BUENAS MIS LECTORES/AS! COMO ANDAN? AQUÍ LES DEJO OTRO CAPITULO. ¿SIGUEN POR AHI? ESPERO QUE SI. BESOS!


YO, QUILEUTE


CAPITULO 11 ~ MALAS, MUY MALAS NOTICIAS

No hablaba con mis padres. No me interesaba hacerlo si siempre iban a intentar meterme ideas estúpidas en la cabeza. Habían pasado dos semanas en las que Jake y yo estábamos juntos. Aunque nuestra relación era extraña. No sé bien lo que éramos, si novios o amigos con derechos, sólo sabía que nos pertenecíamos el uno al otro. En estos días sólo lo había visto tres veces, en mis intentos de escape.

Siempre me cogía Edward y me traía de vuelta a la casa. No me dejaban salir al bosque ni a ningún lado, al menos que fuera para ir al instituto. Simplificando todo, mi relación con Jake se basaba en mensajes de texto, llamadas y amor…

La mañana del sábado me esperaba odiosamente lluvioso. Los relámpagos habían hecho que abriera los ojos y me levantara de la cama. Ya estaba de vacaciones. O unas mini vacaciones no sé por qué motivo del establecimiento. No me interesaba, sólo tenía la ilusión de poder estar cerca de Jake en alguno de estos días.

Bajé a la sala y me encontré con todos los miembros de mi familia reunidos. La mirada de tía Alice no me decía nada bueno. Inmediatamente Jake vino a mi mente. Lo necesitaba conmigo para afrontar cual fuera la noticia.

- Ven, cariño. – me llamó Carlisle. – Tenemos noticias.

- ¿Puede venir Jake? Esto lo incluye a él también. – dije con preocupación.

- Está de camino. – me informó mi padre. – Viene con dos miembros de su manada.

- ¿Qué ocurre? – ni bien terminé de preguntar esto, la puerta se abrió mostrando a un Jake y un Seth sumamente empapados. Qué poco me importó cuando salí corriendo a su encuentro. Él no lo dudó y me estrechó entre sus brazos. A pesar de la lluvia, él se sentía tan calentito. Me apoyé en su pecho e inspiré su efluvio, que ya estaba envolviéndome para hacer estremecer cada célula de mi cuerpo.

- Hola princesa. – me saludó besando mi frente. No quería que dejara un beso allí, sino en mis labios. Pero de seguro no se vería bien frente a toda mi familia.

- Te he echado mucho de menos. – le dije apartándome para mirarlo.

- Hola Nessie. – me saludó Seth.

- Oh, hola cachorro. – le dije ruborizada por mi falta de atención hacia él.

- Deténganse ahí. – nos frenó Rosalie. – ensuciarán la alfombra. Iré por unas toallas. – de inmediato salió disparada escaleras arriba.

- Yo también te he echado de menos. – me susurró su voz en el oído. Me mordí el labio, deseosa de morder los suyos, ya era una adicta. Me giré y lo miré con intensión. – No me mires así, harás que tu padre me asesine.

- Así es. Renesmee, ¿puedes acercarte, por favor? – puse los ojos en blanco pero no discutí, estábamos en un momento serio, no era el tiempo para discutir acerca de Jake y yo.

Una vez que Rose llegó con las toallas y que los chicos se secaron, se acercaron dónde estábamos todos nosotros atentos a lo que Alice tenía para contarnos.

- Desembucha, duendecilla. – le pidió mi…lobo.

- Son noticias desalentadoras y quiero que sepan que antes de que se empiecen a poner histéricos, mis visiones pueden evitarse si realmente trabajamos en eso.

- ¿Qué ocurre? – quise saber.

- Tuve una visión.

- ¿Otra vez lo mismo? – se quejó Jake.

- ¡Jake! – lo retó mi abuela, mi padre sonrió.

- Lo siento, Esme. – mi lobo estaba ruborizado. Me dio tanta ternura que a pesar de la situación, tuve que sonreír.

- Vi el futuro de Renesmee. – esas 5 palabras nos dejaron a todos mudos.

- ¿Qué quieres decir con eso? – rompió el silencio mi madre. – Eso es imposible, nunca has podido ver en su futuro.

- Creímos que eso se debía a que Renesmee no es como nosotros, más bien sólo la mitad, y la otra mitad humana. Una híbrida. Alice puede ver a los humanos porque ella ha sido una también, y puede ver a los vampiros por obvias razones, pero no a Nessie, y tampoco a los licántropos o metamórfos, porque ella nunca ha sido parte de esas razas. – explicó Carlisle.

- Espere, espere. No comprendo. – dijo Jake.

- Tú nunca entiendes nada. – lo peleó Rosalie.

- Lo que intento decir es que estábamos en lo incorrecto. Y estaba frente a nuestras narices. Si fuera por esto, Alice podría verla ya que tiene humanidad en ella, así como el vampirismo. Pero sólo se reduce a Jacob.

- Yo no hice nada. – se atajó mi amor aún sin entender, yo ya lo había captado.

- Alice no puede ver a Renesmee porque tú estás imprimado de ella. – le dijo mi padre de mala manera.

- ¿Te vas a desimprimar de mí? ¿Es eso posible? – pregunté triste.

- Eso es imposible. – me respondió Seth.

- Eso jamás pasará, cariño. – me informó Jake. Sonreí. – Bien, Alice. Explícate. Odio cuando dan vueltas y vueltas y nunca llegas a lo realmente importante. ¡Vampiros! – se volvió a quejar.

- Quizás nos cueste hablar porque realmente no es un tema agradable, Jacob. – le soltó mi padre. Jake sólo lo miró de mala manera.

- En mi visión Renesmee estaba triste. Tan triste que hasta el momento, siento su frialdad en mi piel helada. – Jasper la abrazó para darle aliento. – Algo malo va a pasar si no logramos evitarlo.

- ¿Viste a Renesmee triste, y qué más? No nos estás contando todo. – la apuró Emmett.

- Sostenía una fotografía en sus manos, era Jacob. – mis lágrimas comenzaron a descender por mis mejillas esperando a que Alice terminara de contar lo que no quería saber. – Él… pude verla a ella porque él va a dejar de existir en su vida.

Y así cómo lo dijo, cada una de sus palabras se clavó en mi pecho haciendo que el aire me faltara. La sangre lastimaba mis venas, abriéndolas en mi interior como si fuesen cuchillas en mi cuerpo. Me sentí aturdida. No lograba saber qué pasaba en el exterior. Las voces de mi familia discutían sobre algo pero no podía oírlos, sólo lograba sostener con mi mano mi corazón roto.

- Tranquila… - sentí su voz susurrándome. Levanté el rostro y lo vi de rodillas frente a mí. Estaba limpiando mi rostro y ahora ya no había voces alrededor, seguramente mi familia nos había dejado solos.

- Jake… - logré decir al fin junto con un montón de lágrimas más. Él me levantó y me abrazó fuerte. Sólo así mis heridas se cerraron y el aire entró a mis pulmones, me aferré a él como si la vida se me fuera en ello, y es que sí.

- No me pasará nada, ¿de acuerdo? Nos inventaremos algo, Alice dijo que aún hay tiempo para pensar.

- Si te sucede algo…

- Sh, calla, princesa. No me sucederá nada, soy tuyo, ¿recuerdas? Siempre estaré para ti. – quería decirle que ojalá pudiera creerle, pero tenía tanto miedo.

Cuando me aparté vi que me había confundido. Toda mi familia estaba de pie a nuestro alrededor mirándonos con tristeza. Mi madre sólo tenía la cabeza hundida en el hombro de mi padre, ni siquiera podía mirarnos.

- No dejaremos que le pase nada a Jacob. – me dijo Emmett.

- Lucharemos. – agregó Jasper. Pero sus palabras no eran suficientes.

- Cariño, recuerda lo que dijo Alice. Lo bueno de las visiones es que podemos evitarlas. – me dijo mi padre. Sólo miré a Jake que aún seguía mirándome con sus ojos profundos, aún no me había podido despegar de él.

- Si te pasa algo… yo no lo soportaré. – terminé la frase que él no me había dejado concluir antes. – No querré vivir.

- No digas esas cosas. – me dijo con su mirada triste. – Por favor, no me hacen bien.

- No sobreviviré. – volví a hablar. Una lágrima cayó por su mejilla que fue rápidamente sacada de camino por su mano. Verlo así me rompía el alma, pero más lo hacía la sensación de perderlo.

- Renesmee, quiero que nos escuches. Nada le sucederá a Jacob. – volvió a hablar mi padre.

- Entonces empecemos a armar estrategias para la lucha, porque quietos como estamos no vamos a lograr nada. – grité histérica. – Alice, ¿has visto cómo… ocurrirá?

- No lo siento, sólo te he visto a ti.

- ¿No hay nada con que puedas ayudarnos? ¿No has visto nada en tus estúpidas visiones?

- Amor… - "amor"… - Esta no es la manera, necesitamos relajarnos.

- ¿Cómo me has llamado? – una sonrisa se curvó en sus labios.

- Amor… - volvió a decir provocando el carraspeo de mi padre y la incomodidad de mi madre.

- Renesmee, ¿por qué no vas a descansar a tu cuarto? Date una ducha relajante y verás cómo podremos pensar con más claridad. – acotó Edward.

- No me alejaré de Jacob. – dije aferrándome aún más a su cuerpo.

- Pues suban los dos entonces. ¿Tengo otra alternativa? - dijo rendido. Sonreí.

- ¿Estoy autorizado a subir a su cuarto o a darme una ducha relajante con ella? – bromeó mi lobo.

- No te pases de listo, porque estás en la casa de mis padres. Respeta a la familia. – le gruñó mi padre.

- Tranquilo, Eddy. Sólo era un chiste.

- No me llames así, chucho.

- Papá. No le digas así tú tampoco.

- Bien, ¿van a subir? Antes de que me arrepienta.

Esa noche nos quedamos horas y horas hablando y dándonos sutiles besos. Era como si todo lo que habíamos sabido antes, se hubiese esfumado. Él tenía el poder de llevarme a otro sitio pisando el mismo suelo de siempre. Era tan simple sonreír a su lado.

- Jacob, te tienes que ir. Seth te está esperando abajo, tu manada está con él. Date prisa. – dijo la voz de mi padre tras la puerta.

- No quiero que te vayas. – le dije. Estaba recostado a mi lado, cubriendo mis hombros con uno de sus brazos.

- Debo ir a calmar a mi manada. Menuda visión de Alice. Hubiese preferido no saber nada.

- ¿Todo estará bien? – pregunté otra vez con lágrimas en los ojos. Todo lo increíble que estábamos pasando se me olvidó cuando el riesgo de perder a Jake volvió a aparecer en mis pensamientos.

- Todo irá bien. Te lo prometo. – dijo besando mi frente.

- Tenemos que entrenarnos, debemos llamar a nuestros aquelarres amigos para que luchen a nuestro lado.

- Calma, cariño, que tú no irás a ninguna parte.

- Tampoco me quedaré con los brazos cruzados, Jake.

- Lo sé. Ahora sólo relájate. Por la noche volveré, te lo prometo. – dijo de pie a mi lado. – Te quiero, Nessie…

- Yo a ti, Jake. – se despidió besando mis labios con ternura y desapareció tras la puerta dejándome sola en la cama y con pensamientos destructivos enredándose en mi cabeza.

Los días pasaron. Y con ellos habíamos empezado a emplear nuestros tiempos de entrenamiento en la lucha. Emmett y Jasper estaban a cargo. Nahuel ayudaba de vez en cuando pero a los lobos no les gustaba él. Seguramente porque veían los celos de Jake hacia él en su mente o simplemente por falta de confianza.

Alice actuaba de una forma rara. La encontraba mirándome de reojo algunas veces y ya no estaba tan charlatana como de costumbre. Se la pasaba cotilleando con Jas y mi padre y se la veía más preocupada que el resto. Bueno, mi madre hacía sus propios espectáculos. No sólo se mostraba de una forma cargosa y sobreprotectora conmigo, sino que con Jake también. Cuando no estaba en la casa lo llamaba como si ella fuese la novia y no yo. Y cuando estaba en la mansión, no lo dejaba salir de entre medio de las paredes a menos que fuera para que regresara a su casa.

Creo que su actitud me tenía demasiado histérica, incluso más que el hecho de los nervios obvios. No es que no estuviese preocupada por mi lobo y el resto de la manada y mi familia, sino que tenía esperanzas cuestión que Bella parecía haber desechado. Es que no tenía otra opción más que la fe. Si no me derrumbaría, sino preocuparía a Jake, sino nada tendría sentido.

Había empezado a faltar al instituto, el cual ya habíamos retomado. Mary se pasaba algunas veces por casa para traerme la tarea, aunque sabía que esa era una excusa para ver a Jake. Aún no le había contado que estábamos juntos, no quería desilusionarla. Le habíamos presentado a Seth pero había pasado de él hiriéndole el orgullo a más no poder.

Él era atractivo pero no como mi lobo. Y además ya se empezaba a obsesionar con el tema de querer conquistarlo. Jake pasaba de ella cuando le lanzaba indirectas, pero ella parecía no cazarlas. Por mi parte, los celos no actuaban de modo primitivo, confiaba en Jake y conocía a Mary. Sabía que estaba tomando a Jacob en serio y que esa era la razón por la que aún no se le había lanzado al cuello. No sabía si eso era bueno o malo. No sabía cómo hacer para contarle lo nuestro.

A Jacob no le gustaba cuando ella venía ya que debíamos retrasar las prácticas y no podíamos besarnos frente a mi amiga. Parecía extraño que en un principio ellos se llevaran tan bien y luego se haya cortado todo de golpe. Eso me gustaba, para comida de mi ego feroz.

- Aquí estás. – me atrapó Jake desde mi espalda enroscándome con sus fuertes brazos.

- ¿Dónde sino? – dije girándome para plantar un beso sobre sus cálidos labios. Desearía que si hubiera forma de morir, fuese sobre ellos. Sería feliz.

- Me he tomado un descanso ya que han llegado visitas.

- ¿Visitas? – levanté mis cejas interrogativas.

- Creo que son las hermanas de Nahuel. Cada día llega más gente. Muchos ojos rojos. – dijo tumbándose sobre mi cama y llevándome consigo.

- ¿Qué sucede, Black? ¿Le temes al rojo?- sonrió con pocas ganas.

- No es eso. – hizo una pausa. – Es sólo que el hecho de que sus ojos se vean así…

- Oh. – capté el mensaje. – Ellos no se alimentaran de gente de los alrededores. Algunos traen sus reservas, otros viajan a Seattle para hacerlo.

- Lo sé, pero eso no quita el hecho de que sean repulsivos. – puso cara de asco. – Ellos matan personas. No puedo quitarme eso de la cabeza, no puedo dejar de pensar en que esas víctimas hasta podrían ser niños.

- Oh, no pienses en esas cosas, Jake. – dije acariciándole el cabello. – No creo que se alimenten de niños.

- He oído a uno decir que la sangre de bebé es la más deliciosa. También lo han dicho de las vírgenes.

- Eso es repulsivo.

- A eso me refería. – besé su nariz. - ¿Qué hacías aquí arriba?

- Me estaba por dar una ducha. Iba a decirte pero te vi muy entretenido aplastando a Emmett. – reí.

- ¿A que ha sido divertido?

- Claro que sí. Especialmente los gestos de impotencia de mi tío.

- Estoy muerto, amor. – "amor"… cada vez que soltaba esa palabra toda mi piel se erizaba, mi corazón no tenía remedio, se desesperaba cuando lo oía decirme cosas dulces, hasta pequeñas palabras quizás insignificantes y monótonas para algunos. Me giré a verlo. Su rostro tenía ojeras debido a que había ido a patrullar y al terminar se había venido directo a entrenar.

- ¿Por qué no descansas unos minutos mientras me doy un baño? – le dije besando su mejilla, se estiró desperezándose y me dio un rápido "piquito" en los labios. Reí.

- También puedo entrar en la ducha contigo… - insinuó pícaramente.

- Suena tentador pero debajo de este piso se encuentra Edward con sus amigos vampiros de ojos rojos. No creo que quieras arriesgarte.

- Sabes que me arriesgaría. – soltó una risa cansada. – Pero pensándomelo mejor, quizás te espere aquí mientras descanso mis ojos.

Así lentamente su respiración se hizo profunda y supe que se había dormido. Sus facciones estaban relajadas al fin y planté un camino de besos en su rostro antes de meterme al agua.

El agua relajó los músculos de mi cuerpo, estaba tibia y eso impedía querer salirme, pero debía hacerlo. También no quería dejar de estar cerca de Jake. Me costaban los segundos en que estábamos separados, sin importar que estuviese al otro lado de la puerta. Por las noches tenía pesadillas, sentía que el frío las provocaba, y en la mañana cuando él venía y no tenía trabajo que hacer, todo en mí se calmaba tras sentirlo rodearme con sus brazos.

Salí de la ducha y me di cuenta de que sólo traía conmigo la toalla envuelta en mi cuerpo. La ropa la había dejado sobre el modular y la que traía puesta estaba hecha un asco.

Salí en puntillas de pie para no hacer ruido. No quería que Jake me viera de esta manera, bueno… en realidad no ahora ya que las tentaciones no estarían bien vistas con la casa llena de invitados.

Pero él estaba sentado en la cama mirándome sin vergüenza de una manera poco usual. Mis mejillas se sonrojaron y mis ojos terminaron por encontrar el piso.

- Creo que sigo dormido. – dijo, lo sentí sonreír.

- Date la vuelta. Quiero buscar mi ropa y volveré a desaparecer.

- ¿Qué me dé la vuelta? Ya he visto de ti aquella noche… no sé si recuerdas. – lo miré y vi la picardía. Se había puesto de pie y caminaba lentamente hacia mí.

- Recuerdo. – dije. ¿Dónde se había ido la Renesmee de aquella noche?

- Aunque… había prendas que cubrían ciertas partes. Me pregunto…

- Déjalo Jake. – me aparté nerviosa. Sabía que si sentía su roce, caería.

- De acuerdo. Sólo bromeaba. Tranquila. – dijo tomando del picaporte de la puerta. ¿Se estaba yendo?

- ¿Dónde vas? – le pregunté.

- Te dejaré que te cambies tranquila. – me dijo con una sonrisa dulce.

- No quiero que te vayas. – me apresuré a decir. Maldita estúpida bipolar.

- Sólo estaré esperándote en el pasillo, ¿de acuerdo? Ni siquiera bajaré a la sala.

- Sólo quédate aquí. Me cambiaré en el baño.

- Bien. Me iré al balcón. – se acercó y me dio un beso en los labios. Fue corto, pero su dulzura había traspasado cada nervio de mi ser. Cuando se quiso apartar no lo dejé. Quería más de él.

No se resistió a mi insistencia, pasé mis brazos por su cuello y lo atraje más a mí para profundizar nuestro beso. La mano de Jake estaba en mi espalda por lo que no habíamos dejado huecos entre ambos, estábamos siendo uno solo, como siempre.

Jadeó cuando le mordí el labio inferior, me encantaba hacerlo, me encantaba su carne, me encantaba sentir su sangre deslizarse dentro de mí. Me apretó aún más y de un salto ya estuve encima de él. Ahora mis pies no tocaban el suelo puesto que mis piernas estaban pegadas a su cintura. No me importaba no llevar nada debajo de la toalla, sólo quería más de él de una manera casi desesperada.

Sentí mi espalda chocar contra algo firme y supe que me tenía entre su cuerpo y la pared. Sentía los latidos de su corazón desbordarse como los míos, no dejábamos de besarnos, no dejábamos de dejar de resistirnos a la pasión que sentíamos.

- Ness… - me susurró entre jadeos cuando mis manos impacientes lo despojaron de su camiseta, él besó mi cuello luego haciéndome gemir del placer que me provocaban sus besos.

Me bajé de él sin dejar de besarlo, otra vez mis labios lo buscaron. Lo empujé lentamente hasta que se recostó en la cama y yo encima de él, a horcajadas. Me miró con deseo, con pasión, con fuego en su interior como yo lo tenía dentro de mí.

- Debemos parar. – me dijo pero no muy convencido de lo que sus labios soltaban.

- No quiero que paremos. Quiero… - era difícil trabajar con las palabras cuando sus manos nuevamente estaban sobre mi piel. Me giró con un movimiento rápido y ahora estuve debajo de él. Sus manos fueron a parar al nudo de la toalla y me miró como pidiéndome permiso para despojarme de la única cosa que me mantenía cubierta. Asentí con una sonrisa profunda y cargada de amor. Sus manos se movieron lentas, nerviosas… él era tan tierno, estaba nervioso por lo que estaba por pasar. Y así quedé sin nada más que mi propia piel a simple vista. Él sonrió tímido y me observó adorándome, sus ojos quemaban. Estaban tan profundos. Era bueno saber que en medio de tanta mierda, algo tan hermoso como esto era rescatable.

Lo atraje hacia mí, nos besamos con la dulzura inundando nuestro contacto. Sus manos comenzaron a acariciar mi cuerpo y por dónde él pasaba dejaba consigo un hormigueo enriquecedor.

- Te amo… - me susurró.

"- Te amo…" – le respondí a través de mi don.

Y mis manos fueron a parar a sus pantalones, sólo ellos nos impedían vernos por igual. Gimió cuando sintió mis manos sobre su piel y entonces algo ocurrió. De repente él ya no estaba encima de mí. De repente yo estaba desprotegida.

- Vístete. – dijo una voz reconocida. Lo tenía a Jake agarrado por el cuello, él intentaba zafarse pero le era imposible. Hice caso a la voz y me cubrí con la toalla que había quedado encima de la cama. Mis mejillas estaban rojas, mis manos actuaban torpes a causa de la vergüenza y los nervios.