TANTO TIEMPO SIN LEERNOS. LAMENTO SI LOS DECEPCIONÉ CON MI TARDANZA, SURGIERON MUCHAS COSAS ESTOS MESES NO MUY AGRADABLES. Y AHORA ESTOY EN LA UNIVERSIDAD Y ESO REQUIERE TIEMPO Y RESPONSABILIDAD. COMO TAMBIÉN LO TIENEN MIS HISTORIAS, POR ESO ES QUE NO HE ABANDONADO.
LAMENTO MUCHO SI YA NO ME QUIEREN SEGUIR LEYENDO O SI YA NO LES AGRADA COMO ESCRIBO. DE IGUAL MANERA SUBIRÉ LOS CAPÍTULOS CUANDO ME SEA POSIBLE.
CUÉNTENME SI AÚN ME SIGUEN Y QUÉ TAL LES HA PARECIDO TODO ESTO.
YO, QUILEUTE
CAPITULO 6 ~ LLEGADA
Luego de seguir hablando del tema por un buen rato, mi familia se dispersó por toda la casa, como ya era costumbre, dejándonos a Jake y a mí sentados en el sofá. Bueno, él estaba sentado en él, yo sólo sobre sus piernas.
No quería moverme, ni hablar, ni siquiera respirar audiblemente para que no me apartara de su lado, o para que no viniese mi padre y pusiera el grito en el cielo. Parecía una estatua, tan estupefacta sobre su cálido cuerpo. Desvié mi mirada hacia su torso, recordé que no llevaba nada encima y me estremecí aún más. Subí la mirada y sus ojos me estaban mirando fijamente, en este instante quise que me tragara la tierra. Mis mejillas se tornaron de todos los colores, me había descubierto anonadada en su pecho. Lo mío ya no tenía perdón. Primero, aquella mañana gritando como una loca por los celos, luego ahora esto.
- ¿Encuentras algo interesante? – me preguntó con una sonrisa ancha. Quise apartarme pero mi mano que lo sujetaba por el cuello no hizo ademán de hacerme caso. Si antes mis mejillas eran rojas, ahora ardían.
- ¿Qué… qué dices? – tartamudeé poniendo todo el esfuerzo sobre mi persona para ponerme de pie.
- Tranquila, nena. No pasa nada. – me dijo levantándose y poniéndose muy cerca de mí. Aquello era peligroso. Muy peligroso.
Elevó su mano hasta mi mejilla enardecida y cuando lo miré fijamente, él ya no sonreía, estaba serio. Pero no serio enojado, sino serio concentrado. Concentrado en mis ojos, concentrado hipnotizándome irrevocablemente. Me pregunté qué miraba cuando se quedaba así conmigo. Tal vez lo mismo que cuando miraba a Mary, o sólo como a una amiga.
Mi mano se alojó suavemente en su cintura desnuda, de pronto ya no había ruidos a nuestro alrededor. Si mis tíos o mis abuelos, o incluso mi padre estaban cerca, no los notaba. Sólo a Jake frente a mí, tan cerca que podía respirar el aire que expulsaba fuera de sus pulmones. Su aliento era tan dulce, su efluvio era inigualable. Le sonreí nerviosa e hice el intento de agachar la mirada pero él no me dejó. Su mano estaba sosteniendo mi mentón para que no apartara mi vista de él. No me resistí mucho. Era lo que más me gustaba, mirarle.
- No te pongas nerviosa. – me susurró ruborizándome. Mi pulgar, de inmediato, empezó a hacer círculos sobre su piel cobriza, a modo de caricias, sólo que algo torpes. Me sonrió. – Eres tan hermosa.
En ese momento, nadie más que él podría haber aparecido: mi padre.
- ¿Interrumpo algo? – preguntó con cara de pocos amigos. Jake soltó el aire notoriamente y le dedicó una mirada revoltosa mientras se alejaba de mí como si le costase hacerlo. Seguramente eran alucinaciones mías.
- No, que va. – le contestó luego.
- Mejor. Cariño, ¿podríamos hablar un momento? – me dijo colocando un brazo detrás de mi espalda para que comenzara a caminar hacia las escaleras. Seguramente nos dirigíamos a su despacho. Pegué media vuelta con la cabeza para ver la expresión de mi amigo, pero él sólo me estaba sonriendo a medida que su cuerpo se dispersaba sobre el sofá dónde anteriormente habíamos estado tan juntos.
Me había dicho hermosa. Mi corazón había comenzado a latir con fuerzas, parecía querer salírseme por cualquier lugar. La sangre corría por mis venas precipitadamente y la ansiedad que me había agarrado sirvió nada más para que la garganta me comenzase a arder. Tocí un poco.
- Luego de que te cuente lo que te tengo que contar, podrás ir de caza. - ¡Maldición y diez mil veces maldición! Mientras yo me quedaba embobada con mi mejor amigo, mi padre se estaba encargando de leerme fructuosamente la mente. Me enrojecí nuevamente, realmente lo de Jake, me lo habría querido guardar sólo para mí. Lo consideraba sumamente íntimo, además de que también no era un sentimiento seguro. Agaché la mirada mientras mis pies seguían caminando hasta llegar al despacho.
- ¿Y bien? – dije con voz queda.
- Tu madre ha ido a ver a Charlie puesto que Sue… bueno. Le ha propuesto matrimonio.
- ¡¿Qué?! – dije atónita. No era que me cayera mal la noticia. Es que era muy extraño. Por empezar Charlie casándose y de smoking aunque mamá me había dicho que se había puesto uno también para su casamiento. Luego me pareció extraño que fuera Sue la que se lo propusiese. Luego de pensar en estas cosas estúpidas, sonreí contenta. - ¡Es… genial!
- Sí, lo es. – sonrió mi perfecto padre. – Sue estaba ansiosa por querer volver a hacerlo, y Charlie aceptó porque la ama.
- Wow, es increíble. ¿Entonces por qué tenías esa cara de preocupado anteriormente?
- Pues porque a Bella casi le agarra un repelús, sólo estaba recordando su reacción. No es que no le agrade Sue, la adora, pero las bodas la ponen nerviosa.
- Ah, me te lo tenía que haber imaginado. – reí. – Espera. Dime que la ausencia de Alice esta mañana no ha tenido que ver con eso.
- Claro que ha tenido que ver con esto. Pero la pobre se llevó una gran desilusión.
- ¿Por qué? – quise saber.
- Porque la boda será en la reserva y bueno… nosotros…
- ¿No podrán ir? ¿Mamá tampoco? – la sonrisa que tenía en el rostro, fue desapareciendo. Sentí tristeza por la situación. Mi madre adoraba con toda su alma a Charlie y en un momento tan importante para él, ella no iba a poder estar. Ya la estaba visualizando a través de mis retinas, en alguna esquina de la casa, llorando lágrimas invisibles y añorando viejos momentos. Era tan delicada y sensible, mi pobre madre luchadora. Nunca iba a dejar de agradecerle que dejara todo por mí. En algún punto me sentí culpable por esto.
- No es tu culpa. Si tú… si tú no hubieses existido, ella se habría transformado de igual modo. Al casarnos, hemos elegido estar juntos para siempre, toda la eternidad. Y eso fue antes de tu llegada. Ella ya estaba dispuesta a dejarlo todo. Es más, no hubiese podido ver a Charlie ya nunca más desde la boda, sino hubiese sido por tu mascota. – medio sonrió para hacerme saber que estaba de broma con respecto a lo de "tu mascota".
- Ya, esa me la sé. – añadí. - ¿Y no se puede hacer nada? ¿Jake lo sabe?
- No lo sabe. Pero no creo que él esté al alcance de poder hacer algo.
- ¿Mi Jake? – pregunté orgullosa. – Es el sucesor de Ephraim Black. Ya verás que podrá hacer algo.
- Ya. – sentí que iba a decir algo, pero al final decidió guardárselo.
- ¿Puedo ir a cazar?
- Puedes. Ve con tu perro.
- Papá, no le llames así. – le dije de buena manera con una de mis sonrisas compradoras.
- Ve. – hizo caso omiso a mi reproche. – Y procuren no tardar tanto.
Me di la vuelta y bajé corriendo las escaleras para llegar de prisa a Jake. Pero cuando estuve en el sofá lo vi dormido. Mi Jake. Parecía pequeño, sus facciones ya no mostraban preocupación ni cansancio, estaba totalmente relajado. No pude evitar mirarlo con ternura. Llevé mis dedos a su cabello ligeramente enmarañado, luego acaricié su rostro tan suave y cálido. Su cuerpo casi no cabía en aquel lugar, estaba medio doblado pero no parecía incomodarse. Era tan enorme, tan hermoso… tanto que me lastimaba verlo. Bajé mi mirada, quemaba mirarlo.
Lo dejé descansar, no iba a despertarlo, por supuesto. Salí apresurada para que nadie me escuchase, pues no me dejarían salir sola. No después de saber que otros vampiros rondaban nuestros bosques.
Corrí, el aire pegaba en mi cara refrescando mi piel caliente. Corrí, las hojas crujían bajo mis pies y las ramas se rompían por mis pisadas. Corrí, me adentré en el bosque y luego me detuve. Respiré profundo, caminé sobre el silencio. Y en un solo movimiento me moví veloz con los colmillos rosando mi labio inferior. La adrenalina ya recorría mi organismo, y la sed me movía hacia dónde los corazones latían vivaces y fuertes. En pocos minutos tenía bajo mis pies a un enorme alce intentando liberarse de mi cuerpo, pero yo era más fuerte… y estaba hambrienta.
Cuando terminé limpié mi boca y suspiré al aire. El sol ya estaba escondido, al menos de la altura de los árboles. Pero no existía la oscuridad para mis ojos, incluso aunque no hubiese luces alrededor, siempre existían destellos. Esta vez no corrí, estaba satisfecha y como siempre ocurría luego de cazar, la vuelta se volvía pesada.
Mientras mis pies se movían, mi mente no dudó en divagar en antiguos recuerdos. Mi primera caza, en la que Jake estuvo a mi lado junto a mi madre. Tenía mis miedos correspondientes y sabía con certeza que la sangre animal no me sabría de igual modo que la sangre humana que me suministraba Carlisle. Pero me habían sometido a una larga charla en la que me explicaron que eso no estaba del todo bien y que debía alimentarme como lo hacían todos los miembros de la familia. Mi lobo le había preguntado a mi abuelo si yo podría resistir sin alimentarme de ese modo y la respuesta obviamente fue negativa, por lo que, con cara descompuesta, se limitó a callar. Al principio no entendía que a él le resultaba repulsivo ver beber sangre a un vampiro, tan solo con verla u olerla le resultaba horrible. Sin embargo siempre me había acompañado. Hasta se había comenzado a alimentar junto a mí, y a mí me encantaba verlo devorarse animales enteros. A veces, él me cazaba una presa enorme para que me alimentase y luego él se comía la carne. El bosque estaba cargado de esos primeros recuerdos. Hasta podía visualizar a mi lobo corriendo conmigo encima por las oscuridades de los árboles. Bufé. Todavía quedaba un trecho más para llegar.
Mis ojos vislumbraron detrás de los párpados la enorme figura de mi amigo, estaba sonriendo. ¿Por qué siempre me acordaba de él y lo echaba de menos a pesar de que tan sólo lo había visto unos minutos atrás? "Te quiero", le lancé al viento a través de mis pensamientos. Mientras mis piernas seguían su camino pensaba en cómo habían evolucionado mis sentimientos hacia él.
Al principio, mi padre me hacía llamarlo "tío" pero nunca me había sentido cómoda con eso y él tampoco pues la primera vez que se lo dije, sus ojos se abrieron grandes de la sorpresa y entonces entendí que jamás iba a funcionar eso de tío y sobrina. Fue cuando lo empecé a ver como mi amigo, tanto como a un hermano. Mi mejor amigo. Siempre jugaba conmigo y me consentía en todos los aspectos. Mamá se enojaba porque decía que me malcriaba pero él siempre sonreía y a mí me encantaba cuando lo hacía, por lo que jamás dejó de consentirme, hasta el día de hoy. Sé que si le pidiera una casa, él mismo la construiría para mí. "Te quiero tanto, ojalá pudieras comprenderlo".
Y ahora, no estaba segura de si seguía viéndolo como a un amigo, como a un hermano estaba claramente que no. Sería asqueroso.
Me dispersé cuando sentí las hojas crujir detrás de mí. Me detuve en seco y adopté rápidamente una postura defensiva. Lo primero que se me cruzó por la cabeza fue que detrás de mí tenía a ese tal Michael, pero de ser así, me sorprendía que no hubiera utilizado aún su poder mental en mi contra. Comencé a girarme lentamente con los colmillos desenfundados. Pero en cuanto vi de quién se trataba mis músculos se relajaron y una sonrisa ya se dibujaba en mis labios. Corrí sin dudarlo y lo abracé tan fuerte como pude.
- ¡Nahuel! – chillé en su oído.
- Vaya, sí que me has echado de menos. Procuraré irme más seguido para que tengamos reencuentros de estos. – dijo apartándome con una sonrisa.
- ¿Cuándo has llegado? – casi gritaba de la emoción.
- Estoy llegando ahora. – rió. - ¿Qué haces sola por aquí? ¿Dónde está tu perro guardián?
- Duerme. ¡Oye! No le digas así. – lo golpeé jugando sobre el hombro.
- Como tú digas. Ven, vámonos de aquí. – me dijo pasando su brazo por mis hombros y comenzando a caminar hacia la mansión. – No me has dicho qué es lo que estabas haciendo por aquí.
- ¿Y qué crees? Estaba cazando, estaba un poco hambrienta.
- ¿Pero por qué sola? Me he comunicado esta mañana con Carlisle y me ha dicho que anda un Vulturis por aquí. Tienes que tener más cuidado.
- Y lo tengo, sólo estaba comiendo. – objeté. – No empieces tú ahora con esto.
- ¿Con qué?
- Con esto de protegerme. No me es cómodo. No soy una niña.
- Eso no tiene nada que ver. Estoy preocupado por todos aquí. Estoy al tanto de todo, Renesmee. Y no quiero que ninguno salga herido.
- ¿Jake?
- Ni siquiera el perro ese. Sé que estás muy encariñada con la mascota de la familia. – volví a golpearle sólo que esta vez más fuerte, pero no pareció dolerle pues sólo lanzó una carcajada.
- ¿Cómo te ha ido? – quise empezar a saber acerca de su viaje.
- Luego te digo. Mira, alguien te está esperando al parecer. – dijo señalándome con la cabeza hacia el frente. No me había dado cuenta de que ya estábamos llegando. Por la puerta salía caminando velozmente mi lobo, que miraba a Nahuel como si fuese un desconocido.
Luego me miró a mí y me miró como si estuviese ofendido conmigo. Bufé. Estos reencuentros así, eran los que menos me gustaban.
- ¿Por qué no me has avisado para ir a cazar juntos? – me preguntó una vez que lo tuve frente a mí. Frunció el ceño cuando vio el brazo de Nahuel sobre mis hombros, me aparté lentamente.
- No quería molestarte. Estabas dormido.
- Hola Jacob. – lo saludó mi amigo con una sonrisa de suficiencia. Jake no pareció notarlo.
- Me hubieras despertado. ¿Mira si estaba allí la rata vieja esa? Yo no hubiera estado para poder protegerte.
- Tranquilo… - le susurré dando un paso hacia su lugar, mi mano se alojó sobre su pecho y se quedó pegada allí sin querer apartarse. Levanté la mirada y sus ojos ya estaban empezando a hacer de las suyas.
- Nessie… la próxima avísame, por favor. – habló ahora dulcemente.
Nos quedamos mirando por unos largos segundos, siempre me era tan dificultoso apartar la vista de él. Tampoco lo quería hacer, cada vez me sentía menos incómoda haciéndolo. Me pregunté qué se le cruzaría por la mente cuando me miraba de ese modo tan intenso.
- Ejem… - carraspeó Nahuel haciendo que mi mano volviera a mi cuerpo ipso facto. – Es un placer volver a verte, Jacob Black.
- Si, sí. – le respondió de mala forma él.
BESOS AMIGOS/AS LECTORAS!
