HELLO PEOPLE! COMO ANDAN? BUENO ACÁ LES DEJO OTRO CAPITULO. LA HISTORIA ESTÁ PASANDO POR MOMENTO CULMINANTES ASI QUE ESPERO QUE LES AGRADE EL DESARROLLO.

MUCHAS GRACIAS A AQUELLOS QUE SIGUEN LEYENDO ESTA HISTORIA Y A SUS REVIEWS!

BESOS!


YO, QUILEUTE


CAPITULO 14 ~ NADA BUENO

Tía Alice y tío Jasper no me hablaban. Llevaban dos días sin dirigirme la palabra y Edward también me mezquinaba su voz. Esme me decía que se les pasaría pero de eso dudaba. Y me sentía peor aún porque no era lo que más me interesara.

- ¿Quieres ir a conocer al pequeño Ian? – me dijo mi lobo. Estábamos recostados sobre el césped del jardín de mi abuela. Había puesto allí miles de flores que aromatizaban el ambiente. Aquel olor y el efluvio de Jake se mezclaban haciendo del aire algo adictivo.

- ¿Puedes llevarme? – pregunté girando la cabeza para mirarlo. Él sonrió. Ian era el pequeño hijo de Sam y Emily, había nacido sano y fortachón, según las palabras de mi amor.

- Puedo hacerlo. ¿Tu padre te dará permiso?

- No lo sé. Aún no me habla.

- ¿Qué has hecho? ¿Por qué no me lo quieres contar? ¿Tiene que ver conmigo? – asentí algo tímida. – Entonces debo saberlo. No me ocultes cosas.

- Es que no quiero. Me duele.

- ¿Qué puede ser tan…? Oh. – hizo una pausa. - ¿Alice tuvo otra visión?

- No. – le respondí. Sabía que iba a seguir insistiendo hasta que le contara, sólo era cuestión de tiempo. Me lo quería guardar para mí pero sabía que éramos una misma persona ahora. – Omitió una parte de la última que tuvo.

- ¡Duendecilla malvada! – soltó sonriendo. Yo no pude hacerlo. - ¿Es muy malo?

- Muy. – me senté mirando su piel mezclarse con el verde del césped. No quería que se sintiera abandonado. Yo no estaría jamás con Nahuel, yo le pertenecía a Jake. ¿Y si se lo tomaba mal? ¿Y si se sintiera engañado por mí?

- Ey, ¿qué sucede? – dijo acariciando mi mejilla, cuando alejó su mano vi que estaba humedecida. Estaba llorando y no me había dado cuenta. Maldita sensibilidad mía.

- Jake, quiero que sepas que es sólo una estúpida visión y que nada en ella podrá ser real nunca. – lancé atropelladamente. Se irguió y quedamos a la misma altura. – Jamás amaré a nadie como te amo a ti.

- Suéltalo. Me pones nervioso, Nessie.

- Te amo. – dije con la voz temblorosa.

- Yo te amo a ti. Pero anda, dime… ¿qué sucede?

- Alice me vio a mí muy triste por tu ausencia.

- ¿Estás por hacer lo mismo que hace ella, verdad? – me dijo ansioso. - ¿Vas a empezar a repetir todo cuando…? Lo siento, lo siento. Sólo… lo siento. – se tranquilizó cuando mi mano se alojó en su pecho.

- Vio a mi lado a Nahuel, ayudándome, brindándome apoyo. Tal vez fuerzas, no lo sé. Luego le vinieron imágenes de otro futuro supongo, y… - dudé. – Me vio a mí en el prado, besandoaNahuel. – solté esto último lo más rápido posible. Lo sentí lanzar una carcajada, pero eso no me decía que se lo tomó a modo de broma. Era más bien una risa irónica. – No ocurrirá.

- Claro que no. Por empezar no me pasará nada. – tomó mis manos, me enredó con su calidez. – No te abandonaré, Nessie. Y menos para que esa garrapata roce tus labios en mi lugar.

- Jake…

- Sólo bromeo. Pero no en lo primero. Jamás nos separaremos. Somos uno los dos, ¿lo recuerdas?

-"Por siempre". – le dije a través de mi don.

- Por siempre, amor.

- Cuando nos casemos, ¿seré una quileute? ¿Podré vivir allí en La Push contigo? Pues si es así quiero una casa con vista al mar. – lo sentí sonreír. – Quiero despertarme y escuchar el mar, claro… luego de tus ronquidos.

- Yo no ronco.

- Oh, claro que sí.

- Estás mintiendo. Duermo en silencio. – replicó, yo sólo sonreí porque él sabía que no llevaba la razón. – Oye, y tú ya eres parte de nosotros. Tú eres una quileute desde el primer momento en que me imprimé de ti.

- Yo, quileute… - pronuncié en voz alta.

- Tú, mi futura señora Black.

- Todavía no me lo has pedido. ¿Te estás arrepintiendo?

- No. Sólo… hay tiempo. – intenté considerar que sí, que aún quedaba tiempo, pero me sentía insegura. Él lo notó, notó mi cambio de humor otra vez, mi tristeza se desbordaba de mis poros para que todo el mundo se diera cuenta. Odiaba mi obviedad. – Hay tiempo. – repitió. - ¿Puedo hacerte una pregunta?

- De acuerdo.

- ¿Qué pasó con Alice? Jasper ni te mira, deduzco que has tenido un… percance con tu tía.

- Jake, juro que no sé qué ocurrió conmigo en aquel momento. Sentí… ira. Sentí mucha bronca y me descontrolé. Yo quería que se callara, que cerrara el pico pero ella no me hacía caso y seguía diciendo que si ocurría algo malo aún habría esperanzas o un futuro para mí, al lado de Nahuel. No quería escuchar eso, considerar estar en un lugar en el que tú ya no estés me desquicia. Ella hablaba y yo quería hacerla callar. Entonces… la callé. Mis manos… mis manos de pronto estuvieron en su cuello y no quería soltarla. Bueno, sí lo quería pero también sabía que seguiría hablando. Su piel se quebró debajo de mis manos, no me había dado cuenta de que estaba ejerciendo demasiada presión.

- ¿Atacaste a Alice? – preguntó sorprendido.

- Sí, y si no fuera por Jasper, no sé qué habría ocurrido. Lo recuerdo y me siento horrible. ¿Qué si no llegaba mi tío? – pregunté sintiendo nuevamente mis mejillas húmedas. – Sólo pensaba en mí, en ti… Lo siento.

- Menuda mierda. – dijo. – Ven aquí, amor. Tranquila. Mi salvaje Nessie…

- Soy horrible.

- Eres lo más hermoso que existe. Ya deja de castigarte. Todos estamos muy tensos, nerviosos, histéricos… cada actitud es entendible. Mira tu madre, me odia pero siempre se está fijando dónde estoy y si estoy a salvo. Edward también me odia, no te habla a ti porque siente que ya no eres una niña y no sabe cómo tratarte. Alice sabe que tuvo que poner un freno pero ella estaba preocupada por ti, temiendo algo. Jasper te odia, tenemos que admitirlo…

- Jake. – lo corté.

- Vale, no te odia. Sólo es que trataste de sacarle la cabeza a la razón de su existencia…

- Jake… no me ayudas. – lo volví a cortar.

- Lo siento. Lo que intento decir es que estamos todos en la misma. Los chupasangres preocupados por ti y tu salud mental, los lobos temiendo perder a un Alfa, yo preocupado por ti ya que no pienso dejarte sola y quiero que te lo creas, pero luego miro tu rostro…

- Jake… - grité. - ¿Cómo quieres que me lo crea si nadie aquí lo cree? Todos están dispuestos a luchar pero saben que no ganarán la batalla.

- Sí ganaremos, somos inteligentes.

- No estoy bromeando.

- Yo tampoco.

- ¿Por qué no te tomas las cosas enserio? – le grité y me puse de pie dándole la espalda. Allí estaba Nahuel. Observando, mirándome con lástima. Lo conocía demasiado bien y sabía de sus miradas. - ¿Qué haces allí? ¿Estabas espiándonos?

- No, lo siento. Recién regreso de caza. – se disculpó, empezó a caminar y se frenó a mi lado. – Tranquila Nessie. Yo realmente creo que ganaremos, si es que hay batalla.

- ¿Lo ves? Alguien cuerdo en este asunto. – dijo Jake de mi otro lado. Se miraron, no pude comprender, por primera vez no pude leer sus rostros.

Luego cada uno lanzó sus diferentes frases, las irónicas de Jake y las competitivas de Nahuel. Como si nunca se hubiesen mirado para pactar algo. No lo sé. Estaba desbordada.

Esa tarde pasó y terminó cuando el sol se puso y Jacob tuvo que irse. Bueno, sólo iba a estar debajo de mi ventana durmiendo en su forma lobuna. Edward no lo dejaba quedarse por las noches, Bella tampoco pero supongo que el que no se fuera a su casa tuvo que ver con ella. Estaba preocupada por su amigo. Siempre la agarraba infraganti cuando lo miraba de soslayo, él no se percataba pero yo sí.

No podía dormir, ya nunca podía hacerlo. A veces Rosalie me daba un té de yuyos o lo que sea, me lograba tranquilizar y así mis párpados pesaban. Pero hoy ella no estaba, se había ido con Emmett de cacería. Me urgía la necesidad de descansar y olvidarme de todo para poder soñar en un mundo dónde Jake podía mantenerse a salvo, a mi lado. Eso era ilógico.

Si nunca hubiera nacido, si los Vulturis jamás hubiesen visto a los lobos, él estaría bien y sin el riesgo de morir. Todo crecía desde mi nacimiento. Deseé que le hubieran hecho caso a mi padre cuando quería sacarme de la panza de mi madre antes de tiempo. Deseé que Jake no se hubiera imprimado de mí, deseé no haberlo enamorado. Me sentí culpable hasta de mi propio dolor. Yo lo causaba, mi existencia lo hacía.

- No te eches la culpa. – dijo una voz proveniente de la puerta. – Lo siento, mi intensión no era leer tus pensamientos, pero ya no soporto tu sufrimiento y tu culpa.

- Entonces no te entrometas. Dile a Bella que use su escudo en mi cabeza.

- Hija, por favor…

- ¡Ya basta! – mis ojos otra vez estaban humedecidos. ¿Cuándo se iban a detener las lágrimas? – Nada de lo que digas me ayudará. Nada de lo que digas cambiarán mis certezas. Sólo… déjame aquí. Déjame sola. – se acercó a mi balcón y miró hacia abajo negando con la cabeza. ¿Qué hacia? – Jacob está inquieto. Te está escuchando llorar y quiere subir. Le he dicho que no.

Genial. Era tan estúpida que no podía contener mis estúpidos lamentos de niña emo. Siempre tenía que llevar conmigo a Jake, ¿por qué siempre lo hacía sufrir?

- No sufre. Él es feliz a tu lado. Él… es feliz estando contigo. – dijo como si las palabras le costasen. – Lo leo cada día en su mente, te ve y su mundo se derrite a tus pies. No existe nada más que él ame más que a ti. No existe otra cosa que adore con tanta inmensidad que a ti. – rió rendido. – Lo siento si me comporto extraño a pesar de saber esto, es que no puedo tolerar el que hayas crecido tan deprisa, no puedo soportar que mi pequeña niña ya no me pertenezca.

- Papá…

- Mis disculpas, hija. – me dijo tendiéndome su mano. La tomé sin dudarlo y me arrastró hasta quedar envuelta en sus brazos de mármol. Me hundí en su pecho, como cuando era niña y me aferré a él. Luego me alejó y clavó su mirada ambarina en mí. – No sientas culpa. Todos estuvimos felices con tu nacimiento. Todos tomamos la decisión aquella vez en que los Vulturis vinieron, de protegerte, de luchar por ti. Jacob estaba dispuesto a morir allí si era necesario.

- Oh, Dios… no lo entiendo.

- ¿Qué no entiendes? ¿Su amor? – volvió a reír. – A veces yo tampoco lo entiendo. Es tan intenso, tan especial que ni siquiera puedo aguantarlo.

- Si él muere…

- No morirá. No dejaré que eso ocurra, ¿me oyes? Lo odio un poco, pero más odio verte sufrir.

- Oye…

- Espera… - me frenó quedando mirando la nada por un instante. Luego desapareció. Decidí seguirlo, aunque siempre fui un poco más lenta que él.

Lo vi de pie al lado de Alice, ella me sintió y clavó sus orbes en mí. Había tenido una visión. Otra más. Lo sabía. Jasper estaba a su lado y me miró también. Ya no estaba enojado, más bien preocupado.

- ¿Qué viste Alice? – pregunté.

- Llama a Jacob. – le ordenó a Esme que estaba allí de pie, no había prestado atención a su presencia, como tampoco a la de Carlisle o la de Nahuel. Éste último movía sus manos sin parar, estaba nervioso, preocupado. Jamás creí que Jacob le interesara tanto. A su lado estaban sus dos hermanas. Eran similares a él con la misma tonalidad de ojos color madera. Desde que habían llegado sólo había tenido tiempo para presentarme, jamás había conversado con ellas. Ni con ninguno de los amigos de la familia. Ellos miraban mal a Jake y eso me cabreaba, pero no podía decir nada, ya que estaban aquí para luchar junto a nosotros.

- ¿Qué ocurre? – dijo la voz de mi lobo. Estaba entrando por la puerta prendiéndose los pantalones, no pude evitar desviar la mirada hacia su pecho desnudo. Siempre me asombraba, siempre caería rendida a él. Se paró junto a mí y tomó mi mano para luego posar en ella un sutil beso. Beso que hizo temblar cada extremidad de mi ser.

- Alice…

- No. Detente. ¿Ha tenido una visión? – bromeó mi lobo pero todos callaron en vez de regañarlo. Él notó eso como yo, y frunció el ceño. - ¿Qué ocurre, Alice?

- Los Vulturis están viniendo. Llegarán mañana.

- No… - susurré llevando mi mano libre a mi pecho, allí dónde dolía.

- ¿Ma… mañana? – balbuceó él mientras apretaba aún más su mano en la mía.

- Vienen Aro, Marco y Cayo con toda su guardia, vendrán Jane, Alec, Dimitri y Félix. Vi a Michael y Jordan, es el vampiro con camuflaje. No hay vuelta atrás. Vienen con jaulas de hierro. Cadenas. Vienen por los lobos y no piensan irse con las manos vacías. Sobre todo Cayo está muy decidido.

Cada palabra golpeaba con ferocidad en mi interior. Rompía las células de mi cuerpo, quemaba mis órganos, los deterioraba haciendo que me den ganas de vomitar. Miré a Jake y él sólo me miraba a mí. Me sonrió, y supe que él intentaba calmarme pero sus ojos eran muy transparentes. Estaba aterrado.

- Alegaran que son la raza enemiga. Que deberán ser extintos para que la raza vampírica no corra riesgos. Por supuesto, nos dirán que la manera de evitar su muerte es que se unan a ellos y sirvan al poder.

- Y una mierda. – masculló Jake.

- Aro tiene nuevos integrantes de los cuales está ansioso por mostrar. Son… poderosos.

- ¿Qué tan poderosos? – preguntó mi lobo.

- Similares a Jane, a Alec. Hay entre ellos luchadores, vampiros capaces de quebrarnos los huesos con un dedo. Esto… esto no me gusta.

- Ey, que no somos tan debiluchos. – intentó animarla mi amor, pero ninguno sonrió, sólo le dedicaron miradas cargadas de pena. Y eso me rompía aún más en mil pedazos.

- ¿Qué…? – dijo mi padre, pero cuando lo miré entendí que no le hablaba a nadie en particular. Estaba como Alice, ambos en trance. Ella estaba mirando hacia el futuro otra vez. Menudo don. - ¿Qué fue eso?

- Nessie… - susurró mi tía.

- ¿Qué sucede con Nessie? – preguntó Jacob. – Alice, dime…

- Oh cariño… - dijo ella corriendo a mi lado y estrechándome contra su delgado y duro cuerpo.

- ¿Qué ocurre? – le gritó mi novio apartándola de mí. – Habla.

En un abrir y cerrar de ojos Jasper estuvo a nuestro lado. Jake la soltó.

- Vas a morir. – le dijo ella de mala manera. Mis rodillas chocaron contra el suelo y casi pierdo la conciencia. ¿Por qué tenía que decírselo así? – Oh, Nessie, lo siento, es que me apretó muy fuerte el brazo, casi me lo arranca. – me dijo tirándose al suelo junto a mí. – Te vi otra vez… últimamente te veo mucho, es como si todas las visiones que no he tenido de ti durante este tiempo, se agolparan con fuerza intentando ser vistas por mí y ahora por eso vienen seguido.

- Ya… - la corté.

- Estabas justo en este lugar. Muy triste. Pero ahora las imágenes ya no fueron tan notorias, sino que me llegaron un poco distorsionadas. Estabas mirando un video en aquella pantalla. Escuché la risa de un niño. – hizo una pausa para mirar a mi padre, yo también lo miré y parecía en estado de shock.

- ¿Qué sucede? – pregunté.

- ¿Tanto alboroto para decirnos que Nessie estaba mirando una película? – acotó Jake con cara de pocos amigos.

- No. No era una película. – volvió a frenarse pero luego continuó. – Luego el teléfono sonó y casi corriste para alcanzarlo. Era Charlie y te decía… te decía que tu niño estaba bien pero que no paraba de preguntar por ti.

¿Mi niño? ¿Qué…?

- ¿Qué dices, Alice? Eso es imposible. Yo no voy a tener ningún niño. Al menos no ahora. – dije dirigiendo mi mirada hacia mi lobo. Él me miraba con perplejidad pero luego me sonrió, era una sonrisa insegura, había algo no sabía describir. Me puse de pie. Me dolían las rodillas y consideré mi postura algo absurda y también me parecieron absurdas las miradas de todos. El silencio también lo era.

- Está bien, amor… - dijo Jake mientras acariciaba mi mejilla, luego tomó mi rostro entre sus manos. – Si… si algo me sucede… debes seguir con tu vida… No sería traición, yo querría siempre tu felicidad.

- No. – lo corté. – No existe una vida, no existe mi existencia si tú no estás, Jacob.

- Renesmee… - dijo mi madre. ¿Dónde había estado? – Jacob tiene razón. Tienes…

- ¿Por qué todos se dan por vencidos? ¿Por qué? – y otra vez la humedad se adueñaba de mi rostro, que ya estaba fuera de las manos de mi amor.

- Yo jamás me daré por vencido. No estoy dispuesto a abandonarte, Nessie. No ahora, cuando estamos juntos, cuando quiero hacerte mi esposa, cuando quiero vivir contigo y despertar con esos ojos viéndome cada mañana. – habló Jake con determinación, me sentí sorprendida por la potencia de su voz. – Soy feliz contigo y no permitiré que nada arruine esto que tenemos, amor. – estaba frente a mí, tan hermoso, tan perfecto como nadie. – Entiende, yo no me doy por vencido.

- Lo… siento. – dije. – Tengo mucho miedo. No quiero pensar en el futuro cuando aún estoy en el presente.

- Lo sé. Calma, mi amor. – me dijo meciéndome ahora sobre su pecho. Inspiré su efluvio y mi cuerpo comenzó a calmarse de a poco.

La situación estaba tensa. El aire pesaba y el silencio nos inundaba en aquella sala. Todos teníamos miedo, las visiones de Alice eran claras. Jake iba a morir.

Apenas unas horas faltaban. Nuestros aliados seguían entrenando pero no éramos suficientes. Algunos habían decidido irse luego de que mi padre les informara a qué nos afrontábamos. Menudos cobardes.

Mi lobo y yo habíamos decidido ir a La Push. Jake quería pasar rato con Billy, pensar en el por qué de aquello, hacia que la sangre se me helara.

Ya era tarde, la noche había caído pero en la casita quileute se escuchaban ruidos. Vi a mi lobo sonreír.

Al entrar nos encontramos a un contento Billy meciendo entre sus brazos a Ian. Detrás de él estaban Emily y Sam.

- Ey, colega. Ya nos estábamos yendo. – lo saludó Sam. – Hola Nessie.

- Hola chicos. – los saludé.

- Billy no quiere dejar ir al pequeño. Quizás ya va siendo hora de que le den un nietito. – intentó bromear Em pero al ver nuestros rostros contrariados, sus labios abandonaron la sonrisa. - ¿Qué sucede? – preguntó llamando la atención de todos. Mi lobo apretó su mano con la mía.

- Ya habrá tiempo para los nietos. – respondió Jake sin ganas. – Primero debemos hablar y me viene bien que ustedes estén aquí.

Sam se puso tenso, lo vi en sus puños apretados, quizás ya sabía lo que Jacob tenía para contar.

- Mañana es el día. – simple y sin vueltas. Emily se abrazó a su esposo y yo derramé una lágrima. – No tienes por qué ponerte así Emily. A Sam no le ocurrirá nada porque yo no lo quiero en la batalla.

- ¿Qué dices? – preguntó el aludido. – Sabes que es mi obligación estar con ustedes.

- Tu obligación es Ian y tu esposa… Y además quiero que cuides de Billy mientras estoy fuera. – dijo con la voz temblándole. Su padre contenía las lágrimas dentro, veía la tristeza y preocupación en aquella mirada añeja.

- Jake, no puedes estar hablando en serio.

- Hablo en serio, Sam. Te necesito aquí. Nessie estará a tu cargo también. Sólo a ti puedo confiarle su vida.

- ¡No! – dije ipso facto. – Yo lucharé a tu lado.

- No. No lo harás. – me objetó mi lobo.

- Iré, no me importa lo que tú o mi padre digan, yo estaré a tu lado.

- Maldición Nessie. Hazme caso sólo una vez. – me gritó.

- Jake… - intentó interrumpir Sam pero Billy lo detuvo.

- Sólo… sólo ayuda a Sam a cuidar de mi padre. – sabía que sus palabras tenían doble sentido y no estaba dispuesta a escuchar más.