HOLA, COMO ESTÁN? AQUÍ LES DEJO OTRO CAP.

LUEGO DÍGANME QUÉ TAL LES PARECIÓ.

Y GRACIAS A QUIENES ME REGALAN SUS REVIEWS. ME INCENTIVAN!


YO, QUILEUTE


CAPITULO 15 ~ HORAS

Esa noche me quedé dormida en sus brazos. Había intentado no hacerlo, quería estar con él hablando, convenciéndome de que mañana todo estaría bien. Pero mi pesimismo me venció y la respiración pausada de Jake tampoco ayudaba.

Me desperté a horas de la madrugada, todavía no había salido el sol. Observé mi alrededor y recordé que estaba en la pequeña habitación de mi lobo. Pasé mi mirada por las paredes viendo las manchas de humedad en el fondo de los cuadros colgados allí. Su madre aparecía en muchas de ellas, y también lo hacía yo. Reconocí a Bella también. Sonreían juntos y el cabello de Jake se veía muy largo. De seguro sería antes de que yo naciera. Me pregunté qué tan fuerte era su amistad después de tantos años.

Luego lo miré a él.

Perfecto.

Jacob era perfecto. Estaba rodeándome con un brazo y el otro lo tenía sobre mi vientre. Su calidez inundaba mi frío interior, derritiéndolo todo. Por empezar, mi corazón ya latía exageradamente. Qué patética podía llegar a ser. Él se removió y abrió sus ojos. Raro. No estaba profundamente dormido.

- ¿No puedes dormir? – hablé.

- Tus ojos me queman. Mira… - me señaló la comisura de mis labios. - … hay un poco de baba allí.

- Muy gracioso. – medio reí, pero luego me puse seria de repente. No debería reír en momentos como éste. Las cosas estaban mal fuera de mi burbuja, debería estar pensando estrategias para el campo de batalla…

- Sonríe. No hay nada más hermoso que tu sonrisa. – dijo pero agaché la mirada. – Puedes sonreír. No tienes que estar seria, tengo fe en que todo saldrá bien. – sus dedos jugaban con mi cabello.

- Esta tarde… esta tarde podría ser la última. – dije con todo el dolor del mundo. Era la realidad. Podría Jake dejar de vivir como yo también o como cualquier integrante de la familia.

- Sólo… sólo vivamos este momento, Nessie. – besó mi coronilla. Suspiré. Debería relajarme. Jacob no necesitaba verme preocupada. Él necesitaba verme bien.

- Oye… - llamé su atención unos minutos después. - … tus ronquidos no me dejan dormir.

- ¿Otra vez empezarás con eso? Yo no ronco, mujer. – se hacía el ofendido.

- Miéntele a mis oídos, ellos son los traumatizados.

- Yo soy el silencio. – me susurró en uno de ellos. Mi piel se erizó de inmediato como era costumbre. Todo él me revolucionaba, y todo me terminó de desequilibrar cuando besó el lóbulo de mi oreja. Mi cuello se recostó más sobre su brazo para que él siguiera un camino de besos por allí con facilidad. Por dónde él pasaba, me incendiaba.

Pocos minutos después, lo tenía encima de mí entretenido en mis labios. Mis manos se aferraron a su cintura con fuerza mientras las lágrimas viajaban fuera de mis ojos. Era la persona más feliz del universo. Y estaba a punto de perderlo todo.

- Ey, mi amor… - besó la humedad de mis mejillas. – No te hagas esto.

- No puedo, Jake. – dije entre sollozos. – Esto es vida para mí y tengo tanto miedo de perderte.

- No me perderás. Jamás te dejaré. Te lo prometo.

- Eso no es suficiente y lo sabes. Ya deja de actuar. Bien sabes lo que ocurrirá. – lo acusé apartándolo de mi lado. ¿Qué estaba haciendo?

- Nessie, por favor…

- No, Jacob. Admítelo. No puedo más, ¿entiendes? Me estoy muriendo.

- ¿Y qué quieres que haga? – gritó sentándose en la cama. – Explícame cómo quieres que actúe. ¿Quieres que me la pase llorando por los rincones? ¿Quieres que me deprima en estas pocas horas que tengo? Estoy cagado de miedo, Nessie. Tengo miedo yo también. No quiero morir. Esto es una mierda y tú no me lo pones fácil. – apretó sus puños mientras lo sentía llorar. – No quiero dejarte sola. No quiero abandonarte. Tengo miedo…

Todas las paredes se desmoronaron a mi alrededor. Él también sufría. Sólo que yo era lo suficientemente egoísta para hacerlo llorar de esa forma. Era la primera vez que lo veía de esta manera. Mis ojos acompañaron a los suyos, mientras que mis brazos no hicieron más que abrazarlo. Inmediatamente se dio la vuelta y me besó. Me besó con furia, me besó con pasión, y yo le devolví cada beso de la misma forma.

- Hazme el amor, Jake. – le rogué mientras luchaba con mi camiseta que no quería salirse de mi cuerpo. Él me ayudó a quitármela de encima y con sus fuertes brazos me colocó sobre su regazo como si mi cuerpo no pesara nada.

- ¿Sabes que te amo? ¿Lo sabes? – me preguntó con un remolino de sentimientos en la voz.

- Lo sé. Y yo te amo a ti. Perdóname, perdóname por complicar las cosas. – le dije mientras me besaba la clavícula. A esta altura, no sabía cómo aún podía lanzar palabras coherentes.

- Descuida. Sólo… - besó mis labios. - … sólo ámame, Nessie.

Y con eso nos adentramos a la locura, al placer, al amor eterno. Mi cuerpo encajaba a la perfección en el suyo. Sus manos sabían cómo actuar en cada recoveco de mi piel. Sus labios sabían dónde besar. Y por segunda vez, hicimos el amor. Y fue aún mejor que la primera vez.

Desperté otra vez cuando un escandaloso ruido perforó mis tímpanos. Intenté moverme para alcanzar mi móvil pero la cabeza de Jake sobre mi pecho desnudo me lo impedía. Tampoco me esforcé mucho. Me dediqué por el momento a acariciar su cabello enmarañado. Era tan suave, al igual que su piel.

Pero otra vez el ruido molestaba. Y en esta ocasión, mi lobo lo escuchó y levantó su mirada hacia mí. Cielos, maldición, carajo. ¿Por qué era tan hermoso?

- Estás jodidamente hermosa esta mañana. – me dijo recorriendo con sus ojos todo mi cuerpo. Me sonrojé. – Y ahora mucho más. ¿Te dije que amo cuando te ruborizas? Eres perfecta.

- Cállate. – le dije golpeándolo de broma. El sonido volvió a interrumpir. - ¿Quién será?

- ¿Y todavía lo preguntas? – dijo agarrándome el móvil y llevándoselo a la oreja. – Hola, suegro.

- Cierra el hocico, chucho. – escuché rezongar a mi padre. Sonreí. – Vengan de inmediato. Debemos terminar de cerrar las cosas. Vuelvan a la realidad. – fueron sus palabras y luego colgó.

- Ya me parecía raro que no se entrometiera. – suspiré. – A propósito, ¿cómo hiciste para convencerlo de dejarme quedar aquí anoche?

- La magia de la Push. – bromeó mientras se levantaba. Estaba desnudo. Si fuera antes hubiese corrido la mirada pero esta vez, mis ojos se quedaron viéndolo. Él se dio cuenta y me lanzó una sonrisa socarrona.

- ¿Qué pasa, Cullen? ¿No has tenido suficiente anoche? – y otra vez mis mejillas ardían. ¿Cómo era posible que lograra esto en mí?

- Déjame en paz, Jake. – le dije tirando de la sábana para cubrirme mientras también me ponía de pie. Lo vi vestirse así que yo también lo hice. No sé qué esperara que ocurriera.

- ¿Necesitas ayuda? – preguntó besando mi hombro todavía desnudo. Mis piernas temblaron al sentir su calor tan cerca de mí, lo que era absurdo ya que habíamos compartido la cama muchas noches desde el día de mi nacimiento.

- Estoy bien. – le dije colocándome la camiseta rápidamente. Él se acercó a mí y cargó mi rostro entre sus manos con ternura.

- ¿Qué quieres desayunar? – mis ojos estaban completamente enamorados de él. – Te ves hermosa esta mañana. Más que nunca.

- No mientas. – le dije intentando bajar la mirada, pero él no me lo permitió.

- Yo no miento. Ahora dime, ¿qué te gustaría para el desayuno?

- Lo que sea. La verdad es que tengo mucha hambre.

- Hemos quemado muchas calorías. – dijo con tono pícaro. – Ven, vayamos a la cocina.

Y me llevó con él de la mano. El día tenía otro sentido hoy. Todo se veía diferente. Estaba tan feliz por estar a su lado, pero tan preocupada y triste por lo que ocurriría en unas horas.

- Buen día, niños. ¿Cómo durmieron? – nos preguntó Billy que se encontraba mirando el noticiario de la mañana.

- Genial, ¿verdad, amor? – me preguntó.

- Estupendo. ¿Y tú, Billy?

- Muy bien. Aún no he desayunado. ¿Qué tal si lo hacemos los tres? – y así sin más, luego de unos minutos, estuvimos los tres a la mesa hablando y riendo como si nada mientras comíamos.

Los observaba. Billy estaba recordándole a Jake su primer día de clases en la escuela de la reserva. Mi lobo se sonroja pero Billy sigue. Se ríen. Y siguen los recuerdos. Jake se ve contento, pero sus ojos no me engañan. Sabe que ésta podría ser la última vez que habla con su padre. Intento tragar el nudo en mi garganta, intento pensar en otra cosa para que mis ojos no se llenen de lágrimas.

- Nessie… Ness. – me llamó mi novio.

- Lo siento. – me disculpé levantándome rápido para ir al baño. Toda esta situación me daba vuelta el estómago. Todo mi desayuno fue a parar al escusado. Maldición.

- Nessie, ¿qué ocurre? – su voz. Quería escucharla cada segundo, no quería que parara.

- Pasa. – le dije mientras seguía en el suelo esperando otra arcada. – No sé qué me ocurre.

- Estás pálida. Vayamos a la mansión. Carlisle estará allí para verte. – me sugirió mientras se sentaba a mi lado. Recosté mi cabeza sobre su hombro. Ahora ya me sentía mejor.

- Ya estoy bien. Sólo algo me cayó mal. – me puse de pie luego y él me siguió. Billy estaba preocupado. No sabía si por mí o por Jake que ya estaba tomando las llaves de su moto preparado para irnos.

- Papá. Me voy a la mansión, ¿de acuerdo? – dijo con la voz temblándole. Él también tenía un nudo en la garganta.

- Hijo…

- Por favor, papá… - lo frenó Jake. Sam le había contado de las visiones de Alice para que estuviera preparado. A mí me hubiese gustado no enterarme nunca. – Cuídate, viejo.

Jake se acercó y besó la mejilla de su padre. Pero cuando estaba por apartarse Billy lo agarró del cuello de la camiseta y lo acercó a él nuevamente para darle un abrazo. Duraron así un buen tiempo. No quería mirar porque era un momento íntimo entre ellos, pero tampoco quería perder de vista a Jake.

- Ten cuidado, hijo. Regresa.

- Lo haré. Vendré mañana. Mandaré a Nessie más tarde con alguno de los chicos para que se quede contigo. – no estaba de acuerdo con eso aún. Pero no dije nada, no quería volver a discutir del tema. – No te preocupes, papá.

- Oh, claro que lo hago. Pero mi hijo es un guerrero y lo entiendo. Pero tengo fe en que regresaras.

- Así será. – Jake se acercó a mí y tomó mi mano. Nuestros dedos se entrelazaron y me aferré a él con fuerza. Él notó mi reacción e hizo lo mismo. Nuestras pieles se fundían.

- Adiós Billy. – saludé. Luego salimos de la casa y nos subimos a la moto.

- ¿Lista? – no respondí. Sólo me aferré a su cintura mientras el motor rugía debajo de mí.

Visualicé el camino que ya sabía de memoria. Me entregué al viento y al calor de mi lobo. Tenía que sacarme la idea de la cabeza de que algo malo ocurriría.

Estaba bien que las visiones de mi tía siempre se cumplen pero podría haber situaciones que nunca llegaran. Con la negatividad que me abrumaba, no ayudaría mucho.

Llegamos a casa y en la puerta ya estaba mi padre. Bufé preparada para uno de sus sermones pero no pasó nada. Sólo nos acompañó hasta adentro con el ceño fruncido.

- Jacob. ¿Podemos hablar? – dijo a continuación.

- ¿Sobre qué quieres hablarle? Yo también quiero saber. – dije aferrándome más a la mano de Jake que ya estaban unidas no sé a partir de qué momento.

- Tranquila, cielo. Sólo hablaré de cómo haremos hoy. Mira, está viniendo Leah. – ésta estaba entrando por la puerta y me saludó con la cabeza para luego colocarse al lado de mi padre. – En un momento estaré contigo.

- De acuerdo. – dije y luego comenzó a darse la vuelta. Pero me vi necesitada de algo en ese instante. – Jake… - él se giró. – Bésame.

Dio pasos largos y en un segundo ya estuvo a mi lado sonriéndome como era de costumbre, mi papá estaba con la mirada oscurecida pero no decía nada. Y frente a todos, Jake me besó. Sus labios acariciaron los míos con dulzura. Y yo intenté responderle de la misma manera.

Un carraspeo nos sacó de nuestro momento especial y seguido de esto Jake se dirigió junto a su beta y mi padre. Yo decidí desplomarme en el sillón, esperaría a mi lobo aquí.

- Hola. – dijo una voz conocida.

- Ey. – lo saludé.

- Hace mucho que no pasamos el tiempo juntos.

- Lo siento, Nahuel. Estos días…

- Lo sé. Lo entiendo. – hizo una pausa. - ¿Quieres dar una vuelta por el jardín? – dudé. Jake todavía estaba hablando y discutiendo algún plan seguramente, no quería alejarme lo suficiente. Quería que me mantuvieran al tanto de todo. – Sólo será un momento. Jacob no se irá a ningún lado.

Asentí. Lo seguí hasta el patio trasero y nos detuvimos en las hamacas que había colocado Emmett para mí hace algunos años.

- ¿Cómo lo estás llevando? – me preguntó.

- ¿Sinceramente? Estoy jodidamente cagada de miedo.

- Hermoso vocabulario. Muy al estilo Jacob. – sonrió de costado. Hacía eso cuando no quería sonreír.

- Lo siento. – suspiré. – Me gustaría que nada de esto estuviera pasando.

- Lo mismo digo. Esto es una pesadilla. – lo miré. - ¿Qué?

- No pensé que te importara tanto Jacob.

- Y no me importa tanto. Pero me importas tú. Y toda la familia. Y todos ustedes ven a los lobos como si fueran personas. – le lancé una mirada rabiosa. – Vale, lo siento. En fin, me importan ustedes. Si algo le sucediera a tu novio todo se derrumbaría y yo no quiero eso.

- Eso es un dulce.

- No lo es.

- Oye, ¿dónde están tus hermanas? – pregunté. Aún no había visto a ninguno de los amigos de papá en la casa.

- Se marcharon. Al igual que muchos de los aquelarres que estaban aquí. Sólo quedaron los de Denali que están con Emmett, Jasper y Carlisle entrenando en el bosque.

- Son todos unos cobardes. ¿Cómo pudieron marcharse? – dije con una ira repentina que antes no estaba. Me paré, incapaz de mantenerme quieta y comencé a caminar de un lado a otro anudando una y otra vez mis dedos.

- No son cobardes. Sólo quieren cuidar de sus cabezas.

- Antes se enfrentaron a los Vulturis, cuando ellos venían a matarme. – repliqué.

- Pero ahora no se trata de ninguno de nosotros, Renesmee. Se trata de los lobos. Ellos son de la raza enemiga. Defenderlos sería un grave error para la realeza vampírica.

- Y una mierda.

- ¿Quieres calmarte? Todo saldrá bien. Si utilizamos las palabras justas y precisas no habrá necesidad de alguna batalla.

- Conoces a Cayo. No va a conformarse fácilmente.

- Lo intentaremos. Creí que tú tenías más esperanzas que yo.

- Y las tengo. – me frené en seco para mirarlo. – Tengo esperanzas pero eso no quita que deje de sentir miedo.

- Lo sé. Lo siento. Tranquilízate.

- Lo estoy intentando, ¿vale? No me insistas porque así no podré calmarme.

- Ok. De acuerdo. – levantó las manos de manera defensiva. – Hablemos de otra cosa. Ven, siéntate a mi lado.

Dudé, pero luego lo hice cuando pude controlar nuevamente mi respiración.

- Cuéntame de tú y el perro. – dijo de manera divertida. A mí no me pareció muy divertido de cualquier manera.

- No sé qué quieres saber. Ya sabes que estamos juntos.

- ¿Cómo te pidió que seas su novia? ¿Te hizo algún regalo?

- No me lo pidió, simplemente lo besé y lo supe. Y no… no me ha regalado nada. No hace falta.

- Ya veo.

- ¿Qué ves? – pregunté con el ceño fruncido.

- Nada. Las cosas con tu chico son muy informales.

- A mí me gustan así las cosas.

- Lo sé. Te conozco, ¿recuerdas? – sonrió. – Me alegras que hayas tomado bien toda esa historia que tuvo con Bella en el pasado. Yo no sé cómo reaccionaría.

Por un momento me quedé pensando si se refería al momento en que se enteró Bella de la imprimación de Jake o de su amistad, pero luego no tuvo sentido.

- ¿A qué te refieres? ¿De qué historia hablas?

- Oh, vamos. No me digas que Jacob no te lo ha contado porque él te cuenta todo. Comparte ese momento conmigo. ¿Cómo reaccionaste cuando te enterabas que tu novio se enamoró de tu madre?

Esas palabras cayeron frías sobre mi cuerpo. Mi cerebro intentó por unos segundos asimilar las palabras de Nahuel, pero no lograba entenderlas del todo. O mejor dicho no quería hacerlo porque me derrumbaría.

Me derrumbé.

- Maldición. Estás pálida. ¿Nessie? Oh, cielos. He metido la pata, tú no sabías nada. – me sacudió pero mi cuerpo ahora pesaba. Sentía que caía al abismo. Oscuridad.

Cuando vi la luz nuevamente ya no estaba rodeada de los árboles del bosque, ni sentada en la hamaca, ni teniendo enfrente a Nahuel. Estaba tendida sobre mi cama y mi cabeza daba vueltas y vueltas recordando cada palabra que había pronunciado mi amigo.

- Cariño… - la voz de mi padre. - ¿Cómo te sientes?

- Muerta. – respondí. Miré por detrás de él para ver la figura de mi madre acercándose. – Aléjate de mí si no quieres que te…

- Calma. – me cortó Edward. Mi madre me miró con tristeza y se marchó. ¿Ahora se sentía arrepentida? ¿Ahora cuando estuve haciendo el papel de estúpida besando al ex novio o amante de mi madre? Me daba asco. Limpié mi boca con mi brazo, no quería sentir más nada de Jacob en mí.

- Debemos hablar, Renesmee. Nada es como te lo estás imaginando.

- No quiero hablar. Me daré una ducha y bajaré para saber lo que haremos en nuestro encuentro con los Vulturis.

- Ya sabes que tú no lucharás.

- Papá, ya estoy odiando lo suficiente a Bella y a Jacob, no hagas que te odie a ti también. Por favor, compláceme y sal de mi habitación.

Me levanté ignorando las siguientes palabras paternales que soltaba Edward, pero yo ya no estaba escuchando. Tomé algo de ropa limpia y me encerré en el cuarto de baño.

Me desnudé sabiendo que en cada centímetro de mi piel estaba él. Mis lágrimas caían por mis mejillas y cuando intenté detenerlas ya no pude. Quizás la ducha me calmaría. Pero no. Sólo sirvió para que mi cerebro creara ideas. Ideas, pensamientos, conclusiones que me destrozaban el corazón.

¿Qué tan lejos habían llegado? ¿Cuánto había estado Jacob enamorado de mi madre? ¿Ella también lo amó? ¿En qué momento cambió todo? ¿Sería el premio consuelo de Jacob a causa de que no pudo tener a mi madre? Qué repulsión. Imaginármelos juntos me desquiciaba.

¿Por qué ahora? Quisiera haberme enterado antes o después de este día. Ahora nadie me frenaría en la batalla. Yo iría. Lucharía porque a pesar del dolor que sentía, seguía amando al amante de mi madre.

Salí de la ducha, me vestí y salí hacia mi habitación. Me paralicé cuando lo vi sentado en mi cama. Su rostro estaba contrariado. Sus ojos se veían cansados, derrotados y culpables.

- ¿Qué haces aquí? ¿No te enseñaron a golpear antes de entrar?

- Nessie…

- Renesmee. – lo corté. – Ya no quiero que me llames así.

- Por favor. Necesito explicarte.

- Bien. Empieza por decirme por qué nunca me lo habías dicho antes. – mi voz tembló pero intenté controlarme.

- Te lo iba a decir. Yo no quiero guardarte secretos. Pero iba a esperar hasta que pasara este día de mierda. No podía decírtelo cuando ya estabas tensa por el asunto de las visiones de Alice. No quería que…

- Cierra el hocico. – le grité. – Me lo podrías haber contado mucho antes. Incluso antes de que me enamorara de ti. Maldición.

- Lo sé. Lo siento. Había intentado. Te lo juro. Pero siempre me vencía el miedo. Tenía terror a que me odiaras, a que me echaras de tu vida.

- Te odio ahora. Y te echo de mi vida completamente. – él sólo me miró serio. No quise decir eso pero las palabras ya habían salido de mi boca, y no me iba a retractar. – Será mejor que ya no estemos más juntos. Luego de este día, me dedicaré a terminar el instituto y a irme a alguna Universidad donde ya no pueda verte. Ni a ti ni a mi madre.

- Nessie, por favor…

- Respóndeme una cosa. – le dije y sin esperar su respuesta volví a hablar. - ¿Pensabas en ella cuando me hacías el amor?

- ¿Qué estás diciendo? – se puso de pie e intentó caminar hacia mí pero me alejé. – Con tu madre no ha pasado nada. Sólo fue una estúpida confusión. Nada más.

- ¿La besaste? - ¿por qué estaba haciendo todas estas preguntas? No es que yo quisiera saberlo.

- Sí. Nos hemos besado. Dos veces. Pero luego no pasó nunca más nada.

- Me da asco esta situación. Pensar en que mis labios estuvieron donde mi madre estuvo… me da repulsión.

- Yo te amo. Te amo a ti. Todo esto me está matando, por favor… déjame contarte cómo fueron las cosas.

- No. No quiero saber nada. Por mí muérete. Ya no me importas. – grité saliendo de mi habitación con los ojos cargados de lágrimas. Abajo estaban Alice y Rose, seguramente habían escuchado todo porque me miraron con ojos condescendientes. Y lo supe. Ellos también lo sabían. Todos en esta casa me lo habían ocultado. Las miré con desprecio y salí de la casa para irme al frente. No me quería alejar tanto. Me hubiese ido a la otra parte del planeta pero en horas pasaría algo malo y yo tenía la obligación de quedarme en este lugar junto a todos estos traidores.

Y para terminar con mi agonía, el cielo estaba completamente oscuro y los rayos comenzaban a caer sobre la tierra. Me estremecí.

- ¿Puedo? – era la voz de Nahuel. No le dije nada por lo tanto él se sentó a mi lado. - ¿Cómo te encuentras?

- Genial. – ironicé.

- Sabes… quiero pedirte disculpas, ya lo he hecho con el resto. De verdad que no sabía que Jacob te guardaba este secreto. Creí que no había nada de eso entre ustedes.

- Yo también lo creí. – otro trueno, volví a temblar.

- ¿Cómo es posible que le tengas miedo a las tormentas? – se carcajeó. – Eres una híbrida. Eres fuerte. Es tu némesis.

- No soy fuerte.

- Te mantienes de pie a pesar de todo.

- Estoy sentada.

- Vamos. Sabes a lo que me refiero.

- De acuerdo. No quiero hablar más del tema. – lo corté.

- Muy bien. Sólo quiero que escuches esto. Y me va a costar mucho soltarlo así que espero que lo escuches bien porque no lo repetiré. – me giré a verlo. – Jacob te ama, Renesmee. Sea lo que sea que pasó con Bella, fue mucho antes de que nacieras. Escuché que ellos se conocieron desde niños, quizás tiene que ver con algo de esos amores platónicos.

- Detente. ¿Vas a defender a Jacob?

- No lo defiendo. Digo lo que veo. Y veo que te ama, ahora mismo lo veo destruido. Y todos escuchamos lo que le dijiste allí arriba.

- ¿Ahora es mi culpa? – no podía creer lo que estaba escuchando.

- Creo que estabas muy alterada y no pudiste medir tus palabras. Le dijiste a Jacob que se muera. Se lo lanzaste luego de todas las visiones que tuvo Alice.

- No quiero hablar de esto. - y era verdad, si seguía hablando comenzaría a llorar y sabía que no podría parar. - ¿Qué hora es?

- Las 3.

Me levanté y entré a la casa. Sentí a Nahuel detrás de mí. En el living estaba mi madre junto con mis tías. Me miró con culpabilidad en sus ojos. Si pudiera llorar, de seguro lo estaría haciendo. No me importó, le lancé la peor de mis miradas. Es que todavía no podía creer que me hayan ocultado esto. Todos lo sabían. Ahora entendía a mi padre cuando me decía que Jacob aún tenía cosas que debería saber. Él siempre intentó decírmelo pero nunca quise escucharlo. Y aquel lobo jamás movió sus labios para decirme nada.

Me senté en los sillones y prendí la televisión. No estaba mirando nada, pero quería que supieran que no me afectaba tanto como parecía. Pero no habían pasado ni diez minutos cuando la puerta de enfrente sonó.

Edward, Alice, Rosalie, Bella, mi abuela y Nahuel estuvieron ipso facto sobre la entrada con los ojos completamente negros. Y supe que quien estaba detrás de la puerta no era nadie bienvenido. Sentí un rugido detrás de mí y vi a Jacob transformado cuidando de mí. Sus fauces podían verse y estaba completamente con el pelo erizado.

Alguien abrió la puerta y me puse de pie para ver quién estaba detrás. Era Jane.

- Buenas tardes. – dijo la niña, se veía más joven que yo inclusive. Jake rugió. – Oh, tienen al can dentro. Es asqueroso. – ahora yo gruñía.

- Hola Jane. ¿Qué haces aquí? – preguntó mi abuelo que se apareció de la nada.

- Visitas.

- Oh, eso es agradable, me hubiese gustado que pudieras avisar antes pero no hay problema. Adelante. – todos se pusieron tensos, no esperábamos ver a un Vulturis dentro de la mansión. Jake se tensó. Pero Jane más cuando lo miró de reojo.

- Estoy bien, Carlisle. Además, sabes que no he venido sola. – ahora miró a Alice. – Mis amos los están esperando en el prado del primer encuentro. Quieren intercambiar unas palabras con ustedes. – comenzó a darse la vuelta. – Oh, por cierto, procuren que el Alfa venga con ustedes.

Mis rodillas temblaron y aun cuando Jane ya no estuvo a la vista. Mis ojos se llenaron de miedo. Había llegado el momento.

Dos brazos cálidos me envolvieron desde detrás. Sabía que era él y lo necesitaba más que nunca pero por alguna estúpida razón me aparté. Lo alejé de mí y me uní con el resto de mi familia.