YO, QUILEUTE
CAPITULO 7 ~ADIOS BARRERAS
Juntos volvimos a la casa donde todos recibieron al recién llegado muy contentos, con abrazos incluidos. Alice lo incitó a sentarse en el centro del sofá y le había empezado a hacer infinidades de preguntas. Si cómo estaba el clima en Sudamérica, que si había muchas tiendas de moda top allí, qué tal estaban sus hermanas, su tía Huilén. Ni siquiera lo dejaba responder. Lo compadecí. Pero mis ojos no se entretuvieron mucho en aquel espectáculo. Buscaron irremediablemente al muchacho de piel cobriza y cálida, que desprendía un aroma encantador y que era el portador de las sonrisas más hermosas que había conocido. Estaba de pie en la entrada hablando con mi madre, que había llegado por fin de lo de Charlie.
Los observé a los dos, y hablaban como si se conociesen desde siempre. Y es que así lo era. Mi madre reía y se complementaba de maravilla a las acotaciones que hacía su amigo, raras veces veía sonreír de aquella manera a Bella, cuando no lo hacía con mi padre.
- Se entienden demasiado para mi agrado. – dijo éste apareciéndose a mi lado. - ¿No vienes a escuchar sobre las vacaciones de Nahuel?
- Sí… - dudé. - Es que quiero hablar con Jacob antes.
- Pero ahora está hablando con tu madre sobre la boda de Charlie.
- Yo no veo que estén hablando de algo serio, pues sólo se ríen. – lancé de un modo extraño, no era que estaba celosa… ¿o sí? Era patético estarlo.
En ese momento, Jake se percató de mi mirada y dejó a mi madre para venir a verme. Me sonrió y miró con cara de pocos amigos a mi padre, seguramente pidiéndole descortésmente que se retire, mentalmente. De inmediato, Edward le dedicó un delicado rugido y se fue con mi madre.
- Creo que mejor me voy yendo.
- ¡No! – dije ni bien terminó de pronunciar la última palabra. Rió.
- ¿Quieres que me quede?
- Sí. Quiero que te quedes. – hablé sin tapujos.
- Bien. ¿Qué quieres…?
Antes de que terminara de hablar, inconteniblemente me había lanzado a sus brazos. Lo rodeé con mis pequeñas extremidades esperando su respuesta que no dudó en llegar. Me envolvió como siempre, nuestros pies parecían despegarse del suelo, me sentí volar, me sentía fundirme en su piel, nos sentí más unidos que de costumbre. Inhalé su efluvio maravilloso, llenando mis pulmones con su olor. Era exquisito.
- ¿Vamos fuera un momento? – me susurró y asentí sin despegarme. Para mi asombro, sentí su sonrisa traviesa cuando me levantó en vilo sin apartarme y caminó conmigo a cuestas hasta el jardín de la entrada. No me quedó más motivo que sonreír, lo único que me provocaba Jake eran sonrisas.
Me solté por fin pero mis manos seguían sujetando su cintura marcada. Me estaba mirando, sabía que quería una respuesta a ese abrazo pero yo no la tenía. Simplemente sentí la necesidad de hacerlo.
- Escuché tu voz en mi mente en un sueño. – comentó sorprendiéndome.
- ¿Ah sí? ¿Y qué te decía mi voz?
- Cosas. – volvía a sonreír.
- ¿Cosas como qué? No te hagas el misterioso conmigo, Jake. – le devolví la sonrisa.
- No, nada. No importa ahora. – su mano acarició mi mejilla haciéndome estremecer, cerré mis ojos por su tacto suave y único, lancé un suspiro embelesado. - ¿Qué sientes cuando hago esto?
Abrí los ojos y clavé mi mirada sobre él. ¿Qué sentía? Me sentía desfallecer en el más delicioso néctar, me sentía sin aire en los pulmones, sin nada más que… amor. Pero no podía decírselo.
- No sé qué quieres decir con eso. Sólo… me gustan tus caricias, Jacob. Eso es todo. – le aparté la mano de mi rostro.
- No hagas eso. No quieras esquivarme, te conozco demasiado bien, Nessie y sé que…
- ¿Qué sabes? – lo interrumpí nerviosa.
- Sé lo que no quieres decir, lo que no quieres admitir.
- No sabes de lo que hablas. – me aparté caminando de un lado a otro por el césped capaz de desgastarlo de tanto movimiento. Él me observaba y con los labios apretados entre sí. Quizás había arrepentimiento en su forma de mirar, quizás se mostraba molesto pero no conmigo. Jamás se molestaba conmigo.
- Lo… siento. No tiene importancia. No te preocupes, son sólo cosas mías. Soy… soy un tonto. – fijó su mirada en el suelo verde, sus puños estaban cerrados muy apretados. Lo sentía temblar. No quería que se sintiera de ese modo, no quería que sintiera incomodidad. Di los pasos correspondientes para poder alcanzarlo y con mi mano levanté su rostro. Sus ojos me decían que tenía razón, estaba incómodo ahora con mi mirada, arrepentido y enojado con sí mismo. Si supiera que tenía razón, sea lo que sea que intentaba decirme.
- Todo está bien. – dijeron mis labios, pero no lo estaba. Estaría bien cuando pudiera derramarle mi amor encima. Amor…
¿Desde cuándo estaba enamorada? ¿Lo estaba realmente? Quizás sólo fuera parte de una confusión.
- Claro. –me respondió mirando la nada, apartando sus ojos de mí. Quería que me mirara, quería que jamás dejara de hacerlo. – Mejor me voy.
- No, por favor. No te vayas. – me apresuré a decir cuando dio el primer paso para alejarse.
- Será mejor que sí. Debes descansar.
- Los dos debemos descansar. – la luz de la entrada hizo que me fijara mejor en las sombras bajo sus ojos. Seguramente estaba agotado. – Quédate conmigo.
- Mejor no. – su respuesta fue negativa pero su mirada estaba sumamente dulcificada. – Nahuel está mirándonos desde la ventana. Seguramente tendrá muchas cosas que hablar contigo esta noche.
Giré mi cabeza y él tuvo razón. Mi otro amigo nos mirada desde una de las ventanas con el ceño fruncido. Cuando se percató de que lo estaba viendo, se alejó como un rayo perdiéndose dentro.
- ¿No quieres dormir conmigo? – le dije depositando mi mano sobre su pecho. Su calor traspasaba mi piel, hirviendo mi sangre.
- ¿Quieres que Edward me asesine? Definitivamente no moriré a manos de tu querido padre chupasangres. – mi Jake ya estaba de regreso, respiré aliviada. – Antes de que piense que degenero a su niña, mejor me marcho, nena.
- No soy una niña. Y no puedes degenerarme. – le acusé y era cierto, mi mente se degeneraba sola al verlo, tan sólo con pensarlo. Mi respiración se comenzaba a agitar nuevamente. Sus orbes oscuros me miraban, quise apartarme de ellas pero no pude. Y entonces fue cuando su mano se alojó sobre mi cintura haciendo que mi piel se erizara completamente, no existía rincón donde no lo estuviese.
- ¿Quieres que me quede? – me preguntó con ilusión.
- Claro que quiero. – le respondí dejando que mis brazos envolvieran tímidamente su cuello. Mi respiración ya casi me faltaba, estaba tan cerca de sus labios. Podía sentir como todo en mí se quemaba. Me sentía rendida, no quería luchar en aquel momento. Quería dejarme llevar, lo deseé con ferocidad. Mis labios se abrieron y mis pies se pusieron en puntas para alcanzarlo. Se sorprendió, tembló como yo lo hacía. ¿Sentiría lo mismo? ¿Sentiría las mismas mariposas incontrolables que yo sentía dentro de mi cuerpo cuando él estaba cerca? ¿Sería capaz de volverse loco como yo la hacía cuando él me tocaba? Jadeé cuando su otra mano se depositó detrás de mi espalda para acercarme más. Ahora no había huecos, no había espacios por donde pasara el aire entre nosotros. Me sonrió derritiéndome, derribando todas las barreras que pudieran existir para contenerme. Me acerqué. Nos acercamos y sentía su aliento entrar en mis pulmones revolucionándolo todo a su paso. Su frente rosó la mía y antes de seguir el camino hacia mis labios se detuvo, intensificando su mirada en mis ojos chocolates. Ahora había descubierto otra mirada, una mucho más intensa y profunda, una cargada de deseo. Sí. Había deseo detrás de ellos y… amor como en los míos. Siguió su camino, cerré mis ojos preparada para aquel primer roce.
- Lo siento. ¿Interrumpo? – aquella voz me hizo separarme ipso facto, como si el cuerpo de mi mejor amigo me hubiese electrocutado y hubiese caído lejos. Toda mi sangre fue a parar a mis mejillas. - ¿Qué estaban haciendo?
- Mamá… no estábamos haciendo nada. – intenté excusarme pero me di cuenta de que no estaba respirando y me quedé en silencio luego de eso. Me miraba con sus ojos dorados sumamente oscuros, no entendía porqué estaba enojada. Bueno, sí lo sabía en realidad. Sus ojos pasaron de mí a mi lobo. Éste la miraba enojado también, no se decían nada pero sus miradas estaban en batalla. Parecía mentira que hacía un rato estuviesen riendo juntos.
- Vete, Jacob.
- Mamá… no… no tienes que… no tienes que hacer esto. – dije entre balbuceos mientras me ponía al lado de Jake. Nuestras miradas se encontraron por unos segundos y lo sentí relajarse a mi lado.
- ¿Hacer el qué, Renesmee? ¿Te has dado cuenta de lo que estaban a punto de hacer? ¿Cómo puedes besarle? ¿Ya ha ocurrido antes? – mis mejillas estaban al rojo vivo. Sí se había dado cuenta. Sentí un rugido proveniente de Jake.
- No es asunto tuyo. – le dijo él.
- ¿Qué no es asunto mío? ¿Te estás escuchando? – le gritó mi madre. Al cabo de un segundo, Edward estaba a su lado poniéndole el brazo delante para frenarle el paso. ¿Acaso sería capaz de atacar a Jake? Pues lo haría sobre mí.
- Jacob, vete.
- No. No se va a ir. – dije furiosa. Esto era el colmo. Las mejillas ya no se mostraban tímidas, sino rojo coléricas. Aquel iba a ser mi primer beso con Jacob, en realidad, sería mi primer beso con alguien. Algo importante para mí, había quebrantado las murallas de la resistencia para dejarme llevar por el calor y adoración de Jake. Y ellos lo habían interrumpido, estaban haciendo una pelea de algo que tendría que haber sido hermoso.
- Renesmee, tú no eres consciente de las cosas. No debes hablar, eres una niña. Vete a tu cuarto. – habló mi padre con voz ruda.
- Claro que no me iré. ¿Qué les ocurre? ¿Por qué se ponen así? – grité.
- Jacob es mucho mayor que tú. Y entiendo que estés confundida porque es un hombre atractivo. Pero no es más que eso y no estoy dispuesta a entregarte a un chucho asqueroso. No le perteneces.
- ¿Por qué me llamas así, Bella? – se indignó Jake y con razón. – No estábamos haciendo nada malo. Sólo…
- Sólo estábamos hablando. ¿Por qué tuvieron que venir? ¿Por qué tuvieron que estropearlo todo? – dije con las lágrimas brotándome de la frustración. Mis padres hicieron el ademán de acercarse a mí, pero fueron otros brazos los que me sostuvieron, y realmente eran los que prefería más. Estaba de espaldas a él, rodeadas con su calidez, me giré y me abracé a él como si se me fuese la vida en ello.
- ¿Esto es lo que querían? Si tiene que ser, será. Ustedes no podrán hacer nada. – les dijo sobre mi cabeza.
- Claro que puedo. Soy su madre y tú eres mucho mayor. Es…
- ¿Qué es, Bella? ¿Qué es? Tu marido te lleva cientos de años, así que tú no puedes decir nada al respecto. Además haces un desastre de nada. No ha pasado nada. Sólo… sólo estábamos hablando. – dijo hundiendo su cabeza entre mis cabellos. Me aferré más a él, no iba a soltarlo.
- Bella, cálmate. – era la voz armoniosa de mi padre.
- ¿Qué me calme? No soy estúpida. ¡Suelta a mi niña!
- No es una niña. – le replicó mi lobo.
- Claro que lo es, apenas llega a los ocho años. – gritó colérica. Sentí una ráfaga de viento a mi lado y un rugido estremecedor proveniente de detrás de mí y de Jake.
Me aparté y vi a dos lobos en los laterales de su Alfa. Gruñían, tenían sus dentaduras poderosas a la vista, temblé ante aquello. Jamás los había visto tan enojados. Especialmente a Leah.
- Maldita sea. ¿Qué hacen aquí? – resopló mi amigo. Observé a mi madre que estaba paralizada junto a mi protector padre. – Nadie los llamó.
Uno de los lobos, al que pude diferenciar como Embry, pareció responderle. No estaba segura de si Jake le entendiera, seguramente fuese afirmativa la respuesta, pues si yo conocía sus gestos en su forma lobuna, como Alfa seguramente él conocía el de toda su manada.
- No sucede nada. – Otra ráfaga de viento no pasó desapercibida y cuando me giré, vi que Alice, Jasper, Nahuel y Emmett estaban a los lados de mis padres. Leah se enfureció más. – ¡He dicho que no sucede nada aquí! – la voz de Jacob sonó sumamente potente, sentí hasta yo, su fuerza de mando, sus lobos se doblegaron para luego darse la vuelta y salir corriendo.
Jamás había visto a Jake en acción, sólo salíamos a cazar en su forma de lobo, jamás lo había visto enojado de esa manera ni dando una orden. Lo miré maravillada. Él notó que mis ojos lo veían y bajó su rostro para sonreírme, ya no estaba enojado, volvía a estar relajado.
- ¿Qué? ¿Por qué me miras así? No soy un bicho raro. – se burló. Le sonreí como si hubiese hecho el chiste más escandaloso, aunque no lo fuera. Los insectos ya hacían de las suyas dentro de mi estómago.
- ¡Maldición! Yo quería pelear. – escuché protestar a Emmett.
- ¿Ibas a pelear conmigo? – le preguntó Jacob con una sonrisa.
- Pues claro que lo haría. – concluyó entrando a la casa a toda prisa y enfurruñado. Los demás sonrieron y lo siguieron. Menos Nahuel que seguía de frente a nosotros, mirándonos con algo que no supe leer muy bien de sus ojos.
- Jacob, por favor, vete. – le pidió mi padre. – Necesitamos un momento a solas en familia.
- Pues que esa garrapata se vaya también.
- Nahuel es parte de nuestra familia. – le escupió mi madre con desprecio.
- ¿Y yo no lo soy? Esto es absurdo, Bella.
- Tú sólo eres… la mascota. – habló Nahuel provocando mi mirada furiosa.
- Vete a la mierda. – le respondió Jake empezando a temblar. Se había apartado de mí, sabía que estaba a punto de explotar. Pero lo detuve poniéndome frente a él y entrelazando sus dedos con los míos.
- Nos vamos. – le dije con una sonrisa.
- Creo que no has entendido bien las cosas, Renesmee. Dices ser mayor pero sigues comportándote como una niña. – era Bella, siempre tan insistente.
- Cierra la boca. – le grité.
- No, Nessie. – era Jake quien me hablaba. Bufó a continuación. Levantó la mirada y vio la cara desértica de mi madre, luego colocó su mirada a mi altura, para hablarme más de cerca. No sabía que eso era peligroso, aun estando toda mi familia cerca. – Calma, preciosa. No tenemos que empeorar las cosas. Volveré mañana por ti.
- No quiero que te marches aún. – le dije triste.
- Estoy cansado, necesito dormir un poco para estar bien para ti mañana. – sonrió.
- Lo siento. He pasado eso por alto.
- Mi pequeña egoísta. – dijo besando mi frente, todo mi ser se estremeció al sentir sus labios en mi piel. – De igual manera, me gusta que lo seas, nena.
Se irguió y miró con dureza a mis padres y a Nahuel.
- Hasta mañana, familia. – ironizó lanzando en su adiós unos ladridos.
Cuando se perdió en el bosque, mis piernas recién empezaban a moverse en dirección a la casa. Mis padres aún estaban allí, Nahuel también y me miraba como esperando algo de mí. Pero estaba demasiado enojada como para hablar. Preferí hacer lo que mejor hacía en este tipo de ocasiones, ignorar.
Pasé de ellos y de mi familia cuando entré a la mansión. Subí a mi cuarto y aquella noche se convirtió en un cajón lleno de suspiros.
Por suerte nadie subió a querer darme el sermón, así que pude hundirme tranquila en mis pensamientos, mis sentimientos se manifestaron a través de mis lágrimas, estaba feliz a pesar de que todo no haya terminado bien. No me había dado cuenta de lo que sentía por Jake, siempre creí que era un amigo para mí, pero me imaginé en un mundo dónde él no existiese, y no pude ver mi futuro, no habría. Él lo era todo. Y él me correspondía.
Lo había sentido temblar bajo de mí. Lo había visto estremecerse como yo cuando estábamos cerca. El corazón me latía más rápido de lo normal, en cada golpeteo podía escuchar su nombre…
¿CÓMO ESTUVO, AMIGOS/AS? ¿LES GUSTÓ?
