Y OTRO MÁS...


YO, QUILEUTE


CAPITULO 12~ ALGO NUEVO

- ¡Suéltame! – le exigió Jake. - ¡Suéltame o me convierto frente a ti y no te gustará nada!

- Suéltalo, Alice. – ella hizo caso y se apartó. Nos miraba extraño, no había enojo, había otra cosa que no supe entender. Me sentí sorprendida pues creí que mi padre era el único que evitaba que estas cosas ocurrieran. Es más, siempre creí que Alice nos apoyaría. - ¿Qué diablos te sucede?

- Ustedes estaban…

- Maldita chupasangre. – lo sentí refunfuñar a Jake mientras se colocaba la camiseta.

- Ustedes no pueden…

- ¡¿Qué no podemos?! ¿Qué pasa contigo, Alice? Vete de mi habitación.

- Pero…

- ¡Vete! – le grité y ella se esfumó.

Estaba muy enojada. Nunca teníamos intimidad con Jacob, nos era imposible pasar de besos e inocentes caricias y no era justo. Llevábamos 4 meses juntos y yo lo deseaba. Lo deseaba como deseo la sangre para poder sobrevivir. Si no éramos interrumpidos por mi padre, era Bella o Rosalie. Y ahora se les había sumado al club de los aguafiestas, Alice. Maldición y mil veces maldición.

- Creo que no era el momento. – me dijo Jake abrazándome.

- Sí lo era. Estaba tan segura…

- Shh. Tendremos tiempo para nosotros. Cuando pase todo esto te llevaré a vivir conmigo.

- ¿Hablas enserio? – le pregunté apartándome para mirarlo a los ojos.

- Muy en serio. Pienso pedirte que te cases conmigo también, aunque sea un poco pronto.

- Jake… - dije con la emoción contenida en mi garganta. Definitivamente las palabras de mi amigo híbrido, se esfumaron de mi mente. Ahora no existían nada más que yo quisiera más que permanecer para siempre al lado de mi lobo.

- Tranquila. Ya me oirás decir las palabras. Antes debo hacer algo.

- Te amo, me haces muy feliz. – le dije abrazándolo con fuerza.

No pregunté qué era ese algo que debía hacer, en medio de tanta oscuridad, él siempre era mi luz y ahora brillaba más que nunca y me llenaba de felicidad. Vivir con Jake… casarme con él… Eso era todo lo que siempre había deseado.

.

- Anda Nessie. No seas aburrida. ¿Hace cuánto que no vas a una fiesta? – me preguntó Mary mientras nos sentábamos en las mesas del comedor del instituto.

- Nunca he ido a una fiesta y no soy aburrida por esto.

- Por favor, tienes que acompañarme. – insistió.

- ¿Por qué quieres ir? No le veo sentido.

- Pues porque quiero ver a Dorian.

- ¿Dorian? ¿Y ese quién es?

- El primo de mi ex novio. Él estará en su fiesta y yo tengo que estar allí. – me contó. Me quedé mirándola y parecía sincera, al parecer Jacob ya no estaba en su cabeza, lo que me venía bien ya que aún no podía contarle lo mío con él.

- De acuerdo. Iré.

.

Estaba de frente al placar. ¿Qué se suponía que debía ponerme para estas ocasiones? Nunca se me había pasado por la cabeza ir a este tipo de fiestas. Vestidos, jeans y remeras, blusas…

- ¿Necesitas ayuda? – me preguntó una voz cantarina.

- Sí, vete. – le respondí con brusquedad.

- Nessie, no estés enojada conmigo. Pronto me entenderás.

- No quiero entenderte, Alice. ¿Sabes lo frustrante que es no poder estar sola con tu novio? No, no lo sabes porque tú y Jasper están siempre pegados. Nosotros no podemos porque mis padres siempre nos están vigilando. Y ahora te les sumas tú.

- No es así. Yo no intento vigilarte. – dijo culposa, se acercó a mí y metió un mechón de cabello por detrás de mi oreja. – Perdóname. Por favor, no puedo soportar estar distanciada de ti.

- No vuelvas a hacerlo. Júralo y te perdonaré.

- Lo juro. – pegó un gritito y me abrazó. – Ahora… sé que necesitas ayuda. Tienes una fiesta.

- ¿Cómo lo supiste?

- Mary llamó para avisar que pasaría por ti a las 8.

- Genial. ¿Entonces qué me recomiendas?

- Esto. – dijo sacando un vestido del vestidor como si nada. Ya sabía lo que iba a responder antes de que le hiciera la pregunta. Siempre la misma.

- ¿No será mucho?

- A Jake le gustará.

- Jake no irá. Por cierto. Aún no le he avisado.

- ¿Ahora le pides permiso? – bromeó.

- No, pero si él decide venir, la fiesta quedará suspendida para mí. Sabes que prefiero pasar tiempo con él ante cualquier otra persona.

Y era cierto. Con las noticias que habíamos tenido en manos estas semanas, con el amor latiéndome a mil por hora dentro, con eso y más, yo siempre elegiría a Jake antes que a nadie.

Ya llevaba demasiadas horas sin verlo. Comenzaba a sentirme insegura respecto al tema de ir o no ir a la fiesta. Si necesitaba tomarme un respiro, siempre sería mejor con Jacob a mi lado.

Corrí hacia la otra punta de mi habitación para tomar mi celular, marqué su número de memoria y esperé a que me atendiera.

- Hola amor. – me dijo y mi cuerpo entró en diferentes tipos de sesiones de estremecimientos.

- Hola Jake. – dije con mi corazón acelerado.

- Siempre es lindo oírte, ya te estoy echando mucho de menos.

- Y yo a ti. – hice una pausa. – Dime… ¿qué harás esta noche?

- ¿Estás invitándome a estar contigo?

- Tengo una fiesta. Mary insistió en que fuera pero no estoy muy segura. Si estás libre prefiero pasar tiempo contigo.

- Ve con tu amiga. Ya tendremos tiempo para nosotros. Tienes que salir a distraerte.

- Quiero distraerme contigo, Jake.

- ¿Especialmente a qué te refieres? – me preguntó juguetón. Sonreí.

- No hablo de eso. Sólo… te echo de menos.

- Nos hemos visto anoche. Sal con tu amiga.

- ¿No quieres verme?

- Si sigues insistiendo te diré que vengas a mi casa. Estoy solo. Pero quiero que salgas con tu amiga, ya no pasas tiempo con ella. A mí me verás por la mañana y te prometo que en todo el día no me despegaré de ti.

- Bien. – quise sonar ofendida.

- No te enojes, amor. Tienes que tener un tiempo para ti.

- Bien. – repetí.

- Nessie…

- Está bien, Jacob. Lo he entendido.

- No te enfades. Está bien, iré en cuanto termine de patrullar, me agarraste tomando un descanso. Estoy muerto. – y su voz me lo hacía notar. No podía ser tan egoísta. Cuando terminara su trabajo debería ir a descansar, no venir a cumplir con mis caprichos.

- Está bien, Jake. Déjalo. No estoy enfadada. Mejor cuando termines, ve a dormir un poco. Así juntarás fuerzas para mí mañana. Yo iré a la fiesta. Alice me ha escogido un vestido extraño. No estoy acostumbrada a llevar este tipo de cosas.

- ¿Vestido? ¿Es corto, verdad? Puedo dejarlo ya mismo y llevarte yo a la fiesta. – su voz temblaba. – Habrán muchos chicos, quiero que sepan que tienes dueño.

- Oh, por Dios. No puede ser.

- ¿Qué no puede ser?

- ¿Estás celoso? No puedes estar celoso de unos simples humanos, Black.

- No estoy celoso… sólo…

- Aceptaré que me lleves a la fiesta. Te espero aquí a las 8, trae el auto pues Mary pasará por aquí a esa hora. Le diré que tú nos llevarás.

- A las 8 estaré allí. Oh por Dios, dime que ese vestido no es…

- Nos vemos más tarde. – colgué.

Me gustaba Jake celoso. Me gustaba cuando tomaba posesión de mí y yo de él. Me gustaba que los demás supieran que nos pertenecíamos. A papá no le agrada mucho, mucho menos a mi madre, pero no había ni existía quién nos separase.

Un tiempo después, ya se estuvo acercando la hora. Tomé el vestido e introduje mi cuerpo delgado en él. Me miré en el espejo sin creer lo que tenía en frente. Estaba distinta… otra vez. El pedazo de tela era rojo, y tal como lo había sospechado Jacob, era corto. Tenía tiras y un escote que a Edward no le agradaría. Decidí que sería mejor llevar el pelo suelto para que no quedase tanta piel expuesta. Me puse unos zapatos que Alice me había preparado y en menos de lo que esperé, ya había terminado de prepararme. Lo que fue justo, pues sentí el auto de la madre de Mary estacionarse frente a mi casa y luego volver a alejarse. Escuché que mi amiga conversaba con mis tíos. Eso no era agradable, en especial si se trataba de Emmett. Me apresuré a bajar las escaleras. Y allí la vi. Tenía puesto un vestido corto, incluso un poco más corto que el mío, y era de color azul que le quedaba perfecto con su color de piel. En su espalda se veía un prestigioso escote del que Alice parecía fascinada, y su pelo rubio estaba recogido desprolijamente, el cual no quedaba nada mal. Era tan hermosa que me sentí muy poca cosa cuando estuve a su lado.

- Cielos, mujer. ¿Dónde has estado todo este tiempo? – me dijo escaneándome con la mirada.

- No exageres, me siento un poco desnuda con esto puesto. – dije algo sonrojada.

- Oh, tonterías. Estás preciosa, Nessie. – acotó Alice que me miraba alucinada.

- Es cierto. Tienes que vestirte así más a menudo. Esta noche de seguro se te tirarán todos encima. – dijo mi amiga.

- Ya quisiera ver que lo intenten. – dijo Emmett que estaba jugando con su nintendo. – Jacob les aplastaría la cabeza. Uno a uno. Y podría decir que hasta Edward lo ayudaría. Puede que me sume.

- Emmett… - lo regañé.

- ¿Jacob? – preguntó Mary. Maldición, aún no le había dicho que estábamos saliendo. Supongo que ahora ya no importaba, pues íbamos a esa fiesta sólo por su futura conquista.

- Verás… te lo he querido decir antes pero…

- ¿Estás saliendo con Jacob? – su pregunta me sorprendió, no por el hecho de que preguntara lo obvio, sino por su mirada. Cielos, aún no se había olvidado de él. Me sentí una mierda por dentro.

- Sólo… - la puerta me interrumpió, no me había dado cuenta de que él ya había llegado. Y para menos, en el peor momento. Mary me seguía mirando con desilusión.

Alice fue a recibir a mi novio, que entró como si fuese su propia casa. En cuanto nuestras miradas se encontraron, ya no hubo más que decir. La respuesta a la pregunta de mi amiga había sido dada. Él me miraba con deseo, como en todas esas ocasiones en las que habíamos sido interrumpidos cuando la pasión nos había estado desbordando. Sólo existía yo en su mirada, a pesar de que mi amiga estaba mucho más linda que yo. Me sonrojé cuando ni siquiera lo noté parpadear. ¿Realmente me encontraba bonita? Él estaba perfecto.

- Hola. – dije con timidez y el mundo se pareció detener cuando dio los primeros pasos hacia mí. Hiperventilé.

- Hola. – dijo con un tono de voz seductor, mis piernas temblaron cuando luego, me dedicó una media sonrisa.

- Hola. – saludó mi amiga haciendo que él dejara de mirarme. – Tanto tiempo sin cruzarnos, Jake.

- Así es. – le respondió. Se acercó a mí lo suficiente como para saber que iba a besarme, pero me sorprendí cuando sólo posó un beso en mi mejilla. Lo miré extrañada pero luego entendí. Se había dado cuenta de la situación. Se cruzó frente a mí y saludó a mi amiga. Pude ver cómo ella se relajaba.

- ¿Quieres venir a la fiesta con nosotras?

- Oh no puede, Mary. – me apresuré a responder. – Recién ha salido de… trabajar y debe descansar. Mañana tiene mucho qué hacer. – le lancé una mirada cómplice a mi lobo. Él sonrió.

- ¿Eso es cierto? – le preguntó por si misma a Jake.

- Es cierto. Lo siento, sólo las llevaré y luego iré a mi casa.

- Está bien. Alice… ¿el baño? – me ignoró para dirigirse a mi tía.

- Oh, yo te acompaño. – dijo ésta llevándola para arriba. Me giré para ver a mi novio y él ya estaba pegado a mí. Me atrajo con uno de sus brazos pegándome a su pecho y me besó en los labios.

Ahora yo era la que me relajaba. Cuánto había deseado sus labios en todo este tiempo sin verlo. Me separé y sus ojos estaban tan profundos como siempre y eran míos.

- Estás preciosa. – me susurró muy cerca. – Demasiado preciosa.

- Gracias por comportarte frente a ella.

- ¿Cuándo le dirás?

- Muy pronto, lo prometo.

- No tienes que prometerme nada, amor. – dijo besando mi nariz. – Sólo quiero que tú te sientas cómoda.

- Gracias. – lo miré de arriba abajo. – Oye, tú también estás lindo.

- Qué va.

- Pero sigues oliendo a perro mojado. – gritó Emmett desde la consola. Me sonrojé. Me había olvidado por completo de su presencia.

- Eso quisieras. – le dijo mi novio. - Me gusta tu vestido. – volvió a susurrarme al oído. Toda mi piel se erizó. Y más aún cuando acarició mi mejilla y bajó su mano hasta mi cuello y la siguió bajando hasta mi escote. Mi corazón iba a salírseme si seguía así. Su mano era tan cálida.

Los pasos a través de la escalera hicieron que quitara su mano de allí ipso facto, me sentí abombada cuando tuve que alejarme un poco más de él.

- Lista. ¿Nos vamos? – preguntó mi amiga. Jake asintió y entonces nos fuimos.

Todo el camino, la única que hablaba era Mary, y no precisamente se dirigía a mí. Se había sentado adelante, al lado de Jake y cada vez que podía lo tocaba cuando gesticulaba, lo hacía a propósito. Lo sabía.

"Calma, Nessie", me dije a mí misma, procuré sólo mirar por la ventana en el asiento trasero, pero la voz de mi amiga me molestaba y más cuando intentaba clavarle sus colmillos a mi novio.

Para cuando llegamos, la vi subirse el vestido en un intento de que Jake la mirara, pero vi su desilusión cuando justo en ese momento él se giró a verme. Me sonrió y yo inevitablemente hice lo mismo. Y como todo un caballero se bajó del auto para abrirme la puerta. Escuché decir algo a Mary pero ya no la podía escuchar con claridad. Todos mis sentidos estaban puestos en mi lobo.

"Desearía poder estar contigo a solas…"

- Ya habrá tiempo. – dijo él. Al principio me sentí desorientada. Luego supe que había respondido a mis pensamientos. Mis ojos se abrieron como platos y él no lograba entender. - ¿Qué sucede? – me preguntó asustado.

- ¿Qué has dicho?

- Pregunté qué sucede, Nessie. ¿Qué ocurre? ¿Por qué te has puesto tan pálida?

¿Era posible que Jake respondiera a mis pensamientos? Él una vez me había dicho que había escuchado mi voz en sus sueños, recuerdo aquel día. Cuando le hablaba en silencio diciéndole que lo amaba. Mis piernas temblaron.

- Nessie… ven. – dijo y me introdujo en los asientos traseros del auto. - ¿Qué ocurre, amor? – me preguntó otra vez llevando mi cabeza a su pecho, con gusto me hundí allí, intentando comprender.

Siempre había sido capaz de trasmitir mis pensamientos a través del tacto, ¿sería posible que mi don haya evolucionado? No era posible. Además Jake lo habría notado.

- Estoy bien. – dije sin más. – Lo siento, sólo… es que no quiero estar aquí.

- Nessie, ya hemos hablado de esto. Mira allí... – señaló a la entrada de la casa donde era la fiesta. - … Mary te está esperando. La estás asustando, mira su rostro.

- Ella sólo teme que me quede contigo.

- Eso no es verdad.

- Oh, créeme que lo es. – suspiré alejándome de su pecho calentito. – Jake, ve a casa a descansar. – remarqué sus ojeras. – Mañana te contaré cómo ha sido esta experiencia inolvidable.

- Inolvidable, claro. – rió. – Sólo procura decirle a cualquier crío que se te acerque, que tienes dueño. Y que por cierto, soy yo.

- Claro que lo eres, amor. – le dije y me incliné para besarlo, pero recordé que Mary seguramente nos estaba viendo, entonces me alejé.

- Quiero besarte. – me dijo con su mirada profunda. – Quiero tenerte.

- Yo a ti, pero Mary nos debe estar observando. Mejor me voy.

Y él se fue dejándome en un lugar desconocido, con gente desconocida, con chicos pendientes sólo de mi escote y de mis piernas, con una amiga que me ignoraba, en una casa similar al infierno.

La mayor parte de la noche estuve fuera, no conocía a nadie a pesar de reconocer algunos rostros del instituto. Mary tenía sus manos ocupadas en el cuerpo de aquel muchacho, ni siquiera sabía si era él a quién se refería aquella tarde en la cafetería del instituto. Estaba ofendida conmigo, estaba dolida. No sabía si se había dado cuenta de mi relación con Jake pero sí sabía de mis sentimientos hacia él. Un día me había dicho que yo era como el agua transparente. Y esta noche había leído todo de mí.

- ¿Te gusta, verdad? – lo que yo decía, para colmo al girarme pude notar claramente su ebriedad. Maldición.

- ¿Cuánto has tomado? – pregunté poniéndome de pie. Hasta ese entonces había estado sentada en las escaleras de la entrada de la casa.

- No me toques, zorra. – se tambaleó cuando quise sostenerla. Mi humor decaía cada vez más.

- ¿Qué haremos? ¿Ya nos vamos? – pregunté ilusionada, pero sabía que no me iba a dar el gusto.

- Pues vete tú sola. Yo tengo cosas que hacer con aquel chico. – señaló al muchacho, se lo veía bastante bebido. – Adiós, pequeña farsante.

- ¿Qué rayos te pasa? – habló mi bronca.

- Te pregunté muchas veces si sentías algo por Jake, te dije que él era importante para mí, que era la primera vez que sentía estas cosas por alguien. Tú siempre lo negaste, pero esta noche yo te vi. Vi cómo lo mirabas, vi cómo te lo comías con la mirada y hasta te sonrojabas, cómo yo lo hago cuando está cerca de mí. – me gritó llamando la atención de los que estaban cerca.

- Mary… no sabía cómo…

- ¿Cómo decírmelo? Pues hablando. No te hubiese invitado a venir, no si tenía que ver cómo ambos se devoraban con la mirada.

- Cálmate. Estás haciendo un escándalo.

- Pues no me importa. Que sepan lo zorra que eres. Todos te tienen miedo pues eres rara, pero quiero que sepan que no eres rara, más bien una perra. – escupió.

- Es suficiente. – dije y me di la media vuelta para caminar hacia ningún lado.

- ¿A dónde vas? Te estoy hablando, Renes… Renesmee. – la escuché en mi espalda pero no detuve mis pasos. Esto ya era demasiado. Había soportado demasiado tiempo en un lugar en el que no quería estar sólo para terminar siendo vista como una puta. Definitivamente no volvería al instituto nunca más.

Cuando ya estuve lo bastante lejos y visualicé el bosque, aceleré mis pasos para correr a velocidad vampírica en medio de la oscuridad. No temía, no tenía miedo pues un poco más y estaría junto a él. No tenía pensado volver a mi casa. Sólo quería ver a Jacob.

Llegué en menos de lo que imaginaba, mis zapatos colgaban de mis manos, mis pulmones estaban por colapsar, lo que no sabía era si era por el hecho de haber corrido tan deprisa, o por el hecho de estar junto a él. Caminé sintiendo arena y tierra en mis pies, la pequeña casita roja estaba a oscuras, sería inútil tocar a la puerta, nadie me escucharía.

Di la vuelta hasta pararme en la ventana de Jake. Toqué una vez y no obtuve respuesta. Toqué de nuevo y hubo más de lo mismo. Coloqué mi oído sobre el vidrio para confirmar que estaba profundamente dormido. ¿Cómo iba a despertarlo?

Mi móvil.

Lo saqué de mi escondite y marqué su número, el celular sonó y lo sentí pegar un brinco.

- ¿Amor? ¿Qué… estás bien? – sonreí.

- Ábreme la ventana. – le indiqué. No tardó mucho. La abrió cuando aún tenía el teléfono en la oreja. – Hola. – lo saludé tímida. Estaba con el pecho desnudo y sólo un bóxer debajo. Hiperventilé.

- ¿Puedes entrar por aquí? Sino… - y ya estuve dentro. De frente a él. Lo miré con deseo y no me hicieron falta las palabras para hacerle ver lo que quería.

Dio un paso y me besó. Mis manos desesperadas recorrían todo su cuerpo. No podía creer que nunca me cansara de hacerlo, ni de desearlo… ni de amarlo como lo hacía.

- ¿Qué haces aquí? – me preguntó con sus labios pegados a los míos.

- Te echaba de menos. – le dije sin despegarme. – Te amo.

- Te amo. – me dijo para luego seguir besándome. Me senté en la cama y él a mi lado sin alejarnos nunca. Nuestros labios jugaban frenéticos, nuestras lenguas danzaban seductoras en nuestro interior.

Lo empujé suavemente hacia el colchón para que quedara recostado. Unos pequeños rayos de luna entraban por la ventana otra vez cerrada, a través de las cortinas, iluminando sus perfectas facciones, sus perfectos ojos que me miraban apasionados.

- Ya deja de verme y ven aquí. – me dijo empujándome hacia él. Sus manos en mi espalda, mi pelo estorbando. Sus dedos bajando lentamente la cremallera de mi vestido. Gemí cuando su piel tocó la mía erizándola, transformándola en pedazos ardientes.

Se irguió un poco, y bajó con dulzura el trozo de tela, rozándome a su paso. En poco tiempo ya estuve desnuda sobre él.

- Eres tan hermosa… - me susurró y yo volví a buscar sus labios. – No puedo dejar de amarte… ni un segundo…

- Hazme el amor, Jake… - le imploré.

Me puso con ternura sobre las sábanas con sus labios pendientes de los míos siempre. Le hice un hueco sobre mí para que se acomodara mejor y estuviese más cómodo. Me acariciaba diferente a otras veces, mucho más profundo, mucho más dulce. Besó cada centímetro de mi piel. De mis labios a mi cuello, de mi cuello a mis pechos. Me daba placer sentir sus besos sobre mí. No pude evitar lanzar un gemido cuando sus labios siguieron su camino hacia mi vientre. Lo sentí sonreír.

Lo obligué a subir a mi boca y enredé mis piernas en su cintura. Me friccioné contra su cadera y otro gritito salió de mí. No había más que decir al respecto. En unos pocos segundos nos deshicimos de las únicas ropas que nos impedían el contacto. Lo sentí en mí, por primera vez estábamos uniéndonos en cuerpo y alma.

- Ja…ke… - le susurré aún incómoda por el primer tacto.

- Lo siento… ¿estás bien? – me preguntó acariciando mi pelo, mi cuerpo se relajó.

- Te amo… - le dije antes de volver a besarlo. ¿Cuántas veces lo había hecho ya? No lo sé, pero no me cansaría nunca de hacerlo.

Hicimos el amor. Nos unimos para ya jamás desprendernos. Nos entregamos en nuestra totalidad entre placeres y el corazón. Pude sentir el momento en el que nuestras almas se tocaron, me sentía viva cada segundo, las corrientes eléctricas se adueñaron de nuestras pieles llevándonos a otro mundo, a otro lugar del que sólo pertenecíamos nosotros. Los dos. Uno los dos.

Me desperté cuando el sol acariciaba mi rostro que estaba recostado sobre el pecho desnudo de mi hombre. Mío… Lo miré y no me podía creer que aquel ser me perteneciera. Nunca me vi capaz de poseerlo, pero él me había elegido, él estaba imprimado de mí y yo lo amaba con una locura desbordante.

Estaba agotado, sus facciones estaban calmas y había una pequeña mueca en sus labios. ¿Sonreía cuando dormía? ¿Existía algo aún más perfecto que él? Volví mi cabeza para sentir trabajar sus pulmones. Su respiración junto con los latidos de su corazón, eran una melodía atractiva que me hacía querer oír más.

Mi mente rememoró la visión de Alice. A mí, hundida en la tristeza, a mí abrazando una fotografía, a mí sin Jake. ¿Eso era posible? ¿Existir en un mundo donde él no estuviese? ¿Habría oportunidad siquiera de llorar?

Él se movió y volví a sonreír cuando lanzó un ronquido. Era perfecto hasta en esos detalles que la mayoría odiaría.

Podría seguir admirándolo, pero ruidos provenientes de afuera llamaron mi atención.

- Cállate, Paul. Despertarás a mi hermano. – escuché que decía Rachel desde la cocina o el comedor tal vez.

- ¿Qué más da? Ya debe levantarse. Ven aquí, cariño. – le respondió.

Me erguí nuevamente para sentarme a su lado. Estaba tan tranquilo que no quería despertarlo, pero me sentía incómoda con otras personas dentro, y más si se trataba de Paul.

- Jake… - lo llamé y sólo apretó mis caderas más a él. Me sonrojé. Qué estúpida era. Toda yo era de él, podría hacer con mi cuerpo lo que quisiese. Y él quería sentirme más cerca. – Jake, despierta. – lo sacudí con fuerzas y pude notar que sus párpados comenzaban a abrirse.

- ¿Ness? ¿Qué… qué ocurre? – dijo dificultoso.

- Tu hermana y Paul están en la casa. Los he oído hablando. Levántate. ¿Dónde está mi vestido? – dije mirando hacia el piso y allí lo vi.

- No. Quédate. No te vayas aún. – me dijo sentándose en la cama ipso facto. Lo miré y le sonreí con ternura.

- Sólo quiero que nos levantemos a desayunar. No me iré aún. – hice una pausa. – No estoy segura de poder soportar estar lejos de ti ahora.

Tomó mi cuello por detrás y me besó. Sus labios eran exquisitos, suaves y esponjosos, dulces y pasionales. Luego, nos levantamos, nos vestimos y salimos al comedor.

Rachel abrió los ojos como platos cuando me vio allí. Paul nos dedicó una sonrisa socarrona.