YO, QUILEUTE
CAPITULO 9 ~ MI JAKE…
Tres días. Mi mente estaba dividida en pensamientos hirientes. No me podía sacar de la cabeza la charla que había tenido con Nahuel, ni tampoco el miedo porque Jacob ya no regresara por mí después de cómo le había gritado. Ya era otra vez lunes y me había pasado el fin de semana sufriendo en silencio, metida en mi cuarto, hundida en mi almohada como si así encontrara sustento.
Me vestí a duras penas apresurándome al notar la bocina del auto de Mary en la puerta de casa. Bajé y ella estaba esperándome en el coche de su madre con los cabellos sueltos y unos anteojos de moda sobre sus ojos.
- Que tengas un buen día. – me dijo Nahuel dejándome un beso cálido en mi frente. Luego salí disparada hacia donde estaba mi amiga.
- Date prisa, llegaremos tarde. – me apuró y le hice caso consciente del retraso que llevábamos.
La saludé con un beso en la mejilla y me senté en el asiento de copiloto mientras el motor rugía.
Al llegar, fuimos a detención directamente porque habíamos llegado notoriamente tarde. Ambas bufamos perdiéndonos la primera clase.
- Esto es un horror. Me llevaré esa materia y no tendré vacaciones. – se quejó Mary a mi lado.
- Eso sería una tragedia. – bromeé.
- Claro que lo sería.
- Si tú lo dices.
- Oye, quería preguntarte algo. – temblé asintiendo. - ¿Cómo está Jake?
- ¿Jake? – pregunté con notables celos.
- Sí, es que ya no lo veo. Hoy no estaba en tu casa, ¿verdad?
- No. – respondí resucitando el miedo de no volverlo a ver.
- Quiero pedirle una cita. – sus palabras habían caído como un balde de agua helada sobre mi piel. Más bien como filosos trozos de hielo sobre mi piel. Me quedé sin habla.
La señora de administración nos hizo callar, gracias al cielo, y dejamos la charla allí sin más. No quería volver a tocar el tema. ¿Una cita? No podía ser posible, aunque Jake era libre y ella estaba disponible. Mi estómago se descompuso.
- ¿Te sientes bien? – me preguntó mi amiga. – Te has puesto muy pálida.
- Necesito tomar un poco de aire. – me levanté y me dirigí hacia la secretaria. - ¿Puedo salir un momento? Necesito salir fuera.
En realidad no quería verle la cara a Mary, ya que mi cabeza había comenzado a fantasear imaginándomelos a ellos dos de la mano y sonriendo felices. Maldita imaginación.
- Vuelve pronto.
Sin demorarme, salí casi corriendo por los pasillos para irme hacia la entrada. Me senté en uno de los escalones y llené mis pulmones de aire fresco mientras mis músculos se relajaban. Miré al cielo gris y vi las nubes cargadas de agua sobre mi cabeza. En cualquier momento llovería, como siempre ocurría.
Estaba saturada. En realidad no tenía ganas de estar allí encerrada. Tenía la cabeza hecha un problema, me dolía el corazón cada vez más al pensar en las decisiones que debería tomar en un futuro cercano.
Apoyé mi cabeza entre mis rodillas rodeándome con los brazos. Seguramente me veía ridícula pero siempre era la manera en que lograba calmarme cuando Jake me faltaba. Cuando era pequeña y él salía a patrullar por largas horas, me ponía inquieta y hasta lloraba porque quería que volviera a mí y me encerraba en el vestidor poniéndome hecha un ovillo hasta que llegaba. Mi cuerpo se relajaba de inmediato cuando sentía su efluvio y mi sonrisa se ensanchaba cuando él abría las puertas y me tomaba en sus brazos.
Jake… Completamente estaba alucinando, el recuerdo de mi infancia había sido tan poderoso que hasta había podido olerlo en aquel momento. Me apreté más contra mis rodillas.
De pronto una mano tocó mis cabellos, acariciándolos con una ternura desmedida. Tenía miedo de haberme vuelto loca por lo que no quería levantar la cabeza. No era posible que él estuviese allí.
Pero la mano fue insistente y buscó mi rostro para levantarlo haciendo que me encontrara con su mirada. Él estaba allí. Me sonreía como siempre, no parecía enojado ni ofendido. Estaba allí…
- Nessie… - me susurró y no lo dudé. De un salto me trepé a él colocando mis piernas alrededor de su cintura. Mis brazos desesperados por su calor, envolvieron su cuello y también Jake me apretó a su cuerpo con ansiedad. – Mi Nessie…
Su voz. Estos días había echado tanto de menos su voz. Me alejé un poco para mirarlo y clavó sus orbes en mí, intensificando nuestras miradas.
- Lo siento, Jake, lo siento, lo siento, lo siento. – le dije desesperada apoyando mis pies en el piso y sosteniendo sus manos.
- No vuelvas a enojarte conmigo. Eso puede matarme… - dijo con una sonrisa iluminando mi rostro. Yo también sonreí.
- No, jamás. Te lo prometo. Y tú no vuelvas a desaparecerte. – lo abracé. No pude evitarlo, necesitaba su contacto. Él me recibió gustoso y mi cabeza descansó en su pecho.
Luego de unos minutos decidimos separarnos. Me quedé mirándolo como aquella noche en el patio de mi casa, aquella vez en que casi nos besamos. Y seguía pensando de igual manera, era hermoso. Lo más hermoso que había visto jamás. Sus ojos desprendían ternura y siempre estaba mirándome con adoración. Me quería y una parte o toda de mí, rezaba porque lo hiciera de la misma manera en la que yo lo hacía.
- Me estás mirando fijo. ¿Qué sucede? – me sonrojé al darme cuenta que estaba siendo muy obvia otra vez.
- Nada. Es que… ¿qué haces aquí? ¿Me estás espiando? – intenté bromear pero estaba demasiado nerviosa y Jake me conocía demasiado bien.
- Creí que ese abrazo significaba que te daba gusto verme, preciosa. – "Preciosa", me había llamado "Preciosa".
- Y… y me da gusto estar contigo, Jake. Te he echado de menos. De veras.
- Yo a ti. – confesó acariciando con dulzura mi mejilla. – Y respondiendo a tu pregunta. No es que sea un lobo al acecho. – rió. – Sólo… estaba vigilando, cuidando de ti.
- Eso es… raro. ¿Eres un acosador o Jake?
- Las dos cosas. – volvió a soltar carcajadas. – En sí, siempre estoy. Siempre te estoy cuidando, Nessie.
- Sé defenderme. – dije sonriendo pero con un poco de ego.
- Lo sé. Yo te lo he enseñado.
- Calla ya. – lo golpeé de broma sobre el hombro. Él hizo chistes como si le hubiese dolido. Nos seguimos riendo pero fuimos interrumpidos y mis labios ya no estuvieron curvados. Más bien mientras Jake sonreía, los celos resurgían de mi interior.
- ¡Jake! – corrió ella hacia nosotros. Estaba contenta.
- Oh, Mary. – dijo él mientras me miraba a mí. Yo intenté hacerme la indiferente, no estaba segura de haberlo logrado.
- ¡Qué bueno verte otra vez! – habló ella ignorándome por completo mientras la veía perderse en sus ojos. Él no la miraba como a mí.
- Gracias. – hizo una pausa. – Siento estar distrayendo a Nessie. ¿Ya tiene que regresar?
- Oh, Nessie. Sí. – dijo ella mirándome de reojo como recordando que estaba de pie junto a ellos. – La señora Munrrae te está esperando. Ya es hora de entrar a clase.
- Ok, vámonos entonces. – le dije aferrándome a su brazo.
- Nos vemos, Jake. – saludó mientras era arrastrada por mí hacia el instituto.
- Adiós, Jake. Te veo en casa luego. – le dije sonriéndole. Él me devolvió la sonrisa haciendo que mis piernas temblaran.
Toda esa tarde me la pasé suspirando, como las niñas tontas de las telenovelas de tía Alice. Hasta como ella misma cuando se perdía por horas en la mirada de Jasper. Era absurdo. Jake sólo era mi amigo, y aunque ya no siguiera enfadada con él sabía que le divertían más los videojuegos que pasar tiempo conmigo.
Pero hoy había estado allí, me había vuelto a envolver en sus brazos, me había arrasado con su calor. Era una tontería ponerme celosa de una nintendo.
Cuando tocó el timbre para anunciar la salida, salí apresurada hacia el estacionamiento, donde sabía que estaría mi padre esperándome. Así era. Lo visualicé a lo lejos viendo cómo disfrutaba de las miradas que le echaban algunos chicos a su auto.
- Hola Renesmee. – arrugó la frente, sabía que estaba hurgando en mi cabeza. - ¿Así que has tenido una visita hoy?
- Pues ya ves.
Subí al auto y arrancó. Como rutina teníamos la pauta de no conversar. Ya me cabreaba lo suficiente que fuera a buscarme cada día. Raras veces me pasaba a buscar Mary que era más de lo mismo. Prefería caminar.
Cuando el vehículo frenó frente a la casa Cullen, salí aún con la boca sellada cargando la mochila al hombro. Pero me frené en la entrada cuando su efluvio llenó cada milímetro de mis pulmones. La mochila se me cayó al suelo e intenté disimular inútilmente mi nerviosismo, pero mi padre ya estaba a mi lado con cara de pocos amigos. Entramos a la casa y lo vi hablando con mi madre. Ella sostenía su mano y sonreía. No sabía cómo reaccionar. Otra vez mi madre dejaba de mostrar su mal humor para sonreírle a mi amigo. Algo extraño recorrió mi cuerpo, eran como pinchazos molestos en mi torrente sanguíneo. Celos.
- Hola cielo. – saludó mi padre a Bella. Ésta lo recibió con ternura y le dedicó una sonrisa, pero aún así no era como la que le había hecho a mi Jake.
- Hola Edward. Adivina qué. – hizo una pausa a modo de suspenso. – Jake ha conseguido que vayamos a la boda de mi padre. – exclamó con alegría y se colgó del cuello de mi progenitor, éste la recibió sin más con una sonrisa ancha en sus labios.
Desvié mi mirada, prefería ver la perfección de Jake a una escena cursi entre mis padres. Él captó mis ojos y caminó hacia mí.
- Ey chica rara. – me dijo agachándose para levantar mi mochila que había olvidado en el piso. - ¿Cómo ha terminado todo al final?
- Ya sabes. El instituto sigue siendo una mierda. – en realidad lo decía por "la cita" que tenía pensada Mary con él.
- Pues aquí me tienes, nena. Puedes divertirte con todo esto. – dijo señalándose el cuerpo. Yo no quise, juro que lo intenté, pero mis ojos actuaron solos recorriéndolo con un atisbo de descaro. Sus ojos brillaron oscuros cuando atrapó mi mirada.
- ¡Qué bien habíamos estado estos días sin tu presencia, perro! – habló papá, seguramente luego de leer mi mente. Me ruboricé.
- Qué va. Sólo fueron unas vacaciones cortas. – le respondió él con una sonrisa.
- Jake, ¿cuándo podré ir a tu casa? – le preguntó de pronto mi madre. ¿Qué tenía que hacer ella allí? De pronto, el que pudieran tener acceso libre a La Push no me gustó mucho. Aquel era mi espacio personal con Jake. Allí nadie nos podía ver, ni escuchar, sólo nos disponíamos a ser nosotros mismos, a jugar y romper los límites que requerían los bosques de mi familia.
- No lo sé, Bells. Hablaré con el Viejo Quil luego.
- De acuerdo. Oh, mi niña. Disculpa mi descuido. ¿Cómo ha ido el instituto? – me dijo recordando mi presencia.
- Bien. – suspiré audiblemente. - ¿Así que ahora ustedes también podrán pasearse por La Push? – pregunté con desgana.
- Un momento. Frénate ahí, preciosa. – interrumpió Jake. – Sólo para la boda y para hacer algunos preparativos antes de ésta. Luego todo volverá a la normalidad. No nos da mucho gusto tener a chupasangres alimentándose en nuestros bosques.
- Pero si Renesmee también caza por allí. – le reprochó mi madre con un puchero.
- Yo soy especial, Bella. – le dije provocando una sonrisa en Jake, no lo había dicho de broma o en algún aspecto amable, pero nadie pareció notarlo al parecer.
- Mm. Extraño caminar por esas playas. – dijo con nostalgia.
- ¿Has ido a La Push muchas veces? – quise saber.
- Hubo un tiempo en que sí. Jake y yo no nos separábamos jamás. ¿Recuerdas? – le preguntó a él, que se movió incómodo a mi lado. Asintió en silencio.
¿Qué me estaba perdiendo?
- ¿Tú la llevaste a nuestro lugar? – de repente ya no me importaba mostrarme serena. – Creí que sólo había sido yo.
- Sólo eres tú, Nessie. Eso de lo que habla tu madre fue hace mucho tiempo. – me explicó Jake todavía nervioso.
- Es verdad, Renesmee. Bella sólo está recordando su vida humana. – ahora era mi padre, el metiche.
- ¿Todavía recuerdas tu vida como humana? Creí que eso se iría con el tiempo. – solté malhumorada.
- Bueno, no hace tanto que me transformé. Y además Jake es importante en mi vida. Creo que jamás me he de olvidar todos los momentos que pasé a su lado. Él es un héroe, él me ha salvado de muchas maneras. – dijo mirándolo con… ¿con qué? Aquello era algo parecido al amor. Mi sangre fluyó furiosa por mis venas.
- Es mío. – dije con cólera. Mi mano lo buscó y mis dedos se entrelazaron pronto con los suyos.
Todos me miraban. Estaban asombrados, especialmente mi padre, que a pesar de estar atento a mis pensamientos, no lo había visto venir. El rostro de mi madre estaba de todos los colores. Sus ojos ya mostraban la culpa pero había algo más también. Algo que no logré descifrar.
- Lo… lo sé, cariño. Descuida. – dijo Bella. – Sólo… sólo estaba recordando la playa. Es que… ya no he podido volver desde que me he convertido en vampiro.
- Me gustaría que no volvieses. La playa es nuestro lugar. No me sentiría cómoda sabiendo que antes caminaste con él por allí. – no podía salir de mi postura. Estaba cabreadamente celosa. ¿Por qué ella había tomado su mano antes que yo?
- Ey, cielo. – era su voz dulce susurrando en mi oído. Me estremecí. – No te pongas así. Tú sabes que es cierto, que te pertenezco. No te pongas celosa. Nuestro lugar está donde los dos estemos.
La ira abandonó mi cuerpo. Mis músculos aún seguían tensos pero por la vergüenza.
- Lo… lo siento, mamá. – dije con la vista pegada en el suelo. Salí corriendo hasta mi habitación, sin dejar de soltar la mano de Jake, por lo que lo arrastré conmigo hasta allí.
Cerré tras de mí y entonces recién nos separamos. Abrí las puertas de mi balcón y me senté allí para dejar que mis mejillas volviesen a su color habitual. Respiré profundo y me giré buscándolo.
Estaba parado tras de mí. Me mirada con una media sonrisa, pero no era de esas burlonas, más bien me miraba con ternura. Mis extremidades comenzaron a temblar, no podía hacer nada al respecto.
- Ven aquí. – me dijo y le obedecí. En un minuto estuve frente a él, sonriendo tontamente y otra vez con las mejillas rojas. Estiró su brazo y me estrechó contra su cuerpo. Seguí estremeciéndome. Levanté mi cabeza y estaba tan cerca de sus labios, tanto que moría por probarlos. Pero no me atrevía. Volvió a sonreír. – Mi Nessie…
- Siento haberme puesto tan…
- ¿Loca? – bromeó.
- Sí. Como quieras llamarlo. – dije. – Lo siento.
- Me gusta que te pongas de ese modo. Me gusta que te pongas celosa. Me gusta que admitas que soy tuyo. – concluyó haciendo que mi pecho golpeé sobre el suyo. Mi piel estaba erizada por su calor, no me animaba a tocarlo, a posar mis manos sobre él como él lo hacía conmigo. Pero mi mente así lo quiso y mis brazos se enredaron en su cuello.
Lo sentí temblar, no quería pensar que era mi imaginación. Sentí un golpe de ego por ser yo quien provocara esas reacciones en él. Lo miré a los ojos y los suyos ya estaban puestos en mí. Le sonreí y me devolvió la sonrisa desmoronando nuevamente cualquier vestigio de barreras a mi alrededor. Otra vez no quise resistirme. No tenía ganas, quería ser libre. Mi libertad estaba en sus brazos.
Esta vez mis pies no se irguieron, él se abalanzó lentamente y yo entreabrí mis labios para recibirlo. Sabía que nos íbamos a besar. Aunque me distraje un segundo pensando si la puerta se abriría para que alguien nos volviera a interrumpir. Pero todo se desvaneció cuando sentí su suavidad en mi boca. Fue dulce, lento y muy suave. Cerré mis ojos y respondí su beso. Pero mis labios no actuaban como los suyos. Los míos se volvieron salvajes, tiernos sí, pero pasionales. Respiró con dificultad sorprendido pero no titubeó y me apretujó aún más contra él profundizando nuestro beso.
Me sentía desfallecer. Por fin estaba besando a Jake.
Me moví sola, mis pies caminaron en reversa sin dejar de besarlo. No sabía hacia dónde me dirigía, ni siquiera me importaba, hasta que caí sobre algo blando que nos absorbía. Mi cama.
Al principio, me asusté por mi comportamiento pero cuando sentí que él se había dado cuenta de mi incertidumbre, intentó alejarse y yo no lo dejé. Me acomodé en el colchón con él sobre mí besándome con pasión. Sus manos recorrían mi cuerpo haciendo que miles de descargas eléctricas se metieran en mi piel. Y yo no podía quedarme detrás, por lo tanto mis manos también actuaron. Las metí por debajo de su camiseta y estaba tan calentito. Tan cálido, mi lobo… mi Jake.
Jadeé cuando bajó a mi cuello. Mi espalda se dobló de placer, placer que me provocaban los labios de él… Pero algo vino a mi mente, justo en ese instante.
Las palabras de Nahuel.
Algún día… nos íbamos a ir…
Algún día, yo dejaría a Jake.
Entonces, ¿a qué estaba jugando ahora? No podía hacer que nada condujera a más. No era justo para ninguno de los dos. Si cortaba de raíz esto antes de irme, iba a ser menos doloroso.
- ¿Qué sucede? – me preguntó con sus ojos llenos de deseo. Esos ojos, cómo me podían. Me gustaban de una manera exagerada. – Lo… siento. – dijo alejándose. Sentí frío.
Arrugué el ceño pensando en por qué lo hacía, y caí en que seguramente había leído mi rostro. Lo dejé irse.
- No lo sientas. Esto… - cielos, se me hacía difícil mentirle. – Esto ha sido un error. Esto no pudo haber pasado.
- ¿Error? – dijo mientras se acomodaba la camiseta. Obligué a mis ojos a desviar la mirada de allí.
- No sé en lo que estaba pensando. Sólo eres mi amigo.
- ¿Amigo?
- Sí, Jake… Eres mi amigo. Como siempre lo has sido. – me senté en la cama apoyando los pies en el piso. – Sólo estaba cegada por los celos. Es que… no quisiera compartirte con mi madre. – ni con nadie. – Lo siento.
- ¿Me has besado porque no quieres que sea amigo de tu madre?
- Algo así.
- ¿Estás de broma?
- Nop. – dije levantándome sin soportar el peso de su mirada.
- ¿No sentiste nada cuando te he tocado, cuando te he besado? – todo.
- No lo creo. Más bien, me sentí incómoda. Fue como besar a mi hermano.
Maldición. ¿Qué había dicho? Su rostro se contrajo absolutamente. Pero no encontraba las palabras para suavizar lo que intentaba hacerle ver. No iba a decirle que casi muero en sus brazos, que aquel beso me había quitado el aire de los pulmones…
- De acuerdo. – dijo. Su voz casi no había salido de su garganta, sabía que estaba asimilando las palabras.
- ¿Es que a ti te provocó algo especial? – pregunté como si no me importara realmente. Él levantó su rostro y me miró. Rápidamente miré hacia afuera para que no se diera cuenta de que estaba mintiendo. Salí al balcón con él a mis espaldas.
- No. – fue una respuesta corta y dolorosa. No sabía si estaba mintiendo o no. Pero sea cual fuese la verdad me dolería. Si fuese una mentira, sentiría dolor por ser yo la causante de todo, si fuese una verdad… dolería que no sintiera lo mismo que yo. Maldita egoísta. – Mejor me voy, Renesmee.
- ¿Renesmee? – pregunté casi en silencio, sorprendida porque me había llamado con mi nombre real.
- Es tu nombre. – su voz era seca.
- Lo sé. – me giré y lo vi con la mano puesta en el picaporte. – Jake… - lo frené. – Te… te quiero.
No dijo nada. Sólo se marchó.
Ni bien cerró la puerta, hundí mi inservible cuerpo en el colchón y procuré ahogarme con la almohada, pero no serviría de nada. Me sentía mal, me sentía la peor mierda. Vi sus ojos. Sus ojos, sus palabras frías antes de irse. Dolía. Pero yo había provocado eso. Maldito Nahuel. ¿Por qué tenía que haberme metido esas ideas en la cabeza? A veces preferiría no saber nada. Para lo único que había servido era para meterme ideas y para lastimar a todos a mi alrededor. Sentía un peso sobre mí. Que sea, cual fuese la decisión, no se iba a mover de mi espalda.
Luego de aquel día en que había besado a Jacob, nuestra relación había quedado tajante. Seguía viniendo a diario, pero pasaba más tiempo con Emmett que a mi lado. Yo no le reproché nada, todo lo que viniera de él a continuación me lo tenía merecido. Aquel beso fue por mis deseos y mi egoísmo. Jamás tendría que haber pasado para que nos ahorremos incomodidades y pesares.
Lo estaba mirando por encima del hombro de Alice, mientras ésta me hablaba de mi vestido para la boda de Charlie. No estaba prestando atención más que al movimiento de las manos de Jake sobre la consola. Sus manos habían estado en mi cuerpo, me habían acariciado y mi piel lo recordaba, todavía me sentía vibrar al verlo.
- ¿Me estás escuchando? Qué niña.
- Oye, que no soy una niña. – por fin la miré.
- Deja de mirar al chucho, como si fuera a moverse de allí. – soltó por lo bajo, pero era probable que Jake la hubiera escuchado, aunque si hubiese sido así, no lo había demostrado. – Bien, ahora que tus ojos están puestos en mi hermoso rostro, prosigo. ¿Azul, rojo o blanco? Debes elegir entre esos colores, no hay objeciones. Esos quedaran con tu color de piel.
- No lo sé, Alice. Blanco supongo.
- ¿Blanco? Oh, eres tan aburrida como Bella.
- Oye, Jake. – lo llamé acercándome lentamente. Sus ojos me miraron, pero ya no me veían como siempre. - ¿Tú qué dices? ¿Qué color me quedará mejor?
- ¿Entre cuáles? – preguntó de mala gana, mi mandíbula se tensó.
- Azul, rojo y blanco. – respondí con la garganta hecha un lío.
- Pues ninguno de esos es mi color preferido. – su mirada volvió al televisor, Emmett que estaba a su lado se vio sorprendido por su respuesta. Yo por mi parte, no podía mover mis pies para regresar a donde estaba Alice.
- ¿Pero… no quieres opinar? – pregunté con tristeza, aunque intenté ocultarla.
- Lo que yo opine no importa.
- Ya. Deténganse. – habló Emmett mirándonos y poniéndole pausa al juego, lo que llamó la atención de Jake. - ¿Qué está sucediendo? Jacob, tú me caes bien, pero no puedes hablarle de esa manera a mi sobrina.
- ¿De qué manera? Sólo le he dicho en otras palabras, que no quiero opinar. No soy modista o diseñador, no entiendo nada de moda, de vestidos y esas cosas.
- Está a la vista. – dijo mi tía que ya estaba a mi lado. Jake me miró y le fruncí el ceño de modo interrogativo, esperaba que dijera más, pero no hablaba.
- Bien. Me iré a patrullar. – dijo.
- ¿Otra vez? – inquirí.
- ¿Me necesitas para algo? – me preguntó colocándose de frente a mí. Lo tenía cerca, pero esta vez dolía. Sabía que debía darle tiempo, pero no soportaba que su calidez se volviera fría.
- ¿Podemos hablar afuera? – mis tíos se mantenían en silencio. Jake asintió y caminamos juntos hasta el jardín trasero de mi abuela Esme. - ¿Qué sucede? Hace días que te muestras distante. Ya casi ni me hablas.
- ¿Quieres que te de consejos de hermano mayor? – y ahí estábamos sacando el tema a flote. Mi estómago se retorció.
- ¿Es por el beso? ¿Te… te hice creer algo que no existe? – seguía mintiendo.
- Me usaste.
- No, no lo he hecho…
- Eres egoísta Renesmee. Me has dicho que me besaste confundida por tus celos hacia tu madre. Ella ha sido mi amiga durante años, desde antes que llegaras a nuestras vidas. Yo no soy un objeto.
- Pero me has dicho que me perteneces…
- ¿Estás de broma? Eso es cierto, pero no significa que puedas hacer conmigo lo que quieras. ¡Cielos! ¡Yo estoy imprimado de ti!
En aquel momento, cuando mis lágrimas descendían por mis mejillas, Emmett estaba de pie a nuestro lado. Su rostro era de piedra, sus ojos estaban oscuros, lo que significaba que algo no iba bien.
- Necesitan entrar dentro. Mis padres están de camino con Rosalie, Edward y Bella estarán llegando, sólo están en la cabaña. Alice ha tenido una visión.
Jake y yo nos miramos preocupados, la conversación interrumpida que estábamos teniendo no tenía sentido ahora. Sólo por ahora. Una vez que sequé mis lágrimas con la manga de mi camisa, entré adentro. Jacob me seguía por detrás con el semblante preocupado.
Detrás de nosotros llegaron mis padres. Edward tenía cara de susto ya que seguramente estaba leyendo la visión en la mente de Alice.
- He tenido una visión. – anunció a los presentes. Mis abuelos y Rose estaban de cacería, Jasper ya estaba de pie al lado de Alice, sosteniéndola como siempre lo hacía.
- Ya lo hemos entendido. Escupe. –la apuró Jake provocando la mirada furtiva de Jasper.
- Están viniendo… los Vulturis.
El siguiente minuto hubo silencio. Todos se miraban con todos, pero Jake y yo sólo nos contemplábamos mutuamente. Sentía que él quería venir y envolverme en sus brazos, pero estaba detenido allí, en su lugar quizá por la discusión que acabábamos de tener.
- Bueno… no tenemos que preocuparnos. – comencé a decir para intentar quitarle hierro al asunto. – Ellos podrán superarnos en número pero nosotros contamos con nuestros aliados y con los lobos. Todos somos muy fuertes.
- Creo que aún no has entendido la magnitud de la situación, Renesmee. – era mi padre el que hablaba. – Los Vulturis no sólo nos superan en número, sino que también en habilidades. Son poderosos.
- Yo creo que nosotros lo somos más. Somos enormes y nos manejamos a través de estrategias. Siempre ha sido así y aún seguimos de pie. – dijo Jake.
- Alice, dile lo que te han dejado ver.
- ¿Dejado ver? – preguntó mi madre que permanecía pegada a Edward. Sentí envidia, yo quería estar de ese modo con Jacob.
- La visión de Alice fue un aviso. – adelantó mi padre.
- Ellos me han dejado ver sus planes. Por momentos vi las imágenes muy distorsionadas pero podía sentir a Cayo. Y su… asco por los licántropos.
- Es un cínico. – salté ipso facto. - ¿Qué le pasa a ese tipo?
- Esta guerra se remonta a años, querida.
- Papá, no vas a tranquilizarme. – Cayo me daba miedo. Sabía que era el peor, el más despiadado según los dichos de mi familia, y confirmar que él estaba al mando, me hacía poner los pelos de punta. Comencé a temblar, intenté disimularlo para que nadie lo percibiera.
- Quiere al líder. Sabe que si lo capturan a él, los demás lobos caerán. Sabe que se manejan en manadas y que le son leales al Alfa. Vendrán por ellos, por todos nosotros, lucharemos. Lo he visto.
- No van a llevarse a Jacob. – dije más para convencerme a mí misma.
- Claro que no lo harán. Primero sobre mi cadáver, ni a mí ni a ninguno de nosotros.
- ¡Jacob! – le gritó mi padre. Levanté la mirada y supe que lo decía por mí. Mi cara era una pintura al óleo, escuchar decir a Jake que pasarían sobre su cadáver me había hecho temblar las rodillas. Y mi papá se había dado cuenta.
Sentí dos pasos gigantes cruzarse hasta llegar a mí, y no lo dudé. Me aferré a él con todas mis fuerzas. Hundí mi cabeza en su pecho cálido y ya no quise separarme.
- Lo siento, no quería asustarte. No me pasará nada.
- No quiero que te pase nada.
- Tranquila, princesa… tranquila.
Subimos a mi habitación, sin que mis padres objetaran nada. Me había alterado y mi falta de confianza en la batalla se había ido totalmente. Había sido reemplazada por el miedo.
- Deja de temblar. Estoy aquí… contigo. – me dijo acariciando mi brazo. Estábamos los dos recostados en mi cama. Era un momento íntimo, ya que a pesar de haber estado de aquella manera infinidades de veces, ahora para mí tenía otro significado.
- No luches.
- Nessie… ya hemos hablado de eso.
- No podré soportarlo. No esperaré aquí sin hacer nada. Lo sabes. Iré contigo.
- No. – fue cortante, apoyó el peso de su cuerpo en uno de sus brazos para quedar de costado mirándome. – Nessie, no quiero que vayas. No podré concentrarme en la batalla contigo allí, tú eres mi prioridad, no me hagas esto.
- Tú me haces lo mismo. ¿Cómo crees que me sentiré contigo peleando?
- Lo sé, cariño. Pero necesito que te quedes aquí… por mí.
- Si te sucede algo…
- Podrías pedirle un nuevo hermanito a Bella. – bromeó pero su sonrisa ya no se veía tan plena.
- Hablo en serio, Jake. – le dije mientras me ponía de costado también. Ahora respirábamos del aire que salía de nuestros pulmones. Se sentía tan bien.
- No me sucederá nada. Te prometo que volveré por ti.
- Si tú no vuelves… yo iré tras de ti.
- No. – dijo silenciándome con un dedo sobre mis labios. – No vuelvas a decirlo, ni siquiera lo vuelvas a pensar.
Ya no lo estaba escuchando. Mis labios estaban besando cada uno de sus dedos, eran tan suaves, tan dulces. Se estremeció, vibró y se atragantó con sus palabras.
- Nessie… - susurró pero lo silencié con mis dedos. Ahora recorría sus labios, aquellos que habían poseído los míos, aquellos que no había podido olvidar.
- ¿Puedo…? – no pude terminar la frase, ni siquiera sabía lo que iba a decir, sólo reaccionaba con el beso de Jake en mi boca. Otra vez estaba besándome, con mucha pasión, con calor…
Se colocó encima de mí y abrí mis piernas para que se ahuecara mejor sobre mi cuerpo. Jamás apartamos nuestras bocas. Se comían sin control, se devoraban mutuamente como si se nos fuera la vida en ello.
Bajó sus labios a mi cuello y gemí cuando sentí su mano por debajo de mi camisa. No lo dudé, en unos pocos segundos su camiseta estaba tirada lejos de la cama. Lo estaba recorriendo a mi antojo mientras él se entretenía en mi pecho.
Ya no tenía respiración. Mis pulmones sólo funcionaban por su aliento embriagador. Me miró a los ojos, estaban oscuros y llenos de deseos, me pedían permiso para despojarme de las ropas que nos separaban. Yo misma desabroché cada botón de mi blusa. Y me sonrojé cuando se quedó contemplándome como si yo fuese lo más bonito. Él lo era.
Sus labios danzaban sobre mi piel haciéndome desfallecer, ahora los pantalones me molestaban fervientemente. Sabía que después de esto no habría marcha atrás, pero no me importaba. No iba a mentirle más. Me entregaría en todas las maneras posibles.
- Jake… - gemí su nombre cuando sus labios encontraron un punto de adicción.
Lo agarré de sus cabellos enmarañados y lo subí a mi boca, yo estaba deseosa, no podía pensar en otra cosa más que en lo que estaba a punto de ocurrir.
Inútilmente mis dedos intentaron desabrochar mis pantalones. Lo vi sonreír nervioso.
- Espera. – me detuvo con su voz hermosa y ligeramente agitada.
- ¿Qué sucede? – pregunté sorprendida mientras me lo comía con la mirada.
- ¿Estás segura? Esto sería incesto. – bromeó haciendo una de esas muecas irresistibles, lo que provocó mi locura total, lo acerqué a mí, lo besé, lo mordí. Sentí pequeños hilos de su sangre desplazándose por mi boca. Sabía exquisito.
- Ja… ke… - medio grité cuando se refregó sobre mí. Silenció mis labios con su propia boca hundiéndonos en un beso pecaminoso.
Lo mordí, mordí su cuello, mordí su piel a causa de la desesperación que causaban sus caricias, su sangre fluía por mis labios pero a él no le importaba.
- Voy a entrar. – esa voz siempre se dignaba a interrumpirnos. ¡Mierda!
- ¡Maldición! Maldito chupasangre apestoso… - protestaba mi Jake mientras se alejaba.
- No. No te alejes. – le imploré.
- Renesmee, sigo aquí. Ponte una camiseta. Y tú perro, haz lo mismo si no quieres que te destroce. – ordenó detrás de la puerta.
Mis piernas estaban enrolladas en sus caderas, impidiéndole el paso.
- Nena… él me va a matar de veras. – me dijo pero sin hacer esfuerzo para alejarse.
- No me puedes dejar así. – le dije con las mejillas rojas. Sonrió y se acercó para besar la punta de mi nariz. El calor no se aminoraba, corría por mi cuerpo, estaba en llamas.
- Tu padre… está… al otro lado… de la… puerta. – me susurró dejando espacios llenos de besos alojados en diferentes lados por mi rostro. – Deja que me libere y te prometo que terminaremos lo que hemos empezado aquí.
Lo solté, mis piernas se aflojaron y él se alejó a duras penas. Podía notar cómo le costaba ponerse en pie mientras me escaneaba. Lo oí largar un suspiro lastimero.
- ¡RENESMEE! Ponte una camiseta, por el amor de Dios. – otra vez mi padre, que no se había ido, rompía la burbuja en la que estábamos con Jake.
Con sacrificio aparté mis ojos de mi lobo para pasar por mi cabeza una camiseta que estaba por el piso tirada, que no era la blusa que llevaba puesta antes. No sé a dónde había ido a parar.
Ni bien terminé de vestirme, mi padre entró hecho una furia a mi habitación, odiando a Jake sólo con la mirada y lanzándome fugaces miradas decepcionadas a mí.
- Papá… - intenté explicarme, pero lo cierto era que no tenía explicación, que me había dejado llevar por aquel sentimiento que resguardaba dentro hacia tiempo. Ahora ya estaba calmada, y notablemente avergonzada. No era genial que tu padre te haya agarrado justo en el momento en que iba a ser tu primera vez. De hecho, había arruinado dos primeras veces. Nuestro primer beso, y ahora. Suspiré, aunque no de mala manera, ya que a pesar de sus interrupciones sabía que ahora Jake cumpliría su promesa.
Lo miré por encima de mi hombro. Estaba muy pegado a mí… y vestido.
- ¿Son conscientes de lo que estaban por hacer? – nos gritó mi padre. Jake tomó mi mano y ya no tuve miedo.
- Somos conscientes. – dijo él.
- Cierra la boca, chucho. – respiró profundo, aunque no sabía por qué ya que no necesitaba del aire en sus pulmones. – Renesmee… no tienes que dejarte llevar por este perro en celo.
- No me he dejado llevar por él. – aunque tenía que ver en la cosa. – Me he dejado llevar por mis propios instintos y en porque… porque… porque me gusta mucho. – listo, lo había admitido hasta para los oídos de Edward. Jake apretó un poco más su mano contra la mía, no lo miré a los ojos pero sabía que estaría sonriendo.
- ¿Qué? – preguntó mi padre sorprendido, aunque en el fondo de sus ojos se escribía que ya lo sospechaba, tal como me lo había insinuado Nahuel.
- Edward, ya. Tranquilízate. – habló Jake sin tapujos.
- ¿Qué me tranquilice? ¿Quieres que te mate?
- Papá…
- Vete ya mismo de aquí, perro. Vete y no vuelvas hasta nuevo aviso.
- Ed…
- ¡VETE! – le gritó mi padre haciendo tiritar mis rodillas. Su mirada era escandalosa, fría y oscura. Jake se quedó en silencio, lo miré y vi que le sostenía la mirada de la misma manera. Fría, oscura.
- Jake… será mejor que te vayas… - dije con todo el pesar del mundo. Es que sabía que debía darle tiempo a mi padre para que asimile las cosas.
Habrán pasado alrededor de dos minutos odiosos, hasta que Jake me logró contestar.
- De acuerdo. – se puso frente a mí, dándole la espalda a mi padre, y besó mis labios. Fue un beso tierno, dulce, desbordado de amor. Pero a pesar de eso sentí mi adicción hervirse en mi sangre y cuando se estaba por apartar, tomé el borde del cuello de su camiseta y lo atraje nuevamente hacia mí. Sus labios se mostraron sorprendidos pero no hubo rechazo. Sentí su aliento mezclarse con el mío, sentí que estaba flotando a causa de aquella sensación que provocaban sus besos.
- Sigo aquí. – gruñó mi padre. Jake se alejó dejándome desprotegida.
- Te veo mañana, preciosa. – dijo chocando con ternura su frente con la mía.
- Por favor, ven… - le imploré.
- Lo haré, Nessie… - besó mi coronilla, le dedicó una mirada cargada de odio a mi padre y desapareció tras la puerta de mi habitación.
En aquel cuarto quedábamos mi padre, su mirada criminal y yo. Genial.
- Renesmee… - y allí había empezado. La conversación había durado cerca de una hora, los ojos me pesaban y fingía escucharlo. Sólo quería dormir para acelerar el proceso y despertar por la mañana para ver a Jake.
¿Cómo se definiría nuestra relación ahora? Definitivamente no éramos amigos. Bueno, no sólo eso. No iba a volver a negarme a sus brazos, ni a sus besos, ni siquiera a sus caricias. No podría, ya lo había probado todo de él… bueno, casi todo. El hecho era que todo en él era sumamente adictivo para mí. Más que antes, exageradamente diferente.
Mi padre estaba claramente en contra. Lo primero que me había dicho era que apestaba. A mí no me pareció jamás así, siempre me había gustado el olor de Jake. No sé por qué tendría la necesidad de hablar de los olores. Luego me dijo que Jacob sólo quería "eso". Pues yo también, así que no me importó y no es que creyera que mi lobo sólo necesitaba de mí para "eso". Su mirada me lo decía todo, era tan transparente que los podía leer con facilidad. Y veía amor. Luego, me comenzó a hablar sobre algunos secretos que el "can" me guardaba, de los que yo debía saber antes de empezar algo, pero no funcionó. Mi padre sólo quería alejarme de él. Jake siempre había sido sincero conmigo y yo con él. Los secretos entre nosotros no existían. Ignoré a Edward.
Luego de muchos reproches más, y al ver que no le estaba prestando atención, me dejó a solas y caí casi desmayada sobre mi cama, en dónde mi efluvio y el de Jake se mezclaban. Me dormí y por supuesto soñé con él…
BUENOS MIS LECTORES/AS FAVORITOS/AS! ESTE CAP ES UN POCO EXTENSO, ESPERO NO LOS HAYA AGOTADO. Y ESPERO TAMBIÉN QUE LES HAYA GUSTADO!
