OTRO MÁS. INTENTARÉ SUBIR HOY HASTA EL 15. SI ALGUIEN ESTÁ LEYENDO ESTOS CAPITULOS ME GUSTARIA SABERLO! DESDE YA, GRACIAS POR LA BUENA ONDA DE SIEMPRE!

ESPERO LES GUSTE ESTE CAPITULO Y SIGAN DISFRUTANDO DE YO, QUILEUTE.


YO, QUILEUTE


CAPITULO 13 ~ FIN DEL TIEMPO

- ¿Qué hacen aquí? – les preguntó Jake mientras recorría conmigo la cocina tomados de las manos.

- Vine a ver a papá, pero nadie me abrió así que entré ya que también es mi casa. No sé si lo recuerdas. – le respondió Rachel. Ella vivía con su lobo, pero seguía yendo a casa de Billy para verlo, a Jake por alguna razón siempre le molestaba su presencia. De seguro sólo tendría que ver con Paul, realmente algunas veces era odioso.

- Papá no está. Ha ido de pesca con Charlie. Vendrá más tarde. Puedes irte. – dijo para luego besar mi frente. Estaba preparándonos el desayuno. Yo me senté en una silla que había allí cerca.

- Qué bien se te ve hoy, Jacob. – soltó Paul, me sonrojé cuando me lanzó una mirada. – Parece que se lo han pasado bien anoche.

- Cierra el hocico, Paul y lárgate de mi casa.

- Eres imposible, hermano. – le dijo Rach y se fue seguida por su novio, o esposo. Ellos se habían casado hace algunos años, recuerdo bien la cara de Jacob durante la ceremonia. Lo había pasado mal.

Nos sentamos juntos en el comedor, incapaces de despegarnos. Nos sonreíamos de la nada, ni siquiera hablábamos. Se sentía tan bien estar en el mismo sitio que él, sin nadie dando vueltas, sin nadie arruinando el momento perfecto.

- ¿Qué crees que nos dirá Edward cuando se entere? – me preguntó mientras jugaba con los dedos de mi mano.

- No me interesa lo que diga. Eres mío, amor. – le dije. – Me perteneces y yo a ti. Podemos hacer con nosotros lo que queramos, ¿o no?

- Se me ocurren muchas cosas para hacerte, nena. – sonreí.

- ¿Jake?

- Dime, preciosa. – sus ojos me estaban hipnotizando, la fuerza en su mirada me envolvía haciéndome sentir incapaz de decir palabra alguna, pero hice el esfuerzo de todas maneras.

- Te amo… - susurré. – Esta noche… esta noche ha sido la más hermosa que jamás haya vivido. Me has hecho mujer…

- Mi mujer… - me interrumpió diciendo las palabras justas. Se acercó y dejó un beso sobre mis labios. Temblé, había sido suya, lo seguía siendo claro, pero me había entregado a él y aún así, lograba hacerme trizas con un solo beso. – Yo también te amo, Nessie. Creí que nunca llegaría este momento. Y cuando anoche te vi por mi ventana, ¡cielos!, parecías un ángel. El cuerpo me tembló por completo y cuando por fin te tuve, Dios sabe que fue lo más maravilloso que viví en toda mi vida. – hizo una pausa. – Te amo, te amo más a que a nada en este mundo, amor. – y volvimos a besarnos. Él se sentía como yo. Compartíamos sentimientos, sensaciones, no me asombraba tanto, yo me sentía parte de Jake. Éramos un solo ser. No había otra explicación.

Cuando terminamos de desayunar, intenté acomodarme mejor la ropa. El vestido estaba rasgado en algunas partes, pero no me importaba. Recogí mi cabello y recorrí mi cuello recordando los besos de Jake. Su piel por mi piel… todo él en mí.

- ¿En qué piensas? – dijo observándome.

- En nada. ¿Ya has sacado el auto? – pregunté.

- Sí. ¿Lista para descender al infierno?

- Estoy lista si estás conmigo.

- Iría contigo hasta el final del universo.

Y así emprendimos el camino hacia la mansión Cullen. Durante el viaje nos fuimos haciendo chistes, intentando imaginarnos la cara de Rosalie cuando se enterase. Luego la cara de Edward, aunque me resultó menos gracioso imaginármelo. Sabía que enloquecería. Le pediría que no le cuente nada al resto de mi familia, que prefería dejar esto para mi intimidad y la de Jake. En sí, era algo sólo nuestro. Si no fuera por su estúpido don del lector de mentes, él no sabría nada y no tendría que sufrir cada detalle por dos.

Visualicé mi casa y con ella a mi madre en la entrada. Estaba mirándonos con cara de pocos, muy pocos amigos. Jake estacionó el auto y suspiró profundo. Le tomé la mano para que entendiese que nada nos separaría. Luego, salimos del auto para enfrentarnos a Bella.

- ¿Qué crees que haces, Renesmee? ¿Has visto la hora que es? ¿Te importa siquiera la preocupación de nosotros? Nos hemos pasado la noche preocupados por ti. Hemos llamado a tu celular, al celular de Mary y al celular de Jacob pero ninguno de los tres se molestó en atender. – hizo una pausa como esperando una respuesta, pero la dejé que siguiera hablando. - ¿Dónde has estado? Bueno, me lo imagino ya que vienes con el chucho.

- No le digas así.

- Cállate. Estoy hablando. – me frenó. Jake apretó mi mano para detenerme, le hice caso. – Están pasando cosas horribles, Renesmee. Mientras tú te la pasas de fiesta y vives tu adolescencia como tal, nosotros hemos estado con el corazón en la boca preguntándonos si te había ocurrido algo. No fue hasta esta mañana cuando tu padre se encontró con Paul y él le dijo que te vio en su casa.

- Reconozco que me he equivocado en no avisar dónde me encontraba, pero de todo lo otro te equivocas.

- ¿Me equivoco? Prefieres estar con Jacob haciendo cosas calenturientas a que el bienestar de tu familia. – me gritó.

- Fui a lo de Jake porque la fiesta estaba aburrida. – intenté excusarme. – Y no. No quería venir a casa, dónde hay gente extraña que no conozco, dónde se está hablando permanentemente de luchas. Necesitaba estar a solas con Jake. No los necesitaba a ustedes, lo necesitaba a él.

- Si tanto te molestan los temas que se hablan en esta casa, da por sentado que ya mismo se retiran todos hoy, al fin y al cabo los perros no nos incumben a nosotros. Que luchen por ellos mismos. – silencio. Sentí una lengua de fuego recorrer mi espalda, sentí mis músculos tensarse. Si no fuera por la mano de Jake que me sostenía, hubiera saltado sobre Bella y la habría destruido.

- ¿Cómo puedes decir eso? – fue lo único que dije y salí disparada hacia la casa con mi novio detrás. Al entrar, toda mi familia y algunos amigos, estaban allí, mirándonos confusos, aturdidos y lastimeros. Los miré pero pasé de ellos y nos fuimos a mi habitación.

Al cerrar la puerta, busqué debajo de mi cama, la valija y comencé a cargar ropa en ella. No sabía lo que estaba poniendo, sólo quería guardar lo necesario sin excederme mucho.

- ¿Qué haces? – me preguntó Jake.

- ¿No ves lo que hago? – le respondí mientras las lágrimas descendían por mi rostro. – Pásame esas zapatillas.

- No. Detente. – dijo poniendo sus manos sobre las mías. – Esta no es la solución.

- ¿Y cuál es? No quiero estar aquí. Ya la has escuchado. Ella no te quiere y por lo tanto, no me quiere a mí tampoco.

- No es así. Bella sólo está asustada. La conozco.

- ¡Pues yo no quiero conocerla! Quiero irme de aquí, así que no seas tonto y ayúdame. – sin más que decir me derrumbé en el piso llevando mis manos a la cara. Mi rostro estaba humedecido y las lágrimas no dejaban de brotar de mis ojos. Estaba muy dolida.

- Calma, amor. No te hagas esto. – me susurró mi lobo que se había sentado junto a mí en el piso. Posé mi rostro sobre su pecho.

- Este debería ser el día más feliz de mi vida. Y lo es, pero hay nubes en el cielo.

- Lo sé. Sabíamos que iba a ser duro. Pero quiero que entiendas que tu madre sólo está asustada y de seguro ya está sintiéndose culpable por todo lo que dijo.

- ¿Entonces por qué lo dijo? Sólo logró lastimarme.

- No llores más, Nessie. – dijo besando mis lágrimas. ¿Cómo podía estar tan tranquilo? ¿Cómo, cuando mi madre iba a decir a sus amigos que se fueran? ¿Cómo, cuando la vida de Jake corría peligro?

- No hay peligro, amor. Yo jamás te dejaré. – me respondió, no me había dado cuenta de que mi mano estaba transmitiéndole mis pensamientos. – Ella no les dirá nada, sólo dijo algo estúpido en un momento incómodo. Bella jamás quiso hacerte daño.

- ¿Por qué la defiendes?

- No la defiendo, la conozco. Y sé que tú eres su vida.

- No quiero hablar de ella. – dije mirándolo a los ojos. – Estoy tan preocupada por ti. ¿Para qué ocultarlo? Tengo mucho miedo, Jake.

- No… no me pasará nada. – mintió. Él no creía en sus palabras, lo conocía muy bien. Sentí ganas de llorar, de volverme a quebrar y dejar inundar con mis lágrimas el cuarto entero. Pero sus ojos estaban preocupados también, me querían ver bien. Sabía que se sentía impotente.

- Te amo. – le dije. Era capaz de confesárselo cuántas veces fuese necesario. Sentía la necesidad de largarlo todo el tiempo, de besarlo y abrazarlo, congelando el tiempo en nuestras caricias.

Me duché, me cambié y me abracé a su cuerpo cálido. Deseé realmente poder congelar el tiempo. En un mundo tan sobrenatural, dónde todas las historias de terror contadas a los niños, eran ciertas… ¿no podría existir el modo de frenarlo todo? ¿De estancarlo en este momento feliz?

Él tuvo que irse al cabo de un rato. No quería hacerlo, ni yo quería despegarme de su lado, pero tenía que ir con su manada, habíamos acordado pasar el día juntos pero algo había surgido. Una llamada de Sam, al parecer Emily estaba de parto y Jake tenía que reemplazarlo. No pude sentirme contenta del todo. Lo estaba, pues a quién no pone feliz un nacimiento. Pero siempre las cosas buenas se veían opacadas. Ahora llovía y él estaba allí fuera. Cada vez que nos despedíamos, temía que fuera para siempre. Temía que ya no regresara. Me dolía porque sabía que el momento se estaba acercando.

Había escuchado hablar a las hermanas de Nahuel con Alice. Mi tía les decía que en menos de un mes los Vulturis estarían aquí. El día en que me enteré casi pierdo la conciencia. El dolor rompía mi corazón, el miedo paralizaba mis sentidos. ¿Qué pasaría? ¿Habría una batalla realmente? ¿Podríamos evitarla? ¿Podríamos sobrevivir a esto?

Me quedé mirando la lluvia a través de la ventana. El bosque estaba oscuro a pesar de la hora, de repente me di cuenta que últimamente los días siempre estaban grises, ahora el sol parecía haberse ido.

- Nessie… - susurró alguien desde la puerta. Me giré y vi a Alice allí, estaba sonriéndome y le señalé con la mano para que ingresara. – Cariño, ¿podríamos hablar un momento?

- Ya estás hablando. – intenté hacerle una mueca.

- ¿Has… has pasado la noche con Jake?

- ¿Tan directa? – enarqué una ceja.

- Lo siento. – agachó su mirada. – Sé que no me incumbe.

- La fiesta se puso fea. Realmente no tenía ganas de estar allí, Alice. Discutí con Mary. Está enamorada de Jacob. Y yo también lo estoy.

- ¿Se lo dijiste?

- No. Pero lo sabe. Luego me fui y sólo quise estar con él.

- Tu padre casi se ha vuelto loco. Cuando se encontró con Paul, rompió la mesa de Esme y ella se molestó mucho. – rió. – Luego los sintió venir, leyó sus mentes seguramente y huyó. No quiso enfrentarlos, creyó que Bella sería más sensata, pero lo cierto es que todos estamos muy nerviosos últimamente.

- Si… supongo.

- ¿Nessie?

- Dime.

- ¿Se han cuidado? No quiero saber los detalles. Sólo…

- No es posible que pase, soy un bicho raro, ¿recuerdas?

- Hay algo que no te conté. Hay algo que Edward, Bella y yo nos guardamos. – la miré con las cejas clavadas en los ojos. ¿Aún había más secretos?

- ¿Qué sucede? Estoy harta de que me guarden cosas.

- Lo siento. – suspiró. – En mi visión… - comenzó, su maldita visión. – En mi visión tú estabas triste por la ausencia de Jake. Él… Bueno, ya sabes.

- ¿Va a morir? – pregunté con la voz hecha un lío. Las lágrimas ya se agolpaban detrás de mis ojos.

- No permitiremos que suceda. – limpié mis mejillas. – Abrazabas una foto. – se levantó y se dirigió al espejo. Agarró una de las fotografías y la puso en mis manos. – Ésta. ¿Recuerdas? Edward estaba enojado ese día, había peleado con Jacob y tú lo defendiste. Estabas muy enojada con tu padre. Eras tan pequeña y ya lo defendías. Se fueron al bosque, yo los seguí y los vi jugando en el prado de tus padres. Se veían felices y me vi tentada a tomarle fotos. Por aquel entonces me resultaba divertido. – miré el papel y allí estábamos los dos, yo tendría unos 16 años físicos, Jake estaba recostado en el piso y sonreía feliz, me sostenía en el aire y yo también estaba feliz… porque estaba a su lado.

No pude evitarlo. Las lágrimas volvieron a brotar y no pude contener mis sollozos. Alice me contuvo sobre su hombro, me apretó a ella para darme aliento, pero no era suficiente. Estaba poniéndome histérica, mi llanto seguramente se oía hasta el piso de abajo.

- Lo siento. No quería que te pongas de este modo. – me dijo una muy culposa Alice.

- Estos eran los buenos tiempos, tía. Ahora soy infeliz porque tengo miedo. No podré vivir sin Jake. No lo soportaré.

- Lo harás. Lo he visto. Te he visto más fuerte de lo que imaginaba, al principio no entendí el motivo, pero luego lo comprendí.

- ¿De qué hablas? – dije alejándome para mirar bien su rostro.

- Estabas aquí mismo, sobre tu cama con esta fotografía sobre el pecho. Llorabas en silencio. Estabas sufriendo pero estabas fuerte a pesar de todo. Nahuel… él estaba a tu lado. Él estaba soportando el dolor junto a ti. Luego de eso, tomaste su mano y la apretaste tan fuerte que él creyó que le romperías los huesos, pero sólo lo llamabas para que se recueste a tu lado. Él estaba calmando tu pesar.

- ¡¿Qué…?! – me levanté ipso facto. – Nahuel es mi amigo, si es que insinúas otra cosa. Y ni siquiera él podrá ser capaz de calmar mi dolor. ¿Qué tratas de decirme? ¿Hay más?

- Lo siento, no quería que te pusieras histérica. – bufé. – Escucha, hay algo más.

- Pues suéltalo de una vez.

- De repente mi visión se nubló y me dirigió a otro sitio. Estabas en el prado y ya no te veías triste, sólo… un poco más feliz y besabas a Nahuel. Él… tú…

- ¡NO! – grité. - ¿Por qué me cuentas esto? Vete.

- Tu padre me matará, no debí hablar.

- Es absurdo. ¡Vete!

- Quiero que sepas que intentaremos hacer todo lo posible por Jacob, pero si no lo logramos todavía habrá esperanzas para ti. – terminó de decir esto y mis manos estaban rodeando su cuello. Quería que se callara, quería que sólo lo dejara, y ella seguía hablando. Se estaba rindiendo y estaba intentando que yo lo hiciera también alegando que "habrá esperanzas" para mí. ¿A qué estaba jugando?

Apreté más mis manos contra tu cuello, quería soltarla porque la estaba lastimando pero la ira que me poseía me impedía hacerlo. Vi su piel resquebrajarse bajo mis dedos. La estaba dañando.

- Ness… - intentó hablar pero no pudo.

De repente una paz envolvió mis sentidos y ablandó los músculos de mi cuerpo. Mis dedos se movieron de mi tía y mis brazos cayeron por fin a los costados de mi cintura. La miré y vi el susto en sus ojos, la decepción. Me echó una última mirada y salió corriendo. Desapareció y mientras la seguí con los ojos, pude ver a Jasper mirándome con cara de pocos amigos. Ahora entendía que aquella paz, aquella tranquilidad llegó desde él. Fruncí el ceño e inmediatamente me arrepentí de mi anterior reacción. Sólo… sólo no me había podido controlar, estaba… ella estaba soltando cosas sin sentido.

- Lo… siento. – me disculpé con mi tío. Él sólo me miró colérico y desapareció.

Me sentí horrible, me sentí la peor mierda. Tenía mi mente dividida. Sabía que lo que había hecho con tía Alice estaba mal, muy mal. Pero sin embargo, aquella punzada que tenía en mi pecho, allí sobre mi corazón, dolía y quemaba más que cualquier otra cosa. Aún no había ocurrido nada, pero la sensación de vacío se hacía lugar en mi ser.

Me recosté, llevé mis rodillas al pecho para calmar mi dolor. Y sin poder intentarlo, me dormí.