía formando parte de ellos, pero sentí mucha pena, tristeza por su infelicidad. Era algo que era indeseable para cualquiera, el sentirse solo, bajo las cuerdas controladas por una mente fría, sin sentimientos.
- Entonces… Cayo hizo lo mismo, dices. – le hablé a mi abuelo, que me miraba, a pesar de todo, muy sereno.
- Sí. Cayo es igual o peor de frío que Aro. Por eso es su mano derecha, es bastante sádico y le gusta usar a menudo la violencia. – puse cara de asco. – Michael tenía una esposa y él la mató delante de sus propios ojos. Disfruta manchándose las manos con sangre inocente.
- ¡Qué horror! ¿Y es a ellos a quienes hacemos caso? – solté indignada.
- Son los más antiguos, no tenemos otra alternativa. Aunque sean crueles, y estén llenos de defectos, lograron mantener en cierto modo, el orden entre los vampiros. Por sus leyes, aquellos que se muestren ante humanos, mueren. Esto ha frenado los ataques y así han resurgido clanes como el nuestro también. – me explicó mi padre.
- Sigo sin tolerarlo. Me da asco, papá. Manipulan a todos. Mira lo que le han hecho a Marco, a este Michael. Nos lo pueden hacer a nosotros, a cualquiera de nuestros seres queridos. – lancé una mirada hacia toda mi familia.
- Lo sé, pero no lo harán. Sólo si lo ven justo. – bufé.
- ¿Por qué Michael ha aceptado trabajar para ellos entonces? Cayo mató a su esposa enfrente de sus narices. – casi grité. - ¿Por qué ha aceptado?
- Es su Creador. Y obviamente está controlado por Chelsea también. No lo sé con seguridad, no he podido leer su mente.
- ¿Qué busca? ¿Todo esto es idea de Cayo? – pregunté.
- Probablemente. No lo sabemos con exactitud. – dijo mi abuelo. – Sólo sabemos que pronto volverá. Es el encargado de llevar la respuesta y puesto que es negativa, vendrán a por los lobos a la fuerza.
En ese mismo momento, un ruido se escuchó en la entrada. Era mi hermoso lobo que hacía su entrada triunfal como si nada estuviese ocurriendo. Sin dudarlo, me lancé a él con el corazón encogido por las últimas palabras que había dicho mi abuelo. Me abrazó, al principio sin preguntar. Yo no quería, no debía desprenderme de él. Al sentir su calor, todo el mal momento que había pasado anteriormente, se iba aplacando. Su pecho desnudo emanaba calidez a borbotones y podía sentir su corazón latir con prisa. Me pregunté si era así por mi abrazo o tan sólo porque venía corriendo a gran velocidad.
- ¿Qué sucede, mi Nessie? – me preguntó al oído, haciéndome sentir su aliento dulce muy cerca. La piel ya se me había erizado completamente, desde la cabeza a la punta de los pies. – Estás tan tensa. – dijo luego.
Sentí a Rosalie carraspear por detrás, pero no quité mis brazos de alrededor de Jake, podía sentir cómo lo apretaba cada vez más y él no se quejaba. Aunque luego de unos segundos largos más, fue él quien me alejó para mirarme a los ojos.
- ¿Qué ocurre?
- Noticias. – habló Emmett. – E historias de terror.
- No me interesan las historias. Sólo díganme qué está pasando. – soltó acercándose a grandes zancadas llevándome consigo de la mano. No iba a soltarlo nunca.
- Mi amigo me ha hablado de Michael, y me ha contado que tiene un don poderoso. El miedo. Es tan potente al punto de llegar a paralizar a una persona. Por eso Leah actúo de esa manera, y también Shubael. A ti te pasó lo mismo, sólo que no le diste mucha importancia al miedo. Aún así su poder te llegó. – le contó mi abuelo.
- ¿Qué hay del otro? – Jake estaba serio.
- Eleazar me ha contado que los Vulturis han adquirido un nuevo integrante, el cual tiene el don de camuflarse. No es que se vuelve invisible. Él está, sólo que ocultándose.
- Menudo cobarde. – dijo Jake.
- ¿Por qué ven a los vampiros como si fuesen objetos? Pareciera que sólo se interesan por los poderes que conlleven dentro. – escupí con desagrado.
- Lo hacen. Ningún miembro de ellos es carente de algún don. Excepto por Cayo, claro. Por eso siempre está enojado, no se siente interesante. Pero ya te he dicho, al no tener una habilidad, lo gana en violencia. Él tiene nulas consideraciones cuando alguien rompe las reglas o comete un error, es el más despiadado de los tres.
- Qué asco. Pues me cargaré a ese Cayo o como sea que se llame. – dijo Jake enojado.
- No creo que puedas llegar a él. Es muy inteligente. – le advirtió mi abuelo.
- ¿Me está diciendo que soy corto de mente, Doc?
- Oh, no. – sonrió Carlisle tímido. – No quise decir eso, lo siento.
- Lo que mi padre ha querido decir, es que están muy bien protegidos, recuerda que sus armas más valiosas son los dones que tienes sus súbditos. Y no son cualquier cosa. ¿Recuerdas a Jane? – era mi padre.
- ¿La pequeña que miraba frustrada a Bella?
- Sí. Ella podría matarte con sólo una mirada, Jacob. Y como ella, hay bastantes vampiros más con dones realmente interesantes.
- Menuda mierda. – se desplomó en el sofá llevándome consigo. Caí sobre sus rodillas, él ni siquiera lo notó. Sólo noté cómo se estremecía cuando pasé uno de mis brazos por su cuello para apegarme más a él. Me sonrió resplandecientemente. Sus sonrisas serían por siempre la mejor manera de sostenerme.
- ¿Qué haremos? – pregunté cuando pude desprenderme de la mirada de Jake.
- Jasper nos entrenará. Junto con Carlisle. – dijo mi padre.
- ¡Genial! – festejé.
- Tú no. – interrumpió mis festejos, Jake.
- Anda, lobito. Déjame entrenarme a mí también… Por fi, por fi, por fi.
- He dicho que no, Renesmee. No quiero verte en aquella batalla. ¿Me escuchaste? Y no me pongas esas caras.
- Jake…
- Jacob tiene razón. Lo mejor será que tú te mantengas al margen de esto. – lo acompañó mi padre.
Bufé.
Besos a mis amigas/os lectores
