YO, QUILEUTE


CAPITULO 10 ~ DISCUSIONES

La mañana era diferente. Podía ver los colores que formaban los rayos del sol a través del cristal de la ventana, podía escuchar el canto preciso de los pájaros en los árboles pegados a mi balcón. Todo era más cálido. Aquellos detalles que siempre estuvieron y había pasado por alto, ahora tuvieron un hermoso nuevo sentido.

Me levanté de la cama, mi cuerpo totalmente descansado y relajado. Busqué mi ropa, me duché, me vestí, hice todo lo necesario antes de bajar a la sala.

Allí mi madre me esperaba y no se la veía muy contenta. Bufé ya que seguramente mi padre le había ido con el cuento. Siempre me preguntaba cuándo sería el día en que tuviera un poco más de privacidad.

- Hola. – saludé intentando pasar de ella dirigiéndome hacia la cocina por mi desayuno. Pero mi paso se vio interrumpido por su cuerpo de mármol, los hoyuelos de su nariz indicaban su enfado más también sus ojos dorados completamente oscurecidos.

- No subí anoche a tu cuarto porque Edward me ha dicho que estabas agotada.

- Así es. – intenté otra vez seguir mi camino, pero sus rápidos movimientos volvieron a bloquearme el paso.

- ¿Cómo te atreves?

- ¿Es broma, verdad? – dije cambiando mi destino y sentándome en el sofá preparada para el sermón.

- ¿Qué si es broma? La vida no es un juego, Renesmee. Tú sólo buscas jugar pero tienes que madurar.

- ¿A qué viene esto, madre? ¿Besar a Jake es jugar? ¿Sentir lo que siento es jugar? Yo no lo creo.

- Yo también he tenido tu edad.

- Y te has entregado a mi padre sin importar lo que pensara Charlie. ¿Realmente quieres ir por ese lado? – puso los ojos en blanco.

- Es diferente. Tu padre y yo nos amábamos. Siempre lo hicimos desde un principio. – su voz temblaba.

- Jake me ama. Está imprimado de mí. – grité poniéndome de pie y de frente a ella. Quería que me mirara a los ojos cuando largase la siguiente mentira.

- No es él quien me preocupa. Yo sé de los sentimientos de Jacob y sé que los tuyos no lo igualan. Sólo…

- ¿Qué dices? – pregunté histérica.

- Bien, suficiente charla… - dijo Rosalie apareciéndose en medio, pero yo no dejaba de mirar con furia a mi madre. Sus ojos demostraban que se había sentido culpable luego de largar lo que había dicho, pero su arrepentimiento no me importaba más de lo que me había herido.

Mi tía se llevó a mamá hacia la cabaña o algo así, ya que salieron a pasos acelerados mientras Rose intentaba calmarla. ¡Genial! Ahora ella era la víctima.

Fui a hacerme el desayuno pero ya estaba listo sobre la mesa. Esme me miraba con una sonrisa tierna que no pude evitar devolvérsela.

- ¿Cómo has amanecido hoy, cariño? – dijo depositando un jugo de naranjas recién exprimido frente a mí. - ¿Está bien el desayuno?

- Está genial, abuela. Muchas gracias. – hice una pausa mientras me metía en la boca un poco de cereales. - ¿Dónde están los demás?

- Distribuidos por toda la casa, como siempre. Excepto tu abuelo, que está en el hospital.

- ¿Aún no ha regresado? – levanté mi ceja.

- No, aún no. – pude ver cómo su semblante se contraía. Ella lo estaba echando de menos. De todos en mi casa, el amor que más admiraba era el de Esme y mi abuelo. El de mis padres me era demasiado empalagoso, el de Rose y Emmett demasiado pasional, y el de Alice y Jasper demasiado adolescente. En cambio mis abuelos resplandecían cuando caminaban juntos, sus sonrisas se formaban a causa de la otra, sus manos siempre entrelazadas, ellos siempre tan enamorados a través de los años.

- Ya volverá. Tranquila. – le dije provocándole una sonrisa.

- Cariño, debo decirte algo.

- ¿Algo bueno o malo? – pregunté dejando de masticar.

- Jake ha estado aquí esta mañana. Ha venido a desayunar contigo pero Edward y Bella no lo han dejado entrar.

- ¿Qué? – me levanté de la silla ipso facto. - ¿Echaron a Jake?

- Déjame decirte unas palabras. Por favor. – asentí. – Estoy muy feliz por Jake y por ti. Siempre se han sentido atraídos el uno por el otro de una manera en que ninguno de nosotros entendemos. Yo, por mi parte, sabía que esto entre ustedes llegaría en algún momento. Te he visto crecer, y mientras tanto, cómo crecía tu admiración y tu amor por él. Tus padres también lo saben, y reaccionan así porque esto significa un cambio que los aterra.

- ¿Qué quieres decir? – mis mejillas estaban sonrojadas a causa de cada palabra que iba soltando mi abuela.

- Significa que tu crecimiento en general ha llegado a un fin. No es fácil para ellos, especialmente para Bella. Para tus padres, tienes 8 años. Pero lo que ven es a una mujercita enamorada del rebelde Jacob. – sonreí ante esa definición. – Tu madre ha tenido una pelea con él cuando tú has nacido.

- ¿Pelea?

- Sí. Quizás tú conozcas la historia cómo un detalle menor, pero para tu madre no lo fue.

- Cuéntame, abuelita. – dije tomando sus manos incitándola a que continuara con su relato.

- Ya sabes que cuando tú naciste, ella ha tenido que esperar alrededor de tres días hasta despertar en su nueva vida. Cuando lo hizo, tu padre le enseñó a cazar y a controlarse para que no pudiera hacerte daño cuando te viera, ya que tu corazoncito latía como el de todos los humanos y ella era una neófita. Cuando llegó el momento de verte, Jake se interpuso porque te estaba protegiendo exageradamente, aunque en ese momento no sabíamos del autocontrol de tu madre. Ella se extrañó porque Jake no era precisamente la persona que esperaba que te protegiera. Cuando se enteró del porqué casi lo mata.

- No bromees. – dije quitándole hierro al asunto.

- Oh, no estoy bromeando. Pregúntale a Seth, es quién en realidad salió herido por defender a su Alfa.

- ¿Estás jodiendo?

- No. – rió. – Bueno, a lo que iba era que ella reaccionó de esa manera, no porque entendiera que la imprimación era… algo asqueroso y enfermizo, sino que ella se dio cuenta, de que nunca le perteneciste.

- ¿Qué…?

- ¿Sabes por qué ella no intentó matarlo nuevamente? – negué con la cabeza incapaz de poder hablar. – Porque tú lo amabas. Se lo hiciste saber, le mostraste tu preocupación a través de tu don cuando ambos discutían. Tú le decías "mi Jake" y no sabes cuánto odiaba Bella esto. Aún lo siguen diciendo pero antes era extraño para todos que una bebé amara con tanta grandeza a alguien, y menos que fuera Jacob.

- Yo no… Les pertenezco a todos.

- Eso es lo que tu madre se ha estado metiendo en la cabeza a medida que fueron pasando los años, cariño. Y ahora sucede esto, el gran paso que ellos temían. Quiero que los entiendas. Quiero que puedas darle tiempo para asimilar la noticia. – me pidió con dulzura.

- Esto es…

- Esto es la vida. – rió. – Oh… escucha. – dijo levantando la cabeza. – Ha llegado tu abuelo. – dijo desapareciendo de mi lado dejándome sola a mí y a mis conclusiones.

Cielos. Esto apestaba.

Cuando terminé el desayuno decidí salir al bosque. Siempre me daba paz, siempre me ayudaba a atar cabos, o a pensar en nada. Me adentré lo más que pude pero sin pasarme del límite, ni siquiera quería estar cerca de la cabaña de mis padres. Sólo quería que la naturaleza me absorbiera. Y lo estaba logrando hasta que sentí un efluvio que llamó mi atención.

Miré a todos lados pero no vi a nadie, seguí girando hasta que unos arbustos se movieron a lo lejos para luego liberar de él a mi lobo ya convertido en humano.

- Estaba esperando a que salieras de la casa, ya que a mí no me dejan entrar. – dijo con una sonrisa. Mi corazón ya estaba acelerado, mis extremidades temblaban, no podía causar tantas sensaciones en mí.

- Estoy bajo arresto domiciliario. – dije tímida. Cuando estuvo más cerca, no pude evitar dirigir mis ojos hacia su torso desnudo, me mordí el labio pero sacudí mi cabeza para concentrarme en lo que hablábamos.

- Eso es malo. – dijo ya muy cerca, tomando mi mano. Sus mejillas estaban rosadas, él también estaba tímido a pesar de llevar la iniciativa en nuestro intento de conversación. - ¿Cómo estás?

- Feliz. – solté sin dudarlo. Él sonrió aún más. - ¿Tú?

- Estoy volando. – miró al cielo dejando expuesto su cuello. ¿Qué me sucedía? Este debería ser un momento tierno, pero mis hormonas estaban actuando por sobre mis pensamientos. Volví a sacudirme.

- No sé qué decir… - admití. Mi voz temblaba por el tacto de sus manos tocando las mías, la sensación de su piel era acogedora y tierna.

- Tal vez no deberíamos decir más nada. – dijo acercándose más, cerré mis ojos y sentí sus labios moviéndose sobre los míos. Actué tan deseosa, sus besos eran dulces y suaves.

Llevé mis brazos alrededor de su cuello y me pegué más a él, pegando nuestros pechos, sintiendo el suyo quemar mi ropa por su calidez. Estaba volando yo también, volando junto a él en el más hermoso de los cielos.

"Amar a alguien es atreverte a expresar el cariño espontáneamente a través de tu mirada, de tus gestos y sonrisas; de la caricia firme y delicada; de tu abrazo vigoroso; de tus besos; de comunicarte con palabras francas y sencillas.
Es hacerle saber y sentir a la persona cuánto la valoras por ser quien es y cuánto aprecias sus riquezas interiores, aún aquellas que ella misma desconoce; es ver su potencial latente y colaborar para que florezca la semilla que se encuentra dormida en su interior; es hacerle sentir que su desarrollo personal te importa honestamente y que puede contar contigo; es permitirle descubrir sus capacidades creativas y alentar su posibilidad de dar todo el fruto que podría; es develar ante sus ojos el tesoro que lleva dentro y cooperar de mutuo acuerdo para hacer de esta vida una experiencia más rica y más llena de sentido."

Nos besamos, charlamos, reímos, volvimos a besarnos. Ahora todo parecía más fácil. Con gran facilidad me estaba acostumbrando a esta nueva etapa que nos incluía sólo a nosotros de lleno. Ya no había timidez por cada beso o abrazo o por cada caricia. Nuestra relación seguía siendo la misma, sólo que con cosas mucho más maravillosas de por medio.

- Maldición. – me quejé. – Se me ha ido el tiempo. Tengo que ir al instituto. Seguramente mi padre me llevará.

- No quiero que te vayas aún. – me dijo abrazándome por detrás.

- Yo tampoco quiero irme. – le respondí dándome la vuelta para quedar de frente a él. Sus ojos eran tan hermosos, tan puros y profundos que podría hundirme en ellos sin respirar.

Lo besé, nos besamos y nos despedimos con dificultad, con lentitud. No quería apartarme de él. Ni él de mí. Pero no podía arriesgarme a que salieran a buscarme, seguramente ya se estarían preguntando dónde diablos me había metido. Corrí a velocidad vampírica y llegué a la mansión principal para encontrarme con mis padres. Estaban sentados en el sillón grande mirando hacia la puerta… bueno, hacia mí.

- ¿Dónde estabas? – me cuestionó mi madre.

- Con Jacob. – le respondió mi padre. Arrugué el ceño. Mi madre siempre ponía su escudo sobre mí cuando mi padre estaba cerca pues me sentía incómoda con él en mi cabeza. Lo miré y supe que ya no lo tenía sobre mí y ahora mi padre volvía a violar mi intimidad. – Lo hacemos por tu bien. – respondió a mis pensamientos.

- ¿Por mi bien? ¿Cuál es el riesgo, Edward? Cuéntame. – escupí apoyándome en el umbral de la puerta con los brazos cruzados sobre mi pecho.

- Jacob está bien como tu amigo, Renesmee.

- Jacob no me está usando. – dije atajándome.

- Sabemos que no. Él sería incapaz, pues su grado de adoración hacia ti es indescriptible. El problema es que si de verdad te importara Jacob, pensarías un poco más en tus sentimientos. No tendrías que arriesgarte a esto. Puedes lastimarlo severamente. – esa había sido mi madre.

- ¿Ahora les importa Jacob? Creí que se trataba de mí. – hice una pausa. - ¿Saben lo que pienso? Que ustedes sólo quieren retenerme. La abuela me contó lo que pasó el día que te enteraste de que Jacob estaba imprimado de mí, mamá. Tú sólo quieres que permanezca a tu lado.

- Claro que quiero. – me gritó.

- ¡Pues no lo haré sin Jacob a mi lado! – grité más fuerte. Las palabras que había dicho Nahuel una vez, ya no tenían sentido ahora. Nos quedamos en silencio. Estaba furiosa, mi madre también y sólo así lograríamos lastimarnos.

Los dejé para buscar mis cosas del instituto, cuando escuché el auto de Mary detenerse frente a la casa. Suspiré. ¿Cómo le diría a ella lo mío con Jacob? Realmente todo se había vuelto un enredo. Antes de llegar a las escaleras, me topé con Nahuel.

- He escuchado eso. – dijo.

- ¿Otra vez espiando? Voy a pensar que estás acosándome. – intenté bromear.

- Estaban gritando. – asentí. - ¿Estás con Jacob? ¿De verdad… lo has elegido a él?

- ¿Me vas a dar un sermón?

- No puedes elegirlo a él, Renesmee. Destruirás a tu familia. – Pues yo me destruiría si tenía que alejarme de Jake.

- Eso no es asunto tuyo. – dije volviendo a caminar pero sostuvo mi brazo frenándome. Lo miré colérica.

- Claro que lo es. Eres mi amiga. Recuerda que yo he venido aquí sólo por ti. Y me he encariñado con toda tu familia, haciéndola mía también. Considero que no es justo lo que estás haciendo. Al fin y al cabo dejas de lado a los tuyos para irte con ese perro. – soltó con asco.

- Suéltame. – le advertí.

- Sólo lo haré cuando tomes consciencia.

- Suéltame o te arrepentirás.

- Bien, sólo te dejaré tranquila hasta que vuelvas del instituto. Luego hablaremos.

- ¿Quién te crees que eres? Tú no eres mi padre.

- Soy quién te hará recapacitar.

No dije más nada, me fui con la vena inflada en el cuello, quería matar a Nahuel en ese instante.

- Hola cariño. – me saludó mi amiga.

- Hola.

- ¿Qué ocurre?

- Problemas familiares. Anda, enciende el auto, quiero salir de aquí.


POBRE MI NESSIE. AHORA TIENE QUE LIDIAR CON SUS PADRES. ME HACE RECORDAR A ALGUNA ETAPA DE MI ADOLESCENCIA. JAJA. BESOS A MIS LECTORES/AS!